1.Introducción
India crece, innova y se proyecta. Su desarrollo económico, impulsado por el avance tecnológico, y su democracia liberal, le han otorgado al país asiático un nuevo estatus en el escenario internacional (Sahni, 2013). Ante este reconocimiento, surgen varios interrogantes que este artículo busca abordar: ¿qué lugar ocupa India en este nuevo escenario mundial? ¿Competiría con China por el liderazgo del Sur Global? en el caso de ser que sí, ¿cuenta con las capacidades para serlo?
2.India: de una potencia media a un jugador formulador de reglas
La posición actual de India en el escenario mundial, es el resultado de la combinación de dos factores: su crecimiento económico y su proyección internacional. Conscientes de su extensión y capacidad futura, Nueva Delhi se ha empeñado en convertirse en una potencia media, es decir, “aquel país que (…) carece de la capacidad de las grandes potencias para dar forma al sistema, pero cuyo tamaño, recursos y rol geopolítico sin embargo impiden que las grandes potencias la ignoren” (Sahni, 2013, p. 103).
Para ello, ha desplegado una política de autonomía estratégica distanciandose del conflicto Oriente (China) y Occidente, aprovechando las ventajas derivadas de su posición como país no alineado. Esta búsqueda por maximizar su posición global se expresa en una política exterior articulada en torno a cuatro ejes: multi-alineamiento (“Act East Policy”), fortalecimiento de las capacidades nacionales (“Make in India”), el regionalismo y Sur Global (Siddiqui, 2023; Rodriguez Robayo, 2024).
3.Entre Este-Oeste: India prefiere a Asia
La política de multi-alineamiento de Narendra Modi (2014-presente) constituye un pilar fundamental para el crecimiento económico, la seguridad y el estatus de India (Verma, 2024, como se citó en Verma y Li, 2025). Si bien el país se ha beneficiado del orden liberal occidental (Verma y Li, 2025) —con un programa nuclear civil bajo Bush, desarrollo de defensa con Obama e intercambio de inteligencia con Trump (Tellis, 2025)—, la idea de un orden internacional hegemónico, ya sea liderado por Estados Unidos o China, limita sus posibilidades de desarrollo y ascenso global (Verma y Li, 2025).
En este contexto, resulta evidente que sin esta estrategia multilateral, India no podría hacer un uso efectivo de su estatus como potencia media emergente ni contrarrestar la influencia de los grandes polos que la rodean.
Desde esta perspectiva, el multilateralismo regional aparece como una vía para adquirir estatus y, al mismo tiempo, fortalecer su autonomía. Sin embargo, la fuerte influencia de China en el Sudeste Asiático empuja a Nueva Delhi a competir por ese liderazgo. Esta competencia tiene raíces históricas: tras la derrota india en la guerra sino-india de 1962, gran parte de los Estados circundantes se alinearon con Beijing para contrarrestar el poder del país del sur de Asia. Como resultado, la denominada “carta China” es utilizada con frecuencia por los gobiernos de la región para obtener concesiones de Nueva Delhi (Ranjan, 2023).
En consecuencia, esta dificultad por parte del gigante del sudeste asiático para consolidar un liderazgo regional evidencia los límites de su política exterior actual. Esta situación contrasta con la eficacia y la proyección que caracterizan su accionar diplomático en las décadas posteriores a la independencia (Ranjan, 2024). En los últimos años, India ha atravesado episodios de fricción con varios de sus vecinos: entre 2015 y 2016 entró en conflicto con Nepal por su apoyo a las protestas de los madheshi y por la disputa territorial en Kalapani; la relación con Bangladesh se vio tensionada por su presunta injerencia en las elecciones generales de 2024; y los intentos de Modi por reanudar el diálogo con Pakistán resultaron infructuosos (Ranjan, 2024).
Aun así, pese a estas dificultades, India aspira a consolidar un orden multipolar —y una Asia multipolar— en la que pueda posicionarse como uno de los polos de liderazgo (Verma y Li, 2025).
3.El Sur Global: una oportunidad para ser formulador agente de reglas
Actualmente, India se encuentra en camino a convertirse en la tercera economía más grande del mundo para 2030-2031 (Joshi et al., 2024, como se citó en Saran y Kaushal, 2024), impulsada en parte por la política Make in India, orientada a proteger y fortalecer la industria manufacturera nacional (Modi, 2024, en Saran y Kaushal, 2024). Sin embargo, el crecimiento económico no basta para proyectarse como líder global: una potencia también debe ser reconocida y aceptada por otros actores.
Consciente de ello, Nueva Delhi procura equilibrar su proyección de poder con la construcción de vínculos de solidaridad con el Sur Global (Saran y Kaushal, 2024), a fin de no ser percibida como una amenaza. Así, mientras por un lado se presenta como líder del desarrollo tecnológico, por otro utiliza su voz para visibilizar las problemáticas de los países más postergados. Un ejemplo de ello es su apoyo a África para obtener un asiento permanente en el G20 (Saran y Kaushal, 2024).
De esta manera, la expresión más explícita de búsqueda de liderazgo indio en Sur Global ocurrió durante su presidencia del G-20 en 2023. Allí presentó una agenda de desarrollo centrada en tres ejes: tecnología, sostenibilidad y mujeres (Saran y Kaushal, 2025). En relación al primero, se presentó como referente en innovación digital a través de sistemas como Adhaar y Digi-Locker. En sostenibilidad el lema Vasudhaiva Kutumbakam (“una tierra, una familia, un futuro”), impulsó el fortalecimiento de las metas globales en energías renovables hacia 2039. Finalmente, el desarrollo será liderado por mujeres proponiéndose reducir la brecha digital y promover su inclusión social (Saran y Kaushal, 2025)
Por otra parte, en la Cumbre del Sur Global de enero de 2023, Modi declaró lo siguiente: “En lo que respecta a la India pueden estar seguros de que su voz es la voz de India. Sus prioridades son las prioridades de India (…) (Modi, 2023, como se citó en Mohan, 2023)
Con esta declaración, Modi no solo expresa su entusiasmo por liderar a los países en desarrollo, sino que también deja claro que dicho liderazgo no puede implicar un enfrentamiento con Occidente. De este modo, se presenta como un puente capaz de unir Norte y Sur (Mohan, 2023).
4.Conclusión
En suma, India se encuentra en una encrucijada geopolítica compleja: la búsqueda de equilibrio entre expansión y solidaridad. Por un lado, busca liderar el Sur Global, proyectando su voz articulada en foros como el G20, donde su presidencia no fue únicamente un evento diplomático, sino una demostración de su capacidad para influir en la agenda internacional. Por otro lado, en su entorno asiático inmediato, enfrenta los límites impuestos por la competencia con China y por relaciones tensas con sus vecinos más próximos.
Esta dualidad define su nueva realidad: es una potencia con proyección global, pero con influencia regional aún contenida. Su logro más significativo ha sido convertir su autonomía estratégica y su peso económico en un capital diplomático que le permite proyectarse internacionalmente. No obstante, el verdadero desafío de su ascenso radica en transformar esta credibilidad global en una influencia estable y duradera en Asia. En efecto, India deberá equilibrar simultáneamente su liderazgo global y su presencia regional, consolidando su posición como potencia emergente en ambos ámbitos.

