Introducción
En un mundo multipolar, la escalada y militarización en Asia-Pacífico redefinen el equilibrio estratégico global. El resurgimiento de potencias como China, Japón e Indonesia, junto con el desplazamiento del centro de gravedad del Atlántico al Pacífico, obliga a un análisis sistemático de riesgos, capacidades y escenarios con impacto directo en la seguridad internacional.
El Grupo de Investigación sobre Paz y Seguridad Internacional del CEERI busca contribuir a una comprensión integral de los acontecimientos vinculados a la seguridad regional, la expansión militar y la dinámica diplomática en Asia-Pacífico. Para ello, desarrolla un seguimiento estructurado en cinco subregiones, definidas por su proximidad geográfica y relevancia estratégica: Asia-Pacífico Norte, Central, Meridional, Pacífico Sur y Este.
Cada subregión se examina a través de tres dimensiones analíticas clave: 1) Militarización y Operaciones; 2) Disputas y Seguridad Territorial; y 3) Diplomacia y Respuesta Internacional. El informe ofrece un análisis descriptivo y una valoración comparativa cuantitativa de la escalada, tanto por subregión como en el conjunto del espacio Asia-Pacífico. El nivel de riesgo se clasifica en cuatro categorías: Tensión (Nivel 1), Acciones (Nivel 2), Amenazas (Nivel 3) y Ruptura (Nivel 4).
(Mapa)
- Situación de Militarización y Operaciones
Esta dimensión examina el fortalecimiento de las capacidades militares y las actividades operativas de los Estados y actores regionales. Aquí se incluyen los ejercicios conjuntos, maniobras navales, pruebas de misiles, movimientos de tropas o adquisiciones de armamento avanzado, así como las reformas doctrinarias o modernizaciones tecnológicas en curso.
El objetivo es comprender cómo evoluciona la correlación de fuerzas en la región, qué países incrementan su poder militar, y cuáles buscan disuadir o equilibrar la influencia de sus vecinos. Esta dimensión ofrece una lectura técnica y militar de la región, ayudando a identificar patrones de militarización, tendencias en defensa y posibles escenarios de tensión futura.
- Situación de Disputas y Seguridad territorial
La dimensión aborda las disputas territoriales, marítimas o aéreas que marcan el pulso de la seguridad regional. Asia-Pacífico concentra algunos de los puntos más sensibles del mundo, como el mar de la China Meridional, el estrecho de Taiwán, la península de Corea o las islas Kuriles. En esta sección se documentan y analizan incidentes concretos, como interceptaciones aéreas, encuentros entre buques, violaciones de espacio marítimo o sobrevuelo de zonas exclusivas. También se describen las reacciones oficiales y las medidas adoptadas por los Estados involucrados.
El propósito es ofrecer una visión precisa y comprensible de los disputas que, aunque a veces no lleguen a convertirse en enfrentamientos abiertos, tienen un alto potencial de escalamiento.
- Situación de Diplomacia y Respuesta internacional
Esta dimensión se centra en el terreno de la diplomacia, la cooperación y las relaciones internacionales. Aquí se analizan los esfuerzos de diálogo, las alianzas militares, las declaraciones conjuntas, los acuerdos bilaterales y las posiciones de organismos multilaterales frente a los acontecimientos de la semana. También se observa el papel de potencias externas en el Asia-Pacífco (como la Unión Europea e India) en su interacción con los países asiáticos.
El análisis permite entender cómo los gobiernos buscan manejar las tensiones mediante la diplomacia, contener las crisis o fortalecer sus asociaciones estratégicas. Asimismo, se estudian las repercusiones económicas, comerciales y energéticas derivadas de las posturas adoptadas. El propósito es ofrecer una perspectiva equilibrada: mostrar que la seguridad regional no depende solo del poder militar, sino también de la habilidad diplomática y la cooperación internacional para reducir riesgos y promover la estabilidad.
Sistema de valoración de la Escalada y Militarización en el Asia-Pacífico
| Asia-Pacífico | |
| 🟡 Nivel 2: Acciones (2.1) | |
| Subregión | Nivel – Puntaje |
| Asia-Pacífico Norte | 🟡 Nivel 2: Acciones (2.4) |
| Asia-Pacífico Central | 🟠 Nivel 3: Amenaza (3.06) |
| Asia-Pacífico Meridional | 🟡 Nivel 2: Acciones (1.7) |
| Pacífico Sur | 🟡Nivel 2: Acciones (2.3) |
| Pacífico Este | 🟡 Nivel 2: Acciones (1.7) |
ASIA-PACÍFICO NORTE
| Países | Nivel de la Subregión | |||||||
| Rusia, Japón, Corea del Norte y Corea del Sur | 🟡 Nivel 2: Acciones (2.4) | |||||||
| Situación | Puntaje | Nivel | ||||||
| Militarización y Operaciones | 2.4 | 🟡 Nivel 2: Acciones | ||||||
| Disputas y Seguridad territorial | 2.9 | 🟠 Nivel 3: Amenaza | ||||||
| Diplomacia y Respuesta internacional | 2.1 | 🟡 Nivel 2: Acciones | ||||||
La subregión del Asia-Pacífico Norte atraviesa un período de creciente inestabilidad estratégica, impulsada por tres vectores convergentes: la escalada sistémica del programa armamentístico de Corea del Norte, la aceleración sin precedentes de la modernización militar de Japón y Corea del Sur, y la actividad rusa en el mar del Japón, amplificada por la cooperación estratégica entre Moscú y Pyongyang en el contexto de los conflictos en Ucrania e Irán. La gestión diplomática de Washington, basada en ejercicios militares combinados, acuerdos en materia de defensa y coordinación multilateral, redefine el balance de poder regional, aunque con crecientes fricciones derivadas de la demanda de recursos militares en otros escenarios estratégicos.
Situación de Militarización y Operaciones
El período analizado se ha caracterizado por una aceleración de la carrera armamentística, donde la modernización técnica y el redespliegue de capacidades militares han redibujado el equilibrio de poder regional.
En primer lugar, esta dinámica comenzó con una serie de provocaciones de alto nivel por parte de Corea del Norte (RPDC). El 14 de marzo, bajo la supervisión directa de Kim Jong-un y su hija Kim Ju-ae, se ejecutaron pruebas de lanzacohetes múltiples de 600 mm con cerca de 10 misiles balísticos KN-25. Este sistema es considerado un híbrido entre un lanzacohetes múltiple (MLRS) y un misil balístico de corto alcance (SRBM), con capacidad de transportar ojivas convencionales o nucleares tácticas. Las pruebas fueron lanzadas hacia el mar del Japón e impactaron fuera de la Zona Económica Exclusiva japonesa.
Estos avances se consolidaron técnicamente el 29 de marzo con el ensayo de un motor de combustible sólido de 2.500 kN, un hito que otorga a sus misiles balísticos intercontinentales (ICBM) mayor fiabilidad, así como un incremento en su alcance y capacidad de carga útil. Entre el 30 de marzo y el 1 de abril, se difundieron imágenes de entrenamientos de alta exigencia de las Fuerzas de Operaciones Especiales (SOF) norcoreanas, que incluyeron simulacros con fuego real y pruebas de resistencia física extrema. Asimismo, en las mismas fechas se realizaron pruebas de lanzamiento de misiles de crucero estratégicos desde un nuevo destructor Choe Hyon (51) de 5.000 toneladas, con el objetivo de fortalecer sus capacidades de ataque marítimo. Más allá de las pruebas, la infraestructura de la RPDC se ha robustecido; imágenes satelitales del 5 de abril confirman la construcción de complejos para operarios norcoreanos en plantas de drones rusas, lo que consolida un eje de cooperación militar profunda con Moscú.
En el caso de Japón, el fortalecimiento militar se ha materializado mediante una reforma estructural y técnica de gran calado. En el ámbito tecnológico y operativo, el proceso comenzó el 15 de marzo con la botadura de patrulleros clase Sakura para contener la actividad naval en la región. Posteriormente, el 18 de marzo, se alcanzó el hito del vuelo inaugural del EC-2, el nuevo avión de Tokio especializado en guerra electrónica. Esta arquitectura defensiva se reforzó el 20 de marzo con las pruebas del radar AN/SPY-7 y, el 25 de marzo, con el inicio de la construcción del segundo destructor ASEV (Aegis System Equipped Vessel).
En el plano organizacional, el 23 de marzo, Japón formalizó la creación de la Fuerza de Autodefensa Aérea y Espacial y anunció una nueva Oficina de Planificación de Defensa del Pacífico para cubrir el «vacío defensivo» al este del archipiélago. Además, aceleró el despliegue de radares móviles en Kitadaitojima y la construcción de muelles para buques de guerra en la isla de Iwo To (Iwo Jima). Ese mismo día, la Fuerza de Autodefensa Marítima de Japón (JMSDF) disolvió formalmente su histórica “Flota de Escolta” para crear la “Fuerza de Superficie de la Flota”, un mando único que centraliza destructores, unidades de minas y capacidades anfibias. Aunque esta reforma prioriza operaciones multidominio y guerra de información, la centralización genera críticas por reducir la redundancia operativa ante ataques.
En cuanto a su capacidad ofensiva, el gobierno japonés reforzó su capacidad de ataque a distancia. El 27 de marzo, el destructor JS Chokai finalizó sus modificaciones para operar misiles de crucero Tomahawk, mientras se iniciaba el traslado de misiles antibuque Tipo 12 SSM (Surface-to-Ship Missile) mejorados hacia el campamento de Kengun. Esta transición culminó el 31 de marzo con el despliegue estratégico de su primer sistema de misiles con alcance de 1.000 km en el suroeste del archipiélago, otorgándole al país por primera vez la capacidad de alcanzar objetivos en territorio de Asia continental. Finalmente, tras renombrar sus sistemas hipersónicos el 2 de abril para reflejar su nueva doctrina de «capacidad de contraataque» (stand-off defense), Tokio recibió el 3 de abril una notificación de Washington sobre posibles retrasos en la entrega de los misiles Tomahawk restantes, debido a que la producción estadounidense ha sido priorizada para el conflicto con Irán.
Por su parte, la República de Corea (ROK) también ha reforzado su autonomía operativa, principalmente enfocada en enfrentar la amenaza del Norte. No obstante, su arquitectura de seguridad enfrenta una vulnerabilidad crítica debido al repliegue de activos estadounidenses, un proceso que se manifestó el 18 de marzo con el retiro de baterías Patriot PAC-3, sistemas móviles diseñados para interceptar misiles balísticos tácticos, y de componentes del sistema THAAD (Terminal High Altitude Area Defense), diseñado para interceptar misiles dentro y fuera de la atmósfera durante su fase terminal. Al igual que en Japón, la razón responde a que Washington está concentrando recursos en el Medio Oriente, lo que ha abierto una brecha temporal en la defensa contra proyectiles balísticos para la República de Corea. Ante este escenario de riesgo, el 19 de marzo, durante los ejercicios Freedom Shield, se ejecutaron maniobras de cruce de ríos con blindados Stryker y operaciones aerotransportadas Talon Reach para validar la capacidad de respuesta inmediata.
En paralelo, el ámbito industrial de Seúl registró importantes avances que buscan mitigar la dependencia externa: el 25 de marzo se presentó oficialmente el primer caza furtivo de producción nacional en serie, el KF-21 Boramae (Generación 4.5+), seguido por la incorporación el 1 de abril de los primeros helicópteros antisubmarinos MH-60R Seahawk para la Armada. Estos progresos en la soberanía tecnológica lograron un hito histórico ese mismo día, cuando los sistemas antiaéreos Cheongung-II (M-SAM Block II) fueron utilizados por primera vez en condiciones de guerra abierta en Medio Oriente, interceptando con éxito misiles balísticos de origen iraní. Este evento no solo valida la fiabilidad de la tecnología de Seúl, sino que la posiciona como una exportadora de armamento de primer nivel capaz de competir en el mercado global.
Finalmente, en el caso de Rusia, las capacidades militares han funcionado como herramienta de presión diplomática en la región. El 17 de marzo desplegó cazas interceptores pesados MiG-31 equipados con misiles hipersónicos Kinzhal sobre el mar del Japón, enviando una señal clara de disuasión hacia los aliados. Esta postura se sustenta en una reconfiguración mayor de sus fuerzas; según reportes del 19 de marzo, Rusia ha concentrado dos tercios de su flota de submarinos nucleares balísticos (SSBN) en bastiones del Ártico. Este movimiento altera el equilibrio en el Pacífico y obliga a una recalibración global de la defensa de la OTAN, Estados Unidos y Asia frente a la amenaza nuclear rusa.

Situación de Disputas y Seguridad Territorial
En cuanto a la estabilidad subregional, el Asia-Pacífico Norte ha experimentado un incremento de tensiones debido a la expansión de las incursiones chinas y la validación operativa de nuevas potencias tecnológicas en escenarios de combate real.
Esta presión constante se manifestó inicialmente el 28 de marzo, cuando Japón interceptó buques de investigación y submarinos chinos realizando maniobras sospechosas en aguas cercanas a la prefectura de Okinawa, dentro de la ZEE japonesa. Tokio denunció que estas incursiones afectaron la integridad de cables submarinos de fibra óptica, vitales para las comunicaciones regionales. Ante ello, el Ministerio de Defensa japonés calificó las acciones como «provocaciones deliberadas» que amenazan la infraestructura crítica. China, por su parte, alegó fines científicos, pero la interceptación con destructores y aviones de patrulla aumentó la tensión en el mar de la China Oriental.
Posteriormente, el 31 de marzo, cazas de la Fuerza de Autodefensa Aérea de Japón interceptaron por primera vez un avión Y-9FQ de la Armada de China, el aparato de patrulla marítima y guerra antisubmarina más avanzado de Beijing. Este incidente confirmó la expansión del radio operativo chino hacia el arco insular japonés, lo que explica la acelerada botadura de patrulleros Sakura, iniciada el 15 de marzo, por parte de Tokio con el fin de proteger su soberanía.
Finalmente, la evaluación de la amenaza rusa ha alcanzado nuevos niveles en un contexto donde la coordinación entre Moscú y sus aliados se afianza. Según el informe Annual Threat Assessment publicado en marzo por la inteligencia estadounidense, existe un riesgo creciente de una escalada nuclear deliberada por parte de Rusia frente a la OTAN. El informe destaca que Moscú ya no actúa de forma aislada sino que coordina sus movimientos con Corea del Norte e Irán, configurando un eje de potencias que busca desafiar el orden establecido y que complejiza profundamente la arquitectura de seguridad en todo el eje del Asia-Pacífico Norte.

Situación de Diplomacia y Respuesta Internacional
La diplomacia en el Asia-Pacífico Norte ha transitado hacia una fase de endurecimiento de posturas, donde el cierre de canales de diálogo con Corea del Norte coincide con un fortalecimiento de los ejes bilaterales y trilaterales entre aliados, especialmente, el eje Washington-Tokio-Seúl y el eje Pyongyang-Moscú-Minsk.
Por un lado, el 14 de marzo, el primer ministro surcoreano Kim Min-seok expresó en Washington su esperanza de retomar el diálogo con Pyongyang. No obstante, los lanzamientos de misiles norcoreanos de ese mismo día frustraron cualquier expectativa de distensión. La fractura en la península coreana se acrecentó cuando el 23 de marzo, Kim Jong-un declaró que el estatus nuclear de su país es “inmutable”, condición que reafirmó dos días después ante la Agencia Telegráfica Central de Corea al calificarla de “irreversible”.
Tras considerar improbable la visita de Donald Trump a Corea del Norte durante su gira asiática, Kim Jong-un escenificó su alineamiento con el bloque euroasiático al recibir con honores militares, entre el 25 y 26 de marzo, al presidente bieloruso Alexander Lukashenko. Durante el encuentro, ambos líderes intercambiaron regalos de alto valor simbólico y militar: Kim entregó un sable de caballería en una funda ornamentada, mientras que Lukashenko obsequió un fusil de asalto VSK-100B, bromeando que era «por si acaso aparecen enemigos».
Paralelamente, la cooperación económico-militar entre Rusia y Corea del Norte ha continuado. Informes realizados durante el mes de marzo estiman que la RPDC ha suministrado armamento y tropas a Rusia por un valor de hasta 14.600 millones de dólares desde 2023. La Agencia de Inteligencia de Defensa (DIA, por sus siglas en inglés) de Estados Unidos señaló que, con el apoyo técnico de Moscú, se podría acelerar el desarrollo de armas de destrucción masiva norcoreanas en un plazo de 3 a 5 años.
En este contexto de creciente militarización, Rusia denunció el 25 de marzo a los ejercicios del Freedom Shield como una “preparación de guerra” y advirtió a Tokio que cualquier apoyo letal a Ucrania sería considerado un “acto hostil”. En una maniobra de diplomacia paralela, el 20 de marzo, Moscú se reunió con representantes de Brasil para dialogar sobre la no proliferación nuclear, pese a que informes del 1 de abril alertaban que tanto China como Rusia sostienen las capacidades militares de Irán mediante una sofisticada red de evasión de sanciones.
Como contrapartida, la relación bilateral entre Japón y Estados Unidos ha mostrado una gran interoperabilidad. Durante la cumbre del 19 de marzo entre el presidente Donald Trump y la primera ministra Sanae Takaichi, se anunció el inicio de una «Nueva Edad de Oro» para la alianza nipo-estadounidense, centrada en blindar la seguridad energética y tecnológica frente al bloque liderado por China. Sin embargo, el clima diplomático se tensó cuando el presidente Trump, al ser cuestionado por su reciente ofensiva unilateral contra Irán, sin previa consulta a sus aliados, lanzó un dardo histórico que congeló a la delegación japonesa: «¿Por qué no me avisaron sobre Pearl Harbor? Ustedes saben mejor que nadie lo que es un ataque sorpresa”. La declaración, interpretada como una justificación de su doctrina de «acción sin aviso», provocó una evidente incomodidad en Takaichi, quien mantuvo una compostura férrea ante el uso del trauma bélico de 1941 como argumento político.
Pese al roce, la cumbre arrojó resultados tangibles en el plano industrial. Se formalizó una inversión japonesa de 73.000 millones de dólares destinada a la construcción de reactores nucleares modulares en Tennessee y Alabama, además de la expansión de plantas de gas natural licuado (GNL) en Texas. En materia de defensa, se concretó la coproducción de misiles interceptores SM-3 y aire-aire AMRAAM, consolidando una base industrial militar conjunta. Asimismo, se firmó un plan estratégico para la extracción de tierras raras en el Pacífico, buscando quebrar el monopolio minero de Beijing.
Sin embargo, este enfoque transaccional encontró límites infranqueables. Japón rechazó formalmente la exigencia de enviar buques de guerra al estrecho de Ormuz, protegiendo su Constitución pacifista frente a la escalada en Oriente Medio. Además, el Ministerio de Industria nipón reconoció que persisten «diferencias técnicas» sobre la ejecución de los 550.000 millones de dólares en inversiones prometidos inicialmente, mientras la sombra de los aranceles estadounidenses sigue dificultando un acuerdo comercial pleno.
Más allá de los actores regionales, el escenario ha adquirido una dimensión global con la llegada de nuevos actores al Pacífico. La ROK y Japón han proyectado su diplomacia securitaria fuera del tradicional eje Washington-Tokio-Seúl, y hacia nuevos aliados occidentales. El 29 de marzo, los Países Bajos desplegaron por primera vez cazas F-35A en Japón para el ejercicio Kazaguruma Guardian 26, sumándose a la llegada de aviones de la USAF el 30 de marzo a la base de Misawa.
Por su parte, Corea del Sur declinó participar formalmente en un comunicado conjunto de aliados del 19 de marzo sobre el estrecho de Ormuz, pero ha buscado ampliar su alcance operativo. Este proceso culminó el 28 de marzo con el envío del submarino surcoreano ROKS Dosan Ahn Chang-ho (de la clase KSS-III) hacia aguas canadienses para realizar los primeros ejercicios combinados de guerra antisubmarina (ASW), programados entre el 23 de mayo y el 2 de junio en la costa oeste de Canadá. Este hecho marca la primera vez que el país norteamericano realiza un ejercicio de este tipo con la ROK. En una nueva etapa donde Estados Unidos redirige su atención a Medio Oriente, esta diversificación representa una oportunidad para el Asia-Pacífico de proyección global y autonomía en su diplomacia securitaria.
ASIA-PACÍFICO CENTRAL
| Países | Nivel de la Subregión | |||||||
| China y Taiwán | 🟠 Nivel 3: Amenaza (3.06) | |||||||
| Situación | Puntaje | Nivel | ||||||
| Militarización y Operaciones | 2.9 | 🟠 Nivel 3: Amenaza | ||||||
| Disputas y Seguridad territorial | 3.1 | 🟠 Nivel 3: Amenaza | ||||||
| Diplomacia y Respuesta internacional | 3.2 | 🟠 Nivel 3: Amenaza | ||||||
La subregión del Asia-Pacífico Central muestra una escalada sostenida de presión militar, tecnológica y diplomática en torno al estrecho de Taiwán. En el plano de la militarización, la República Popular de China (RPC) ha profundizado una estrategia de asfixia tecnológica basada en saturación de sensores, guerra en red y superioridad numérica en sistemas autónomos. Entre los hitos de este período destacan la demostración del enjambre de drones Atlas, el despliegue de cazas J-6W convertidos en vehículos no tripulados de ataque, la modernización de la flota con destructores Tipo 055, y la expansión de capacidades submarinas y anfibias.
En paralelo, Taiwán ha buscado sostener su disuasión con nuevos activos como la corbeta Tuo Chiang, los MQ-9B SkyGuardian, además de realizar ejercicios de resiliencia urbana, aunque enfrenta fuertes limitaciones presupuestarias. En el ámbito de la seguridad y el control territorial, las incursiones aéreas y navales chinas mantuvieron una presión constante sobre la Zona de Identificación de Defensa Aérea (ADIZ, por sus siglas en inglés) taiwanesa y sobre puntos sensibles como Kinmen y Dongsha, combinando operaciones de patrullaje, reconocimiento y coerción de zona gris.
A ello se sumó una creciente tensión diplomática con Japón, Filipinas y Vietnam, mientras que Estados Unidos reafirmó su respaldo estratégico a Taipéi. En conjunto, el escenario refleja una competencia multidominio cada vez más integrada, donde la coerción militar y la disputa política avanzan de forma simultánea y coordinada.
Situación de Militarización y Operaciones
La dimensión de militarización en el período analizado revela una estrategia de «asfixia tecnológica» por parte de la República Popular China (RPC), orientada a degradar la capacidad de respuesta de Taiwán mediante la saturación de sensores y la superioridad numérica en sistemas autónomos.
El suceso más disruptivo fue la demostración completa del sistema de enjambre de drones Atlas el 25 de marzo. Este sistema, desarrollado por la Corporación de Tecnología Electrónica de China (CETC), emplea el vehículo de combate terrestre Swarm-2 (un camión blindado 6×6) capaz de lanzar 48 drones con intervalos de solo tres segundos para asegurar trayectorias de vuelo seguras. Un solo operador puede coordinar hasta 96 drones con «cerebros inteligentes» capaces de realizar reconocimiento autónomo, identificación de objetivos mediante IA y ataques de precisión coordinados. Complementando esta tecnología, se ha informado el despliegue de aproximadamente 200 cazas J-6W, versiones convertidas en drones de ataque, en seis bases aéreas de Fujian y Guangdong. Estos aviones actúan como misiles de crucero de bajo costo destinados a saturar los radares y agotar las reservas de misiles interceptores de Taiwán durante la fase inicial de un conflicto. En el dominio naval, la RPC ha probado su primer enjambre de drones navales autónomos (USV), diseñados para contrarrestar las operaciones de la Armada de EE.UU. en el estrecho de Taiwán.
En paralelo, la modernización naval no ha quedado atrás. China incorporó los destructores Tipo 055, específicamente el Anqing y el Dongguan, representando un salto en la defensa aérea de área y la coordinación de ataques de largo alcance. El ejercicio de fuego real del Anqing el 24 de marzo se enfocó en el combate dentro de entornos electromagnéticos complejos, validando su capacidad para integrar datos de radares de alerta temprana y satélites para interceptar amenazas múltiples. Con el lanzamiento de su décima unidad, la Armada del Ejército Popular de Liberación (PLAN) prioriza estos «superdestructores» para liderar grupos de tareas multidominio. Además, se ha confirmado que China ha entrado en la fase de producción en serie de la clase Zubr (Type 728), el aerodeslizador más grande del mundo. Con una flota que ya alcanza las 9 o 10 unidades, estas plataformas pueden transportar 500 tropas o tres tanques de batalla principal a 55 nudos, permitiendo múltiples cruces del estrecho de Taiwán en un día y superando defensas de minas navales que detendrían a barcos convencionales.
Por otra parte, para contrarrestar la superioridad submarina estadounidense, China ha desplegado una red de 42 barcos y cientos de sensores en el lecho marino en áreas críticas como las islas Senkaku (Japón). Estos sensores apoyan la operatividad del nuevo submarino nuclear Tipo 095 (clase Sui), lanzado recientemente en Huludao, ciudad-prefectura en la provincia de Liaoning. El Tipo 095 incorpora un timón en forma de X y propulsión por chorro de bomba (pump-jet) para reducir el ruido de cavitación, alcanzando estándares de sigilo similares a la clase Virginia de EE.UU. Este submarino está equipado con celdas de lanzamiento vertical (VLS) para misiles hipersónicos YJ-17 y YJ-20, consolidándose como una amenaza letal para los grupos de portaaviones.
En el ámbito terrestre, el Ejército Popular de Liberación de China (EPL) ha equipado sus tanques Tipo 96A con el sistema de protección activa GL-6. Este sistema utiliza radares de onda milimétrica para detectar drones y proyectiles de ataque superior (top-attack), lanzando contramedidas para interceptarlos antes del impacto. En cuanto al dominio aéreo, la integración del Chengdu J-10C (caza polivalente de generación 4.5) en una arquitectura de «nube de combate» apoyada por aviones de alerta temprana y control aerotransportado (AEW&C) KJ-500 permite que los cazas operen con sus radares apagados, recibiendo datos de puntería de sensores externos para realizar ataques furtivos. Asimismo, el jet de guerra electrónica J-16D ha sido avistado con pods de interferencia de diferentes frecuencias y misiles antirradiación, diseñados específicamente para «cegar» los sistemas Patriot de Taiwán.
Frente a esta expansión, la República de China (Taiwán) ha intentado equilibrar la balanza con la entrega de la primera corbeta Tuo Chiang Lote 2 el 19 de marzo, con diseño de catamarán altamente maniobrable y con baja firma de radar. La llegada de los drones MQ-9B SkyGuardian y municiones merodeadoras Altius, el 31 de marzo, refuerza la vigilancia persistente sobre el estrecho de Taiwán. No obstante, el bloqueo presupuestario de 2.400 millones de dólares en el Yuan Legislativo ha puesto en peligro el entrenamiento de las tropas y la entrega final de sistemas HIMARS (Sistema de Cohetes de Artillería de Alta Movilidad) y misiles Javelin (misil portátil de tipo «dispara y olvida» que ataca a los blindados desde arriba). Aunque EE.UU. ha permitido diferir los pagos hasta mayo para aliviar la crisis, la falta de consenso interno en Taipéi ralentiza la modernización asimétrica frente a un EPL que no detiene su ritmo de producción.

Situación de Disputas y Seguridad Territorial
Entre el 16 de marzo y el 4 de abril de 2026, la actividad militar en torno al estrecho de Taiwán evidencia un patrón sostenido de presión operativa por parte de China, combinando incursiones aéreas, presencia naval persistente y operaciones en zonas sensibles como Kinmen y Dongsha. Los registros muestran una dinámica escalonada, con picos de intensidad claramente definidos. El 16 y 17 de marzo, se observó un aumento significativo en la actividad aérea, destacando el 17 de marzo con 36 aeronaves detectadas y 24 ingresando a la ADIZ de Taiwán. Asimismo, se reportaron incursiones marítimas en el entorno de Kinmen, con unidades de la Guardia Costera china (GCC) operando al sur de Lieyu y al sureste de Liaoluo. Estas acciones incluyeron entradas y salidas controladas de embarcaciones en lapsos de pocas horas, lo que sugiere misiones de patrullaje, reconocimiento y coerción de zona gris.
El 18 de marzo se registró una incursión relevante en Dongsha, donde una embarcación de la GCC (buque 3102) fue detectada al este del archipiélago, permaneciendo en el área por más de 25 horas, indicando un interés operativo más allá de la simple presencia simbólica, posiblemente vinculado al reconocimiento o monitoreo de rutas marítimas. Entre el 19 y el 23 de marzo, la actividad aérea mostró fluctuaciones, con incrementos menores, seguidas de una caída temporal. Sin embargo, el 23 de marzo se reanudaron tanto las incursiones aéreas como marítimas, con operaciones nuevamente concentradas en Kinmen. Ese día se registraron movimientos de múltiples buques identificados (14609, 14531, 14604, 14507), que ingresaron y salieron del área en ventanas horarias bien definidas, evidenciando coordinación y control táctico.
El 24 y 25 de marzo constituyeron uno de los picos del período analizado. El 24 se detectaron 16 aeronaves, de las cuales 13 ingresaron a la ADIZ, acompañadas por 10 buques. Al día siguiente, aunque la actividad aérea fue menor, se alcanzó el mayor número de buques detectados (11), lo que sugiere un desplazamiento del esfuerzo hacia el dominio marítimo. Hacia finales de marzo, la intensidad volvió a escalar progresivamente. El 28 de marzo se registraron 19 aeronaves detectadas y 13 incursiones, mientras que el 31 de marzo se mantuvo una presencia relevante con 11 aeronaves y 7 buques. El 1 de abril se produjo el punto más alto del período en términos aéreos, con 25 aeronaves detectadas y 16 ingresando a la ADIZ, acompañadas por 9 buques. En los días siguientes (2 al 4 de abril), la actividad aérea disminuyó notablemente, aunque la presencia naval se mantuvo estable entre 6 y 7 buques diarios, indicando continuidad en el control marítimo.
A esta presión operativa se suma el «misterio de aviación» generado por el aviso de cierre del espacio aéreo offshore por 40 días emitido por China el 27 de marzo, cubriendo áreas extensas al norte y sur de Shanghái. Este cierre, sin precedentes por su duración, coincide con el aumento de incidentes en el mar de la China Oriental, donde la GCC ha hostigado embarcaciones japonesas cerca de las islas Senkaku/Diaoyu. En respuesta, Taiwán ha iniciado sus Ejercicios de Resiliencia Urbana y ha fijado la agenda de los juegos de guerra Han Kuang 42 para abril, incorporando por primera vez drones para logística civil y simulacros de protección de infraestructura crítica ante ataques cibernéticos y de sabotaje.

Situación de Diplomacia y Respuesta Internacional
El escenario diplomático está marcado por una ruptura profunda entre Beijing y Tokio y una incertidumbre política interna en Taiwán. El detonante fue la declaración de la primera ministra japonesa, Sanae Takaichi, sobre una «crisis existencial» en caso de un ataque a Taiwán, lo que llevó a China a degradar los lazos bilaterales. Asimismo, sancionó al legislador Keiji Furuya el 30 de marzo, prohibiendo su entrada a China y Hong Kong tras sus reuniones con el presidente Lai Ching-te de Taiwán, calificando sus actos como una violación de «líneas rojas». Estas tensiones se extendieron a Filipinas, que rechazó formalmente las pretensiones de soberanía chinas, mientras que Vietnam condenó la expansión en las islas Paracel (llamadas Xisha en chino y Hoàng Sa en vietnamita).
Estados Unidos ha mantenido un rol de anclaje estratégico. A pesar de la distracción causada por el conflicto en Irán y el derribo de un caza estadounidense el 4 de abril, Washington reafirmó las «Seis Garantías» y priorizó la entrega de misiles Harpoon (misil de crucero subsónico antibuque) a Taiwán. Un gesto clave de apoyo financiero fue la aprobación, el 30 de marzo, de la solicitud de Taipéi para aplazar los pagos de los sistemas HIMARS y Javelin hasta mayo de 2026, aliviando la presión del bloqueo presupuestario interno.
En el frente interno de Taiwán, la condena de 17 años de prisión contra Ko Wen-je el 26 de marzo ha radicalizado a la oposición, profundizando el impasse legislativo. Esta fractura ha sido explotada por Beijing mediante operaciones de influencia, como la invitación del director de la Oficina de Asuntos de Taiwán (TAO), Song Tao, a una delegación del Kuomintang (KMT – Partido Nacionalista Chino) para visitar China el 7 abril (comitiva encabezada por Cheng Li-wun, presidenta del partido, marcando el primer viaje de un líder en funciones del KMT a China en una década) con el objetivo de proyectar que el diálogo solo es posible con facciones que no apoyan la administración de Lai. Además, la detección de espionaje dentro del Partido Popular de Taiwán (TPP) con el caso Xu Chunying, subraya la vulnerabilidad de la seguridad nacional taiwanesa ante campañas de infiltración que buscan socavar la cohesión del Estado desde sus cimientos políticos.

ASIA-PACÍFICO MERIDIONAL
| Países | Nivel de la Subregión | |||||||
| Sudeste Asiatico | 🟡 Nivel 2: Acciones (1.7) | |||||||
| Situación | Puntaje | Nivel | ||||||
| Militarización y Operaciones | 1.5 | Nivel 1: Tensión | ||||||
| Disputas y Seguridad territorial | 2.2 | Nivel 2: Acciones | ||||||
| Diplomacia y Respuesta internacional | 1.5 | Nivel 1: Tensión | ||||||
La subregión del Asia-Pacífico Meridional muestra una serie de dinámicas centradas principalmente en la diplomacia y la militarización, con tan solo dos focos de disputa activos: los enfrentamientos esporádicos entre China y Filipinas en el mar de la China Meridional y el conflicto fronterizo entre Tailandia y Camboya.
A lo largo del período analizado, se produjeron múltiples instancias de cooperación, predominantemente bilaterales, aunque también se registraron iniciativas trilaterales que incluyeron ejercicios de defensa conjuntos. Esta colaboración en materia de defensa abarcó acuerdos y negociaciones para la adquisición de armamento, vehículos militares e incluso el establecimiento de un centro de mantenimiento de submarinos en Singapur. Este último elemento evidencia la importancia estratégica del Sudeste Asiático como un escenario geopolítico clave en su articulación con otras subregiones, como el Asia-Pacífico Norte y el Medio Oriente.
Como última observación general, resulta necesario dirigir la atención hacia la crisis energética derivada de la guerra de Irán, la cual actúa como un factor condicionante para los Estados de la región. Esta situación ha generado una creciente dependencia de las decisiones iraníes para el tránsito por el estrecho de Ormuz y ha incidido directamente en varios de los acontecimientos recientes registrados en el Sudeste Asiático.
Situación de Militarización y Operaciones
Las tendencias de militarización en el Sudeste Asiático se caracterizan por el estrecho vínculo de los Estados regionales con las potencias globales: Estados Unidos, China y Rusia. Esta relación se manifiesta principalmente mediante la cooperación técnica y operativa, aunque persisten focos de tensión.
Entre las principales operaciones en la región figura la movilización del Ejército, la Armada y la Fuerza Aérea de Estados Unidos en países aliados, principalmente Singapur, Tailandia y Malasia. El objetivo central es garantizar el abastecimiento y tránsito de los buques estadounidenses hacia Medio Oriente en el marco del conflicto con Irán. En ese sentido, Singapur representa un eje estratégico de apoyo a medio camino, para el reabastecimiento y descanso de las fuerzas norteamericanas. Su importancia geopolítica se acentuó con la firma de un memorándum de entendimiento entre la compañía alemana ThyssenKrupp Marine Systems (TKMS) y la división naval de ingeniería singapurense ST Engineering. El acuerdo prevé la instalación de un centro de mantenimiento de submarinos en Singapur, destinado principalmente a los submarinos tipo 218SG adquiridos a TKMS. Sin embargo, este desarrollo también consolida a Singapur como punto intermedio para la proyección estadounidense, japonesa o australiana hacia Medio Oriente, en busca de garantizar la operatividad y el sostenimiento logístico de actores militares internacionales cada vez más diversos.
Bajo esa misma línea, Estados Unidos aprobó la venta a Singapur de ojivas alternativas GMLRS por 83 millones de dólares. El paquete contempla 45 pods M30A2 GMLRS-AW de Lockheed Martin, además de kits de telemetría, servicios de ingeniería, asistencia técnica y apoyo logístico y de programa. De acuerdo con el comunicado oficial, la operación reforzará la capacidad de Singapur para disuadir amenazas regionales, mejorar la interoperabilidad con sus aliados y contribuir a la estabilidad regional.
Por su parte, Tailandia continúa profundizando su cooperación con Washington. Tras la conclusión de los ejercicios bilaterales Hanuman Guardian, el 20 de marzo Bangkok recibió 17 vehículos de combate Stryker procedentes de Estados Unidos. Dos días después, el 22 de marzo, Tailandia se incorporó oficialmente al Partnership for Indo-Pacific Industrial Resilience (PIPIR), una iniciativa estadounidense orientada a reforzar la cooperación en defensa industrial y la resiliencia de las cadenas de suministro. Con ello, el país busca incrementar su capacidad de producción de misiles y drones. Además, la trigésima segunda edición anual del ejercicio Cope Tiger, que reúne a las fuerzas aéreas de Estados Unidos, Tailandia y Singapur, se desarrolló entre el 15 y el 27 de marzo en la Base Aérea de Korat, en el centro de Tailandia.
En Filipinas, la militarización costera también continúa avanzando. El 16 de marzo, la Infantería de Marina filipina activó la 273.ª Compañía de Infantería de Marina en Camp Cape Bojeador, cuartel general de la 4.ª Brigada, como parte de su batallón de misiles antibuque terrestres BrahMos. La unidad fue trasladada desde el sur del archipiélago para cubrir las zonas septentrionales del país desde 2022, y se espera que la base principal de la brigada, ubicada en el extremo noroccidental de Luzón, albergue nuevas instalaciones para reforzar las defensas de Manila ante la preocupación por una posible escalada vinculada a la crisis de Taiwán.
En cuanto a Indonesia, su rol como potencia regional se refleja en la modernización de su poderío naval. El Estado más poblado del Sudeste Asiático y mayor archipiélago del mundo mantiene un interés histórico en el desarrollo de su poderío naval. En ese marco, el 18 de marzo se registraron negociaciones con la India respecto a la adquisición del BrahMos, el misil supersónico antibuque más rápido del mundo. Asimismo, el 1 de abril Indonesia concluyó sus Ejercicios Conjuntos Minex Pandu junto a Singapur, orientados al entrenamiento de habilidades marítimas para la respuesta frente a amenazas externas.
La modernización militar indonesia también se reflejó en la llegada del segundo buque de combate multipropósito o Pattugliatore Polivalente d’Altura (PPA), el KRI Prabu Siliwangi (321), que arribó al país el 22 de marzo tras una larga travesía desde Italia. El buque zarpó de La Spezia el 11 de febrero de 2026 y, a diferencia de su gemelo KRI Brawijaya (320), que transitó por el canal de Suez, siguió una ruta alternativa por el cabo de Buena Esperanza, con escalas en Marruecos, Nigeria, Sudáfrica y Mauricio. En paralelo, la Armada de Indonesia recibió de Fincantieri su segundo patrullero oceánico de la clase Brawijaya, consolidando la expansión de su flota de superficie.
En el plano aéreo, Indonesia también avanzó en la renovación de sus capacidades con la compra de 12 aviones ligeros bimotores PC-24 a la empresa suiza Pilatus. La flota será utilizada para entrenamiento de pilotos en misiones de transporte, enlace y vuelo instrumental. El acuerdo incluye equipos terrestres, asistencia técnica, herramientas, repuestos y la posibilidad de adquirir aeronaves adicionales para la Fuerza Aérea.

Situación de Disputas y Seguridad territorial
El mayor conflicto latente en el Sudeste Asiático es la disputa entre China y Filipinas en el mar de la China Meridional. Asimismo, persiste el conflicto fronterizo entre Tailandia y Camboya, junto con un reciente escalamiento de tensiones en la frontera entre Tailandia y Myanmar, caso que también será abordado por su impacto regional.
En el contexto de la controversial delimitación marítima china sobre el mar de la China Meridional mediante su “línea de los 9 puntos”, Filipinas ha sido el Estado más afectado. Esto se ha reflejado en múltiples incidentes entre las fuerzas navales de ambos países, principalmente por parte de la República Popular China, que ostenta superioridad militar en la zona. El 20 de marzo, las Fuerzas Armadas de Filipinas acusaron a un buque de la Armada china de utilizar su radar de control de tiro contra un buque filipino que realizaba un patrullaje sobre el mar de la China Meridional el 7 de marzo. Posteriormente, el 25 de marzo, fuentes oficiales filipinas confirmaron que China ejecutó un ejercicio militar con el buque filipino como blanco. En este clima de hostilidad, Filipinas arrestó a tres nacionales con vínculos militares bajo sospechas de espionaje para Beijing.
Ese mismo 25 de marzo se produjo un segundo encuentro entre buques de China y Filipinas. Las Fuerzas Armadas de Filipinas publicaron un video en el cual se mostró al buque de guerra chino 532 Missile Frigate (Binzhou), el cual se acercó hasta una distancia de 5 a 8 metros al buque de la armada filipina BRP Benguet, una distancia críticamente reducida para operaciones navales. Filipinas denunció el incidente como una provocación directa y una clara violación al Convenio sobre el Reglamento Internacional para Prevenir los Abordajes (COLREG) de 1972.
Por otra parte, se mantiene la disputa fronteriza entre Tailandia y Camboya. Tras el estallido del conflicto en julio de 2025 y las sucesivas violaciones al alto el fuego, los enfrentamientos se han retomado de manera esporádica. Aunque no registra una alta intensidad en víctimas mortales, constituye el conflicto terrestre activo que más afecta la paz entre dos Estados soberanos de la subregión.
A este panorama se sumó, el 2 de abril, el escalamiento de tensiones en la frontera entre Tailandia y Myanmar. La crisis se originó tras la movilización inicial de artillería birmana hacia la ciudad de Myawaddy, en su lado de la frontera. Posteriormente, reportes locales denunciaron el aterrizaje de dos proyectiles de mortero en medio de la aldea de Mae Kon Ken, dejando de saldo 6 heridos, entre ellos 3 niños. Como respuesta, Bangkok movilizó tropas para asegurar el perímetro del distrito de Mae Sot y proteger a su población civil.

Situación de Diplomacia y Respuesta Internacional
La diplomacia en el Sudeste Asiático se desarrolla principalmente en relación con las potencias globales, China y Estados Unidos, aunque también existe, en menor medida, cooperación con otros socios especialmente europeos. En el caso de Beijing y Washington, ambos buscan reforzar la cooperación militar con sus aliados. Mientras Estados Unidos prioriza ejercicios conjuntos en los dominios terrestre, aéreo y naval con aliados estratégicos como Singapur, Tailandia, Malasia y Filipinas, la República Popular China busca equilibrar su influencia mediante relaciones comerciales y una cooperación militar selectiva, especialmente con Vietnam (aunque en esta última década se ha acercado más a EE.UU.). En este escenario, Indonesia destaca por sostener su histórica política de no alineamiento frente a la creciente polarización regional.
En el caso de la República Popular China, en marzo se implementó la reunión ministerial “3+3” con la República Socialista de Vietnam, reuniendo a los ministerios de Relaciones Exteriores, Defensa y Seguridad Pública de ambas partes. Beijing ha mostrado interés en el reforzamiento de la seguridad militar, incluida la dimensión marítima, la expansión de las áreas de cooperación y el impulso de los intercambios en defensa. En paralelo, la diplomacia china ha centrado sus esfuerzos en la cooperación energética y en el ofrecimiento de apoyo a los Estados del Sudeste Asiático en medio de la crisis energética derivada de la guerra en Irán.
Por su parte, Estados Unidos ha estrechado sus lazos de defensa y cooperación militar con Singapur, mediante el Ejército de los Estados Unidos en el Pacífico (USARPAC), cuya delegación visitó dicho país entre el 10 y el 12 de marzo. Asimismo, personal estadounidense participó en Filipinas en reuniones de respuesta a crisis, mientras que con Tailandia se profundizaron las alianzas mediante ejercicios bilaterales y trilaterales, estos últimos en coordinación con Singapur.
Filipinas ha incrementado de manera significativa su cooperación militar con Europa. El secretario de Defensa Nacional filipino, Gilberto Teodoro Jr., participó en el Foro de Defensa y Estrategia de París de 2026, donde sostuvo una reunión con el almirante Giuseppe Cavo Dragone, presidente del comité militar de la OTAN, el 24 de marzo. En ese marco, Filipinas consolida bases para una mayor interoperabilidad e intercambios de defensa con la Unión Europea y con los países de la OTAN. Además, en el mismo foro, Filipinas y Francia firmaron el Acuerdo sobre el Estatuto de las Fuerzas Visitantes (SOVFA), que permitirá el despliegue de tropas visitantes y el entrenamiento conjunto en ambos territorios. Se trata del primer convenio de este tipo entre Filipinas y un país europeo, en un contexto marcado por los recientes incidentes en el mar de la China Meridional.
Indonesia se reafirma como un actor autónomo bajo la administración de Prabowo Subianto, quien ha rechazado la instalación de bases militares extranjeras para evitar involucrar a Yakarta en un conflicto global. De esta manera, Indonesia busca sostener su histórica política exterior de no alineamiento, manteniéndose abierta a recibir “visitas pacíficas” de Estados Unidos, China y Rusia. No obstante, los actores internacionales continúan reconociendo su creciente valor geopolítico. Por ello, el 24 de marzo, el Senado italiano aprobó la transferencia sin costo del portaaviones Giuseppe Garibaldi a la Armada indonesia, como un activo estratégico de defensa bilateral. Simultáneamente, Francia fortalece su cooperación con Indonesia, en paralelo a la llegada prevista a Yakarta de los jets Rafale en los próximos meses del presente año.
Para concluir el análisis regional, Indonesia y Australia anunciaron un plan para ampliar la cooperación en materia de defensa mediante nuevos acuerdos trilaterales con Japón y Papúa Nueva Guinea, al tiempo que intensifican el intercambio de inteligencia. El ministro de Defensa de Indonesia, Sjafrie Sjamsoeddin, reveló la estrategia tras reunirse con su homólogo australiano, Richard Marles. Esta iniciativa se produce después de la firma de un tratado de seguridad en febrero de 2026, que compromete a ambos países a consultarse mutuamente si alguno enfrenta una amenaza. En la última reunión, los ministros también discutieron el desarrollo de un centro de entrenamiento conjunto en la isla de Morotai, en el norte de Maluku, mediante la mejora de la infraestructura existente. Además, se informó que personal de países como Filipinas, Australia y Singapur podría acceder a la isla de Morotai, así como a otra instalación en desarrollo en Kalimantan del Norte junto con Singapur.
PACÍFICO SUR
| Países | Nivel de la Subregión | |||||||
| Australia, Nueva Zelanda, islas del Pacífico | 🟡Nivel 2: Acciones (2.3) | |||||||
| Situación | Puntaje | Nivel | ||||||
| Militarización y Operaciones | 2.1 | 🟡Nivel 2: Acciones | ||||||
| Disputas y Seguridad territorial | 3 | 🟠 Nivel 3: Amenaza | ||||||
| Diplomacia y Respuesta internacional | 1.8 | 🟡Nivel 2: Acciones | ||||||
El escenario del Pacífico Sur durante el período analizado refleja una transformación acelerada hacia un entorno de competencia estratégica multidominio, donde convergen la militarización tecnológica, las crisis de seguridad territorial y una diplomacia marcada por la gestión de riesgos inmediatos. En el plano militar, la firma del acuerdo Anzac 2035 entre Australia y Nueva Zelanda simboliza un salto hacia la integración operativa plena, acompañado por la incorporación de sistemas autónomos como el USV Bluebottle y el avance del esquema AUKUS, que consolida capacidades submarinas nucleares y estandarización industrial. Sin embargo, estas mejoras coexisten con brechas críticas, como la debilitada capacidad de guerra contra minas de la Armada australiana.
En paralelo, la seguridad territorial presenta niveles de riesgo elevados, especialmente ante la escalada del conflicto en Papúa Occidental. Esta situación se caracteriza por denuncias de violaciones sistemáticas a los derechos humanos y el uso intensivo de drones en operaciones internas bajo control de Yakarta. A esto se suma la inestabilidad en Nueva Caledonia y las Islas Salomón, donde las tensiones políticas y las fracturas sociales amenazan con derivar en crisis abiertas.
En el ámbito diplomático, predomina un enfoque pragmático orientado a la contención, evidenciado en acuerdos como el firmado entre Nueva Zelanda y las Islas Cook, mientras la región enfrenta simultáneamente el impacto de la crisis energética global. En conjunto, el Pacífico Sur emerge como un teatro de competencia creciente, donde la gestión de crisis se ha convertido en una norma operativa cotidiana.
Situación de Militarización y Operaciones
La militarización del Pacífico Sur ha entrado en una fase de hibridación tecnológica y consolidación de capacidades soberanas. El suceso central del período fue la firma del acuerdo Anzac 2035 el 17 de marzo, que proyecta la integración plena (seamless) de las fuerzas de Australia y Nueva Zelanda en una sola entidad de combate para la próxima década. Esta visión se materializa en la designación cruzada de subcomandantes en los mandos de operaciones conjuntas de ambas naciones. En paralelo, el ejercicio Kakadu Fleet Review 2026, iniciado el 21 de marzo, marcó un hito con la participación del buque de superficie no tripulado (USV) Ocius Bluebottle, evidenciando que Australia está priorizando los sistemas autónomos para la vigilancia persistente en zonas económicas exclusivas, como parte de una táctica de negación de área asimétrica frente a incursiones extranjeras.
A nivel industrial, la Armada Real Australiana (RAN) enfrenta una paradoja en su capacidad de superficie. Mientras Saab Australia estableció un centro de referencia para la interfaz del sistema de combate de los destructores clase Hobart, permitiendo la integración de radares avanzados y sensores submarinos bajo control técnico soberano, la capacidad de contramedidas contra minas (MCM) se ha debilitado. La RAN solo mantiene dos de los seis cazaminas clase Huon originales, y la suspensión del Proyecto Sea 1905 hace dos años ha generado críticas sobre la vulnerabilidad de los puertos nacionales ante un posible bloqueo minado.
La arquitectura de AUKUS también ha escalado operativamente. Bajo el Pilar I, orientado a dotar a Australia de una capacidad soberana de submarinos de ataque de propulsión nuclear (SSN), se registraron avances con el arribo del submarino británico HMS Anson a la base HMAS Stirling, lo que permitió que técnicos australianos instalaran componentes de fabricación local y validaran la base industrial nacional. Simultáneamente, una notificación de Venta Militar al Extranjero (FMS) de Estados Unidos reveló que el Reino Unido solicitó ayuda para desarrollar un “tubo de despliegue vertical” común, un sistema que se compartirá en el programa SSN-AUKUS y que garantizará la intercambiabilidad de armas entre las tres armadas.
En el ámbito de las adquisiciones estratégicas, el 1 de abril Estados Unidos aprobó la venta a Australia de misiles clasificados AIM-260 por un valor estimado de 3.160 millones de dólares. El Congreso estadounidense autorizó el paquete de hasta 450 misiles tácticos avanzados conjuntos AIM-260 (JATM), lo que podría convertir a Canberra en el primer cliente extranjero de esta arma aire-aire de última generación. Además del misil en desarrollo producido por Lockheed Martin, la venta incluye hasta cinco vehículos de prueba de integración AIM-260 y hasta 30 vehículos de prueba guiados, todos clasificados como equipo de defensa principal. El paquete también contempla artículos no clasificados como equipo de defensa principal (MDE), entre ellos contenedores de municiones, conjuntos de eyección de botas, dispositivos integrados de seguridad de comunicaciones KGV-135A, repuestos, consumibles y accesorios.
Nueva Zelanda, por su parte, también avanzó en la modernización de sus capacidades navales. El 26 de marzo presentó WHAI, un buque de superficie no tripulado (USV) propulsado por un motor a reacción y con tren motriz totalmente eléctrico, diseñado para operar de forma prácticamente silenciosa y con una firma térmica reducida. La embarcación puede alcanzar velocidades de hasta 30 nudos y cuenta con un diseño de bajo perfil orientado a respaldar operaciones encubiertas en entornos marítimos conflictivos. Su compartimento modular de carga puede albergar hasta 350 kilogramos de equipo, incluidos sensores de inteligencia, vigilancia y reconocimiento, así como sistemas de retransmisión de comunicaciones.
Francia, por su parte, busca reafirmar su rol como potencia del Pacífico. Durante la Conferencia Naval de París, la Marine Nationale anunció una reevaluación estratégica de su estructura de fuerzas ante la creciente sofisticación tecnológica de la competencia global y el deterioro del entorno de seguridad. La Armada francesa revisa su postura en tres horizontes: a corto plazo, el vicealmirante Alban Lapointe advierte que las amenazas actuales son elevadas, que “las zonas de confort” han desaparecido y que las alianzas siguen siendo esenciales; a medio plazo, el objetivo es estar listos para combatir en 2030, reforzando capacidades, mentalidad y, sobre todo, logística; y a largo plazo, hacia 2040, prevé renovar la flota con nuevas tecnologías, modernizar las fuerzas de portaaviones y submarinos, y reconstruir la cooperación entre aliados.

Situación de Disputas y Seguridad territorial
Esta dimensión representa el área de mayor riesgo cinético, impulsada por la degradación de la seguridad humana en Melanesia y las fracturas coloniales en el Pacífico francés. El conflicto en Papúa Occidental ha alcanzado un alto nivel de crisis caracterizado por la coerción activa. Durante estas últimas semanas, las fuerzas indonesias (TNI-Polri) escalaron sus operaciones de «limpieza» tras el asesinato de trabajadores sanitarios por el TPNPB el 16 de marzo. Estas operaciones han cruzado umbrales críticos de derechos humanos, con denuncias verificadas de tortura sistemática (caso Yusup Sory) y masacres de civiles en Dogiyai el 1 de abril. El uso masivo de drones para bombardear zonas de refugiados en el centro de las tierras altas marca la transformación de la región en un «Estado policial de facto», donde la infraestructura civil es tratada como objetivo militar por parte de Yakarta.
En Nueva Caledonia, el rechazo a la reforma constitucional por parte de la Asamblea Nacional francesa el 3 de abril ha reabierto las heridas de la crisis de 2024. La polarización entre los independentistas kanak (FLNKS) y las milicias lealistas se mantiene bajo una calma precaria, sostenida exclusivamente por el despliegue de 3.000 gendarmes y unidades del GIGN (Grupo de Intervención de la Gendarmería Nacional), unidad de élite antiterrorista de Francia. Asimismo, la quiebra de la aerolínea Air Calédonie el 2 de marzo, debido a los bloqueos en las islas Loyalty liderados por jefes consuetudinarios, demuestra cómo la disputa territorial está asfixiando la conectividad física y económica del territorio.
Finalmente, la soberanía de las Islas Salomón se encuentra amenazada por una parálisis interna que Beijing busca aprovechar para ganar ventaja en el escenario frente a Australia y Estados Unidos. El ataque a la residencia de un parlamentario de oposición el 22 de marzo y la negativa del primer ministro Manele a convocar al Parlamento, tras quedar en minoría, han creado un vacío de poder. Esta inestabilidad representa un riesgo estratégico directo, ya que el control de Honiara es vital para la seguridad de los cables submarinos y las rutas comerciales que conectan Australia con el Asia-Pacífico Norte.

Situación de Diplomacia y Respuesta Internacional
La diplomacia regional está dominada por un pragmatismo de contención agresiva y la gestión de la emergencia energética derivada de la guerra en Irán. El suceso diplomático más significativo fue la firma del pacto de seguridad entre Nueva Zelanda y las Islas Cook el 2 de abril. Tras un período de «enfriamiento» en el que Wellington congeló 30 millones de dólares en ayuda, el primer ministro Mark Brown aceptó un acuerdo que otorga a Nueva Zelanda el estatus de «socio de elección preferente». Este pacto impone limitaciones críticas a los acuerdos de infraestructura dual que las islas habían firmado con China en 2025, cerrando efectivamente la posibilidad de una base logística china en el archipiélago a cambio de restaurar la estabilidad financiera de Rarotonga.
En paralelo, la «Operación Epic Fury» en el Medio Oriente ha redefinido la diplomacia de seguridad nacional. La vulnerabilidad de las naciones del Pacífico Sur ante el cierre del estrecho de Ormuz el 4 de marzo forzó a Australia a implementar medidas de emergencia, como la reducción de impuestos al combustible el 1 de abril para evitar el colapso de las cadenas de suministro rurales. Para Estados insulares como las Islas Marshall y Tonga, la crisis es existencial, lo que los ha obligado a negociar exenciones de transporte y créditos energéticos para mantener operativos servicios básicos de salud y desalinización.
Mientras tanto, el Foro de las Islas del Pacífico (PIF) ha emitido el Pacific Security Outlook 2026, donde el Secretario General Baron Waqa describe una «policrisis» que desborda las capacidades nacionales. La diplomacia multilateral está sufriendo una fragmentación notable: mientras el PIF aboga por la «familia del Pacífico», grupos más pequeños como el Melanesian Spearhead Group (MSG) han pospuesto sus planes de seguridad marítima por desacuerdos internos sobre la influencia de China. En conjunto, la situación refleja que, si bien se ha evitado la ruptura total mediante acuerdos bilaterales, la región carece de una estrategia unificada frente a la competencia de potencias extranjeras y el choque energético externo. Actualmente, el Pacífico Sur se encuentra en un estado de alerta máxima donde la gestión de crisis se ha consolidado como la norma operativa diaria.

PACÍFICO ESTE
| Países | Nivel de la Subregión | |||||||
| Estados Unidos y Canadá | 🟡 Nivel 2: Acciones (1.7) | |||||||
| Situación | Puntaje | Nivel | ||||||
| Militarización y Operaciones | 1.5 | 2 | ||||||
| Disputas y Seguridad territorial | 2 | 2 | ||||||
| Diplomacia y Respuesta internacional | 1.7 | 2 | ||||||
Entre el 16 de marzo y el 5 de abril de 2026, el Pacífico Este experimentó una “volatilidad oportunista” debido al redespliegue de activos estadounidenses hacia Irán. El vacío de portaaviones y la caída del 30% en el reconocimiento aéreo permitieron a China acelerar la militarización regional. En este contexto, el 16 de marzo, la postergación de la cumbre Trump-Xi confirmó la priorización de Washington en Medio Oriente.
Los aliados respondieron con “autosuficiencia estratégica”. El 19 de marzo, Estados Unidos y Japón acordaron cuadruplicar la producción de interceptores SM-3 Block IIA. Posteriormente, el 31 de marzo, Japón instaló misiles de largo alcance en Kumamoto, frente al mar de la China Oriental. Por su parte, Filipinas renombró 100 accidentes geográficos en las Islas Spratly para reafirmar su soberanía ante la presión externa. Este escenario combina una presencia estadounidense reducida con defensas aliadas asimétricas significativamente reforzadas.
Situación de Militarización y Operaciones
Entre marzo y abril de 2026, la postura militar estadounidense muestra una tensión cada vez más clara entre dos exigencias simultáneas: sostener una conflicto de alta intensidad en Medio Oriente y, al mismo tiempo, preservar la disuasión en el Asia-Pacífico. Esta realidad ha forzado a una redistribución de medios que, si bien no implica un abandono formal del Pacífico Este, reduce su densidad operativa y abre brechas visibles en la arquitectura de defensa adelantada de Washington. Esa tendencia convive con el impulso presupuestario hacia una defensa de escala histórica, incluida la propuesta de gasto de 1,5 billones de dólares para 2027 y la expansión del programa Golden Dome, que apuesta por sensores espaciales, interceptores y defensa antimisil integrada.
Desde una perspectiva estrictamente estratégica y militar, la postura de Estados Unidos en el Asia-Pacífico evidencia una transición hacia un modelo de disuasión multidominio basado en presencia distribuida, superioridad informacional y capacidad de proyección a larga distancia. El 16 de marzo de 2026, Washington confirmó que entregará a Taiwán los primeros drones MQ-9B SeaGuardian durante el segundo semestre del año, un refuerzo que amplía la vigilancia persistente, la inteligencia y la alerta temprana sobre el estrecho de Taiwán. El 17 de marzo, el US Space Command presentó su postura 2026 y colocó al programa Golden Dome en el centro de su arquitectura antimisil integrada, con sensores orbitales, interceptores y redes interoperables orientadas a enfrentar amenazas hipersónicas, balísticas y de crucero. En términos operativos, ambas decisiones fortalecen la capacidad estadounidense para sostener conciencia situacional sobre un teatro de competencia cada vez más contestado.
En la dimensión aeronaval, el portaaviones USS Nimitz continuó su navegación por el Pacífico rumbo a Sudamérica el 19 de marzo, marcando su etapa final antes del retiro en 2027. Ese mismo día, la Fuerza Aérea de Estados Unidos evaluó abrir una segunda línea de producción del bombardero furtivo B-21 Raider, con el objetivo de acelerar su fabricación y sostener una flota de hasta 145 aeronaves. La iniciativa apunta a reforzar una capacidad de ataque estratégico de largo alcance, de baja observabilidad y apta para operar desde territorio continental sin depender de bases adelantadas vulnerables. A su vez, el 28 de marzo, la Marina incorporó al servicio activo el USS Massachusetts (SSN-798), submarino de ataque nuclear clase Virginia Block IV, consolidando uno de los pilares más sólidos de la disuasión estadounidense en el Pacífico por su capacidad de vigilancia encubierta, ataque de precisión y control discreto del mar.
No obstante, esta arquitectura enfrenta el impacto directo de la guerra contra Irán. A partir de abril de 2026, el traslado de medios críticos hacia el Medio Oriente comenzó a debilitar la presencia en Asia. En ese marco, sistemas de defensa aérea y antimisil fueron reubicados desde el Pacífico, incluyendo baterías Patriot y componentes THAAD desplegados en Corea del Sur y Guam, además de interceptores cuya disponibilidad para el Asia-Pacífico quedó reducida. La tendencia no solo afecta la cobertura defensiva de aliados clave como Corea del Sur y Japón, sino que también introduce una degradación temporal de la arquitectura de negación de acceso y defensa de área (A2/AD) en el primer arco de islas. Esta presión se extendió al dominio anfibio, con el redespliegue de grupos expedicionarios de Marines hacia el golfo Pérsico, restando masa operativa para los ejercicios y la disuasión avanzada en el entorno asiático.
La dimensión logística confirma este desgaste. El 28 de marzo, Lockheed Martin anunció el incremento sustancial de la producción del misil de Ataque de Precisión (PrSM), con el objetivo de acelerar su incorporación operativa y ampliar la disponibilidad de munición de largo alcance. El PrSM es un misil balístico de nueva generación del Ejército de los Estados Unidos, diseñado por Lockheed Martin para reemplazar al sistema ATACMS. Compatible con los lanzadores M142 HIMARS y M270A2 MLRS, cada contenedor puede albergar dos misiles PrSM, a diferencia del único misil que permite el ATACMS y con un alcance superior a los 499 km casi duplicando el del ATACMS.
Luego, el 2 de abril, el uso intensivo de misiles Tomahawk en la guerra contra Irán llevó al Pentágono a revisar la suficiencia de sus reservas de armamento de precisión, luego de que se reportara el lanzamiento de más de 850 misiles en cuatro semanas. La situación reveló la tensión entre consumo operacional, inventarios y capacidad de reposición, y mostró hasta qué punto el esfuerzo en Medio Oriente está absorbiendo medios que antes respaldaban la disuasión en el Pacífico.
Finalmente, el 3 de abril, esa priorización quedó reflejada en el plano político y presupuestario. El presidente Donald Trump presentó una propuesta para 2027 que eleva el gasto en defensa hasta aproximadamente 1,5 billones de dólares, acompañado por recortes en programas federales no militares. El plan busca sostener el esfuerzo bélico vinculado al conflicto con Irán, financiar el sistema antimisil Golden Dome, expandir la construcción naval y reforzar el salario y las condiciones del personal militar. Ese mismo día, el general Christopher LaNeve fue designado jefe de Estado Mayor interino del Ejército de Estados Unidos tras la salida de Randy George, en el marco de una reorganización de la conducción militar orientada a sostener operaciones de alta intensidad.
En conjunto, los acontecimientos de marzo y abril de 2026 muestran una paradoja central: mientras Washington se prepara para una competencia prolongada en el Asia-Pacífico, la urgencia en el Medio Oriente le obliga a mantener una presencia más delgada y expuesta al desgaste operativo en el teatro oriental. El resultado no es una retirada formal del Pacífico Este, sino una presencia menos constante y más expuesta al desgaste operativo. En un entorno donde la disuasión depende tanto de la capacidad material como de la permanencia visible, esa pérdida de densidad puede tener efectos estratégicos inmediatos.

Situación de Disputas y Seguridad Territorial
El escenario estratégico del Pacífico Este ha experimentado una metamorfosis crítica, caracterizada por una «volatilidad oportunista» debido al despliegue de activos estadounidenses hacia el conflicto en Irán (Operación Epic Fury). Este vacío de poder ha permitido a la República Popular China intensificar su política de hechos consumados, elevando la tensión regional desde una presencia simbólica hacia acciones de coerción activa y amenazas directas.
La postura de Estados Unidos, articulada en su Estrategia de Defensa Nacional (NDS) 2026, refleja una dualidad compleja: mientras propone una «diplomacia realista» para evitar una escalada total, implementa una «defensa de denegación fuerte» a lo largo de la primera cadena de islas. Sin embargo, la efectividad de esta disuasión se ha visto comprometida por la salida de los Grupos de Ataque de Portaaviones (CSG) USS Abraham Lincoln y USS George Washington hacia el Comando Central (CENTCOM), dejando al USS Theodore Roosevelt como la única fuerza de portaaviones operativa en el teatro del Pacífico Este. Esta redistribución provocó una caída del 30% en los vuelos de reconocimiento estadounidenses sobre el mar de la China Meridional en marzo, abriendo una ventana de oportunidad táctica que el Ejército Popular de Liberación (EPL) ha comenzado a explotar.
La militarización territorial ha avanzado con velocidad industrial en las islas Paracel. Imágenes satelitales confirmaron que China ha acelerado el dragado en Arrecife Antílope, reclamando más de 1.490 acres para albergar una pista de aterrizaje de 9.000 pies y sistemas de vigilancia profunda. En respuesta, las fuerzas estadounidenses desplegadas en primera línea han recurrido a la dispersión táctica. Los bombarderos B-52H integrados con cazas japoneses realizaron patrullajes de disuasión, aunque su capacidad operativa se ve presionada por la demanda simultánea en Medio Oriente y la creciente escasez de municiones de precisión, como los misiles Tomahawk.
Ante esta relativa ausencia de Estados Unidos, los aliados regionales han reaccionado mediante una «autosuficiencia estratégica». Filipinas, bajo una política de transparencia absoluta, ha documentado cada agresión y ha desplegado unidades de misiles antibuque BrahMos en el norte de Luzón para amenazar la libertad de maniobra china en el estrecho de Luzón. Por su parte, Japón ha emprendido una reorganización histórica de sus fuerzas.

Situación de Diplomacia y Respuesta Internacional
La dinámica diplomática se intensificó el 16 de marzo de 2026, cuando el presidente Donald Trump anunció la postergación de su cumbre con Xi Jinping, originalmente programada para el 31 de marzo en Beijing. Esta decisión, motivada por la necesidad de Washington de concentrar recursos en la «Operación Epic Fury» en Irán, ha generado una ralentización del diálogo bilateral en un momento de máxima tensión. Analistas destacan que la falta de canales directos para la gestión de crisis incrementa la incertidumbre sobre el estrecho de Taiwán y las rutas comerciales transpacíficas.
Ese mismo día, el buque insignia de la Séptima Flota de los Estados Unidos, el USS Blue Ridge (LCC 19), arribó a Manila. Esta visita coincidió con una declaración contundente del Departamento de Asuntos Exteriores (DFA) filipino, que reafirmó la soberanía «indivisible e incontrovertible» sobre el bajo de Masinloc (Scarborough Shoal) y el grupo de Islas Kalayaan, rechazando las pretensiones chinas. Simultáneamente, el 17 de marzo de 2026, un informe del Instituto Australiano de Política Estratégica (ASPI) advirtió sobre crecientes señales de fricción dentro de la alianza de inteligencia Five Eyes. El documento destacó brechas en la sincronización estratégica y en el intercambio de información técnica, lo que genera vulnerabilidades potencialmente explotables por Beijing para normalizar su presencia en zonas disputadas.
En contraste, la relación entre Estados Unidos y Japón se fortaleció significativamente durante la cumbre del 19 de marzo de 2026 en la Casa Blanca. El presidente Trump y la primera ministra Sanae Takaichi calificaron la estabilidad en el Estrecho como «indispensable» para la prosperidad global. Un hito derivado de este encuentro fue el acuerdo para cuadruplicar la producción del interceptor SM-3 Block IIA, elevando la fabricación anual de 24 a 100 misiles para fortalecer la defensa antimisiles integrada.
La red de asociaciones estadounidenses se ha expandido también hacia actores intermedios. Bajo el liderazgo del Indo-Pacific Command (INDOPACOM), se profundizaron acuerdos con naciones como Palaos, Singapur y Laos, mientras que Canadá emergió como un socio estratégico clave. Tras la visita del primer ministro Mark Carney a Japón y Australia en marzo, se formalizaron acuerdos para el entrenamiento de personal canadiense en el sistema australiano de Radar Sobre el Horizonte Ártico (A-OTHR) a partir de mediados de 2026. Estas iniciativas reflejan una estrategia de «densificación diplomática» para sostener una arquitectura de seguridad distribuida sin requerir despliegues masivos permanentes.
La competencia se trasladó al ámbito industrial y tecnológico el 27 de marzo de 2026, cuando Washington acusó formalmente a la empresa china SMIC de transferir herramientas y capacitación técnica al complejo militar-industrial de Irán. Estas acusaciones vinculan directamente la rivalidad en el Pacífico con el conflicto en Oriente Medio. Reforzando esta percepción de convergencia, el secretario de Defensa, Pete Hegseth, declaró el 31 de marzo de 2026 que Estados Unidos monitorea activamente el apoyo de Rusia y China a Teherán, advirtiendo que Washington confrontará estos esfuerzos donde sea necesario para mitigar la erosión de su ventaja tecnológica.
Finalmente, la tensión se ha extendido al control de los sistemas logísticos hemisféricos. Entre marzo y abril, China intensificó las inspecciones y detenciones de buques con bandera panameña (alcanzando cerca de 70 naves detenidas desde el 8 de marzo) en represalia por un fallo judicial en Panamá que invalidó concesiones portuarias de la empresa hongkonesa CK Hutchison. En respuesta, el secretario de Estado Marco Rubio emitió una declaración el 2 de abril de 2026, respaldando la soberanía panameña y calificando las acciones chinas como una forma de «coerción económica» destinada a desestabilizar las cadenas de suministro globales y el control del canal de Panamá.


