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Informe Nº4 – 13 al 25 de abril de 2026

Grupo de Investigación de Paz y Seguridad Internacionales.

Gonzalo Gabriel Dinamarca –  Coordinador del Grupo de Investigación de Paz y Seguridad Internacional – Redactor de Situación Militar y Operacional; y Situación Económica y Energética.

Geri Giselle Lopez – Redactora de Situación Político y Diplomática.

Ivanna Duvara – Redactora de Situación Humanitaria y Social.

Hillary Samanta Villegas Gómez – Editora.

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Introducción 

El estallido del conflicto armado directo entre Estados Unidos e Israel contra Irán transformó una tensión diplomática en una confrontación bélica de consecuencias impredecibles. Tras fracasar las negociaciones sobre el programa nuclear y misilístico iraní, la orden de Donald Trump del 28 de febrero de 2026 de iniciar la “Operación Furia Épica” (la mayor movilización militar desde 2003 contra Irak), coordinada con la “Operación Rugido de León” de Israel, marcó el inicio de una guerra abierta. Los ataques contra instalaciones estratégicas provocaron una respuesta inmediata de Teherán con la “Operación Promesa Verdadera 4”.

Este informe analiza la escalada militar del conflicto, el papel de aliados regionales como los países europeos y los Estados árabes, y el impacto potencial sobre la población civil y los mercados energéticos globales.

El Grupo de Investigación en Paz y Seguridad Internacional del CEERI busca contribuir a una comprensión integral del conflicto mediante el seguimiento y el análisis sistemático de cuatro dimensiones clave: 1) militar y operacional; 2) política y diplomática; 3) humanitaria y social; y 4) económica y energética.

  • Situación Militar y Operacional

Esta dimensión del informe se enfoca en analizar y cuantificar la Escala de Magnitud de las Operaciones (EMO) en el conflicto entre Estados Unidos e Irán, priorizando el “cuántos y qué” se dispara/lanza y “desde dónde” (plataformas), más que la mera intención política. Se aplica un marco técnico y cuantificable que cubre los dominios convencionales (aéreo, terrestre y naval) e integra operaciones especiales y cibernéticas como factores de impacto estratégico.

Se evalúa campañas de supresión aérea, ataques de precisión, defensa en profundidad, guerra de enjambre y minado de chokepoints, además de incursiones limitadas y protección de bases. También incorpora acciones de sabotaje o saturación cibernética. El objetivo es medir volumen, intensidad, capacidad de respuesta y evolución de la confrontación en todos los dominios.

  • Situación Político y Diplomática

Esta dimensión del informe analiza y evalúa cómo las declaraciones diplomáticas y las alianzas externas emitidas por actores directos y externos (Estados) condicionan o hacen evolucionar el conflicto entre Estados Unidos e Irán, incluyendo las manifestaciones de organismos internacionales, en particular el OIEA, la OPEP y la OIC.

Su medición se basa en la Matriz de Evolución Política (MEP), un índice mixto (cualitativo y cuantitativo) que determina si el entorno internacional tiende a mitigar o a agravar la confrontación. Se examinan, por tanto, los esfuerzos orientados a las conversaciones de paz, a las mediaciones y a las declaraciones de los actores afectados por el conflicto. Asimismo, se identifican los obstáculos y retos que dificultan el logro de un cese del fuego o de un acuerdo de paz.

  • Situación Humanitaria y Social

Esta dimensión evalúa el impacto sobre la población civil y el cumplimiento del Derecho Internacional Humanitario (DIH) en el conflicto entre Estados Unidos e Irán. Emplea un Índice de Degradación Humanitaria (IDH) que sintetiza el costo humano y el riesgo jurídico internacional para medir el deterioro, identificar tendencias y estimar la probabilidad de sanciones o responsabilidades penales.

Se registran víctimas civiles (fallecidos y heridos) y desplazamientos forzados, tanto internos (incluidos movimientos hacia los montes Zagros) como externos hacia Turquía, Irak y Pakistán. También examina daños a la infraestructura crítica (electricidad, agua, hospitales y telecomunicaciones) y posibles violaciones del DIH, incluido el trato a prisioneros conforme a los Convenios de Ginebra.

  • Situación Económica y Energética

Esta dimensión actúa como análisis del motor de presión global del conflicto, afectando especialmente a la economía mundial a través del estrecho de Ormuz, por donde circula aproximadamente el 20% del petróleo mundial. Para evaluar si la crisis permanecerá de carácter regional o se transformará en un shock energético global con efectos inflacionarios y financieros, se emplea el Índice de Shock Económico (ISE).

Se analizarán las variables, de cantidad de buques comerciales; porcentaje de desvíos de ruta (por ejemplo, circunnavegación por el sur de África) y los costos asociados a posibles interrupciones; y el incremento de la volatilidad en los precios de los commodities energéticos, en particular del petróleo (Brent/WTI) y del gas natural licuado (GNL).

Dimensión Indicador Operacionalizado Intensidad del Conflicto
1. Dimensión Militar y Operacional Operaciones Terrestres + Aéreas + Navales + Especiales 🔴Extrema Intensidad
2. Dimensión Político y Diplomática Actores directos + Actores Externos + ORG Inter 🟡 Media Intensidad
3. Dimensión Humanitaria y Social  Víctimas y Desplazados + Infraestructura Crítica + Violaciones al DIH 🔴Extrema Intensidad
4. Dimensión Económica y Energética Cantidad de Buques Comerciales + Desvío de Tránsito + Commodities Energéticas 🟠Alta Intensidad

SITUACIÓN MILITAR Y OPERACIONAL

Dimensión Militar y Operacional
Variable Puntaje individual Puntaje total Intensidad
Terrestre 🔴 Magnitud Máxima

(423)

1555 🔴 Magnitud Máxima
Aérea 🔴 Magnitud Máxima

(301)

Naval 🔴 Magnitud Máxima

(458)

Especial 🔴 Magnitud Máxima

(373)

 

Entre el 13 y el 25 de abril de 2026, el conflicto en Medio Oriente entró en una fase de máxima presión operacional, marcada por el bloqueo económico, la interdicción logística y el desgaste simultáneo en tierra, aire, mar y ciberespacio. 

En el frente terrestre, las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) consolidaron el cerco sobre Bint Jbeil, destruyeron túneles en Taybeh y sostuvieron una línea de control en el sur del Líbano; por su parte, Hezbollah respondió con cohetes, dispositivos explosivos improvisados (IED) y drones de visión en primera persona (FPV). En el plano aéreo, la coalición liderada por Estados Unidos e Israel combinó patrullas, reabastecimiento en vuelo y ataques de precisión para degradar radares, depósitos y nodos energéticos iraníes, aunque Teherán conservó una capacidad residual de lanzamiento. 

En el ámbito naval, el bloqueo sobre los puertos iraníes y el estrecho de Ormuz redujo el tráfico comercial, lo que provocó la capturas de buques y elevó el costo económico diario de la crisis. Paralelamente, el dominio cibernético se intensificó con el uso de malware, phishing, borrado de datos y ataques DDoS contra infraestructuras críticas. 

El resultado fue un escenario de coerción sostenida con fragmentación logística, presión sobre el mando iraní y una guerra de desgaste sin resolución inmediata, con un deterioro progresivo de sus capacidades de respuesta.

Operaciones Terrestres

Durante la segunda quincena de abril, el conflicto entró en una fase de consolidación táctica y guerra de desgaste técnico. El campo de batalla terrestre se definió por la imposición de zonas de exclusión, la neutralización de infraestructuras subterráneas y una sofisticada interdicción logística.

El 13 de abril, las fuerzas terrestres de Israel, específicamente la 98.ª División de Paracaidistas, completaron el cerco del bastión de Hezbollah en Bint Jbeil, al sur del Líbano. En esta operación participaron brigadas de élite como la 35.ª de Paracaidistas, la 89.ª de Comandos y la 84.ª (Givati), enfrentándose a una resistencia estimada de decenas de combatientes de la fuerza Radwan, quienes utilizaban el área urbana para ataques de hostigamiento.

Técnicamente, el asalto se caracterizó por el uso intensivo de artillería de apoyo y la destrucción sistemática de infraestructuras de lanzamiento. Paralelamente, la 7.ª Brigada Blindada y la unidad de ingeniería Yahalom localizaron y demolieron un complejo de túneles en Taybeh, eliminando capacidades de fuego antitanque. En el ámbito estratégico, Estados Unidos implementó un bloqueo naval y terrestre total sobre los puertos iraníes a las 10:00 a.m. ET, forzando a Teherán a adoptar una postura defensiva para proteger sus terminales de crudo ante la inminente asfixia económica.

El 14 de abril, la guerra terrestre se extendió al límite del territorio iraní mediante incursiones de precisión que destruyeron el Cuartel General del Regimiento de Frontera y el Comando de Aplicación de la Ley (LEC) en Mehran, provincia de Ilam. Estas acciones buscaron fracturar la coordinación logística entre la Guardia Revolucionaria (IRGC, por sus siglas en inglés) y sus milicias en Irak.

Para el 15 de abril, el Ministerio de Defensa israelí puso en marcha la Operación Silver Plow, una estrategia de «nivelación» de asentamientos fronterizos. El criterio táctico consistió en el uso de maquinaria pesada de ingeniería y demoliciones controladas en más de 20 aldeas para asegurar que ningún operativo de Hezbollah pudiera regresar al sur del río Litani. Esta maniobra provocó un desplazamiento masivo, elevando la cifra de refugiados en el Líbano a más de un millón de personas.

El 16 de abril entró en vigor un cese al fuego de diez días entre Israel y el Líbano, mediado por Washington. A pesar de la pausa formal, las fuerzas terrestres israelíes mantuvieron una postura de «autodefensa activa». El 18 de abril, el mando militar anunció la creación de la Línea Amarilla, una zona de despliegue que se extiende hasta diez kilómetros dentro de territorio libanés y abarca distritos estratégicos como Marjayoun.

En este período, las tropas recibieron órdenes de disparar contra cualquier individuo que cruzara esta línea desde el norte. Se registraron los primeros ataques contra operativos de Hezbollah que intentaban aproximarse a las posiciones de la coalición, utilizando apoyo de artillería para disuadir incursiones.

La vulnerabilidad de las columnas blindadas quedó en evidencia el 19 de abril, cuando Hezbollah empleó IEDs y minas antitanque contra un convoy israelí entre Taybeh y Deir Siryan. Este suceso obligó a la infantería a extremar precauciones en los movimientos de patrullaje.

El 21 de abril, Hezbollah rompió el relativo silencio con el lanzamiento de cohetes contra posiciones en Rab el Thalathine. La respuesta técnica de las fuerzas de defensa consistió en la localización inmediata del punto de origen y su destrucción mediante fuego de artillería de precisión en menos de diez minutos. Estratégicamente, este intercambio demostró que, aunque degradada, la capacidad de fuego de corto alcance de las milicias permanecía operativa.

El 22 de abril, en el Líbano, la Brigada Golani identificó y eliminó a dos operativos armados en el área del Wadi Saluki, quienes intentaban plantar artefactos explosivos cerca de la línea de defensa.

Al día siguiente, se intensificó la incautación de arsenales en ciudades como Khiam y Beit Lif, donde se recuperaron misiles antitanque Kornet-EM. Asimismo, informes de inteligencia revelaron que el liderazgo iraní estaba bajo una intensa presión médica y operativa, con Mojtaba Jamenei altamente dependiente del mando militar de la IRGC.

Un hito táctico ocurrió el 24 de abril, cuando milicias pro iraníes en Irak lanzaron ataques con drones de fibra óptica contra puestos fronterizos en Kuwait. Esta tecnología permite el control remoto sin emisiones de radio, neutralizando los sistemas de interferencia electrónica (jamming) de la coalición.

Finalmente, el 25 de abril, el colapso de las negociaciones en Islamabad llevó a una reanudación abierta de las hostilidades. Hezbollah lanzó proyectiles contra las comunidades de Manara y Margaliot, activando los sistemas de interceptación cinética de las fuerzas terrestres israelíes. Al cierre del período, el ejército israelí reportó haber alcanzado un estado de preparación para una ofensiva de mayor profundidad, mientras que el bloqueo naval y terrestre de EE. UU. continuaba costando a la economía iraní aproximadamente 435 millones de dólares diarios.

Fuerzas de Defensa de Israel atacan Líbano tras la violación del alto el fuego por parte de Hezbolá - JNS.org - Español

Operaciones Aéreas

Las operaciones combinadas de Estados Unidos e Israel transicionaron desde una fase de bombardeo cinético masivo hacia lo que el Comando Central de los Estados Unidos (CENTCOM) ha definido como la «fase de estrangulamiento económico y bloqueo dual». Tras el colapso de las conversaciones en Islamabad, el período entre el 13 y el 25 de abril se convirtió en un laboratorio de guerra moderna donde la superioridad aérea se utilizó para imponer un cerco total sobre la República Islámica de Irán, mientras que las fuerzas de la IRGC intentó mantener su relevancia estratégica mediante el uso residual de misiles balísticos y el hostigamiento asimétrico en el mar.

El 13 de abril marcó un cambio en la doctrina operativa con la implementación formal del bloqueo aéreo y naval por parte del CENTCOM a las 10:00 a.m. ET. Esta operación no fue puramente marítima; dependió de una densa red de patrullas de combate (CAP) y misiones de inteligencia, vigilancia y reconocimiento (ISR). Mientras la Marina de los EE. UU. posicionaba más de 15 buques en el estrecho de Ormuz, la Fuerza Aérea de Israel (FAI) ejecutaba una serie de ataques quirúrgicos en el Líbano, en los que eliminó a figuras críticas como Abu Muhammad Habib, subcomandante de la unidad de misiles de Hezbollah, y Hassan Mustafa Nasser, jefe de logística responsable del contrabando de componentes de drones. Tácticamente, esto redujo la capacidad de fuego de saturación contra el norte de Israel y obligó a las milicias a replegar sus lanzadores móviles hacia el valle de la Beqaa.

La jornada del 14 de abril evidenció la magnitud del esfuerzo de apoyo estadounidense. Los servicios de monitoreo registraron una actividad inusual de al menos 19 aviones cisterna KC-135 R/T Stratotanker operando en rutas transatlánticas y sobre el área de responsabilidad del CENTCOM. Este despliegue técnico fue esencial para el reabastecimiento en vuelo de escuadrones de F-35 y F-22 encargados de mantener la burbuja de exclusión aérea sobre Teherán y el golfo Pérsico, asegurando que ninguna plataforma iraní pudiera despegar sin ser interceptada de inmediato.

A pesar del cese al fuego condicional en ciertos sectores, las fuerzas aliadas ejecutaron un ataque estratégico contra un tanque de almacenamiento de crudo en la terminal de la isla de Sirri. Imágenes satelitales confirmaron que se utilizaron municiones de precisión de largo alcance para degradar la capacidad de exportación iraní sin causar un desastre ambiental total. Este hecho tuvo una repercusión estratégica inmediata: demostró que los «puntos de presión» económicos estaban ahora integrados en el banco de objetivos aéreos.

El inicio de la tregua formal entre Israel y el Líbano el 16 de abril no detuvo la actividad en el espacio aéreo. Las misiones de vigilancia mediante drones MQ-9 Reaper se intensificaron para verificar el cumplimiento de la tregua. Simultáneamente, el liderazgo iraní intentó un movimiento de propaganda el 17 de abril, cuando el ministro Abbas Araghchi declaró el estrecho de Ormuz como «abierto» . Sin embargo, la realidad táctica fue distinta: el IRGC continuó operando bajo la cobertura de sus defensas móviles, utilizando embarcaciones rápidas que obligaron a la intervención de helicópteros AH-1Z Viper de los Marines, equipados con misiles JAGM para disuadir intentos de minado.

La tensión escaló cuando el destructor USS Spruance interceptó y deshabilitó la propulsión del buque iraní Touska tras seis horas de advertencias. La operación incluyó el despliegue de comandos de los Marines mediante inserción aérea. El hallazgo de productos químicos de doble uso para el combustible de misiles balísticos justificó la interdicción y reveló que, a pesar del bloqueo, Irán intentaba reponer sus existencias de propelente sólido para sus misiles de mediano alcance.

El 20 de abril se publicó un balance devastador para la infraestructura regional: los Emiratos Árabes Unidos habían recibido 2.819 ataques con misiles y drones desde el inicio de la guerra. La respuesta aliada se diversificó el 21 de abril con la interdicción del petrolero Tifani en el golfo de Bengala, extendiendo el bloqueo más allá de las aguas territoriales iraníes. En el ámbito técnico, el Tesoro de EE. UU. sancionó dos aeronaves Boeing 777 que funcionaban como puentes logísticos para el transporte de drones hacia Venezuela, cortando una línea de suministro estratégica de componentes electrónicos.

A medida que la tregua flaqueaba, el 22 de abril, informes de inteligencia filtrados indicaron que, pese a la destrucción de sus centros de comando, Irán conservaba el 50% de su inventario de misiles balísticos enterrados en instalaciones reforzadas (HDBF) y que dos tercios de su obsoleta, pero numerosa, Fuerza Aérea seguían operativos. El IRGC respondió atacando buques comerciales como el MSC Francesca, demostrando que aún poseía capacidad de negación de área local.

El 23 de abril, Hezbollah rompió el cese al fuego en el Líbano con un ataque de cohetes hacia Shtula. La respuesta de la FAI fue inmediata y focalizada, utilizando bombas de pequeño diámetro (SDB) para destruir edificios ocupados por milicias en Khirbet Selm, lo que minimizó el daño colateral pero eliminó la amenaza directa.

El 24 de abril marcó un hito táctico. Hezbollah comenzó a emplear drones de vista en primera persona (FPV) contra vehículos blindados de las FDI, una táctica importada de conflictos europeos. Para contrarrestar la creciente amenaza de los enjambres de drones Shahed y FPV, Estados Unidos desplegó en la base aérea Prince Sultan la plataforma ucraniana Sky Map. Este sistema integra sensores acústicos y radares de baja cota para detectar drones que operan por debajo del horizonte de radar tradicional, una respuesta directa a las vulnerabilidades expuestas en ataques previos contra instalaciones de AWS en el Golfo.

Al finalizar el período, el 25 de abril, la posición oficial iraní, expresada por el general Reza Talaei-Nik, fue que una «parte significativa» de su arsenal de misiles permanecía intacta por decisión deliberada. No obstante, el impacto económico es innegable: las pérdidas directas se estiman en 144.000 millones de dólares, con el 70% de la industria de defensa iraní, incluyendo plantas clave en Khojir y Parchin, severamente dañadas por ataques previos.

El conflicto ha redefinido el uso del poder aéreo. La campaña ha consumido una cantidad crítica de interceptores: 290 misiles THAAD y 1.430 Patriot han sido disparados para proteger centros urbanos e infraestructura petrolera. Estratégicamente, Irán ha pasado de ser una potencia ofensiva regional a un actor confinado a la «dominación legal-securitaria» de un corredor controlado, utilizando el hambre energética de Asia como su última carta de negociación. La superioridad aérea de la coalición ha logrado la supresión de las defensas aéreas integradas (SEAD), pero el desafío de los misiles balísticos móviles y la proliferación de drones de bajo costo permanece como una amenaza latente que el bloqueo busca erradicar mediante la atrición logística y financiera absoluta.

Operaciones Navales

Este período representa el punto más álgido de la confrontación marítima en el Medio Oriente, definido por la implementación de lo que los analistas denominan el «bloqueo dual» y una escalada tecnológica sin precedentes en la guerra asimétrica de superficie.

El 13 de abril de 2026 marcó un cambio irreversible en la dinámica del conflicto cuando el CENTCOM, bajo la dirección del almirante Brad Cooper, inició formalmente el bloqueo total de las costas iraníes. La operación movilizó a más de una decena de buques de guerra y 10.000 efectivos con el objetivo táctico de estrangular la economía del régimen mediante la interdicción de cualquier buque mercante que intentara ingresar o salir de puertos iraníes. En las primeras 24 horas, la superioridad tecnológica de los aviones de patrulla Boeing P-8 Poseidon y los destructores estadounidenses obligó a seis buques comerciales a desviarse, mientras que petroleros como el Rich Starry y el Ostria, con destino a China, debieron abortar su ruta.

La respuesta de Irán fue inmediata y de carácter simétrico. Al no lograr el levantamiento del cerco económico, Teherán reimpuso restricciones totales en el estrecho de Ormuz, estableciendo un «peaje de guerra» y amenazando con el uso de minas navales, lo que generó un estado de parálisis casi total en el comercio energético global.

Mientras el bloqueo estadounidense se expandía al área de responsabilidad del Comando del Indo-Pacífico (INDOPACOM) para perseguir buques que habían zarpado antes del inicio de las hostilidades, la Marina de Israel ejecutó un cambio de mando estratégico con la llegada del vicealmirante Eyal Harel. Israel reveló una operatividad naval sin precedentes: sus fuerzas habían realizado 53 ataques en el Líbano y coordinado inteligencia para 95 ataques aéreos en territorio iraní.

En términos tácticos, Israel demostró su capacidad de proyección silenciosa al desplegar tres submarinos de la clase Dolphin-2 en operaciones simultáneas en teatros distantes, una hazaña técnica que obligó a Irán a dispersar sus recursos de guerra antisubmarina. Las corbetas Sa’ar 6, equipadas con sistemas de defensa C-Dome y Barak-8, consolidaron la protección de los activos estratégicos de gas en el Mediterráneo, neutralizando intentos de saturación con drones.

A pesar de un breve anuncio iraní sobre la apertura de Ormuz el 17 de abril, la negativa de Washington a suspender el bloqueo portuario llevó a una nueva clausura del estrecho el 18 de abril. Ese día, la tensión escaló hacia el uso de fuego real. Lanchas rápidas de la Armada del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGCN) abrieron fuego contra un petrolero a 20 millas náuticas de Omán. Simultáneamente, un buque de contenedores fue alcanzado por un proyectil no identificado, lo que provocó una crisis diplomática con la India, cuyas naves se vieron atrapadas en el fuego cruzado.

El 19 de abril se produjo el incidente más significativo de uso de fuerza letal calibrada. El carguero iraní Touska, sospechoso de transportar tecnología militar, intentó desafiar el bloqueo en el mar Arábigo. Tras seis horas de persecución y advertencias ignoradas, el destructor USS Spruance utilizó su cañón de 5 pulgadas MK 45 para disparar directamente contra la sala de máquinas de la nave, inhabilitando su propulsión sin hundirla. Acto seguido, comandos de la 31.ª Unidad Expedicionaria de Marines realizaron un abordaje mediante helicópteros desde el USS Tripoli, asegurando la embarcación en una operación propia de manual de interdicción marítima.

Tras la toma del Touska, la Marina de los EE. UU. intensificó la captura de activos de la flota encubierta de Irán. El 20 de abril, el superpetrolero Dorena fue interceptado frente al sur de la India. El 21 de abril, fuerzas del INDOPACOM abordaron el petrolero M/T Tifani. En este contexto, Estados Unidos perdió un dron MQ-4C Triton sobre el golfo Pérsico, presuntamente debido a un ataque de guerra electrónica (EW) ejecutado con sistemas de origen ruso o chino operados por Irán, lo que subrayó la vulnerabilidad de las plataformas no tripuladas en entornos electromagnéticos hostiles.

Irán ejecutó su represalia más contundente el 22 de abril mediante tácticas de «enjambre». Fuerzas de la IRGCN capturaron el MSC Francesca (bandera de Panamá) y el Epaminondas (bandera de Liberia) en el estrecho de Ormuz, alegando que operaban sin permisos y manipulaban sus sistemas de navegación. El Epaminondas sufrió daños estructurales tras ser atacado con ametralladoras y granadas propulsadas por cohete (RPG). Irán justificó estas capturas señalando supuestos vínculos de los buques con intereses israelíes, transformando el tráfico comercial en un rehén estratégico.

El equilibrio de poder sufrió un giro significativo el 23 de abril con la llegada del USS George H.W. Bush (CVN 77) al área del CENTCOM. Por primera vez desde la invasión de Irak en 2003, tres grupos de batalla de portaaviones operaron simultáneamente en la región: el Gerald R. Ford en el mar Rojo, el Abraham Lincoln en el mar Arábigo y el Bush en el Océano Índico. Esta concentración de fuerza aportó más de 200 aeronaves de combate, incluyendo cazas furtivos F-35C, y una capacidad de ataque de precisión inigualable.

Mientras tanto, en el frente táctico, Estados Unidos continuó con la captura de buques como el Majestic X y el Deep Sea. Irán respondió con el redespliegue de minas navales en canales críticos, un proceso que el Pentágono estimó podría tardar hasta seis meses en revertirse completamente, manteniendo la amenaza psicológica sobre la navegación civil.

El período analizado concluyó el 25 de abril con un enfrentamiento directo en el estrecho de Ormuz. Un destructor estadounidense, autorizado por la Casa Blanca, utilizó municiones de alta precisión para atacar y hundir una nave de combate de la Guardia Revolucionaria que estaba hostigando rutas internacionales y amenazando a activos navales de la coalición. La destrucción total de esta unidad marcó el fin de una fase de hostigamiento para entrar en una de combate convencional selectivo.

Al finalizar este período, la situación se define como un estancamiento letal. Estados Unidos ha logrado un bloqueo «hermético» que le cuesta a Irán aproximadamente 500 millones de dólares diarios en ingresos perdidos. Sin embargo, Irán mantiene su capacidad de cerrar el estrecho de Ormuz mediante el minado y el uso de activos asimétricos, lo que ha reducido el tráfico marítimo al 5 % de su capacidad normal. La llegada del tercer portaaviones y la inhabilitación sistemática de la infraestructura portuaria iraní sugieren que la coalición está preparada para una campaña de degradación prolongada si las negociaciones en Islamabad no se reanudan bajo nuevas condiciones.

Operaciones Especiales

El conflicto ha evolucionado desde los ataques cinéticos iniciales hacia una campaña de sabotaje sistémico que busca la asfixia operativa y el colapso de la voluntad de lucha del adversario.

El 13 de abril, Washington implementó un bloqueo naval total sobre los puertos iraníes tras el colapso de las negociaciones en Islamabad. Tácticamente, esto fue acompañado por una campaña de phishing del grupo Handala denominada «Ground Op», que utilizó señuelos sobre una supuesta invasión terrestre para recolectar inteligencia en países del Golfo. Al día siguiente, el 14 de abril, la seguridad industrial se vio sacudida por el descubrimiento de Fast16; un malware de sabotaje en lenguaje Lua diseñado para alterar cálculos de ingeniería de alta precisión, lo que sugiere una infiltración profunda y prolongada en los procesos de simulación física de Irán.

La confrontación digital escaló el 15 de abril con el acceso no autorizado (hackeo) de la cuenta personal del director del FBI, Kash Patel, por parte de Handala, lo que expuso vulnerabilidades en la seguridad de altos mandos estadounidenses. En represalia, el Departamento de Justicia de EE.UU. incautó cuatro dominios utilizados por el Ministerio de Inteligencia iraní (MOIS, por sus siglas en inglés) para operaciones de represión transnacional. El 16 de abril, el análisis del malware ZionSiphon reveló una amenaza crítica para la infraestructura hídrica israelí, con capacidades específicas para manipular niveles de cloro y presión en plantas desalinizadoras.

A partir del 17 de abril, Irán comenzó a restaurar una conectividad limitada mediante su Red Nacional de Información (NIN), un movimiento táctico para consolidar el control social, mientras que sus unidades de élite operaban mediante terminales satelitales externas como VSAT. El 18 de abril se estableció un «baseline» de hostilidad, con ataques DDoS persistentes de coaliciones pro rusas y pro iraníes contra contratistas de defensa israelíes como Elbit Systems.

El punto de inflexión marítimo ocurrió el 19 de abril con la captura del buque iraní M/V Touska por parte de la Marina de EE.UU., bajo sospecha de transportar componentes electrónicos para misiles. Esta acción física tuvo eco el 20 de abril, cuando Irán reabrió sus aeropuertos principales bajo una vigilancia digital extrema, extendiendo «marcadores de ataque» cibernéticos contra proveedores de mantenimiento de aviación occidentales. Paralelamente, el 21 de abril, el control del régimen iraní fue centralizado por el comandante de línea dura Ahmad Vahidi, quien rechazó cualquier concesión diplomática.

La represalia iraní más contundente llegó el 22 de abril con la captura de los buques MSC Francesca y Epaminondas en el estrecho de Ormuz, una operación híbrida que utilizó interferencia electrónica para cegar los sistemas de navegación antes del abordaje. El 23 de abril, la inteligencia occidental advirtió sobre el uso de botnets chinas (grupo Mustang Panda) como paraguas de distracción para el espionaje iraní. El período culminó el 24 de abril con el «regalo de Pascua» de Handala: una operación de borrado masivo (22 TB) contra 14 empresas israelíes y el compromiso del mando y control de la defensa aérea de Israel mediante una brecha en los sistemas PSK WIND Technologies.

Finalmente, el 25 de abril, la situación derivó en una inestabilidad total con ataques israelíes contra Hezbollah en respuesta a violaciones del alto el fuego, mientras Washington interceptaba naves de la «flota en la sombra» iraní, cerrando el ciclo en un estado de confrontación permanente e irreversible.

SITUACIÓN POLÍTICO Y DIPLOMÁTICO

Dimensión Político y Diplomática
Variable Puntaje individual Puntaje total Intensidad
Actores Directos 🟠Retroceso Menor (-1) +4 🟡Avance Menor
Estados Europeos 🟡 Avance Menor (+1)
Estados Mulsumanes 🟡 Avance Menor (+1)
Pakistán y Turquía 🟡 Avance Menor (+1)
Grupos Pro Iraníes 🟠Retroceso Menor (-1)
Rusia y China 🟡 Avance Menor (+1)
Otros actores externos 🟡 Avance Menor (+1)
ORG Internacional 🟡 Avance Menor (+1)

 

El conflicto entre Estados Unidos e Israel contra Irán, entre el 13 y el 25 de abril de 2026, configuró rápidamente un escenario de escalada multidimensional donde convergieron actores internos, externos y organizaciones internacionales con respuestas diferenciadas. En el plano interno, Estados Unidos utilizó el bloqueo naval del estrecho de Ormuz junto con amenazas militares y negociaciones intermitentes y condicionadas. Israel alineó su discurso con Washington, enfatizando la amenaza existencial iraní y manteniendo operaciones activas contra Hezbollah en el Líbano. Irán, por su parte, denunció el bloqueo como «ilegal», amenazó con el cierre recíproco del estrecho y condicionó cualquier diálogo al levantamiento de las medidas coercitivas. Los intentos de negociación, mediados por Pakistán, resultaron frágiles y fueron saboteados por desconfianza mutua y condiciones maximalistas.

En paralelo, los actores externos desplegaron respuestas diversas. Francia y el Reino Unido impulsaron una misión naval «estrictamente defensiva» en Ormuz, rechazando el bloqueo estadounidense; mientras Italia suspendió su acuerdo de defensa con Israel y España lideró una ofensiva para romper el acuerdo entre la Unión Europea e Israel. Pakistán emergió como mediador central, organizando fallidas conversaciones y buscando extender el frágil alto el fuego. El Líbano osciló entre negociaciones directas con Israel y denuncias por bombardeos israelíes pese a las treguas. Los grupos pro iraníes actuaron como fuerzas de disuasión, mientras que Rusia y China condenaron el bloqueo sin asumir un rol protagónico.

Finalmente, organismos como el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) y la Organización de Cooperación Islámica (OCI) observaron el conflicto sin lograr incidir determinantemente. El OIEA advirtió el 15 de abril que cualquier acuerdo requeriría inspectores para no ser una «ilusión», en alusión a la verificación nuclear, y alertó sobre «la peor crisis de abastecimiento de la historia». La OPEP redujo su previsión de demanda de petróleo en 500.000 barriles diarios el 13 de abril, anticipando el impacto económico. Por su parte, la OCI reiteró su condena hacia los ataques israelíes en Irán; sus diagnósticos fueron claros, pero sus posturas quedaron subordinadas a la lógica de fuerza de los actores directos.

Actores Internos

Bajo el liderazgo de Donald Trump, la estrategia estadounidense se ha caracterizado por un despliegue de fuerza unilateral combinado con una diplomacia altamente condicionada. Durante la séptima semana del conflicto, el Comando Central (CENTCOM) formalizó el bloqueo naval contra puertos iraníes en el golfo Pérsico y el mar de Omán bajo un criterio de “imparcialidad” hacia todas las naciones. Esta medida fue apuntalada por la retórica agresiva del mandatario, quien a través de sus redes sociales advirtió que cualquier embarcación que desafiara el cerco sería destruida de inmediato, llegando a asegurar, sin respaldo técnico, la aniquilación total de la flota iraní. En este clima de tensión, Trump también mantuvo choques diplomáticos con actores externos, como el papa León XIV, a raíz de las críticas pontificias hacia la contundencia de las amenazas contra Irán.

En los días siguientes, Washington intentó proyectar una imagen de apertura negociadora. El vicepresidente J. D. Vance aseguró que las conversaciones en Pakistán no debían considerarse un fracaso total, y que Irán había mostrado cierta flexibilidad, aunque «no ha cedido lo suficiente». Esta línea de presión fue reforzada por el secretario de Estado, Marco Rubio, y el asesor de seguridad nacional, Stephen Miller, quienes resaltaron la capacidad de Estados Unidos para sostener la asfixia económica de forma indefinida. Sin embargo, el anuncio unilateral de un alto el fuego de diez días entre Israel y el Líbano generó fricciones con el Gobierno israelí por la falta de consulta previa, evidenciando grietas en la coordinación de la alianza.

Entre el 18 y el 21 de abril, la retórica presidencial osciló entre la apertura a nuevas negociaciones y amenazas explícitas. Trump alternó propuestas inusuales, como una posible asociación para la extracción de uranio, con ultimátums para destruir infraestructuras críticas si no se lograba un acuerdo para el 22 de abril. Para los últimos días del período, del 22 al 25 de abril, la Casa Blanca endureció su posición: afirmó que Irán debía entregar su uranio enriquecido; Trump ordenó «disparar a matar» contra cualquier embarcación iraní que colocara minas en Ormuz, y declaró que tenían «control total» sobre el Estrecho. Sin embargo, también se anunció una extensión de tres semanas del alto el fuego entre Israel y el Líbano, y Trump adelantó que los líderes de ambos países visitarían Washington en las próximas semanas. Mientras tanto, en el plano legislativo, el Senado blindó la política ejecutiva al rechazar sistemáticamente cualquier limitación a los poderes de guerra presidenciales.

Por su parte, Israel mantuvo durante todo el período una línea de discurso centrada en la eliminación de la «amenaza existencial» iraní, con especial énfasis en el programa nuclear. Desde el 13 de abril, el primer ministro Benjamin Netanyahu respaldó explícitamente el bloqueo naval estadounidense del estrecho de Ormuz. Asimismo, el Ejército israelí, informó que se encontraba a escasos días de tomar la localidad libanesa de Bint Jbeil en una operación terrestre contra Hezbollah. Días después, el ministro de Asuntos Exteriores israelí aclaró que el desacuerdo de Israel no era con el Líbano como Estado, sino con la organización miliciana. En este contexto de hostilidad persistente, el director del Mossad, David Barnea,advirtió que la misión en Irán no concluiría de inmediato, sugiriendo una campaña de larga duración que trascendería los ataques iniciales. Dicha postura se reafirmó entre el 15 y el 17 de abril, cuando Netanyahu, pese a aceptar un alto el fuego temporal de diez días con el Líbano, rechazó la exigencia de Hezbollah de retirarse del sur del país, amenazando con reanudar las incursiones una vez finalizada la tregua.

A pesar del alto el fuego, el Ejército israelí continuó realizando ataques en el sur del Líbano, justificándolos como respuesta a supuestas violaciones de Hezbollah. Bajo esta premisa, Netanyahu reiteró su convicción de que Irán se encontraba en el umbral de fabricar armamento atómico antes de la ofensiva conjunta con EE. UU., calificando tal escenario como “el principio del fin del pueblo judío” para sentenciar que la intervención armada era una obligación ineludible.

Para la octava semana del conflicto, Netanyahu advirtió que la guerra no ha concluido y que podrían producirse nuevos acontecimientos en cualquier momento. Esta retórica fue secundada por el ministro de Defensa, Israel Katz, quien aseguró que el país solo espera la “luz verde” de Washington para reanudar el combate y eliminar definitivamente a la dinastía Jameneí. Como prueba de esta preparación para el largo plazo, el 23 de abril se concretó la compra de municiones aéreas por 200 millones de dólares, orientada a sostener lo que el Ministerio definió como “una década de intensa actividad en seguridad”. Entretanto, el embajador israelí en EE. UU. proyectaba una imagen de paz posible, pero las aldeas libanesas continuaban bajo el fuego de la artillería israelí.

Por otro lado, Irán articuló su narrativa en torno a la defensa de la soberanía nacional, denunciando el bloqueo estadounidense como ilegal y amenazando con el cierre recíproco de Ormuz. El presidente Masoud Pezeshkian acusó a Washington de ejercer una postura “totalitaria” que bloquea cualquier pacto de paz, visión compartida por el canciller Abás Araqchí, quien atribuyó el fracaso del acuerdo en Pakistán a las exigencias maximalistas y al cambio arbitrario de las reglas por parte de los negociadores norteamericanos. Bajo la consigna de que la seguridad en el Golfo “es para todos o para nadie”, las Fuerzas Armadas iraníes advirtieron que ningún puerto regional estará a salvo si las terminales iraníes son amenazadas.

Hacia el 14 de abril, Irán denunció ante la ONU una «grave violación de su soberanía» por el bloqueo marítimo, instando incluso a los países que albergan bases de EE. UU. a pagar compensaciones por los daños derivados del bloqueo. Pese a la rigidez oficial, la prensa internacional reveló una propuesta iraní para suspender el enriquecimiento de uranio por cinco años; sin embargo, la oferta fue descartada por Washington al considerarla insuficiente frente a su exigencia de dos décadas.

Posteriormente, aunque Teherán recibió con satisfacción el alto el fuego entre Israel y el Líbano, un viceministro de Exteriores advirtió que Irán rechazaba cualquier tregua temporal y buscaba un fin definitivo de la guerra. En un intento por retomar la iniciativa, Pezeshkian atribuyó la pausa en los combates a la firmeza de su propia diplomacia y, el 17 de abril, anunció la reapertura condicionada del estrecho de Ormuz, restringiendo el paso exclusivamente a buques comerciales con permiso de la Guardia Revolucionaria. No obstante, esta apertura fue efímera, ya que a partir del 18 de abril la postura iraní se endureció significativamente. El líder supremo Mojtaba Jameneí utilizó canales oficiales para arengar a su Armada, mientras el Gobierno confirmaba el cierre total de Ormuz y rechazaba nuevas negociaciones.

En los últimos días del periodo analizado, la agencia de inteligencia iraní afirmó haber desmantelado redes de espionaje vinculadas a EE.UU., Israel y el Reino Unido, al tiempo que sus mandos militares presumían una reposición de arsenales superior a los niveles previos a la guerra. Tras calificar las contradicciones diplomáticas de EE. UU. como incompatibles con un diálogo genuino, Irán denunció la incautación del buque Touska el 21 de abril como un acto de guerra criminal. Finalmente, Pezeshkian y el presidente del Parlamento, Mohamad Baqer Qalibaf, condicionaron cualquier avance en la reapertura de las rutas marítimas al levantamiento total del bloqueo y al cese de las violaciones de la tregua, manteniendo una posición de fuerza que, aunque permitió el cobro de los primeros peajes de tránsito, dejó la resolución del conflicto en un punto de estancamiento estratégico.

Estados Europeos

En el marco de la respuesta europea, el presidente Emmanuel Macron asumió un papel protagonista al proponer, en coordinación con el Reino Unido, la creación de una coalición destinada a ejecutar una misión «estrictamente defensiva» en el estrecho de Ormuz. Bajo la premisa de restablecer la libre circulación sin alinearse directamente con ninguno de los beligerantes (EE. UU., Israel e Irán), Macron abogó por reanudar el diálogo diplomático para resolver malentendidos, insistiendo en que cualquier cese al fuego debía extenderse necesariamente al Líbano. Si bien el mandatario francés calificó inicialmente el anuncio de tregua de Donald Trump como una noticia excelente, su postura se tornó vigilante al exigir que fuera verificada sobre el terreno. Esta cautela se transformó en preocupación el 17 de abril, cuando París denunció que la continuidad de las operaciones israelíes en el sur libanés debilitaba la tregua. Al cierre del período, el 24 de abril, Macron reconoció la necesidad de que Europa incremente su peso geopolítico en Medio Oriente, ante un margen de acción que hasta entonces había resultado limitado.

En una línea similar, el primer ministro británico, Keir Starmer, fue tajante al rechazar cualquier posibilidad de que el Reino Unido fuera arrastrado a un conflicto abierto con Irán o a participar en el bloqueo estadounidense. A través de su co-presidencia en la conferencia internacional para la seguridad en Ormuz, Starmer mantuvo una colaboración constante en iniciativas multilaterales, distanciándose explícitamente de la coerción económica unilateral de Washington y celebrando, junto a Francia y Alemania, la reapertura del estrecho a mediados de abril.

Por su parte, Alemania optó por una disposición operativa más técnica, evitando un rol político dominante. El 21 de abril, Berlín centró sus esfuerzos en instar a Teherán a participar en las negociaciones mediadas por Pakistán, alineándose con la diplomacia internacional para buscar una salida constructiva. Este enfoque contrastó con el de Italia, donde la primera ministra Giorgia Meloni adoptó una medida unilateral de alto impacto al suspender la renovación del acuerdo de defensa con Israel, reflejando un endurecimiento de su posición ejecutiva ante el desarrollo de la guerra.

El jefe de gobierno español, Pedro Sánchez, denunció que la legalidad internacional estaba siendo vulnerada, señalando principalmente a Israel sin dejar de calificar como inaceptable la reacción iraní. Bajo el eslogan de «No basta con resistir, tenemos que proponer», España lideró una ofensiva diplomática junto a Irlanda y Eslovenia para instar a Bruselas a anular el Acuerdo de Asociación UE-Israel. Este activismo fue reforzado por el ministro de Exteriores, José Manuel Albares, quien tras reunirse con el primer ministro libanés, Nawaf Salam, reafirmó el apoyo español a la integridad territorial del Líbano y su rechazo a lo que definió como una “violencia sin fin”.

En cuanto a la acción institucional de la Unión Europea, el 16 de abril, la Alta representante para Asuntos Exteriores, Kaja Kallas, y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, coincidieron en señalar el alto el fuego como un alivio necesario para la población civil, aunque enfatizaron que la prioridad debe ser un camino hacia una paz duradera y no solo una pausa temporal, reafirmando el apoyo a la soberanía e integridad territorial del Líbano. No obstante, la diplomacia europea no se limitó a la retórica; el 20 de abril la UE anunció la ampliación de sanciones contra los responsables del bloqueo en Ormuz, exigiendo su apertura permanente. Hacia el 24 de abril, la Alianza emitió una advertencia final sobre la peligrosidad de un Irán sin supervisión técnica, sumándose, aunque de forma tardía, a la exigencia de inspecciones nucleares que el OIEA había planteado desde el inicio de la crisis.

Estados Musulmanes del Golfo Arábigo y Medio Oriente

Dado que el conflicto entre Israel y Hezbollah constituye un frente activo de la guerra, el Líbano mantiene una posición de alerta que se ha manifiestado de manera progresiva. El 13 de abril, el primer ministro Nawaf Salam declaró en un discurso televisado que sus esfuerzos se centraban en finalizar la guerra y asegurar la retirada de Israel de la totalidad del territorio libanés. El 14 de abril, el presidente Joseph Aoun expresó su esperanza de que la mediación del secretario de Estado de EE. UU., Marco Rubio, supusiera “el principio del fin del sufrimiento”, mientras la embajadora en Washington, Nada Hamadeh Moawad, calificaba las conversaciones de constructivas. Ese mismo día, el Líbano e Israel accedieron a iniciar negociaciones directas en suelo estadounidense.

A pesar del optimismo inicial, el 16 de abril, fuentes gubernamentales informaron que el presidente Aoun no mantendría contacto directo con Netanyahu en el corto plazo; no obstante, el primer ministro Salam celebró el alto el fuego anunciado por Donald Trump como una demanda clave del pueblo libanés. Dicha tregua se mantuvo bajo constante fragilidad: mientras Aoun insistía en que ningún acuerdo socavaría la soberanía nacional, se reportaron bombardeos israelíes intermitentes en el sur del país apenas minutos después de entrar en vigor el cese al fuego. Al entrar en la octava semana, el Líbano endureció su postura operativa al anunciar que asumiría las negociaciones bilaterales mediante una delegación propia, rechazando intermediarios adicionales. El presidente del Parlamento, Nabih Berri, advirtió que no se cedería “ni un metro de territorio”, logrando finalmente que Estados Unidos otorgara una extensión formal de la tregua para continuar el diálogo.

En el caso de Qatar, su primer ministro, el jeque Mohammed bin Abdulrahman Al Thani, comunicó a Irán la necesidad de participar activamente en los esfuerzos diplomáticos, advirtiendo que las rutas marítimas no deben ser utilizadas como “moneda de cambio”. Qatar animó a Washington y Teherán a reanudar las negociaciones en Islamabad, subrayando que el futuro del estrecho de Ormuz debe coordinarse con los países de la zona. Bajo esta misma lógica de distensión, el príncipe heredero de Arabia Saudita, Mohamed bin Salmán, respaldó la mediación paquistaní instando, el 16 de abril, al primer ministro Shehbaz Sharif a persistir en sus esfuerzos por restablecer la paz en el golfo Pérsico.

Por el contrario, los Emiratos Árabes Unidos (EAU) proyectaron una postura centrada en la seguridad interna y la vulnerabilidad logística. El 15 de abril, tras convocar al negociador iraquí para protestar por ataques lanzados desde su territorio, los EAU exigieron la restitución inmediata del flujo en el estrecho de Ormuz, reflejando su vulnerabilidad como país dependiente del tránsito de petróleo por esa vía. Esta preocupación por la seguridad regional fue compartida por Bahrein, donde el rey Hamad bin Isa al Jalifa adoptó medidas de extrema dureza contra supuestos colaboracionistas pro iraníes, llegando a ordenar la retirada de la nacionalidad por traición. El 19 de abril, al sur de la península, el Gobierno yemení reconocido internacionalmente se sumó a las críticas contra Teherán, advirtiendo que el respaldo iraní a los hutíes amenaza el transporte marítimo mundial en el estrecho de Bab al Mandeb.

Finalmente, Irak mantuvo una posición de prudencia estratégica. Atrapado entre su alianza con Teherán y la presencia militar estadounidense, su nuevo presidente instó a Irán a persistir en el diálogo con Washington para evitar que el país se convierta en un campo de batalla subsidiario, reflejando el precario equilibrio que define la política exterior iraquí en el contexto actual.

Pakistán y Turquía

Teniendo en cuenta el rol vital que está cumpliendo Pakistán en la mediación del conflicto, el Gobierno centró sus esfuerzos en reactivar el diálogo tras el estancamiento de las conversaciones en Islamabad, con el objetivo prioritario de asegurar una prórroga del alto el fuego más allá del 22 de abril. El primer ministro, Shehbaz Sharif, aseguró que la tregua «se mantenía vigente» mientras se resolvían los puntos de fricción pendientes. Para fortalecer esta iniciativa, el 14 de abril Pakistán anunció que contaba con el respaldo de la Unión Europea para una segunda ronda de negociaciones, al tiempo que Sharif iniciaba una gira diplomática por Arabia Saudita, Qatar y Turquía. Este despliegue buscaba consolidar una respuesta regional coordinada, identificando la cuestión nuclear como el principal escollo para la paz.

El jefe de las fuerzas paquistaníes, Asim Munir, mantuvo conversaciones en Teherán el 15 de abril para facilitar el intercambio de mensajes entre Irán y EE. UU., manteniendo “canales abiertos” de comunicación estratégica. Ante la inminencia de un nuevo encuentro, la policía de Islamabad acorazó la ciudad el 19 de abril en previsión de una nueva cumbre. Hacia el término del período, Pakistán agradeció a Donald Trump la extensión del alto el fuego y urgió a ambas partes a formalizar dicha prórroga antes de su vencimiento. Finalmente, tras días de incertidumbre, Sharif celebró la continuidad de la tregua el 22 de abril y se reunió con el embajador iraní para intentar desbloquear los puntos críticos de la negociación.

Por su parte, Turquía actuó como socio estratégico de Pakistán en los esfuerzos diplomáticos. El 19 de abril, el jefe de la diplomacia turca, Hakan Fidan, se mostró optimista sobre la posibilidad de una prórroga del alto el fuego. Dicho respaldo se materializó el 22 de abril, cuando Fidan y su homólogo paquistaní intercambiaron puntos de vista sobre los esfuerzos conjuntos para alcanzar un compromiso firme, reafirmando el eje Islamabad-Ankara como el principal motor de contención diplomática frente a la escalada bélica.

Grupos Pro Iraníes

La red de aliados de Teherán mantuvo una postura de hostilidad activa, operando como un factor de desestabilización frente a los esfuerzos diplomáticos. El líder de Hezbollah, Naim Qassem, rechazó las negociaciones previstas con Israel calificándolas de “inútiles”, una retórica que se tradujo en hechos el 13 de abril con el lanzamiento de proyectiles coincidiendo con el inicio de las conversaciones en Washington. Pese a que la organización aceptó una tregua técnica de una semana bajo mediación iraní, diputados como Hassan Fadlallah advirtieron que la presencia de tropas israelíes en el sur del Líbano invalidaba cualquier cese de hostilidades, lo que derivó en nuevos ataques hacia el norte de Israel el 23 de abril.

En la misma línea de coacción, los rebeldes hutíes amenazaron repetidamente con el cierre del estrecho de Bab al Mandeb. Asimismo, el 16 de abril, acusaron de «parcialidad» al enviado de la ONU por advertir que su implicación en el conflicto podría hacer fracasar las negociaciones de paz yemeníes. Esta presión se intensificó el 19 de abril, cuando el grupo condicionó la seguridad de las rutas marítimas al levantamiento del bloqueo en Ormuz. Por su parte, la milicia iraquí Saraya Awliya al Dam se declaró lista para reanudar ataques contra intereses estadounidenses con armamento avanzado, reivindicando un papel protagónico en la guerra de desgaste. 

Como nota discordante, el 17 de abril, Hamás celebró la entrada en vigor del alto el fuego en Líbano y felicitó a Hezbollah por su lucha contra «la ocupación» israelí. Días después, el 22 de abril, los talibanes sorprendieron al respaldar, por primera vez, la vía del diálogo entre Irán y Estados Unidos.

Rusia y China

El Kremlin inició criticando el bloqueo estadounidense el 13 de abril, alegando que perjudicaría a los mercados globales. Al día siguiente, el ministro de Exteriores Serguéi Lavrov comunicó a su homólogo iraní la importancia de prevenir cualquier reanudación de las hostilidades y afirmó que Rusia estaba dispuesta a contribuir a una solución, subrayando que la crisis «no tiene solución militar». Para el final de la semana, Lavrov y su homólogo saudí exigieron el cese de cualquier confrontación que afectara a los países del Golfo. El 17 de abril, el Kremlin declaró que celebraba el alto el fuego entre Israel y Líbano y esperaba que contribuyera a evitar nuevos enfrentamientos.

En cuanto a China, el portavoz del Ministerio de Exteriores, Guo Jiakun, centró su discurso en la seguridad del flujo energético en el estrecho de Ormuz, apelando al interés común de la comunidad internacional. Además, instó a la contención y se ofreció como mediador constructivo. Bajo esta premisa, el 17 de abril, el gobierno chino urgió a las partes a mantener el impulso de las negociaciones con una actitud responsable, consolidando su rol como observador activo que prioriza el flujo comercial sobre la confrontación ideológica. El 22 de abril, China pidió consolidar el alto el fuego en Irán y evitar una reanudación de hostilidades.

Otros Actores Externos

Hacia el hemisferio occidental, el primer ministro canadiense, Mark Carney, destacó el valor estratégico de Pakistán en la apertura de canales de diálogo, coincidiendo con Australia en la necesidad de proteger la infraestructura civil y la libre navegación.. Ese mismo día, el 14 de abril, Australia confirmó su participación en la cumbre internacional impulsada por Francia y Reino Unido para abordar la seguridad marítima en Ormuz.

En contraste, las declaraciones de América del Sur, fueron marcadas por el presidente Gustavo Petro, el 17 de abril, cuando criticó duramente a Trump acusándolo de ser influenciado por la agenda de Netanyahu hacia un bloque destructivo para la humanidad. 

Entretanto, la India afirmó que había sido invitada por Reino Unido y Francia a sumarse a su iniciativa para restablecer la navegación segura por Ormuz; paralelamente, Indonesia condenó un ataque israelí que causó la muerte de otro miembro de las fuerzas de paz de la ONU.

Al igual que las reacciones anteriores, el presidente Abdelfatah al Sisi, el 19 de abril, expresó a su homólogo libanés el apoyo de El Cairo a los esfuerzos para mantener al Líbano al margen de las crisis, destacando la importancia de consolidar el alto el fuego. El 22 de abril, Egipto advirtió que la guerra en Irán no debía eclipsar la tregua en Gaza, reflejando su preocupación por que el foco mediático y diplomático abandonara el conflicto palestino.

ORGANIZACIONES INTERNACIONALES

El OIEA, por su parte, mantuvo una postura técnica y preventiva, centrada en su mandato de no proliferación nuclear. El 15 de abril, en una declaración realizada desde Seúl, el Director General del organismo, Rafael Grossi, fue contundente sobre las condiciones que debía cumplir cualquier acuerdo entre Estados Unidos e Irán para ser creíble. En referencia al programa nuclear iraní, Grossi advirtió:

«Irán tiene un programa nuclear muy amplio y ambicioso, por lo que todo ello requerirá la

presencia de inspectores del OIEA… De lo contrario, no se tendrá un acuerdo. Se tendrá la

ilusión de un acuerdo.»

Esta declaración adquirió especial relevancia, ya que coincidió con las negociaciones en Pakistán y con los rumores sobre una propuesta iraní de suspender temporalmente su enriquecimiento de uranio por cinco años. Aunque el OIEA no emitió nuevas declaraciones públicas entre el 16 y el 25 de abril, su régimen de verificación detallado se erigió así como un recordatorio técnico en medio de la confrontación política.

En tanto, la OCI fue la más explícita en su posicionamiento político durante los primeros días de la séptima semana. El 14 de abril, la organización emitió un proyecto de resolución en el que condenaba los ataques israelíes contra Irán. La declaración, que se enmarcaba en una reacción a la ofensiva militar previa reflejó una postura de firme solidaridad con Teherán. Su posicionamiento ha sentado una base de rechazo frontal a la acción israelí, alineándose con la narrativa de «defensa soberana» que Irán había esgrimido frente al bloqueo estadounidense y los ataques militares.

La Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), a diferencia de la OIC y el OIEA, no emitió declaraciones políticas explícitas entre la séptima y octava semana. Sin embargo, es imprescindible recordar que, según la información recopilada previamente, el 13 de abril, el mismo día en que comenzaba el bloqueo estadounidense del estrecho de Ormuz y se frustraban las negociaciones en Pakistán, la OPEP había publicado su informe mensual, en el que redujo su previsión de demanda mundial de petróleo para el segundo trimestre en 500.000 barriles diarios, atribuyendo esta rebaja a los sucesos dados en Medio Oriente. Esta decisión técnica constituyó, en la práctica, el primer reconocimiento oficial del impacto económico del conflicto.

SITUACIÓN HUMANITARIA Y SOCIAL

Dimensión Político y Diplomática
Variable Puntaje individual Puntaje total Intensidad
Víctimas y Desplazados (-3) 🔴Gravedad Extrema (-3) 🔴Gravedad Extrema
Infraestructura Crítica (-3) 🔴Gravedad Extrema
Violaciones al DIH (-3) 🔴Gravedad Extrema

 

El escenario estratégico en Medio Oriente durante la segunda quincena de abril de 2026 se define por una transición de la guerra de posiciones hacia una campaña de anulación de la habitabilidad sistémica. Tras la ruptura del cese de hostilidades el 16 de abril, las operaciones han evolucionado hacia una dinámica de «asfixia estructural», donde la destrucción de la infraestructura crítica en Irán y el Líbano, incluyendo redes eléctricas, centros de salud y nodos logísticos, ya no opera como daño colateral, sino como un factor de desgaste principal para quebrar la resiliencia civil. Con un acumulado de 6.345 fatalidades en ocho semanas y una aceleración de la letalidad en abril (3.802 víctimas), el conflicto ha alcanzado un estado de saturación que trasciende las fronteras físicas, manifestándose en una degradación irreversible de los soportes vitales en el Golfo y el Levante. 

Esta fase se caracteriza por una erosión institucional del Derecho Internacional Humanitario (DIH), evidenciada en el ataque deliberado a activos protegidos como la prensa y la educación, el uso de tecnología de interrupción digital para la persecución civil y la validación de conductas de abuso hacia detenidos. En consecuencia, la región enfrenta una crisis de refugiados internos de escala masiva que, sumada a la parálisis de los sistemas hospitalarios y la inseguridad energética, configura un escenario de desarticulación social donde la población civil ha pasado a ocupar el centro de la zona de impacto táctico y estratégico.

Víctimas y Desplazados

El escenario en Medio Oriente durante esta segunda quincena de abril de 2026 ha mutado de una crisis de fronteras a una erosión sistémica de la vida urbana. Entre el 13 y el 25 de abril, el conflicto ha abandonado cualquier pretensión de selectividad, convirtiendo los núcleos residenciales en el epicentro de un asedio que no distingue entre combatientes y civiles. Tras el colapso del frágil alto el fuego del día 16, la región ha quedado sumida en una dinámica de «tierra quemada digital y física», donde la destrucción de servicios básicos es tan letal como el impacto directo de los proyectiles.

En el Líbano, el tejido social se encuentra en un estado de desgarro sin precedentes. La intensidad de las operaciones, especialmente en Beirut y el sur, ha elevado la cifra de víctimas en abril a 1.519 fallecidos, marcando jornadas críticas como la del 14 de abril en el barrio Al-Sallam. El desplazamiento ha adquirido una naturaleza errática: cerca de 250.000 personas viven atrapadas en un ciclo de huidas y retornos fallidos, donde el intento de regresar a sus hogares durante la breve tregua solo sirvió para exponerlos a nuevas ráfagas de fuego. Asimismo, la muerte de un sargento de la Fuerza Provisional de las Naciones Unidas para el Líbano (UNIFIL) el 18 de abril ha terminado por fracturar la confianza en los perímetros de seguridad internacional, dejando a las comunidades locales en un estado de desprotección absoluta.

Por otro lado, en Irán, la guerra ha dejado de ser un eco lejano en las fronteras para instalarse en los centros urbanos. El bombardeo del barrio de Resalat el 23 de abril, que terminó con la vida de 12 civiles, simboliza una quincena donde el asedio aéreo ha buscado quebrar la moral ciudadana mediante el impacto en zonas de alta densidad. Con un acumulado de 2.145 muertes solo en este mes, el país enfrenta una crisis de refugiados internos que fluyen hacia las zonas rurales, huyendo de una infraestructura eléctrica y sanitaria que se desmorona bajo la presión de ataques constantes a nodos estratégicos.

En los estados árabes peninsulares, la vulnerabilidad se ha manifestado a través de la interrupción de la seguridad logística. El ataque a complejos industriales como el de Jubail, en Arabia Saudita, y el clima de tensión en el Golfo han transformado la psicología de la región, pasando de la observación a la victimización directa. Simultáneamente, la violencia en Cisjordania ha cobrado la vida de menores en redadas nocturnas, mientras el bloqueo de suministros esenciales en las zonas de mayor fricción ha reducido las reservas de alimentos a niveles de subsistencia crítica.

En Irak y Siria, la situación se ha estabilizado en una violencia de baja intensidad pero alta letalidad psicológica: ataques a campamentos de desplazados y bases de oposición en el norte iraquí han generado nuevas oleadas de refugiados que saturan las rutas hacia Turquía. La geografía siria continúa siendo utilizada como un corredor logístico, donde la población civil queda atrapada entre la movilización militar y la carencia de corredores humanitarios seguros.

Por último, en Israel, aunque el sistema de defensa ha logrado contener la cifra de mortalidad directa durante este período, el impacto humano se traduce en un sistema hospitalario al límite y una sociedad bajo trauma permanente. Con más de 580 heridos registrados principalmente por metralla y ataques en la frontera norte, el país vive una parálisis civil donde 250.000 personas permanecen evacuadas, evidenciando que la ausencia de fallecidos no significa ausencia de devastación social.

Al cierre de este ciclo, el balance estadístico refleja una catástrofe humana en expansión. Sumando los 2.543 fallecidos registrados en marzo con las 3.802 víctimas de abril, la región lamenta un total de 6.345 vidas perdidas en apenas ocho semanas. Esta cifra es el epitafio de una quincena donde el derecho a la seguridad civil ha desaparecido, dejando un paisaje de ciudades en ruinas y una población regional que, por primera vez en décadas, se reconoce unida únicamente por la condición de refugiada en su propia tierra.

Unas seis personas con chaquetas verdes rebuscan entre los escombros frente a un edificio. Se aprecian los restos de dos ventanas con barrotes blancos verticales cruzando los huecos. Otros tres hombres observan la escena y una mujer pasa caminando.

Infraestructura crítica

El panorama de la infraestructura estratégica en el Medio Oriente ha entrado en una fase de colapso técnico y operativo entre el 13 y el 25 de abril de 2026. Durante este período, la arquitectura de servicios básicos dejó de ser un daño colateral para convertirse en el eje de una campaña de «anulación de habitabilidad», donde la destrucción de centros de salud, redes de comunicación y plantas energéticas busca desarticular la resistencia civil en Irán, el Líbano y las naciones del Golfo.

En el Líbano, la red de asistencia humanitaria ha sufrido una erosión crítica. La quincena estuvo marcada por el asedio a instalaciones médicas, como el Hospital Gubernamental de Tebnin, que sufrió daños estructurales de consideración en ataques registrados los días 13 y 15 de abril. El desmantelamiento de la vida civil se hizo evidente con la pulverización del asentamiento de Jiyam y la demolición de una escuela secundaria en Marouhin el 16 de abril, lo que dejó a comunidades enteras sin los pilares mínimos de educación y refugio. Asimismo, la destrucción de viviendas e infraestructura clave en Bint Jbeil tras el reinicio de las hostilidades ha terminado por fragmentar el mapa de servicios en el sur del país.

En Irán, la parálisis de los servicios ha adquirido una dimensión digital y ecológica. Al cumplirse siete semanas de un apagón de internet casi total, reportado el 19 de abril, la sociedad civil ha quedado incomunicada, lo que afecta la respuesta ante emergencias y la gestión hospitalaria. Además, el impacto en depósitos de petróleo ha generado desastres ambientales de largo alcance, contaminando el aire y el suelo de diversas provincias. El bombardeo de edificios residenciales en el barrio de Resalat en Teherán, sumado a las amenazas directas del 24 de abril contra la red de puentes y plantas eléctricas, sitúa al país ante la inminencia de una desconexión total de sus sistemas de soporte vital.

En la península arábiga, la vulnerabilidad de la infraestructura energética ha redefinido el riesgo regional. Informes del 14 de abril confirman daños en aproximadamente un tercio de las instalaciones energéticas de la región, una situación agravada por el impacto en el complejo de Jubail en Arabia Saudita y la destrucción de centros de almacenamiento de combustible en bases aéreas de Kuwait, Jordania y los Emiratos el 16 de abril. Estos ataques han comprometido la seguridad hídrica y eléctrica en el Golfo, alterando la logística de suministros esenciales a escala continental.

En Israel, los esfuerzos se han concentrado en la defensa de infraestructuras críticas ante intentos de sabotaje estratégico. El 20 de abril, las autoridades neutralizaron un ataque dirigido contra un oleoducto clave, mientras que el flujo constante de proyectiles en el norte ha provocado daños intermitentes en la red de distribución eléctrica, manteniendo a los servicios de emergencia en un estado de saturación permanente.

Al cierre de este ciclo, la infraestructura crítica de la región ha dejado de operar como una red de servicios para transformarse en una geografía de ruinas. La pérdida de conectividad en Irán, el asedio hospitalario en Líbano y la fragilidad energética en la península arábiga configuran un escenario donde la capacidad de subsistencia de millones de personas ha sido comprometida sistemáticamente, dejando a la población civil a merced de una crisis de servicios que trasciende las bajas de combate.

Violaciones al Derecho Internacional Humanitario

La conducción de las hostilidades entre el 13 y el 25 de abril de 2026 ha consolidado un preocupante desprecio por los marcos normativos del DIH, transitando de incidentes aislados a un patrón de transgresión sistemática. Durante esta quincena, la distinción entre combatientes y bienes protegidos se ha erosionado bajo una lógica de guerra total que afecta a hospitales, centros educativos y personal de prensa en todo el Levante y el Golfo.

En el Líbano, la protección de la infraestructura médica y educativa ha sido vulnerada repetidamente. El Hospital Gubernamental de Tebnin sufrió daños por ataques cercanos los días 13 y 15 de abril, mientras que el 18 de abril se documentó la destrucción deliberada de una escuela secundaria en Marwahin, sin evidencia de uso militar previo. La gravedad de estas acciones se intensificó el 22 de abril con el bombardeo deliberado contra la prensa en el sur del país, que resultó en la muerte de la periodista Amal Khalil. Este ataque no solo constituye un crimen de guerra contra personal civil protegido, sino que se agravó al reportarse que fuerzas militares impidieron el acceso de los equipos de rescate al lugar.

En Israel, el eje de las violaciones se ha centrado en el trato a detenidos y la conducta de las fuerzas en el terreno. El 16 de abril se denunció la reincorporación al servicio activo de soldados acusados de tortura y abusos sexuales, una medida que contraviene los estándares de rendición de cuentas exigidos por los Convenios de Ginebra. Asimismo, la población civil ha sido blanco de ataques indiscriminados con cohetes y drones en localidades como Karmiel y Kiryat Shmona.

En Irán, la vulneración del DIH ha tomado dimensiones de control social y ataques indirectos a la salud. El 18 de abril se reportó un ataque aéreo en las proximidades de un hospital en Teherán, generando una crisis de seguridad para los pacientes debido a la onda expansiva. Además, el uso de tecnología para detenciones masivas durante el apagón de conectividad el 19 de abril y el asedio a viviendas particulares en barrios residenciales como Resalat, donde fallecieron 12 miembros de una familia el 23 de abril, han sido presentados ante organismos internacionales como documentación de crímenes de guerra por el carácter indiscriminado de los ataques.

En los estados árabes y territorios ocupados, la degradación del derecho a la educación y la seguridad personal es crítica. El 17 de abril, la instalación de cercas de alambre de púas por parte de colonos impidió el acceso de niños palestinos a sus escuelas en Cisjordania. Esta violencia incrementó los días 21 y 23 de abril con la muerte de dos menores (de 15 y 16 años) durante operaciones militares en Nablus y zonas aledañas. Finalmente, el informe de la ONU del 22 de abril sobre Gaza denuncia ejecuciones de detenidos y el uso del hambre como método de guerra, una de las violaciones más severas de los protocolos de Ginebra.

Lo que ha mutado sustancialmente en este período respecto a la quincena previa es:

  • Institucionalización de la impunidad: La reincorporación de soldados acusados de abusos en Israel marca el paso de «incidentes aislados» a una validación institucional de mala conducta.
  • Ataque selectivo a la información: Se ha pasado de la agresión a periodistas a la ejecución directa (caso Amal Khalil) y el bloqueo activo de socorro para asegurar la letalidad de los ataques contra la prensa.
  • Saqueo sistemático: Se ha documentado por primera vez el saqueo rutinario de propiedades privadas por parte de tropas desplegadas en el sur del Líbano.
  • Tecnología como arma de persecución: La detención de civiles por el uso de tecnología satelital (Starlink) durante apagones de internet en Irán representa una nueva frontera en la violación de derechos civiles en contextos de conflicto.

SITUACIÓN ECONÓMICA Y ENERGÉTICA

Dimensión Económica y Energética
Variable Puntaje individual Puntaje total Intensidad
Cantidad de Buques Comerciales 🟠 Impacto Alto (-2) -2 🟠 Impacto Alto
Desvío de Tránsito 🟠 Impacto Alto (-2)
Commodities Energéticas 🟠 Impacto Alto (-2)

 

Entre el 13 y el 24 de abril de 2026, el estrecho de Ormuz pasó de ser una ruta estratégica a un cuello de botella bajo el control coercitivo de Irán y Estados Unidos. Tras el inicio del bloqueo estadounidense el día 13, el tránsito comercial cayó drásticamente a un rango de entre 0 y 5 buques diarios, con cuatro jornadas prácticamente sin navegación. El único alivio se registró el 18 de abril con el paso de 24 buques; no obstante, el repunte fue efímero, ya que la captura del buque iraní Touska el día 19 devolvió el Estrecho a una situación crítica. La segunda semana consolidó un tráfico residual de apenas 3 a 5 naves diarias. 

En paralelo, la presión se extendió a otras rutas clave. El canal de Suez redujo su actividad de 31 tránsitos el 13 de abril a 21 el día 24, mientras el cabo de Buena Esperanza absorbió el desvío global incrementando sus cruces de 92 a 108 en el mismo período. Bab el-Mandeb también mostró alta volatilidad, reflejando la reconfiguración forzosa del comercio marítimo. Por su parte, el mercado energético reflejó esta parálisis: el crudo Brent escaló de 99,36 USD el 13 de abril a 106,85 USD el 24, operando el comercio de hidrocarburos a solo un 4 % de su capacidad normal.

Cantidad de Buques

El estrecho de Ormuz, la arteria más sensible del comercio energético global, sufrió una parálisis logística profunda entre el 13 y el 24 de abril de 2026. Tras la entrada en vigor del bloqueo estadounidense el lunes 13, el flujo comercial se hundió inmediatamente, operando con apenas 0 a 5 tránsitos diarios. Durante los primeros cuatro días, la navegación fue prácticamente nula; el CENTCOM impuso un cerco estricto que obligó a decenas de barcos, incluyendo petroleros y cargueros de gas licuado, a desviarse o retornar a puerto.

El sábado 18 de abril representó el único alivio relativo de la quincena, alentado por una declaración de «apertura total» de Teherán, cuando se registró el paso de 24 buques comerciales. Sin embargo, el domingo 19, la Armada de EE.UU. capturó el buque iraní Touska tras inhabilitar su propulsión con fuego directo. Este incidente interrumpió totalmente el flujo de petroleros esa jornada.

La segunda semana del 20 al 24 de abril, se consolidó una «insostenibilidad logística». El tráfico se estabilizó en un mínimo residual de 3 a 5 naves diarias, mientras la vigilancia se extendía al Índico con la intercepción del petrolero Tifani el 21 de abril. La crisis escaló el miércoles 22, cuando la Guardia Revolucionaria de Irán incautó los portacontenedores MSC Francesca y Epaminondas, alegando violaciones de seguridad y manipulación de sistemas de navegación.

Hacia el cierre del período, el 23 y 24 de abril, la situación derivó en una soberanía coercitiva. Irán institucionalizó el cobro de peajes para permitir el tránsito, mientras que solo naves de la «Flota Sombra», como el superpetrolero Yuri, lograban burlar el cerco estadounidense para anclar en puertos iraníes. Al finalizar este análisis, el sábado 25, el Estrecho permanece bloqueado funcionalmente, con el comercio internacional de hidrocarburos operando apenas al 4 % de su capacidad normal, lo que ha disparado los costes operativos y las primas de riesgo de guerra a niveles sin precedentes.

Desvío de Tránsito

El comercio marítimo internacional atravesó una fase de reconfiguración forzosa debido a la intensificación del conflicto entre Estados Unidos e Irán. La implementación de un bloqueo naval estadounidense sobre los puertos iraníes y las represalias en los chokepoints del Medio Oriente alteraron profundamente los flujos en el canal de Suez, el estrecho de Bab el-Mandeb y el cabo de Buena Esperanza.

El 13 de abril, el inicio oficial del bloqueo estadounidense provocó una caída inmediata en el canal de Suez, registrando solo 31 tránsitos. El 14 de abril, primer día completo de ejecución del bloqueo, el tráfico en Suez descendió a 29 buques mientras el cabo de Buena Esperanza comenzó a absorber el desvío masivo con 92 cruces. Para el 15 de abril, las amenazas iraníes de un bloqueo total en el mar Rojo redujeron Suez a 28 naves, mientras el flujo por Bab el-Mandeb se volvió sumamente volátil.

La tensión escaló el 16 de abril con la incautación del carguero Touska por fuerzas estadounidenses, lo que llevó el tránsito en Suez a mínimos de 26 buques. Sin embargo, el 17 de abril se produjo un repunte atípico; tras anunciarse una tregua en Líbano, Irán sugirió la apertura del estrecho de Ormuz, lo que impulsó el tráfico en Suez a 38 buques y en Bab el-Mandeb a 48. Esta ventana fue breve, el 18 de abril, ante la negativa de EE.UU. de levantar su bloqueo, Irán reinstauró las restricciones, provocando que 35 buques en ruta revirtieran su curso y el cabo de Buena Esperanza retomara su ascenso con 90 tránsitos.

El 19 de abril, la expiración de las exenciones petroleras redujo Suez a 28 naves y consolidó el desvío masivo hacia África. El 20 de abril, el ataque y captura del portacontenedores MSC Francesca por parte del IRGC generó un «efecto pánico» en las grandes navieras, que abandonaron formalmente el mar Rojo, elevando el tránsito por el Cabo a 97 buques. El 21 de abril, el fracaso de las negociaciones en Islamabad dejó a Suez con solo 25 tránsitos diarios.

En los días finales, el 22 de abril, las órdenes de «disparar y matar» emitidas por el presidente Trump contra lanchas minadoras redujeron Suez a 24 buques, mientras el cabo de Buena Esperanza superaba los 100 cruces diarios. El 23 de abril, la detección de tanqueros inactivos en Chabahar confirmó la parálisis de las exportaciones regionales, llevando a Suez a 22 tránsitos. Finalmente, el 24 de abril, la expiración oficial del alto al fuego consolidó la «nueva normalidad», el canal de Suez cerró con 21 buques (un tercio de su capacidad habitual) mientras el cabo de Buena Esperanza alcanzó un pico de 108 naves, convirtiéndose en el eje logístico global.

Commodities Energéticas

El lunes 13 de abril, el precio del crudo Brent subió un 4,37 % para situarse en 99,36 USD por barril.  Este repunte fue una respuesta inmediata al fracaso de las negociaciones de paz en Islamabad y al anuncio de Estados Unidos sobre la implementación de un bloqueo naval formal a todos los puertos de Irán. El martes 14, el mercado experimentó una corrección técnica del 4,60 %, bajando a 94,79 USD. Esta caída se debió a la toma de beneficios por parte de los operadores y a la difusión de rumores sobre una posible mediación china de último momento para extender la tregua. La calma fue breve, ya que el miércoles 15 el precio subió un 0,15 % (94,93 USD) tras reportes de hostigamiento por parte de lanchas rápidas de la Guardia Revolucionaria a buques comerciales que intentaban transitar el Canal. 

La tensión aumentó drásticamente el jueves 16, con un incremento del 4,70 % hasta los 99,39 USD, al confirmarse ataques directos contra buques portacontenedores que causaron daños estructurales en sus puentes de mando. El viernes 17 se registró la caída más profunda del período, un 9,07 %, dejando el barril en 90,38 USD. La razón fue el anuncio de Irán de abrir «completamente» el estrecho de Ormuz para naves comerciales durante los diez días de tregua acordados en el Líbano, lo que redujo momentáneamente la prima de riesgo geopolítico.

Al inicio de la siguiente semana, el lunes 20, el optimismo se desvaneció y el precio rebotó un 5,64 % hasta los 95,48 USD. Este giro se debió a nuevas amenazas de Washington de reanudar los bombardeos si no había una propuesta unificada de paz y al hecho de que Irán reimpuso restricciones en el Canal. El martes 21, el Brent subió un 3,14 % (98,48 USD) tras la interceptación por parte de fuerzas especiales estadounidenses del supertanquero Majestic X en el Océano Índico, acusado de transportar crudo sancionado. 

El 22, el petróleo superó la barrera psicológica de los 100 dólares, subiendo un 3,48% para cerrar en 101,91 USD.  La subida fue provocada por la captura formal de dos buques comerciales por parte de Irán como represalia directa a las acciones navales de Estados Unidos. El jueves 23, la cotización escaló otro 3,10% hasta los 105,07 USD, motivada por la orden presidencial de «disparar y destruir» cualquier embarcación iraní que intentara colocar minas marinas en el Estrecho. Finalmente, el viernes 24 el precio cerró en 106,85 USD, un alza del 1,69%, debido a las advertencias de la Agencia Internacional de Energía sobre el agotamiento inminente de los suministros globales y la incapacidad de las rutas alternativas para absorber los 10 millones de barriles diarios que permanecen bloqueados.

Este es un artículo de opinión. Las opiniones y contenido no reflejan o representan necesariamente la postura del CEERI como institución.

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