Introducción
En un mundo multipolar, la escalada y militarización en Asia-Pacífico redefinen el equilibrio estratégico global. El resurgimiento de potencias como China, Japón e Indonesia, junto con el desplazamiento del centro de gravedad del Atlántico al Pacífico, obliga a un análisis sistemático de riesgos, capacidades y escenarios con impacto directo en la seguridad internacional.
El Grupo de Investigación sobre Paz y Seguridad Internacional del CEERI busca contribuir a una comprensión integral de los acontecimientos vinculados a la seguridad regional, la expansión militar y la dinámica diplomática en Asia-Pacífico. Para ello, desarrolla un seguimiento estructurado en cinco subregiones, definidas por su proximidad geográfica y relevancia estratégica: Asia-Pacífico Norte, Central, Meridional, Pacífico Sur y Este.
Cada subregión se examina a través de tres dimensiones analíticas clave: 1) Militarización y Operaciones; 2) Disputas y Seguridad Territorial; y 3) Diplomacia y Respuesta Internacional. El informe ofrece un análisis descriptivo y una valoración comparativa cuantitativa de la escalada, tanto por subregión como en el conjunto del espacio Asia-Pacífico. El nivel de riesgo se clasifica en cuatro categorías: Tensión (Nivel 1), Acciones (Nivel 2), Amenazas (Nivel 3) y Ruptura (Nivel 4).
- Situación de Militarización y Operaciones
Esta dimensión examina el fortalecimiento de las capacidades militares y las actividades operativas de los Estados y actores regionales. Aquí se incluyen los ejercicios conjuntos, maniobras navales, pruebas de misiles, movimientos de tropas o adquisiciones de armamento avanzado, así como las reformas doctrinarias o modernizaciones tecnológicas en curso.
El objetivo es comprender cómo evoluciona la correlación de fuerzas en la región, qué países incrementan su poder militar, y cuáles buscan disuadir o equilibrar la influencia de sus vecinos. Esta dimensión ofrece una lectura técnica y militar de la región, ayudando a identificar patrones de militarización, tendencias en defensa y posibles escenarios de tensión futura.
- Situación de Disputas y Seguridad territorial
La dimensión aborda las disputas territoriales, marítimas o aéreas que marcan el pulso de la seguridad regional. Asia-Pacífico concentra algunos de los puntos más sensibles del mundo, como el mar de la China Meridional, el estrecho de Taiwán, la península de Corea o las islas Kuriles. En esta sección se documentan y analizan incidentes concretos, como interceptaciones aéreas, encuentros entre buques, violaciones de espacio marítimo o sobrevuelo de zonas exclusivas. También se describen las reacciones oficiales y las medidas adoptadas por los Estados involucrados.
El propósito es ofrecer una visión precisa y comprensible de los disputas que, aunque a veces no lleguen a convertirse en enfrentamientos abiertos, tienen un alto potencial de escalamiento.
- Situación de Diplomacia y Respuesta internacional
Esta dimensión se centra en el terreno de la diplomacia, la cooperación y las relaciones internacionales. Aquí se analizan los esfuerzos de diálogo, las alianzas militares, las declaraciones conjuntas, los acuerdos bilaterales y las posiciones de organismos multilaterales frente a los acontecimientos de la semana. También se observa el papel de potencias externas en el Asia-Pacífco (como la Unión Europea e India) en su interacción con los países asiáticos.
El análisis permite entender cómo los gobiernos buscan manejar las tensiones mediante la diplomacia, contener las crisis o fortalecer sus asociaciones estratégicas. Asimismo, se estudian las repercusiones económicas, comerciales y energéticas derivadas de las posturas adoptadas. El propósito es ofrecer una perspectiva equilibrada: mostrar que la seguridad regional no depende solo del poder militar, sino también de la habilidad diplomática y la cooperación internacional para reducir riesgos y promover la estabilidad.
Sistema de valoración de la Escalada y Militarización en el Asia-Pacífico
| Asia-Pacífico | |
| 🟡 Acciones (2.44) | |
| Subregión | Nivel – Puntaje |
| Asia-Pacífico Norte | 🟠Amenaza (2.6) |
| Asia-Pacífico Central | 🟠Amenaza (2.7) |
| Asia-Pacífico Meridional | 🟡 Acciones (2.4) |
| Pacífico Sur | 🟡 Acciones (2.3) |
| Pacífico Este | 🟡 Acciones (2.2) |
Asia-Pacífico Norte
| Países | Nivel de la Subregión | |||||||
| Rusia, Japón, Corea del Norte y Corea del Sur | 🟠Amenaza (2.6) | |||||||
| Situación | Puntaje | Nivel | ||||||
| Militarización y Operaciones | 3.2 | 🟠Amenaza | ||||||
| Disputas y Seguridad territorial | 2.5 | 🟠Amenaza | ||||||
| Diplomacia y Respuesta internacional | 2.3 | 🟡 Acciones | ||||||
Entre el 6 y el 26 de abril de 2026, el Asia-Pacífico Norte consolidó su papel como el principal foco de tensión estratégica de la región, con una convergencia de modernización militar, prueba de capacidades ofensivas y reconfiguración diplomática. Corea del Sur aceleró programas clave de defensa antimisiles, drones autónomos, guerra electrónica y sistemas robóticos, al tiempo que reforzó su industria de defensa con exportaciones de alto valor y una cooperación operativa cada vez más estrecha con Estados Unidos, Japón y Canadá.
En paralelo, Japón profundizó su transición hacia una postura de disuasión más activa, avanzando en aviación de guerra electrónica, misiles de largo alcance, conversión de sus portahelicópteros a estándar portaaviones y flexibilización de sus exportaciones militares. Corea del Norte, por su parte, intensificó pruebas de misiles balísticos, crucero y antisatélite, proyectando una capacidad creciente de ataque de área y de presión regional. Rusia también contribuyó al clima de militarización con ensayos de sistemas antidrón y nuevas municiones. En el plano político y de seguridad, la península coreana vivió una escalada sostenida de acción y respuesta, mientras la diplomacia regional mostró una creciente interconexión entre los conflictos de Asia, Europa y Medio Oriente, dejando al Asia-Pacífico Norte inmerso en una competencia multidominio cada vez más inestable.
Situación de Militarización y Operaciones
El Asia-Pacífico Norte se consolidó durante este período como la región más dinámica y significativa en materia de seguridad, evidenciando una aceleración simultánea tanto de la capacidad ofensiva y operativa de los actores regionales como de la innovación tecnológica y el fortalecimiento de sus industrias de defensa.
Corea del Sur destacó como uno de los actores más dinámicos en el fortalecimiento de sus capacidades defensivas, tecnológicas y operativas. El 6 de abril anunció la aceleración del desarrollo de su sistema antimisiles LAMD (acrónimo del inglés Low Altitude Missile Defense, análogo al Iron Dome israelí o al Land Ceptor británico), destinado a proteger Seúl de la amenaza norcoreana. Al día siguiente, el 7 de abril, la empresa surcoreana DAON presentó drones de ataque autónomos capaces de operar en enjambre con inteligencia artificial, reflejando la creciente madurez de los sistemas no tripulados. Esta tendencia se profundizó el 9 de abril, cuando Corea del Sur avanzó en el desarrollo de un dron de reconocimiento tipo MALE (acrónimo del inglés Medium Altitude Long Endurance, o de altitud media y larga autonomía), similar al MQ-9 Reaper estadounidense, consolidando así sus capacidades de ISR (inteligencia, vigilancia y reconocimiento).
En materia de integración de inteligencia artificial y automatización, el 14 de abril, Seúl destacó la incorporación de sistemas robóticos e IA en funciones logísticas y de apoyo en el marco de la estrategia «Defense Innovation 4.0». Estas iniciativas responden, en parte, a desafíos estructurales comunes a varios países de la región, como la crisis demográfica y la consiguiente reducción en el número de reclutas disponibles.
En paralelo, Corea del Sur emergió asimismo como un polo global de exportación de defensa. El 8 de abril avanzó en la exportación del caza KF-21 a Indonesia; el 15 de abril se realizó el primer vuelo de prueba de su versión de producción. El 22 de abril se anunció la posible venta del sistema antimisiles de largo alcance L-SAM a Alemania, a lo que se sumaron acuerdos tecnológicos con Estados Unidos, evidenciando una creciente diversificación de su industria de defensa en el mercado internacional.
En el plano operacional, el 10 de abril, Corea del Sur y Estados Unidos iniciaron los ejercicios aéreos conjuntos denominados Freedom Flag 26-1, cuyas actividades preparatorias comenzaron el día anterior en la Base Aérea de Gwangju. Esta maniobra a gran escala se distingue por ser una de las plataformas de adiestramiento de combate más complejas de la región, centrada en la interoperabilidad de plataformas de quinta generación. Con una duración de dos semanas, el ejercicio destaca técnicamente por la integración de activos de alta gama: la Fuerza Aérea de la República de Corea desplegó cazas furtivos F-35A junto con los F-15K y los KF-16, mientras que el contingente estadounidense aportó una fuerza combinada de F-16, aviones de alerta temprana E-3G Sentry, vehículos aéreos no tripulados (VANT) MQ-9 Reaper y RQ-4 Global Hawk. La sinergia entre estas plataformas permite perfeccionar las tácticas de defensa aérea de contraataque (DCA) y las misiones de interdicción profunda en entornos de negación de acceso y área (A2/AD, por sus siglas en inglés).
Un componente crítico del ejercicio fue el énfasis en la supervivencia y la guerra electrónica, con simulaciones en entornos de interferencia en los sistemas de radar y comunicación, obligando a los pilotos a ejecutar tácticas de combate autónomas pero coordinadas bajo mando coreano. Este cambio en el liderazgo, donde Corea del Sur asume un rol directivo en la planificación, subraya los avances hacia la futura transferencia del control operativo (OPCON).
El 24 de abril, Corea del Sur y Canadá realizaron su primer ejercicio terrestre conjunto en suelo coreano, en el Centro de Adiestramiento de Combate (KCTC). Esta maniobra histórica conmemoró el 75.° aniversario de la batalla de Kapyong, con la participación de tropas del Regimiento de Infantería Ligera de la Princesa Patricia (Canadá) y la 7.ª División del Ejército surcoreano. El adiestramiento empleó tecnología de simulación avanzada para perfeccionar tácticas de infantería en terreno montañoso, y fue posible gracias a la reciente firma de un acuerdo de intercambio de información militar clasificada entre ambas naciones.
Por su parte, Corea del Norte intensificó el desarrollo de sus capacidades estratégicas y ofensivas a lo largo del período analizado. El 7 de abril, fuentes surcoreanas reportaron progresos en misiles balísticos intercontinentales con ojivas múltiples e independientes (MIRV, por sus siglas en inglés), mientras que el 12 de abril se conoció la orden del líder Kim Jong-un de desarrollar capacidades antisatélite (ASAT), lo que evidencia una expansión hacia el dominio espacial en competencia con las grandes potencias. Asimismo, se identificó un incremento sostenido de pruebas armamentísticas. El 14 de abril, Pyongyang probó misiles de crucero estratégicos y antibuque lanzados desde un destructor; entre el 20 y el 24 de abril realizó múltiples lanzamientos de misiles balísticos de corto alcance con ojivas de racimo, incrementando así su capacidad de ataque de área y presión regional.
Japón también evidenció una evolución significativa en los planos doctrinal y tecnológico. El 12 de abril se realizaron vuelos de prueba del nuevo avión de guerra electrónica EC-2, desarrollado por Kawasaki Heavy Industries, destinado a mejorar las capacidades en el dominio electromagnético. El 14 de abril se anunció la próxima prueba de misiles Tomahawk desde el destructor JS Chokai, lo que marcó un hito en su transición hacia capacidades de ataque de largo alcance. Una semana después, el 21 de abril, se formalizó la conversión del portahelicópteros JS Izumo en un portaaviones capaz de operar cazas F-35B con capacidad STOVL (despegue corto y aterrizaje vertical). El 22 de abril, Tokio formalizó la flexibilización de sus exportaciones de armamento —primera reforma sustantiva desde la posguerra—, lo que anticipa la profundización de esta tendencia. Finalmente, el 25 de abril se anunció el despliegue de misiles Tipo 12 y proyectiles hipersónicos, orientados a ampliar la capacidad de disuasión del archipiélago.
En el plano operacional, Japón amplió su participación en ejercicios multilaterales. Su primera intervención en Balikatan 2026 —ejercicio anual entre Estados Unidos y Filipinas— marcó un punto de inflexión geopolítico en el Indo-Pacífico: las Fuerzas de Autodefensa de Tierra transitaron de un rol puramente observador a uno de combate activo y proyección regional. La fuerza japonesa se articuló en torno al portahelicópteros JS Ise y al buque de desembarco JS Shimokita, proyectando capacidades navales y logísticas en el mar de la China Meridional. En tierra, 1.400 soldados ejecutaron maniobras de fuego real de alta precisión, con especial protagonismo del sistema de misiles tierra-buque Tipo 88, pieza clave en la estrategia de negación de área.
El aspecto más representativo de la participación japonesa fue su integración en el ejercicio SINKEX (ejercicio de hundimiento de buques), donde la tecnología nipona se coordinó con los sistemas de otros países para neutralizar objetivos marítimos frente a las costas de Luzón. En conjunto, la actuación de Japón en Balikatan 2026 constituyó una declaración de principios: una fuerza moderna, tecnológicamente avanzada y dispuesta a asumir un rol protagónico en la estabilidad colectiva regional.
Por otro lado, Rusia inició el 9 de abril las pruebas del sistema láser antidrón Laser Buzz y presentó un robot de combate con mortero automatizado, evidenciando la continuidad de sus avances en sistemas no tripulados. El 13 de abril, el grupo Kalashnikov ensayó una nueva munición diseñada específicamente para contrarrestar drones y anunció la producción en serie del dron de visión en primera persona (FPV, por sus siglas en inglés) Matrioshka.
Estos desarrollos evidencian la consolidación de una carrera armamentística multidominio, caracterizada por una elevada velocidad de innovación e integración entre los sectores civil y militar. La región del Asia-Pacífico Norte muestra una transición clara desde una lógica de disuasión tradicional hacia una capacidad efectiva de combate avanzado, con implicaciones significativas para la estabilidad regional y global.
Situación de Disputas y Seguridad Territorial
Durante el período analizado, la región del Asia-Pacífico Norte presentó una escalada sostenida de tensiones, particularmente en la península coreana. El 6 de abril, el presidente surcoreano Lee Jae-myung expresó pesar por las incursiones con drones vinculadas a su país, en un intento de reducir las tensiones con Pyongyang. No obstante, este gesto conciliador fue rápidamente desestimado por un alto funcionario norcoreano, quien reafirmó que consideraba a Corea del Sur un “Estado hostil” y rechazó cualquier interpretación moderada del mensaje previo de Kim Yo-jong.
En paralelo, Corea del Norte intensificó de manera significativa su actividad militar. El 8 de abril lanzó múltiples misiles balísticos hacia el mar del Japón durante dos días consecutivos, lo que llevó al gobierno surcoreano a convocar una reunión de emergencia y reforzar su estado de preparación militar. Esta tendencia continuó el 9 de abril con pruebas de misiles balísticos equipados con ojivas de racimo, y se mantuvo a lo largo del mes con nuevos lanzamientos los días 19, 20 y 24 de abril, consolidando un patrón de alta frecuencia en los ensayos armamentísticos.
Ante esta situación, Washington confirmó que el sistema Terminal High Altitude Area Defense (THAAD) permanecerá desplegado en territorio surcoreano, descartando su posible traslado a otros teatros como Medio Oriente. Esta decisión subraya la persistencia de un entorno de amenaza elevada y la necesidad de mantener capacidades de disuasión activas en la península, aun cuando parte de los esfuerzos militares estadounidenses se redistribuya hacia otros escenarios estratégicos.
De manera complementaria, la alianza tripartita entre Seúl, Washington y Tokio también se reforzó durante el período. El 8 de abril, los ministros de Defensa de Corea del Sur y Japón sostuvieron una llamada para coordinar las respuestas ante las pruebas misilísticas norcoreanas. Posteriormente, el 15 de abril, altos mandos navales de los tres países se reunieron en Seúl para fortalecer la cooperación marítima y abordar amenazas regionales más amplias, incluyendo la seguridad de rutas estratégicas.
Más allá de la península coreana, la actividad naval rusa contribuyó a la creciente tensión regional. El 15 de abril, buques de la Armada rusa recalaron en el puerto chino de Zhanjiang tras realizar ejercicios en el mar de la China Meridional, evidenciando una mayor coordinación operativa con China. Esta presencia adquirió mayor sensibilidad el 22 de abril, cuando Japón detectó dos grupos navales rusos navegando por un corredor estratégico próximo a sus islas del suroeste, en las cercanías de Taiwán. Estos movimientos reflejan un incremento de incidentes en zonas marítimas clave y una mayor presión sobre los espacios de disputa.
En síntesis, la región del Asia-Pacífico Norte presenta un patrón claro de escalada activa basada en una dinámica de acción-reacción. Las provocaciones militares, los lanzamientos de misiles y los movimientos navales, junto con sus respuestas defensivas, han adquirido un carácter recurrente, configurando un entorno de seguridad cada vez más inestable.

Situación de Diplomacia y Respuesta Internacional
En el plano diplomático, el Asia-Pacífico Norte presentó durante el período una dinámica compleja, marcada por la tensión entre los bloques geopolíticos tradicionales, la expansión de las redes de seguridad y las fricciones intralianza derivadas de conflictos en otros escenarios.
Desde el inicio del período se observaron señales claras de coordinación entre las grandes potencias no occidentales. El 6 de abril, Serguéi Lavrov y Wang Yi, ministros de Asuntos Exteriores de Rusia y China respectivamente, acordaron una postura conjunta frente a la guerra en Irán, promoviendo la desescalada y criticando a Estados Unidos e Israel. Este episodio refleja el continuo fortalecimiento del eje sino-ruso, que en los días subsiguientes se extendería hacia Corea del Norte. El 11 de abril, durante una reunión en Pyongyang, Kim Jong-un reafirmó ante Wang Yi que la relación con China constituye una prioridad estratégica, consolidando un alineamiento político más estrecho. Tres días después, Corea del Norte expresó por primera vez su apoyo explícito al principio de “Una sola China”, en un gesto simbólico de alto valor geopolítico. El 26 de abril, el presidente ruso Vladímir Putin destacó públicamente la cooperación militar con Pyongyang, en coincidencia con la visita del ministro de Defensa ruso, Andréi Belusov, a Corea del Norte, lo que reforzó los vínculos bilaterales.
En contraposición, el bloque occidental ampliado continuó articulándose, proyectando la ya mencionada alianza tripartita entre Estados Unidos, Japón y Corea del Sur hacia Europa. El 14 de abril, Corea del Sur y Polonia elevaron sus relaciones a una «asociación estratégica integral», ampliando su cooperación en defensa e industria militar. El 15 de abril, Japón alcanzó un acuerdo equivalente con Polonia, mientras que, días antes, había reforzado su cooperación en materia de defensa con Australia para evitar vacíos de seguridad en el Indo-Pacífico. Estas iniciativas revelan una tendencia de progresiva interconexión entre la seguridad europea y la del Indo-Pacífico, visible tanto en la visita de una delegación de la OTAN a Seúl el 15 de abril —orientada a profundizar la cooperación tecnológica y militar— como en ejercicios multilaterales de Balikatan en Filipinas, en los que participaron Estados Unidos, Australia, Canadá, Francia, Nueva Zelanda, Japón y el país anfitrión.
El eje Seúl-Tokio mantuvo un diálogo fluido a lo largo del período. El 8 de abril, el presidente surcoreano Lee Jae-myung discutió con el ex primer ministro japonés Shigeru Ishiba la posibilidad de construir una arquitectura de seguridad regional inspirada en la OTAN, lo que sugiere la exploración de nuevos marcos institucionales en la región. El 15 de abril, Japón y Corea del Sur acordaron establecer un mecanismo de diálogo ministerial “dos más dos” a nivel de viceministros de Defensa y Asuntos Exteriores, institucionalizando así su coordinación estratégica.
Sin embargo, el período también estuvo marcado por tensiones intralianza. El 7 de abril, Donald Trump criticó abiertamente a Japón y Corea del Sur por no respaldar las operaciones estadounidenses en el golfo Pérsico en el contexto del conflicto con Irán, generando fricciones dentro del bloque occidental. Estas tensiones se agudizaron el 21 de abril, cuando Estados Unidos decidió restringir parcialmente el intercambio de inteligencia con Corea del Sur tras una controversia por filtraciones de información clasificada.
En suma, el período estuvo caracterizado por una creciente interconexión entre distintos escenarios de conflicto global. Las dinámicas del Asia-Pacífico se vincularon directamente con los conflictos en Medio Oriente y Ucrania, generando una doble dinámica diplomática: por un lado, una mayor cooperación estratégica estructural, con alianzas más profundas e institucionalizadas; por el otro, la persistencia de fricciones tácticas, episodios de volatilidad política y desacuerdos puntuales entre socios, lo que limita la cohesión plena de los bloques en un entorno de competencia sistémica creciente.

Asia-Pacífico Central
| Países | Nivel de la Subregión | |||||||
| China y Taiwán | 🟠Amenaza (2.7) | |||||||
| Situación | Puntaje | Nivel | ||||||
| Militarización y Operaciones | 3.1 | 🟠Amenaza | ||||||
| Disputas y Seguridad territorial | 2.7 | 🟠Amenaza | ||||||
| Diplomacia y Respuesta internacional | 2.4 | 🟡 Acciones | ||||||
Entre el 1 y el 27 de abril de 2026, el estrecho de Taiwán y el mar de China Meridional registraron una aceleración simultánea de la militarización, la coerción territorial y la diplomacia competitiva entre China, Taiwán y sus aliados. Beijing avanzó en IA militar, nuevas armas, modernización naval y aviación furtiva, mientras intensificó sus patrullas, incursiones en la ADIZ taiwanesa y demostraciones de poder con portaaviones, destructores y pruebas de misiles antibuque. En paralelo, Taiwán reforzó su disuasión con nuevos misiles, tanques Abrams, drones de ataque, modernización de blindados y acuerdos de mantenimiento y compra de armamento con Estados Unidos.
La presión china también se extendió a Filipinas, Japón y otras rutas marítimas mediante acciones de zona gris, bloqueos, incidentes con guardacostas y coerción diplomática, incluida la restricción del sobrevuelo del presidente Lai Ching-te. Al mismo tiempo, Beijing combinó presión militar con apertura política hacia el Kuomintang, contactos de alto nivel con Corea del Norte y una nueva ronda de iniciativas regionales en el sudeste asiático. El resultado fue un mes de abril marcado por una competencia multidominio cada vez más inestable, en la que la disuasión, la tecnología y la diplomacia se entrelazaron en torno al futuro equilibrio estratégico del Indo-Pacífico.
Situación de Militarización y Operaciones
El período comprendido entre el 6 y el 26 de abril de 2026 marcó una fase de transformación cualitativa en las capacidades militares tanto de la República Popular China como de la República de China (Taiwán). Los desarrollos registrados configuran un escenario de competencia estratégica de alta intensidad en torno al estrecho de Taiwán y el mar de Filipinas, con implicaciones directas para la estabilidad del Asia-Pacífico.
El 7 de abril, la Armada del Ejército Popular de Liberación (PLAN, por sus siglas en inglés) anunció la implementación de un algoritmo de inteligencia artificial en la fragata de misiles guiados Qinzhou, diseñado para identificar puntos ciegos durante los enfrentamientos de defensa aérea y optimizar los tiempos de respuesta. En la misma fecha, China presentó un nuevo cañón de bobina portátil —también conocido como pistola Gauss— con una cadencia de disparo reportada de entre 1.000 y 2.000 disparos por minuto, desarrollado por el China South Industries Group Corporation. Ambos avances evidencian la prioridad estratégica de Beijing en la integración de automatización y tecnologías emergentes en el campo de batalla.
El 8 de abril, el presidente Xi Jinping asistió a un programa de adiestramiento inaugural para oficiales superiores del Ejército Popular de Liberación (EPL), acontecimiento sin precedentes desde 2012 por su perfil público. En este marco, Xi exigió una “visión política totalmente nueva” de cara al centenario del EPL en 2027 y vinculó directamente la modernización material con la rectificación ideológica, impulsando una campaña para eliminar cualquier vestigio de corrupción que pudiera comprometer la toma de decisiones en un conflicto de alta intensidad. En paralelo, la PLAN realizó sus primeras apuestas selectivas en IA embarcada, lo que analistas calificaron como un salto importante en la capacidad de combate integrada de sus fragatas.
Entre el 9 y el 10 de abril, Taiwán respondió con avances en su propio plano doctrinal y de adquisición. El 9 de abril, fuentes vinculadas al ámbito de la defensa revelaron progresos en el desarrollo de un misil de crucero subsónico con un alcance de entre 900 y 1.000 kilómetros, lanzable desde vehículos móviles, que se sumaría a una tríada de ataque estratégico que ya incluye el misil Sky Spear —con alcance estimado de hasta 2.000 km—, el Hsiung Feng IIE y el Hsiung Sheng. Asimismo, el 10 de abril, el Instituto Nacional de Ciencia y Tecnología de Chung-Shan (NCSIST) publicó los detalles del programa de modernización del tanque M60A3 Patton, cuyo primer prototipo actualizado se encontraba en fase de pruebas de sistema, con evaluación operativa de fuego real programada para el 19 de mayo. Ese mismo día, el Ministerio de Defensa de Taiwán también otorgó un contrato de aproximadamente 62 millones de dólares a la empresa francesa Defense Conseil International (DCI) para el mantenimiento de las fragatas de la clase Kang Ding, consolidando la operatividad de su flota de superficie.
El 10 de abril, China también reportó avances en el desarrollo de un sensor de gravedad cuántica orientado a la detección de submarinos nucleares mediante la identificación de su firma de masa. Días después, el 15 de abril, un informe del South China Morning Post reveló que un sistema de IA empleado en simulacros de asalto anfibio había tomado decisiones un 43 por ciento más rápido que comandantes experimentados, con una precisión superior al 90 por ciento en la identificación de información relevante en combate. Esta noticia se produjo en coincidencia con el inicio del despliegue del grupo de combate del portaaviones Liaoning (casco 16) en aguas profundas al este de Filipinas, formación comandada operativamente desde el destructor Tipo 055 Zunyi, lo que reflejó un cambio doctrinal donde los destructores de gran desplazamiento asumen el rol de centros de mando, control, comunicaciones, computación e inteligencia (C4ISR) para toda la flota.
El 16 de abril, imágenes satelitales confirmaron la configuración posterior a la modernización del destructor Taizhou (casco 138), de la clase Sovremenny, incluyendo el montaje del sistema de misiles antiaéreos HQ-10 en popa y la reconstrucción del puente. En el plano de la aviación de combate, informes de inteligencia basados en imágenes de la planta de Chengdu revelaron, a mediados de abril, una tasa de producción del caza furtivo J-20 «Mighty Dragon» de aproximadamente 120 unidades anuales, con la confirmación de la producción en serie de la variante J-20B equipada con el motor de fabricación nacional WS-15. Este motor otorga al J-20 capacidad de supercrucero sostenido y la potencia necesaria para alimentar suites de guerra electrónica de alta energía, reduciendo la dependencia de los motores AL-31F rusos. El 20 de abril, pruebas de integración y catapultado del caza furtivo J-35 —variante naval— se llevaron a cabo en la cubierta del portaaviones Fujian (Tipo 003), equipado con sistemas de lanzamiento electromagnético (EMALS), junto con el J-15T y el avión de alerta temprana embarcado KJ-600.
El 21 de abril, Taiwán presentó el dron de ataque kamikaze Papa Delta (C-250 D), desarrollado por Thunder Tiger Group, con estructura de aleación de aluminio estampado, navegación asistida por IA y diseño modular apto para lanzamiento desde tierra, buques de superficie y vehículos de superficie no tripulados (VSN, o USV por sus siglas en inglés). Al día siguiente, el 22 de abril, el Ministerio de Defensa de Taiwán confirmó la firma de seis acuerdos de adquisición con Estados Unidos por un valor total de aproximadamente 6.600 millones de dólares, que incluyen 82 sistemas de artillería de cohetes de alta movilidad (HIMARS), 420 misiles ATACMS, 60 obuses autopropulsados M109A7 Paladin y un acuerdo de producción conjunta de munición de 155 mm en suelo taiwanés. No obstante, analistas advirtieron que los HIMARS no se entregarán en su totalidad hasta diciembre de 2032, lo que resultaría inconveniente frente al horizonte de modernización del EPL fijado para 2027.
El 25 de abril, informes vinculados al Comando del Teatro de Operaciones del Sur reportaron el lanzamiento de un misil balístico antibuque hipersónico YJ-20 desde un destructor Tipo 055 operando en aguas próximas a Filipinas. El YJ-20, capaz de ejecutar trayectorias cuasi-balísticas con maniobras terminales a velocidades de Mach 10 y un alcance estimado de 1.500 kilómetros, fue interpretado como una señalización estratégica directa hacia el portaaviones estadounidense y las fuerzas aliadas presentes en el ejercicio Balikatan 2026. Al día siguiente, el 26 de abril, el Puerto de Taipei recibió el lote final de 28 tanques M1A2T Abrams, completando el pedido de 108 unidades contratado bajo un presupuesto especial de aproximadamente 1.280 millones de dólares. Los vehículos fueron trasladados de inmediato hacia el Comando de Adiestramiento de Blindados en Hukou para su integración operativa en el 6.° Cuerpo de Ejército, encargado de la defensa del norte de la isla. En conjunto, los acontecimientos del período evidencian que tanto China como Taiwán aceleran de forma simultánea sus respectivas transformaciones militares, configurando un balance de fuerzas cada vez más dinámico e inestable en torno al estrecho de Taiwán.

Situación de Disputas y Seguridad Territorial
El panorama de seguridad en el Asia-Pacífico del Este durante las últimas semanas de abril de 2026 estuvo marcado por una intensificación sostenida de las tácticas de «zona gris» por parte de la República Popular China (RPC), combinadas con maniobras de proyección de fuerza naval y episodios de coerción diplomática que subrayan la fragilidad del equilibrio regional.
El 1 de abril, la Oficina de Asuntos de Taiwán (TAO) acusó sin evidencias al gobernante del Partido Progresista Democrático (DPP) de sabotear sus propios cables submarinos de telecomunicaciones, una acción de desinformación orientada a sembrar desconfianza en el gobierno de Taipéi. Al día siguiente, el Congreso de los Estados Unidos recibió un proyecto de ley bipartidista destinado a proteger esa infraestructura ante el creciente riesgo de sabotaje chino.
Desde el 6 de abril, el Ministerio de Defensa Nacional de Taiwán documentó la presencia casi diaria de aeronaves y buques del Ejército Popular de Liberación (EPL) en el estrecho de Taiwán y dentro de la Zona de Identificación de Defensa Aérea (ADIZ, por sus siglas en inglés), espacio en el que Taipéi exige identificación previa a toda aeronave extranjera.
El registro revela un patrón sostenido de presión: el 6 de abril se detectaron ocho aeronaves y seis buques de la Armada del EPL (PLAN, por sus siglas en inglés), con una aeronave penetrando en la ADIZ por el sector suroeste; el 9 de abril, nueve aeronaves y nueve buques, con tres incursiones por el suroeste; el 12 de abril, doce aeronaves y siete buques, con cuatro penetraciones; el 13 de abril, diez aeronaves y siete buques, con dos incursiones; el 14 de abril, siete aeronaves y ocho buques, con dos penetraciones por el suroeste; el 15 de abril, quince aeronaves y seis buques, con dos incursiones; el 17 de abril, cinco aeronaves y seis buques, con tres penetraciones; el 19 de abril, dos aeronaves y seis buques, con dos incursiones por el sector este; el 21 de abril, veinticuatro aeronaves y siete buques, con once penetraciones en los sectores norte, suroeste y este; el 22 de abril, quince aeronaves y seis buques; el 24 de abril, ocho aeronaves y siete buques sin incursiones reportadas; y el 26 de abril, el segundo pico más alto del periodo, con veintiocho aeronaves y ocho buques, de los cuales entre dieciocho y veinte penetraron en la ADIZ por los sectores norte, central y suroeste. Esta secuencia refleja una estrategia de desgaste deliberado: la repetición diaria de incursiones obliga a las fuerzas aéreas taiwanesas a mantener un estado de alerta permanente, consumiendo horas de vuelo, combustible y capacidad de respuesta.
El punto de mayor intensidad se registró el 10 de abril, cuando treinta aeronaves y diez buques de la PLAN operaron simultáneamente en múltiples sectores de la ADIZ, con veintiún penetraciones en los sectores norte, central, suroeste y este. Ese mismo día, la presidenta del Kuomintang (KMT), Cheng Li-wun, se reunió en Beijing con Xi Jinping en un encuentro que enfatizaba la «reunificación pacífica». La simultaneidad entre el discurso de diálogo y el despliegue militar masivo ilustra con precisión la estrategia de frente unido del Partido Comunista de China (PCCh): presión militar y apertura política aplicadas al mismo tiempo para dividir a los actores políticos taiwaneses.
En el mar de la China Meridional, la presión china también se intensificó. El 9 de abril, fuerzas chinas dispararon bengalas contra un avión desarmado de la Guardia Costera de Filipinas (PCG) que realizaba vigilancia sobre el grupo de islas Kalayaan, en las proximidades de los arrecifes Panganiban y Zamora. La aeronave sobrevolaba una zona económica exclusiva reconocida por la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (UNCLOS), lo que convirtió el acto en una violación directa del derecho internacional.
Días después, el 13 de abril, el Consejo de Seguridad Nacional de Filipinas confirmó la presencia de cianuro en botellas recuperadas de sampanes chinos cerca del BRP Sierra Madre, en el arrecife Ayungin, con el objetivo de destruir el ecosistema local, privar de alimento al destacamento filipino y fabricar una narrativa de crisis ambiental que justificara una eventual intervención. Para el 15 de abril, imágenes satelitales confirmaron el despliegue de una barrera flotante china para bloquear el acceso al arrecife Scarborough, en la zona económica exclusiva de Filipinas.
En el estrecho de Taiwán, la dimensión naval también adquirió relevancia. El 17 de abril, el destructor JS Ikazuchi de la Fuerza Marítima de Autodefensa de Japón (JMSDF) transitó la zona en una operación de libertad de navegación. Beijing respondió el día 18 con patrullas conjuntas del Comando del Teatro Oriental y la difusión de imágenes captadas desde drones del buque japonés siendo seguido a corta distancia, reforzando su narrativa de control sobre el área.
El 20 de abril, el portaaviones Liaoning transitó hacia el mar de la China Meridional, coincidiendo con el inicio de los ejercicios Balikatan 2026, que reunieron a 17.000 efectivos de Filipinas, Estados Unidos, Japón y Australia. Al día siguiente, el nuevo buque de asalto anfibio Tipo 076, el Sichuan, diseñado para el despliegue masivo de drones de combate, zarpó de Shanghái para sus primeras pruebas en el mar. Ese mismo 21 de abril, el presidente William Lai Ching-te canceló un viaje oficial a Eswatini después de que Mauricio, Madagascar y Seychelles revocaran sus permisos de sobrevuelo bajo presión económica china. Este episodio constituye el primer caso documentado de restricción coordinada del tránsito aéreo de un mandatario taiwanés, ampliando la coerción al ámbito diplomático y logístico.
Finalmente, el 27 de abril, dos buques de la Guardia Costera de China intentaron aproximarse a un pesquero japonés en aguas territoriales de las islas Senkaku, siendo interceptados por la Guardia Costera de Japón (JCG). Lo ocurrido entre el 1 y el 27 de abril no es una suma de incidentes aislados, sino la expresión de una estrategia deliberada de presión multidominio. La vigilancia sostenida, la denuncia sistemática de cada episodio y el fortalecimiento de las alianzas regionales siguen siendo los instrumentos más eficaces para preservar la estabilidad en una de las zonas más volátiles del planeta.

Situación de Diplomacia y Respuesta Internacional
El mes de abril de 2026 quedará marcado como un período de intensas transformaciones en el equilibrio geopolítico del Asia-Pacífico, donde la diplomacia partidista, los ejercicios militares de gran escala, la proyección exterior de Beijing y las presiones energéticas globales convergieron en un escenario de creciente fragilidad.
El punto de partida fue la llegada, el 7 de abril, de la delegación del Kuomintang (KMT) —principal partido de oposición de Taiwán— al aeropuerto Hongqiao de Shanghái, en el marco del denominado «Viaje de la Paz 2026». La comitiva, encabezada por la presidenta del partido, Cheng Li-wun, incluía figuras como el secretario general Lee Chien-lung y Su Chi, arquitecto del «Consenso de 1992», cuya presencia otorgó al viaje un alto significado simbólico, dado que Beijing considera dicho consenso como base política indispensable para el diálogo a través del Estrecho.
Al día siguiente, el 8 de abril, la delegación se trasladó a Nanjing, donde Cheng Li-wun visitó el Mausoleo de Sun Yat-sen y mencionó explícitamente los «115 años de la República de China» (ROC, por sus siglas en inglés), una formulación deliberada orientada a reivindicar la continuidad constitucional sin cruzar las líneas rojas de Beijing respecto a la independencia formal. Ese mismo día se celebró un encuentro con el secretario del Comité del Partido Comunista de China (PCCh) en la provincia de Jiangsu. De regreso a Shanghái, la delegación visitó la sede de Meituan y asistió a demostraciones de entrega mediante drones, jornada que subrayó el componente económico y tecnológico del viaje.
En paralelo, los días 9 y 10 de abril, el canciller chino Wang Yi realizó una visita a Pyongyang que marcó su primer viaje público a Corea del Norte desde 2019. Durante su estancia se reunió con el líder Kim Jong Un y con la ministra de Relaciones Exteriores Choe Son Hui, con el objetivo de reafirmar la asociación estratégica entre ambos países y coordinar posturas comunes ante los principales asuntos regionales e internacionales. La visita constituyó una señal inequívoca de que Beijing buscaba consolidar su red de alianzas en el noreste asiático en un momento de creciente presión militar por parte del eje liderado por Estados Unidos.
Ese mismo 9 de abril, la delegación del KMT recorrió el puerto de Yangshan y las instalaciones de la Corporación Comercial de Aviación de China (COMAC), donde se exhibieron prototipos de las aeronaves C919 y C929. Asimismo, se celebró un encuentro con cerca de trescientos empresarios taiwaneses radicados en el continente, antes de que la comitiva se trasladara a Beijing.
El momento culminante se produjo el 10 de abril, cuando Cheng Li-wun y Xi Jinping celebraron una cumbre formal en el Gran Salón del Pueblo. Xi reiteró la narrativa de la «gran revitalización de la nación china» y propuso cuatro ejes de trabajo: identidad compartida, protección del hogar común, promoción del bienestar y unidad nacional. En respuesta, Cheng introdujo el concepto de «arreglos institucionales para la prevención de la guerra», una propuesta que analistas internacionales interpretaron como un intento de subordinar la acumulación de capacidades defensivas a los acuerdos políticos con Beijing.
El 12 de abril, tras la partida de la delegación del KMT, la Oficina de Asuntos de Taiwán (TAO) de la República Popular China anunció un paquete de diez medidas orientadas a profundizar la integración económica y cultural con la isla:
- Explorar un mecanismo de comunicación regular entre el KMT y el PCCh.
- Establecer una plataforma formal para intercambios juveniles bidireccionales.
- Promover conexiones de infraestructura (agua, electricidad, gas y puentes) entre Fujian y las islas de Kinmen y Matsu.
- Restauración total de vuelos comerciales de pasajeros a través del Estrecho.
- Facilitar la importación de productos agrícolas y pesqueros taiwaneses que cumplan estándares de inspección.
- Mejorar la gestión del acceso pesquero en el Estrecho.
- Agilizar el registro de empresas alimentarias taiwanesas para exportar al continente.
- Estudiar la creación de nuevos mercados de intercambio de mercancías a pequeña escala.
- Permitir la emisión de dramas y programas de TV taiwaneses en plataformas digitales y de satélite de la RPC.
- Reanudación del programa piloto de turismo individual para residentes de Shanghái y Fujian hacia Taiwán.
El Consejo de Asuntos Continentales (MAC) del gobierno de Taiwán respondió con escepticismo, calificando las medidas como «canastas de frutas reenviadas», por tratarse en su mayoría de restricciones que Beijing había impuesto unilateralmente en años anteriores.
Mientras avanzaba esta agenda diplomática, el eje militar liderado por Estados Unidos reforzaba su postura de disuasión. El 17 de abril, el destructor japonés JS Ikazuchi transitó el estrecho de Taiwán —por primera vez desde junio de 2025— en dirección a las maniobras Balikatan. Beijing condenó el paso como una «provocación deliberada» y respondió con ejercicios navales del Comando del Teatro de Operaciones del Este del Ejército Popular de Liberación (EPL) en el Pacífico occidental, incluyendo un inusual tránsito por el canal de Yokoate, interpretado como señal de presión directa sobre Japón.
El 22 de abril, en un inusual momento de consenso, el Partido Democrático Progresista (DPP), el KMT y el Partido del Pueblo de Taiwán (TPP) aprobaron conjuntamente una resolución que condenaba la presión de Beijing sobre Seychelles, Madagascar y Mauricio para bloquear el sobrevuelo del presidente Lai Ching-te, una escalada sin precedentes en el uso de la política de “una sola China” como herramienta de coerción aérea.
Ese mismo día comenzó la segunda gira regional de Wang Yi, esta vez por el sudeste asiático, en una ronda de cinco días diseñada para fortalecer los lazos políticos y comerciales de Beijing con sus vecinos meridionales. En Phnom Penh, Wang Yi inauguró junto al ministro de Defensa chino, Dong Jun, el primer mecanismo de «diálogo estratégico 2+2» entre China y Camboya, un formato que combina las carteras de Relaciones Exteriores y Defensa de ambos países, elevando así la coordinación bilateral a un plano inédito. El 24 de abril, en Bangkok, se reunió con el primer ministro tailandés Anutin Charnvirakul para profundizar la cooperación bilateral y reforzar la estabilidad regional. La gira concluyó los días 25 y 26 de abril en Myanmar, donde Wang Yi se convirtió en el primer alto funcionario extranjero en visitar el país tras sus recientes elecciones, subrayando la importancia estratégica que Beijing otorga a esa relación en un momento de aislamiento internacional de Naipyidó.
Finalmente, el 26 de abril, la canciller australiana Penny Wong anunció una gira por Japón, China y Corea del Sur para coordinar la seguridad energética ante las interrupciones en el estrecho de Ormuz, provocadas por el conflicto en Oriente Próximo. En Beijing, Wong tenía previsto celebrar el 8.º Diálogo Estratégico y de Política Exterior Australia-China con el propio Wang Yi, en un contexto en que la estabilidad del comercio marítimo se había convertido en un factor transversal que vinculaba las crisis del mar de la China meridional con las tensiones energéticas globales.
El mes concluyó, así, con una región atrapada entre la lógica del diálogo condicionado y la aceleración de la disuasión militar integrada: Beijing desplegaba simultáneamente su poder blando hacia Taiwán, su red de alianzas hacia el noreste y el sudeste asiático, y su músculo naval frente a las democracias industriales, mientras la prevista cumbre entre Donald Trump y Xi Jinping —aún sin fecha definida— se perfilaba como un factor clave para determinar la trayectoria del conflicto en los meses siguientes.

Asia-Pacífico Meridional
| Países | Nivel de la Subregión | |||||||
| Sudeste Asiatico | 🟡 Acciones (2.46) | |||||||
| Situación | Puntaje | Nivel | ||||||
| Militarización y Operaciones | 3.3 | 🟠Amenaza | ||||||
| Disputas y Seguridad territorial | 2.4 | 🟡 Acciones | ||||||
| Diplomacia y Respuesta internacional | 1.7 | 🟡 Acciones | ||||||
Entre abril de 2026, el Sudeste Asiático consolidó una dinámica marcada por la expansión simultánea de sus capacidades militares, la profundización de alianzas externas y el agravamiento de disputas territoriales y marítimas. La región avanzó en la compra y desarrollo de drones, misiles, vehículos terrestres y navales, sistemas de telecomunicaciones e inteligencia artificial, mientras ejercicios multilaterales como Balikatan reforzaron la interoperabilidad entre Estados Unidos, Filipinas, Japón y otros socios. En paralelo, China mantuvo una presencia militar y tecnológica constante, apoyando a sus aliados y respondiendo a la creciente cooperación de sus rivales regionales.
Malasia emergió como uno de los focos principales de adquisición y transferencia tecnológica, con acuerdos con Turquía, Corea del Sur, Japón, Francia y Singapur en áreas que abarcan misiles, satélites, radios, ciberseguridad y buques de misión litoral. Indonesia también amplió su papel como actor central, combinando nuevas alianzas de defensa con Japón, Filipinas, Estados Unidos y Francia, al tiempo que equilibró su postura frente a Moscú y Pekín. En materia de disputas, el conflicto fronterizo entre Tailandia y Camboya volvió a tensarse, mientras la rivalidad entre China y Filipinas en el mar de China Meridional siguió alimentando un clima de inseguridad persistente y competencia estratégica regional.
Situación de Militarización y Operaciones
Durante el período analizado, los estados del Sudeste Asiático se han caracterizado por una intensificación sostenida en la adquisición y desarrollo de capacidades militares. En conjunto con actores externos, la subregión ha celebrado contratos de compra de vehículos aéreos tripulados y no tripulados (drones), vehículos terrestres y marítimos, misiles, equipos de telecomunicaciones y sistemas de inteligencia artificial, entre otros. En paralelo, se han ejecutado —y continúan desarrollándose— ejercicios militares conjuntos con potencias extrarregionales, siendo los más relevantes los ejercicios Balikatan en Filipinas, junto a Estados Unidos y otros aliados estratégicos.
Adicionalmente, los asuntos fronterizos se han abordado desde perspectivas variadas, tanto con el reforzamiento interno de las provincias de frontera como mediante la cooperación para la prevención de fenómenos como la migración irregular. En este contexto, las grandes potencias mantienen un rol activo en la región; tanto China como Estados Unidos continúan proveyendo equipamiento y tecnología militar a sus aliados, mientras que actores europeos y asiáticos incrementan progresivamente su presencia. Un caso particularmente relevante es la expansión de empresas turcas en el mercado de defensa del Sudeste Asiático, especialmente tras la firma de múltiples contratos con Malasia.
La influencia militar china se ha mantenido constante, priorizando la cooperación con sus principales socios regionales. En su mayoría, China coopera con estados autocráticos, socialistas o similares en su institucionalidad política. Entre los casos recientes se encuentra Camboya, estado que recibió su primera corbeta de misiles guiados del tipo 056 el 4 de abril pasado en la Base Naval de Ream, generando preocupación en Tailandia en el contexto de sus disputas marítimas con Nom Pen.
Por su parte, Estados Unidos se mantiene como la potencia con mayor participación en la región mediante su abierta cooperación militar, tanto a través de la venta de equipamiento como de la organización de ejercicios militares conjuntos. Bajo esta última estrategia, los ejercicios Balikatan, con sede anual en Filipinas, reúnen a Estados Unidos, Filipinas y aliados regionales como Japón, Australia, Nueva Zelanda, Francia y Canadá. Los ejercicios concentran a más de 17.000 tropas internacionales y se enfocan en la seguridad marítima, el combate costero y la ciberdefensa. La inclusión de Japón marca un cambio en la política regional con respecto al sistema de seguridad en el mar de la China Meridional y constituye un hito histórico, puesto que las tropas japonesas no habían ingresado al territorio filipino desde el final de la Segunda Guerra Mundial.
Las maniobras del ejercicio Balikatan 2026, iniciadas el 20 de abril y previstas hasta el 8 de mayo, abarcan múltiples zonas estratégicas del archipiélago filipino. Las principales áreas de entrenamiento se orientan hacia el mar de la China Meridional y el estrecho de Taiwán. En el norte de Luzón —incluyendo Ilocos Norte, Cagayán y las islas Batanes— se realizan prácticas de defensa aérea y costera. Palawan sirve como escenario central para simulacros de contradesembarco y defensa ante asaltos anfibios. Zambales y Fort Magsaysay se emplean como centros de ejercicios de fuego real terrestre y operaciones de mando y control.
En cuanto al equipamiento desplegado, las fuerzas navales filipinas han empleado fragatas de misiles de la clase José Rizal, buques de desembarco y patrulleras costeras dedicadas a la guerra antisubmarina y de escolta. En materia de sistemas misilísticos se han utilizado sistemas de defensa aérea SPYDER (Surface-to-air PYthon and DERby) recientemente adquiridos, junto con el sistema Typhon, operado conjuntamente con Estados Unidos y capaz de lanzar misiles de largo alcance. Los drones y sistemas aéreos no tripulados proporcionan vigilancia y reconocimiento en tiempo real durante los ataques marítimos simulados, mientras que los vehículos anfibios AAV (Assault Amphibious Vehicle, vehículo anfibio de asalto) son empleados por la Infantería de Marina en las costas de Palawan para operaciones de desembarco y defensa costera. La aviación de apoyo incluye aviones de transporte C-130J y helicópteros S-70i Black Hawk para el despliegue de tropas de reacción rápida y el soporte logístico.
En cuanto a participación, el ejercicio cuenta con aproximadamente 17.600 participantes, de los cuales alrededor de 5.600 pertenecen a las Fuerzas Armadas de Filipinas, distribuidos entre el Ejército de Tierra, la Infantería de Marina y las fuerzas aérea y naval. El Ejército de Tierra participa en operaciones de defensa costera, fuego real en Fort Magsaysay y tácticas de guerra urbana. La Infantería de Marina lidera los ejercicios de contradesembarco y asalto anfibio en Palawan. La Fuerza Aérea y la Armada proporcionan apoyo logístico, transporte de tropas y cobertura en misiones de interceptación marítima. En términos comparativos, Estados Unidos aporta aproximadamente 12.000 efectivos; Filipinas, unos 5.600; Japón, un contingente histórico de cerca de 1.400 soldados —la primera vez que tropas de combate terrestres japonesas ingresan a suelo filipino—; Australia, alrededor de 111 especialistas; y participan además unidades de Francia, Canadá y Nueva Zelanda.
La sucesión de estos entrenamientos ha despertado gran preocupación en la República Popular China, que ha respondido anunciando la organización de ejercicios militares en las costas de la isla norteña filipina de Luzón. La medida fue descrita como «una acción necesaria en respuesta a la actual situación regional». El Ejército Popular de Liberación (EPL) llevará a cabo simulacros de fuego real, coordinación marítima y aérea, maniobras rápidas y reabastecimiento en alta mar, con el objetivo de poner a prueba las capacidades operativas conjuntas integradas de sus tropas. China había expresado previamente su preocupación por los ejercicios filipino-norteamericanos y la inclusión japonesa, enfatizando que la región requería paz y estabilidad y no la introducción de fuerzas exteriores que generasen división y confrontación.
Paralelamente, Estados Unidos ha continuado su presencia en Tailandia con operaciones rutinarias de aeronaves en Krabi y en Singapur con el tránsito y escala de sus buques en el puerto de Changi, particularmente el USS Blue Ridge, buque insignia de la 7.ª Flota. Asimismo, el Departamento de Estado estadounidense aprobó la venta militar de misiles guiados M30A2 al Gobierno de Singapur, valorizada en 83 millones de dólares. De igual manera, el Departamento de Estado anunció el establecimiento de un depósito de reabastecimiento de combustible en la isla de Mindanao, al sur de Filipinas.
El caso más emblemático en el ámbito de las adquisiciones recientes ha sido, sin embargo, la incursión de empresas turcas en contratos millonarios con Malasia en diversos campos de la tecnología militar, acercamiento propiciado en parte por la crisis del estrecho de Ormuz. En el ámbito aeroespacial, CTech cooperará con la empresa malaya AR Eastern en el campo de las comunicaciones satelitales para mejorar las telecomunicaciones de las Fuerzas Armadas de Malasia. Asimismo, la empresa turca Aselsan unirá fuerzas con la compañía malaya Boustead para el desarrollo de satélites geoestacionarios de comunicaciones. Por su parte, Havelsan, empresa turca especializada en software e inteligencia artificial, cooperará con la empresa malaya MIVSB para desarrollar un ecosistema nacional de inteligencia artificial, además de fomentar capacidades críticas en infraestructura, tecnología e interacción de mercado. Adicionalmente, la fabricante turca Roketsan concluyó un acuerdo con el Ministerio de Defensa de Malasia para equiparla con misiles de superficie a superficie. Por último, la empresa turca STM equipará a la Armada malaya con tres buques de misión litoral. El conjunto de estos acuerdos representa una importante expansión en la cooperación militar entre dos socios conocidos, que fortalece la confianza política mutua en el contexto de la intención malaya de modernizar su industria local y su defensa nacional.
La política exterior indonesia rechazó la cooperación con Europa en dos aspectos. En primer lugar, Yakarta rechazó la compra de nuevos aviones de transporte militar A400M. En segundo lugar, el Ejército indonesio rechazó el envío de tropas al estrecho de Ormuz, iniciativa propuesta por el Reino Unido y Francia para conformar una misión multinacional destinada a salvaguardar la seguridad de esa ruta comercial. No obstante, Indonesia ha incrementado su cooperación militar con Francia en equipamiento de defensa y fortalecimiento de la industria de seguridad. En cuanto a su relación con China, el 8 de abril pasado, civiles indonesios descubrieron una nave de origen desconocido en las proximidades del estrecho de Lombok. Las sospechas apuntaron a un dron submarino (USV, por sus siglas en inglés: Unmanned Surface/Undersea Vehicle, vehículo no tripulado de superficie/subacuático) presuntamente empleado para actividades de inteligencia en beneficio de Beijing.
Por su parte, Corea del Sur transferirá a Indonesia el prototipo del caza supersónico KF-21 Boramae en un acuerdo valorizado en 600.000 millones de wones (aproximadamente 406 millones de dólares). Asimismo, la empresa coreana Hanwha Aerospace, junto con la firma malaya Cendana Auto, contribuirá al desarrollo del MIFV-CH25, plataforma que integra telecomunicaciones y geolocalización modernas para la infantería mecanizada malaya.
En cuanto a Singapur, la empresa local ST Engineering aseguró la subcontratación de un encargo de la emiratí Abu Dhabi Ship Building (ADSB) para diseñar y fabricar el sistema de aprovisionamiento de los buques lanzamisiles de Kuwait, acuerdo valorizado en aproximadamente 600 millones de dólares. Del mismo modo, el grupo militar polaco Niewiadów se asoció con la estadounidense Northrop Grumman y con ST Engineering para la producción de municiones de 155 y 40 milímetros en Polonia, contrato estimado en unos 23,8 millones de eslotis polacos (PLN).
Por último, Malasia introdujo un dron HDS NSS de bajo costo para operaciones tácticas con un alcance de hasta 20 kilómetros. Asimismo, Kuala Lumpur fortaleció sus vínculos con Airbus mediante memorandos de entendimiento (MoU, por sus siglas en inglés: Memorandum of Understanding) y acuerdos de mantenimiento, reparación y revisión (MRO, Maintenance, Repair and Overhaul), junto con programas de colaboración en entrenamiento. De forma similar, Malasia incorporará más de 100 radios Thales para optimizar las telecomunicaciones internas del Ejército malayo. Adicionalmente, Kuala Lumpur recibió equipamiento japonés valorizado en 9 millones de yenes para monitorear el conflicto fronterizo entre Tailandia y Camboya, en el marco de su plan de conformar un equipo de monitoreo de la paz compuesto por países del Sudeste Asiático.
Situación de Disputas y Seguridad territorial
El Sudeste Asiático ha experimentado una escalada progresiva en la gravedad de los acontecimientos de seguridad, particularmente en relación con el conflicto fronterizo entre Tailandia y Camboya. El escenario se agravó a lo largo de las semanas tras las declaraciones del primer ministro tailandés, Anutin Charnvirakul, quien señaló la posibilidad de anular el Memorando de Entendimiento 44 (MOU 44) del año 2001, suscrito entre Bangkok y Nom Pen. La anulación eliminaría el régimen de recursos compartidos en el mar adyacente a las costas de ambos países, reactivando disputas históricas por el control de las materias primas presentes en ese territorio marítimo.
Las denuncias de actividad militar en las áreas terrestres fronterizas entre ambas partes se han mantenido constantes en las últimas semanas, tendencia sostenida desde el alto al fuego alcanzado el julio del año anterior. El 5 de abril, Camboya acusó a Tailandia de movilización de tropas en áreas ocupadas de la provincia fronteriza de Preah Vihear. A partir del 10 de abril, el Ejército Real de Tailandia emprendió la construcción de 182 refugios en zonas fronterizas para resguardar a la población civil ante un eventual nuevo enfrentamiento armado. Ante estas acciones, el Ministerio de Relaciones Exteriores y Cooperación Internacional de Camboya protestó denunciando las «actividades ilegales» llevadas a cabo por las fuerzas tailandesas. Posteriormente, el 17 de abril, el jefe de la Armada tailandesa informó que los cruces fronterizos de Chanthaburi y Trat permanecerían cerrados, descartando su reapertura. Finalmente, el 23 de abril, el primer ministro tailandés anunció la construcción de cercos tanto en la frontera con Camboya como en la frontera con Malasia, consolidando una estrategia de contención territorial.
Con respecto a la disputa marítima entre China y Filipinas por la soberanía en el mar de la China Meridional, si bien el presente período no registró un enfrentamiento militar directo, el escenario no fue ajeno a las acciones disuasivas de ambas partes. El 9 de abril, la Secretaría de Transporte y la Guardia Costera filipinas inauguraron una nueva estación de guardacostas en la isla Thitu, perteneciente al archipiélago de las Spratly. La medida tiene como objetivo resguardar la soberanía filipina sobre las islas, proteger los intereses nacionales y facilitar las actividades cotidianas de los pescadores filipinos. Días después, Filipinas acusó a pescadores chinos de verter cianuro en el mar de la China Meridional, acto descrito como «sabotaje» por la parte filipina, al supuestamente intentar envenenar las poblaciones de peces locales y privar a las tropas filipinas de los cardúmenes que las abastecen en el atolón de Second Thomas. El Consejo de Seguridad Nacional de Filipinas acusó a China de llevar a cabo estas prácticas de envenenamiento de la fauna marina desde el año pasado.
China rechazó categóricamente estas acusaciones. El portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores chino, Guo Jiakun, calificó las afirmaciones de «completamente inverosímiles y carentes de mérito para ser refutadas», y sostuvo que, por el contrario, Filipinas ha hostigado ilegalmente a embarcaciones chinas dedicadas a actividades pesqueras regulares.

Situación de Diplomacia y Respuesta Internacional
En el plano diplomático, Indonesia se consolidó como el principal foco de atención regional, a raíz de las polémicas declaraciones del ministro de Finanzas indonesio, Purbaya Yudhi Sadewa. El funcionario sugirió la posibilidad de imponer un gravamen a los buques que cruzaran el estrecho de Malaca, en un contexto marcado por la creciente relevancia estratégica del estrecho de Ormuz como arteria del comercio global. Purbaya agregó que la medida era coherente con la visión del presidente Prabowo Subianto de convertir a Indonesia en un actor central del comercio marítimo internacional. Sin embargo, dos días después, el ministro aclaró que sus comentarios no habían sido formulados con seriedad. El desliz diplomático concluyó con el mandatario reconociendo que la medida contravendría el derecho internacional del mar, la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (CONVEMAR) y el derecho consuetudinario, que establecen que el paso inocente no puede ser restringido ni gravado, ya que ello violaría la libertad de navegación.
Como potencia regional, Indonesia ha afianzado su rol incrementando su cooperación en seguridad con Japón, Filipinas, Estados Unidos, Francia y Singapur. En el ámbito energético, Yakarta firmó un acuerdo con Rusia para garantizar la preservación de su seguridad energética mediante la importación de hasta 150 millones de barriles de petróleo ruso. La medida contribuirá a la estabilidad del mercado nacional, actualmente con producción insuficiente para sustentar el consumo interno, y reducirá el impacto de las fluctuaciones de precio.
En cuanto a su relación con Japón, Indonesia busca profundizar su asociación de defensa. Japón es un socio comercial y financiero de relevancia para Yakarta, que ha manifestado interés en las fragatas de la clase Mogami, buques de 5.500 toneladas equipados con un sistema de lanzamiento vertical de 16 celdas capaz de disparar misiles antiaéreos avanzados y misiles antisubmarinos de lanzamiento vertical. Japón ofreció, además, un arreglo conjunto con PT PAL Indonesia para la fabricación de cuatro buques de esta clase.
Indonesia y Filipinas, por su parte, fortalecieron su cooperación en defensa en el marco de la 5.ª edición de las Reuniones Militares Filipinas-Indonesia. En dicha ocasión, ambas partes firmaron un acuerdo para que sus fuerzas armadas profundicen la cooperación militar, la cual incluirá intercambio de personal para educación militar, ejercicios conjuntos y el intercambio de datos sobre tecnología militar. Asimismo, acordaron intensificar el patrullaje en los mares de Joló (Sulú) y Célebes.
Con respecto a la actividad estadounidense, Washington y Yakarta formalizaron la firma del Acuerdo Marco de Cooperación en Defensa, que fortalece su alianza, afianza la disuasión regional y promueve sus compromisos hacia la paz por medio de la fuerza. Adicionalmente, Estados Unidos ha solicitado acceso al espacio aéreo indonesio para ejercicios rutinarios y de emergencia. Indonesia evalúa dicha solicitud: la portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores, Yvonne Mewengkang, indicó que la decisión considerará los intereses nacionales, la soberanía aérea de Indonesia y su política exterior activa e independiente, lo que podría modificar la histórica neutralidad del país.
Indonesia impulsó también su cooperación en seguridad con Francia mediante un acuerdo que incluye equipamiento en defensa y fortalecimiento de la industria de seguridad. Las Fuerzas Aéreas de Indonesia y Singapur estrecharon sus lazos en defensa tras una reunión celebrada en Cilangkap, en el este de Yakarta, en la cual se abordaron el entrenamiento conjunto, la educación y las operaciones humanitarias y de prevención de desastres.
Finalmente, Malasia ha incrementado su cooperación con diversas empresas turcas para invertir en ciberseguridad, telecomunicaciones e innovación tecnológica armamentista. Con el propósito de preservar su seguridad marítima, firmó asimismo un contrato con Corea del Sur valorizado en 94 millones de dólares para la adquisición del misil naval Cheongung, que serán instalados en las corbetas de la clase Ada de la Armada Real de Malasia, lo que marca la primera venta internacional de ese sistema de armas coreano.
Pacífico Sur
| Países | Nivel de la Subregión | |||||||
| Australia, Nueva Zelanda, islas del Pacífico | 🟡 Acciones (2.3) | |||||||
| Situación | Puntaje | Nivel | ||||||
| Militarización y Operaciones | 3.2 | 🟠Amenaza | ||||||
| Disputas y Seguridad territorial | 2.1 | 🟡 Acciones | ||||||
| Diplomacia y Respuesta internacional | 2.1 | 🟡 Acciones | ||||||
Entre el 6 y el 26 de abril de 2026, el Pacífico Sur entró en una fase de redefinición estratégica marcada por la consolidación de capacidades defensivas, la expansión de ejercicios multinacionales y una creciente vulnerabilidad territorial frente a crisis políticas y climáticas. Australia encabezó este giro con su Estrategia Nacional de Defensa 2026, que introduce la doctrina de denegación, incrementa su inversión militar y acelera la adquisición de fragatas, misiles de largo alcance y capacidades vinculadas a AUKUS y a la futura recepción de submarinos nucleares.
En paralelo, su papel en Balikatan 2026 confirmó una presencia operativa más activa junto a Estados Unidos, Filipinas, Francia y Nueva Zelanda, con foco en guerra antisubmarina, defensa costera, ciberdefensa e ինտeroperabilidad multinacional. Francia y Nueva Zelanda también ampliaron su implicación regional. Al mismo tiempo, el espacio insular enfrentó fragilidades estructurales: crisis de gobernabilidad en Papúa Nueva Guinea y las Islas Salomón, tensiones en Nueva Caledonia, emergencias energéticas en Tuvalu y Fiji, y daños severos provocados por ciclones y tifones que afectaron infraestructuras críticas. En diplomacia, las islas Cook, Palau, India, el Quad y el PIF reflejaron una región donde la seguridad depende tanto de alianzas como de resiliencia económica, logística y climática.
Situación de Militarización y Operaciones
La militarización del Pacífico Sur ha entrado en una fase de hibridación doctrinaria y consolidación de capacidades soberanas. El suceso de mayor peso sistémico durante el período fue el lanzamiento de la Estrategia Nacional de Defensa 2026 de Australia, publicada el 16 de abril. Este documento no constituye una mera actualización presupuestaria, sino una ruptura conceptual con décadas de ambigüedad estratégica australiana. Con un incremento de 53.000 millones de dólares distribuidos a lo largo de la próxima década, Canberra adopta formalmente la estrategia de denegación como eje rector de su postura defensiva. Su objetivo es impedir que cualquier potencia adversaria proyecte fuerza hacia el territorio australiano a través de sus aproximaciones marítimas septentrionales, lo que implica una transformación sustantiva de su estructura de fuerzas: adquisición de sistemas HIMARS para el ejército de tierra, misiles de crucero de largo alcance para la aviación táctica y el desarrollo de una flota de superficie con mayor letalidad y autonomía operativa.
El 18 de abril se confirmó la aceleración en la entrega de nuevas fragatas australianas de propósito general, equipadas con sistemas Aegis y misiles de ataque terrestre. Dos días después, el 20 de abril, Australia y Japón suscribieron un acuerdo histórico para la construcción de fragatas clase Mogami, que representa el nivel más profundo de cooperación técnico-militar bilateral entre ambas naciones hasta la fecha. La adopción de un diseño naval japonés consolida una interoperabilidad tecnológica que será determinante para las operaciones conjuntas en el teatro del Pacífico Sur. Asimismo, el 24 de abril Australia confirmó estar plenamente preparada para albergar submarinos de propulsión nuclear en la Base Naval de Stirling, un avance clave dentro del marco AUKUS (alianza trilateral de seguridad entre Australia, el Reino Unido y Estados Unidos). La progresión es clara: Canberra está construyendo de manera simultánea doctrina, infraestructura e interoperabilidad necesarias para asumir un rol de potencia regional de primer orden, desplazando el modelo previo en el que la carga estratégica recaía principalmente sobre los activos desplegados por Estados Unidos.
En el plano operativo, el 21 de abril dio inicio el ejercicio Balikatan 2026 en Filipinas, en el que Australia consolidó su papel como tercer pilar de seguridad en el Indo-Pacífico junto a Filipinas y Estados Unidos. Con el despliegue de 400 efectivos y activos de alto valor —como la fragata HMAS Toowoomba—, Canberra envió un mensaje claro de compromiso con el orden basado en normas y con la soberanía territorial filipina. La Fuerza de Defensa Australiana (ADF, por sus siglas en inglés) desplegó además aeronaves P-8 Poseidon, lo que subraya su especialización en la denegación de área y el dominio marítimo. Al integrar estos activos en maniobras de fuego real y guerra antisubmarina en el mar de la China Meridional, Australia demostró su capacidad para operar en entornos disputados, no solo con presencia simbólica sino con capacidad técnica efectiva para detectar y neutralizar amenazas en una de las rutas comerciales más críticas del mundo.
Lo más destacado del ejercicio en esta edición fue la coordinación táctica multinivel. La inclusión de elementos de control aéreo táctico y equipos de ciberdefensa indica que la relación entre la ADF y las Fuerzas Armadas de Filipinas (AFP, por sus siglas en inglés) ha madurado más allá del entrenamiento básico. La capacidad de las tropas australianas para operar bajo mandos conjuntos en ejercicios de defensa costera en Palawan demuestra que, ante un conflicto real, las fuerzas están preparadas para funcionar como una maquinaria bélica integrada, compartiendo inteligencia y comunicaciones en tiempo real. Cabe destacar que Australia es, junto a Estados Unidos, la única nación con un Acuerdo de Fuerzas Visitantes (VFA, por sus siglas en inglés) con Filipinas. Su participación en 2026, junto a países como Francia y Japón, transforma a Balikatan de un ejercicio bilateral en una coalición multilateral de facto, lo que sirve para disuadir acciones unilaterales en la región y garantizar que los intereses de seguridad de cada socio no se vean comprometidos por la inestabilidad en el archipiélago filipino.
Francia también desplegó en Balikatan 2026 el Grupo de Tareas Jeanne d’Arc 2026, una formación de élite orientada a operaciones de largo alcance. Dicho grupo incluye el FS Dixmude (L9015), portahelicópteros de asalto de la clase Mistral que actúa como centro de mando móvil y transporta una flota de helicópteros de transporte y ataque, además de lanchas de desembarco rápido; el FS Aconit (F713), fragata furtiva modernizada que proporciona escolta, defensa antiaérea y capacidades de guerra electrónica; aeronaves no tripuladas (UAV, por sus siglas en inglés) integradas en los buques para el reconocimiento de costas previo a los desembarcos; y aproximadamente 800 efectivos, incluidas unidades de la Infantería de Marina (Troupes de Marine), participando en maniobras de combate de alta intensidad. Francia realizó un asalto anfibio combinado, lideró los desembarcos en playas filipinas y coordinó sus lanchas con los medios de Estados Unidos y Filipinas para asegurar los perímetros costeros. Por primera vez a gran escala, también desplegó especialistas en ciberdefensa para proteger las redes de comunicación del ejercicio frente a ataques simulados. Esta participación subraya la intención de París de actuar como socio operativo capaz de integrar tecnología digital y potencia de fuego en apoyo a la estabilidad regional, y no simplemente como observador.
La Fuerza de Defensa de Nueva Zelanda (NZDF, por sus siglas en inglés) también marcó un hito en Balikatan 2026: por primera vez en su historia, participó como actor directo en el mayor despliegue de defensa conjunta realizado en suelo filipino, en lugar de limitarse al rol de observador. Con un contingente de 70 efectivos, Nueva Zelanda priorizó la calidad técnica y la integración sobre el volumen de equipos. Aunque no desplegaron buques ni aeronaves propios, su presencia fue determinante en el terreno y en los centros de mando. Integrados en unidades combinadas como el Combat Team Jackal, los soldados neozelandeses aportaron su experiencia en tácticas de infantería ligera y coordinación de precisión. El escenario más exigente tuvo lugar en las costas de Palawan, donde el contingente participó en ejercicios de contradesembarco, operando junto a fuerzas de Filipinas y Estados Unidos con sistemas de fuego directo y coordinando lanzamientos de misiles de precisión. Más allá del fuego real, la participación neozelandesa destacó por su profundidad diplomática: sus especialistas trabajaron en nodos de inteligencia de alta tecnología, mientras sus líderes estrecharon lazos en simposios de alto nivel, reafirmando el compromiso de Wellington con la seguridad regional.
En el ámbito de la defensa contra amenazas emergentes, el 21 de abril Australia anunció una inversión de 7.000 millones de dólares para desarrollar sistemas de defensa contra drones y misiles de baja cota, en respuesta directa a las lecciones extraídas de los conflictos en Ucrania y el Golfo, donde los enjambres de drones han demostrado capacidad para saturar y evadir defensas tradicionales de alto costo. En el plano institucional, el 8 de abril Chris Penk fue nombrado 44.º ministro de Defensa de Nueva Zelanda, el primero en haber servido tanto en la Armada Real neozelandesa como en las fuerzas australianas, lo que refuerza el impulso hacia la integración militar total con la ADF prevista para 2035.
Sin embargo, la lección estratégica más contundente del período provino no de una decisión política, sino de un fenómeno natural. El supertifón Sinlaku, con vientos que superaban los 285 km/h, impactó las islas Marianas y Guam el 14 de abril como huracán de categoría 4, provocando daños estructurales en la base aérea de Andersen, inutilizando temporalmente la pista del Aeropuerto Internacional Antonio B. Won Pat y contaminando el lago Fena, fuente hídrica estratégica para la base naval. El puente aéreo militar en Micronesia quedó paralizado durante días críticos. Un único evento meteorológico demostró ser capaz de neutralizar una capacidad de proyección de fuerza que requirió décadas y miles de millones de dólares en construirse, forzando una reevaluación de la huella militar estadounidense en el Pacífico, con creciente énfasis en la dispersión de activos hacia Australia y el sudeste asiático como medida de resiliencia estratégica.
Situación de Disputas y Seguridad territorial
En Melanesia, dos focos de inestabilidad institucional gravitan con especial peso sobre la seguridad territorial. En Papúa Nueva Guinea, el 7 de abril el ministro de Defensa Billy Joseph abandonó voluntariamente su cargo en respuesta a alegaciones de interferencia política en los procesos de reclutamiento de la Fuerza de Defensa de Papúa Nueva Guinea (PNGDF, por sus siglas en inglés). Este escándalo erosiona la confianza pública en la gestión militar del gobierno de Marape en un momento especialmente delicado: la implementación del Tratado Pukpuk con Australia, que permitiría la incorporación de hasta 10.000 ciudadanos papúes en las Fuerzas de Defensa Australianas. Si bien el acuerdo responde a necesidades de reclutamiento australianas y ofrece oportunidades laborales, analistas advierten que podría comprometer la soberanía nacional y situar a estos ciudadanos como activos prescindibles en un conflicto de alta intensidad entre grandes potencias. El 20 de abril, el líder opositor James Nomane intensificó sus críticas contra el primer ministro Marape, acusándolo de desmantelar la PNGDF desde dentro y de encubrir los escándalos de reclutamiento, lo que profundizó la crisis de legitimidad institucional.
En las Islas Salomón, el 23 de abril el líder opositor Peter Kenilorea advirtió que el primer ministro Jeremiah Manele habría perdido la mayoría parlamentaria tras la deserción de varios ministros, operando de facto como un gobierno en minoría con capacidad limitada de control legislativo. Esta inestabilidad reviste una dimensión estratégica particular debido al pacto de seguridad vigente con China, que convierte la gobernabilidad interna del archipiélago en un factor clave del equilibrio regional. La posibilidad de que actores externos capitalicen el vacío institucional para ampliar su influencia frente a Australia y Estados Unidos eleva este escenario a un riesgo de seguridad de alcance regional. A ello se suma la fractura política registrada el 6 de abril en la Polinesia Francesa, donde catorce miembros jóvenes del partido Tavini Huiraatira presentaron su renuncia masiva en torno a disputas sobre la explotación de recursos minerales submarinos, comprometiendo la cohesión interna en un contexto de creciente competencia geoeconómica.
El impacto de los fenómenos climáticos extremos completa el cuadro de riesgo territorial. El 7 de abril, el ciclón tropical Maila —categoría 5, con vientos superiores a los 185 km/h— impactó Papúa Nueva Guinea y las Islas Salomón, interrumpiendo misiones de patrullaje pesquero y obligando a desplegar activos militares para tareas humanitarias. Días después, el supertifón Sinlaku —descrito en la sección anterior— produjo un apagón total en Saipán y Tinián, con el colapso de la infraestructura de telecomunicaciones y graves daños en redes eléctricas cuya reparación se estimó en meses. Una semana después, gran parte de la población de Saipán seguía sin acceso a agua ni electricidad, generando tensiones sociales adicionales. En Tuvalu, la declaración de estado de emergencia el 25 de abril y la implementación de racionamiento energético en Funafuti evidencian la dimensión más crítica de la seguridad territorial en el Pacífico insular: la incapacidad operativa del Estado para sostener servicios básicos compromete, en la práctica, su soberanía efectiva.
En el plano de los derechos humanos y la seguridad interna, el 24 de abril se reportó la muerte violenta del activista Jone Vakarisi bajo custodia militar en Fiji, con lesiones graves en la cabeza y el pecho. Las Fuerzas Militares de la República de Fiji afirmaron que se trató de una emergencia médica, pero organismos internacionales de derechos humanos exigieron una investigación criminal independiente, lo que generó una tensión renovada entre el ejército y la sociedad civil. Un informe del organismo de derechos humanos de Francia, publicado el 19 de abril, detalló el uso violento y desproporcionado de la fuerza por parte de las fuerzas de seguridad francesas durante la crisis de 2024 en Nueva Caledonia, incluido el empleo de helicópteros para disparar contra civiles. Esta revelación alimenta el resentimiento de las poblaciones kaneka y aumenta el riesgo de nuevos disturbios, recordando que las fracturas coloniales no resueltas continúan siendo un vector de inestabilidad territorial de primer orden en el Pacífico Sur.
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Situación de Diplomacia y Respuesta Internacional
La diplomacia regional está dominada por un pragmatismo de contención y la gestión simultánea de múltiples emergencias derivadas de la inestabilidad global. El suceso diplomático de mayor relevancia estratégica del período fue la firma de la Declaración sobre Defensa y Seguridad entre las islas Cook y Nueva Zelanda el 7 de abril. El acuerdo restaura 29,8 millones de dólares neozelandeses en ayuda financiera previamente congelada por Wellington como respuesta al acercamiento de Avarua hacia Beijing durante 2024 y 2025. La cláusula central estipula que las islas Cook consultarán a Nueva Zelanda como socio preferente antes de entablar acuerdos de seguridad con terceros: un mecanismo de contención de la influencia china en la Polinesia articulado mediante incentivos económicos en lugar de presión coercitiva. El primer ministro Mark Brown precisó el 8 de abril que el acuerdo no implica cesión de soberanía ni instalación de bases militares extranjeras, preservando así el margen de maniobra del archipiélago en un entorno de creciente polarización. Este caso ilustra la lógica dominante de la diplomacia del Pacífico en 2026: los pequeños estados insulares utilizan su posición geográfica y su capacidad de cambiar de alineamiento como palancas de negociación para maximizar los beneficios obtenidos de sus socios de seguridad.
La crisis energética derivada del conflicto en Medio Oriente ha demostrado ser más desestabilizadora para el Pacífico Sur que cualquier amenaza militar directa durante el período. El 9 de abril, Fiji tomó medidas de austeridad extrema con una propuesta de recorte salarial del 20 % para el ejecutivo ante el asfixiante impacto de los precios del petróleo. El 12 de abril se confirmó que Tuvalu no tenía asegurado el suministro de combustible más allá de junio de 2026, convirtiendo la crisis energética en la mayor amenaza para la seguridad del Estado, por encima incluso del riesgo derivado del aumento del nivel del mar. El 13 de abril, el Atlantic Council advirtió que el choque energético global estaba forzando a las naciones del Pacífico a elegir entre costear medicamentos o combustible, y calificó esta situación como una trampa de seguridad en la que la dependencia de los combustibles fósiles se convierte en una vulnerabilidad explotable mediante diplomacia energética. El 24 de abril, el primer ministro Rabuka anunció que Fiji disponía de reservas estables, aunque el impacto del precio seguía erosionando la economía familiar, y lanzó un programa de subsidios de 56 millones de dólares para el transporte y la pesca artesanal como medida de contención social.
El Foro de las Islas del Pacífico (PIF, por sus siglas en inglés) atravesó durante el período su momento de mayor tensión institucional, evidenciando las fracturas estructurales del multilateralismo regional. El 16 de abril, el primer ministro de las islas Salomón, Jeremiah Manele, invocó la Declaración de Biketawa en la troika del PIF y declaró una emergencia regional de combustible. Esta acción, que en principio debería haber activado los mecanismos de asistencia mutua del bloque, fue recibida con escepticismo por naciones que no habían sido previamente consultadas. Al día siguiente, la Secretaría del PIF emitió un comunicado en el que matizó las palabras de Manele y señaló que la emergencia aún requería consulta formal con todos los líderes. Este episodio demuestra que la activación unilateral de instrumentos multilaterales puede derivar en parálisis operativa, abriendo espacio a actores externos que ofrecen asistencia inmediata a cambio de concesiones estratégicas.
En el ámbito humanitario, el 20 de abril Australia y Nueva Zelanda desplegaron vuelos de ayuda con alimentos, suministros médicos y materiales de reconstrucción hacia las comunidades afectadas por los ciclones en Papúa Nueva Guinea y las islas Salomón. El 17 de abril, el Quad (foro estratégico integrado por Australia, Estados Unidos, India y Japón) expandió su red logística regional para mejorar la coordinación de suministros y la resiliencia ante desastres, buscando crear una infraestructura de apoyo no dependiente exclusivamente de las bases estadounidenses dañadas en Guam. La gira del ministro de Estado indio Pabitra Margherita por Vanuatu y Tuvalu, concluida el 25 de abril, ejemplificó un modelo diplomático alternativo enmarcado en la política Act East, con cooperación en telemedicina y energías renovables, sin las condicionalidades de seguridad propias de las potencias occidentales ni la opacidad estratégica que caracteriza los acuerdos chinos. La brecha entre las promesas de transición energética de largo plazo y la necesidad urgente de diésel subraya, no obstante, que la diplomacia de la resiliencia tiene límites concretos cuando la crisis es inmediata.
Finalmente, dos episodios ilustran con precisión las tensiones internas que atraviesa la presencia estadounidense en la región. El 11 de abril, el gobierno federal de Estados Unidos sostuvo ante la Corte Suprema que posee autoridad para negar la ciudadanía por nacimiento a los residentes de Guam, lo que provocó una ola de indignación política en la isla, cuyos líderes argumentaron que el territorio paga un alto precio estratégico como base de vanguardia sin representación democrática plena. Una población que se siente tratada como ciudadana de segunda clase representa una vulnerabilidad estratégica explotable por potencias rivales en sus narrativas de descolonización. En contraste, la visita de Estado del presidente de Palau, Surangel Whipps Jr., a Nueva Zelanda el 10 de abril reforzó el discurso de la seguridad colectiva como escudo frente a las presiones chinas derivadas del reconocimiento diplomático de Taiwán, con la ciberseguridad emergiendo como prioridad conjunta, en línea con la advertencia lanzada el 15 de abril por Singapur sobre el uso de inteligencia artificial para automatizar ciberataques y reducir los tiempos de intrusión de meses a horas.
En conjunto, el Pacífico Sur se encuentra en un estado de alerta sostenida en el que la gestión de crisis se ha consolidado como norma operativa diaria, y donde la seguridad ya no depende únicamente del poder militar, sino de la capacidad de garantizar estabilidad económica y resiliencia estructural de las islas frente a un entorno global y climático cada vez más exigente.

Pacífico Este
| Países | Nivel de la Subregión | |||||||
| Estados Unidos y Canadá | 🟡 Acciones (2.2) | |||||||
| Situación | Puntaje | Nivel | ||||||
| Militarización y Operaciones | 2.4 | 🟡 Acciones | ||||||
| Disputas y Seguridad territorial | 2 | 🟡 Acciones | ||||||
| Diplomacia y Respuesta internacional | 2.2 | 🟡 Acciones | ||||||
Entre comienzos y fines de abril de 2026, la postura estadounidense en el Asia-Pacífico mostró una adaptación marcada por la presión simultánea de la guerra en Medio Oriente y la necesidad de sostener una disuasión creíble frente a China. La reducción temporal de la densidad aeronaval fue compensada con presencia distribuida, interoperabilidad con aliados y un despliegue creciente de capacidades multidominio. En ese marco, Balikatan 2026 se convirtió en la principal demostración de fuerza del período: más de 17.000 efectivos de Estados Unidos, Filipinas y socios como Japón, Australia, Francia, Canadá y Nueva Zelanda ejecutaron maniobras de fuego real, defensa antimisil, negación del mar, ciberdefensa y operaciones anfibias en zonas críticas como Batanes, Luzón y Palawan. El ejercicio evidenció un salto cualitativo en la integración táctica aliada y en la preparación para escenarios de combate en entornos litorales disputados.
Paralelamente, Washington avanzó hacia un modelo de guerra más distribuido, apoyado en drones navales, sistemas de precisión, nuevos esquemas logísticos y mayores inversiones presupuestarias. Sin embargo, esta transición ocurre bajo tensión: el consumo de misiles y la dispersión de medios en otros teatros han limitado la masa crítica disponible en el Indo-Pacífico, obligando a Estados Unidos a equilibrar presencia, credibilidad y resiliencia estratégica en una región cada vez más sensible.
Situación de Militarización y Operaciones
Entre comienzos y finales de abril de 2026, la postura militar estadounidense en el Asia-Pacífico continuó evidenciando una tensión estructural entre la conducción de operaciones de alta intensidad en Medio Oriente y la necesidad de sostener una disuasión creíble en el teatro indopacífico. Esta dinámica no ha implicado una retirada formal, sino una reconfiguración operativa que reduce la densidad de fuerzas de alto valor —particularmente en el dominio aeronaval— y refuerza la dependencia de esquemas de presencia distribuida, interoperabilidad aliada y capacidades emergentes.
En el plano aeronaval, la redistribución de medios hacia el conflicto con Irán generó un vacío relativo en el Indo-Pacífico. Al 6 de abril, no se registraba la presencia activa de un grupo de portaaviones plenamente desplegado en la región, mientras unidades clave habían sido redirigidas hacia el mar Arábigo, el mar Rojo y el Mediterráneo oriental. El portaaviones USS George Washington permanece en puerto en Yokosuka, el USS Theodore Roosevelt regresó a San Diego y el USS Nimitz transita su última etapa operativa en el Pacífico oriental. Esta configuración reduce la capacidad de proyección inmediata de poder aéreo embarcado en el teatro asiático, incrementando la exposición de la arquitectura de disuasión adelantada.
Este reajuste convive con intentos por sostener presencia mediante fuerzas anfibias y buques de mando. El grupo encabezado por el USS Boxer, junto a la 11.ª Unidad Expedicionaria de Marines, se mantiene como uno de los principales elementos de respuesta rápida en el Pacífico central, mientras el USS Blue Ridge continúa operando en el mar de la China Meridional como nodo de mando y control. En paralelo, ejercicios navales combinados con Japón, Australia y Filipinas han buscado compensar parcialmente la menor presencia de portaaviones mediante operaciones multinacionales, reforzando la interoperabilidad y la coordinación táctica en un entorno marítimo crecientemente disputado.
En este marco operativo, el ejercicio Balikatan 2026 adquiere una relevancia central. Iniciado el 20 de abril y con proyección hasta el 8 de mayo, constituye una de las mayores maniobras militares conjuntas entre Estados Unidos y Filipinas, con la participación de más de 17.000 efectivos y contingentes adicionales de Japón, Australia, Canadá, Francia y Nueva Zelanda. Las operaciones se concentran en el norte del archipiélago filipino, particularmente en la provincia de Batanes —punto geoestratégico crítico por su proximidad al estrecho de Taiwán—. A nivel operacional, el ejercicio incluye simulaciones de combate multidominio, defensa antimisil integrada, operaciones de negación del mar y empleo del sistema NMESIS (Naval Strike Missile Employment System), orientados a limitar la libertad de maniobra adversaria en entornos litorales.
En este marco, el ejercicio Balikatan 2026 se ha consolidado como la mayor exhibición de poder militar conjunto en la historia reciente del Indo-Pacífico, con Estados Unidos como su principal motor. El despliegue es de envergadura: entre 10.000 y 12.000 efectivos estadounidenses —de un total de 17.000 participantes— han tomado posiciones estratégicas para validar su capacidad de defensa coordinada junto a sus aliados. La estructura de mando estadounidense ha movilizado unidades de élite. El Cuerpo de Marines (USMC) lidera el frente con la I Fuerza Expedicionaria y el 3.er Regimiento Litoral de Infantería, diseñados específicamente para el combate en entornos insulares. El Ejército (US Army) ha desplegado a la 25.ª División de Infantería y a la 1.ª Fuerza de Tarea Multidominio, apoyadas por el 5.º Batallón del 3.er Regimiento de Artillería. La Fuerza Aérea y la Armada completan este dispositivo con la 317.ª Ala de Transporte y el 3.er Grupo de Ataque Expedicionario.
El arsenal desplegado combina poder de fuego masivo con precisión táctica. En aguas filipinas operan el buque de desembarco USS Ashland y el cortador Midgett de la Guardia Costera. El espacio aéreo está cubierto por bombarderos de la 7.ª Ala de Bombardeo, escoltados por aeronaves de transporte C-130J Super Hercules y helicópteros de carga pesada CH-47 Chinook. En tierra, la defensa se articula en torno a tres componentes. El primero es el ataque de precisión, con el sistema de cohetes HIMARS (M142) como eje de los ejercicios de fuego real. El segundo es la defensa antiaérea, con el sistema Avenger empleado para proteger el espacio aéreo frente a incursiones. El tercero es el combate cercano, mediante misiles antitanque Javelin, morteros y armas de fuego directo, todo coordinado a través de una red de sistemas de drones y vigilancia de última generación.
Las operaciones se concentraron en puntos de alta sensibilidad como el norte de Luzón y Palawan. En Aporawan, las tropas ejecutaron un ejercicio de fuego real de contradesembarco, simulando el rechazo de una invasión anfibia mediante fuego coordinado desde tierra y aire. Asimismo, se realizaron operaciones de guerra antisubmarina y tiro de artillería naval en la costa occidental, mientras helicópteros Chinook llevaron a cabo maniobras de asalto aéreo marítimo de largo alcance. La logística fue puesta a prueba mediante ensayos de descarga buque a costa (ship-to-shore) destinados a garantizar el suministro en condiciones de combate. El ejercicio también incorporó simulaciones avanzadas de ciberdefensa y operaciones en el dominio espacial, asegurando que la alianza está preparada para los conflictos de nueva generación.
Desde una dimensión cualitativa, el ejercicio Balikatan 2026 se ve reforzado por la creciente integración de capacidades avanzadas. Durante el ejercicio Cope Thunder 26-1, cazas F-22 estadounidenses operaron junto a FA-50 filipinos sobre la Base Aérea de Basa, lo que evidenció un salto en interoperabilidad aérea. Esta integración permite acortar los ciclos de decisión, mejorar la coordinación táctica y fortalecer una capacidad de combate aéreo combinada más creíble, particularmente en escenarios donde la superioridad aérea resulta decisiva para la disuasión. En términos estratégicos, la presencia de plataformas de quinta generación en Filipinas confirma la disposición de Washington a proyectar capacidades de alto nivel directamente sobre la primera línea de fricción regional.
En paralelo, la evolución doctrinal estadounidense muestra un desplazamiento progresivo hacia modelos de guerra distribuida y multidominio. La planificación para desplegar más de 30 vehículos de superficie no tripulados —USV, por sus siglas en inglés (Unmanned Surface Vessels)— en el Indo-Pacífico hacia 2030 refleja una apuesta por expandir la cobertura de vigilancia, aumentar la persistencia operativa y reducir la dependencia de plataformas tripuladas de alto costo. Diseñados para operar en conjunto con fuerzas tradicionales, estos sistemas buscan sostener presencia en un teatro caracterizado por grandes distancias y alta exposición, al tiempo que dificultan la capacidad de señalamiento adversario.
A nivel logístico e industrial, la presión derivada del conflicto en Medio Oriente continúa condicionando la disponibilidad de medios. El uso intensivo de misiles de largo alcance —incluidos el Tomahawk y el JASSM— ha generado preocupación en Washington respecto a la sostenibilidad de los inventarios. En respuesta, la Armada ha impulsado una solicitud superior a los 7.000 millones de dólares para adquirir cientos de misiles SM-6 y Tomahawk adicionales, en un intento por recomponer reservas estratégicas cuya reposición podría tardar varios años. Esta tensión entre consumo operacional y capacidad de reposición incide directamente en la preparación para escenarios de alta intensidad en el Indo-Pacífico.
En el plano presupuestario, la administración estadounidense ha propuesto un gasto de defensa de 1,5 billones de dólares para 2027, con énfasis en construcción naval, sistemas autónomos, inteligencia artificial y expansión de fuerzas. Iniciativas como la «Golden Fleet» buscan revertir la brecha creciente frente a la capacidad industrial naval china, mientras que el aumento en la producción de plataformas como el F-35 y el desarrollo de sistemas de nueva generación apuntan a sostener la superioridad tecnológica a largo plazo. Sin embargo, la aprobación legislativa de este presupuesto sigue siendo incierta, lo que introduce un elemento adicional de volatilidad en la planificación estratégica.
En términos operativos más amplios, la presión sobre los portaaviones ha impulsado debates internos acerca de la necesidad de reducir la dependencia de estas plataformas. La propuesta de desarrollar paquetes navales autónomos para teatros secundarios, como el Comando Sur, refleja un intento por optimizar la asignación de recursos en un contexto de sobreextensión global. Esta tendencia es coherente con la lógica de dispersión y resiliencia que comienza a definir la postura militar estadounidense frente a competidores de paridad estratégica.
Finalmente, si bien Washington ha desmentido el traslado de sistemas THAAD desde Corea del Sur, se ha confirmado el movimiento de municiones asociadas, lo que refuerza la percepción de una redistribución selectiva de recursos hacia Medio Oriente. Aunque estos ajustes no alteran de manera estructural la arquitectura defensiva en la península coreana, evidencian la presión que el conflicto con Irán ejerce sobre el conjunto del dispositivo militar estadounidense.
En conjunto, los desarrollos de abril de 2026 consolidan una tendencia ya observable: la transición hacia una disuasión menos centrada en la presencia masiva y más apoyada en la integración aliada, la distribución de capacidades y la innovación tecnológica. No obstante, esta transformación ocurre en un contexto de sobrecarga operativa, donde la reducción de masa crítica en el Indo-Pacífico coexiste con esfuerzos por sostener credibilidad estratégica en uno de los teatros más sensibles del sistema internacional.
Situación de Disputas y Seguridad Territorial
Las dinámicas de disputa en el Asia-Pacífico para los actores del Pacífico oriental han evolucionado en continuidad directa con la «volatilidad oportunista» observada en el informe anterior, aunque con un matiz relevante: la ventana operativa generada por la menor densidad de presencia estadounidense comienza a ser parcialmente compensada por una mayor activación aliada. Ello introduce nuevos focos de fricción y respuestas recíprocas por parte de China.
En el plano marítimo y territorial, la competencia estratégica se mantiene centrada en los espacios clave del mar de la China Meridional y el eje Luzón–Taiwán. En este contexto, el ejercicio Balikatan 2026 actúa como catalizador de tensiones. La concentración de operaciones en el norte de Filipinas —particularmente en la provincia de Batanes— refuerza la proyección de capacidades de negación del mar y defensa integrada en un punto crítico de acceso al estrecho de Taiwán. A diferencia de iteraciones anteriores, el énfasis en escenarios de combate multidominio, sumado a la participación activa de Japón, consolida un salto cualitativo en la preparación operativa aliada en primera línea.
La reacción de Beijing ha sido inmediata y consistente con su patrón de respuesta ante demostraciones de fuerza externas en su periferia estratégica. El portavoz de la Cancillería, Guo Jiakun, calificó las maniobras como una «intimidación militar» y cuestionó la presencia de actores extrarregionales, argumentando que estas iniciativas erosionan la estabilidad regional. De forma paralela, China desplegó una agrupación naval hacia el Pacífico occidental, encabezada por el destructor Baotou tipo 052D, como señal explícita de vigilancia activa frente al incremento de la actividad militar aliada. Este tipo de respuestas refleja una lógica de acción-reacción que eleva el riesgo de incidentes en zonas altamente congestionadas y disputadas.
La dimensión aeronaval refuerza esta tendencia. Las operaciones conjuntas entre Estados Unidos y sus aliados —incluidas maniobras navales con Japón en el mar de la China Meridional y ejercicios aéreos avanzados en Filipinas— incrementan la densidad operativa en áreas sensibles. Aunque estas actividades buscan fortalecer la disuasión, también generan en Beijing percepciones de cerco estratégico, lo que incentiva despliegues compensatorios y una postura más activa en la defensa de sus reclamaciones territoriales.
En este contexto, la disputa no se limita al ámbito estrictamente militar, sino que se extiende al tecnológico y logístico global. La intercepción, por parte de la Armada estadounidense, del buque Touska —presuntamente vinculado a Irán y sospechoso de transportar componentes asociados a combustible para misiles— introduce un elemento adicional de fricción indirecta entre Washington y Beijing. Según declaraciones del presidente Donald Trump, la carga podría constituir un «regalo desde China», lo que sugiere una posible conexión entre la rivalidad en el Indo-Pacífico y el conflicto en Medio Oriente. Beijing rechazó estas acusaciones, calificando la embarcación como un buque comercial ordinario y descartando cualquier vínculo con actividades militares.
Este episodio es particularmente relevante porque evidencia la creciente interconexión entre teatros estratégicos. A diferencia del informe anterior —donde la convergencia entre Medio Oriente y el Asia-Pacífico se manifestaba principalmente en términos de redistribución de recursos—, ahora comienza a expresarse también en incidentes concretos que vinculan cadenas logísticas, tecnología militar y actores estatales en múltiples regiones. Es significativo, sin embargo, que Washington haya evitado escalar retóricamente el incidente, en un contexto marcado por la expectativa de una futura reunión entre Trump y Xi Jinping, lo que sugiere un manejo pragmático de la situación orientado a evitar una escalada directa.
En términos generales, la seguridad territorial en el Asia-Pacífico evoluciona hacia un entorno más dinámico y reactivo. La menor presencia directa de Estados Unidos no ha derivado en una reducción de tensiones, sino en una reconfiguración donde los aliados asumen un rol más activo mientras China responde mediante demostraciones de fuerza calibradas. Este equilibrio inestable —caracterizado por una combinación de disuasión reforzada y percepciones de amenaza crecientes— mantiene al teatro regional en un estado de alta sensibilidad estratégica, donde incluso acciones de alcance limitado pueden generar efectos desproporcionados sobre la estabilidad general.

Situación de Diplomacia y Respuesta Internacional
La dimensión diplomática en el Pacífico oriental ha evolucionado hacia una mayor densificación de alianzas estratégicas, acompañada de una expansión de la competencia estratégica hacia los ámbitos tecnológico, económico y político. En continuidad con el informe anterior, la diplomacia ya no opera únicamente como canal de contención de tensiones, sino como instrumento activo de alineamiento y disputa, en el que los vínculos entre regiones y teatros se vuelven cada vez más evidentes.
Uno de los desarrollos más relevantes es la consolidación de marcos multilaterales orientados a reducir dependencias estratégicas respecto de China. La incorporación de India a la iniciativa “Pax Silica”, liderada por Estados Unidos, refleja un esfuerzo por reconfigurar las cadenas de suministro tecnológicas en torno a socios confiables. Este esquema —que incluye a Japón, Corea del Sur, Australia y el Reino Unido— apunta a fortalecer la cooperación en semiconductores, minerales críticos y tecnologías avanzadas. La adhesión de Nueva Delhi no solo tiene un componente económico, sino que consolida su rol como actor clave en la arquitectura estratégica del Asia-Pacífico, profundizando su convergencia con Washington en un contexto de competencia sistémica.
En paralelo, la arquitectura de alianzas en el sudeste asiático muestra un proceso de institucionalización creciente. La cooperación trilateral entre Estados Unidos, Japón y Filipinas se ha consolidado como uno de los ejes más dinámicos de la disuasión regional, con foco en el estrecho de Luzón y la primera cadena de islas. Este marco no solo facilita la integración operativa —como se evidenció en el ejercicio Balikatan 2026— sino que proyecta también una señal política clara respecto a la intención de estructurar un sistema de seguridad más cohesionado frente al avance estratégico chino. En este sentido, el ejercicio no solo tiene implicaciones militares, sino también diplomáticas, al materializar un alineamiento ampliado que Beijing percibe como un intento de contención.
A su vez, Estados Unidos continúa ampliando su red de asociaciones en el sudeste asiático mediante acuerdos bilaterales flexibles. La elevación de la relación con Indonesia a una «Asociación de Cooperación de Defensa Mayor» refleja esta estrategia. Si bien Yakarta mantiene una política exterior formalmente no alineada, su disposición a profundizar la cooperación en modernización militar, entrenamiento y ejercicios conjuntos evidencia una apertura pragmática hacia Washington. No obstante, la cautela indonesia en temas sensibles —como el acceso aéreo estadounidense— muestra los límites de esta aproximación en un entorno donde los Estados buscan equilibrar sus relaciones entre grandes potencias.
En contraste, la relación entre Estados Unidos y China continúa tensionándose en múltiples dimensiones. En el ámbito tecnológico-militar, informes de inteligencia estadounidense indican que Beijing estaría evaluando proveer radares avanzados a Irán, lo que reforzaría las capacidades defensivas del país persa frente a ataques aéreos. Este posible vínculo, sumado al uso previo de tecnología satelital china por parte de Irán, refuerza en Washington la percepción de una convergencia estratégica entre sus principales competidores en distintos teatros. Sin embargo, la respuesta estadounidense ha sido contenida en términos retóricos, en parte debido a la proximidad de una eventual reunión entre Trump y Xi Jinping, lo que sugiere un manejo calibrado de la escalada.
La interconexión entre conflictos también se manifiesta en el ámbito económico. La imposición de sanciones por parte de Estados Unidos contra una refinería china y decenas de empresas vinculadas al transporte de petróleo iraní refleja una estrategia de presión indirecta sobre Beijing, orientada a limitar su rol como principal comprador de crudo iraní. Estas medidas, combinadas con advertencias a instituciones financieras en Asia y Oriente Medio, evidencian un uso creciente de herramientas económicas para proyectar poder en múltiples regiones de forma simultánea.
En el ámbito político-diplomático, la disputa por Taiwán ha adquirido nuevas dimensiones. Estados Unidos, junto con la Unión Europea y el Reino Unido, expresó preocupación por la presión ejercida por China sobre países africanos para restringir el tránsito aéreo del presidente taiwanés. Este episodio refleja una expansión de la competencia hacia espacios no tradicionales —como la gobernanza del espacio aéreo internacional— y evidencia la capacidad de Beijing para proyectar influencia diplomática más allá de su entorno inmediato. Para Washington, estas acciones constituyen una forma de coerción que afecta la estabilidad y las normas del ordenamiento internacional.
A nivel de seguridad e inteligencia, el arresto de un ciudadano chino por fotografiar instalaciones militares en territorio estadounidense introduce un componente adicional de fricción bilateral. Aunque se trata de un incidente puntual, contribuye a deteriorar la confianza mutua en un momento particularmente sensible, marcado por la preparación de una cumbre bilateral de alto nivel.
La evolución de la alianza entre Estados Unidos y Corea del Sur hacia una eventual transferencia del control operacional en tiempos de guerra a Seúl para 2029 refleja, por su parte, un cambio gradual en la distribución de responsabilidades dentro de las alianzas tradicionales. Este proceso se alinea con la tendencia general hacia una mayor autonomía de los aliados, coherente con la necesidad de Washington de gestionar múltiples teatros de forma simultánea.
En conjunto, la diplomacia en el Pacífico oriental durante abril de 2026 se caracteriza por una doble dinámica. Por un lado, se profundiza la articulación de alianzas y marcos multilaterales liderados por Estados Unidos, orientados a sostener la disuasión frente a China. Por otro, se intensifica la competencia entre Washington —y, en menor medida, Ottawa— y Beijing en ámbitos que trascienden lo militar, incluidos la tecnología y la gobernanza internacional. Este entrelazamiento de dimensiones confirma que la rivalidad estratégica ya no se circunscribe a un teatro específico, sino que se despliega de manera simultánea y articulada a escala global, elevando la complejidad del entorno internacional.

