1. Introducción
Viktor Orbán cumplirá dieciséis años en el poder cuando se presente nuevamente a elecciones este mes. No obstante, se observa la posibilidad de una eventual pérdida de su hegemonía política. Según el agregado de encuestas elaborado por Europe Elects (2025), su partido obtendría el 41 % de los votos, por debajo del principal partido opositor, que alcanzaría el 48 %. Hasta ahora, Hungría ha sido caracterizada como un “régimen híbrido” por sus detractores (Kirby y Thorpe, 2024) y como un “régimen iliberal” por el propio Orbán. En caso de una derrota electoral, surge la interrogante de si las prácticas iliberales desaparecerán con su salida o si persistirán bajo nuevos actores políticos.
2. Las prácticas iliberales
Fidesz, el partido juvenil liberal fundado durante la transición democrática húngara, parece haberse distanciado de su condena inicial a las prácticas autoritarias del régimen soviético. En 1993, Orbán asumió el liderazgo del partido y lo condujo al gobierno en 1998; sin embargo, la derrota electoral de 2002 marcó un cambio en su estrategia política (Kirby y Thorpe, 2024). Este revés electoral parece haber incidido en su posterior relación con los valores liberales. En 2010, regresó al poder con una mayoría de dos tercios en el parlamento, lo que le permitió tensionar a las instituciones húngaras, reproduciendo prácticas autoritarias que había criticado durante su juventud.
En 2012, Fidesz aprobó una nueva Constitución en Hungría que incorporó las principales reformas del régimen. En materia de libertad de expresión, se establece que “existe un artículo que limita las campañas electorales exclusivamente a los medios estatales” (BBC, 2013). Asimismo, desde 2010, Fidesz y sus aliados han consolidado el control sobre la prensa húngara, desplazando progresivamente a los inversores extranjeros y transfiriendo la propiedad de medios de comunicación a fundaciones como Kesma, vinculada a diputados oficialistas (Kirby y Thorpe, 2024). En este contexto, la restricción de los canales de campaña para la oposición y la subordinación de la prensa al gobierno limitan la pluralidad informativa.
En cuanto a las instituciones políticas, la reforma constitucional impulsada por Orbán reforzó el carácter mayoritario del sistema electoral húngaro. Colomer (2004) señala que este tipo de sistema tiende a perjudicar a minorías significativas pero territorialmente dispersas. Como consecuencia, y pese a que Fidesz no ha superado el 55 % de los votos, desde 2012 estos resultados se han traducido de manera sistemática en dos tercios de los escaños parlamentarios. Esta mayoría calificada, concentrada en un solo partido y favorecida por el diseño del sistema electoral, plantea cuestionamientos desde una perspectiva institucional. En este marco, se han formulado acusaciones de gerrymandering contra el gobierno húngaro, en referencia al trazado de circunscripciones electorales que optimizarían la conversión de votos en escaños para el oficialismo. Esta situación es posible debido a que el propio gobierno define dichas circunscripciones, en lugar de delegar esta función en un órgano independiente (The Economist, 2022). La ausencia de independencia en el diseño del sistema electoral genera así una distorsión en la representación de la voluntad del electorado húngaro.
3. Los vínculos regionales
La Unión Europea centra sus cuestionamientos en la situación del Estado de derecho en Hungría. En la reforma constitucional de 2012, “una disposición limita el poder del Tribunal Constitucional y le quita el derecho a anular leyes ya consagradas en la Constitución” (BBC, 2013). Asimismo, otra medida “reduce la edad de jubilación de los jueces, una medida que, según los críticos, está diseñada para eliminar a los magistrados poco flexibles” (BBC, 2013). La afectación de la independencia judicial implica, a su vez, una mayor vulnerabilidad de las libertades civiles y del Estado de derecho.
La política exterior de Fidesz también constituye una preocupación recurrente para la Unión Europea. Dado que muchas decisiones del bloque requieren unanimidad, Orbán dispone de la capacidad de vetar iniciativas que demandan consenso. Un ejemplo de ello es el bloqueo al avance del proceso de adhesión de Ucrania a la Unión Europea desde julio de 2024 (Liboreiro, 2025). Esta postura se ha vinculado con su cercanía política, ya que “se ha convertido en el aliado más cercano dentro de la Unión Europea del presidente ruso” (Kirby y Thorpe, 2024), en el contexto de la guerra prolongada entre Rusia y Ucrania.
Por último, la retórica nacionalista de Orbán constituye un elemento central de su estrategia política. Esta se articula en oposición a élites presentadas como contrarias a los intereses de Hungría. En este sentido, “Orbán acusó a los grupos sociales de George Soros de intentar influir sobre las políticas públicas en Hungría secretamente y con financiamiento extranjero” (Kirby y Thorpe, 2024). Asimismo, responsabiliza a las instituciones de la Unión Europea en Bruselas por no haber gestionado adecuadamente la crisis migratoria (France 24, 2024). Según Wood (2009), la Unión Europea se concibe como un poder normativo orientado a promover valores como la democracia, las libertades civiles y el Estado de derecho (p. 113). Aunque este autor matiza dicha autopercepción, la retórica nacionalista de Orbán, crítica del proceso de integración europea, puede interpretarse como un cuestionamiento de estos valores.
4. Las perspectivas de cambio
Durante el gobierno de Orbán, la oposición no ha logrado desplazarlo por la vía electoral. Diversos partidos y coaliciones no consiguieron imponerse frente a Fidesz; sin embargo, recientemente ha emergido una nueva alternativa. El partido Tisza ha experimentado un rápido ascenso en las encuestas de intención de voto y, según el European Parliament (2024), obtuvo el 29,6 % de los votos en las últimas elecciones europeas, consolidándose como la principal fuerza opositora. Ante un eventual escenario en el que Orbán deje el cargo, resulta pertinente analizar a su posible sucesor.
Péter Magyar es el actual líder de Tisza y un posible candidato a ocupar el cargo de primer ministro de Hungría. Un aspecto relevante de su trayectoria es que, hasta hace relativamente poco, se desempeñaba como funcionario del gobierno de Orbán y era miembro de Fidesz. En su discurso político, Magyar no prioriza la defensa de la democracia ni de las instituciones republicanas húngaras; en cambio, centra su crítica en la gestión reciente del país y “se enfoca en los problemas económicos y sociales, como la persistente inflación, un sistema sanitario deficiente y la supuesta corrupción gubernamental” (Fouda, 2025).
La comparación entre las plataformas de Fidesz y Tisza revela tanto diferencias como similitudes. En el ámbito de la política exterior, Magyar se distancia de la ambivalencia de Orbán y propone un alineamiento más claro de Hungría con sus socios occidentales. En este sentido, ha criticado el uso del veto como herramienta de negociación dentro de la Unión Europea, al afirmar que “Hungría es miembro de la Unión Europea, y la alianza no puede basarse en la actual política obstruccionista” (Flamich, 2025).
No obstante, la posición de Tisza también se inscribe dentro de un marco conservador, incluso más acentuado que el de otros miembros del Partido Popular Europeo, alianza de centroderecha a la que pertenece. En materia de libertades civiles, Fidesz ha impulsado medidas restrictivas, como la prohibición del matrimonio igualitario en la Constitución. Por su parte, Magyar no ha adoptado una posición pública clara sobre este tema, pese a que Orbán intentó prohibir la última marcha del orgullo LGBT+. Thorpe y Bennett (2025) sostienen que el primer ministro probablemente buscó “forzar a Magyar a pronunciarse en favor del orgullo y así alienar a sus votantes más conservadores”, aunque señalan que “hasta ahora se ha rehusado a morder el anzuelo”.
5. Conclusión
En caso de que Magyar lidere el próximo gobierno húngaro, será posible evaluar el alcance de los cambios políticos. No obstante, su eventual administración no constituiría una ruptura total con el liderazgo de Orbán ni implicaría necesariamente el fin de las prácticas iliberales en Hungría. Se trata, más bien, de un exmiembro de Fidesz que se distanció del partido en un contexto de desgaste político.
Sus diferencias con Orbán no parecen ser de carácter ideológico, sino principalmente estratégicas. Magyar ha planteado la necesidad de recomponer la relación entre Hungría y la Unión Europea, en particular en lo relativo al acceso a financiamiento. En este sentido, afirmó que “no volverá a casa hasta que haya abierto la puerta a los fondos bloqueados de Bruselas” (Flamich, 2025). A partir de ello, puede plantearse la hipótesis de que su discurso en política exterior busca alinearse con las expectativas de la Unión Europea, mientras que sus críticas a la situación económica interna se orientan a la competencia electoral. Sin embargo, esto no implica necesariamente una oposición sustantiva a las políticas o prácticas iliberales desarrolladas durante el gobierno de Orbán.

