1. Introducción
El temporal ocurrido el 7 de marzo de 2025 en Bahía Blanca, provincia de Buenos Aires, provocó una catástrofe de gran magnitud, con 16 fallecidos y miles de evacuados. En menos de 24 horas se registraron cerca de 290 milímetros de lluvia, un volumen equivalente al promedio de precipitaciones de seis meses. Este evento superó ampliamente los registros históricos previos en la ciudad, donde la marca máxima había sido de 175 milímetros en 1930 (NASA, 2025). Asimismo, por su magnitud, se lo ha comparado con otros eventos extremos en Argentina, como las inundaciones de La Plata en 2013 y Santa Fe en 2003 (Gardel & Marina, 2025).
2. Factores climáticos y estructurales
La magnitud del evento responde a una combinación de factores naturales y estructurales, entre los que se destacan la intensidad de las precipitaciones, las condiciones climáticas previas, la vulnerabilidad geográfica de la ciudad y las limitaciones en la planificación urbana (Gardel & Marina, 2025).
Las condiciones cálidas y húmedas previas al evento contribuyeron a la saturación del suelo. En este contexto, la acumulación de más de 80 milímetros de lluvia en los días anteriores intensificó el impacto de los 290 milímetros registrados durante el temporal (Ingrassia, 2025).
Diversos estudios sostienen que el cambio climático ha incrementado la frecuencia e intensidad de este tipo de fenómenos. En particular, en los últimos 30 años, la cantidad de precipitaciones extremas se ha triplicado, tendencia que se espera continúe en el futuro (Himitian, 2025).
En esta línea, un estudio de World Weather Attribution concluye que “el cambio climático inducido por el hombre fue un factor clave en la intensidad de la tormenta en Bahía Blanca” (Ingrassia, 2025, párr. 10).
Asimismo, la localización de la ciudad en la cuenca inferior del arroyo Napostá incrementa su exposición al riesgo hídrico. Durante el evento, tanto este arroyo como el canal Maldonado desbordaron, generando anegamientos generalizados (Gardel & Marina, 2025).
2.1. Infraestructura y vulnerabilidad urbana
Es importante tener en cuenta que la ciudad de Bahía Blanca se encuentra en una ubicación baja, lo que consecuentemente aumenta su riesgo de inundación.
En cuanto a la planificación urbana, los sistemas de desagüe no soportaron la cantidad de agua que cayó en tan poco tiempo. Además, la escasa cantidad de árboles y la predominancia de concreto en la parte alta de la ciudad redujeron la infiltración de agua (Avramow, 2025). En pocas palabras, la inundación fue agravada por la falta de previsión y obras públicas.
Asimismo hubo advertencias de centros meteorológicos que fueron ignoradas por parte de las autoridades locales.
Estas condiciones ponen en evidencia la necesidad de incorporar criterios de planificación urbana resiliente frente a eventos climáticos extremos.
3. La visión de las Organizaciones Internacionales acerca del fenómeno de las inundaciones.
La Organización Meteorológica Mundial (OMM) asevera que las inundaciones representan uno de los riesgos naturales más mortíferos y que son causa de daños en distintas partes del mundo. Sumado a esto, la creciente presión demográfica, la degradación de los ecosistemas y el cambio climático aumentan el riesgo de inundaciones (Gardel y Marina, 2025).
A su vez, Ingrassia comenta que, según la WWA, en Bahía Blanca:
La alta densidad poblacional, la urbanización descontrolada y el envejecimiento de la población aumentan la exposición de las personas a estos eventos extremos. Además, aproximadamente el 50% de la población urbana está empleada en la economía informal, lo que hace que muchas personas sean más vulnerables a los impactos de los fenómenos climáticos extremos, debido a la interrupción de su empleo o la exposición directa al calor y las lluvias intensas (Ingrassia, 2025, párr. 17).
Las fuertes precipitaciones afectan negativamente el bienestar, el poder adquisitivo y los bienes materiales de las poblaciones que se ven afectadas. “Cada año, como consecuencia de las inundaciones, en promedio, un 0,14% de la población argentina cae en la pobreza, y en algunas provincias este impacto puede superar el 1,5%” (Banco Mundial, 2021, párr. 4). Simultáneamente, los sectores que soportan mayores cargas de pérdida de bienestar son, por un lado, aquellos con poco acceso a servicios públicos o reciben asistencia social y, por el otro, el agropecuario (Banco Mundial, 2021).
4. Consecuencias sociales y económicas.
La tormenta dejó un importante saldo de víctimas mortales, y obligó a evacuar un hospital y a más de 1.000 residentes de sus hogares. Específicamente, según informan investigadores de la WWA, hubo alrededor de 300.000 personas afectadas, 16 muertes, dos desapariciones y 1400 desplazados. Además, se dañaron rutas provinciales y conexiones interurbanas (Avramow, 2025).
Cabe destacar que a nivel nacional el valor de las pérdidas anuales promedio de activos provocadas por inundaciones es de entre 500 millones y $1400 millones de dólares. Por lo tanto, si la frecuencia de las inundaciones se duplica, se prevé que el resultado será un aumento del 125% en las pérdidas de activos (Himitian, 2025).
Con la intención de subsanar los daños, el Gobierno Nacional anunció la creación de un fondo especial de $200 mil millones de pesos argentinos para asistir a los damnificados (Argentina.gob.ar, 2025). En paralelo, las medidas que tomó la Provincia de Buenos Aires incluyeron el alivio fiscal y la entrega de subsidios no reembolsables (El Día, 2025).
5. Conclusiones
La magnitud de la inundación ocurrida en Bahía Blanca y sus consecuencias podrían haber sido atenuadas. Aunque la intensidad y la cantidad inusual de las lluvias es un factor clave, existieron condiciones previas que agravaron considerablemente el impacto de esta tormenta. A pesar de la existencia de obras hidráulicas para tormentas ordinarias, ningún diseño contempló el tipo de inundación sucedida. Esto significa que las obras de adaptación al cambio climático deberán ser centrales en la obra pública en los próximos años, ya que se prevé una mayor frecuencia de estos eventos a causa del cambio climático.
Serán necesarias grandes obras de infraestructura resilientes al clima para no repetir la catástrofe en un futuro. El trabajo conjunto entre la Nación, la provincia y los municipios es crucial para definir nuevas inversiones, y el rol del Estado y las políticas de adaptación deberán colaborar en evitar pérdidas y preservar lo más importante: la vida y bienestar de las personas.

