Entre crisis y reconstrucción simbólica
La situación actual en Burkina Faso se inscribe en un contexto de profunda inestabilidad y reconfiguración geopolítica en la región del Sahel. Esta región de transición entre el desierto del Sáhara y las sabanas del sur, se ha convertido en el epicentro de un patrón regional de rupturas político-militares, caracterizado por levantamientos militares con respaldo popular en países como Mali, Níger y Burkina Faso. Estos procesos, lejos de ser hechos aislados, expresan una dinámica compartida de cuestionamiento del orden político vigente, vinculada a una creciente voluntad de distanciamiento respecto de Occidente, en particular de Francia, y a la búsqueda de nuevas alianzas estratégicas y formas de afirmación de la soberanía estatal.
El catalizador inmediato de la inestabilidad política fue la aguda crisis de seguridad causada por la subversión yihadista, que ha avanzado de forma devastadora y comprometió la viabilidad estatal. Esta violencia se intensificó significativamente a partir de 2012, tras la invasión de Libia por la OTAN en 2011 (Aguilera Raga, 2023). La desestabilización del régimen libio facilitó la circulación de armas y combatientes hacia la región, alimentando la insurgencia y profundizando el deterioro de la seguridad interna. La población y los analistas percibieron que la ampliada presencia militar francesa no solo fallaba en contener el terrorismo, sino que también atentaba contra la seguridad y la dignidad del país, especialmente en zonas ricas en uranio, diamantes y petróleo.
A pesar de que los países del Sahel son ricos en recursos minerales, se encuentran entre los más pobres del planeta. Esta paradoja no puede explicarse por una única causa, sino por la convergencia de dinámicas históricas y estructurales, entre las que se destacan las formas de dominación y explotación que persistieron tras la independencia de 1960 a través del Pacto Colonial. Este sistema mantuvo a las antiguas colonias como proveedoras de materias primas e impidió procesos sostenidos de industrialización, reforzando la dependencia mediante instrumentos como la moneda francesa, el franco CFA (Stropasolas, 2025). A ello se sumaron, en las últimas décadas, el deterioro de las condiciones de seguridad, la debilidad estatal y el fracaso de las élites civiles para canalizar demandas sociales.
En este escenario, el capitán Ibrahim Traoré, de 37 años, quien tomó el poder en septiembre de 2022 en el segundo golpe militar de Burkina Faso en apenas ocho meses, se ha convertido en el principal símbolo de este proceso político de ruptura (Stropasolas, 2025). Su régimen combina, por un lado, medidas concretas orientadas a la recuperación de la soberanía económica, como la nacionalización de minas de oro y una mayor intervención estatal en sectores estratégicos, y por otro, un discurso político fuertemente soberanista y antiimperialista que legitima dichas acciones ante la población.
En el plano internacional, este proyecto se expresa tanto en decisiones efectivas, como la expulsión de las tropas francesas, y en una narrativa de realineamiento geopolítico que promueve una “alianza estratégica” con potencias del Sur Global, entre ellas Rusia, China y Turquía. En este sentido, Traoré no solo actúa como jefe de Estado, sino también como un líder simbólico y comunicacional, cuya figura y retórica condensan aspiraciones de dignidad nacional, ruptura con el orden poscolonial y renovación del liderazgo político en el Sahel.
El discurso político como estrategia de poder
El panorama comunicacional en Burkina Faso se transformó drásticamente tras el ascenso del Capitán Ibrahim Traoré, marcando una ruptura con el período de gobierno civil de Roch Marc Christian Kaboré (Ortiz de Zárate Arce, s.f.). Esta transformación se expresó en la reconfiguración del sistema de medios, el discurso político dominante y las narrativas oficiales sobre soberanía, seguridad y anticolonialismo. Mientras que el régimen depuesto de Kaboré operaba en un marco de crisis de seguridad con una estrategia antiterrorista dependiente del músculo militar de Francia, el régimen de Traoré instituyó un viraje geopolítico radical.
La estrategia de comunicación política de Ibrahim Traoré es el instrumento clave para la consolidación y legitimación de su proyecto de soberanía total. Su pilar se focaliza en la edificación de un liderazgo carismático y panafricanista1Movimiento político, filosófico, cultural y social, en el cual se creó la fundación de la Organización para la Unidad Africana (OUA), Organismo Internacional que agrupa a los países del continente africano. que se conecta directamente con la memoria histórica de la nación. Traoré ha sido visto por el pueblo de Burkina Faso como la reencarnación de Thomas Sankara, el líder revolucionario de 1983-1987 conocido como el «Che Guevara africano” (Farouk, 2025). Traoré admite que su Revolución Popular Progresista (RPP) se inspira en los cambios radicales de Sankara para erradicar los males del colonialismo francés. Esta conexión con el pasado es crucial, ya que utiliza la historia para construir su popularidad y reavivar la confianza en el panafricanismo.
Al ser un capitán joven en un país con una mediana de edad de 17.7 años, su juventud aumenta significativamente su apoyo, siendo considerado el presidente más popular de África (Dr. Y, 2025). Sin embargo, esta percepción no surge de mediciones sistemáticas sino de la fuerte construcción propagandística que lo muestra como un líder joven, nacionalista y abiertamente crítico de Francia y de Occidente.
Traoré es un orador poderoso, media-savvy2Conocimiento y habilidad sobre los medios de comunicación, ya se para usarlos estratégicamente, entender su funcionamiento o interactuar con ellos de forma efectiva. y con gran conocimiento del arte de la política, sabiendo infundir, en una nación traumatizada por la guerra, la sensación de que existe un futuro mejor. Su estilo de comunicación visual también es estratégico. Traoré es descrito como elegante, seguro y se presenta como un hombre del pueblo. En eventos internacionales, suele acaparar la atención al llegar vistiendo uniforme de faena y con una pistola en la funda, ofreciendo un contraste marcado con otros líderes del continente (Farouk, 2025). Esta puesta en escena no es meramente estética, opera como un dispositivo simbólico de autoridad y autenticidad que refuerza su imagen.
La comunicación de Traoré utiliza un marco ideológico anti-imperialista para legitimar la soberanía nacional, entre las medidas, la expulsión de Francia y las nuevas alianzas estratégicas. Este líder fue una de las primeras voces en desafiar la acción militar francesa en África y en posicionar el terrorismo en el Sahel como una creación del imperialismo occidental (Ortiz de Zárate Arce, s.f.). Este mensaje funciona como un recurso retórico y político que resuena con muchos africanos que cuestionan la relación con Occidente y la persistencia de la pobreza en un continente rico.
Un momento decisivo fue su discurso en la cumbre Rusia-África de 2023, donde exhortó a los líderes africanos a «dejar de comportarse como marionetas que bailan cada vez que los imperialistas tocan el instrumento» (Diario Canarias Semanal, 2023, 1:30). Esta retórica ha encontrado un canal de difusión significativo en medios rusos, que contribuyen a reforzar su imagen panafricanista y antioccidental, en articulación con otros actores mediáticos y circuitos digitales no occidentales.
Traoré enmarca la alianza estratégica con Rusia, China y Turquía no como una nueva forma de subordinación, sino como una relación mutuamente beneficiosa, indispensable para acceder a armamento y maquinaria que no pudo obtener de Francia (Stropasolas, 2025). La fuerza de esta retórica trasciende el ámbito nacional y conecta con audiencias globales marcadas por experiencias históricas de racismo, colonialismo y esclavitud. A través de un uso intensivo de las redes sociales, el líder burkinés promete derrotar al imperialismo y al neocolonialismo en nombre de una África libre, digna y soberana. De este modo, su popularidad se ve reforzada por una campaña digital coherente y eficaz.
La comunicación de Traoré está orientada a generar un apoyo social tangible y económicamente activo a sus políticas de soberanía económica, centradas en la autosuficiencia nacional. Este mensaje gana credibilidad a partir de la formación técnica del líder: sus estudios en Geología le permiten hablar con autoridad sobre la riqueza material de Burkina Faso, asegurando a la población que el país posee los recursos necesarios para sostener su desarrollo. Este encuadre discursivo legitima reformas de carácter radical, como la nacionalización de dos minas de oro y la creación de una empresa minera estatal que exige una participación del 15 % a las firmas extranjeras (Stropasolas, 2025). Asimismo, el oro nacionalizado ha sido comunicado como un insumo destinado a la adquisición de maquinaria para impulsar una revolución agrícola, reforzando la narrativa de redistribución y autosuficiencia.
El proyecto de soberanía total de Ibrahim Traoré se alinea con la perspectiva de la «Comunicación para la Resistencia» de Florencia Saintout (2019), funcionando como una estrategia diseñada para la destitución del orden neocolonial hegemónico y la institución de un nuevo proyecto político. Desde esta óptica, el discurso político de Traoré constituye un acto profundamente político y una herramienta para la emancipación, buscando generar resistencias en el ámbito de la comunicación frente a las estrategias de disciplinamiento impuestas por las élites occidentales. Su retórica antiimperialista y la denuncia del neocolonialismo cumplen la función de dar batalla a los discursos individualizantes y paralizantes del neoliberalismo con el fin último de establecer la soberanía comunicativa del Estado.
Una nueva cartografía del poder en África
La consolidación de Ibrahim Traoré en Burkina Faso representa una transformación radical en la geopolítica de África Occidental. El capitán utiliza su carisma y la invocación de Thomas Sankara para instituir un nuevo relato que moviliza el consenso popular, demostrando que es posible construir alternativas frente al escenario de hiperconcentración económica postcolonial, entendido como la persistencia de estructuras de control y apropiación de recursos heredadas del orden colonial, mediante la soberanía comunicativa y el financiamiento interno. De esta forma, su estrategia convierte la comunicación en un acto de alta densidad política y un mecanismo de lucha.
Este proceso revolucionario se erige como una respuesta directa a la aguda crisis de seguridad causada por la expansión del yihadismo y la desintegración estatal, así como a la profunda frustración generada por el neocolonialismo occidental, particularmente por la histórica influencia francesa. En este marco, la capacidad de Ibrahim Traoré para impulsar reformas de gran alcance se sostiene en una estrategia de comunicación política altamente eficaz, que no solo garantiza su legitimidad interna, sino que actúa como un factor decisivo en la reorientación del Estado y en la disputa por un nuevo proyecto soberano en Burkina Faso.
- 1Movimiento político, filosófico, cultural y social, en el cual se creó la fundación de la Organización para la Unidad Africana (OUA), Organismo Internacional que agrupa a los países del continente africano.
- 2Conocimiento y habilidad sobre los medios de comunicación, ya se para usarlos estratégicamente, entender su funcionamiento o interactuar con ellos de forma efectiva.

