Introducción
El estallido del conflicto armado directo entre Estados Unidos e Israel contra Irán transformó una tensión diplomática en una confrontación bélica de consecuencias impredecibles. Tras fracasar las negociaciones sobre el programa nuclear y misilístico iraní, la orden de Donald Trump del 28 de febrero de 2026 de iniciar la “Operación Furia Épica” (la mayor movilización militar desde 2003 contra Irak), coordinada con la “Operación Rugido de León” de Israel, marcó el inicio de una guerra abierta. Los ataques contra instalaciones estratégicas provocaron una respuesta inmediata de Teherán con la “Operación Promesa Verdadera 4”.
Este informe analiza la escalada militar del conflicto, el papel de aliados regionales como los países europeos y los Estados árabes, y el impacto potencial sobre la población civil y los mercados energéticos globales.
El Grupo de Investigación en Paz y Seguridad Internacional del CEERI busca contribuir a una comprensión integral del conflicto mediante el seguimiento y el análisis sistemático de cuatro dimensiones clave: 1) militar y operacional; 2) política y diplomática; 3) humanitaria y social; y 4) económica y energética.
- Situación Militar y Operacional
Esta dimensión del informe se enfoca en analizar y cuantificar la Escala de Magnitud de las Operaciones (EMO) en el conflicto entre Estados Unidos e Irán, priorizando el “cuántos y qué” se dispara/lanza y “desde dónde” (plataformas), más que la mera intención política. Se aplica un marco técnico y cuantificable que cubre los dominios convencionales (aéreo, terrestre y naval) e integra operaciones especiales y cibernéticas como factores de impacto estratégico.
Se evalúa campañas de supresión aérea, ataques de precisión, defensa en profundidad, guerra de enjambre y minado de chokepoints, además de incursiones limitadas y protección de bases. También incorpora acciones de sabotaje o saturación cibernética. El objetivo es medir volumen, intensidad, capacidad de respuesta y evolución de la confrontación en todos los dominios.
- Situación Político y Diplomática
Esta dimensión del informe analiza y evalúa cómo las declaraciones diplomáticas y las alianzas externas emitidas por actores directos y externos (Estados) condicionan o hacen evolucionar el conflicto entre Estados Unidos e Irán, incluyendo las manifestaciones de organismos internacionales, en particular el OIEA, la OPEP y la OIC.
Su medición se basa en la Matriz de Evolución Política (MEP), un índice mixto (cualitativo y cuantitativo) que determina si el entorno internacional tiende a mitigar o a agravar la confrontación. Se examinan, por tanto, los esfuerzos orientados a las conversaciones de paz, a las mediaciones y a las declaraciones de los actores afectados por el conflicto. Asimismo, se identifican los obstáculos y retos que dificultan el logro de un cese del fuego o de un acuerdo de paz.
- Situación Humanitaria y Social
Esta dimensión evalúa el impacto sobre la población civil y el cumplimiento del Derecho Internacional Humanitario (DIH) en el conflicto entre Estados Unidos e Irán. Emplea un Índice de Degradación Humanitaria (IDH) que sintetiza el costo humano y el riesgo jurídico internacional para medir el deterioro, identificar tendencias y estimar la probabilidad de sanciones o responsabilidades penales.
Se registran víctimas civiles (fallecidos y heridos) y desplazamientos forzados, tanto internos (incluidos movimientos hacia los montes Zagros) como externos hacia Turquía, Irak y Pakistán. También examina daños a la infraestructura crítica (electricidad, agua, hospitales y telecomunicaciones) y posibles violaciones del DIH, incluido el trato a prisioneros conforme a los Convenios de Ginebra.
- Situación Económica y Energética
Esta dimensión actúa como análisis del motor de presión global del conflicto, afectando especialmente a la economía mundial a través del estrecho de Ormuz, por donde circula aproximadamente el 20 % del petróleo mundial. Para evaluar si la crisis permanecerá de carácter regional o se transformará en un shock energético global con efectos inflacionarios y financieros, se emplea el Índice de Shock Económico (ISE).
Se analizarán las variables, de cantidad de buques comerciales; porcentaje de desvíos de ruta (por ejemplo, circunnavegación por el sur de África) y los costos asociados a posibles interrupciones; y el incremento de la volatilidad en los precios de los commodities energéticos, en particular del petróleo (Brent/WTI) y del gas natural licuado (GNL).

| Dimensión | Indicador Operacionalizado | Intensidad del Conflicto |
| 1. Dimensión Militar y Operacional | Operaciones Terrestres + Aéreas + Navales + Especiales | 🔴Extrema Intensidad |
| 2. Dimensión Político y Diplomática | Actores directos + Actores Externos + ORG Inter | 🟠 Alta Intensidad |
| 3. Dimensión Humanitaria y Social | Víctimas y Desplazados + Infraestructura Crítica + Violaciones al DIH | 🔴Extrema Intensidad |
| 4. Dimensión Económica y Energética | Cantidad de Buques Comerciales + Desvío de Tránsito + Commodities Energéticas | 🟠 Alta Intensidad |
| Dimensión | Descripción | Intensidad del Conflicto |
| 1. Dimensión Militar y Operacional | En el frente terrestre, la violencia se concentró en la frontera entre Líbano e Israel, con incursiones, cercos y ataques de precisión contra Hezbollah, que respondió con cohetes, drones y emboscadas. En Siria, Israel amplió operaciones sobre Daraa y Quneitra.
En el aire, EE.UU. e Israel degradaron la infraestructura logística iraní, pero Teherán sostuvo su capacidad de lanzamiento. En el mar y en el ciberespacio, la interdicción, los sabotajes y los ataques a redes críticas profundizaron el desgaste regional. |
🔴Extrema Intensidad |
| 2. Dimensión Político y Diplomática | Estados Unidos sostuvo un tono abiertamente beligerante, manteniendo presión militar y retórica; Irán negó haber solicitado una tregua y avanzó en medidas de control sobre Ormuz; e Israel continuó su ofensiva hasta la pausa operativa.
Europa rechazó el uso de la fuerza, mientras Rusia y China promovieron la desescalada con un perfil prudente. Y, Pakistán medió sin éxito. Organismos internacionales como el OIEA y la OPEP+ actuaron para contener riesgos y estabilizar mercados energéticos. |
🟠 Alta Intensidad |
| 3. Dimensión Humanitaria y Social | La crisis humanitaria sigue escalando a nivel regional, con la población civil convertida en variable de desgaste.
En Irán, 600 muertos y 830.000 desplazados reflejan un colapso social agravado por la destrucción de infraestructura crítica. En Líbano, 205.000 evacuados enfrentan una saturación extrema. El uso de armamento indiscriminado y ataques a civiles evidencian una erosión del DIH. |
🔴Extrema Intensidad |
| 4. Dimensión Económica y Energética | El estrecho de Ormuz operó por debajo del 10 % de su capacidad (2 a 20 buques diarios) bajo control iraní, anticipando el bloqueo del 13 de abril.
El canal de Suez se mantuvo limitado, Bab el-Mandeb colapsó de 30 a 5 tránsitos y el cabo de Buena Esperanza absorbió hasta 96 buques. El barril de petróleo de Brent superó 118 dólares, cayó tras el alto el fuego y rebotó a 103. |
🟠 Alta Intensidad |
SITUACIÓN MILITAR Y OPERACIONAL
| Dimensión Militar y Operacional | |||
| Variable | Puntaje individual | Puntaje total | Intensidad |
| Terrestre | 🔴 Magnitud Máxima
511 (-3) |
1766 | 🔴Extrema Intensidad |
| Aérea | 🔴 Magnitud Máxima
783 (-3) |
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| Naval | 🔴 Magnitud Máxima
323 (-3) |
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| Especial | 🟡Magnitud Baja
149 (-1) |
||
Entre el 30 de marzo y el 12 de abril de 2026, el conflicto en Medio Oriente entró en una fase de máxima presión operacional, con acciones simultáneas en tierra, aire, mar y ciberespacio. En el frente terrestre, la hostilidad se concentró en la frontera libanesa-israelí, donde las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) ampliaron sus incursiones, cercos urbanos y ataques de precisión contra Hezbollah, mientras la milicia respondió con cohetes, drones FPV, emboscadas e intentos de ruptura del cerco en Bint Jbeil. En Siria, las FDI extendieron sus operaciones hacia Daraa y Quneitra.
En el plano aéreo, la coalición liderada por Estados Unidos e Israel degradó la infraestructura militar, industrial y logística iraní, neutralizando radares, bases de misiles, vías de comunicación, aeropuertos y nodos energéticos. No obstante, Irán logró mantener la frecuencia de sus lanzamientos ofensivos con misiles y drones, provocando el derribo de activos aéreos estadounidenses.
En el ámbito naval, el estrecho de Ormuz y el golfo Pérsico quedaron sometidos a una lógica de interdicción, caracterizada por ataques a buques, patrullas coercitivas y amenazas a la navegación comercial. Paralelamente, la guerra digital se intensificó con sabotajes, filtraciones, borrado de datos y ataques a infraestructuras críticas. El resultado fue un escenario de desgaste acumulativo, aislamiento logístico y creciente fragmentación de la capacidad de respuesta iraní y de sus aliados regionales.
Operaciones Terrestres
Las operaciones terrestres se caracterizaron por una intensificación de los enfrentamientos en la frontera libanesa-israelí y una movilización estratégica de las Fuerzas de Movilización Popular (PMF, por sus siglas en inglés) iraquíes hacia el territorio iraní. El 30 de marzo de 2026, la intensidad de los combates de infantería en el sur del Líbano alcanzó un punto crítico. En la localidad de Deir Qanoun an-Naher, se produjo un enfrentamiento directo cuando una patrulla de la Fuerza Provisional de las Naciones Unidas para el Líbano (UNIFIL) fue interceptada por operativos de Hezbollah, derivando en un intercambio de fuego tras la negativa de la patrulla a abandonar la zona. Simultáneamente, las FDI confirmaron la muerte de cuatro soldados en combates de proximidad, tres de ellos pertenecientes a la Unidad de Reconocimiento de la Brigada Nahal. En el frente sirio, el ejército israelí ejecutó una incursión terrestre en la gobernación de Daraa, bombardeando el área comprendida entre Jamla y Saisoun y procediendo al arresto de cuatro civiles vinculados a redes de apoyo logístico de las milicias.
El 31 de marzo, las operaciones de superficie se trasladaron a la interrupción de suministros. La aviación israelí, en coordinación con unidades de inteligencia terrestre, atacó posiciones de Hezbollah en Jnah y diversas estructuras en el sur del Líbano, resultando en la muerte de paramédicos y daños a centros de comunicaciones. En Irak, las milicias proiraníes iniciaron el despliegue de combatientes hacia sus fronteras occidentales, ocupando bases en puntos estratégicos para prevenir incursiones.
El 1 de abril marcó una de las mayores pérdidas estructurales para Hezbollah. Una operación de precisión de la Armada israelí en Beirut eliminó a Hajj Yusuf Ismail Hashem, comandante del Frente Sur de Hezbollah. En respuesta inmediata, la Resistencia Islámica en Irak (IRI) lanzó una ofensiva de 41 ataques con drones y cohetes contra bases estadounidenses en Irak y Siria, incluyendo instalaciones en Bagdad y Erbil, buscando saturar las capacidades de intercepción defensiva.
El 2 de abril, la actividad terrestre se intensificó con el uso de artillería pesada. La IRI continuó su ofensiva con 27 ataques adicionales contra objetivos en la región. En el Líbano, Israel comenzó a implementar una nueva fase de su estrategia terrestre: el aislamiento de sectores, empleando bombardeos de precisión para cortar los enlaces entre los centros de mando en Beirut y las unidades de vanguardia en el sur.
El 3 de abril, el mando militar israelí anunció formalmente el plan para establecer una «zona de seguridad» de entre 8 y 10 kilómetros de profundidad en territorio libanés. Esta operación implica la demolición sistemática de aldeas fronterizas que Hezbollah utiliza como puntos de lanzamiento para misiles antitanque guiados (ATGM). Ese mismo día, una incursión de comandos en Al-Nabi Shayth buscó depósitos de armamento estratégico, mientras que el fuego antitanque de Hezbollah hirió a dos soldados israelíes en el frente sur.
El 4 de abril, la Brigada Givati de las FDI reportó la captura de arsenales en el sur del Líbano, incluyendo lanzadores RPG, misiles antitanque y fusiles de precisión. Sin embargo, la complejidad del terreno provocó un incidente de fuego amigo durante una incursión de comandos en Sheeba, resultando en una baja israelí. En el ámbito civil, un ataque en Ain Saade destruyó un edificio residencial, causando la muerte del político libanés Pierre Moawad y varios civiles.
El 5 de abril, Hezbollah implementó tácticas de «guerra flexible», publicando pruebas del uso de drones de vista en primera persona (FPV) contra tanques Merkava. Esta innovación táctica permitió a la milicia causar daños significativos a vehículos blindados, a pesar de la superioridad tecnológica de la coalición. Paralelamente, en Siria, el fuego de tanques israelíes en la zona de Rafid, cerca de Quneitra, resultó en bajas civiles y militares sirias.
El 6 de abril, el volumen de fuego de Hezbollah aumentó considerablemente, lanzando más de 100 cohetes, de los cuales 45 impactaron en territorio israelí. Las fuerzas de infantería de la Brigada Nahal y la Brigada Golani destruyeron más de 100 sitios de infraestructura de la milicia, incluyendo diez túneles subterráneos y depósitos de explosivos a gran escala.
El 7 de abril, Israel desplegó una sexta unidad, la 98.ª División, para expandir la ofensiva terrestre. Esta movilización coincidió con el anuncio de un cese al fuego entre EE. UU. e Irán que, sin embargo, no incluyó al Líbano. Las FDI completaron el despliegue de una línea de defensa antitanque para proteger a las comunidades del norte de Israel.
El 8 de abril, conocido como «Miércoles Negro», Israel lanzó la «Operación Eternal Darkness». En un ataque coordinado de diez minutos, 50 aviones de combate y unidades de artillería impactaron 100 objetivos en Beirut, Sidón, Tiro y la Bekaa, causando 357 muertos y 1.223 heridos. Un objetivo clave fue el puente Qasmieh en Tiro, el último de siete puentes sobre el río Litani que permitía el movimiento logístico hacia el sur, dejando aisladas tanto a las unidades de Hezbollah como a miles de civiles. Ese mismo día, fue eliminado Maher Qassem Hamdan, comandante de las Brigadas Libanesas de Resistencia.
El 9 de abril se inició formalmente la Batalla de Bint Jbeil, bastión simbólico de Hezbollah. La 98ª División completó el cerco de la ciudad, atrapando a cientos de combatientes. Hezbollah utilizó morteros y cohetes para intentar frenar el avance, mientras que francotiradores se posicionaron en áreas residenciales. Durante los primeros choques en la periferia, dos soldados paracaidistas israelíes resultaron heridos.
El 10 de abril, las tropas israelíes (Givati y Paracaidistas) avanzaron hacia el mercado central y el complejo Musa Abbas. Hezbollah empleó emboscadas planificadas y artefactos explosivos improvisados (AEI) en los angostos callejones del casco antiguo para inutilizar vehículos blindados. Se reportó el uso de fósforo blanco en Yohmor para cubrir el avance de la infantería, lo que generó incendios en estructuras civiles. Al final del día, las FDI controlaban aproximadamente dos tercios de la ciudad.
El 11 de abril, Hezbollah lanzó 47 ataques en un intento de romper el asedio, hiriendo a cuatro personas en el norte de Israel. Las fuerzas terrestres israelíes localizaron y destruyeron una red de túneles en Taybeh utilizada por la Fuerza Radwan para incursiones fronterizas. En Bint Jbeil, las tropas israelíes capturaron arsenales adicionales y eliminaron a cerca de 100 militantes en combates de proximidad.
El 12 de abril, la batalla se concentró en el estadio local y los últimos barrios periféricos. Hezbollah logró impactar un tanque israelí en Odaisseh con un dron FPV. Sin embargo, el aislamiento de la ciudad era total, y las FDI procedieron a la demolición de viviendas utilizadas como nidos de ametralladoras y puestos de observación. Al cierre del período analizado, la infraestructura militar de Hezbollah en el sector sur del Litani se encontraba severamente degradada, con sus líneas de suministro cortadas y sus principales centros de mando destruidos, marcando el inicio de una fase de ocupación y desarme forzoso por parte de las fuerzas de la coalición.
Operaciones Aéreas
Las operaciones transicionaron de una campaña de bombardeo estratégico intensivo hacia una estrategia de asfixia económica y bloqueo logístico. Durante este período, las misiones aéreas ejecutadas por la coalición buscaron la eliminación definitiva de la base industrial de defensa de Irán y la parálisis de su movilidad logística interna; en contraste, la República Islámica y sus aliados regionales intentaron mantener una capacidad de respuesta asimétrica mediante el uso de salvas de misiles y drones merodeadores.
El 30 de marzo, la coalición alcanzó la cifra de 13.000 objetivos atacados desde el inicio de las hostilidades el 28 de febrero. Ese día, la Fuerza Aérea de Israel (FAI) realizó 170 salidas de ataque y se concentró en la supresión de defensas aéreas en la provincia de Mazandarán, específicamente en un sitio de radares en Nowshahr, cerca del mar Caspio. Simultáneamente, se ejecutaron ataques contra la base de misiles Shiraz Sur, donde se destruyeron búnkeres de almacenamiento y lanzadores móviles. En el eje industrial, bombardeos de precisión impactaron la fábrica de baterías Saba en Teherán, un nodo vital para el suministro eléctrico de la flota de drones iraní. Por su parte, la defensa de la OTAN interceptó un misil balístico iraní sobre Turquía por cuarta vez en el conflicto, mientras Hezbollah lanzó una ráfaga de 65 proyectiles contra comunidades en el norte de Israel y el sur del Líbano.
El 31 de marzo, el enfoque se desplazó hacia la infraestructura de seguridad e industria pesada en Teherán e Isfahán. Las fuerzas aliadas atacaron una «ciudad de misiles» subterránea en Isfahán y depósitos de municiones estratégicos. En la capital, los ataques dañaron instalaciones de investigación y desarrollo de componentes para misiles antitanque y motores de vehículos aéreos no tripulados (UAV, por sus siglas en inglés). Para finales de esa jornada, las estimaciones oficiales de Estados Unidos indicaron que el 70 % de la industria de defensa iraní había sido destruida.
Al comenzar abril, la coalición expandió sus objetivos hacia instalaciones de uso dual. Entre el 1 y el 2 de abril, bombardeos estadounidenses e israelíes golpearon la compañía farmacéutica Darou Pakhsh y el Instituto Pasteur en Teherán, bajo la sospecha de su vinculación con programas de armas no convencionales. En el ámbito táctico, el 1 de abril, Irán respondió con cinco salvas de misiles contra Israel, incluyendo una formación de diez proyectiles coordinados. En la región del Golfo, 19 drones y cuatro misiles balísticos iraníes atacaron Bahrein, mientras que en el Kurdistán iraquí, un ataque con drones incendió un almacén de petróleo en Erbil. El 2 de abril, la aviación estadounidense destruyó el puente Bileghan (B1), que conectaba Teherán con Karaj, interrumpiendo la principal ruta logística para el traslado de misiles hacia el oeste del país. Esa misma jornada, ataques contra la isla de Qeshm destruyeron almacenes portuarios y activos navales de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC). En Teherán, un ataque de precisión hirió gravemente a Kamal Kharrazi, presidente del Consejo Estratégico de Relaciones Exteriores, en su domicilio.
El 3 de abril se produjo uno de los incidentes más significativos para la Fuerza Aérea de los Estados Unidos (USAF): un caza F-15E Strike Eagle fue derribado por fuego iraní sobre territorio enemigo. Aunque los dos tripulantes se eyectaron y fueron rescatados posteriormente, la misión de búsqueda y rescate (SAR) resultó costosa: un avión A-10 Warthog se estrelló tras ser alcanzado por fuego antiaéreo y un helicóptero Black Hawk fue impactado por armas ligeras. En represalia por estas pérdidas, la coalición golpeó depósitos en Karaj, mientras que Irán lanzó 26 drones y siete misiles balísticos contra Kuwait, dañando una refinería de petróleo y una planta de desalinización.
El 4 de abril, la guerra aérea escaló con el ataque masivo al complejo petroquímico de Mahshahr, en la provincia de Juzestán. Este golpe destruyó las instalaciones responsables de producir el 70 % de la gasolina doméstica de Irán, provocando una crisis logística inmediata para el régimen. En el ámbito defensivo, la FAI neutralizó un sistema de misiles S-300 en Kahrizak. Irán contraatacó disparando al menos un misil balístico equipado con municiones de racimo que impactó en diez localizaciones de Israel central, incluyendo Bnei Brak y Tel Aviv, donde las submuniciones dispersas causaron heridos civiles.
Durante el 5 de abril, los ataques continuaron sobre centros de investigación en Teherán, Tabriz y Abadán. La proximidad de un cuarto ataque aéreo a la planta nuclear de Bushehr obligó a Rusia a evacuar a 198 ciudadanos y técnicos de la instalación. Al día siguiente, 6 de abril, Irán, Hezbollah y los hutíes de Yemen ejecutaron el ataque coordinado denominado «Anillo de Fuego», activando sirenas en todo Israel en un intervalo de diez minutos mediante el lanzamiento simultáneo de misiles balísticos, drones hacia Eilat y cohetes fronterizos. La coalición respondió con el bombardeo de tres aeropuertos en la provincia de Teherán: Mehrabad, Sepehr y Shahid Aryafor, inmovilizando gran parte de la flota de la Artesh. También se destruyó la Compañía Petroquímica Shiraz por su papel en la producción de precursores para combustible de misiles.
El 7 de abril, antes de la entrada en vigor de una tregua temporal, Estados Unidos lanzó 90 ataques finales contra la isla de Kharg, centrándose en radares y búnkeres de municiones. Paralelamente, las FDI destruyeron ocho puentes ferroviarios estratégicos, incluyendo los de Kashan y Aminabad, con el objetivo de segmentar la red logística militar iraní. Al final del día, se anunció un cese al fuego de dos semanas mediado por Pakistán.
A partir del 8 de abril, el cese al fuego se mantuvo frágil entre Washington y Teherán; no obstante, Israel declaró que la tregua no incluía el frente libanés. Ese mismo día, la FAI ejecutó la oleada de ataques más intensa contra el Líbano, golpeando 100 objetivos de Hezbollah y causando al menos 182 muertes. Entre el 10 y el 11 de abril, Hezbollah respondió lanzando 40 cohetes contra el norte de Israel, impactando residencias en Shlomi y Kiryat Shmona tras un fallo en los sistemas de alerta temprana. La aviación israelí replicó con ataques a otros 200 objetivos de infraestructura en territorio libanés en menos de 24 horas.
Finalmente, el 12 de abril, las conversaciones de paz en Islamabad colapsaron tras 21 horas de negociaciones sin acuerdo sobre el programa nuclear y las sanciones. Ante el estancamiento diplomático, la administración estadounidense anunció que a partir del 13 de abril se impondría un bloqueo naval total a todos los puertos iraníes, transformando el conflicto en una campaña de presión económica extrema denominada internamente como «Operación Furia Épica Económica».

Operaciones Navales
Durante estas dos semanas, el teatro de operaciones navales en Medio Oriente transitó de una fase de ataques estratégicos a una guerra de control marítimo y bloqueo selectivo, centrada en el estrecho de Ormuz y los accesos al golfo Pérsico.
El 30 de marzo de 2026, la actividad hostil se intensificó con el ataque iraní al portacontenedores de bandera singapurense Haiphong Express, el cual fue blanco de un misil balístico lanzado por la IRGC debido a sus supuestos vínculos comerciales con Israel. Simultáneamente, varios proyectiles impactaron en las proximidades de buques mercantes a 22 millas náuticas al noreste de Ras Tanura, en aguas saudíes. En respuesta, las fuerzas navales de Estados Unidos ejecutaron ataques de precisión contra el buque portadrones IRIS Shahid Bagheri y la corbeta de misiles IRIS Abu Mahdi al-Muhandis, causando daños significativos en sus cubiertas de vuelo y sistemas de lanzamiento.
El 31 de marzo, la Marina de los Estados Unidos reportó el despliegue del Grupo de Ataque del Portaaviones USS George H.W. Bush (CVN-77) desde Norfolk, Virginia, con el objetivo de reforzar las operaciones de combate y relevar al USS Gerald R. Ford, que continuaba su proceso de reparación en Souda Bay, Creta, tras sufrir daños estructurales internos. Ese mismo día, un dron kamikaze iraní impactó al buque tanque kuwaití Al Salmi mientras se encontraba fondeado cerca de Dubái, lo que provocó daños en la superestructura sin causar bajas entre la tripulación.
La escalada alcanzó un nivel superior el 1 de abril de 2026. En una operación coordinada, Irán lanzó tres misiles de crucero contra el petrolero Aqua 1, de bandera panameña y fletado por QatarEnergy, mientras navegaba a 17 millas náuticas al norte de Ras Laffan. Aunque las defensas costeras qataríes interceptaron dos de los proyectiles, el tercero impactó en el casco por encima de la línea de flotación, provocando un incendio que fue sofocado horas después. En represalia, aeronaves de la coalición y misiles lanzados desde plataformas navales atacaron la isla de Hengam en el estrecho de Ormuz, destruyendo radares de vigilancia y dejando varios heridos entre el personal técnico iraní. Además, Irán lanzó una oleada masiva de 19 drones y cuatro misiles balísticos contra infraestructuras en Baréin, obligando a los destructores de la clase Arleigh Burke a realizar interceptaciones continuas.
El 2 de abril, la defensa aérea costera de Irán logró derribar un caza F-15E Strike Eagle estadounidense que realizaba misiones de patrulla desde un portaaviones en el mar Arábigo. Este suceso forzó un cambio en las tácticas de la aviación embarcada, priorizando el uso de drones de vigilancia para mapear las baterías de misiles móviles Ra’ad y Ghadir desplegadas a lo largo de la costa persa. El 3 de abril, unidades de fuerzas especiales lanzadas desde el USS Tripoli (LHA-7) completaron el rescate de la tripulación del avión derribado.
El 4 de abril se produjo un evento polémico cuando el IRGC afirmó haber atacado con drones al buque MSC Ishyka en el estrecho de Ormuz. Sin embargo, datos de telemetría confirmaron que el ataque ocurrió realmente mientras el buque estaba atracado en el puerto Khalifa Bin Salman, en Bahrein, lo que representó la primera incursión directa contra una instalación portuaria soberana de un estado del Golfo durante este período. El daño en el portacontenedores fue moderado, afectando principalmente a la zona de carga de popa.
El 5 de abril, el conflicto naval se extendió hacia el Mediterráneo oriental y el golfo de Omán. Hezbollah afirmó haber disparado un misil de crucero antibuque contra un buque de guerra israelí a 68 millas náuticas de la costa libanesa; aunque Israel negó el impacto, informes independientes sugieren que un buque de apoyo británico en la zona pudo haber sufrido daños por metralla. Ese mismo día, un ataque de precisión de la coalición eliminó al brigadier general Mostafa Azizi, comandante del 3er Distrito Naval de la IRGC en Juzestán, debilitando la coordinación de las lanchas rápidas en el noroeste del Golfo. Irán respondió lanzando misiles de crucero contra objetivos en Kuwait, Qatar y los Emiratos Árabes Unidos.
Entre el 6 y el 7 de abril, el volumen de tránsito en el estrecho de Ormuz se mantuvo en mínimos históricos, con apenas 11 buques diarios utilizando el corredor controlado por Irán cerca de la isla de Larak. Dos buques de gas natural licuado (GNL) con destino a Pakistán se vieron obligados a retroceder tras ser amenazados por patrulleras iraníes por no cumplir con el pago de peajes exigidos por Teherán.
El 8 de abril se anunció un cese al fuego temporal de dos semanas mediado por Pakistán. A pesar de la pausa en los ataques aéreos masivos, la tensión naval persistió. Estados Unidos inició operaciones de desminado en las rutas internacionales del Estrecho, utilizando destructores y equipos de desactivación de explosivos. Por su parte, Irán mantuvo su política de «peaje de protección», advirtiendo que cualquier buque fuera de sus rutas designadas corría el riesgo de impactar con minas marinas.
El 9 de abril, la calma del alto el fuego se rompió parcialmente cuando el buque Qingdao Star, de bandera de las Islas Marshall, fue alcanzado por un misil de crucero Qadir al sur de la isla de Kish, sufriendo daños en el casco pero logrando continuar su navegación. Al mismo tiempo, Bahrein interceptó siete drones iraníes que violaron su espacio marítimo.
Finalmente, el 11 de abril, los destructores USS Frank E. Petersen y USS Michael Murphy realizaron un tránsito provocativo por el estrecho de Ormuz para garantizar la libertad de navegación y destruir un dron de vigilancia iraní que maniobraba de forma hostil sobre las unidades estadounidenses. Tras el fracaso de las negociaciones de paz en Islamabad el 12 de abril, el presidente de Estados Unidos anunció un bloqueo naval total contra todos los puertos iraníes, ordenando a la Quinta Flota interceptar cualquier embarcación que hubiera pagado peajes a Irán. Este anuncio cerró el período con el reposicionamiento masivo de activos navales, incluyendo el USS Trípoli y la 31.ª Unidad Expedicionaria de Marines, preparándose para una fase de interdicción marítima total.

Operaciones Especiales
El enfrentamiento en el campo de las operaciones de ciberataques, espionajes y sabotajes entró en una fase de «nihilismo digital», donde el sabotaje de infraestructuras críticas fue la principal herramienta de presión. Mientras Irán alcanzaba su día 38 de un apagón digital casi total, sus proxies y unidades del Ministerio de Inteligencia y Seguridad (MOIS) demostraron una autonomía operativa sin precedentes fuera de sus fronteras.
El 30 de marzo, la guerra digital se expandió a Europa cuando el grupo BD Anonymous ejecutó un ataque de denegación de servicio (DoS) contra el gobierno regional de Molise, en Italia, como represalia por la postura diplomática de la Unión Europea. Al día siguiente, fuerzas israelíes ejecutaron una operación combinada contra la farmacéutica Tofigh Daru en Teherán; tras un ataque cinético, se efectuó el borrado digital de fórmulas y registros de producción, lo que paralizó de forma irreversible la fabricación de tratamientos para el cáncer y la esclerosis múltiple. Simultáneamente, el actor RuskiNet filtró datos privados de 50.000 clientes del portal israelí Speeddeal.co.il.
El 1 de abril marcó un hito con el ataque a la infraestructura de la nube regional. Drones de la IRGC impactaron la sede de Batelco en Hamala, Bahrein, que albergaba nodos de Amazon Web Services (AWS). El daño físico y la inyección de comandos maliciosos provocaron un estado de caída crítica (hard down), dejando inoperativas múltiples zonas de disponibilidad y afectando servicios financieros y logísticos en todo el Golfo. Ese mismo día, el grupo Handala Hack tomó el control total de la infraestructura de TI del condado de St. Joseph en Indiana, EE.UU., exfiltrando 2 TB de datos de la fiscalía y la policía antes de borrar 12 TB de los servidores principales.
La ofensiva continuó el 2 de abril con una operación de borrado masivo de Handala, que eliminó 22 TB de datos de 14 empresas israelíes, incluyendo sectores industriales como Opal Plastic. Además, el grupo afirmó haber infiltrado PSK WIND Technologies para extraer planos confidenciales de los sistemas de mando y control (C2) de la defensa aérea de Israel. El 4 de abril, el foco giró hacia el espionaje y el doxing (divulgación de información sensible), al exponerse registros de 50 oficiales superiores de la unidad 9900 de las FDI, encargada de la inteligencia geoespacial.
El 6 de abril, la alianza Z-PENTEST demostró la vulnerabilidad de la cadena de suministro tecnológica al acceder al sistema MSTEC PureWater 100 en Corea del Sur. Los atacantes publicaron videos operando válvulas y alterando sensores de pH de una planta que suministra agua ultrapura para las industrias de microchips y farmacéutica. Esto precedió a la alerta federal en Estados Unidos del 7 de abril, donde se confirmó que actores del IRGC estaban comprometiendo controladores lógicos programables (PLC) de Rockwell Automation en plantas de agua y energía estadounidenses, lo que causó interrupciones operativas y pérdidas financieras directas.
A pesar del anuncio de un cese al fuego el 8 de abril, la ciberguerra no se detuvo. Handala declaró que sus ataques contra Israel persistirían, mientras que el grupo OilRig (APT34) aprovechó la calma relativa para implantar backdoors en el sector financiero del Golfo y contratistas de defensa occidentales, asegurando persistencia operativa para futuras fases de desgaste estratégico.

SITUACIÓN POLÍTICO Y DIPLOMÁTICO
| Dimensión Político y Diplomática | |||
| Variable | Puntaje individual | Puntaje total | Intensidad |
| Actores Directos | 🟠Retroceso Menor
(-1) |
-1 | 🟠 Alta Intensidad |
| Actores Externos | 🟠Retroceso Menor
(0) |
||
| ORG Internacional | 🟠Retroceso Menor
(0) |
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El conflicto entre Estados Unidos e Israel contra Irán, entre el 30 de marzo y el 12 de abril de 2026, constituyó un panorama de escalada multidimensional donde convergieron actores internos, externos y organizaciones internacionales con respuestas diferenciadas. En el plano interno, Estados Unidos mantuvo un discurso de máxima beligerancia con amenazas de alta intensidad que, pese a la tregua continuaron generando incertidumbre ante la ausencia de un acuerdo formal de cese de hostilidades. Irán asumió una actitud desafiante, negando haber solicitado un alto el fuego y avanzando en iniciativas de cobro de peaje en el estrecho de Ormuz; por su parte, Israel mantuvo su campaña militar ofensiva contra Irán, previo a la tregua, y contra el Líbano, rechazando su inclusión en el acuerdo temporal.
En paralelo, los actores externos adoptaron posturas diversas. Los estados europeos rechazaron el uso de la fuerza para abrir el estrecho de Ormuz, pero continuaron exhortando a redoblar esfuerzos diplomáticos. Rusia y China vetaron en la Organización de las Naciones Unidas (ONU) una resolución sobre seguridad marítima en el Estrecho, al tiempo que promovieron la desescalada y dieron la bienvenida a la tregua; no obstante, tras el fracaso de las negociaciones mantuvieron un perfil reservado. Los estados musulmanes, por su parte, se mostraron críticos hacia Irán pero también condenaron los ataques israelíes al Líbano, mientras Pakistán actuó como mediador central albergando las negociaciones fallidas en Islamabad. Los grupos proiraníes intensificaron sus ataques y su retórica en apoyo a Irán; en tanto, estados como Turquía acusaron a Israel de sabotear la paz, Argentina declaró persona non grata a un diplomático iraní y Colombia celebró la tregua.
Finalmente, organismos como el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) continuaron alertando sobre los riesgos radiológicos derivados de los ataques a instalaciones nucleares iraníes, al tiempo que valoraron positivamente la tregua anunciada. Asimismo, la Organización de Países Exportadores de Petróleo y sus aliados (OPEP+) acordaron aumentar la oferta de petróleo para estabilizar los mercados ante la crisis energética. Por su parte, la Organización de Cooperación Islámica (OCI) no registró pronunciamientos oficiales durante este período.
Actores Internos
Estados Unidos afirmó haber constatado un cambio de régimen en Irán, lo que le brindaba la seguridad necesaria para establecer un acuerdo bilateral. En ese contexto, el Pentágono se preparaba para semanas de operaciones terrestres. Asimismo, el presidente Donald Trump señaló la oportunidad de tomar el control de la terminal petrolera iraní en la isla de Kharg y advirtió que atacaría la infraestructura civil iraní si no se evidenciaban avances hacia un alto el fuego. Por ello, fijó el 6 de abril como fecha límite para el inicio de negociaciones. En esa misma línea, el secretario de Defensa, Pete Hegseth, respaldó este mensaje al afirmar que, en caso contrario, la guerra continuaría con mayor intensidad.
Posteriormente, el secretario de Estado, Marco Rubio, declaró que Estados Unidos debía evaluar su vínculo con la OTAN debido a la negativa de algunos países miembros a permitir el uso de sus bases militares. En particular, advirtió a Reino Unido que Estados Unidos no le brindaría apoyo militar en el futuro, argumentando que no había recibido asistencia británica en la campaña contra Irán ni en el envío de buques para escoltar el tránsito por el Estrecho. Rubio defendió la ofensiva lanzada conjuntamente con Israel bajo el argumento de que Irán estaba “al borde” de obtener un “escudo convencional” compuesto por numerosos misiles y drones, lo que impediría frenar un eventual desarrollo de armas nucleares. Calificó este escenario como “intolerable” y sostuvo que “bajo ninguna circunstancia un país gobernado por clérigos chiíes radicales con una visión apocalíptica puede poseer armas nucleares”, aunque Irán sostiene que su programa nuclear tiene fines exclusivamente energéticos. Asimismo, Estados Unidos aseguró que retiraría sus tropas en un plazo de dos o tres semanas e instó a los países afectados por el cierre del estrecho de Ormuz a apoyar la campaña realizando muestras de ‘’valentía’’.
Para el día 33 del conflicto, Trump declaró que Irán había solicitado un alto el fuego, pero que solo lo consideraría tras la reapertura del estrecho de Ormuz. Hasta entonces, advirtió: “Vamos a arrasar Irán hasta la aniquilación” y “de vuelta a la Edad de Piedra”, justificando el conflicto en nombre de “la seguridad de Estados Unidos y de un mundo libre”. Las amenazas se extendieron a las centrales eléctricas, afirmando que Estados Unidos podría abrir fácilmente el Estrecho, extraer el petróleo y obtener beneficios económicos. Ante esta situación, el secretario de Defensa, Pete Hegseth, destituyó a 12 generales, incluido el comandante de las fuerzas terrestres. Hacia el día 37, comenzaron a circular rumores de posibles negociaciones, aunque el discurso oficial seguía orientado hacia la “aniquilación de una civilización entera”.
Trump confirmó que Estados Unidos envió armas a manifestantes de protestas antigubernamentales ocurridas en Irán en enero pasado. Días después, se confirmó la recepción de un plan para frenar las hostilidades propuesto por mediadores, pero el presidente no lo aprobó. Al ser cuestionado sobre por qué atacar infraestructura iraní no constituye un crimen de guerra, respondió: “Porque son animales”. A horas del vencimiento del plazo, en el día 39°, Trump afirmó encontrarse en “negociaciones intensas”, lo que derivó en la aceptación de una tregua temporal y la suspensión de los ataques.
Al día siguiente, ante declaraciones de Israel sobre la continuación de ataques en Líbano, Estados Unidos aclaró que este país no estaba incluido en el acuerdo. Internamente, el intento de la oposición demócrata por impedir la continuidad de la guerra no prosperó, al carecer de respaldo parlamentario. En cuanto al conflicto entre Israel y Líbano, se anunció que el Departamento de Estado sería sede de futuras negociaciones. Para el día 42, los negociadores estadounidenses eran JD Vance, Steve Witkoff y Jared Kushner. Paralelamente, Washington advirtió que, de no alcanzarse un acuerdo de paz, reanudaría sus operaciones militares con mayor intensidad, bajo la premisa de un “reinicio” estratégico.
En ese sentido, la negociación se basará en los 10 puntos propuestos por Irán:
- Cese total de agresiones contra Irán y los grupos de resistencia aliados.
- Retirada de las fuerzas de combate estadounidenses de la región, prohibición de cualquier ataque desde bases contra Irán y abstención de adoptar despliegues militares ofensivos.
- Tránsito diario limitado de buques por el estrecho de Ormuz durante dos semanas, bajo un protocolo de paso seguro supervisado y regulado por Irán.
- Levantamiento de todas las sanciones primarias, secundarias y de las impuestas por la ONU contra Irán.
- Compensación de los daños sufridos por Irán mediante la creación de un fondo de inversión y financiero.
- Compromiso de Irán de no fabricar armas nucleares.
- Reconocimiento por parte de Estados Unidos del derecho de Irán a enriquecer uranio y negociación sobre el nivel de enriquecimiento.
- Aceptación por parte de Irán de negociar acuerdos de paz bilaterales y multilaterales con países de la región en función de sus intereses.
- Extensión del principio de no agresión a todos los actores que hayan agredido a los grupos de resistencia.
- Finalización de todas las resoluciones de la Junta de Gobernadores (Organismo Internacional de Energía Atómica, OIEA) y del Consejo de Seguridad, y aprobación de todos los compromisos en una resolución oficial de la ONU.
Tras tres rondas de negociaciones el 11 de abril, JD Vance declaró que solo hubo avances parciales, persistiendo el desacuerdo sobre el control del estrecho de Ormuz. Horas más tarde, Donald Trump anunció un bloqueo a todo el tráfico marítimo en la zona.
Desde la postura israelí, se sostuvo que la campaña militar continuaría hasta debilitar las capacidades militares y nucleares de Irán. En este marco, el parlamento israelí aprobó un presupuesto cercano a 40.000 millones de euros para la reconfiguración regional posterior al conflicto. De forma reiterada, Israel reportó nuevas oleadas de bombardeos contra infraestructura iraní y afirmó estar preparado para sostener la ofensiva durante semanas. El primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, afirmó que Israel está forjando nuevas alianzas con países “importantes” de la región para contrarrestar lo que ha descrito como la “amenaza iraní”.
El ejército israelí informó que su fuerza aérea atacó el supuesto cuartel general central y la sede financiera de la Guardia Revolucionaria en Teherán. Netanyahu afirmó que la Fuerza Aérea israelí había destruido el 70 % de la producción de acero iraní y aseguró que, en coordinación con Estados Unidos, continuaría sus operaciones contra Hezbollah e Irán. Asimismo, se anunció la intención de bombardear el cruce fronterizo de Masnaa entre Siria y Líbano, justificando su uso por Hezbollah para fines militares y el contrabando de armas, según declaró el portavoz de las tropas israelíes en árabe, Avichay Adraee. Las instalaciones petroquímicas de Pars Sur, en el suroeste de Irán, que albergan las mayores reservas mundiales de gas natural, fueron alcanzadas por un ataque aéreo israelí-estadounidense, según informaron medios iraníes, junto con un ataque en la planta de Asaluyeh y Shiraz. Las Fuerzas de Defensa de Israel emitieron una “advertencia urgente” a los iraníes para que no utilizaran los trenes y se mantuvieran alejados de las vías férreas durante las siguientes doce horas.
Frente al anuncio de una tregua temporal entre Estados Unidos e Irán, una fuente consultada por el diario israelí Haaretz señaló que Israel respetaría el acuerdo alcanzado, que suponía el inicio de un alto el fuego y el aplazamiento de dos semanas del ultimátum estadounidense contra infraestructuras iraníes. Sin embargo, Netanyahu negó detener su ofensiva sobre el Líbano, mostrando un claro rechazo a incluirlo en el acuerdo, además de afirmar que Israel está listo para volver a atacar Irán cuando sea necesario, así como a Hezbollah.
Para el día 41 de enfrentamientos, el primero desde la tregua, Netanyahu afirmó haber dado instrucciones para empezar negociaciones directas con Líbano lo antes posible, centrándose en desarmar a Hezbollah y establecer la paz entre Israel y Líbano. Por el momento, Israel descartó negociar un alto el fuego con Hezbollah cuando mantenga conversaciones con el gobierno libanés la próxima semana en Washington, según explicó el embajador israelí en Estados Unidos, Yechiel Leiter. Refiriéndose a Irán, aseguró que “la campaña aún no ha terminado”. Hasta el término de las negociaciones y posterior a ello, no hubo pronunciamiento oficial del Estado de Israel sobre el resultado de las negociaciones en Pakistán.
En el caso de Irán, el régimen comenzó el segundo mes de ataques desafiando la orden de expulsión del Líbano contra su embajador al declarar que se quedaría. Asimismo, negó rotundamente que hubieran existido negociaciones con funcionarios estadounidenses, aunque aclaró que sí ha habido comunicación a través de la mediación pakistaní, agregando: “Nuestra postura es muy clara. En la actualidad, mientras la agresión militar y la invasión de Estados Unidos continúan con toda su intensidad, todos nuestros esfuerzos y capacidades están dedicados a defender la esencia de Irán”. El presidente de Irán, Masud Pezeshkian, instó al presidente estadounidense a escuchar el mensaje de las multitudinarias manifestaciones convocadas el sábado en las principales ciudades norteamericanas bajo el lema «No Kings», y añadió: «El pueblo americano está enfadado por el ‘Israel primero’, están cansados de que los reyes israelíes gobiernen la democracia estadounidense».
En el día 31 de enfrentamientos, se iniciaron conversaciones determinantes respecto a la decisión del régimen sobre el cobro de peaje en el estrecho de Ormuz. Diputados iraníes registraron en el Parlamento un proyecto de ley de urgencia para gravar el tránsito de buques. La semana pasada, el presidente de la Comisión de Asuntos Civiles del Parlamento, Mohamad Reza Rezaei Kochi, anunció que se estaba preparando un proyecto de ley que reconocería legalmente la soberanía, el dominio y la supervisión de Irán sobre el estrecho de Ormuz, generando una fuente de ingresos soberana. Asimismo, el parlamento debatió la salida del país del Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP); al respecto, el portavoz del Ministerio de Exteriores, Esmail Baghaei, calificó el asunto como una cuestión de gran calado cuya respuesta no es sencilla. Por su parte, el presidente Pezeshkian aseguró a la Unión Europea que la República Islámica está dispuesta a finalizar el conflicto si recibe garantías contra futuros ataques.
En las jornadas posteriores, Irán negó que las conversaciones constituyeran negociaciones formales y rechazó haber solicitado un alto el fuego. El presidente iraní sostuvo que su país “nunca, en su historia moderna, ha elegido el camino de la agresión, la expansión, el colonialismo o la dominación, y nunca ha iniciado ninguna guerra”. La agudización del discurso se dio sobre todo por parte de la Guardia Revolucionaria, cuyas fuerzas amenazaron con más destrucción y alardearon de su poderío en respuesta al discurso nacional de Donald Trump, afirmando que la guerra continuará hasta que Estados Unidos e Israel se enfrenten a “la humillación, la deshonra, un arrepentimiento duradero y la rendición final”, acusando a Washington de tener exigencias «maximalistas e irracionales».
Para el día 33, según un funcionario del Ministerio de Exteriores de Irán, el país estaba redactando un protocolo con Omán para supervisar el tráfico en el estrecho de Ormuz. En el ámbito cinético, Irán atacó centros de datos de Amazon y Oracle en Baréin y Dubái, respectivamente. Aunque el IRGC negó la autoría del ataque a una planta desalinizadora en Kuwait, advirtió que, ante amenazas a su infraestructura eléctrica, tomará represalias contra instalaciones israelíes y plantas regionales que abastecen a bases estadounidenses. En un mensaje dirigido a las fuerzas de seguridad de Estados Unidos, advirtió: “Si golpean la electricidad, golpeamos la electricidad”.
A nivel diplomático, la embajada de Irán en Austria criticó a la jefa de política exterior de la UE, Kaja Kallas, por su postura respecto a la crisis del estrecho de Ormuz. El ejército iraní advirtió que la región se convertiría en un “infierno” si se intensifica la guerra, luego de haber señalado que los medios estadounidenses estaban tergiversando la postura iraní respecto a la comunicación que se tiene. También resaltó la existencia de un lobby israelí que condiciona las decisiones de Estados Unidos. Sobre ello, el presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Qalibaf, escribió en la red social X: “Tus movimientos imprudentes están arrastrando a Estados Unidos a un infierno viviente para cada familia, y toda nuestra región va a arder porque insistes en seguir las órdenes de Netanyahu”. Por otro lado, Seyyed Mohammad Mehdi Tabatabaei, portavoz presidencial, dijo que la reapertura del estrecho de Ormuz solo podrá producirse si los ingresos del tránsito se destinan parcialmente a compensar a Irán por los daños de guerra.
Asimismo, el IRGC prometió vengar la muerte de su jefe de inteligencia, Majid Jademi, fallecido en ataques de la coalición. En paralelo, el ministro de Asuntos Exteriores iraní, Abbas Araqchi, advirtió que si Estados Unidos ataca finalmente las centrales eléctricas iraníes sería un crimen de guerra y subrayó que lo están reconociendo públicamente y con antelación, afirmando: «Las amenazas de Estados Unidos de atacar las instalaciones de la red eléctrica iraní son un claro reconocimiento de que van a cometer crímenes de guerra». Según la agencia iraní Tasnim, Irán añadiría a su lista de objetivos las instalaciones petroleras de Aramco, la ciudad saudí de Yanbu y el oleoducto de Fujairah, de Emiratos Árabes Unidos, si Trump atacaba las centrales eléctricas del país.
El 6 de abril, tras revisar un plan para el cese de hostilidades, Teherán rechazó reabrir el estrecho a cambio de un alto el fuego temporal, argumentando que Washington carece de disposición para un acuerdo permanente. Al día siguiente, luego de haber evaluado favorablemente la solicitud pakistaní de un alto el fuego, se concluyó que Estados Unidos e Irán firmaron una tregua de dos semanas tras el ultimátum de Trump, con un acuerdo que incluye el control iraní del estrecho de Ormuz. El presidente Pezeshkian atribuyó este resultado al “sacrificio del líder mártir Jamenei y de la presencia de todos los pueblos en el escenario”. Sin embargo, el IRGC advirtió que mantiene «el dedo en el gatillo» y están listos para responder a cualquier agresión a pesar de la tregua, afirmando: «No confiamos en las promesas del enemigo y responderemos a cualquier agresión con un nivel superior».
Tras la negativa de Israel y Estados Unidos a incluir al Líbano en el acuerdo de alto el fuego, la Guardia Revolucionaria declaró que los términos son «claros y explícitos»: «EE. UU. debe elegir alto el fuego o guerra continua a través de Israel». El IRGC amenazó con represalias inmediatas si no cesaban los ataques contra territorio libanés, calificando las acciones en Beirut como una “brutal masacre”. Por su parte, Mohammad Baqer Qalibaf, presidente del Parlamento iraní, subrayó en una carta difundida en su cuenta de X que se habían violado «tres cláusulas clave de la propuesta de 10 puntos» del acuerdo con Estados Unidos antes incluso de iniciar las negociaciones formales.
Al término del día 40, la televisión estatal informó que el estrecho de Ormuz había sido “cerrado completamente”, obligando a los petroleros a retroceder. En este marco, el líder supremo, Mojtama Jameneí, emitió un mensaje subrayando que, aunque Irán no busca la guerra, “no renunciará a sus derechos”. Asimismo, en el contexto de las negociaciones, el día 9 de abril la delegación iraní arribó a Islamabad y solicitó una reunión con autoridades pakistaníes de forma previa a su reunión con Estados Unidos. Durante el proceso, Teherán condicionó el éxito del diálogo a que Estados Unidos priorice sus propios intereses sobre los de terceros. El vicepresidente primero de Irán, Mohamad Reza Aref, escribió en la red social X: «Si negociamos en Islamabad con representantes de ‘Estados Unidos Primero’, es probable alcanzar un acuerdo beneficioso, pero si nos enfrentamos a representantes de ‘Israel Primero’, no habrá acuerdo». Además, señaló que “inevitablemente Irán continuará su defensa con aún más firmeza que antes, y el mundo afrontará mayores costes”.
Finalmente, la delegación encabezada por el presidente del Parlamento, Mohamad Baqer Qalibaf, abandonó Islamabad tras concluir una reunión directa de más de 21 horas con Estados Unidos que finalizó sin un acuerdo definitivo. Bajo la advertencia de mantener las restricciones en el Estrecho, la IRGC afirmó tener el tráfico bajo control absoluto y amenazó con atrapar a sus enemigos en un “remolino mortal”. Pese al estancamiento, el presidente Pezeshkian concluyó asegurando que Irán mantiene la disposición de alcanzar un acuerdo «equilibrado y justo»

Actores Externos
Estados Europeos
En el día 32 de enfrentamientos, España cerró su espacio aéreo a las aeronaves estadounidenses involucradas en la ofensiva contra Irán, una medida que amplió su negativa previa de permitir el uso de las bases militares de gestión conjunta. El presidente, Pedro Sánchez, condenó el ataque perpetrado contra una base de la Fuerza Provisional de las Naciones Unidas para el Líbano (FINUL) y exigió al gobierno de Israel el cese de hostilidades. Horas más tarde, España y otros 16 países europeos expresaron su consternación por la situación en el Líbano ante la escalada de violencia, reclamando a Hezbollah el fin de sus ataques contra Israel y exigiendo a este último el respeto al derecho internacional ante los ataques contra civiles.
Hacia el día 40 de enfrentamientos, el ministro de Asuntos Exteriores español, José Manuel Albares, manifestó una cautelosa esperanza ante la tregua entre Estados Unidos e Irán, aunque advirtió que la paz definitiva se mantenía distante. Albares y Sanchez insistieron en que el Líbano debía ser incluido en el alto el fuego, instando a la Unión Europea a suspender sus acuerdos con Israel. En el marco de la tregua, España reabrió su embajada en Teherán y ofreció su apoyo a Pakistán en las negociaciones de paz entre Irán y Estados Unidos que tendrían lugar en Islamabad, tras el cese al fuego de dos semanas pactado.
Por su parte, Francia negó a Israel el uso de su espacio aéreo para transportar armas estadounidenses destinadas a la guerra contra Irán. El presidente, Emmanuel Macron, calificó de «poco realista» la propuesta de Estados Unidos de liberar por la fuerza el estrecho de Ormuz, rechazando el llamado de Donald Trump para que otros países utilizaran medios militares en el desbloqueo de la vía. El ministro de Exteriores francés, Jean-Noël Barrot, reiteró la oposición de París a los ataques contra infraestructuras civiles y señaló el ultimátum de Trump como un factor «especialmente peligroso». Respecto a los rumores sobre el cobro de peaje en el estrecho de Ormuz, el ministro Barrot insistió en que establecer un sistema de peaje sería «inaceptable», subrayando que sería contrario al derecho internacional. Asimismo, el presidente de Francia expresó: «No, no es aceptable porque la libertad de navegación en aguas internacionales es un bien común de la humanidad. Nadie lo aceptaría, sencillamente porque es ilegal”, ante comentarios de Donald Trump sobre la creación de una empresa conjunta para gestionar la navegación mediante un peaje.
El Reino Unido desplegó en Arabia Saudita el sistema de defensa aérea Sky Sabre y planificó la ampliación de su escuadrón de cazas Typhoon en Catar. El primer ministro, Keir Starmer, defendió la vigencia de la OTAN frente a las sugerencias de abandono por parte de la administración Trump. Asimismo, Londres se sumó, junto a Francia e Italia, a la declaración de diez ministros de Asuntos Exteriores europeos instando a Israel a respetar la integridad territorial libanesa. Al final de la sexta semana, Starmer y el sultán de Omán, Haitham bin Tarik al Said, instaron a las partes a retomar el diálogo pese a los resultados negativos de las rondas del 11 de abril.
En cuanto a otros actores europeos, Italia propuso un «corredor humanitario» para el transporte de fertilizantes a través del Estrecho. El gobierno austriaco, bajo su ley de neutralidad, denegó a Estados Unidos el permiso para utilizar su espacio aéreo en operaciones militares contra Irán. En el día 35 de enfrentamientos, la ministra de Asuntos Exteriores de Austria, Beate Meinl-Reisinger, mantuvo una conversación telefónica con su homólogo iraní, Abás Araqchí, en la que le subrayó la necesidad de detener los ataques a los países vecinos y reabrir al tráfico el estrecho de Ormuz. Los países nórdicos, representados por Finlandia y Noruega, consideraron importante conversar sobre la necesidad del cese a los ataques contra los Estados del Golfo, así como también, reafirmaron su postura pronunciándose en contra del uso de la fuerza militar para reabrir el estrecho de Ormuz.
Por último, en Portugal, dirigentes del partido portugués Bloco de Esquerda presentaron una denuncia contra el Gobierno del primer ministro, Luís Montenegro (centroderecha), por haber permitido el uso de la base de las Lajes, en el archipiélago atlántico de las Azores, por parte de Estados Unidos durante su ofensiva. En contraste, el ministro de Exteriores alemán, Johann Wadephul pidió limitar las acciones en Líbano a la «necesaria autodefensa» contra Hezbollah y no «ir más allá’’. El canciller alemán, Friedrich Merz, advirtió de que los ataques de Israel en el sur del Líbano podían «hacer fracasar» el proceso de diálogo entre Washington y Teherán.
Rusia y China
A inicios de abril, Rusia desplegó una activa agenda diplomática conformada por contactos bilaterales, acciones de seguridad y posicionamientos en foros multilaterales. El 1 de abril, el presidente Vladimir Putin sostuvo una conversación con el príncipe heredero saudí, Mohammed bin Salman, en la que abordaron la evolución del conflicto y la cooperación energética en el marco de la OPEP+, evidenciando la preocupación de Moscú por la estabilidad del mercado global.
Días después, Rusia tomó medidas ante la escalada al evacuar a 198 trabajadores de la central nuclear iraní de Bushehr tras nuevos ataques atribuidos a la coalición, lo que reflejó tanto la gravedad de la situación como la intención de proteger sus intereses estratégicos y humanos en la región. Posteriormente, el 7 de abril, Moscú reforzó su activismo al coordinar con Emiratos Árabes Unidos esfuerzos para una solución pacífica, tras un diálogo entre el canciller Serguéi Lavrov y Abdalá bin Zayed Al Nahayan. El mismo día, Rusia, en conjunto con China, vetó en el Consejo de Seguridad de la ONU una resolución impulsada por Baréin orientada a coordinar la protección del transporte marítimo en el estrecho de Ormuz, evidenciando su rechazo a ciertas iniciativas internacionales en el ámbito de seguridad regional.
Para el inicio de las negociaciones, el 8 de abril, el Kremlin adoptó un tono más conciliador al dar la bienvenida al alto el fuego entre Estados Unidos e Irán; el portavoz Dmitry Peskov expresó la expectativa de que este escenario favorezca la reanudación de contactos diplomáticos más amplios. Esta postura se consolidó el 9 de abril, cuando Lavrov, en conversación con el diplomático iraní Abás Araqchí, señaló que Moscú considera que la tregua debería extenderse también al Líbano. Tras la culminación de las negociaciones en Islamabad, no se registraron nuevas declaraciones relevantes por parte de las autoridades rusas, lo que sugiere una fase de cautela y seguimiento diplomático.
Por su parte, China mantuvo desde el inicio una postura consistente centrada en la desescalada, el rechazo al uso de la fuerza y la promoción del diálogo como mecanismo de resolución del conflicto. La portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores, Mao Ning, afirmó que el conflicto no puede resolverse por medios militares e instó a un cese inmediato de las hostilidades.
Beijing reforzó su posición al señalar que las acciones militares de Estados Unidos e Israel constituían la causa fundamental de las tensiones en el Estrecho, incluyendo la interrupción de rutas marítimas. Esta línea se consolidó el 6 de abril, cuando el canciller Wang Yi coincidió con Lavrov en la urgencia del diálogo. El 7 de abril, el presidente Xi Jinping introdujo una dimensión estratégica al enfatizar la necesidad de acelerar la construcción de un nuevo sistema energético nacional en respuesta a las disrupciones generadas por la guerra. Ese mismo día, China se alineó con Rusia al vetar la resolución sobre seguridad marítima en la zona en el Consejo de Seguridad de la ONU.
Hacia el final de la sexta semana, China adoptó un perfil reservado respecto a su participación directa en el acuerdo de alto el fuego, aunque se confirmaron contactos de alto nivel con Washington. El Ministerio de Asuntos Exteriores expresó su expectativa de que las partes consoliden la paz, destacando que Beijing ha mantenido comunicación con todos los actores. Al igual que Rusia, tras el anuncio de la conclusión de las negociaciones en Islamabad, China no registró nuevos pronunciamientos oficiales.
Estados Musulmanes
El 30 de marzo, el presidente Abdelfatah al-Sisi realizó un llamado directo a Donald Trump durante una conferencia en El Cairo, instándolo a intervenir para detener la guerra en el Golfo, enfatizando las graves consecuencias humanitarias y regionales del conflicto. A inicios de la sexta semana el Ministerio de Relaciones Exteriores egipcio condenó los ataques israelíes contra el Líbano, calificándolos como un intento de sumir a la región en un “caos total”, reforzando así su postura crítica frente a la escalada militar y su defensa de la estabilidad regional.
El Líbano se posicionó en una lógica de contención interna y búsqueda de negociación. El presidente Joseph Aoun afirmó que su gobierno trabajaba para iniciar negociaciones con Israel, advirtiendo sobre el riesgo de una guerra civil ante las crecientes tensiones internas. Esta postura se reafirmó el 5 de abril, cuando insistió en la necesidad de frenar una guerra “sin sentido”, para evitar que el sur del Líbano sufriera una devastación similar a la de Gaza. En el contexto de las negociaciones, el gobierno libanés solicitó a Pakistán su inclusión formal en el alto el fuego acordado entre Irán y Estados Unidos, mientras avanzaban contactos diplomáticos, con mediación estadounidense, para establecer una tregua con Israel.
Baréin adoptó un enfoque centrado en la seguridad interna y la protección del comercio internacional. Las autoridades anunciaron la detención de tres personas vinculadas a una supuesta célula afiliada a Hizbulá, reflejando preocupaciones por la seguridad doméstica. Paralelamente, su canciller destacó en la ONU la importancia de una resolución para salvaguardar el comercio global en el estrecho de Ormuz. Sin embargo, el 8 de abril, explosiones en Manama evidenciaron la vulnerabilidad del país incluso tras el anuncio del alto el fuego. Ese mismo día, Baréin anunció la reapertura de su espacio aéreo tras 39 días de cierre, marcando un intento de retorno gradual a la normalidad.
En cuanto a Qatar, el portavoz de Exteriores, Majed al Ansari, subrayó que el futuro del estrecho de Ormuz debe ser decidido por los países de la región. No obstante, el 5 de abril, el primer ministro Mohamed bin Abdulrahmán criticó a Irán por poner en riesgo la seguridad del Golfo; esta postura se endureció el 6 de abril, cuando Doha condenó directamente las acciones iraníes. Finalmente, el 8 de abril, Qatar insistió en la necesidad de cumplir plenamente el alto el fuego y exigió el cese inmediato de acciones hostiles por parte de Irán, reafirmando su enfoque en la estabilidad regional.
Los Emiratos Árabes Unidos (EAU) combinaron una postura pragmática en materia de seguridad con una insistencia en el derecho internacional. A inicios de la quinta semana del conflicto, se informó que el país se preparaba para colaborar con Estados Unidos y sus aliados en la reapertura del estrecho de Ormuz, incluso mediante el uso de la fuerza. Sin embargo, las autoridades emiratíes recalcaron que cualquier acción debía realizarse en estricto cumplimiento del derecho internacional. Esta dualidad se mantuvo el 6 de abril, cuando insistieron en que cualquier alto el fuego debía contemplar las preocupaciones de seguridad de los Estados del Golfo. Recientemente, el director de la Compañía Nacional de Petróleo de Abu Dabi (ADNOC), sultán Al Jaber, afirmó que Irán carece de legitimidad para restringir el tránsito en Ormuz, advirtiendo sobre las graves consecuencias globales.
Por su parte, el Ministerio de Asuntos Exteriores de Irak aseguró haber agotado los esfuerzos para evitar una escalada. Ese mismo día, el país cerró el paso fronterizo de Shalamcheh con Irán tras ataques aéreos que causaron la muerte de un ciudadano iraquí, aunque el tránsito se normalizó el 5 de abril, reflejando una rápida respuesta para restablecer la movilidad. Coincidiendo con la reunión en Pakistán, Irak anunció la reapertura de su espacio aéreo como señal de estabilización.
Finalmente, Arabia Saudita expresó su apoyo a los esfuerzos para alcanzar un acuerdo permanente entre las partes y subrayó la importancia de mantener abierto el estrecho de Ormuz, evidenciando su preocupación por el impacto del conflicto en los mercados energéticos globales y en la seguridad regional.
Grupos Proiraníes
Los hutíes de Yemen intensificaron sus acciones militares y su retórica, consolidándose como uno de los principales actores proiraníes. El 1 de abril anunciaron un cuarto ataque contra Israel, incluyendo el lanzamiento de misiles balísticos dirigidos a “objetivos vitales” en la zona de Jaffa, operación que, según afirmaron, fue coordinada con Irán y con Hezbollah. Posteriormente, reivindicaron su primera ofensiva con un misil balístico de racimo contra infraestructuras estratégicas israelíes, marcando una escalada cualitativa en sus capacidades militares. Dos días antes de hacerse oficial la tregua, los hutíes asumieron una postura condicional, señalando que respetarían el alto el fuego únicamente si Washington cesaba sus ataques, al tiempo que advirtieron a los países europeos sobre posibles “consecuencias negativas” en caso de intervención.
Por otro lado, Hezbollah mantuvo una postura ambivalente entre la contención estratégica y la escalada militar. El 8 de abril, el grupo instó a sus seguidores a no regresar a zonas bombardeadas, aunque afirmó estar “cerca de una victoria histórica”. No obstante, el 9 de abril, acusó a Israel de violar el alto el fuego y anunció nuevos ataques, marcando una reactivación de hostilidades. Ese mismo día, el legislador Ali Fayyad rechazó negociaciones directas con Israel, exigiendo un cese de hostilidades efectivo previo a cualquier diálogo. Esta línea se radicalizó con las declaraciones de su líder, Naim Qassem, quien prometió continuar la lucha “hasta el último aliento”. Asimismo, el grupo presionó al gobierno libanés para evitar negociaciones con Israel tras la muerte de personal de seguridad en Nabatiyeh, y reivindicó ataques con drones y cohetes contra posiciones israelíes en el sur del Líbano y zonas fronterizas, confirmando su disposición a mantener la confrontación activa.
Hamás articuló un discurso político alineado con Teherán, calificando el alto el fuego como un paso hacia la reducción de la hegemonía estadounidense, enmarcando el conflicto en una narrativa de lucha por la libertad e independencia. Del mismo modo, sostuvo que las acciones israelíes reforzaban el derecho a la resistencia y a la represalia, consolidando su postura ideológica. Para el 12 de abril, una delegación de Hamás se reunió en El Cairo con autoridades egipcias para discutir las presuntas violaciones del alto el fuego en Gaza y exigir el cumplimiento total de la primera fase del acuerdo.
Otros Estados
Pakistán se consolidó como un actor central en la mediación del conflicto, combinando esfuerzos diplomáticos, coordinación internacional y liderazgo en las negociaciones. El primer ministro, Shehbaz Sharif, subrayó la necesidad de un “esfuerzo colectivo” para poner fin a la guerra tras una reunión en Islamabad con representantes de Arabia Saudita, Turquía y Egipto. Ese mismo día, el canciller, Ishaq Dar, coordinó en China la logística de futuras conversaciones de paz. El 5 de abril, Pakistán confirmó que las negociaciones entre Estados Unidos e Irán estaban en curso, manteniendo una postura prudente. Dos días después, el gobierno solicitó a Donald Trump un plazo adicional de dos semanas para facilitar el diálogo e instó a Irán a reabrir el estrecho de Ormuz. El 11 de abril, Islamabad acogió las negociaciones directas entre Estados Unidos e Irán encabezadas por J.D. Vance. Mientras que el 12 de abril, Pakistán dio por concluidas las conversaciones, instando a las partes a mantener el compromiso con el alto el fuego, confirmando así su rol como mediador clave en la crisis.
Turquía, bajo el liderazgo de Recep Tayyip Erdogan, acusó a Israel de socavar los esfuerzos de paz, comprometiéndose a seguir impulsando soluciones diplomáticas. El 8 de abril, Ankara dio la bienvenida al alto el fuego e instó a su cumplimiento; sin embargo, días posteriores, el canciller Hakan Fidan alertó a la comunidad internacional sobre la necesidad de prevenir sabotajes al proceso de negociación. Para el fin de la semana, el gobierno turco acusó al primer ministro israelí Benjamín Netanyahu de intentar sabotear las negociaciones para evitar presiones internas.
En Asia, el ministro de Asuntos Exteriores de la India, S. Jaishankar, mantuvo contactos con varios países de la región, incluidos Irán, Emiratos Árabes Unidos y Qatar, ante la crisis en el estrecho de Ormuz. Nueva Delhi dio la bienvenida al alto el fuego y expresó su expectativa de que se restablezca la libertad de navegación en esta vía estratégica, evidenciando su interés en la estabilidad del comercio internacional. A la par, Japón mostró disposición a desempeñar un rol diplomático más activo; la primera ministra Sanae Takaichi abrió la posibilidad de sostener una cumbre con el liderazgo iraní, en un contexto marcado por la presión estadounidense sobre Teherán. Asimismo, el canciller surcoreano, Cho Hyun, anunció el envío de un delegado especial a Irán para abordar tanto la situación en Medio Oriente como asuntos bilaterales.
Dentro del panorama sudamericano, la Cancillería argentina declaró persona non grata al diplomático iraní Mohsen Soltani Tehrani, otorgándole 48 horas para abandonar el país, en un contexto de creciente tensión entre ambos Estados, lo que evidencia un alineamiento crítico hacia Irán. En contraste, Colombia, bajo la presidencia de Gustavo Petro, celebró el aplazamiento del ataque estadounidense contra Irán y el establecimiento de un alto el fuego temporal, destacando la importancia de evitar la destrucción de una civilización, en un mensaje con fuerte carga humanitaria.

Organizaciones Internacionales
Durante la quinta y sexta semana del conflicto, el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) ha mantenido un monitoreo constante sobre la situación nuclear en Irán, en un contexto marcado por la escalada bélica y sus implicancias energéticas a nivel global. El 30 de marzo, el organismo confirmó que la planta de producción de agua pesada de Jonbad, ubicada en el noreste de Irán, sufrió graves daños tras un bombardeo atribuido a Israel, lo que la dejó fuera de operación. Este hecho marcó un punto crítico al evidenciar afectaciones directas a infraestructura nuclear sensible.
Además, la OIEA reportó el impacto de un proyectil en las inmediaciones de la central nuclear de Bushehr, en el suroeste del país. Si bien no se registraron fugas radiactivas, se advirtió que la actividad militar en las cercanías de la central de Bushehr podría desencadenar un “grave accidente radiológico” con potenciales consecuencias transfronterizas, elevando el nivel de alerta internacional respecto a la seguridad nuclear. El 8 de abril, el organismo acogió positivamente los indicios de tregua, manifestando su disposición a apoyar una solución duradera en torno al programa nuclear iraní, bajo su rol de verificación y salvaguarda, como indicó el director general, Rafael Grossi.
En paralelo, la OPEP+, liderada por Arabia Saudita y Rusia, evaluó un posible incremento en la oferta de petróleo con el objetivo de estabilizar los mercados internacionales frente a la crisis energética derivada del conflicto. Esta decisión fue formalizada el 5 de abril, cuando los países miembros acordaron aumentar sus cuotas de producción mientras persistan las tensiones en la región.
Por su parte, la Organización de Cooperación Islámica (OCI) no registró pronunciamientos oficiales desde el 30 de marzo hasta el 12 de abril.
SITUACIÓN HUMANITARIA Y SOCIAL
| Dimensión Político y Diplomática | |||
| Variable | Puntaje individual | Puntaje total | Intensidad |
| Víctimas y Desplazados | 🔴Gravedad Extremo (-3) | -3 | 🔴Impacto Extremo |
| Infraestructura Crítica | 🟠Gravedad Alta
(-2) |
||
| Violaciones al DIH | 🔴Gravedad Media (-3) | ||
El balance de víctimas y desplazados en el conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán durante el período del 30 de marzo al 12 de abril de 2026, expone una crisis humanitaria de escala regional donde la supervivencia civil ha dejado de ser una prioridad táctica para convertirse en un factor de desgaste colateral. El punto de inflexión de esta quincena se ha manifestado en la transición de una crisis de infraestructura hacia un agotamiento social absoluto, especialmente en Irán, donde la campaña de saturación aérea acumuló 600 fallecidos y ha elevado la cifra de nuevos desplazados a 830.000 personas, quienes huyen hacia el noreste en condiciones climáticas extremas.
Esta presión humana se ve agravada por el desmantelamiento metódico de los soportes vitales; la destrucción de 30 universidades y centros científicos en Irán, junto con el colapso de la red nacional de transporte y plantas potabilizadoras, ha transformado el desplazamiento en una huida hacia entornos sin capacidad de respuesta técnica. En el Líbano, la saturación de los refugios al 140 % y la degradación de la infraestructura gubernamental tras el ataque a edificios oficiales el 11 de abril han dejado a 205.000 nuevos evacuados en una situación de asfixia sanitaria y logística irreversible.
En paralelo, el empleo de armamento con efectos indiscriminados, como las municiones de racimo lanzadas contra centros urbanos de Tel Aviv y Eilat (Israel) y el uso de fósforo blanco en Bint Jbeil (Líbano), evidencian una erosión crítica del Derecho Internacional Humanitario (DIH). Esta transgresión normativa se ve amplificada por ataques directos a la seguridad de las misiones de paz de la ONU y al personal médico en Al-Qalila, además de la destrucción sistemática de sitios religiosos como la sinagoga Rafi-Nia en Teherán. Con más de 6,2 millones de desplazados en total y un sistema regional de servicios esenciales reducido a escombros, la guerra configura un escenario donde la violencia cinética y la asfixia estructural operan de forma simultánea, lo cual traslada el peso del conflicto casi exclusivamente a la población civil.
Víctimas y Desplazados
El período comprendido entre el 30 de marzo y el 12 de abril de 2026 marca una transición crítica: de la crisis de infraestructura al agotamiento social. La guerra ha dejado de ser una sucesión de eventos tácticos para convertirse en un estado de desgaste permanente, donde las fronteras nacionales han sido sustituidas por corredores de refugio y zonas de impacto.
En Irán, la campaña sobre centros industriales y nodos de comunicación ha sumado 600 fallecidos y 2.650 heridos en esta quincena. Si bien la letalidad ha mostrado un ligero descenso respecto al período anterior debido a la evacuación masiva de centros urbanos, la crisis de servicios es total. Se contabilizan 830.000 nuevos desplazados, elevando la cifra acumulada de movilidad interna a niveles que las agencias internacionales califican de inmanejables. El flujo humano ahora se aleja de las costas del sur y de Teherán buscando refugio en las provincias del noreste, donde el invierno tardío y la falta de suministros médicos están provocando las primeras alertas por crisis sanitarias respiratorias.
El Líbano continúa siendo el epicentro de la asfixia humanitaria en el Mediterráneo. La persistencia de los combates en el sur y el hostigamiento aéreo sobre el Dahiye han resultado en 355 muertes adicionales y el desplazamiento forzado de 205.000 personas en solo catorce días. El sistema de refugios ha sobrepasado su capacidad teórica en un 140 %, lo cual obliga a miles de familias a ocupar espacios públicos y edificios a medio construir. El colapso del suministro eléctrico y el acceso limitado a agua potable en Beirut han convertido la supervivencia diaria en un desafío logístico que el personal humanitario ya no puede mitigar.
La desestabilización se ha propagado de manera multidireccional por el teatro de operaciones:
- Siria: Se mantiene como la válvula de escape más precaria de la región. En estas dos semanas, ha absorbido a 45.000 personas, principalmente refugiados libaneses y retornados sirios. Los ataques de interdicción en las rutas de Homs y Damasco han causado 115 bajas civiles, complicando las tareas de la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) en los pasos fronterizos, donde la ayuda es escasa por el riesgo de fuego incidental.
- Irak: La geografía del conflicto ha impactado especialmente en las áreas periurbanas de Bagdad y las zonas logísticas del oeste, con un saldo de 65 fallecidos. La interrupción de las cadenas de suministro ha generado un desplazamiento preventivo de 18.000 personas que huyen del riesgo de hostilidades y del desabastecimiento alimentario.
- Estados del Golfo: La vulnerabilidad de los centros financieros se ha confirmado con ataques asimétricos que han cobrado 30 vidas, principalmente en áreas industriales y logísticas de los EAU y el este de Arabia Saudita. Este goteo de víctimas ha provocado el desplazamiento de 7.500 personas, mayoritariamente trabajadores expatriados que buscan zonas de exclusión o vuelos de repatriación.
En Israel, la presión psicológica supera a la letalidad física, pero el coste humano sigue presente. Se reportan 83 fallecidos y 590 heridos en esta quincena, vinculados a la saturación de los sistemas de defensa. Los 20.500 nuevos desplazados internos, que huyen de las zonas de impacto en el centro del país, se suman a una población evacuada que ya presenta signos de fatiga extrema y trauma psicológico crónico en los centros de acogida temporal.
Al cierre de este informe, el panorama es de una fragmentación absoluta. Con más de 6,2 millones de personas en movimiento en todo el arco del conflicto, la región se enfrenta a un rediseño demográfico forzoso. La ayuda humanitaria ya no intenta reconstruir, sino simplemente evitar que el saldo de víctimas por causas colaterales (hambre, falta de diálisis, frío) supere al de las víctimas directas de los proyectiles.

Infraestructura crítica
El conflicto regional ha entrado en una fase de desmantelamiento sistemático de los soportes vitales civiles. Durante el período del 30 de marzo al 12 de abril de 2026, la infraestructura crítica ha dejado de ser un entorno protegido para convertirse en el epicentro de una estrategia de degradación absoluta que afecta la capacidad de supervivencia en Irán, Líbano, Israel y la península arábiga.
En Irán, el tejido industrial, energético y educativo ha sido objeto de una ofensiva sin precedentes. La quincena inició el 30 de marzo con bombardeos masivos de 400 bombas sobre 170 objetivos y ataques quirúrgicos en el centro de Teherán. La parálisis se profundizó el 31 de marzo con ataques estadounidenses en Isfahán dirigidos a instalaciones subterráneas. Hacia abril, la estrategia escaló hacia la desarticulación del futuro tecnológico y productivo: el 4 de abril fueron atacadas 30 universidades y complejos petroquímicos en Mahshahr, lo cual logró la paralización total de la producción. La degradación alcanzó su punto crítico entre el 6 y el 8 de abril con impactos en el campo de gas South Pars, la central nuclear de Ardakan, el aeropuerto de Mehrabad y la refinería de la isla de Lavan. Al cierre del período, el 9 de abril, múltiples explosiones en zonas urbanas de Teherán y la destrucción de la red nacional de transporte, han dejado al país en un estado de desconexión técnica casi total.
En el frente del Líbano, la infraestructura ha sido golpeada bajo una lógica de fragmentación institucional y física. El 2 de abril, un proyectil impactó en una base de la ONU en el sur, marcando el inicio de una quincena de hostilidades contra edificios de carácter no militar. La demolición sistemática de estructuras en Khiam el 4 de abril y los ataques aéreos reiterados en localidades como Sir el Gharbiyeh el 9 de abril han dejado el sur del país en ruinas. Esta erosión de la arquitectura gubernamental culminó el 11 de abril con el impacto directo sobre un edificio oficial en el Líbano, un evento que no solo causó daños estructurales definitivos, sino que plantea interrogantes críticos sobre el cumplimiento del derecho internacional humanitario en el teatro de operaciones.
La península arábiga ha visto quebrada su invulnerabilidad logística a través de ataques quirúrgicos contra su espina dorsal energética. El 30 de marzo, incendios en el oleoducto Habshan-Fujairah (EAU) e impactos en una planta de desalinización en Kuwait iniciaron una crisis de suministros básicos. La ofensiva se extendió a Irak con ataques a depósitos de petróleo en Erbil y la base Victoria en Bagdad el 1 y 2 de abril. La seguridad de defensa regional fue vulnerada el 2 de abril con daños confirmados por satélite en el sistema THAAD en Arabia Saudita. Durante la segunda semana, el asedio se intensificó: el 5 de abril ardió la refinería de BAPCO en Sitra y campos en EAU, mientras que el 9 de abril ataques contra instalaciones saudíes en Manaifa y Haris redujeron la producción en 700.000 barriles diarios. La quincena cerró con ataques de drones en Kuwait y un impacto en la instalación de gas de Ras Laffan en Qatar el 11 de abril.
En Israel, el costo se ha manifestado en la interrupción de la seguridad química y aeroportuaria. El 30 de marzo, el impacto de misiles en la refinería de Haifa y en la planta química de Ramat Hovav forzó evacuaciones masivas por riesgo de fugas tóxicas. La vulnerabilidad tecnológica se confirmó el 6 de abril con un impacto de dron en el aeropuerto Ramón y nuevos incendios en el complejo industrial de Haifa. Al igual que en el informe anterior, estos daños demuestran que la ofensiva busca neutralizar de forma sostenida los centros de producción estratégica y los nodos de transporte que conectan al país con el exterior.
Violaciones al Derecho Internacional Humanitario
La integridad de las normas fundamentales que rigen el Derecho Internacional Humanitario (DIH) ha experimentado una erosión crítica entre el 30 de marzo y el 12 de abril de 2026. En este lapso, el desprecio por la distinción entre combatientes y objetivos protegidos ha transformado el teatro de operaciones en un entorno de vulnerabilidad extrema para quienes no participan en las hostilidades.
La protección del personal sanitario y de observación, pilar de los Convenios de Ginebra, ha sido vulnerada mediante ataques directos y sistemáticos:
- El 30 de marzo, la muerte de dos cascos azules de la FINUL en el sur del Líbano marcó un precedente de inseguridad para las misiones de paz.
- El 8 de abril, una ambulancia fue bombardeada en Al-Qalila (Líbano) por fuerzas israelíes, privando a la población civil de asistencia médica vital.
- El 10 de abril, equipos de rescate en Deir Qanoun Ras al-Ain (Líbano) fueron blanco de ataques aéreos que impactaron ambulancias y camiones de bomberos.
El uso de armamento con efectos indiscriminados en centros urbanos ha puesto en riesgo a miles de civiles, lo que ignora el principio de proporcionalidad:
- Municiones de racimo: Entre el 6 y el 7 de abril, se documentó el lanzamiento de submuniciones por parte de Irán contra ciudades densamente pobladas en Israel, incluyendo Tel Aviv, Petah Tikva, Ramat Gan, Bnei Brak y la ciudad costera de Eilat.
- Fósforo blanco: El 11 de abril, se reportó el empleo de esta sustancia química durante los combates en Bint Jbeil (Líbano), exponiendo a la población civil a quemaduras químicas devastadoras.
La libertad de información y la seguridad de los observadores internacionales han sido comprometidas mediante actos de violencia directa:
- El 31 de marzo, la periodista estadounidense Shelly Kittleson fue víctima de un secuestro perpetrado por hombres armados en Bagdad, Irak.
- El 11 de abril, el periodista Mohammed Wishah murió tras un ataque israelí en Gaza, evidenciando el riesgo extremo para los trabajadores de prensa en zonas de conflicto.
Finalmente, el patrimonio espiritual y cultural protegido específicamente por el DIH ha sufrido daños que afectan la identidad de las comunidades:
- El 7 de abril, la sinagoga Rafi-Nia en Teherán fue destruida durante un ataque aéreo.
- El 9 de abril, otra sinagoga fue reducida a escombros por un ataque con misiles en territorio de Irán, acto que ha sido condenado por el daño directo a sitios religiosos protegidos.
- El 11 de abril, la destrucción de un edificio gubernamental en el Líbano por un ataque israelí resultó en la muerte de oficiales, agravando la parálisis de las estructuras civiles de mando.
SITUACIÓN ECONÓMICA Y ENERGÉTICA
| Dimensión Económica y Energética | |||
| Variable | Puntaje individual | Puntaje total | Intensidad |
| Cantidad de Buques Comerciales | 🟠 Impacto Alto (-2) | -2 | 🟠 Alta Intensidad |
| Desvío de Tránsito | 🟡 Impacto Medio (-1) | ||
| Commodities Energéticas | 🟠Impacto Alto (-2) | ||
Entre el 30 de marzo y el 12 de abril de 2026, la crisis en el estrecho de Ormuz profundizó la disrupción del sistema marítimo y energético global, lo cual evidenció una degradación en tres ejes operativos.
Primero, el tránsito en Ormuz operó por debajo del 10 % de su capacidad histórica, canalizado por un corredor controlado por Irán. El flujo osciló entre 2 y 20 buques diarios, con mínimos tras el alto el fuego del 8 de abril y una recuperación parcial el día 11. La jornada del 12 mostró discrepancias entre registros, anticipando el bloqueo naval estadounidense del 13 de abril.
Segundo, las rutas globales se reconfiguraron. El canal de Suez mantuvo entre 34 y 48 tránsitos diarios, pero con predominio de tanqueros y graneleros. Bab el-Mandeb colapsó de 30 a solo 5 buques diarios. En contraste, el cabo de Buena Esperanza absorbió el tráfico, alcanzando hasta 96 cruces diarios, con demoras de hasta 15 días y sobrecostos significativos.
Finalmente, el mercado petrolero registró alta volatilidad. El Brent superó los 118 dólares el 31 de marzo, cayó tras el alto el fuego del 8 de abril y rebotó a 103 el 12, en un contexto de déficit de oferta y liberación masiva de reservas estratégicas.
Cantidad de Buques
El tránsito comercial en el estrecho de Ormuz entre el 30 de marzo y el 12 de abril de 2026 se mantiene en una reducción drástica, operando a menos del 10 % de su capacidad histórica de 138 buques diarios. Durante este intervalo, la navegación fue redirigida principalmente a través de un corredor de cinco millas náuticas entre las islas de Larak y Qeshm, bajo el control directo de la Guardia Revolucionaria de Irán.
El 30 de marzo, los registros indicaron el paso de aproximadamente 20 embarcaciones, entre ellas los portacontenedores ultra grandes CSCL Indian Ocean y CSCL Arctic Ocean, que transitaron tras desactivar temporalmente sus señales AIS. El 31 de marzo se contabilizaron 11 tránsitos, incluyendo naves de carga general como el Benn y petroleros como el Desh Vibhor y Andermatt. El 1 de abril, el flujo aumentó a 16 buques; el 62 % de ellos eran activos sancionados que utilizaban banderas de Madagascar, Botswana y Aruba para evadir controles. El 2 de abril, mientras 12 naves usaban el corredor iraní, tres buques omaníes, dos tanqueros y un transportador de GNL, salieron del Estrecho utilizando el canal de navegación internacional.
Tras la declaración del alto el fuego el 8 de abril, el tránsito se mantuvo en niveles mínimos. Ese mismo día se registraron solo entre 5 y 6 graneleros saliendo del Golfo, todos coordinados con fuerzas militares iraníes. El 9 de abril, el tráfico fue de 8 buques, jornada en la que el buque de GNL Nidi revirtió su curso hacia el interior del Golfo tras recibir advertencias por radio. El 10 de abril se reportaron únicamente 2 tránsitos oficiales detectados por el Centro Conjunto de Información Marítima (JMIC, por su siglas en inglés).
La actividad repuntó el 11 de abril con 17 movimientos, destacando la salida de los petroleros estatales chinos Cospearl Lake y He Rong Hai con cargamentos de crudo iraquí y saudí. El 12 de abril, último día del periodo analizado, los datos mostraron una disparidad operativa: el centro JMIC registró 4 tránsitos, mientras que plataformas de seguimiento AIS reportaron 26, incluyendo tanqueros como el Shalamar y Mombasa B, portacontenedores como el Azargoun y graneleros como el Parisan. Este flujo final precedió al inicio del bloqueo naval total ejecutado por Estados Unidos el 13 de abril.
Desvío de Tránsito
Las rutas marítimas globales experimentaron una fractura sistémica entre el 30 de marzo y el 12 de abril de 2026. El flujo marítimo se reconfiguró de manera drástica, lo cual transformó al cabo de Buena Esperanza en el nuevo eje gravitacional del comercio mundial, mientras los puntos de estrangulamiento (chokepoints) de Medio Oriente, el canal de Suez y estrecho de Bab el-Mandeb colapsaban funcionalmente.
En el canal de Suez, el tráfico se mantuvo en un rango de 34 a 48 buques diarios, aunque su composición se alteró profundamente. Mientras los portacontenedores de gran calado abandonaron la vía, la arteria fue dominada por graneleros y tanqueros de naciones no alineadas o bajo «seguros soberanos». Un punto de inflexión normativo ocurrió el 7 de abril, cuando la Autoridad del canal de Suez suspendió las rebajas tarifarias para buques portacontenedores de más de 130.000 toneladas, reaccionando a la inelasticidad de la demanda en el transporte de mercancías críticas.
El estrecho de Bab el-Mandeb funcionó como el barómetro de la crisis. Iniciando el 30 de marzo con 30 tránsitos, la ruta experimentó una degradación acelerada tras el derribo de un caza estadounidense el 3 de abril y el aumento de la retórica hostil de las milicias pro-iraníes. Para el 8 de abril, el flujo cayó a 17 buques, y tras el colapso de las negociaciones de paz en Islamabad el 9 de abril, el tránsito se desplomó hasta alcanzar un mínimo de 5 buques el 12 de abril, principalmente graneleros que transportaban suministros esenciales para mercados regionales.
Como contraparte, el cabo de Buena Esperanza absorbió el choque sistémico, convirtiéndose en la ruta primaria para el eje Asia-Europa. El tráfico diario superó consistentemente los 80 buques al inicio del periodo, escalando a 94 tránsitos el 3 de abril y alcanzando un récord de 96 naves el 12 de abril. Esta vía fue utilizada masivamente por portacontenedores de líneas como Maersk y Hapag-Lloyd, además de buques portavehículos y tanqueros de gas natural licuado (GNL) que buscaban evitar el riesgo de minas y ataques de drones en el mar Rojo. Esta migración forzada impuso retrasos de 10 a 15 días y sobrecostos operativos de hasta 2 millones de dólares por viaje, redefiniendo los ciclos de inventario global antes del bloqueo naval anunciado para el 13 de abril.
Commodities Energéticas
El panorama energético internacional ha entrado en una fase de turbulencia sistémica sin precedentes desde el inicio de las hostilidades. Hacia finales de marzo, el mercado alcanzó niveles de tensión crítica. El 30 de marzo, el barril WTI se situó en 102,88 dólares, impulsado por ataques a petroleros de bandera estadounidense como el Stena Imperative. Al día siguiente, el Brent saltó a los 118,35 dólares tras el bombardeo israelí contra la terminal de la Isla de Jarg, núcleo del sistema de exportación iraní. El cierre del estrecho de Ormuz, por donde transita el 20 % del crudo mundial, generó un déficit físico de hasta 15 millones de barriles diarios, lo que dejó a las naciones importadoras de Asia en una situación de vulnerabilidad extrema.
El inicio de abril trajo fluctuaciones violentas vinculadas a la diplomacia de crisis. El 1 de abril, los precios cayeron un 14,5 % en una «operación de alivio» motivada por rumores de mediación paquistaní. Sin embargo, la tendencia alcista regresó el 2 de abril, con el WTI escalando a 111,54 dólares ante la negativa de Washington de detener la ofensiva sin una capitulación nuclear total de Teherán. El 5 de abril, la OPEP+ acordó un incremento simbólico de 206.000 barriles diarios para mayo, aunque el mercado lo percibió como insuficiente mientras persistiera el bloqueo del Estrecho.
El punto de mayor inflexión ocurrió el 8 de abril con el anuncio oficial de un alto el fuego de dos semanas. Los precios sufrieron su mayor caída en casi seis años: el Brent descendió a 94,75 dólares y el WTI a 94,41 dólares, eliminando la prima de riesgo geopolítico estimada en 30 dólares por barril. Este respiro fue efímero; el 12 de abril, tras 21 horas de negociaciones fallidas en Islamabad, el diálogo colapsó por la negativa iraní a desmantelar su programa de enriquecimiento de uranio. La respuesta inmediata fue un bloqueo naval estadounidense contra puertos iraníes, lo cual provocó que el Brent rebotara hasta los 103,11 dólares al cierre de la jornada. Durante este intervalo, la Agencia Internacional de Energía implementó la mayor liberación de reservas de su historia (400 millones de barriles), buscando mitigar un choque que ya había disparado la inflación global al 3 % en marzo.



