Introducción
El estallido del conflicto armado directo entre Estados Unidos e Israel contra Irán transformó una tensión diplomática en una confrontación bélica de consecuencias impredecibles. Tras fracasar las negociaciones sobre el programa nuclear y misilístico iraní, la orden de Donald Trump del 28 de febrero de 2026 de iniciar la “Operación Furia Épica” (la mayor movilización militar desde 2003 contra Irak), coordinada con la “Operación Rugido de León” de Israel, marcó el inicio de una guerra abierta. Los ataques contra instalaciones estratégicas provocaron una respuesta inmediata de Teherán con la “Operación Promesa Verdadera 4”.
Este informe analiza la escalada militar del conflicto, el papel de aliados regionales como los países europeos y los Estados árabes, y el impacto potencial sobre la población civil y los mercados energéticos globales.
El Grupo de Investigación en Paz y Seguridad Internacional del CEERI busca contribuir a una comprensión integral del conflicto mediante el seguimiento y el análisis sistemático de cuatro dimensiones clave: 1) militar y operacional; 2) política y diplomática; 3) humanitaria y social; y 4) económica y energética.
- Situación Militar y Operacional
Esta dimensión del informe se enfoca en analizar y cuantificar la Escala de Magnitud de las Operaciones (EMO) en el conflicto entre Estados Unidos e Irán, priorizando el “cuántos y qué” se dispara/lanza y “desde dónde” (plataformas), más que la mera intención política. Se aplica un marco técnico y cuantificable que cubre los dominios convencionales (aéreo, terrestre y naval) e integra operaciones especiales y cibernéticas como factores de impacto estratégico.
Se evalúa campañas de supresión aérea, ataques de precisión, defensa en profundidad, guerra de enjambre y minado de chokepoints, además de incursiones limitadas y protección de bases. También incorpora acciones de sabotaje o saturación cibernética. El objetivo es medir volumen, intensidad, capacidad de respuesta y evolución de la confrontación en todos los dominios.
- Situación Político y Diplomática
Esta dimensión del informe analiza y evalúa cómo las declaraciones diplomáticas y las alianzas externas emitidas por actores directos y externos (Estados) condicionan o hacen evolucionar el conflicto entre Estados Unidos e Irán, incluyendo las manifestaciones de organismos internacionales, en particular el OIEA, la OPEP y la OIC.
Su medición se basa en la Matriz de Evolución Política (MEP), un índice mixto (cualitativo y cuantitativo) que determina si el entorno internacional tiende a mitigar o a agravar la confrontación. Se examinan, por tanto, los esfuerzos orientados a las conversaciones de paz, a las mediaciones y a las declaraciones de los actores afectados por el conflicto. Asimismo, se identifican los obstáculos y retos que dificultan el logro de un cese del fuego o de un acuerdo de paz.
- Situación Humanitaria y Social
Esta dimensión evalúa el impacto sobre la población civil y el cumplimiento del Derecho Internacional Humanitario (DIH) en el conflicto entre Estados Unidos e Irán. Emplea un Índice de Degradación Humanitaria (IDH) que sintetiza el costo humano y el riesgo jurídico internacional para medir el deterioro, identificar tendencias y estimar la probabilidad de sanciones o responsabilidades penales.
Se registran víctimas civiles (fallecidos y heridos) y desplazamientos forzados, tanto internos (incluidos movimientos hacia los montes Zagros) como externos hacia Turquía, Irak y Pakistán. También examina daños a la infraestructura crítica (electricidad, agua, hospitales y telecomunicaciones) y posibles violaciones del DIH, incluido el trato a prisioneros conforme a los Convenios de Ginebra.
- Situación Económica y Energética
Esta dimensión actúa como análisis del motor de presión global del conflicto, afectando especialmente a la economía mundial a través del Estrecho de Ormuz, por donde circula aproximadamente el 20% del petróleo mundial. Para evaluar si la crisis permanecerá de carácter regional o se transformará en un shock energético global con efectos inflacionarios y financieros, se emplea el Índice de Shock Económico (ISE).
Se analizarán las variables, de cantidad de buques comerciales; porcentaje de desvíos de ruta (por ejemplo, circunnavegación por el sur de África) y los costos asociados a posibles interrupciones; y el incremento de la volatilidad en los precios de los commodities energéticos, en particular del petróleo (Brent/WTI) y del gas natural licuado (GNL).

| Dimensión | Indicador Operacionalizado | Intensidad del Conflicto |
| 1. Dimensión Militar y Operacional | Operaciones Terrestres + Aéreas + Navales + Especiales | 🟠Alta Intensidad |
| 2. Dimensión Político y Diplomática | Actores directos + Actores Externos + ORG Inter | 🟠Alta Intensidad |
| 3. Dimensión Humanitaria y Social | Víctimas y Desplazados + Infraestructura Crítica + Violaciones al DIH | 🔴 Extremo Intensidad |
| 4. Dimensión Económica y Energética | Cantidad de Buques Comerciales + Desvío de Tránsito + Commodities Energéticas | 🟠Alta Intensidad |
SITUACIÓN MILITAR Y OPERACIONAL
| Dimensión Militar y Operacional | |||
| Variable | Puntaje individual | Puntaje total | Intensidad |
| Terrestre | 🔴 Magnitud Máxima (303) | 791 | 🟠Alta Intensidad |
| Aérea | 🟡 Magnitud Baja (118) | ||
| Naval | 🟡 Magnitud Baja (109) | ||
| Especial | 🟠Magnitud Alta (261) | ||
Entre el 11 y el 24 de mayo de 2026, el conflicto en Medio Oriente alcanzó una intensidad crítica en cuatro dominios simultáneos: operaciones terrestres en el sur del Líbano, acciones aéreas de alta precisión, tensión naval en el estrecho de Ormuz y una guerra cibernética de alcance global.
En tierra, las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) avanzaron hacia el río Litani y las localidades de Khiam y Haddatha, enfrentando una resistencia letal de Hezbollah que culminó en la emboscada del 20 de mayo: cuatro tanques Merkava IV destruidos y el comandante de la Brigada 401 gravemente herido. En el aire, la Fuerza Aérea israelí (FAI) ejecutó más de 370 ataques acumulados desde el inicio de la tregua, mientras drones de fibra óptica de Hezbollah —resistentes a interferencias electrónicas convencionales— demostraron su superioridad táctica asimétrica. En el mar, Irán bloqueó el estrecho de Ormuz mediante tarifas y escolta armada de petroleros, disparando los costos logísticos globales un 260 %. En el ciberespacio, operaciones de gran escala comprometieron infraestructuras críticas en ambos bandos, desde sistemas de agua hasta repositorios de código de defensa.
Esto ocurrió mientras una tregua prorrogada por 45 días permanecía vigente sobre el papel.
Operaciones Terrestres
A pesar de la vigencia formal de un cese al fuego prorrogado el 15 de mayo por 45 días adicionales, la realidad sobre el terreno desmintió sistemáticamente cualquier lectura diplomática optimista.
El 11 de mayo, las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) intensificaron sus patrullas de combate dentro de la denominada línea amarilla en el sur del Líbano, bajo cobertura aérea que acumulaba 346 ataques desde el inicio de la tregua de abril. La concentración de fuego se distribuyó entre las riberas del río Litani y posiciones logísticas periféricas, mientras Hezbollah respondía con morteros y cohetes de corto alcance. La jornada dejó un soldado israelí muerto en combate directo, reflejando que el desgaste mutuo continuaba sin interrupción.
El 12 de mayo, las FDI publicaron imágenes oficiales de columnas de blindados Merkava IV e infantería mecanizada operando sobre los propios márgenes del río Litani en búsqueda del control físico de vías de comunicación estratégicas. Hezbollah respondió con fuego de misiles antitanque Kornet contra las excavadoras y vehículos blindados de ingeniería israelíes. Ese mismo día trascendió que el costo acumulado de la guerra para las fuerzas estadounidenses superaba los 29.000 millones de dólares, lo que motivó una solicitud de emergencia al Pentágono por 200.000 millones adicionales.
El 13 de mayo marcó la primera crisis civil grave desde el inicio de la tregua: un dron de ataque de baja firma de radar lanzado por Hezbollah penetró los sistemas de defensa aérea israelíes de corto alcance e hirió gravemente a tres civiles en el norte de Israel, dos de ellos en estado crítico. La aviación israelí respondió de inmediato con ataques de precisión que destruyeron vehículos de enlace de Hezbollah en Barja y Sidón, eliminando a sus tripulantes. El incidente evidenció la vulnerabilidad de los sistemas de interceptación perimetral frente a plataformas de vuelo bajo y perfil de radar reducido.
Entre el 14 y el 15 de mayo, Washington albergó rondas de negociación directa entre delegaciones israelí y libanesa. La parte libanesa, encabezada por Simon Karam, exigía un cese absoluto previo a cualquier retirada; Israel, representado por Yossi Draznin, demandaba el desarme inmediato y verificable de Hezbollah. A pesar de la brecha, ambas partes acordaron prorrogar la tregua 45 días más. No obstante, en Harouf un ataque aéreo israelí destruyó una instalación de comunicaciones y reclutamiento de Hezbollah, causando tres bajas enemigas y tres paramédicos civiles fallecidos, mientras la artillería de Hezbollah respondía con morteros de 120 mm.
El 16 de mayo se amplió la dimensión estratégica del conflicto al anunciarse la activación de un régimen de tarifas de protección en el estrecho de Ormuz por parte de Irán, un bloqueo asimétrico de presión económica. En la línea amarilla, la artillería autopropulsada M109 israelí destruyó un almacén con lanzadores de misiles antitanque y cohetes de Hezbollah. Un misil de represalia lanzado por la organización fue interceptado exitosamente por los sistemas perimetrales de las FDI.
El 17 de mayo se inauguró la escalada urbana más severa del período: en la localidad estratégica de Khiam, tanques Merkava IV e infantería de las FDI intentaron penetrar el casco urbano, lo que desencadenó combates calle por calle de alta letalidad contra la Fuerza Radwan. Un dron de ataque de precisión impactó la subestación eléctrica que alimenta la central nuclear de Bushehr en Irán, lo que provocó un incendio y la activación de generadores de emergencia para prevenir un desastre radiológico. Por su parte, Arabia Saudita interceptó tres drones de milicias chiíes iraquíes lanzados contra su territorio.
El 18 de mayo consolidó la parálisis táctica en Khiam sin avances territoriales. Se reveló que las FDI operaban una base secreta en Irak para la interceptación de señales y la coordinación antidrones. Trump suspendió temporalmente los ataques aéreos masivos sobre el sur de Irán ante presiones de Qatar, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos. Hezbollah mantuvo una campaña de hostigamiento sistemático con drones de ataque, cohetes y misiles antitanque guiados contra patrullas y concentraciones de las FDI.
El 19 de mayo marcó el punto de inflexión de la campaña: la Brigada Blindada 401 lanzó el asalto sobre Haddatha, en el distrito de Bint Jbeil, empleando fuego de tanques, morteros y misiles de corto alcance para destruir las barricadas de la Fuerza Radwan. La aviación israelí ejecutó al mismo tiempo 25 bombardeos sobre centros de Hezbollah en Nabatieh y Tiro, con un saldo de 10 muertos civiles en Deir Qanoun al-Nahr. Los mapas confirmaron la ocupación física de aproximadamente 1.000 km² de territorio a lo largo de las fronteras de Gaza, el Líbano y Siria.
El 20 de mayo trajo el revés táctico más grave para las FDI en todo el período. Al ingresar a la plaza central de Haddatha, las columnas blindadas cayeron en una emboscada preparada por células antitanque de Hezbollah ocultas en las ruinas: cuatro tanques Merkava IV fueron destruidos con misiles Kornet de ojiva tándem. El coronel Meir Biderman, comandante de la Brigada 401, resultó gravemente herido durante el repliegue bajo fuego. Un enjambre de drones suicidas con vista en primera persona (FPV) atacó los vehículos en retirada y causó daños adicionales en los transportes blindados. La táctica enemiga consistió en saturar los sensores del sistema de protección activa Trophy mediante disparos simultáneos desde múltiples ángulos, seguidos de impactos en los sectores de menor cobertura del blindado.
Entre el 21 y el 23 de mayo, Hezbollah explotó su ventaja táctica: ataques con cohetes FPV y fusilería ligera golpearon las posiciones de repliegue israelí en Debel y Rashaf entre la medianoche y las 02:00 horas. Las FDI destruyeron en represalia un puesto de primeros auxilios en Haddatha, con un saldo de cuatro paramédicos muertos. El 22, ataques deliberados destruyeron una ambulancia en Deir Qanoun en-Nahr y un dispensario médico en Hannaouiyah, lo que causó la muerte de seis socorristas y una niña. El 23, un dron HESA Ababil impactó y destruyó un transporte pesado Namer de las FDI en Haddatha, uno de los vehículos con mayor blindaje del mundo.
El 24 de mayo cerró el período con una ofensiva coordinada de Hezbollah que reivindicó 28 operaciones en Biyyada, Rashaf, al-Quzah, Naqoura y el río Deir Siryan, empleando drones FPV, cohetes y artillería ligera. El Instituto para el Estudio de la Guerra confirmó que las FDI habían completado el control territorial de Khiam.
Operaciones Aéreas
El 11 de mayo, Hezbollah inauguró la semana con una demostración de la creciente eficacia de los drones de ataque FPV. Uno de estos vectores de bajo costo y perfil de radar reducido eludió los sistemas de adquisición de baja cota de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) y golpeó directamente una posición defensiva en el sur del Líbano, con lo que causó la muerte del suboficial Alexander Glovanyov y heridas a tres militares. Cohetes de corto alcance dañaron vehículos de ingeniería militar israelíes. La Fuerza Aérea de Israel (FAI) respondió de inmediato con incursiones mediante municiones guiadas de precisión (MGP) contra los puntos de lanzamiento identificados, lo que subrayó la dinámica de acción-represalia que caracterizó toda la fase.
El 12 de mayo, la FAI escaló con bombardeos masivos contra infraestructura militar de Hezbollah en el sur del Líbano, que causaron trece bajas en diversas localidades. Asimismo, se reveló que el costo acumulado de las operaciones para Estados Unidos había alcanzado los 29.000 millones de dólares, lo que obligó al Pentágono a gestionar una solicitud de fondos de emergencia por 200.000 millones adicionales para sostener el despliegue de portaaviones y sistemas antiaéreos Patriot y THAAD. Mientras tanto, Irán reforzó su control sobre el estrecho de Ormuz mediante la amenaza latente de sus misiles de crucero de defensa costera, con lo cual empleó la presión energética como herramienta de coerción geopolítica.
El 13 de mayo fue una jornada de interdicción quirúrgica. Cazas de la FAI y drones de reconocimiento armado emplearon misiles aire-tierra de alta precisión para neutralizar dos vehículos civiles utilizados por personal de enlace del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán (IRGC) en la autopista de Jiyeh, a doce millas al sur de Beirut. El objetivo no era destruir material de guerra, sino interrumpir la cadena logística responsable de distribuir componentes de guiado para misiles balísticos, táctica de interdicción sistemáticamente aplicada por la FAI durante toda la campaña.
El 14 de mayo evidenció los efectos colaterales de la guerra electrónica. Drones de fabricación iraní lanzados por Hezbollah perdieron su guiado satelital al ser perturbados por los inhibidores electromagnéticos israelíes desplegados en la zona, con lo que se desviaron de sus objetivos militares en el norte de Israel e impactaron en las inmediaciones del cuartel general de la Fuerza Provisional de la ONU para el Líbano (FPNUL) en Naqoura, causando daños estructurales moderados en instalaciones del organismo internacional.
El 15 de mayo concentró los hechos más trascendentes de la primera quincena. Antes del anuncio de una prórroga del alto el fuego por 45 días bajo mediación estadounidense, la FAI ejecutó dos acciones de gran repercusión estratégica: la destrucción de un centro de defensa civil de la Asociación Al-Risala en Harouf —con seis muertos, entre ellos tres paramédicos— y la eliminación mediante ataque de precisión del comandante supremo de Hamás en Gaza, Izz al-Din al-Haddad. En represalia, Hezbollah lanzó 33 ataques coordinados con cohetes de artillería de largo alcance y drones de ataque contra posiciones blindadas israelíes, que ejercieron presión significativa temporalmente sobre las defensas antiaéreas en el sur del Líbano.
El 16 de mayo, los drones FPV de Hezbollah volvieron a demostrar su eficacia táctica al penetrar las defensas de un puesto avanzado israelí y ocasionar la muerte del capitán Maoz Israel Recanati, comandante de pelotón de la Brigada Golani, además de dejar varios heridos graves. En la misma jornada, la FAI logró interceptar otro dron hostil sobre la región de Meron, lo que ilustró la permanente dualidad entre la amenaza asimétrica de bajo costo y la respuesta de los sistemas activos de defensa.
El 17 de mayo implicó una peligrosa expansión geográfica del conflicto. Un dron de largo alcance, presuntamente lanzado por milicias iraquíes proiraníes, cruzó el espacio aéreo de los Emiratos Árabes Unidos e impactó en un generador eléctrico externo de la Central Nuclear de Barakah, en Abu Dabi, lo que provocó un incendio estructural sin liberación radiológica. Arabia Saudita interceptó tres drones procedentes de Irak. En el frente libanés, la FAI ejecutó un ataque en profundidad en Baalbek con misiles guiados, mediante el cual eliminó a Wael Mahmoud Abdel Halim, comandante de operaciones de la Yihad Islámica Palestina en el Bekaa.
El 18 de mayo, el presidente Trump canceló un ataque aéreo masivo contra Irán planificado para el día siguiente, cediendo a las gestiones de mediación urgentes de Qatar, Arabia Saudita y los Emiratos. En el frente marítimo, helicópteros y unidades de operaciones especiales de la Armada estadounidense interceptaron los buques M/T Skywave y Celestial Sea, sospechosos de violar el bloqueo naval, mientras unidades de élite israelíes abordaron en el mar Mediterráneo a la flotilla turca de la Fundación de Ayuda Humanitaria IHH.
El 19 de mayo, drones FPV de Hezbollah abatieron a un soldado israelí en el sur del Líbano. Informes de inteligencia revelaron que el mando antiaéreo iraní llevaba meses analizando sistemáticamente las firmas de radar y las rutas de patrulla de los cazabombarderos aliados para preparar emboscadas cinéticas y electrónicas con sus sistemas de misiles antiaéreos móviles.
El 20 de mayo, la IRGC amenazó con emplear misiles balísticos de alcance intermedio contra bases de la coalición en el mar Mediterráneo y Europa, mientras Hezbollah anunció una estrategia de localización y destrucción de los centros de mando móvil israelíes y los radares de la Cúpula de Hierro mediante drones avanzados. El 21 de mayo, Hezbollah publicó registros de ataques coordinados con drones FPV guiados por fibra óptica —altamente resistentes a interferencias de radiofrecuencia convencionales— contra blindados y fortificaciones en Rachaf.
El 22 de mayo, la FAI realizó cinco ataques de interdicción logística profunda con cazas de combate contra depósitos de combustible y almacenes subterráneos de misiles en la periferia de Brital, cerca de la frontera siria. El 23 de mayo, agencias occidentales desarticularon una célula de la milicia iraquí Kataib Hezbollah que planeaba emplear drones de largo alcance contra el entorno del presidente Trump, justo cuando este afirmaba que un acuerdo para poner fin a las hostilidades estaba próximo a concretarse.
La fase cerró el 24 de mayo con un ataque coordinado de Hezbollah con drones de impacto directo sobre la localidad fronteriza de Metula, que ocasionó la muerte del sargento Noam Hamburger y dañó varias viviendas civiles. En el plano diplomático, el presidente iraní Masoud Pezeshkian declaró la disposición de su país a garantizar internacionalmente que su programa de misiles balísticos no sería equipado con ojivas nucleares, lo que abrió un tenue canal de distensión en medio de la escalada sostenida.
Operaciones Navales
El 11 de mayo, el Grupo de Combate del portaaviones USS George H.W. Bush (CVN 77), que en ese momento acumulaba 322 días consecutivos de despliegue, sostenía patrullas aéreas de combate sobre el mar de Omán mediante cazas F/A-18E/F Super Hornet y plataformas de alerta temprana E-2D Hawkeye de la Carrier Air Wing 7. La misión principal era rastrear los movimientos de las patrulleras de la IRGC y asegurar los corredores de navegación mercante, mientras el Boxer ARG y la 11.ª Unidad de Expedición Marítima (MEU) se desplazaban para converger con el Tripoli ARG ya estacionado en la región. Se trató de una jornada de contención técnica, orientada al mapeo de amenazas antes que al combate abierto.
Al día siguiente, el Congreso recibió un golpe de realidad presupuestaria. El contralor Jules W. Hurst III reveló ante el pleno que los costos acumulados de la campaña habían alcanzado los 29.000 millones de dólares. El desgaste material era concreto: se confirmó la pérdida de 24 drones de reconocimiento MQ-9 Reaper y un MQ-4C Triton de alta altitud, derribados por las capacidades de interferencia electrónica y defensa antiaérea costera iraní. La pérdida de estos vectores implicó una degradación directa de la conciencia situacional sobre el mar Arábigo, lo que obligó a la flota a reforzar sus patrullajes electrónicos defensivos para compensar los vacíos de inteligencia aérea.
El 13 de mayo se evidenció el impacto económico del conflicto. La multinacional naviera Hapag-Lloyd anunció la suspensión definitiva de sus operaciones a través del estrecho de Ormuz, luego de que las coberturas de seguros marítimos fueran canceladas desde principios de marzo. El redireccionamiento obligado alrededor del cabo de Buena Esperanza disparó el costo logístico por contenedor de 1.660 a casi 6.000 dólares, un incremento del 260 % que comenzó a repercutir en cadenas de suministro globales. Los destructores de la coalición se limitaron a patrullajes pasivos en la zona de exclusión exterior del mar Arábigo.
El 14 de mayo emergió una de las tensiones más reveladoras del período: un segundo petrolero de propiedad japonesa cruzó el estrecho de Ormuz bajo autorización de la Autoridad del Estrecho del Golfo Pérsico (PGSA) de Irán, escoltado visualmente por lanchas de la IRGC para disuadir cualquier intento de abordaje estadounidense. El USS Rafael Peralta monitoreó la maniobra a larga distancia mediante sistemas electroópticos, sin intervenir. Irán demostraba así que podía desafiar la arquitectura del bloqueo sin disparar un solo proyectil, simplemente regulando el tráfico y cobrando peajes.
El 15 de mayo, el teatro de operaciones se extendió hacia el mar Rojo. Fuerzas hutíes de Yemen, coordinadas con la inteligencia naval iraní, lanzaron misiles balísticos antibuque y drones de ataque contra el tráfico comercial en el estrecho de Bab el-Mandeb y el golfo de Adén. La US Navy respondió con intercepciones exitosas mediante misiles RIM-162 ESSM disparados desde destructores de escolta. La jornada subrayó la naturaleza multipolar del conflicto: Irán no necesitaba actuar directamente cuando disponía de grupos subsidiarios capaces de multiplicar la presión en distintos frentes de manera simultánea.
El 16 de mayo presentó el encuentro más técnicamente puro de la quincena. Un vehículo de superficie no tripulado (USV) de origen iraní fue detectado en el golfo de Omán por drones MQ-9 mientras navegaba a alta velocidad con rumbo de interceptación hacia el destructor USS Spruance. El sistema de armas de proximidad CIWS Phalanx de 20 mm fue activado y destruyó el USV antes de que alcanzara el perímetro defensivo del buque. El análisis posterior de los restos confirmó que portaba una carga explosiva diseñada para dañar hélices y timones. Constituía el retrato exacto de la doctrina de enjambre iraní: vectores desechables y de bajo costo enfrentados a activos navales de alto valor.
El 17 de mayo, la tregua firmada el 8 de abril expiró formalmente sin renovación. Washington advirtió que el Pentágono ultimaba planes de ataque contra infraestructura portuaria, refinerías y bases costeras iraníes en el sur del país. Teherán respondió elevando al máximo el estado de alerta de sus baterías de misiles antibuque y ordenando el despliegue de submarinos clase Kilo y lanchas rápidas en el Estrecho. Los grupos de portaaviones Bush y Lincoln se reposicionaron fuera del alcance de los misiles costeros iraníes. Se trató de una fase de disuasión naval de alta tensión sin enfrentamiento cinético directo.
El 18 de mayo marcó el punto de mayor temperatura del período. Un dron de largo alcance y origen no identificado impactó en las inmediaciones de la central nuclear costera de Barakah, en los Emiratos Árabes Unidos. Aunque el reactor no sufrió daños estructurales directos, el incidente generó una crisis de seguridad marítima regional. A ello se sumó que la PGSA iraní endureció las restricciones en el Estrecho, lo que obligó a decenas de mercantes neutrales a formar una cola de retención forzosa bajo amenaza de captura. Los buques de la coalición activaron todos sus sistemas defensivos de zona.
El 19 de mayo, lanchas rápidas de la Armada iraní hostigaron durante más de 20 minutos a un carguero comercial con fusilería y ametralladoras pesadas en el estrecho de Ormuz, lo que dejó al menos nueve impactos de bala visibles en la superestructura. El capitán emitió señal de socorro y buscó refugio en las zonas blindadas del buque, con lo que logró escapar sin víctimas fatales. Ese mismo día, el presidente estadounidense canceló un bombardeo masivo planificado contra objetivos navales iraníes, cediendo ante las presiones de Arabia Saudita, los Emiratos y Qatar, cuyos gobiernos reportaban avances en las negociaciones mediadas por Pakistán.
El 20 de mayo, fusileros navales de la 31.ª MEU desplegados desde el Boxer ARG ejecutaron un asalto helitransportado y abordaron el petrolero iraní M/T Celestial Sea en el golfo de Omán, sospechoso de violar el bloqueo. Tras registrar todos sus compartimentos, las fuerzas estadounidenses liberaron el buque y repatriaron a sus 20 tripulantes iraníes mediante gestiones diplomáticas con Pakistán, Singapur e Irán. En ese mismo lapso, la IRGC escoltó a 26 mercantes —incluidos buques surcoreanos y japoneses que abonaron tasas a la PGSA— a través del Estrecho, en lo que constituyó el primer tránsito de un petrolero de bandera surcoreana desde el inicio de la guerra.
Los días 21 y 22 consolidaron el carácter sistémico del conflicto. El Comando del Indo-Pacífico de los Estados Unidos (USINDOPACOM, por sus siglas en inglés) desplegó buques en el océano Índico para interceptar cargamentos de crudo iraní contrabandeado. El Comando Central (CENTCOM) publicó su balance: 94 buques interceptados, desviados o registrados desde el 13 de abril, con pérdidas estimadas para Irán de 500 millones de dólares diarios en divisas. Frente a ello, 1.550 naves de 87 naciones permanecían bloqueadas en el golfo Pérsico, incapaces de moverse sin abonar peajes o arriesgarse a las minas sembradas por la IRGC.
El 23 de mayo, la filtración del borrador de un acuerdo de paz mediado por Pakistán y Qatar —que proponía el desminado del Estrecho a cambio del levantamiento del bloqueo— fue desestimada por la agencia Fars, vinculada a la Guardia Revolucionaria, que insistió en mantener el control soberano del tráfico marítimo. El 24, la resistencia política en el Senado estadounidense, con figuras como Lindsey Graham y Ted Cruz rechazando cualquier concesión territorial sobre el Estrecho, sumada a la declaración del presidente iraní Masoud Pezeshkian ofreciendo garantías verificables de no proliferación nuclear, cerraron una quincena que terminó exactamente como había comenzado: con destructores y lanchas observándose mutuamente a corta distancia en una paz armada de alta tensión latente.
Operaciones Especiales
El lunes 11, el colectivo ShinyHunters vulneró la plataforma educativa Canvas de Instructure, exfiltrando 3,65 terabytes de datos de 275 millones de usuarios universitarios; entretanto, el grupo Trezor comprometió los registros de 27.629 huéspedes del Lopesan Hotel Group en Canarias. El martes 12, Hezbollah desplegó un enjambre de drones FPV guiados por cable de fibra óptica en el norte de Israel: al operar mediante enlace físico, los sistemas de interferencia electromagnética israelíes resultaron completamente inútiles, lo que permitió a los drones destruir radares de adquisición de objetivos y puestos de comunicación avanzada. Al mismo tiempo, analistas occidentales filtraron documentación de la herramienta pre-Stuxnet «Fast16», diseñada para sabotear simulaciones físicas de armas nucleares.
El miércoles 13, el grupo Handala publicó datos de localización de 48 reservistas de la unidad de élite Egoz en una operación de acoso psicológico; por su parte, el consorcio Nitrogen extrajo más de 8 terabytes de topologías de red de Foxconn Norteamérica, comprometiendo ecosistemas de manufactura vinculados a Apple, Nvidia y Dell. El jueves 14, el Comando Cibernético de Estados Unidos e Israel inutilizó los terminales VSAT que la Guardia Revolucionaria utilizaba para sostener el mando y control de sus baterías de defensa aérea, al explotar el apagón digital iraní que ya alcanzaba su día 76. El viernes 15, el grupo Screening Serpens lanzó una campaña de espionaje mediante ofertas de empleo falsas en el sector aeronáutico para forzar la descarga de archivos que secuestraban el AppDomainManager de .NET e instalaban los troyanos MiniUpdate y MiniJunk V2.
El sábado 16, el Comando Electrónico de la IRGC explotó sistemas ATG de medición de tanques de combustible —expuestos a internet sin autenticación— en hospitales, gasolineras y redes logísticas estadounidenses, lo que impidió a los operadores detectar posibles fugas tóxicas. El domingo 17 marcó la extensión del conflicto hacia la seguridad alimentaria e hídrica: piratas informáticos iraníes manipularon sistemas de climatización en silos de trigo aliados para acelerar la descomposición del grano, mientras el malware ZionSiphon intentaba alterar los controladores de dosificación de cloro en plantas municipales israelíes; la amenaza fue neutralizada mediante segmentación de red.
El lunes 18 llegó la campaña Megalodon: el consorcio TeamPCP inyectó flujos de trabajo maliciosos en 5.561 repositorios de GitHub en seis horas, con lo que exfiltró claves de AWS, Azure y tokens OIDC de corporaciones de defensa. El martes 19 fue la jornada más decisiva: la Operación Saffron —coordinada por Francia, Países Bajos, Europol y Eurojust— desmanteló la red VPN denominada First VPN, que servía de plataforma de anonimización a 25 grupos de ransomware y proxies iraníes desde 2014, con el arresto de su administrador y la incautación de 33 servidores. Además, Seedworm infiltró con el backdoor Dindoor una firma aeroespacial israelí.
Durante los días siguientes, la OFAC congeló 344 millones de dólares en criptomonedas iraníes destinadas a financiar drones FPV; TeamPCP comprometió endpoints de GitHub mediante extensiones troyanizadas para Visual Studio Code; Microsoft y agencias federales desmantelaron la plataforma Fox Tempest; y CyberAv3ngers escaneó masivamente controladores Rockwell Automation en plantas de agua estadounidenses. El domingo 24, dos operaciones cerraron el período: atacantes troyanizaron paquetes de Laravel Lang en Composer, distribuyendo malware a miles de desarrolladores web, mientras Anthropic desplegó de manera reservada su modelo Claude Mythos Preview en organizaciones sistémicas globales para identificar vulnerabilidades críticas latentes antes de que pudieran ser convertidas en armas por inteligencias adversarias.

SITUACIÓN POLÍTICA Y DIPLOMÁTICA
| Dimensión Político y Diplomática | |||
| Variable | Puntaje individual | Puntaje total | Intensidad |
| Actores Directos | -2 | -2 | 🟠Alta Intensidad |
| Estados Europeos | +1 | ||
| Estados Mulsumanes | -1 | ||
| Pakistán y Turquía | +1 | ||
| Grupos Pro-iraníes | -2 | ||
| Rusia y China | +1 | ||
| Otros actores externos | +1 | ||
| ORG Internacional | -1 | ||
El conflicto entre Estados Unidos e Israel contra Irán, entre el 11 y el 24 de mayo de 2026, configuró un escenario de escalada multidimensional en el que convergieron actores internos, externos, organizaciones internacionales y grupos armados con respuestas diferenciadas.
En el plano interno, Estados Unidos mantuvo una postura de presión máxima sobre Irán, combinando amenazas militares, coerción y apertura limitada a la negociación diplomática. Israel sostuvo una posición centrada en la eliminación de las capacidades nucleares iraníes y en la continuidad de las operaciones militares regionales. Irán, por su parte, respondió a las presiones estadounidenses e israelíes mediante la articulación de la resistencia diplomática, amenazas militares y defensa de su soberanía regional y nuclear.
En el ámbito externo, los Estados europeos adoptaron una postura caracterizada por la presión diplomática, la preocupación por la seguridad energética y marítima, y el intento de mantener una respuesta multilateral frente a la escalada del conflicto. Los Estados musulmanes y árabes del golfo Pérsico mantuvieron posiciones heterogéneas: mientras algunos gobiernos buscaron contener la escalada y promover soluciones diplomáticas, otros reforzaron medidas de seguridad interna ante el temor de una expansión regional de la guerra. Pakistán y Turquía desempeñaron un rol centrado principalmente en la mediación diplomática y en la contención regional; ambos países buscaron facilitar canales de diálogo y evitar una escalada mayor. Los grupos pro iraníes mostraron resistencia armada frente a Israel, aunque dejaron abierta la posibilidad de avanzar hacia mecanismos de negociación indirecta. Por otro lado, China y Rusia consolidaron una postura convergente basada en la defensa del diálogo, el rechazo a la escalada militar y la crítica hacia las presiones ejercidas por Washington sobre Teherán, reforzando su coordinación estratégica en un contexto de creciente tensión internacional. Otros Estados comenzaron a reaccionar ante las repercusiones económicas, marítimas y humanitarias derivadas del conflicto.
Finalmente, organismos como el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) y la Organización para la Cooperación Islámica (OCI) reaccionaron en favor de la seguridad y la estabilidad regional, manifestando preocupación por el riesgo nuclear. Si bien evitaron alineamientos directos, sus declaraciones y medidas reflejaron una creciente inquietud.
Actores Internos
Desde el inicio del período, Donald Trump calificó como inaceptable la respuesta iraní a la propuesta de paz estadounidense y afirmó que Washington mantenía ventaja gracias al bloqueo naval impuesto sobre las costas iraníes. Sostuvo además que Estados Unidos había destruido capacidades navales y aéreas iraníes, y reiteró que no necesitaba apoyo de la OTAN para enfrentar el conflicto.
A lo largo de los días siguientes, la administración estadounidense endureció su narrativa sobre el programa nuclear iraní. El secretario de Defensa, Peter Hegseth, declaró que existían planes para escalar las operaciones de ser necesario, mientras que el secretario de Energía, Chris Wright, sostuvo que Irán se encontraba próximo a desarrollar armas nucleares. El Pentágono elevó a 29.000 millones de dólares el costo estimado de la guerra contra Irán, lo que evidenció la magnitud creciente de la confrontación.
Washington también buscó ampliar la presión internacional sobre Teherán. El embajador estadounidense en Israel, Mike Huckabee, instó a los países árabes del Golfo a definir su posición entre Israel e Irán y defendió los beneficios de normalizar las relaciones con Tel Aviv. Trump, por su parte, sostuvo conversaciones con Xi Jinping sobre la necesidad de mantener abierto el estrecho de Ormuz y evitar que Irán obtuviera armamento nuclear. Más adelante, el secretario de Estado, Marco Rubio, pidió a los aliados de la OTAN participar en un eventual plan para reabrir el Estrecho si no se alcanzaba un acuerdo.
Dada la retórica confrontacional, la administración estadounidense mantuvo una vía diplomática condicionada. Trump afirmó en reiteradas ocasiones que prefería resolver el conflicto por medios pacíficos, aunque advirtió que actuaría de otro modo si Teherán no cedía. El 15 de mayo propuso un plan de desnuclearización iraní de veinte años; el 17 y el 19 de mayo emitió ultimátums para alcanzar un acuerdo nuclear en cuestión de días. El vicepresidente JD Vance aseguró percibir avances en las negociaciones y consideró que Irán comprendía que el desarrollo de armas nucleares constituía una línea roja para Washington.
La política estadounidense también combinó presión con incentivos limitados. El 18 de mayo se reveló que Washington había ofrecido una exención temporal a las sanciones petroleras iraníes a cambio de un acuerdo de paz y la reapertura del estrecho de Ormuz. Ese mismo día, Trump informó que suspendió una nueva ofensiva militar contra Irán tras solicitudes de Arabia Saudita, Qatar y los Emiratos Árabes Unidos, lo que reflejó la influencia regional sobre las decisiones de Washington.
Sin embargo, la amenaza militar permaneció constante. Funcionarios estadounidenses advirtieron sobre posibles consecuencias si Teherán no aceptaba las condiciones impuestas. Trump insistió en que Estados Unidos recuperaría el uranio iraní, señalando, el 23 de mayo, que Irán no obtendría armas nucleares y que el conflicto se resolvería en el corto plazo.
En cuanto a Israel, el primer ministro Benjamin Netanyahu afirmó que la guerra no concluiría mientras Irán mantuviera uranio enriquecido e instalaciones activas de enriquecimiento, y no descartó el uso de la fuerza en caso de fracasar las negociaciones diplomáticas. Reconoció, además, que Israel había subestimado la capacidad iraní para bloquear el tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz.
Días después, Tel Aviv enfrentó críticas internacionales vinculadas a su actuación regional. El gobierno israelí acusó a la Unión Europea de equiparar a ciudadanos israelíes con Hamás, tras las sanciones impuestas contra colonos acusados de atacar palestinos. Asimismo, Netanyahu y Huckabee criticaron públicamente al ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben-Gvir, luego de la difusión de imágenes de activistas detenidos de la Flotilla Global Sumud en circunstancias degradantes.
En el ámbito operacional, Israel mantuvo una intensa actividad militar vinculada tanto a Irán como a sus aliados regionales. El ejército israelí emitió múltiples órdenes de evacuación en localidades del sur y el centro del Líbano, argumentando violaciones del alto el fuego por parte de Hezbollah. Estas advertencias precedieron nuevos ataques israelíes en áreas como Arzoun, Tair Debba y Al-Bazourieh, al tiempo que se acusó reiteradamente a Hezbollah de incumplir la tregua mediante ataques con drones. El jefe del Estado Mayor israelí, Eyal Zamir, declaró que Tel Aviv había debilitado de forma sistemática y metódica a Teherán y a su eje regional. También advirtió que el país se encontraba en el máximo nivel de alerta y solicitó aumentar el número de reservistas para enfrentar posibles escenarios prolongados de confrontación.
En este contexto, la cooperación militar entre Israel y Estados Unidos se hizo más visible conforme avanzó la crisis. Según Huckabee, Israel envió baterías del sistema de defensa aérea Cúpula de Hierro a los Emiratos Árabes Unidos para proteger al país de eventuales ataques iraníes. Trump afirmó que Netanyahu actuaría en línea con lo que Washington le solicitara en el marco de la guerra contra Irán, lo que reflejó la estrecha coordinación estratégica entre ambos gobiernos.
Respecto al régimen iraní, el portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores, Ismail Bagaei, defendió las demandas iraníes, insistiendo en la liberación de activos bloqueados, el levantamiento de sanciones y el reconocimiento de la soberanía iraní sobre el estrecho de Ormuz. Altos funcionarios y mandos militares afirmaron reiteradamente que el Estrecho estaba bajo control iraní y que su supervisión generaría ingresos superiores incluso a los del petróleo. El Parlamento iraní anunció mecanismos para gestionar el tránsito marítimo, estableciendo tarifas para quienes cooperaran con Teherán y restringiendo el acceso a operadores vinculados al denominado Proyecto Libertad impulsado por Occidente.
De igual manera, el ministro de Relaciones Exteriores, Abbas Araqchi, denunció las contradicciones de Washington y acusó a los Emiratos Árabes Unidos de bloquear iniciativas diplomáticas dentro de los BRICS favorables para la región. Teherán instó al bloque a condenar explícitamente las acciones de Estados Unidos e Israel, a su vez sostuvo que el futuro pertenecía al Sur Global y que la resistencia iraní estaba acelerando una transformación histórica del sistema internacional.
En el ámbito nuclear, Irán endureció progresivamente su posición. El portavoz parlamentario Ebrahim Rezaei advirtió que Teherán podría enriquecer uranio hasta un 90% de pureza si era atacado nuevamente, siendo respaldado por el líder supremo al ordenar que el uranio enriquecido no será enviado al extranjero, lo que desestima una de las principales exigencias estadounidenses en las negociaciones. Autoridades iraníes insistieron en que el país estaba preparado para responder de forma rápida y contundente a cualquier nueva agresión.
A pesar de ello, Irán mantuvo abierta la vía diplomática, pues entregó a Pakistán una propuesta de paz de catorce puntos y el presidente Masoud Pezeshkian afirmó que todas las opciones seguían abiertas para poner fin al conflicto. Durante la jornada del 22 y 23 de mayo, la tensión volvió a escalar: el IRGC advirtió sobre la posibilidad de expandir el teatro de operaciones fuera del ámbito regional ante eventuales ofensivas de la administración estadounidense. Mientras tanto, Irán restringía vuelos y preparaba medidas defensivas ante una posible reanudación de las hostilidades. Teherán reconoció que las diferencias con Washington seguían siendo profundas y descartó la viabilidad de un acuerdo en el corto plazo.
Estados Europeos
La Unión Europea mostró desde el inicio una creciente disposición a endurecer su postura tanto hacia Israel como hacia Irán. El 11 de mayo, el bloque aprobó sanciones contra colonos israelíes acusados de perpetrar ataques violentos contra palestinos en Cisjordania, medida que generó fuertes críticas desde el gobierno israelí. Al día siguiente, Bruselas comenzó a estudiar la posibilidad de ampliar la operación naval Áspides hacia el estrecho de Ormuz y evaluar la creación de una misión en el Líbano, lo que reflejó la preocupación europea por la estabilidad regional y la seguridad de las rutas comerciales energéticas.
En ese mismo contexto, el Reino Unido anunció el despliegue de drones, cazas y un buque de guerra para integrarse a una misión defensiva destinada a garantizar la seguridad del estrecho de Ormuz. La decisión británica evidenció el temor europeo ante un posible cierre prolongado de esa vía estratégica, por la que circula una parte significativa del petróleo mundial.
La posición de España destacó por su tono particularmente crítico hacia Israel. El 15 de mayo, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, afirmó que España no podía permanecer indiferente ante lo que calificó como un genocidio, señalando que adoptar una postura firme constituía una cuestión de coherencia, responsabilidad y humanidad. El 20 de mayo, anunció que impulsaría dentro de la Unión Europea sanciones contra el ministro israelí de Seguridad Nacional, Itamar Ben-Gvir, tras la difusión de un video en el que se burlaba de activistas detenidos de la Flotilla Global Sumud.
Francia, por su parte, defendió la necesidad de respuestas multilaterales frente a las consecuencias económicas y geopolíticas de la guerra. El 19 de mayo, el ministro de Economía y Finanzas, Roland Lescure, advirtió durante la reunión del G7 que la cooperación internacional era indispensable para evitar que la crisis energética y financiera derivada del conflicto en Medio Oriente generara efectos estructurales para la economía global.
Hacia el 23 de mayo, Francia comenzó a preparar en el Consejo de Seguridad de la ONU una resolución específica sobre el estrecho de Ormuz, mientras la votación de la propuesta impulsada por Estados Unidos permanecía estancada. En ese mismo período, la Unión Europea comenzó a evaluar posibles sanciones contra Irán por el bloqueo del Estrecho, consolidando una postura europea cada vez más activa frente al impacto estratégico y económico de la guerra.
Estados Musulmanes del Golfo Arábigo y Medio Oriente
El Líbano se convirtió en uno de los escenarios más sensibles de la crisis debido a los continuos bombardeos israelíes y a la presencia de Hezbollah. El 11 de mayo, el presidente libanés, Joseph Aoun, pidió públicamente a Estados Unidos que presionara a Israel para detener los ataques y denunció la destrucción de viviendas y las operaciones militares sobre territorio libanés. El primer ministro Nawaf Salam llamó a abandonar acciones vinculadas a intereses extranjeros, en una crítica indirecta a Hezbollah, mientras avanzaban conversaciones directas entre el Líbano e Israel. Días más tarde, la delegación negociadora libanesa en Washington sostuvo que la prórroga del alto el fuego y la vía de seguridad impulsada por Estados Unidos podían abrir el camino hacia una estabilidad duradera. Sin embargo, el ministro de Información libanés, Paul Morcos, endureció el discurso al afirmar que la destrucción a gran escala y el desplazamiento forzado constituían violaciones graves del Derecho Internacional Humanitario (DIH).
En el caso de los Emiratos Árabes Unidos, el gobierno intentó mantener una posición equilibrada entre sus vínculos con Occidente, sus relaciones con Israel y la necesidad de evitar una confrontación directa con Irán. El asesor presidencial, Anwar Gargash, declaró que las relaciones árabe-iraníes no podían construirse sobre la confrontación y sostuvo que la prioridad emiratí seguía siendo alcanzar soluciones políticas, aunque remarcó que la defensa de la soberanía nacional constituía un deber ineludible. El 14 de mayo, Abu Dhabi negó oficialmente que Benjamin Netanyahu hubiera realizado una visita secreta al país o que se hubiera recibido una delegación militar israelí, con el objetivo de reducir tensiones regionales y distanciarse de señalamientos sobre una cooperación militar activa contra Irán. Más adelante, Gargash advirtió sobre una ambigüedad estratégica regional y señaló que las posiciones ambiguas podían resultar más peligrosas que una postura clara. El 23 de mayo, un alto responsable emiratí estimó como equiparables las posibilidades de alcanzar un acuerdo entre Washington y Teherán para desbloquear la situación en el estrecho de Ormuz.
Kuwait reaccionó principalmente desde el ámbito de la seguridad interna. El 12 de mayo, el Ministerio del Interior kuwaití informó sobre la detención de cuatro presuntos infiltrados vinculados al IRGC, quienes intentaban ingresar al país por vía marítima, lo que reflejó el temor de los Estados del Golfo ante posibles operaciones encubiertas iraníes en el contexto de la guerra.
Yemen, a través del gobierno reconocido internacionalmente, reafirmó su rechazo a las operaciones impulsadas por Irán. El viceministro de Relaciones Exteriores, Mustafá Noman, reiteró el 18 de mayo la oposición oficial yemení a la estrategia iraní en la región.
Irak, por su parte, expresó preocupación por la expansión del conflicto hacia el golfo. El 19 de mayo condenó ataques con drones lanzados desde el espacio aéreo iraquí contra Arabia Saudita y manifestó su disposición a cooperar en la investigación de los hechos, buscando evitar que Bagdad fuera percibido como plataforma de operaciones regionales.
Qatar asumió un rol diplomático más activo. El 23 de mayo se confirmó la presencia de un equipo negociador qatarí en Teherán con el objetivo de facilitar un acuerdo entre Estados Unidos e Irán que permitiera poner fin a la guerra y reducir la tensión en el estrecho de Ormuz.
Pakistán y Turquía
El 11 de mayo, el ministro de Relaciones Exteriores turco viajó a Qatar para discutir tanto la situación en torno a Irán como la seguridad marítima en la región. Desde Doha, señaló que Ankara apoyaba los esfuerzos para reabrir el Estrecho y advirtió que esa vía marítima no debía utilizarse como instrumento de presión, subrayando la importancia del libre tránsito energético para la estabilidad internacional.
Turquía y Qatar respaldaron los esfuerzos de mediación impulsados por Pakistán para evitar una nueva escalada en Irán, consolidando así un eje diplomático regional orientado a reducir las tensiones entre Teherán y Washington. Este respaldo reflejó la preocupación compartida por las consecuencias económicas, energéticas y de seguridad que una prolongación del conflicto podría generar en todo Medio Oriente.
La participación de Pakistán se intensificó conforme avanzaron las negociaciones. El 18 de mayo, el ministro del Interior pakistaní, Mohsin Naqvi, se reunió en Teherán con el presidente iraní, Masoud Pezeshkian, en un contexto marcado por los esfuerzos diplomáticos para alcanzar un acuerdo de paz. Para el 23, el jefe del Ejército pakistaní llegó a Irán con el objetivo de impulsar iniciativas de paz entre Estados Unidos e Irán. Dicha reunión confirmó el creciente protagonismo de Islamabad como canal de comunicación entre Irán y otros actores regionales en medio del estancamiento de las negociaciones y la persistente amenaza de una nueva escalada militar.
En el plano político, el presidente turco, Recep Tayyip Erdoğan, mantuvo una posición crítica hacia Israel. El 19 de mayo condenó las interceptaciones realizadas por la Marina israelí contra embarcaciones de la flotilla humanitaria destinada a Gaza y afirmó que estas acciones demostraban que Israel actuaba bajo una lógica autoritaria y desproporcionada. Las declaraciones de Erdoğan reforzaron la tradicional postura turca de apoyo a la causa palestina y de cuestionamiento a las operaciones israelíes en la región.
Grupos Pro-Iraníes
El 12 de mayo, Naim Qassem, líder de Hezbollah, declaró que el grupo estaba dispuesto a iniciar negociaciones indirectas con Israel, en vísperas de una nueva ronda de diálogo entre Beirut y Tel Aviv. No obstante, Qassem indicó que la apertura diplomática no implicaba abandonar la confrontación militar, puesto que Hezbollah continuaría operando en el campo de batalla.
La dualidad entre disposición al diálogo y continuidad de las operaciones armadas quedó reflejada pocos días después. El 16 de mayo, Hezbollah anunció el lanzamiento de un ataque contra un objetivo militar en el norte de Israel, lo que reafirmó su papel como uno de los principales actores armados del denominado eje de resistencia respaldado por Irán.
En conjunto, las acciones y declaraciones de Hezbollah ilustraron la estrategia de los grupos pro iraníes durante la crisis: mantener presión militar constante sobre Israel mientras respaldaban, al menos en el plano discursivo, iniciativas diplomáticas que pudieran favorecer una reducción parcial de las hostilidades sin renunciar a su capacidad de disuasión armada.
Rusia y China
El 13 de mayo, Beijing pidió a Pakistán que intensificara sus iniciativas de mediación entre Irán y Estados Unidos, lo que reflejó el interés chino en evitar una guerra regional que pudiera afectar la estabilidad energética y comercial asiática. Dos días después, el gobierno chino insistió en que el estrecho de Ormuz debía reabrirse a la brevedad y reclamó que no se cerrara la puerta del diálogo con Irán, reafirmando su apuesta por una solución negociada.
La dimensión estratégica de la relación sino-rusa adquirió mayor relevancia el 19 de mayo, cuando el presidente ruso, Vladimir Putin, llegó a Beijing para realizar una visita de Estado centrada en la situación en Medio Oriente, la guerra en Ucrania y posibles acuerdos energéticos. Putin fue recibido por el canciller chino, Wang Yi, antes de reunirse con Xi Jinping en un contexto marcado por la reciente visita de Donald Trump a China. Ese mismo día, China manifestó su profunda preocupación por el ataque contra instalaciones vinculadas a la central nuclear de Barakah, en los Emiratos Árabes Unidos, reiterando su oposición a cualquier ataque contra instalaciones nucleares civiles y pidió un alto el fuego inmediato para evitar una mayor escalada regional.
Rusia, por su parte, endureció su discurso contra Estados Unidos. El Ministerio de Relaciones Exteriores, a través de su portavoz Maria Zakharova, condenó los intentos de Washington de intimidar a Irán mediante amenazas de nuevos bombardeos y denunció que quienes habían lanzado ataques contra la República Islámica no solo evitaban asumir responsabilidad, sino que además continuaban ejerciendo presión militar sobre Teherán.
La coordinación entre Moscú y Beijing se consolidó el 20 de mayo, cuando Xi Jinping y Vladimir Putin defendieron públicamente una mayor cooperación estratégica frente a las tensiones internacionales. Ambos líderes suscribieron una declaración conjunta en la que reclamaron diálogo en torno a Irán y condenaron los ataques de Estados Unidos e Israel. Presidieron además la firma de más de una veintena de acuerdos bilaterales, reforzando el alineamiento político y estratégico entre ambas potencias frente al escenario de crisis en Medio Oriente.
Otros actores externos
El 11 de mayo, Corea del Sur expresó preocupación por la seguridad marítima en el estrecho de Ormuz. La presidencia surcoreana condenó el ataque contra un carguero operado por una empresa naviera coreana ocurrido en esta zona estratégica y anunció que respondería una vez identificado el responsable del incidente. La reacción de Seúl demostró la creciente inquietud internacional respecto al impacto de la guerra sobre las rutas comerciales y energéticas globales.
El 19 de mayo, los ministros de Economía del G7 acordaron coordinar ayudas destinadas a los países más afectados por las consecuencias económicas del conflicto en Medio Oriente. La iniciativa sería desarrollada conjuntamente con el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, lo que reflejó la preocupación de las principales economías industrializadas por el impacto de la crisis sobre los mercados energéticos, financieros y comerciales internacionales.
El 21 de mayo, Indonesia condenó la interceptación israelí de activistas que integraban una flotilla humanitaria con destino a Gaza. La postura indonesia reforzó las críticas provenientes del mundo musulmán y del Sur Global contra las operaciones israelíes vinculadas al conflicto regional y a la situación humanitaria palestina.
Organizaciones internacionales
El 21 de mayo, la OPEP+ mantuvo estable la producción correspondiente al primer trimestre de 2026, aunque continuó incrementando gradualmente sus objetivos mensuales desde abril, pese al contexto bélico y a las restricciones logísticas ocasionadas por la crisis en el golfo.
La Organización para la Cooperación Islámica (OCI) mantuvo una posición enfocada en la defensa de la estabilidad regional y cuestionamientos a las operaciones israelíes en Medio Oriente. Aunque no emitió resoluciones extraordinarias de gran alcance, varios de sus Estados miembros impulsaron dentro de la organización discusiones sobre la situación humanitaria en Gaza y el riesgo de expansión regional del conflicto. La OCI respaldó indirectamente los esfuerzos diplomáticos promovidos por países como Pakistán, Qatar y Turquía, orientados a reducir las tensiones entre Washington y Teherán, y continuó defendiendo la necesidad de preservar la soberanía de los Estados musulmanes y evitar una mayor militarización regional.
El Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) desempeñó un papel clave en relación con las tensiones nucleares derivadas del conflicto. Reiteró su preocupación por cualquier ataque contra instalaciones nucleares iraníes y subrayó que dichas infraestructuras no deben ser objeto de ataques militares, debido a los riesgos que tales acciones implican para la seguridad nuclear, el medio ambiente y la estabilidad internacional. El OIEA reiteró su apoyo a una solución diplomática respecto al programa nuclear de Teherán y manifestó disposición para colaborar técnicamente con las partes involucradas.
SITUACIÓN HUMANITARIA Y SOCIAL
| Dimensión Político y Diplomática | |||
| Variable | Puntaje individual | Puntaje total | Intensidad |
| Víctimas y Desplazados | 🔴Gravedad Extrema (-3) | -3 | 🔴 Extremo Intensidad |
| Infraestructura Crítica | 🟠Gravedad Alta (-2) | ||
| Violaciones al DIH | 🔴Gravedad Extrema (-3) | ||
El período comprendido entre el 10 y el 24 de mayo expone la conversión definitiva del entorno urbano en el principal teatro de operaciones, con lo que se diluye cualquier límite entre el frente de batalla y el refugio civil. El impacto reportado por UNICEF sobre la infancia en Gaza y el colapso demográfico en el sur del Líbano —que ya arrastra a más de un millón de personas al destierro— son los signos más visibles de una dinámica bélica caracterizada por una creciente erosión de los mecanismos de contención. Mientras el escudo tecnológico israelí logra encapsular el daño material en su territorio a costa de un severo desgaste psicológico interno, la periferia regional continúa deteriorándose a nivel humanitario y social, en un ciclo de alarmas nocturnas y huidas silenciosas hacia centros asistenciales ya desmantelados.
Este escenario de dispersión humana se ejecuta en paralelo a una guerra de desgaste estructural que compromete severamente la recuperación futura de la región. El estrangulamiento de los flujos energéticos en el estrecho de Ormuz no solo paraliza industrias transcontinentales, sino que deprime la agricultura asiática y siembra una crisis alimentaria a largo plazo. A nivel local, la destrucción de terminales portuarias en el golfo Pérsico, las demoliciones institucionales de pueblos enteros en la frontera libanesa y el ataque contra el complejo atómico de Barakah demuestran que la infraestructura crítica se ha transformado en un objetivo prioritario de asfixia mutua.
El marco jurídico internacional, que debía mitigar este sufrimiento, muestra crecientes señales de debilitamiento operativo. El uso de fósforo blanco en comunidades habitadas, el bombardeo sistemático a redes de ambulancias y la obstrucción a las misiones de rescate marítimo —como la flotilla Global Sumud— reflejan una preocupante subordinación del derecho humanitario a los objetivos militares. Con los canales diplomáticos fracturados por las denuncias de abusos sistemáticos en los centros de detención y la expansión forzada de asentamientos en Cisjordania, el conflicto cierra mayo consolidando un panorama de total incertidumbre, donde la supervivencia civil ya no depende de las garantías internacionales, sino de la resistencia mínima frente al colapso.
Víctimas y Desplazados
La segunda mitad de mayo de 2026 registra el impacto más directo de la guerra: el grave deterioro de las garantías mínimas para la población civil. Lo que en fases previas se gestionaba bajo una lógica de objetivos focalizados ha derivado en una ofensiva abierta contra los entornos urbanos cotidianos. El límite entre el frente de batalla y el refugio se ha vuelto inexistente, con lo que las comunidades quedan atrapadas en un ciclo continuo de alarmas constantes, bombardeos imprevistos a altas horas de la noche y directivas de expulsión territorial que anulan cualquier posibilidad de protección humanitaria real.
La evolución de la crisis y el balance de daños en las zonas afectadas revelan la siguiente situación:
Estados árabes peninsulares y territorios asociados (eje Gaza): La violencia en Gaza ha excedido la capacidad de respuesta de la infraestructura médica y asistencial. El impacto más severo de esta quincena se registró el 13 de mayo, cuando UNICEF encendió las alarmas globales al confirmar el fallecimiento de 70 niños palestinos y heridas graves en más de 850 menores durante un violento repunte de los ataques. Dos días después, el 15 de mayo, las incursiones aéreas israelíes afectaron áreas residenciales de alta densidad como el barrio de Rimal, donde la demolición de un complejo de viviendas —en el marco de un intento de ejecución selectiva— dejó múltiples víctimas atrapadas bajo los escombros.
La destrucción sistémica alcanzó otro punto crítico el 23 de mayo, cuando una serie de bombardeos nocturnos masivos redujo a escombros barrios enteros y desarticuló las redes de servicios públicos básicos. En esa misma jornada, un ataque específico causó la muerte de cinco policías palestinos en funciones de patrullaje y de un niño de 13 años. Los sobrevivientes de estas oleadas enfrentan condiciones severas de desprotección humanitaria y se ven obligados a desplazarse hacia centros de salud que ya operan completamente desmantelados y sin insumos esenciales.
El Líbano: El territorio libanés concentra el mayor nivel de inestabilidad demográfica y desplazamiento forzado en la región. La crisis dio un vuelco drástico el 15 de mayo, cuando las Fuerzas de Defensa de Israel lanzaron una advertencia perentoria de evacuación inmediata para diversas comunidades del sur, con el argumento de la presencia de activos militares de Hezbollah. Esta orden provocó una huida en masa de miles de civiles hacia el norte, con lo que colapsaron las vías de escape y se saturaron los refugios locales.
La letalidad de los ataques de precisión se hizo evidente el 18 de mayo en el este del país, específicamente en el valle de la Bekaa, donde un bombardeo israelí causó la muerte de un comandante de la Yihad Islámica, su hija de 17 años y otro civil en las inmediaciones. Hacia el final del período, el 23 de mayo, la aviación israelí ejecutó una intensa oleada de bombardeos en el sur que dejó pérdidas materiales totales y numerosos heridos civiles. Lo más alarmante es que estas incursiones se perpetraron a pesar de la vigencia de un acuerdo de cese al fuego, lo que fracturó los esfuerzos diplomáticos y dejó a más de un millón de desplazados en una situación de vulnerabilidad extrema.
Siria y el margen transfronterizo: La periferia siria continúa sufriendo los efectos directos de la expansión regional del conflicto. El 23 de mayo, de forma simultánea a las operaciones en el Líbano, aviones de combate israelíes bombardearon posiciones estratégicas en la frontera con Siria. Las detonaciones secundarias impactaron en localidades habitadas, con el resultado de heridos civiles y desplazamientos silenciosos pero constantes en las zonas rurales. Las familias abandonan sus hogares ante la certeza de que el control fronterizo se ha quebrado y sus tierras se están convirtiendo en un campo de batalla secundario.
Irán, Israel e Irak: Durante estas dos semanas, las agencias internacionales y observatorios como la Agencia de Noticias de Activistas de Derechos Humanos (HRANA, por sus siglas en inglés) no registraron variaciones significativas en cuanto a bajas masivas o nuevos desplazamientos a gran escala dentro de los territorios soberanos de Irán, Israel o Irak. Sin embargo, la aparente calma oculta una crisis silenciosa.
En Irán, el país permanece bajo una estricta alerta defensiva y con sus capacidades logísticas militarizadas; contiene el impacto directo en sus centros urbanos, aunque opera bajo una tensión estructural extrema. En Irak, las áreas rurales fronterizas experimentan movimientos de población preventivos ante el temor de nuevas agresiones, si bien no se verificaron ataques cinéticos con víctimas fatales en este lapso. En Israel, el desgaste en la población civil se traduce en un severo agotamiento psicológico debido a la activación intermitente de las alarmas de saturación por drones y proyectiles en la zona norte. Aunque el blindaje tecnológico contiene la letalidad, la parálisis de las comunidades fronterizas y la imposibilidad de que los desplazados internos regresen a sus hogares consolidan una crisis social que se agrava con cada día de hostilidades.
Al cierre de este balance, el 24 de mayo de 2026, la región no solo contabiliza daños materiales por proyectiles, sino una degradación profunda de las condiciones de supervivencia humana. Con los corredores de asistencia bajo fuego, las treguas desarticuladas en la práctica y los hospitales colapsados, las poblaciones atrapadas enfrentan un panorama de total incertidumbre, donde el éxito ya no se mide en victorias territoriales, sino en la resistencia mínima para conservar la vida.
Infraestructura crítica
La geografía del conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán ha dejado de medirse únicamente en el intercambio directo de fuego para trasladarse a una dimensión de estrangulamiento sistémico, donde la destrucción deliberada o colateral de la infraestructura crítica está desmantelando los pilares de la supervivencia energética, portuaria y alimentaria de la región. En este tablero de desgaste, el estrecho de Ormuz se ha consolidado como el epicentro de una disrupción energética y logística de alcance global.; su cierre temporal ha sustraído de forma abrupta entre el 11 % y el 13 % del suministro de petróleo del mercado mundial. Esta asfixia de los flujos de crudo no solo ha desencadenado emergencias energéticas a escala transcontinental y la paralización generalizada de sistemas de transporte en naciones dependientes de la importación, sino que ha comenzado a generar efectos humanitarios indirectos de mediano y largo plazo: el encarecimiento de los combustibles, fertilizantes y suministros agrícolas ha forzado a comunidades de agricultores en todo el continente asiático a abandonar los ciclos de siembra, lo que amenaza la seguridad alimentaria futura de millones de personas de manera silenciosa pero irreversible.
Dentro del territorio soberano de Irán, el precio de la confrontación ha impactado directamente en sus nodos de procesamiento y exportación vitales. Los golpes tácticos comenzaron el 11 de mayo con una incursión encubierta atribuida a los Emiratos Árabes Unidos contra la refinería de la isla de Lavan; el ataque provocó incendios de gran magnitud que neutralizaron la operatividad de la mayor parte de este complejo estratégico. Horas más tarde, la represalia iraní mediante lanzamientos de misiles contra el puerto de Fujairah fue contestada de inmediato por una contundente oleada de ataques aéreos de Estados Unidos orientada a paralizar los puertos iraníes de Qeshm y Bandar Abbas. Este ciclo de devastación mutua ha colocado la infraestructura marítima y de refinamiento del golfo Pérsico en un estado de vulnerabilidad absoluta, con lo que terminales logísticas clave han sufrido daños severos y pérdida parcial de operatividad.
En el frente libanés, el desmantelamiento físico del tejido habitacional trasciende los daños colaterales convencionales. En el sur del Líbano, la destrucción ha adquirido un carácter metódico e institucionalizado: reportes de inteligencia confirman que contratistas civiles, amparados bajo el soporte logístico del ejército israelí, llevan a cabo demoliciones sistemáticas de viviendas en territorios bajo ocupación. Esta política de demolición diaria, combinada con bombardeos de artillería e incursiones aéreas sobre localidades como Kfar Tibnit, Arab Salim, Tayr Debba, Beit Yahoun, Braachit, Hadatha y Al-Ghandouriya, persigue la degradación sistemática de los entornos urbanos y rurales del sur del país, inhabilitando cualquier posibilidad de retorno de la población civil y convirtiendo comunidades enteras en zonas de exclusión inhabitables.
La escalada tecnológica del conflicto alcanzó su punto más crítico el 17 de mayo, cuando el umbral de la seguridad nuclear regional se vio directamente amenazado en la península arábiga. Una incursión de tres vehículos aéreos no tripulados procedentes de la frontera occidental penetró el espacio aéreo de los Emiratos Árabes Unidos con rumbo a la planta nuclear de Barakah, en Al Dhafra. Las defensas emiratíes lograron derribar dos de las amenazas; no obstante, un tercer dron impactó un generador eléctrico situado fuera del perímetro interno de la central. Si bien la contención del daño impidió una catástrofe radiológica inmediata, el ataque representa una quiebra sistémica de las líneas rojas de seguridad y demuestra que los complejos de energía atómica de la región han entrado formalmente en el catálogo de objetivos vulnerables.
En contraste, el territorio israelí ha conseguido salvaguardar la integridad de sus infraestructuras neurálgicas gracias a la densidad de su blindaje antiaéreo. A pesar del acoso permanente por parte de Hezbollah —que incluyó lanzamientos de cohetes contra la periferia de Kiryat Shmona e incursiones de drones interceptados a escasa distancia de helicópteros de combate en el norte de Israel—, las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) han logrado neutralizar con rapidez las plataformas de lanzamiento enemigas y reducir el impacto material a su mínima expresión. Esta disparidad en la resiliencia defensiva consolida una realidad asimétrica: mientras el escudo tecnológico de Israel absorbe y minimiza los impactos en su territorio, el costo del colapso de las redes eléctricas, puertos, refinerías e infraestructura residencial sigue recayendo sobre los centros poblacionales de Irán, el Líbano y los estados árabes colindantes, con lo que se perpetúa una parálisis estructural que condicionará la recuperación de la región durante décadas.
Violaciones al Derecho Internacional Humanitario
El análisis de la dinámica bélica y las políticas de control desplegadas por las partes beligerantes entre el 11 y el 24 de mayo de 2026 revela un panorama de profunda degradación en la observancia de las normas jurídicas internacionales. A lo largo de estas dos semanas, las operaciones de combate e institucionales han ignorado de manera abierta los imperativos de mitigación de daños, distinción y proporcionalidad que exige el marco normativo internacional, con lo que se consolida una tendencia en la que la protección civil queda subordinada a los objetivos de fuerza.
La gravedad del escenario se evidencia en incidentes de alto impacto territorial, como el ocurrido el 16 de mayo en la localidad de Yohmor al-Shaqif, en el sur del Líbano, donde se constató el uso de fósforo blanco por parte de las fuerzas israelíes en zonas con presencia de habitantes. Se trata de un agente químico inflamable cuyas consecuencias plantean posibles vulneraciones a las restricciones internacionales sobre el empleo de armas incendiarias en áreas pobladas. Este suceso se alinea con la falta de previsión y el empleo desproporcionado de armamento registrado el 11 de mayo durante las incursiones en Bani Naim, Hebrón, que afectaron de manera directa el tejido urbano de la Cisjordania ocupada.
La infraestructura civil enfrentó, además, un patrón de hostilidades directas e híbridas. Entre el 14 y el 15 de mayo, las FDI sostuvieron una campaña de destrucción extendida en diversas localidades del sur del Líbano y el valle, lo que forzó desplazamientos masivos. En el plano digital, la población civil también fue blanco de ataques psicológicos: el 13 de mayo, el grupo informático iraní Hanzala saturó los teléfonos de ciudadanos israelíes con amenazas masivas a través de WhatsApp bajo la consigna de que “ningún refugio los salvaría”, una táctica diseñada para infundir terror en la sociedad.
La vulneración del amparo internacional alcanzó de forma directa al personal de primera respuesta y a las misiones de asistencia humanitaria, elementos que gozan de protección incondicional. El 15 de mayo, un bombardeo israelí destruyó un centro de ambulancias de la Autoridad de Salud Islámica en Harouf, Líbano, con el resultado de paramédicos muertos y heridos en plena labor asistencial. Esta situación se prolongó hacia el 23 de mayo con los funerales de más trabajadores sanitarios caídos en bombardeos en la región de Tiro. A pesar de los argumentos que intentan vincular estos objetivos con estructuras de Hezbollah, las operaciones han afectado directamente la capacidad operativa del sistema médico local. Las vías de auxilio marítimo fueron clausuradas por la fuerza a partir del 18 de mayo, cuando la armada de Israel interceptó de forma continuada a las embarcaciones de la flotilla civil Global Sumud en el Mediterráneo e interfirió sus sistemas de comunicación por radio para neutralizar cualquier control externo sobre las detenciones.
El tratamiento de las personas capturadas y detenidas refleja condiciones de extrema alarma humanitaria. El 11 de mayo, investigaciones periodísticas de difusión global recopilaron testimonios sobre la práctica sistemática de torturas, vejaciones físicas y abusos sexuales contra prisioneros palestinos en cárceles israelíes. Para el 13 de mayo, el balance arrojaba al menos 89 palestinos fallecidos bajo custodia desde el inicio de la crisis en octubre de 2023, la mayoría detenidos sin cargos formales, mientras se mantiene un bloqueo deliberado al acceso independiente del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), lo que limita gravemente los mecanismos de supervisión previstos en los Convenios de Ginebra. La tensión escaló al plano diplomático el 20 de mayo, cuando el ministro Itamar Ben-Gvir visitó el centro de detención de Ashdod para exigir la reclusión prolongada de los activistas de la flotilla humanitaria, a quienes calificó de simpatizantes del terrorismo. Ello provocó una enérgica reacción de la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, quien calificó el trato como inaceptable, exigió disculpas públicas y convocó al embajador israelí ante las denuncias de abusos físicos y sexuales sufridos por los activistas retenidos.
Como elemento definitivo de este deterioro normativo, las alteraciones territoriales forzadas continuaron desafiando la legalidad internacional. El 22 de mayo, un bloque de nueve países occidentales liderado por Francia, Alemania y el Reino Unido emitió un pronunciamiento conjunto en el que exigió a Israel detener la expansión de asentamientos ilegales y contener la violencia ejercida por los colonos contra las comunidades palestinas en Cisjordania. El comunicado advirtió de forma categórica que los proyectos de ocupación en la estratégica zona E1 vulneran los acuerdos internacionales y anulan de manera irreversible la viabilidad de una salida pacífica basada en la coexistencia de dos estados.

SITUACIÓN ECONÓMICA Y ENERGÉTICA
| Dimensión Económica y Energética | |||
| Variable | Puntaje individual | Puntaje total | Intensidad |
| Cantidad de Buques Comerciales | 🟠 Impacto Alto (-2) | (-2) | 🟠 Alta Intensidad |
| Desvío de Tránsito | 🟠 Impacto Alto (-2) | ||
| Commodities Energéticas | 🟠 Impacto Alto (-2) | ||
Entre el 11 y el 24 de mayo de 2026, el 22 de mayo se registró el máximo de buques que cruzaron el estrecho de Ormuz en el período, con treinta y cinco buques. La parálisis de las rutas cortas consolidó la circunnavegación de África como rincipal alternativa logística regional, mientras el crudo Brent se mantuvo entre 102 y 112 USD por barril, con una desviación de hasta el 56 % sobre su precio de referencia.
Cantidad de Buques
El 11 de mayo, nueve buques lograron cruzar el Estrecho operando bajo restricciones de señal AIS y medidas de discreción electrónica, y una tregua mediada por Pakistán, entre ellos el metanero catarí Al Kharaitiyat rumbo a Port Qasim. Al día siguiente, el volumen cayó casi a la mitad —a cinco buques— cuando las patrulleras del CGRI impusieron controles e inspecciones obligatorias que disuadieron prácticamente todo tránsito. El 13 de mayo se registró el mínimo del período: apenas tres embarcaciones cruzaron bajo silencio electrónico absoluto, mientras cientos de buques desviaban sus rutas hacia el océano Índico para evitar la artillería costera iraní.
El 14 de mayo se produjo una leve recuperación a seis unidades, gracias a capitanes que optaron por ceñirse a las aguas omaníes para esquivar la interdicción; ese día una tentativa de ataque contra un carguero fue frustrada. El 15 volvió a caer a cuatro buques —el mínimo junto con el día 12—, pues las tripulaciones comenzaron a implementar medidas improvisadas de protección frente a drones, lo que desalentaba la navegación nocturna. A partir del 16 de mayo el número subió a doce, ya que el nuevo régimen de registro obligatorio ante la PGSA, aunque coercitivo, habilitó paradójicamente una vía formal de tránsito para quienes aceptaban reportar sus manifiestos a Teherán. El 17 de mayo el flujo creció levemente a quince naves, sostenido por esperas en las zonas de fondeo de Musandam y validaciones diplomáticas canalizadas por Omán.
El 18 de mayo el volumen cayó a diez buques: India acordó con el IRGC el paso de seis petroleros en convoy sin desembolsar peajes monetarios, en cumplimiento de las advertencias del Tesoro estadounidense. El 19 de mayo se mantuvieron doce tránsitos, protagonizados fundamentalmente por buques rusos y chinos que operaron bajo canales preferentes autorizados directamente por Teherán.
El 20 de mayo marcó el mayor salto del período, con veintiséis buques, más del doble que el día anterior. Tras cuatro rondas de negociaciones del canciller surcoreano en Teherán, tres superpetroleros VLCC salieron en simultáneo, entre ellos el Universal Winner, que transportaba dos millones de barriles kuwaitíes bloqueados desde el 4 de marzo. El 21 de mayo el tránsito se contrajo a veinticuatro naves por las revelaciones sobre presiones iraníes a Omán para institucionalizar los cobros, lo que tensó las negociaciones y frenó varios tránsitos programados.
El 22 de mayo registró el máximo del período: treinta y cinco buques. El CGRI anunció formalmente su esquema de coordinación de protección marítima y aprovechó para proyectar una imagen de normalización, incluido el paso del gasero catarí Al Sahla hacia Tianjin. No obstante, el número retrocedió a veintiún buques el 23 de mayo, cuando el tráfico se fragmentó en pequeñas embarcaciones y cargueros de bajo calado que alternaban señal AIS con navegación oscura, mientras treinta y cinco lanchas rápidas del IRGC se reposicionaban en Khasab. El 24 de mayo cerró el período con veintitrés tránsitos, entre ellos la salida discreta del gasero emiratí Al Hamra, en medio de filtraciones sobre un inminente alto el fuego de sesenta días mediado por Pakistán y Qatar, acuerdo que contemplaba la posible desactivación del régimen de peajes y la reapertura del Estrecho.
Desvío de Tránsito
El transporte marítimo mundial experimentó una transformación acelerada en sus rutas como consecuencia de la escalada bélica entre Estados Unidos, Israel e Irán, crisis que forzó una migración masiva de la flota comercial desde el eje mar Rojo-Suez hacia el extremo sur del continente africano.
El 26 de abril, el canal de Suez operaba con 31 buques, principalmente graneleros y portacontenedores medianos, mientras que Bab el-Mandeb ya mostraba signos de agotamiento con solo 8 tránsitos. En contraste, el cabo de Buena Esperanza comenzó a absorber el flujo desviado con 88 embarcaciones. El 27 de abril, la tendencia continuó con 28 naves en Suez y un incremento a 89 en la ruta africana.
El 28 de abril marcó un punto de inflexión: el tráfico en el cabo superó las 90 unidades diarias, mientras que Suez bajaba a 25 buques y Bab el-Mandeb se reducía a 5 naves, principalmente transportes de gas licuado que aún intentaban la ruta corta. El 29 de abril, Suez descendió a 20 buques y el 30 de abril a 18, reflejo del desvío de los grandes portavehículos y petroleros Suezmax hacia el sur, donde el tráfico ya alcanzaba las 95 naves.
Al iniciarse mayo, la severa disrupción de las vías de comunicación cortas se profundizó. El 1 de mayo, solo 15 buques cruzaron Suez, mientras que el cabo de Buena Esperanza llegaba a 96. El 2 de mayo, Bab el-Mandeb quedó con apenas 3 embarcaciones, lo que obligó a 98 barcos a circunnavegar África para evitar el riesgo de drones y minas. El 3 de mayo, la actividad en Suez cayó a un solo dígito —9 buques, compuestos mayormente por petroleros bajo escolta—, en tanto que el cabo rozaba los 100 tránsitos.
El 4 de mayo, con el lanzamiento de operaciones militares de protección, el tráfico en el canal bajó a 6 naves y Bab el-Mandeb quedó con un único tránsito residual. El 5 de mayo, tras ataques a buques de gran calado, solo 4 barcos se aventuraron por Suez, mientras que la ruta africana subía a 105. A partir del 6 de mayo se alcanzó un estado de parálisis casi total: Bab el-Mandeb registró cero tránsitos comerciales neutrales, cifra que se mantuvo hasta el final del período. El canal de Suez vio disminuir sus cruces de 3 naves el día 6 a 2 durante el 7 y el 8 de mayo; el 9 y el 10 de mayo, el tráfico en Suez fue de un solo buque diario destinado a cargas estratégicas. En sentido contrario, el cabo de Buena Esperanza se consolidó como la única vía segura, con un ascenso de 108 naves el día 6 hasta un récord histórico de 115 el 10 de mayo, lo que generó una saturación logística sin precedentes en los puertos del sur de África.
Commodities Energéticas
La crisis energética desatada por la Operación Furia Épica en Medio Oriente mantuvo al mercado petrolero en estado de alta volatilidad durante las dos semanas bajo análisis. El crudo Brent, referente internacional para dos tercios del petróleo global, cotizó en todo momento muy por encima de su línea base de estabilidad de 71,76 USD por barril, impulsado por la disrupción operativa del estrecho de Ormuz y una diplomacia que avanzaba con dificultad.
El lunes 11 de mayo la semana arrancó con el Brent en 104,21 USD, un alza del 2,88 % frente al viernes anterior, tras el colapso de las conversaciones de cese al fuego mediadas en Islamabad, lo que reavivó el temor a un cierre indefinido del Estrecho. El martes 12 el precio escaló otro 3,42 % hasta 107,77 USD, tras el anuncio estadounidense de endurecer su bloqueo naval sobre los puertos iraníes, lo que retiró buques tanque del golfo Pérsico y disparó las primas de entrega inmediata. El miércoles 13 trajo la primera corrección, con una caída del 1,99 % hasta 105,63 USD, después de que la OPEP y la AIE recortaran sus proyecciones de demanda global al argumentar que precios sostenidos por encima de los 100 USD destruían el consumo industrial. El jueves 14 el mercado operó casi sin cambios, cerrando en 105,72 USD con una variación de apenas el 0,09 %, mientras miles de marinos permanecían varados y los operadores se limitaban a gestionar coberturas ante la parálisis logística en el golfo.
El viernes 15 la cotización saltó un 3,35 % a 109,26 USD cuando los Emiratos Árabes Unidos anunciaron la construcción acelerada de un segundo oleoducto de emergencia hacia Fujairah, señal interpretada por el mercado como una admisión de que la normalización del tráfico marítimo tardaría años. Durante el fin de semana del 16 y 17, los mercados cerraron, pero los eventos geopolíticos se agravaron: Israel bombardeó el sur del Líbano, Irán anunció la creación de la Autoridad del Estrecho del Golfo Pérsico para cobrar peajes, y un ataque con drones alcanzó las proximidades de la planta nuclear de Barakah en los Emiratos, seguido de un ultimátum de Trump contra Teherán.
El lunes 18 registró el máximo del período: 112,10 USD, un salto del 2,60 % que reflejó la reacción del mercado ante los eventos geopolíticos del fin de semana. El martes 19 cedió apenas un 0,73 % a 111,28 USD por filtraciones sobre un posible cese al fuego de 60 días mediado por Pakistán, aunque los seguros de guerra mantenían paralizados los buques. El miércoles 20 protagonizó la mayor caída del período: un desplome del 5,63 % hasta 105,02 USD impulsado por el anuncio de que Qatar sumaba su diplomacia a la mediación proponiendo la reapertura del Estrecho sin aranceles, lo que redujo temporalmente el impacto de la noticia de que los inventarios de crudo en Estados Unidos habían caído casi 18 millones de barriles. El jueves 21 bajó otro 2,32 % a 102,58 USD en una sesión extremadamente volátil, en la que una directiva del Líder Supremo iraní prohibiendo exportar uranio enriquecido fue compensada parcialmente por los avances diplomáticos de Pakistán y Omán. El viernes 22 cerró con una leve recuperación del 0,94 % a 103,54 USD tras declaraciones del secretario Rubio rechazando cualquier soberanía iraní sobre el Estrecho. Ese precio se mantuvo sin variación el fin de semana del 23 y 24, mientras Trump defendía el acuerdo en gestación y la agencia iraní Fars contradecía las versiones occidentales sobre el libre paso marítimo.
En catorce días, el Brent osciló entre 102,58 y 112,10 USD sin recuperar la estabilidad, con una desviación de entre el 43 % y el 56 % sobre su precio de referencia.

