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Informe N°7 | 25 de mayo – 7 de junio de 2026

Grupo de Investigación de Paz y Seguridad Internacionales.

Gonzalo Gabriel Dinamarca –  Coordinador del Grupo de Investigación de Paz y Seguridad Internacional – Redactor de Situación Militar y Operacional; y Situación Económica y Energética.

Geri Giselle Lopez – Redactora de Situación Político y Diplomática.

Ivanna Duvara – Redactora de Situación Humanitaria y Social.

Hillary Samanta Villegas Gómez – Editora.

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Introducción 

El conflicto armado entre Estados Unidos, Israel e Irán marcó la transición de una prolongada tensión diplomática hacia una confrontación militar abierta. Tras el fracaso de las negociaciones sobre el programa nuclear y misilístico iraní, la orden emitida por Donald Trump el 28 de febrero de 2026 para iniciar la “Operación Furia Épica”, coordinada con la operación israelí “Rugido de León”, dio inicio a una nueva fase del conflicto. Los ataques contra instalaciones estratégicas iraníes fueron respondidos por Teherán mediante la denominada “Operación Promesa Verdadera 4”.

Este informe analiza la escalada militar del conflicto, el papel desempeñado por actores regionales y extrarregionales, incluidos los Estados árabes y los países europeos, así como sus posibles efectos sobre la población civil y los mercados energéticos internacionales.

El Grupo de Investigación en Paz y Seguridad Internacional del CEERI busca contribuir a una comprensión integral del conflicto mediante el seguimiento y el análisis sistemático de cuatro dimensiones clave: 1) militar y operacional; 2) política y diplomática; 3) humanitaria y social; y 4) económica y energética.

  • Situación Militar y Operacional

Esta dimensión del informe analiza y cuantifica la Escala de Magnitud de las Operaciones (EMO) en el conflicto entre Estados Unidos e Irán, priorizando el volumen, tipo y origen de los medios empleados en las operaciones militares por encima de las consideraciones políticas. Para ello, se utiliza un marco técnico que abarca los dominios aéreo, terrestre y naval, e incorpora las operaciones especiales y cibernéticas como factores de impacto estratégico.

Se evalúan campañas de supresión aérea, ataques de precisión, defensa en profundidad, guerra de enjambre y minado de chokepoints (puntos estratégicos de tránsito), además de incursiones limitadas y protección de bases. Asimismo, se consideran acciones de sabotaje y saturación cibernética. El objetivo es medir volumen, intensidad, capacidad de respuesta y evolución de la confrontación en todos los dominios.

  • Situación Político y Diplomática

Esta dimensión examina la manera en que las declaraciones diplomáticas, las alianzas internacionales y las posiciones adoptadas por los actores involucrados influyen en la evolución del conflicto entre Estados Unidos e Irán. Asimismo, incorpora el análisis de los pronunciamientos de organismos internacionales, en particular del OIEA, la OPEP y la OIC.

Su medición se basa en la Matriz de Evolución Política (MEP), un índice mixto (cualitativo y cuantitativo) que determina si el entorno internacional tiende a mitigar o a agravar la confrontación. Se examinan, por tanto, los esfuerzos orientados a las conversaciones de paz, a las mediaciones y a las declaraciones de los actores afectados por el conflicto. Asimismo, se identifican los obstáculos y retos que dificultan el logro de un cese del fuego o de un acuerdo de paz.

  • Situación Humanitaria y Social

Esta dimensión evalúa el impacto sobre la población civil y el cumplimiento del Derecho Internacional Humanitario (DIH) en el conflicto entre Estados Unidos e Irán. Emplea un Índice de Degradación Humanitaria (IDH) que sintetiza el costo humano y el riesgo jurídico internacional para medir el deterioro, identificar tendencias y estimar la probabilidad de sanciones o responsabilidades penales.

Se registran víctimas civiles (fallecidos y heridos) y desplazamientos forzados, tanto internos (incluidos movimientos hacia los montes Zagros) como externos hacia Turquía, Irak y Pakistán. También examina daños a la infraestructura crítica (electricidad, agua, hospitales y telecomunicaciones) y posibles violaciones del DIH, incluido el trato a prisioneros conforme a los Convenios de Ginebra.

  • Situación Económica y Energética

Esta dimensión analiza los efectos económicos y energéticos del conflicto, con especial atención al Estrecho de Ormuz, corredor estratégico por el que transita aproximadamente el 20 % del petróleo comercializado a nivel mundial. Para evaluar si la crisis mantiene un alcance regional o evoluciona hacia un shock energético global con consecuencias inflacionarias y financieras, se emplea el Índice de Shock Económico (ISE).

Entre las principales variables de análisis se encuentran el volumen de buques comerciales que transitan por la región, el porcentaje de desvíos de rutas marítimas, como la circunnavegación del sur de África, los costos asociados a posibles interrupciones logísticas y la volatilidad de los precios de los commodities energéticos, particularmente del petróleo (Brent y WTI) y del gas natural licuado (GNL).

Dimensión Indicador Operacionalizado Intensidad del Conflicto
1. Dimensión Militar y Operacional Operaciones Terrestres + Aéreas + Navales + Especiales 🔴 Extrema Intensidad
2. Dimensión Político y Diplomática Actores directos + Actores Externos + ORG Inter 🟠Alta Intensidad
3. Dimensión Humanitaria y Social  Víctimas y Desplazados + Infraestructura Crítica + Violaciones al DIH 🔴 Extrema Intensidad
4. Dimensión Económica y Energética Cantidad de Buques Comerciales + Desvío de Tránsito + Commodities Energéticas 🟠 Alta Intensidad

 

SITUACIÓN MILITAR Y OPERACIONAL

Dimensión Militar y Operacional
Variable Puntaje individual Puntaje total Intensidad
Terrestre 🔴 Magnitud Máxima (328) 1.021 🔴Extrema Intensidad
Aérea 🟠Magnitud Alta (219)
Naval 🟠Magnitud Alta (235)
Especial 🟠Magnitud Alta (239)

 

Bombardeo del FDI contra Hezbollah

 

Entre el 25 de mayo y el 7 de junio de 2026, el conflicto se desarrolló en múltiples dominios operacionales. Las FDI avanzaron en el sur del Líbano y capturaron posiciones estratégicas como el castillo de Beaufort, mientras que ataques aéreos israelíes y estadounidenses degradaron capacidades iraníes. Paralelamente, se registraron operaciones navales, acciones cibernéticas y ataques balísticos iraníes contra objetivos en Kuwait, Baréin e Israel. El día 100 del conflicto representó una nueva escalada regional, caracterizada por ataques directos contra territorio israelí.

Operaciones Terrestres

El conflicto terrestre en el sur del Líbano y áreas adyacentes de Medio Oriente entre el 25 de mayo y el 7 de junio de 2026 registró una escalada significativa en el marco de una campaña de alta intensidad caracterizada por el empleo de blindados pesados, infantería asimétrica y sistemas de guiado avanzados.

El 25 de mayo, la actividad ofensiva se inició con el impacto de un dron explosivo de Hezbollah en Metula, mientras fuerzas estadounidenses inhabilitaron lanchas del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC) en Larak, lo que afectó los flujos de reabastecimiento terrestre. El 26 de mayo, las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) expandieron formalmente su ofensiva terrestre más allá de la «Línea Amarilla», donde se enfrentaron en Zawtar al-Sharqiya a defensas equipadas con morteros, cohetes y drones tácticos. El 27 de mayo, tras decretarse la evacuación al sur del río Zahrani, unidades mecanizadas de las FDI cruzaron el río Litani hacia Nabatiyeh. El combate se intensificó con artillería pesada israelí y el empleo por parte de Hezbollah de drones guiados por fibra óptica, inmunes a los sistemas de guerra electrónica.

El 28 de mayo, un ataque aéreo de precisión en Shuwayfat, Beirut, tuvo como objetivo al comandante de misiles del IRGC, Ali al-Hussaini, mientras un vehículo bomba en Irak produjo la baja de un líder de la milicia Ansar Allah al-Awfiya, lo que comprometió su enlace logístico. El 29 de mayo, los combates terrestres se concentraron en las colinas del río Awali, la tercera línea de defensa de Hezbollah, mientras ambas partes procuraban posicionamiento táctico antes de las conversaciones en Washington. El 30 de mayo, zapadores e infantería de las FDI realizaron operaciones de desminado bajo fuego directo en la cresta de Beaufort. Estas operaciones culminaron el 31 de mayo con la captura israelí del castillo de Beaufort, lo que desencadenó andanadas de artillería e impactos contra blindados por parte de Hezbollah.

El 1 de junio, pese a un alto el fuego de alcance limitado impulsado por Estados Unidos, Hezbollah disparó cohetes contra Tiberíades. El 2 de junio, los combates continuaron en el sur. En el plano naval y de apoyo terrestre, Washington interceptó y neutralizó el buque tanque M/T Lexie. La acción provocó una respuesta del CGRI mediante el lanzamiento de drones contra buques en el golfo Pérsico, seguida de ataques aéreos estadounidenses sobre instalaciones en Qeshm. El 3 de junio, Hezbollah bombardeó la guarnición de Beaufort con artillería y drones. En represalia, el IRGC atacó con misiles balísticos la base de Ali al-Salem en Kuwait y la Quinta Flota en Baréin, ampliando la escala regional del conflicto. El 4 de junio, Hezbollah rechazó formalmente la tregua de Washington, lo que resultó en la muerte de un comandante de tanques del 75.º Batallón de las FDI.

El 5 de junio, varios oficiales de la Brigada Givati de las FDI resultaron heridos durante un enfrentamiento directo de infantería en Zawtar al-Sharqiya. Las fuerzas israelíes abatieron al jefe de ingeniería de minas, Abed Harb, e impusieron la evacuación de nueve aldeas. El 6 de junio, una ofensiva mecanizada israelí nocturna avanzó hacia Mayfadoun, donde se enfrentó a fuego concentrado de morteros y drones Ababil. Finalmente, el 7 de junio, el asalto a Mayfadoun resultó en la destrucción de dos tanques Merkava mediante misiles antitanque guiados (ATGM, por sus siglas en inglés). Hezbollah destruyó el radar Drone Dome en Beaufort, mientras las FDI demolieron una red de túneles bajo el castillo medieval. La campaña cerró con bombardeos en Beirut y nuevas salvas de misiles balísticos iraníes contra la base de Ramat David, configurando un escenario de conflicto de alta intensidad con alcance regional.

Operaciones Aéreas

El 25 de mayo, el Comando Central de los Estados Unidos (CENTCOM) ejecutó operaciones aéreas con cazas navales F/A-18F Super Hornet en Bandar Abbas, que neutralizaron baterías móviles de misiles tierra-aire (SAM) y destruyeron lanchas del IRGC empleadas para el despliegue de minas navales. En paralelo, la aviación israelí bombardeó posiciones logísticas de Hezbollah en el este del Líbano. Al día siguiente, 26 de mayo, las defensas antiaéreas iraníes derribaron un vehículo aéreo no tripulado MQ-9 Reaper sobre el golfo Pérsico y efectuaron disparos de advertencia contra cazas de quinta generación F-35.

Entre el 27 y el 29 de mayo, a pesar de las mediaciones diplomáticas, las fuerzas israelíes ejecutaron ataques aéreos masivos hasta el río Litani para establecer una zona de exclusión, mientras Hezbollah respondía con salvas de cohetes pesados contra acuartelamientos fronterizos. El 30 de mayo, enjambres de drones iraníes a baja cota hostigaron bases en Kuwait, lo que obligó a los buques comerciales en el estrecho de Ormuz a navegar sin transpondedor para evitar el guiado electroóptico hostil.

El 31 de mayo y 1 de junio, CENTCOM neutralizó radares de alerta temprana y estaciones de control terrestres en Goruk y la isla de Qeshm mediante misiles de precisión, lo que debilitó la cobertura de defensa aérea iraní. Teherán respondió lanzando misiles balísticos contra Kuwait, interceptados por baterías aliadas Patriot PAC-3.

La dimensión aeronaval del conflicto registró su punto de mayor intensidad el 2 de junio. Un caza estadounidense inmovilizó el buque tanque M/T Lexie con destino a la isla de Kharg al impactar un misil aire-superficie Hellfire en su sala de máquinas. En represalia por este bloqueo y por ataques aéreos a la isla de Qeshm, el IRGC lanzó salvas de misiles balísticos contra Kuwait y Baréin, interceptados por destructores y baterías Patriot aliadas.

El 3 de junio, un dron de ataque Shahed evadió los radares de adquisición de objetivos e impactó contra la terminal del aeropuerto de Kuwait, lo que causó la muerte de un civil indio y requirió la intercepción de 13 misiles y 17 drones adicionales. Al día siguiente, la actividad ofensiva con drones se extendió a Omán, donde una detonación cerca de las monoboyas de carga de Mina al-Fahal forzó la suspensión preventiva del suministro de crudo.

El 5 de junio, se confirmó el empleo de drones israelíes Heron TP en misiones de reconocimiento desde el sur de Azerbaiyán, pese a que las operaciones no fueron reconocidas oficialmente. El 6 de junio, un dron de guiado por fibra óptica de Hezbollah abatió a un sargento de comandos israelí en el sur del Líbano, lo que desencadenó bombardeos aéreos de represalia por parte de cazas israelíes.

Finalmente, el 7 de junio, la aviación israelí bombardeó Dahiyeh en Beirut, lo que causó la muerte de dos civiles. Irán respondió lanzando diez misiles balísticos de mediano alcance contra la base aérea de Ramat David. A pesar de las intercepciones efectuadas por los sistemas Arrow y David’s Sling, el ataque forzó el cierre de los espacios aéreos de Irak, Siria e Irán, lo que interrumpió las rutas logísticas y generó pérdidas económicas significativas para la aviación comercial global.

Operaciones Navales

El 25 de mayo, cazas estadounidenses detectaron y hundieron dos buques de la Armada del IRGC (IRGCN, por sus siglas en inglés) que sembraban minas en el estrecho de Ormuz. La respuesta iraní con misiles tierra-aire (SAM) desde Bandar Abbas provocó la destrucción de su radar de guía y lanzadera por fuego de represalia aliado. El 26 de mayo, Irán hostigó la navegación comercial al dañar el casco de un mercante frente a Mascate con proyectiles costeros, mientras derribaba un dron estadounidense MQ-9 Reaper en el Golfo Pérsico. El 27 de mayo, la tensión se trasladó al plano administrativo; Irán intentó legitimar peajes coercitivos de su autoproclamada Autoridad del Estrecho del Golfo Pérsico (PGSA, por sus siglas en inglés), mientras Estados Unidos mantenía el rigor de su cerco naval sobre puertos iraníes.

El 28 de mayo, lanchas rápidas de la IRGCN capturaron dos buques mercantes en Ormuz. En respuesta, destructores aliados interceptaron cinco drones de ataque de un solo uso (OWA-UAV, por sus siglas en inglés) y bombardearon la rampa de lanzamiento en Bandar Abbas. El 29 de mayo, la aviación estadounidense dejó fuera de servicio al buque Lian Star en el Golfo de Omán al impactar un misil Hellfire en su sala de máquinas, tras ignorar advertencias de bloqueo. El 30 de mayo, el mando militar iraní amenazó con represalias a barcos no conformes con sus rutas soberanas, mientras el Pentágono reafirmaba la vigencia del bloqueo. El 31 de mayo, defensas costeras iraníes derribaron un dron MQ-1 Predator, lo que desencadenó la respuesta estadounidense mediante cazas que destruyeron radares y búnkeres en Qeshm y Goruk.

El 1 de junio, la “Flota Fantasma” iraní evadió el bloqueo al transitar con éxito cuatro petroleros (Hilda I, Amber, Silvia I y Happiness I) cargados con siete millones de barriles de crudo y transpondedores apagados. El 2 de junio, un misil Hellfire lanzado desde un caza estadounidense neutralizó el cuarto de máquinas del petrolero Lexie cerca de la isla de Kharg. Como represalia, la IRGC lanzó misiles balísticos y drones delta Shahed hacia Kuwait y Baréin, que impactaron en la Terminal 1 del aeropuerto kuwaití, provocando una baja civil india y forzaron la suspensión de vuelos. El 3 de junio, Irán alegó haber atacado un destructor estadounidense en el Golfo de Omán, afirmación desmentida por el CENTCOM. Tras un tenso 4 de junio sin enfrentamientos directos, el 5 de junio fuerzas del Comando del Indo-Pacífico (INDOPACOM, por sus siglas en inglés) abordaron y confiscaron el superpetrolero Davina frente a Sri Lanka. Paralelamente, Irán atacó con misiles costeros Qadir a destructores aliados y lanzó siete misiles balísticos hacia Kuwait y Baréin, interceptados en su mayoría por baterías Patriot, lo que desencadenó ataques aliados contra radares en Goruk y Qeshm.

El 6 de junio, destructores aliados interceptaron dos drones de ataque sobre el Estrecho. Finalmente, el 7 de junio se quebró el statu quo regional cuando Irán lanzó una andanada de misiles balísticos directamente contra territorio israelí en respuesta a los bombardeos en Beirut, comprometiendo seriamente la vigencia de la tregua.

Operaciones Especiales

El 25 de mayo de 2026, el grupo iraní Screening Serpens desplegó troyanos MiniUpdate mediante ataques de phishing dirigidos a ingenieros de defensa en Estados Unidos e Israel. Simultáneamente, el IRGC emitió señales de falsificación GPS (spoofing) de alta potencia desde Bandar-e Pars, generando derivas de hasta cinco millas náuticas en buques comerciales en el estrecho de Ormuz. Al día siguiente, la célula CL-STA-1128 realizó reconocimiento masivo de controladores lógicos programables (PLC) de Rockwell Automation, y el grupo Handala Hack filtró datos personales de tropas aliadas. El 27 de mayo, la interferencia electromagnética comenzó a degradar la temporización de redes móviles en el golfo Pérsico, mientras Israel solicitaba el uso de inteligencia artificial para contrarrestar campañas de desinformación.

El 28 de mayo, Israel ejecutó ataques aéreos en el suburbio beirutí de Dahiyeh contra la división de misiles Imam Hussein. En paralelo, Charming Kitten desplegó campañas de robo de credenciales. El 29 de mayo, Irán amplió la presión psicológica enviando mensajes SMS amenazantes en hebreo a civiles israelíes, mientras las perturbaciones satelitales obligaban a los petroleros a navegar sin sistemas automáticos. Los días 30 y 31 de mayo registraron ataques de suplantación de identidad en los Emiratos Árabes Unidos, sabotajes cibernéticos a sistemas de control de silos de trigo estadounidenses e intrusiones en sistemas de gestión hídrica, confirmadas en alerta conjunta de la Agencia de Ciberseguridad e Infraestructura de Estados Unidos (CISA) y la Dirección Nacional Cibernética de Israel (INCD). Ataques de denegación de servicio (DDoS) inhabilitaron portales gubernamentales de Kuwait e Israel.

En junio se intensificó el sabotaje a infraestructura crítica. El grupo Seedworm comprometió bases de datos en el golfo Pérsico mediante el malware de acceso persistente Dindoor. El 2 de junio, operadores iraníes modificaron umbrales de presión en controladores Rockwell de una estación hídrica estadounidense. El 3 de junio, inhibidores de señal desde Qeshm degradaron los radares de destructores de la coalición. El 4 de junio, un programa de borrado de datos (wiper) destruyó las bases de datos aduaneras del puerto de Shuaiba en Kuwait, paralizando la logística aliada.

El 5 de junio marcó el paso a la confrontación armada abierta: tras el hundimiento de la patrullera IRIS Dena, destructores estadounidenses lanzaron misiles Tomahawk contra radares litorales de Qeshm, mientras Irán respondió con siete misiles Fateh-110 contra bases en Kuwait y Baréin. El 6 de junio, un ataque israelí en Kfar Tebnit coincidió con una interferencia masiva de sistemas globales de navegación por satélite (GNSS) que paralizó los espacios aéreos de Beirut y Tel Aviv.

El 7 de junio, centésimo día del conflicto, se produjo el punto de mayor intensidad: Israel bombardeó Beirut, Irán lanzó misiles balísticos contra territorio israelí y el wiper «BiBi» de Void Manticore atacó las redes eléctricas e hídricas israelíes. El encallamiento de un superpetrolero en el estrecho de Ormuz, provocado por falsificación satelital, interrumpió el principal corredor energético global.

SITUACIÓN POLÍTICA Y DIPLOMÁTICA

Dimensión Política y Diplomática
Variable Puntaje individual Puntaje total Intensidad
Actores Directos 🔴 Retroceso Mayor (-2) -2 🟠Alta Intensidad
Estados Europeos 🟡Avance Menor (+1)
Estados Mulsumanes 🟠 Retroceso Menor (-1)
Pakistán y Turquía 🟡Avance Menor (+1)
Grupos Pro-iraníes 🟠 Retroceso Menor (-1)
Rusia y China 🟡Avance Menor (+1)
Otros actores externos 🟡Avance Menor (+1)
ORG Internacional 🟠 Retroceso Menor (-1)

 

Cómo Trump presionó a Netanyahu para conseguir el cese el fuego en ...

El conflicto entre Estados Unidos e Israel contra Irán, entre el 25 de mayo y el 7 de junio de 2026, configuró un escenario de escalada multidimensional en el que convergieron actores internos, externos y organizaciones internacionales con respuestas diferenciadas. En el plano interno, Estados Unidos continuó combinando presión militar, coerción económica y negociación diplomática en su estrategia hacia Irán. La administración de Donald Trump mantuvo como objetivo central impedir que Teherán conservara capacidades nucleares estratégicas y garantizar la reapertura del estrecho de Ormuz bajo condiciones compatibles con los intereses estadounidenses y de sus aliados regionales.

En paralelo, actores externos como los Estados europeos, priorizaron la desescalada y la seguridad marítima, mientras que los países del Golfo y de Medio Oriente expresaron una preocupación sostenida por las consecuencias regionales de la guerra y la cuestión del estrecho de Ormuz. Por su parte, los países mediadores, Pakistán y Turquía, promovieron mecanismos de negociación al mismo tiempo que recibían el respaldo de Rusia para contribuir con dichos esfuerzos diplomáticos.

Actores internos

El 25 de mayo, Washington valoró positivamente la presencia de una delegación iraní en Catar, interpretándola como una señal favorable para las negociaciones. Las conversaciones avanzaron de manera continuada; incluso la Casa Blanca señaló que el diálogo progresaba adecuadamente días después, y que Trump había establecido condiciones no negociables respecto al programa nuclear iraní. Posteriormente, funcionarios estadounidenses anunciaron la consecución de un acuerdo preliminar con Irán, aunque este no llegó a ser ratificado por el presidente debido a la persistente inestabilidad regional y a las discrepancias aún existentes entre ambas partes. No obstante, la negociación coexistió con una política de presión constante. Estados Unidos amplió sanciones contra entidades vinculadas a la gestión iraní del estrecho de Ormuz y mantuvo la exigencia de eliminar las reservas de uranio enriquecido bajo supervisión internacional.

Asimismo, la administración Trump prosiguió con la promoción de una arquitectura regional basada en la ampliación de los Acuerdos de Abraham y en el fortalecimiento de la cooperación entre sus socios de Medio Oriente. Pese a que el gobierno estadounidense insistió en que seguía apostando por una solución negociada, mantuvo operaciones contra objetivos iraníes bajo el argumento de la legítima defensa. El 31 de mayo, Washington anunció nuevos ataques contra instalaciones iraníes en respuesta a acciones consideradas hostiles, reafirmando que las Fuerzas Armadas estadounidenses se encontraban preparadas para una eventual reanudación de las hostilidades si las negociaciones fracasaban, postura que Washington reafirmó en los días siguientes.

Respecto a Israel, el gobierno de Benjamin Netanyahu mantuvo una estrategia orientada a preservar la presión militar sobre Hezbollah y consolidar posiciones en el sur del Líbano. Desde el inicio de la decimotercera semana del conflicto, sectores de las Fuerzas de Defensa de Israel promovieron la reanudación de ataques contra Beirut y operaciones dirigidas contra altos mandos de Hezbollah. Esta dinámica se intensificó el 26 de mayo, cuando el ejército israelí emitió nuevas órdenes de evacuación en Nabatiye y amplió sus operaciones en territorio libanés, ante lo cual las autoridades israelíes defendieron estas acciones como necesarias para garantizar la seguridad nacional y evitar una reconstitución de las capacidades militares de Hezbollah. No obstante, comenzaron a surgir diferencias tácticas con Washington: el 1 de junio, Trump solicitó a Netanyahu evitar una ofensiva sobre Beirut por considerar que complicaría las negociaciones con Irán. A pesar de ello, el primer ministro israelí reiteró que las operaciones continuarían según lo planificado. Esta postura quedó reflejada el 6 de junio, cuando Israel bombardeó el sur de Beirut en respuesta a disparos contra territorio israelí.

En cuanto a Irán, altos funcionarios iraníes sostuvieron que la República Islámica contaba con una posición estratégica más favorable que al inicio del conflicto y reafirmaron la posición de Teherán de no realizar concesiones ante la presión de Estados Unidos e Israel. En esa línea, el 26 de mayo el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC) declaró estar preparado para responder a cualquier nueva agresión estadounidense. La cuestión del estrecho de Ormuz continuó siendo uno de los principales instrumentos de presión iraní, y se puso de manifiesto al día siguiente cuando Teherán anunció negociaciones con Omán para redefinir los mecanismos de control y tránsito en el Estrecho y advirtió que el paso para países considerados hostiles seguiría restringido. Esta postura se reforzó cuando las Fuerzas Armadas iraníes afirmaron que el estrecho de Ormuz permanecía bajo control total de la República Islámica. Adicionalmente, Teherán reconoció públicamente los esfuerzos de mediación de Pakistán y persistió en su participación en conversaciones indirectas con Washington.

Durante la decimocuarta semana, la confrontación adquirió una dimensión regional más amplia. El 1 de junio, el gobierno iraní suspendió temporalmente las negociaciones tras la intensificación de los ataques israelíes en el Líbano, argumentando que cualquier acuerdo debía contemplar también el cese de las hostilidades contra Hezbollah y el territorio libanés. En ese marco, el IRGC anunció ataques contra instalaciones militares estadounidenses en el golfo Pérsico, y ese mismo día Irán lanzó operaciones contra Kuwait y Baréin, responsabilizando a ambos países por permitir el uso de su territorio para operaciones estadounidenses. Retomando la cuestión del estrecho de Ormuz, el 4 de junio Irán precisó que buscaría imponer tarifas por servicios de seguridad marítima en lugar de peajes directos por tránsito. Hacia el final del período, el líder supremo Mojtaba Jamenei apeló a la unidad nacional y reafirmó que la resistencia frente a las presiones externas constituía un elemento esencial para preservar la soberanía y los intereses estratégicos de la República Islámica.

Estados europeos

Entre los actores europeos, Francia desempeñó el rol más activo en los esfuerzos diplomáticos vinculados al conflicto. El 29 de mayo, el ministro de Asuntos Exteriores francés, Jean-Noël Barrot, sostuvo que un acuerdo entre Estados Unidos e Irán para la reapertura del estrecho de Ormuz se encontraba al alcance, al tiempo que instó a acelerar las negociaciones con el fin de evitar mayores repercusiones económicas y energéticas derivadas de la crisis. Esta postura reflejó la prioridad otorgada por París a la desescalada y a la preservación de la seguridad marítima internacional.

La preocupación francesa por la estabilidad regional también se manifestó en relación con el Líbano. El 31 de mayo, Francia solicitó la convocatoria de una reunión de emergencia del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas ante el deterioro de la situación en territorio libanés. En la misma línea, el presidente Emmanuel Macron se pronunció en contra de una escalada militar adicional y subrayó la necesidad de avanzar hacia un entendimiento entre Washington y Teherán que contribuyera a reducir las tensiones en el conjunto de la región.

Por su parte, la Unión Europea reforzó su apoyo a las instituciones estatales libanesas como instrumento para contener el deterioro de la seguridad. El 4 de junio aprobó una ayuda adicional de 100 millones de euros destinada al ejército del Líbano con el objetivo de fortalecer el frágil alto el fuego vigente. Desde Bruselas se sostuvo que la consolidación de las capacidades estatales constituye la vía más efectiva para reducir la influencia de actores armados no estatales y restablecer el monopolio legítimo de la fuerza por parte del Estado libanés.

Estados musumanes del Golfo y Medio Oriente

Los países del Golfo mostraron una creciente preocupación por la situación en el estrecho de Ormuz y por sus implicaciones para la seguridad regional e internacional. Omán alertó sobre la posible presencia de artefactos explosivos en la vía marítima, mientras que Catar advirtió que la instrumentalización política de las rutas de navegación podría convertirse en un precedente adverso para otras regiones del mundo. Asimismo, las autoridades cataríes se mostraron abiertas a considerar mecanismos temporales de gestión impulsados por Irán en el Estrecho, siempre que estos contribuyeran a garantizar la seguridad de la navegación y a financiar labores de desminado.

La preocupación por la estabilidad regional también se reflejó en las medidas adoptadas por otros Estados del Golfo. Kuwait informó que sus fuerzas armadas se encontraban respondiendo a amenazas relacionadas con misiles y drones, lo que evidenció el temor a una posible ampliación del conflicto hacia otros escenarios regionales y la creciente percepción de vulnerabilidad entre los países vecinos.

Por su parte, el Líbano continuó ocupando una posición especialmente delicada debido a la intensificación de las operaciones militares israelíes en su territorio. El presidente Joseph Aoun y el primer ministro Nawaf Salam expresaron su preocupación por la destrucción de viviendas, el deterioro del patrimonio histórico y las amenazas dirigidas contra la población civil. Posteriormente, las autoridades libanesas informaron que Hezbollah había aceptado una propuesta de alto el fuego impulsada por Estados Unidos, lo que abrió la posibilidad de reducir temporalmente las tensiones en la frontera sur del país.

Durante el día 98 del conflicto, el liderazgo libanés reforzó su discurso en favor de una solución política. El presidente Aoun sostuvo que las respuestas militares no garantizarían la seguridad de largo plazo y defendió la negociación como mecanismo para resolver las disputas existentes. En ese marco, cuestionó el papel desempeñado por Irán en la confrontación regional y afirmó que una parte importante de la sociedad libanesa se encontraba desgastada por los costos humanos y materiales derivados de la guerra entre Israel y Hezbollah.

Pakistán y Turquía

Pakistán y Turquía mantuvieron una postura orientada principalmente a la mediación diplomática y al respaldo de iniciativas destinadas a reducir las tensiones entre Estados Unidos e Irán.

Por un lado, Turquía continuó apoyando los esfuerzos encaminados a alcanzar una solución negociada al conflicto. El presidente Recep Tayyip Erdoğan trasladó a su homólogo iraní, Masoud Pezeshkian, el compromiso de Ankara de seguir respaldando las conversaciones diplomáticas y de contribuir a la obtención de resultados positivos que favorecieran la estabilidad regional. Esta posición fue coherente con la estrategia turca de promover mecanismos de diálogo para evitar una mayor escalada en Medio Oriente.

Por otro lado, Pakistán reforzó su papel como intermediario entre Washington y Teherán. El 26 de mayo, el viceprimer ministro y ministro de Relaciones Exteriores, Mohammad Ishaq Dar, defendió ante las Naciones Unidas el plan de cinco puntos elaborado conjuntamente con China para promover la paz y la estabilidad regional, destacando además los esfuerzos de Islamabad para facilitar contactos entre las partes. En ese marco, el gobierno pakistaní rechazó incorporarse a los Acuerdos de Abraham, al considerar que dicha iniciativa no resultaba compatible con su posición respecto a la situación regional.

La diplomacia pakistaní continuó intensificando sus gestiones en los días posteriores. Islamabad anunció una reunión entre Ishaq Dar y el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, destinada a abordar la evolución del conflicto y los esfuerzos de mediación en curso. Adicionalmente, el país propuso una fórmula alternativa para facilitar un eventual acuerdo nuclear, ofreciendo que las existencias de uranio iraní fueran trasladadas a China bajo supervisión internacional.

Grupos proiraníes

El principal actor pro iraní, Hezbollah, rechazó cualquier posibilidad de desarme en el contexto actual. El 25 de mayo, su líder, Naim Qassem, sostuvo que la entrega de armas equivaldría a desmantelar las capacidades defensivas del Líbano y afirmó que el arsenal de la organización permanecería bajo su control mientras el Estado libanés no estuviera en condiciones de garantizar plenamente la seguridad nacional. Esta posición reflejó la voluntad de Hezbollah de preservar su papel como actor militar y político dentro del escenario libanés, pese a las crecientes presiones internas y externas.

No obstante, la organización también mostró disposición a explorar canales de desescalada. El 2 de junio, medios vinculados a Hezbollah informaron que el grupo había recibido propuestas de alto el fuego impulsadas por Estados Unidos para poner fin a los enfrentamientos con Israel. Aunque la organización reconoció que se encontraba evaluando dichas iniciativas, insistió en que cualquier acuerdo debía contemplar un cese integral de las hostilidades.

Rusia y China

El 4 de junio, el presidente ruso Vladimir Putin manifestó su expectativa de que las partes involucradas lograran alcanzar una solución negociada al conflicto y reiteró la disposición de Moscú para contribuir a dicho proceso si fuera necesario. Durante su intervención en el Foro Económico Internacional de San Petersburgo, recordó además la participación rusa en los esfuerzos diplomáticos que condujeron al Plan de Acción Integral Conjunto (JCPOA, por sus siglas en inglés) de 2015, sugiriendo que Rusia podría desempeñar nuevamente un papel de apoyo en eventuales iniciativas de mediación o negociación.

Otros actores externos

Los actores externos continuaron manifestando su interés en evitar una mayor escalada del conflicto, al mismo tiempo que respaldaron los esfuerzos diplomáticos orientados a alcanzar una solución negociada entre Estados Unidos, Israel e Irán.

En ese sentido, Egipto reafirmó su apoyo a las conversaciones en curso entre Washington y Teherán. El 26 de mayo, el presidente Abdelfatah el-Sisi instó a su homólogo iraní, Masoud Pezeshkian, a actuar con flexibilidad y a otorgar un mayor margen a la vía diplomática con el objetivo de alcanzar un acuerdo integral que contribuyera a poner fin a la crisis. Del mismo modo, destacó la importancia de evitar errores de cálculo que pudieran agravar las tensiones regionales y reiteró el respaldo de El Cairo a los esfuerzos de negociación destinados a restaurar la estabilidad en Medio Oriente.

 

SITUACIÓN HUMANITARIA Y SOCIAL

Dimensión Político y Diplomática
Variable Puntaje individual Puntaje total Intensidad
Víctimas y Desplazados 🔴Gravedad Extrema (-3) (-3) 🔴Extrema Intensidad
Infraestructura Crítica 🟠Gravedad Alta (-2)
Violaciones al DIH 🔴Gravedad Extrema (-3)

 

Bombardeo en Emiratos Árabes Unidos

 

El balance del conflicto regional entre el 25 de mayo y el 7 de junio expone una profunda crisis humanitaria con movilidad forzada masiva. En materia de víctimas y desplazados, el Líbano acumuló 3.526 fallecidos y desbordó la capacidad de acogida de sus centros de alojamiento temporal; la franja de Gaza redujo su espacio habitable al 36 % y en Israel persistieron evacuaciones en localidades fronterizas. Asimismo, la infraestructura crítica registró daños severos: se reportaron impactos directos sobre instalaciones logísticas en Bandar Abbas (Irán), la destrucción del 70 % de viviendas en aldeas del sur libanés y cortes eléctricos en Galilea. Finalmente, se documentaron graves violaciones al derecho internacional humanitario (DIH), incluyendo ataques a campamentos de población refugiada, maltrato a detenidos y agresiones contra personal médico y periodistas.

Víctimas y Desplazados

El balance correspondiente al período comprendido entre el 25 de mayo y el 7 de junio expone una dinámica de movilidad forzada que se ha consolidado como una respuesta adaptativa de la población civil ante la persistencia de las hostilidades. La agudización de las operaciones militares ha ampliado el registro de afectación en los núcleos residenciales y en las vías de comunicación, lo que dificulta la capacidad de respuesta de la asistencia internacional.

En el Líbano, el escenario refleja un deterioro significativo de la seguridad de la población civil. Las incursiones terrestres y las oleadas de bombardeos en el sur del país y en la gobernación de Nabatieh han elevado el costo humano a un acumulado de 3.526 fallecidos y más de 10.733 heridos desde el inicio de la ofensiva en marzo. En las primeras jornadas de este bloque de monitoreo, se registró la muerte de 32 personas, entre las que se encontraban dos integrantes de las fuerzas armadas libanesas. Las órdenes de evacuación emitidas por las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) —que inicialmente abarcaron más de 20 localidades y posteriormente exigieron el repliegue de la población 15 kilómetros al norte del río Litani— provocaron el desplazamiento inmediato de decenas de miles de civiles. Este flujo de población desbordó la capacidad de acogida de los centros de alojamiento temporal, en tanto que los impactos documentados contra el personal de Defensa Civil y los servicios de emergencia en áreas como Kfar Dunin redujeron las capacidades operativas de la asistencia sanitaria local.

Por su parte, la franja de Gaza registra una reducción progresiva del espacio habitable. Con la consolidación del control militar sobre el 64 % del territorio, las zonas disponibles para el resguardo de la población civil han disminuido de manera considerable, lo que genera desplazamientos recurrentes y agrava la inseguridad alimentaria. Las operaciones aéreas en entornos urbanos, como la registrada en la zona de Rimal, resultaron en la muerte en combate del comandante del ala militar de Hamás, Mohammed Awda, con daños simultáneos en estructuras residenciales cercanas que causaron heridas graves a civiles, incluidos menores de edad. Las incursiones continuaron en la ciudad de Gaza, donde se registraron 5 fallecidos en las jornadas iniciales y 9 decesos adicionales hacia el cierre del período evaluado.

En Israel, el impacto sobre la población civil se ha mantenido relativamente limitado debido a la operatividad de los sistemas de interceptación, aunque el registro de afectación persiste. Durante el período evaluado, las alertas por ataques de saturación con proyectiles de corto y largo alcance forzaron el confinamiento recurrente en refugios de los distritos del norte y el área central del país. Las bajas directas e incidentes con heridos se concentraron principalmente en las comunidades periféricas del norte del país, lo que mantuvo suspendido el retorno de los evacuados internos y prolongó el estatus de desplazamiento temporal para miles de ciudadanos en centros de acogida subsidiados por el Estado.

Las repercusiones de estas operaciones han modificado las dinámicas fronterizas y de seguridad en el resto de los actores de la región:

  • Siria: Funciona como un punto de tránsito para la población desplazada desde el frente libanés. El país ha recibido el flujo de miles de personas que cruzan por los pasos fronterizos habilitados y no habilitados, quienes enfrentan una severa escasez de recursos e infraestructura de asistencia en los puntos de control.
  • Irak: Mantiene un control estricto sobre sus flujos de seguridad. A pesar de la movilización de milicias hacia zonas de tránsito estratégico, no se han registrado bajas civiles directas ni desplazamientos masivos internos en el período evaluado.
  • Irán: Presenta estabilidad en sus fronteras. La Asociación de Activistas de Derechos Humanos (HRANA) no reportó incidentes armados ni daños a la infraestructura civil dentro del territorio en estas fechas, por lo que las fuerzas armadas permanecen en estado de alerta pasiva.
  • Estados árabes peninsulares: Los países de la península arábiga, como los Emiratos Árabes Unidos o Arabia Saudita, han enfocado su participación en el ámbito diplomático y en el apoyo financiero. Sin registrar impactos directos en sus centros urbanos, sus actividades se han centrado en la asignación de recursos para el sostenimiento de los campamentos gestionados por organizaciones internacionales y en el suministro de insumos médicos para las áreas con mayor vulnerabilidad.

Al término del período de monitoreo, el incremento en el número de evacuados y el impacto en las áreas de exclusión civil evidencia una reconfiguración de la estabilidad regional, caracterizada por la afectación continua de entornos urbanos en el marco de las hostilidades.

Infraestructura crítica

El contexto operacional en este bloque temporal se caracteriza por daños focalizados sobre la infraestructura logística, civil e institucional que sostiene los entornos urbanos regionales. De acuerdo con los registros analizados, las hostilidades han priorizado el deterioro de las capacidades habitacionales y los nodos de transporte estratégico, lo que incide de manera directa en las dinámicas de estabilización y en el suministro de servicios esenciales.

En Irán, el sistema de transporte aéreo y soporte logístico ha registrado eventos de impacto directo en su periferia costera. El 28 de mayo se documentó un posible impacto de misiles contra el aeropuerto de Bandar Abbas, considerado una instalación estratégica para el transporte y la logística regional. Aunque los reportes iniciales se mantuvieron bajo verificación, la vulneración de esta instalación estratégica introduce un factor de riesgo elevado para el comercio y la movilidad regional, comprometiendo temporalmente la seguridad de las vías de comunicación marítimas y aéreas vinculadas al estrecho de Ormuz.

En el Líbano, la vulnerabilidad de los servicios públicos y del tejido habitacional ha alcanzado niveles de afectación sistémica. El ministro de Seguridad Nacional de Israel, Itamar Ben-Gvir, propuso formalmente la interrupción del suministro eléctrico hacia territorio libanés y la intensificación de las operaciones militares como mecanismo de presión hacia la organización Hezbollah. Esta propuesta de privación de servicios básicos se materializó en la destrucción masiva de viviendas en las aldeas fronterizas del sur del Líbano. Las evaluaciones técnicas estiman que aproximadamente el 70 % de las estructuras residenciales de dichas localidades fronterizas —unas 10.000 de las 15.000 existentes— han resultado destruidas durante los despliegues operativos, lo que plantea severas interrogantes internacionales respecto a los principios de proporcionalidad y distinción entre objetivos militares y bienes civiles protegidos. Hacia el cierre del ciclo de monitoreo, la ofensiva también afectó la infraestructura institucional de seguridad con el daño severo provocado por ataques aéreos y de artillería contra una comisaría de policía en la localidad de Zefta.

En Israel, la continuidad del intercambio cinético transfronterizo ha generado impactos intermitentes en la infraestructura de conectividad y en entornos habitacionales del norte del territorio. Los impactos de artillería y drones provocaron cortes parciales en las redes de distribución de energía locales y daños estructurales en inmuebles civiles de comunidades fronterizas de la región de Galilea. En ese marco, la persistencia de las alarmas interrumpió la actividad regular en nodos de transporte terrestre y centros de almacenamiento logístico en las áreas bajo rango de fuego, lo que forzó la implementación de protocolos de contingencia técnica para mitigar la interrupción de las cadenas de suministro locales.

El análisis comparativo refleja que el daño deliberado o colateral a la infraestructura civil protegida ya no constituye un hecho aislado, sino una variable constante en el deterioro de la viabilidad habitacional en el frente del Líbano y en los nodos logísticos clave del golfo Pérsico.

Violaciones al Derecho Internacional Humanitario

El seguimiento correspondiente al período comprendido entre el 25 de mayo y el 7 de junio de 2026 evidencia vulneraciones sistemáticas de los convenios internacionales destinados a mitigar el impacto de las hostilidades sobre los no combatientes. Las incidencias recopiladas exponen incumplimientos de las normas mínimas de humanidad, donde los entornos de refugio, el personal de salud y las condiciones de detención de las personas privadas de libertad han sido objeto de ataques directos.

En el ámbito de la protección a la población civil y a los grupos vulnerables, la franja de Gaza registra hechos que contradicen los principios de precaución y distinción. El 25 de mayo, se constató un ataque aéreo de las fuerzas armadas israelíes contra el campamento de población refugiada de Nuseirat, ubicado en el sector central de la franja de Gaza, lo que comprometió la seguridad de una instalación destinada exclusivamente al resguardo humanitario. La vulnerabilidad de los no combatientes se acentuó hacia el término del período, el 5 de junio, cuando operaciones de las fuerzas israelíes causaron la muerte de un menor de siete meses de edad y provocaron heridas graves a sus progenitores en las proximidades de Hebrón.

En cuanto al tratamiento de las personas bajo custodia, se ha generado una condena diplomática multilateral por la inobservancia de las obligaciones internacionales de los Estados ocupantes. El 24 de mayo, un bloque de naciones que incluyó a Egipto, Jordania, los Emiratos Árabes Unidos, Indonesia, Pakistán, Turquía, Arabia Saudita y Catar emitió una declaración conjunta para denunciar la exhibición y humillación pública de detenidos palestinos por parte de las autoridades israelíes, tipificando estas acciones como una infracción directa a las normas de trato digno descritas en los Convenios de Ginebra.

En el frente del Líbano, la degradación de las garantías de seguridad ha alcanzado niveles críticos, afectando tanto a la población desplazada como a los servicios de emergencia esenciales. El 24 de mayo, la organización Hezbollah denunció, a través de declaraciones atribuidas a Naim Qassem, la continuidad de las operaciones aéreas israelíes con posterioridad al establecimiento del alto el fuego, señalando la persistencia de decesos en áreas civiles. La vulnerabilidad de los centros de alojamiento temporal se materializó el 27 de mayo con el ataque contra el campamento de población refugiada de Rashidieh, situado en el distrito de Tiro, al sur del país.

Hacia la jornada del 5 de junio, la situación humanitaria en territorio libanés reflejó una intensificación de la letalidad y del desplazamiento forzado. Se reportó el fallecimiento de múltiples personas, entre las cuales se identificó a un integrante del personal paramédico, lo que confirma la pérdida de la protección especial de la que gozan las misiones sanitarias en zonas de conflicto. Este evento coincidió con la evacuación forzosa de nueve localidades del sur del país por orden expresa de las fuerzas militares israelíes.

En Israel, el empleo de armamento con efectos indiscriminados por parte de actores no estatales vulneró las directrices esenciales del DIH relativas a la inmunidad civil. El lanzamiento continuo de proyectiles de trayectoria no guiada y aeronaves no tripuladas dirigidas hacia centros urbanos del norte de Israel e instalaciones de la periferia costera representa una inobservancia de la obligación de distinguir de manera estricta entre objetivos militares y poblaciones civiles. Estos ataques exponen de forma recurrente a los no combatientes a riesgos de daño letal dentro de entornos residenciales, comprometiendo la aplicación práctica de los principios de proporcionalidad en el teatro de operaciones.

Finalmente, las restricciones al libre ejercicio de la cobertura informativa internacional y los riesgos a la seguridad de los corresponsales quedaron en evidencia al cierre del informe. El 5 de junio, el Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ) rechazó formalmente la postura oficial que catalogó como un error técnico el fallecimiento previo de un corresponsal de la agencia de noticias Reuters en el sur del Líbano, lo que pone de manifiesto las condiciones de vulnerabilidad en las que desarrollan su labor los corresponsales internacionales responsables de la cobertura del conflicto.

 

SITUACIÓN ECONÓMICA Y ENERGÉTICA

Dimensión Económica y Energética
Variable Puntaje individual Puntaje total Intensidad
Cantidad de Buques Comerciales 🟠 Impacto Alto (-2) (-2) 🟠 Alta Intensidad
Desvío de Tránsito 🟠 Impacto Alto (-2)
Commodities Energéticas 🟠 Impacto Alto (-2)

 

Bloqueo naval de Estados Unidos a Irán

 

El estrecho de Ormuz continuó experimentando una disrupción significativa entre el 25 de mayo y el 7 de junio de 2026, con una contracción del tránsito comercial de 27 a apenas 1-2 buques diarios por sanciones estadounidenses, combates navales y minas flotantes. Las rutas alternativas —especialmente el cabo de Buena Esperanza— absorbieron el tráfico desviado. El crudo Brent experimentó alta volatilidad, oscilando entre 92 y 99 USD/barril, respondiendo a cada escalada o señal diplomática. Al final del período, leves recuperaciones en tránsitos y precios reflejaron ajustes operativos y comerciales motivados por la persistencia de las restricciones, más que una normalización efectiva del entorno de seguridad.

Cantidad de Buques

La crisis en el estrecho de Ormuz entre el 25 de mayo y el 7 de junio de 2026 evidencia una disrupción severa del comercio marítimo dada la confrontación armada entre Estados Unidos, Israel e Irán.

El período inició el 25 de mayo con 27 tránsitos comerciales de gran calado, un volumen impulsado por armadores asiáticos que buscaban retirar cargamentos de crudo y gas natural licuado de manera anticipada ante la suspensión de las coberturas de seguros de guerra. Al día siguiente, el 26 de mayo, el flujo descendió levemente a 25 buques debido al incremento de la cautela y la pre-alerta diplomática en Asia, en una jornada que incluyó el tránsito discreto del superpetrolero surcoreano Universal Winner.

El descenso más acentuado ocurrió el 27 de mayo, cuando el tránsito se redujo a solo 5 buques comerciales, una caída de 20 barcos respecto al día anterior. Esta reducción fue provocada de manera directa por las sanciones de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) de Estados Unidos contra la Autoridad del Estrecho del Golfo Pérsico (PGSA) creada por Irán. La medida expuso a los armadores y aseguradoras a sanciones secundarias, lo que paralizó los fletes comerciales. Al día siguiente, el 28 de mayo, la navegación comercial se redujo a niveles mínimos, registrándose un único tránsito de salida —una baja adicional de 4 buques. Esta parálisis se debió a severos enfrentamientos navales, en los que fuerzas estadounidenses interceptaron drones iraníes y destruyeron lanzaderas en Bandar Abbas, lo que generó una fuerte interferencia en los sistemas de posicionamiento GPS y en el sistema de identificación automática.

El 29 de mayo se registró un leve incremento a 3 buques (+2 barcos), compuestos principalmente por petroleros vinculados a la denominada “Flota Fantasma”, que según diversos reportes habrían efectuado pagos de peajes en criptomonedas directamente a Irán. No obstante, el flujo decayó a 2 buques el 30 de mayo (−1 barco) tras detectarse una mina marina flotante a la deriva al norte de Khasab, Omán, lo que obligó a los gaseros a detener su marcha. El 31 de mayo aumentó levemente a 4 tránsitos (+2 barcos) por naves que asumieron el riesgo utilizando la cobertura de seguros provista por Irán; sin embargo, el 1 de junio la cifra retrocedió a 3 tránsitos (−1 barco) cuando Teherán suspendió sus canales de comunicación con Washington como respuesta a los bombardeos israelíes en el Líbano.

La tensión armada restringió el flujo a principios de junio. El 2 de junio los cruces bajaron a 2 (−1 barco) luego de que fuerzas navales estadounidenses interceptaran el buque tanque M/T Lexie por violar el bloqueo, lo que desencadenó represalias iraníes con drones contra mercantes civiles. El 3 de junio la cifra cayó a 1 tránsito (−1 barco) debido al estallido de un combate abierto: Irán atacó bases estadounidenses en Kuwait y Baréin, y las fuerzas aliadas destruyeron radares costeros iraníes en la isla de Qeshm. El 4 de junio se registraron 2 tránsitos (+1 barco) bajo condiciones de alta vulnerabilidad, tras el retiro definitivo de la operación militar de escoltas «Project Freedom». El 5 de junio se registraron 3 tránsitos (+1 barco) en medio del abordaje estadounidense al superpetrolero Davina en el océano Índico. El 6 de junio la cifra ascendió a 4 tránsitos comerciales (+1 barco), mientras más de cien buques permanecían varados fuera del Estrecho ante la parálisis regulatoria.

Finalmente, el 7 de junio el tránsito comercial registró su mayor incremento diario del período, alcanzando los 10 barcos (+6 barcos respecto al día anterior). Este aumento no significó una normalización del tránsito marítimo, sino que reflejó una concentración de tránsitos diferidos de armadores asiáticos obligados a navegar sin cobertura de seguros ni escolta para liberar naves varadas tras semanas de espera, sumado al movimiento de buques de la flota fantasma iraní, en una jornada en que destructores estadounidenses derribaron dos drones de ataque dirigidos contra el tráfico civil.

Desvío de Tránsito

El 25 de mayo, el canal de Suez registró el tránsito de 42 embarcaciones, entre las que se destacaron 18 graneleros y 14 petroleros, mientras que Bab el-Mandeb canalizó 22 buques y el cabo de Buena Esperanza concentró el mayor volumen de desvíos con 112 embarcaciones, principalmente portacontenedores. El 26 de mayo, Suez contabilizó 39 cruces, Bab el-Mandeb descendió levemente a 21 y la ruta sudafricana sostuvo un elevado flujo de 110 barcos. Para el 27 de mayo, Suez disminuyó a 35 tránsitos, Bab el-Mandeb registró 19 y el cabo acumuló 108 embarcaciones. El 28 de mayo continuó la tendencia descendente con 33 tránsitos en Suez y 18 en Bab el-Mandeb, mientras que el cabo de Buena Esperanza registró 104 tránsitos, de los cuales 8 correspondieron a gaseros.

El 29 de mayo se observaron 31 buques en Suez y 17 en Bab el-Mandeb —con predominio de petroleros—, mientras 101 naves se desviaron por el cabo. El 30 de mayo el tránsito en Suez disminuyó a 28 buques, Bab el-Mandeb registró 16 y el cabo sumó 98. El 31 de mayo constituyó una excepción: Suez tuvo 29 cruces, Bab el-Mandeb registró un repunte a 30 por el paso de convoyes de graneleros y petroleros que optaron por rutas de menor exposición, y el cabo de Buena Esperanza redujo sus desvíos a 96 barcos.

Al inicio de junio, el flujo se contrajo. El 1 de junio, Suez canalizó 25 barcos, Bab el-Mandeb descendió a 15 y el cabo registró 94 portacontenedores y graneleros. El 2 de junio, Suez reportó 21 cruces, Bab el-Mandeb descendió a 13 unidades —petroleros y graneleros, sin registro de gaseros— y el cabo de Buena Esperanza acogió 90 buques. El 3 de junio, Suez tramitó 18 embarcaciones, Bab el-Mandeb descendió a 12 y el cabo recibió 88 naves. El 4 de junio se registraron 15 tránsitos en Suez, 9 en Bab el-Mandeb y 85 en el cabo de Buena Esperanza.

Hacia el cierre del período, el 5 de junio Suez operó con 12 barcos, Bab el-Mandeb descendió a 6 y el cabo sumó 82. El 6 de junio, el tránsito en Suez fue de 9 embarcaciones, Bab el-Mandeb registró 4 y el cabo de Buena Esperanza disminuyó a 78 desvíos. Finalmente, el 7 de junio el período cerró con apenas 5 barcos en Suez, 3 graneleros y portacontenedores en Bab el-Mandeb, y 74 embarcaciones bordeando el extremo sur de África.

A lo largo de estas dos semanas, la ausencia total de buques metaneros en Bab el-Mandeb evidenció el nivel de inseguridad en el mar Rojo, lo que llevó a los operadores a asumir trayectos más extensos aunque de menor exposición al riesgo a través de la costa africana, lo que consolidó al cabo de Buena Esperanza como la ruta principal del comercio marítimo euroasiático.

Commodities Energéticas

El lunes 25 de mayo, el crudo Brent inició el período analizado con un descenso de 4,06 %, para situarse en 96,14 dólares estadounidenses (USD) por barril. Esta caída respondió a las expectativas favorables en los mercados generadas por las declaraciones del presidente Donald Trump sobre avances significativos en la redacción de un acuerdo diplomático que permitiera reabrir la navegación comercial. No obstante, el martes 26 de mayo, las cotizaciones se recuperaron un 3,58 %, cerrando en 99,58 USD, ante la evaluación cautelosa de los operadores financieros frente a la lentitud real de las negociaciones políticas en la región. Al día siguiente, el miércoles 27 de mayo, se registró un descenso pronunciado de 5,31 %, lo que situó la cotización en 94,29 USD, tras la imposición de sanciones por parte del Tesoro de Estados Unidos (EE. UU.) contra la Autoridad del estrecho de Ormuz (PGSA) de Irán, medida que los mercados interpretaron como una señal de presión económica que reducía, al menos temporalmente, la probabilidad de una confrontación militar inmediata.

La estabilización relativa continuó el jueves 28 de mayo con un descenso de 0,62 %, cotizando en 93,71 USD, mientras los operadores evaluaban simultáneamente la reducción de inventarios estadounidenses y los avances diplomáticos en curso. El viernes 29 de mayo, el Brent retrocedió un 1,77 % hasta cerrar en 92,05 USD en medio de perspectivas de negociación, con lo que cerró un mayo de tendencia descendente pronunciada con una caída mensual acumulada de 19 %. Durante el fin de semana del 30 y 31 de mayo, sin actividad bursátil, el precio se sostuvo en 92,05 USD mientras persistían las condiciones de tensión militar, asociadas al recrudecimiento de la ofensiva terrestre de Israel en el sur del Líbano.

Al reanudarse la actividad comercial el lunes 1 de junio, el Brent registró un incremento de 3,18 % hasta los 94,98 USD, impulsado por la confirmación oficial de que Irán suspendía los canales de negociación indirecta con Washington en protesta por las incursiones en el Líbano. Esta tendencia al alza persistió el martes 2 de junio, con una suba de 1,07 % para alcanzar los 96,00 USD, ante los riesgos de inestabilidad sistémica y las nuevas sanciones financieras de EE. UU. contra plataformas de intercambio de criptomonedas iraníes que facilitaban la evasión del bloqueo naval. El miércoles 3 de junio, el crudo avanzó un 1,89 %, hasta situarse en 97,81 USD, en su tercera sesión consecutiva al alza, debido a la falta de avances diplomáticos y a la publicación de datos negativos de inventarios en el centro de almacenamiento petrolero de Cushing.

El mercado registró una inversión de tendencia el jueves 4 de junio, con un retroceso de 2,84 % hasta los 95,03 USD, como resultado de la toma de ganancias de los fondos de inversión ante rumores de nuevos contactos informales entre las potencias. Finalmente, el viernes 5 de junio, el barril Brent descendió un 2,04 % para cerrar la semana en 93,09 USD. A pesar de que las fuerzas militares estadounidenses ejecutaron una operación de abordaje aerotransportado en el océano Índico para interceptar el superpetrolero de la “Flota Fantasma” MT Davina, cargado con 1,9 millones de barriles de crudo iraní, la desaceleración de las importaciones de crudo por parte de China y las expectativas de diálogo entre los operadores presionaron las cotizaciones a la baja. Durante el fin de semana del 6 y 7 de junio, sin actividad bursátil, el mercado cerró de manera estable en 93,09 USD en el centésimo día del conflicto.

Este es un artículo de opinión. Las opiniones y contenido no reflejan o representan necesariamente la postura del CEERI como institución.

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