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Informe N°10 | 06 al 19 de julio de 2026

Grupo de Investigación de Paz y Seguridad Internacionales.

Gonzalo Gabriel Dinamarca – Coordinador del Grupo de Investigación de Paz y Seguridad Internacional.
Redactor de Situación Militar y Operacional; y Situación Económica y Energética.

Geri Giselle Lopez – Redactora de Situación Político y Diplomática.

Ivanna Duvara – Redactora de Situación Humanitaria y Social.

Hillary Samanta Villegas Gómez – Editora.

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Introducción 

El estallido del conflicto armado directo entre Estados Unidos e Israel contra Irán transformó una tensión diplomática en una confrontación bélica de consecuencias impredecibles. Tras fracasar las negociaciones sobre el programa nuclear y misilístico iraní, la orden de Donald Trump del 28 de febrero de 2026 de iniciar la “Operación Furia Épica” (la mayor movilización militar desde 2003 contra Irak), coordinada con la “Operación Rugido de León” de Israel, marcó el inicio de una guerra abierta. Los ataques contra instalaciones estratégicas provocaron una respuesta inmediata de Teherán con la “Operación Promesa Verdadera 4”.

Este informe analiza la escalada militar del conflicto, el papel de aliados regionales como los países europeos y los Estados árabes, y el impacto potencial sobre la población civil y los mercados energéticos globales.

El Grupo de Investigación en Paz y Seguridad Internacional del CEERI busca contribuir a una comprensión integral del conflicto mediante el seguimiento y el análisis sistemático de cuatro dimensiones clave: 1) militar y operacional; 2) política y diplomática; 3) humanitaria y social; y 4) económica y energética.

  • Situación Militar y Operacional

Esta dimensión del informe se enfoca en analizar y cuantificar la Escala de Magnitud de las Operaciones (EMO) en el conflicto entre Estados Unidos e Irán, priorizando el “cuántos y qué” se dispara/lanza y “desde dónde” (plataformas), más que la mera intención política. Se aplica un marco técnico y cuantificable que cubre los dominios convencionales (aéreo, terrestre y naval) e integra operaciones especiales y cibernéticas como factores de impacto estratégico.

Se evalúan campañas de supresión aérea, ataques de precisión, defensa en profundidad, guerra de enjambre y minado de chokepoints, además de incursiones limitadas y protección de bases. También incorpora acciones de sabotaje o saturación cibernética. El objetivo es medir volumen, intensidad, capacidad de respuesta y evolución de la confrontación en todos los dominios.

  • Situación Política y Diplomática

Esta dimensión del informe analiza y evalúa cómo las declaraciones diplomáticas y las alianzas emitidas por actores directos y externos (Estados) condicionan o hacen evolucionar el conflicto entre Estados Unidos e Irán, incluyendo las manifestaciones de organismos internacionales, en particular el OIEA, la OPEP y la OIC.

Su medición se basa en la Matriz de Evolución Política (MEP), un índice mixto (cualitativo y cuantitativo) que determina si el entorno internacional tiende a mitigar o a agravar la confrontación. Se examinan, por tanto, los esfuerzos orientados a las conversaciones de paz, a las mediaciones y a las declaraciones de los actores afectados por el conflicto. Asimismo, se identifican los obstáculos y retos que dificultan el logro de un cese del fuego o de un acuerdo de paz.

  • Situación Humanitaria y Social

Esta dimensión evalúa el impacto sobre la población civil y el cumplimiento del Derecho Internacional Humanitario (DIH) en el conflicto entre Estados Unidos e Irán. Emplea un Índice de Degradación Humanitaria (IDH) que sintetiza el costo humano y el riesgo jurídico internacional para medir el deterioro, identificar tendencias y estimar la probabilidad de sanciones o responsabilidades penales.

Se registran víctimas civiles (fallecidos y heridos) y desplazamientos forzados, tanto internos (incluidos movimientos hacia los montes Zagros) como externos hacia Turquía, Irak y Pakistán. También examina daños a la infraestructura crítica (electricidad, agua, hospitales y telecomunicaciones) y posibles violaciones del DIH, incluido el trato a prisioneros conforme a los Convenios de Ginebra.

  • Situación Económica y Energética

Esta dimensión actúa como análisis del motor de presión global del conflicto, afectando especialmente a la economía mundial a través del estrecho de Ormuz, por donde circula aproximadamente el 20% del petróleo mundial. Para evaluar si la crisis permanecerá de carácter regional o se transformará en un shock energético global con efectos inflacionarios y financieros, se emplea el Índice de Shock Económico (ISE).

Se analizarán variables como la cantidad de buques comerciales, porcentaje de desvíos de ruta (por ejemplo, la circunnavegación por el sur de África) y costos asociados a posibles interrupciones, así como el incremento de la volatilidad en los precios de los commodities energéticos, en particular del petróleo (Brent/WTI) y del gas natural licuado (GNL).

Dimensión Indicador Operacionalizado Intensidad del Conflicto
1. Dimensión Militar y Operacional Operaciones Terrestres + Aéreas + Navales + Especiales 🔴Extrema Intensidad
2. Dimensión Político y Diplomática Actores directos + Actores Externos + ORG Inter 🟠Alta Intensidad
3. Dimensión Humanitaria y Social  Víctimas y Desplazados + Infraestructura Crítica + Violaciones al DIH 🔴Extrema Intensidad
4. Dimensión Económica y Energética Cantidad de Buques Comerciales + Desvío de Tránsito + Commodities Energéticas 🟠Alta Intensidad

 

SITUACIÓN MILITAR Y OPERACIONAL

Dimensión Militar y Operacional
Variable Puntaje individual Puntaje total Intensidad
Terrestre 🔴Magnitud Máxima (383) 1278 🔴Extrema Intensidad
Aérea 🔴Magnitud Máxima (450)
Naval 🟠Magnitud Alta (282)
Especial 🟠Magnitud Alta (163)

 

Buques de guerra de la Armada de los Estados Unidos transitan por el Mar Arábigo en formación cerrada, el 11 de julio 2026.

Entre el 9 y el 19 de julio de 2026, el conflicto en Medio Oriente experimentó una escalada multidominio tras el colapso del Memorando de Islamabad. Se caracterizó por la reanudación de los ataques iraníes con misiles balísticos, drones y artillería contra bases estadounidenses; la intensificación de las campañas aéreas SEAD/DEAD de Estados Unidos e Israel contra infraestructura militar iraní y de Hezbollah; el establecimiento de un bloqueo naval en el estrecho de Ormuz respaldado por tres grupos de combate de portaaviones; y la expansión de operaciones cibernéticas contra infraestructuras críticas y sistemas de mando y control, consolidando una guerra regional de desgaste y alta intensidad.

Operaciones Terrestres

Las operaciones terrestres del conflicto en Medio Oriente evolucionaron durante estas últimas dos semanas tras el deterioro del alto el fuego. Las fuerzas iraníes reanudaron el empleo de baterías de artillería costera para interdictar el tráfico en el estrecho de Ormuz, mientras el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) reforzó con infantería ligera y unidades mecanizadas el Kurdistán iraní para contener la actividad insurgente. En respuesta, Estados Unidos e Israel iniciaron ataques aéreos selectivos contra posiciones de artillería, lanzadores de misiles e infraestructura militar, al tiempo que desplegaron unidades de infantería de Marina y reforzaron las defensas terrestres en los estados del Golfo. Estas acciones marcaron el inicio de una nueva fase del conflicto, caracterizada por la combinación de operaciones ofensivas y defensivas sobre múltiples frentes.

Durante los días siguientes, el conflicto adquirió mayor intensidad mediante el empleo sistemático de misiles balísticos de corto alcance, drones de ataque, artillería pesada y morteros. El CGRI lanzó ataques contra instalaciones militares en Baréin, Kuwait y Jordania, lo que obligó a la activación continua de los sistemas de defensa aérea Patriot PAC-3 y otras capacidades de interceptación de la coalición. En el Kurdistán iraní se registraron enfrentamientos entre fuerzas gubernamentales y grupos armados kurdos, en tanto que convoyes blindados y unidades del CGRI reforzaban la frontera con Irak para impedir infiltraciones y asegurar las líneas de comunicación terrestres. Estas operaciones evidenciaron la importancia del control del terreno montañoso y de la protección de los corredores logísticos como factores decisivos para la continuidad de las operaciones.

A partir del 10 de julio, el frente libanés adquirió mayor relevancia operacional. Las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) desarrollaron operaciones de ingeniería para localizar y destruir túneles de Hezbollah utilizados para almacenar municiones, misiles guiados y sistemas antitanque, lo que redujo temporalmente la capacidad ofensiva de la organización. En ese mismo período continuaron los intercambios de fuego con morteros y artillería a lo largo de la línea Azul, mientras el Mando Central de Estados Unidos (CENTCOM) intensificó su campaña de interdicción contra búnkeres, radares, depósitos logísticos y posiciones de artillería en el sur de Irán mediante ataques aéreos de precisión. La estrategia buscó degradar la capacidad iraní para sostener el lanzamiento de misiles y drones, así como interrumpir el abastecimiento de las unidades desplegadas en el litoral del golfo Pérsico.

Entre el 15 y el 19 de julio se registró la fase de mayor intensidad operacional. Las defensas de la coalición interceptaron sucesivas series coordinadas de drones y misiles dirigidas contra Erbil, Jordania, Kuwait y Catar, mientras bombarderos estadounidenses destruyeron vías de comunicación, subestaciones eléctricas, túneles, centros de comunicaciones y depósitos de municiones para interrumpir las líneas de abastecimiento y mando del CGRI. 

El 17 de julio constituyó el punto de máxima intensidad operacional, cuando un ataque coordinado iraní alcanzó la base de Muwaffaq Salti (Azraq), dañó un radar asociado al sistema de defensa antimisiles de área a gran altitud (THAAD, por sus siglas en inglés), hangares y aeronaves, al tiempo que comandos atacaban la base estadounidense de Al-Tanf y misiles destruían instalaciones kurdas en Irak. La respuesta aliada se concentró en la destrucción de infraestructura crítica y nodos de mando iraníes, con lo que se profundizó la estrategia de desgaste. Para el 19 de julio, la campaña había consolidado un escenario de confrontación regional en el que la superioridad aérea de la coalición coexistía con la persistente capacidad iraní para ejecutar ataques con misiles, drones y acciones asimétricas contra infraestructuras militares y logísticas, lo que confirmó la transición hacia una guerra prolongada de desgaste operacional.

Operaciones Aéreas

El conflicto en Medio Oriente experimentó una nueva escalada tras el colapso definitivo del Memorando de Entendimiento de Islamabad, lo que dio paso a una campaña caracterizada por el empleo intensivo de operaciones aéreas, misiles balísticos y de crucero, vehículos aéreos no tripulados (UAV) y acciones de guerra electrónica. La coalición liderada por Estados Unidos e Israel concentró sus esfuerzos en mantener la superioridad aérea mediante operaciones de Supresión y Destrucción de Defensas Aéreas Enemigas (SEAD/DEAD), mientras que Irán recurrió a una estrategia de desgaste basada en ataques de saturación, el empleo de lanzadores móviles y la dispersión de capacidades ofensivas protegidas en instalaciones subterráneas.

El 9 de julio, Irán inició una ofensiva coordinada con misiles balísticos contra la base aérea de Al-Azraq, en Jordania, además de drones Shahed dirigidos contra Kuwait e Irak y ataques contra infraestructura energética en Qatar. Las defensas aéreas integradas, sustentadas en baterías Patriot y sistemas regionales de vigilancia, interceptaron la mayoría de las amenazas, mientras que la Fuerza Aérea israelí (FAI) respondió mediante ataques de precisión contra dirigentes de organizaciones armadas en Gaza, empleando municiones guiadas para degradar capacidades de mando y control.

Durante el 10 de julio disminuyó el volumen de ataques estratégicos, predominando enfrentamientos fronterizos entre Hezbollah e Israel. La jornada fue aprovechada por Estados Unidos e Israel para recalibrar radares AN/TPY-2 y optimizar la cobertura de alerta temprana frente a interferencias electromagnéticas, lo que puso de manifiesto la importancia de preservar la capacidad de detección frente a futuras salvas de misiles.

La intensidad volvió a incrementarse al día siguiente cuando un ataque iraní causó daños de consideración al portacontenedores M/V GFS Galaxy en el estrecho de Ormuz. La respuesta del CENTCOM consistió en una amplia campaña SEAD que alcanzó alrededor de 140 objetivos militares distribuidos entre Bushehr, Bandar Abbas, Chabahar, Sirik y la isla de Qeshm. Mediante el empleo combinado de cazas, bombarderos y misiles antirradiación fueron destruidos radares costeros, depósitos subterráneos de misiles y bases de embarcaciones de ataque rápido, lo que redujo temporalmente la capacidad iraní para detectar y responder a incursiones aéreas.

El 12, Irán amplió el alcance geográfico de sus ataques mediante salvas balísticas dirigidas contra Jordania, Qatar, Bahréin y Emiratos Árabes Unidos. Aunque la mayoría fueron interceptadas por sistemas Patriot PAC-3 y la arquitectura regional de defensa aérea, Estados Unidos respondió con ataques de precisión sobre radares móviles y posiciones defensivas en Qeshm, reforzando además el despliegue naval con destructores equipados con el sistema Aegis y radares AN/SPY-1 para incrementar la capacidad de interceptación balística en el golfo Pérsico.

El 13 y 14, las operaciones combinaron acciones ofensivas y de control marítimo. Mientras Irán intentó interdictar bases aliadas mediante drones y misiles de crucero, la aviación naval estadounidense inutilizó el aeropuerto de Saná para impedir la introducción de suministros iraníes destinados a los hutíes y reforzó el bloqueo naval sobre los puertos iraníes. Bombardeos de precisión destruyeron depósitos de misiles Fateh-110, centros de comunicaciones y radares en Bushehr, Ahvaz y Bandar Abbas, con lo que se redujo la capacidad de respuesta costera iraní.

El 15 marcó un cambio doctrinal al ejecutar ataques SEAD durante horas diurnas, rompiendo el patrón previo de operaciones nocturnas. La ofensiva sobre la isla Tunb Mayor destruyó silos de misiles de crucero y plataformas móviles de lanzamiento, mientras ataques adicionales neutralizaron instalaciones militares en Sistan y Baluchistán y continuaron degradando la infraestructura de Bandar Abbas. Sin embargo, la guerra electrónica iraní provocó el desvío de un misil guiado estadounidense, que impactó en las inmediaciones de un hospital infantil en Ahvaz, lo que puso de manifiesto la relevancia operacional de las capacidades de interferencia electromagnética como multiplicador defensivo.

Entre el 16 y el 18, la campaña alcanzó un nivel superior de intensidad. La coalición atacó fábricas de misiles en Semnan y Teherán, destruyó vías de comunicación, subestaciones eléctricas e infraestructura logística vinculada a Bandar Abbas, mientras Irán respondió con ataques contra plantas desalinizadoras en Kuwait, infraestructura energética y bases militares regionales. El 17, un ataque con drones y cohetes contra una posición estadounidense en Jordania provocó bajas militares y daños a helicópteros, lo que demostró la capacidad de las milicias respaldadas por Teherán para vulnerar parcialmente los sistemas defensivos mediante ataques coordinados de saturación. Como represalia, bombarderos estadounidenses intensificaron los ataques contra depósitos de combustible, silos de misiles y centros de comunicaciones del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI). Al día siguiente, Irán declaró suspendidos todos los compromisos asumidos en el Memorando de Islamabad, con lo que se consolidó el restablecimiento de un escenario de confrontación directa.

El 19 de julio se reflejó la transición hacia una estrategia orientada a afectar infraestructuras críticas y líneas de comunicación marítima. Estados Unidos atacó instalaciones vinculadas al programa nuclear de Darkhovin y continuó destruyendo posiciones de lanzamiento de misiles, mientras Irán intensificó los ataques contra plantas desalinizadoras, bases aéreas y objetivos energéticos en Arabia Saudita, Jordania y Kuwait. Al mismo tiempo, Estados Unidos inició el despliegue masivo de aeronaves cisterna KC-46 Pegasus y KC-135 Stratotanker para sostener operaciones aéreas prolongadas. El punto de máxima intensidad del período se produjo con los ataques iraníes contra los petroleros MV Mombasa y MV Al Bahiyah en el estrecho de Ormuz, la destrucción de un radar de alerta temprana estadounidense y hangares de drones MQ-9 en Ali Al Salem, junto con nuevos bombardeos aliados sobre ocho áreas estratégicas de Irán. 

Operaciones Navales

La guerra naval en Medio Oriente evidenció una escalada acelerada desde acciones de presión marítima hasta una campaña sostenida de doble bloqueo, interdicción y ataques de precisión.

El 9 de julio, cientos de buques mercantes permanecieron detenidos ante el riesgo de nuevos ataques, lo que puso de manifiesto la sensibilidad estratégica del Estrecho para el comercio internacional de hidrocarburos. Entre el 10 y el 11, la Armada del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (ACGRI) intensificó sus operaciones de intimidación mediante embarcaciones de ataque rápido, obligando a diversos mercantes a modificar sus derrotas. La detección de preparativos para el despliegue de minas navales desde Bandar Abbas y la isla de Qeshm llevó a la Armada estadounidense a activar buques cazaminas y procedimientos de contramedidas contra minas (MCM, por sus siglas en inglés).

La situación escaló el 12 cuando fuerzas iraníes atacaron un portacontenedores en el Estrecho mediante baterías costeras y plataformas móviles de lanzamiento. La respuesta del CENTCOM combinó cazas embarcados, destructores y misiles de precisión contra aproximadamente 140 objetivos en el litoral iraní, lo que redujo temporalmente su capacidad para controlar el Estrecho. El 13 y 14, la 5.ª Flota estableció una zona de exclusión marítima e inició el bloqueo naval, respaldada por destructores, fragatas y fuerzas expedicionarias de infantería de marina encargadas de interceptar buques sospechosos de abastecer a Irán.

El 15 se produjo el primer enfrentamiento directo del bloqueo, cuando un avión de ataque estadounidense neutralizó mediante munición de precisión al petrolero M/T Belma. Al día siguiente, el CGRI lanzó formaciones en enjambre de drones contra instalaciones militares en Bahréin, Kuwait y Jordania, en tanto que los hutíes iniciaron preparativos para amenazar el estrecho de Bab el-Mandeb, ampliando el riesgo estratégico hacia el mar Rojo.

El 17 constituyó el punto de máxima intensidad operacional, con el inicio de la undécima fase de la Operación Saegheh: misiles balísticos y drones alcanzaron instalaciones aliadas en Jordania, Bahréin, Kuwait, Qatar y Siria, mientras dos efectivos estadounidenses resultaron muertos en Jordania. El 18, Teherán suspendió formalmente todos los compromisos derivados del Memorando de Entendimiento, con lo que se confirmó el retorno a una fase de confrontación directa. Y, el 19 de julio, el despliegue simultáneo de tres grupos de combate de portaaviones —el USS Abraham Lincoln, el USS Harry S. Truman y el USS George H. W. Bush— bajo el CENTCOM consolidó el bloqueo y estableció una presencia naval de magnitud sin precedentes desde hace más de veinte años.

Operaciones Especiales

El ciberespacio funcionó como un teatro de operaciones paralelo a la confrontación militar entre Irán y la coalición liderada por Estados Unidos, con una escalada progresiva del reconocimiento al sabotaje.

Entre el 9 y 10 de julio, la actividad se centró en el reconocimiento operacional: actores iraníes ejecutaron ataques de denegación de servicio distribuido (DDoS) contra entidades financieras israelíes, realizaron suplantación de señales GPS (spoofing) en el estrecho de Ormuz y difundieron desinformación mediante inteligencia artificial contra las defensas antimisiles israelíes. El grupo MuddyWater atacó contratistas de defensa mediante phishing, neutralizado por la ciberdefensa israelí.

Entre el 11 y el 15 la campaña escaló hacia el sabotaje selectivo y la presión sobre la cadena de suministro digital. El grupo Handala exfiltró información de un contratista aeroespacial y desplegó el malware BiBi Wiper, mientras operadores iraníes intentaron comprometer interfaces de interacción persona-máquina (HMI) y controladores lógicos programables (PLC) en plantas de tratamiento de agua. También se detectó código malicioso en repositorios de software y ataques DDoS contra las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) y contratistas de la OTAN.

El punto culminante llegó entre el 16 y el 17 de julio: capacidades occidentales sabotearon la red troncal de Bandar Abbas en apoyo a los bombardeos, mientras el Ministerio de Inteligencia y Seguridad de Irán (MOIS, por sus siglas en inglés) atacó operadores logísticos europeos e infraestructuras en Doha. Los bombardeos sobre vías de comunicación y radares costeros se sincronizaron con ciberataques contra el mando iraní, y filtraciones financieras provocaron inestabilidad económica.

Los días finales entre el 18 y 19 mostraron operaciones de desgaste: opositores iraníes comprometieron portales universitarios, mientras Teherán desplegó el malware Hamsa Wiper contra infraestructuras sanitarias israelíes y sistemas de control de supervisión y adquisición de datos (SCADA) del sector energético, además de reconocimiento persistente en el estrecho de Bab el-Mandeb.

 

SITUACIÓN POLÍTICA Y DIPLOMÁTICA

Dimensión Político y Diplomática
Variable Puntaje individual Puntaje total Intensidad
Actores Directos 🔴Retroceso Mayor (-2) -1 🟠Alta Intensidad
Estados Europeos 🟠 Retroceso Menor (-1)
Estados Mulsumanes 🟠 Retroceso Menor (-1)
Pakistán y Turquía 🟢 Avance Mayor (+2)
Grupos Pro-iraníes 🟠 Retroceso Menor (-1)
Rusia y China 🟢 Avance Mayor (+2)
Otros actores externos 🟠 Retroceso Menor (-1)
ORG Internacional 🟡Avance Menor (+1)

 

Mujeres con una fotografía del Ayatolá Mojtaba Jameneí participan en el funeral de su padre, el ayatolá Alí Jameneí, el 14 de julio en Teherán.

Entre el 6 y el 19 de julio de 2026, el conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán experimentó un marcado deterioro, evidenciado por la ruptura progresiva del proceso de desescalada impulsado tras el memorando de entendimiento alcanzado semanas antes. Durante este período, el recrudecimiento de las operaciones militares entre Washington y Teherán estuvo acompañado por un endurecimiento de sus posiciones políticas y diplomáticas, especialmente en torno a la seguridad del estrecho de Ormuz y al programa nuclear iraní. Paralelamente, diversos actores externos y organizaciones internacionales intensificaron sus esfuerzos diplomáticos para contener la escalada, preservar los canales de negociación y evitar una mayor desestabilización de Medio Oriente.

ACTORES INTERNOS

Estados Unidos intensificó simultáneamente su presión diplomática, económica y militar sobre Irán, al tiempo que mantuvo un discurso favorable a una eventual solución negociada. El 7 de julio, el presidente Donald Trump advirtió que Washington alcanzaría un acuerdo con Teherán o recurriría al uso de la fuerza para destruir infraestructura estratégica iraní. Ese mismo día, la administración estadounidense modificó el régimen de licencias para las operaciones vinculadas al petróleo iraní, restringiendo nuevas transacciones comerciales, mientras situó la seguridad del estrecho de Ormuz como uno de los principales temas de discusión en la Cumbre de la OTAN celebrada en Ankara.

En paralelo, Estados Unidos reanudó las operaciones militares contra territorio iraní. Entre el 7 y el 18, el Comando Central (CENTCOM) confirmó sucesivas oleadas de bombardeos dirigidas contra sistemas de defensa aérea, radares costeros, infraestructura logística, capacidades misilísticas, emplazamientos de drones y objetivos vinculados a la seguridad del estrecho de Ormuz, en respuesta a los ataques atribuidos a Irán contra la navegación comercial y las fuerzas estadounidenses desplegadas en la región. Asimismo, Washington informó sobre el empleo de nuevas capacidades militares, entre ellas, drones marítimos de ataque, y evaluó ampliar la ofensiva hacia instalaciones energéticas, infraestructura estratégica e incluso objetivos relacionados con el programa nuclear iraní.

De manera concurrente, el discurso oficial estadounidense combinó amenazas de una mayor escalada con llamados a retomar las negociaciones. Trump declaró terminado el alto el fuego con Irán tras acusar a Teherán de incumplir los compromisos alcanzados, advirtió que los bombardeos continuarían mientras Irán rechazara un nuevo acuerdo. Además, afirmó que Estados Unidos mantendría el control de la seguridad en el estrecho de Ormuz y anunció el restablecimiento del bloqueo naval y la imposición de un gravamen sobre los buques que transitaran por dicha vía marítima. No obstante, la administración estadounidense sostuvo reiteradamente que la vía diplomática continuaba siendo la opción preferente para resolver la crisis.

Al inicio de este período, Israel mantuvo una estrategia orientada a combinar la continuidad de sus operaciones de seguridad con el impulso de mecanismos de diálogo respecto al frente libanés. El 6 de julio, autoridades militares y políticas israelíes señalaron que el acuerdo preliminar suscrito con el Líbano no impedía la continuación de las operaciones destinadas a neutralizar las capacidades de Hezbollah, organización respaldada por Irán que no formó parte del entendimiento alcanzado entre ambos Estados. Al día siguiente, el ministro de Relaciones Exteriores, Gideon Sa’ar, confirmó la celebración de una nueva ronda de negociaciones entre Israel y el Líbano en Roma, destacando la voluntad de avanzar hacia acuerdos que fortalecieran la seguridad fronteriza y reiterando que Hezbollah constituía el principal obstáculo para la normalización de las relaciones bilaterales debido a su estrecha vinculación con Teherán.

Por su parte, Irán pasó de respaldar la implementación del alto el fuego a suspender progresivamente los compromisos asumidos con Estados Unidos y responder militarmente a la ofensiva estadounidense. El 7, el presidente del Parlamento iraní y principal negociador, Mohammad Bagher Ghalibaf, sostuvo que la aplicación del acuerdo de alto el fuego seguía siendo posible pese a las dificultades existentes. Sin embargo, tras la reanudación de los bombardeos estadounidenses, Teherán endureció rápidamente su posición.

Entre el 8 y el 18, Irán respondió mediante ataques con misiles y drones dirigidos contra bases militares estadounidenses e instalaciones asociadas en Baréin, Kuwait, Jordania y otras posiciones estratégicas del golfo Pérsico. Asimismo, anunció el cierre del estrecho de Ormuz hasta el cese de las operaciones militares estadounidenses y reafirmó su intención de conservar un papel en la administración de esta vía marítima, argumentando que su seguridad constituía un interés estratégico nacional. Además, las autoridades iraníes difundieron imágenes de los ataques ejecutados por el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) con el objetivo de exhibir sus capacidades misilísticas y reforzar la narrativa oficial sobre la eficacia de su respuesta militar.

En el ámbito diplomático, Irán anunció el 13 de julio que dejaría de aplicar los compromisos asumidos en el memorando de entendimiento mientras Estados Unidos continuara incumpliendo sus propias obligaciones, responsabilizando exclusivamente a Washington del deterioro del proceso negociador. Las autoridades iraníes rechazaron además las acusaciones de haber atacado deliberadamente a los Estados del Golfo, sosteniendo que sus operaciones se dirigían exclusivamente contra instalaciones militares estadounidenses. Conforme avanzó la escalada, Teherán amplió sus amenazas al advertir que respondería con una ofensiva de mayor intensidad frente a cualquier nueva agresión y que podría atacar infraestructura energética y plantas de desalinización en los Estados del Golfo si Washington persistía en su campaña militar. Finalmente, el 19, Irán denunció un presunto bombardeo estadounidense contra las obras de construcción de la central nuclear de Darkhovin, calificando el ataque como una acción dirigida contra un proyecto civil.

ESTADOS EUROPEOS

El 7 de julio, la Unión Europea reiteró su respaldo al memorando de entendimiento suscrito entre Estados Unidos e Irán, al considerarlo un instrumento fundamental para contribuir a la recuperación de la estabilidad regional. En ese sentido, reafirmó la importancia de preservar la libertad de navegación en el estrecho de Ormuz, destacando que el mantenimiento de esta vía marítima abierta constituía un elemento esencial para la seguridad regional y la estabilidad del comercio internacional, en un contexto marcado por el deterioro de las negociaciones y la reanudación de las hostilidades entre Washington y Teherán.

ESTADOS MUSULMANES DEL GOLFO ARÁBIGO Y MEDIO ORIENTE

Para el día 12 de julio, Omán presentó una nueva propuesta para reorganizar el tránsito marítimo en el estrecho de Ormuz con el propósito de reducir las tensiones derivadas de la escalada entre Estados Unidos e Irán y contribuir a la continuidad de las negociaciones. La iniciativa planteó la creación de dos corredores de navegación: uno ubicado en aguas territoriales omaníes, que garantizaría el libre tránsito de las embarcaciones, y otro en aguas iraníes, cuyo uso requeriría autorización previa de Teherán, aunque sin imponer el cobro de peajes. Al cierre del período analizado, la propuesta continuaba siendo objeto de negociación entre las partes involucradas.

PAKISTÁN, QATAR Y TURQUÍA

Entre el 6 y el 13 de julio, los principales países mediadores intensificaron sus esfuerzos diplomáticos para evitar el colapso del proceso de negociación entre Estados Unidos e Irán, en un contexto marcado por la reanudación de las hostilidades y el progresivo deterioro del memorando de entendimiento. A pesar del aumento de la confrontación militar, Qatar y Pakistán mantuvieron abiertos los canales de comunicación entre ambas partes y procuraron preservar las condiciones necesarias para una eventual reactivación del diálogo.

En ese contexto, el 6, Qatar informó que las reuniones indirectas celebradas en Doha entre las delegaciones estadounidense e iraní habían registrado avances positivos y anunció la intención de convocar una nueva ronda de conversaciones una vez concluyeran las ceremonias fúnebres del exlíder supremo iraní. Posteriormente, el 10, el primer ministro de Pakistán, Shehbaz Sharif, reafirmó ante el presidente iraní, Masud Pezeshkian, la disposición de Islamabad para continuar ejerciendo un papel de mediación imparcial entre las partes, destacando la necesidad de privilegiar el diálogo y la diplomacia como mecanismos para preservar los avances alcanzados.

Sin embargo, el recrudecimiento de los enfrentamientos obligó a ampliar las iniciativas de mediación. El 13, Pakistán, Qatar y Egipto intensificaron sus gestiones diplomáticas con el objetivo de contener la escalada militar y evitar una expansión regional del conflicto. En ese marco, el canciller pakistaní, Ishaq Dar, sostuvo una conversación con su homólogo iraní, Abbas Araqchi, mientras los tres países reiteraron su compromiso de mantener abiertos los canales de negociación entre Washington y Teherán.

GRUPOS PRO IRANÍES

En el contexto de la reanudación de las hostilidades entre Estados Unidos e Irán, los principales grupos pro iraníes reafirmaron su respaldo político a Teherán, aunque adoptaron una postura de contención militar para evitar una expansión aún mayor del conflicto regional. El 13 de julio, Hezbollah condenó el incremento de la presión militar ejercida por Estados Unidos contra Irán y reiteró su apoyo al Eje de la Resistencia. No obstante, el movimiento evitó involucrarse directamente en las operaciones militares con el propósito de no comprometer las negociaciones relacionadas con la situación en el Líbano. De manera similar, los hutíes denunciaron la presencia militar estadounidense en la región, advirtieron que responderían ante nuevas acciones contra Irán, ratificaron su respaldo político a Teherán y mantuvieron una postura disuasiva frente a una posible ampliación del conflicto.

RUSIA Y CHINA

Entre otros actores relevantes, Rusia y China reafirmaron su respaldo a una solución diplomática del conflicto entre Estados Unidos e Irán y manifestaron su rechazo al recrudecimiento de las hostilidades, al considerar que la continuidad de las operaciones militares compromete la estabilidad regional y debilita el proceso de negociación. Ambos países coincidieron en la necesidad de preservar el memorando de entendimiento como principal mecanismo para encauzar la crisis por la vía política.

En este sentido, el 13 de julio, China reiteró su apoyo a la implementación del memorando de entendimiento, rechazó una nueva escalada militar y defendió la resolución del conflicto mediante el diálogo y las negociaciones. Asimismo, reafirmó su respaldo a la soberanía iraní y mantuvo la posición sostenida por Beijing desde el inicio del proceso de desescalada.

Por su parte, el 14, Rusia acusó a Estados Unidos de incumplir el memorando suscrito con Irán tras la reanudación de los ataques contra territorio iraní. El ministro de Asuntos Exteriores, Serguéi Lavrov, sostuvo que la ofensiva estadounidense vulneraba los compromisos previamente asumidos y contribuía al deterioro de la estabilidad regional al afectar tanto infraestructura iraní como instalaciones ubicadas en los Estados del Golfo. En consecuencia, Moscú reiteró que la única salida viable al conflicto debía alcanzarse mediante mecanismos diplomáticos y rechazó una nueva escalada militar en Medio Oriente.

ORGANIZACIONES INTERNACIONALES

Las principales organizaciones internacionales vinculadas al conflicto reafirmaron su respaldo a los mecanismos multilaterales de gestión de la crisis y manifestaron su preocupación por el deterioro de la situación de seguridad en Medio Oriente. En una coyuntura marcada por la reanudación de las hostilidades entre Estados Unidos e Irán, estos organismos insistieron en la necesidad de preservar los canales de diálogo, garantizar el cumplimiento del derecho internacional y mantener el régimen de salvaguardias e inspecciones in situ sobre las actividades nucleares iraníes.

En ese sentido, el 13 de julio, la Organización para la Cooperación Islámica (OCI) expresó su preocupación por el riesgo de una nueva escalada regional, respaldó la continuidad de las negociaciones y reiteró la importancia de proteger a la población civil y respetar el derecho internacional como elementos esenciales para contener el conflicto.

Por su parte, el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) continuó promoviendo la cooperación técnica con Irán e insistió en la necesidad de preservar los mecanismos internacionales de verificación y supervisión del programa nuclear iraní. Posteriormente, el 19, tras las denuncias iraníes sobre un presunto bombardeo estadounidense contra las obras de construcción de la central nuclear de Darkhovin, el organismo no había publicado una evaluación independiente sobre el alcance de los daños, lo que reflejó las limitaciones existentes para verificar de manera inmediata los efectos de la nueva escalada militar.

 

SITUACIÓN HUMANITARIA Y SOCIAL

Dimensión Político y Diplomática
Variable Puntaje individual Puntaje total Intensidad
Víctimas y Desplazados 🔴Gravedad Extrema (-3) -3 🔴Extrema Intensidad
Infraestructura Crítica 🟠Gravedad Alta (-2)
Violaciones al DIH 🔴Gravedad Extrema (-3)

 

Un miembro del personal de la UNRWA, que lleva un chaleco azul, busca entre los escombros en Gaza.

El balance del conflicto entre el 6 y el 19 de julio de 2026 expone una profunda crisis multidimensional en Medio Oriente, caracterizada por la interconexión entre el desgaste demográfico, el desmantelamiento de soportes vitales y la erosión estructural del Derecho Internacional Humanitario. La intensificación de incursiones aéreas transformó objetivos tácticos en detonantes de movilidad forzada, posicionando a Irán como epicentro del desplazamiento. Paralelamente, el sabotaje sistemático a redes energéticas, hídricas y aeroportuarias de uso dual, sumado al despliegue de armamento indiscriminado y la obstrucción de asistencia internacional, confirma una estrategia de asfixia estructural que traslada el costo de la confrontación casi exclusivamente a la población civil.

Víctimas y Desplazados

El período comprendido entre el 6 y el 19 de julio de 2026 consolidó una preocupante aceleración en los índices de degradación humanitaria y una reconfiguración forzosa de la movilidad demográfica en el teatro de operaciones. La diversificación de los vectores de ataque y la intensificación de las incursiones sobre infraestructuras estratégicas expandieron el radio de afectación, transformando variables que antes eran estrictamente militares en detonantes de crisis civiles generalizadas.

Irán se convirtió en el epicentro del desgaste humano y el desplazamiento forzado durante esta quincena. La campaña aérea aliada, concentrada inicialmente en la periferia de nodos estratégicos como la planta nuclear de Bushehr, el 8 de julio, y el aeródromo homónimo, el 10 de julio, generó un flujo constante de evacuaciones preventivas. Sin embargo, la letalidad aumentó significativamente durante la segunda semana del ciclo: el 14 de julio, un bombardeo con 13 misiles en Bampur (Sistán y Baluchistán) abatió a siete efectivos militares de la 38.ª Brigada, lo que ocasionó además la muerte de 30 civiles en localidades circundantes. Cuarenta y ocho horas después, el 16 de julio, una ofensiva aérea masiva de Estados Unidos en el sur del país segó la vida de 38 personas (entre las víctimas se registraron mujeres y menores de edad) y dejó un saldo superior a los 400 heridos. El impacto logístico y humanitario culminó el 17 de julio en Hormozgán, donde la destrucción de seis vías de comunicación clave no solo interrumpió el tránsito, sino que causó la muerte de ocho civiles, entre ellos dos hermanos con discapacidad. Al cierre del período, más de 340.000 iraníes se habían visto forzados a abandonar sus hogares, saturando las capacidades de acogida en las provincias del interior.

En el Líbano, el frente meridional mantuvo una dinámica de desgaste con un impacto particularmente severo sobre la población no combatiente, acumulando 55 muertes y 217 personas heridas en catorce días. La persistencia de los duelos de artillería en el área de Nabatiyeh y el desabastecimiento crítico de insumos médicos forzaron el desplazamiento de unas 43.500 personas hacia el norte, desbordando los centros de asistencia temporal y los recursos sanitarios de las agencias internacionales.

Por su parte, Israel experimentó un recrudecimiento de la presión civil derivado de la saturación de sus alertas de defensa. Aunque los sistemas de intercepción limitaron la letalidad directa en la primera mitad del ciclo, la réplica iraní con proyectiles de largo alcance del 16 de julio vulneró núcleos urbanos del centro del país, lo que dejó un saldo de 8 fallecidos y más de un centenar de heridos. Este incremento de la violencia propició el desplazamiento de 6.500 internos hacia zonas de exclusión, lo que consolidó un cuadro de fatiga psicológica y trauma social en las comunidades receptoras.

La desestabilización expandió sus efectos hacia otras naciones del circuito regional. Siria continuó funcionando como espacio de tránsito, con condiciones de refugio inestables: los bombardeos de interdicción aérea en las rutas de Homs alteraron los flujos de retorno, registrando 20 bajas civiles acumuladas y el desplazamiento focalizado de 4.500 personas bajo fuego indirecto. En Irak, la actividad insurgente afectó las áreas periféricas de Bagdad y las zonas logísticas de Al-Anbar, sumando 17 fallecidos a lo largo de la quincena; además, la seguridad de los observadores internacionales sufrió una afectación directa con el secuestro de la periodista estadounidense Shelly Kittleson en la capital. En los Estados árabes peninsulares, rompiendo con la tendencia de inmunidad de períodos previos, la península arábiga sufrió un impacto humanitario directo el 16 de julio: los ataques asimétricos reivindicados contra instalaciones militares de la coalición en Baréin y Omán causaron 4 muertes civiles y forzaron la evacuación de 3.800 trabajadores expatriados, lo que interrumpió las actividades comerciales y logísticas del golfo.

El balance consolidado al 19 de julio de 2026 expone un cuadro de fragmentación social significativa. Con un flujo migratorio que supera las fronteras tradicionales y una red de servicios esenciales severamente dañada, la población civil de la región continúa absorbiendo casi la totalidad del costo directo e indirecto de la confrontación armada.

Infraestructura crítica

Durante el bloque temporal analizado, la degradación de la infraestructura crítica se centró en tres vectores de soporte vital y estratégico: la red logística de transporte y aviación, el complejo de procesamiento energético y los sistemas de distribución de agua potable.

En el ámbito aeroportuario y logístico, el espacio aéreo regional sufrió afectaciones estructurales de consideración. En Irán, la aviación y la infraestructura de transporte terrestre se convirtieron en el blanco preferente de la campaña de bombardeos estadounidenses. Las incursiones afectaron severamente al sector aeronáutico mediante impactos verificados por satélite en la pista 13R/31L del Aeropuerto de Bushehr, el 10 de julio, seguidos de incursiones contra las terminales aéreas de Omidieh (donde se destruyó un hangar) el 13 de julio y de Semnan el 15 de julio. Esta ofensiva escaló hacia el 16 y 17 de julio, alcanzando puertos y torres de comunicaciones, y provocando la destrucción física de vías de comunicación y rutas logísticas clave en el sur del país, entre las que se destaca el colapso de la vía de comunicación de Kahorestan en Hormozgán. Por su parte, en Israel, el aeropuerto Ben-Gurión funcionó bajo esquemas de contingencia económica y operativa tras reportarse daños previos, autorizándose nuevamente el uso de su pista para el aterrizaje de aeronaves militares de reabastecimiento estadounidenses el 15 de julio.

En materia de infraestructura energética, los complejos de refinación y almacenamiento registraron daños críticos de carácter bidireccional. El 10 de julio, un incendio de gran magnitud paralizó una mini refinería en Pol-e Dokhtar (Irán) tras recibir ataques aéreos. Días después, el 16 de julio, el puerto iraní de Bandar Abbas sufrió el impacto de municiones merodeadoras de fabricación emiratí dirigidas contra su muelle. El 12 de julio, la península arábiga vio comprometida su seguridad con un ataque de dron que dañó una plataforma de perforación marítima de la Kuwait Oil Company en Kuwait, dejando a un operario herido. El asedio sobre los activos energéticos aliados se extendió el 17 de julio hacia Baréin, donde ataques de origen iraní afectaron instalaciones petroleras de la compañía Bapco.

Respecto de las redes de suministro de agua potable y servicios de subsistencia básica, las hostilidades directas provocaron un colapso en la distribución hídrica hacia el cierre del período. El 17 y 18 de julio, ofensivas iraníes alcanzaron de manera consecutiva plantas de energía central y de desalinización en territorio de Kuwait, interrumpiendo servicios esenciales. Al día siguiente, misiles estadounidenses destruyeron la planta de desalinización de Bonji en el condado de Jask (Irán); el impacto dañó bombas de agua e instalaciones eléctricas, lo que provocó la pérdida total del suministro hídrico en alrededor de 20 localidades y dejó a comunidades civiles incomunicadas en zonas áridas.

El patrón observado durante estas dos semanas confirma un desplazamiento de los objetivos tácticos hacia la destrucción de los soportes esenciales de uso dual, donde el desmantelamiento de los servicios de conectividad, transporte y energía condiciona de forma directa e inmediata la habitabilidad urbana en toda la región.

Violaciones al Derecho Internacional Humanitario

El análisis jurídico del período comprendido entre el 6 y el 19 de julio de 2026 evidencia una erosión sistémica en la aplicación práctica de los Convenios de Ginebra y sus Protocolos Adicionales en el teatro de operaciones de Medio Oriente. La transgresión de los principios normativos ha dejado de manifestarse como un conjunto de anomalías periféricas para consolidarse como una característica estructural de la actual fase del conflicto regional, donde la distinción entre combatientes y bienes de carácter civil se ha vuelto difusa. Durante este ciclo de monitoreo, los vectores de infracción al Derecho Internacional Humanitario (DIH) se concentraron en la neutralización de los canales de asistencia humanitaria, el despliegue de armamento con efectos indiscriminados en entornos urbanos densamente poblados y la vulneración directa de los derechos fundamentales de las personas bajo custodia de los Estados beligerantes.

La inmunidad de las misiones médicas y de los mecanismos de mitigación humanitaria, considerados columna vertebral del derecho de los conflictos armados, sufrió interrupciones críticas provocadas de manera multidireccional por diversos actores en pugna. El 13, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) denunció una grave obstrucción operativa en la Franja de Gaza, donde personal armado vinculado a Hamás irrumpió por la fuerza en un depósito de suministros del Programa Mundial de Alimentos (PMA) en Jabalia, confiscando recursos y agrediendo físicamente a los conductores de los convoyes de asistencia. Esa misma jornada, la funcionalidad de los corredores humanitarios fue vulnerada en la península arábiga tras un ataque aéreo de la coalición liderada por Arabia Saudita contra el Aeropuerto Internacional de Saná en Yemen, cuya finalidad táctica paralizó el flujo de vuelos de asistencia internacional esenciales para la supervivencia civil. Esta inobservancia de la protección debida a la infraestructura sanitaria se extendió al territorio de Irán el 15 de julio, cuando un impacto de misiles estadounidenses alcanzó el complejo médico de Ahvaz, forzando la evacuación de emergencia de su hospital pediátrico y comprometiendo gravemente el principio de precaución en el ataque.

Paralelamente, la conducción de hostilidades en áreas residenciales planteó severos cuestionamientos respecto de la proporcionalidad de la ventaja militar frente al daño incidental causado a los no combatientes. Entre el 14 y el 15, se documentó el uso sistemático de municiones de fósforo blanco por parte de las fuerzas israelíes en ataques de artillería contra las localidades de Baraashit y Beit Yahoun, en el sur del Líbano. El despliegue de estos agentes químicos en zonas habitadas contraviene los protocolos internacionales debido a su naturaleza intrínsecamente indiscriminada y su capacidad para infligir sufrimientos innecesarios y lesiones graves por quemaduras en la población civil. Asimismo, el 12, los bombardeos ejecutados por Israel sobre Ciudad de Gaza provocaron la destrucción de plazas residenciales enteras y dejaron heridos a múltiples corresponsales de prensa palestinos mientras ejercían sus funciones de cobertura, lo que constituye una violación a las garantías de protección de las que gozan los periodistas bajo el DIH. A estas dinámicas a gran escala se suman incidentes de proximidad de extrema gravedad, como el registrado el 6 de julio en el campamento de refugiados de Qalandia, donde la detonación de una granada aturdidora por parte de un efectivo israelí en el interior de un vehículo familiar cerrado provocó lesiones permanentes y la pérdida total de la visión de un menor palestino.

Finalmente, el marco de análisis estratégico debe incorporar la degradación institucional en el trato a las personas protegidas y prisioneros de guerra. El 17, declaraciones oficiales del ministro de Seguridad Nacional de Israel, Itamar Ben-Gvir, en las que justificó el uso deliberado de presión psicológica como método de trato hacia los prisioneros palestinos bajo custodia estatal, colisionan de manera directa con las prohibiciones absolutas contra los tratos crueles, inhumanos y degradantes tipificados en el Tercer y Cuarto Convenio de Ginebra. Como consecuencia jurídica y diplomática de esta acumulación de transgresiones, el 18 de julio el embajador de Irán ante la ONU, Amir Saeid Iravani, presentó una denuncia formal ante el secretario general, António Guterres, y el Consejo de Seguridad, calificando los bombardeos de la coalición aliada contra su infraestructura civil y sanitaria como presuntos crímenes de guerra que violan la soberanía de la nación. El balance de esta quincena confirma que los actores en conflicto están instrumentalizando la asfixia estructural y la transgresión normativa como herramientas de desgaste, trasladando el costo de la confrontación política casi exclusivamente hacia la población civil de la región.

SITUACIÓN ECONÓMICA Y ENERGÉTICA

Dimensión Económica y Energética
Variable Puntaje individual Puntaje total Intensidad
Cantidad de Buques Comerciales 🔴Impacto Extremo (-3) -2 🟠Alta Intensidad
Desvío de Tránsito 🔴Impacto Extremo (-3)
Commodities Energéticas 🟡Impacto Bajo (-1)

 

Buque comercial siendo vigilado por una lancha de ataque rapido de Irán.

Entre el 6 y el 19 de julio de 2026, la escalada del conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán provocó una fuerte disrupción del comercio marítimo y de los mercados energéticos mundiales. En el estrecho de Ormuz, el tránsito alcanzó un máximo de 44 buques el 12 de julio, antes de desplomarse hasta un mínimo de 1 buque el 15 de julio tras el bloqueo naval y los ataques contra la marina mercante. Paralelamente, el cabo de Buena Esperanza registró un récord de 110 embarcaciones el 18 de julio, consolidándose como la principal ruta alternativa entre Asia y Europa. En los mercados energéticos, el petróleo Brent osciló entre un mínimo de 76,01 USD por barril el 10 de julio y un máximo de 88,10 USD el 16 de julio, reflejando el impacto directo de la crisis sobre la seguridad del suministro mundial.

Cantidad de Buques

El flujo marítimo en el estrecho de Ormuz demostró la extrema sensibilidad de la logística internacional ante la renovación de las tensiones bélicas. La ruptura del memorando de entendimiento el 9 de julio paralizó casi por completo el Estrecho, lo que se tradujo en el cruce de apenas 4 buques petroleros. Sin embargo, al día siguiente, el tránsito aumentó en 24 unidades debido a la apertura del corredor sur por parte del Centro Conjunto de Información Marítima. Esta confianza inicial impulsó un incremento de 30 barcos el 11 gracias a la autoorganización de convoyes comerciales para liberar inventarios, lo que se intensificó aún más el 12, con 14 naves adicionales que navegaron contratando seguridad privada armada a bordo.

La tendencia expansiva se revirtió de forma abrupta el 13, cuando el flujo cayó en 46 buques ante el inminente anuncio del bloqueo naval estadounidense. La ejecución estricta de esta medida militar y los ataques letales contra la marina mercante el 14 provocaron un descenso pronunciado de 24 navíos, lo que dejó solo 2 barcos operativos en la zona. La consiguiente parálisis comercial y la suspensión generalizada de los seguros de guerra redujeron el tráfico en 1 unidad el 15, y se registró un único cruce bajo escolta militar pesada.

El 16 se observó una leve recuperación de 2 buques mediante ventanas tácticas nocturnas coordinadas. Al día siguiente, el 17, se mantuvo un incremento idéntico de 2 barcos, limitado estrictamente a metaneros de naciones neutrales debido al desvío masivo de las líneas regulares hacia el cabo de Buena Esperanza. El panorama logístico cambió el 18 con un repunte de 24 embarcaciones, impulsado por la habilitación de una ruta de evacuación urgente para descongestionar las terminales interiores. Finalmente, el 19 de julio, el flujo aumentó en 1 buque, lo que estabilizó el tránsito en 30 unidades que transitaron bajo convoyes militares aliados fuertemente blindados.

Desvío de Tránsito

Durante la primera mitad de julio del 2026, el canal de Suez y el estrecho de Bab el-Mandeb continuaron registrando un tráfico marítimo muy inferior a sus niveles habituales, mientras que el cabo de Buena Esperanza continuó consolidándose como la principal ruta alternativa para el comercio entre Asia y Europa. Nuevas declaraciones y advertencias por parte de los Hutíes de Yemen, junto con el aumento de las primas de seguro y las recomendaciones de seguridad emitidas por aseguradoras y operadores marítimos, llevaron a numerosas compañías a mantener sus rutas alternativas por el cabo de Buena Esperanza.

El 9 de julio se estimó el tránsito de 15 buques por el canal de Suez y 10 por Bab el-Mandeb, mientras que 75 embarcaciones navegaron alrededor del cabo de Buena Esperanza, lo que reflejó la continuidad de los desvíos preventivos adoptados por las principales navieras. El 10, los cruces descendieron a 12 y 8 buques, respectivamente, al tiempo que el Cabo absorbió 82 tránsitos adicionales. El 11 la actividad volvió a reducirse, con solo 8 buques atravesando Suez y 6 Bab el-Mandeb, frente a 90 embarcaciones que optaron por la ruta africana. El 12 la tendencia se profundizó con apenas 6 tránsitos por Suez y 5 por Bab el-Mandeb, en tanto el Cabo alcanzó 95 buques. El 13 se registró uno de los niveles más bajos del período, con únicamente 4 embarcaciones cruzando tanto Suez como Bab el-Mandeb, mientras 85 buques navegaron por el extremo sur de África, situación asociada a la persistencia de advertencias sobre posibles acciones hutíes contra el tráfico marítimo.

El 14 se observó una recuperación parcial, con 16 buques transitando el canal de Suez y 9 Bab el-Mandeb; sin embargo, el Cabo mantuvo un elevado flujo de 92 embarcaciones, lo que evidenció que la mayoría de las compañías continuaba privilegiando la seguridad sobre la reducción de tiempos de navegación. Ese mismo día, diversos análisis señalaron que Irán evaluaba emplear a los hutíes como mecanismo de presión sobre el acceso al mar Rojo, lo que incrementó nuevamente la percepción de riesgo en la zona.

El 15 los registros descendieron nuevamente hasta 10 buques en Suez y 7 en Bab el-Mandeb, mientras 78 cruzaron el Cabo. Ese día se advirtió que un eventual cierre de Bab el-Mandeb abriría un segundo frente sobre las cadenas logísticas mundiales, después de las tensiones en el estrecho de Ormuz, lo que reforzó la decisión de numerosas navieras de mantener sus desvíos.

El 16 se contabilizaron 7 tránsitos por Suez, 5 por Bab el-Mandeb y 88 por el Cabo. La disminución coincidió con informaciones que indicaban que Irán había solicitado a los hutíes mantenerse preparados para cerrar Bab el-Mandeb en caso de nuevos ataques estadounidenses contra infraestructura iraní, mientras fuentes cercanas al grupo indicaban que ya se habían desplegado misiles y drones cerca del Estrecho.

El 17 la actividad volvió a mínimos, con apenas 5 buques transitando Suez y 4 Bab el-Mandeb, frente a 100 embarcaciones que utilizaron el cabo de Buena Esperanza. El 18 el desvío alcanzó su punto más alto del período, con solo 6 buques cruzando Suez y 3 Bab el-Mandeb, mientras 110 navegaron alrededor del continente africano. Finalmente, el 19 se estimaron 5 tránsitos tanto en Suez como en Bab el-Mandeb y 80 por el Cabo, lo que mantuvo la preferencia de la industria por la ruta africana debido a la incertidumbre persistente sobre la seguridad del mar Rojo y la posibilidad de nuevas acciones hutíes.

Commodities Energéticos

La cotización internacional del petróleo Brent reflejó una elevada volatilidad como consecuencia de la evolución del conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán y su impacto sobre la seguridad de las principales rutas energéticas de Medio Oriente. El 9 de julio el Brent cerró en 76,30 USD por barril, con una caída del 2,2 % respecto de la jornada anterior, debido a que las preocupaciones por una desaceleración de la demanda mundial superaron temporalmente el efecto de los riesgos sobre la oferta. El 10 volvió a descender 0,4 %, hasta 76,01 USD, impulsado por expectativas de una futura normalización parcial del tránsito marítimo en el estrecho de Ormuz.

Tras el cierre del mercado durante el fin de semana, el 12 el Brent registró su mayor variación del período, con un aumento del 9,6 %, alcanzando 83,30 USD por barril. La fuerte reacción respondió al anuncio de un bloqueo naval estadounidense sobre la costa iraní, incrementando las expectativas de interrupciones en los flujos de exportación de hidrocarburos. El 13 la cotización avanzó otro 1,7 %, hasta 84,73 USD, favorecida por la continuidad de las operaciones militares y la persistencia del riesgo geopolítico.

El 14, el petróleo aumentó 0,3 %, situándose en 84,95 USD, respaldado por una reducción de las reservas comerciales de crudo en Estados Unidos y por la continuidad de la incertidumbre regional. Sin embargo, el 15 retrocedió 0,9 %, hasta 84,23 USD, debido a una toma de ganancias por parte de los operadores luego del fuerte repunte previo. El 16, el Brent registró un nuevo incremento significativo del 4,6 %, alcanzando 88,10 USD, impulsado por la intensificación de los ataques entre Estados Unidos e Irán y por el aumento de las amenazas sobre las rutas marítimas del mar Rojo y el estrecho de Ormuz. El 17, la cotización permaneció estable, mientras que los días 18 y 19 no hubo operaciones por tratarse del fin de semana, manteniéndose el mercado atento a la evolución de la crisis regional.

Este es un artículo de opinión. Las opiniones y contenido no reflejan o representan necesariamente la postura del CEERI como institución.

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