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Informe N°12 | 03 al 16 de agosto de 2026

Grupo de Investigación de Paz y Seguridad Internacionales.

Gonzalo Gabriel Dinamarca – Coordinador del Grupo de Investigación de Paz y Seguridad Internacional.
Redactor de Situación Militar y Operacional; y Situación Económica y Energética.

Geri Giselle Lopez – Redactora de Situación Político y Diplomática.

Ivanna Duvara – Redactora de Situación Humanitaria y Social.

Hillary Samanta Villegas Gómez – Editora.

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Introducción 

El estallido del conflicto armado directo entre Estados Unidos e Israel contra Irán transformó una tensión diplomática en una confrontación bélica de consecuencias impredecibles. Tras el fracaso de las negociaciones sobre el programa nuclear y misilístico iraní, la orden de Donald Trump del 28 de febrero de 2026 de iniciar la “Operación Furia Épica” —la mayor movilización militar desde 2003 contra Irak—, coordinada con la “Operación Rugido de León” de Israel, marcó el inicio de una guerra abierta. Los ataques contra instalaciones estratégicas provocaron una respuesta inmediata de Teherán mediante la “Operación Promesa Verdadera 4”.

Este informe analiza la escalada militar del conflicto, el papel de aliados regionales como los países europeos y los Estados árabes, y el impacto potencial sobre la población civil y los mercados energéticos globales.

El Grupo de Investigación en Paz y Seguridad Internacional del CEERI busca contribuir a una comprensión integral del conflicto mediante el seguimiento y el análisis sistemático de cuatro dimensiones clave: 1) militar y operacional; 2) política y diplomática; 3) humanitaria y social; y 4) económica y energética.

  • Situación Militar y Operacional

Esta dimensión del informe se enfoca en analizar y cuantificar la Escala de Magnitud de las Operaciones (EMO) en el conflicto entre Estados Unidos e Irán, priorizando el “cuántos y qué” se dispara/lanza y “desde dónde” (plataformas), más que la mera intención política. Se aplica un marco técnico y cuantificable que abarca los dominios convencionales (aéreo, terrestre y naval) e integra operaciones especiales y cibernéticas como factores de impacto estratégico.

Se evalúa campañas de supresión aérea, ataques de precisión, defensa en profundidad, guerra de enjambre y minado de chokepoints, además de incursiones limitadas y protección de bases. También se incorporan acciones de sabotaje o saturación cibernética. El objetivo es medir el volumen, la intensidad, la capacidad de respuesta y la evolución de la confrontación en todos los dominios.

  • Situación Política y Diplomática

Esta dimensión del informe analiza y evalúa cómo las declaraciones diplomáticas y las alianzas externas emitidas por actores directos y externos (Estados) condicionan o hacen evolucionar el conflicto entre Estados Unidos e Irán, incluyendo las manifestaciones de organismos internacionales, en particular el OIEA, la OPEP y la OIC.

Su medición se basa en la Matriz de Evolución Política (MEP), un índice mixto (cualitativo y cuantitativo) que determina si el entorno internacional tiende a mitigar o agravar la confrontación. Se examinan, por tanto, los esfuerzos orientados a las conversaciones de paz, las mediaciones y las declaraciones de los actores afectados por el conflicto. Asimismo, se identifican los obstáculos y retos que dificultan el logro de un cese del fuego o de un acuerdo de paz.

  • Situación Humanitaria y Social

Esta dimensión evalúa el impacto sobre la población civil y el cumplimiento del Derecho Internacional Humanitario (DIH) en el conflicto entre Estados Unidos e Irán. Emplea un Índice de Degradación Humanitaria (IDH) que sintetiza el costo humano y el riesgo jurídico internacional para medir el deterioro, identificar tendencias y estimar la probabilidad de sanciones o responsabilidades penales.

Se registran víctimas civiles (fallecidos y heridos) y desplazamientos forzados, tanto internos —incluidos los movimientos hacia los montes Zagros— como externos hacia Turquía, Irak y Pakistán. También se examinan los daños a infraestructura crítica (electricidad, agua, hospitales y telecomunicaciones) y posibles violaciones del DIH, incluido el trato a prisioneros conforme a los Convenios de Ginebra.

  • Situación Económica y Energética

Esta dimensión actúa como análisis del motor de presión global del conflicto, afectando especialmente a la economía mundial a través del Estrecho de Ormuz, por donde circula aproximadamente el 20 % del petróleo mundial. Para evaluar si la crisis permanecerá como un fenómeno de carácter regional o se transformará en un shock energético global con efectos inflacionarios y financieros, se emplea el Índice de Shock Económico (ISE).

Se analizarán las variables: cantidad de buques comerciales; porcentaje de desvíos de ruta —por ejemplo, circunnavegación por el sur de África— y costos asociados a posibles interrupciones, así como el incremento de la volatilidad en los precios de los commodities energéticos, en particular del petróleo (Brent/WTI) y del gas natural licuado (GNL).

 

Dimensión Indicador Operacionalizado Intensidad del Conflicto
1. Dimensión Militar y Operacional Operaciones Terrestres + Aéreas + Navales + Especiales 🟠Alta Intensidad
2. Dimensión Política y Diplomática Actores directos + Actores Externos + ORG Inter 🟠Alta Intensidad
3. Dimensión Humanitaria y Social  Víctimas y Desplazados + Infraestructura Crítica + Violaciones al DIH 🔴Extrema Intensidad
4. Dimensión Económica y Energética Cantidad de Buques Comerciales + Desvío de Tránsito + Commodities Energéticas 🟠Alta Intensidad

SITUACIÓN MILITAR Y OPERACIONAL

Dimensión Militar y Operacional
Variable Puntaje individual Puntaje total Intensidad
Terrestre 🟡Magnitud Baja (149) 802 🟠Alta Intensidad
Aérea 🔴Magnitud Extrema (321)
Naval 🟡Magnitud Baja (143)
Especial 🟠Magnitud Alta (189)

 

El portaaviones USS George Washington desplazándose desde el Pacifico Occidental a Medio Oriente.

Entre el 3 y el 16 de agosto de 2026, las operaciones terrestres mantuvieron un patrón de desgaste, con combates en Líbano, Cisjordania, Yemen y Sistán-Baluchistán, incluyendo el empleo de morteros, artillería, sistemas antitanque (ATGM) y artefactos explosivos improvisados (IED), así como la destrucción de infraestructura subterránea.

En el ámbito aéreo, Estados Unidos e Israel intensificaron las operaciones de supresión de defensas aéreas enemigas (SEAD) y emplearon aeronaves F-35, F-22 y F-35I, mientras que Irán recurrió a misiles balísticos y drones para saturar las defensas. En el dominio naval, las interdicciones iraníes y los ataques contra petroleros de ADNOC redujeron drásticamente la navegación en el estrecho de Ormuz. Paralelamente, los ciberataques ampliaron la confrontación hacia redes OT/ICS, infraestructura energética y logística, sistemas marítimos y sistemas regionales críticos de mando y control.

Operaciones Terrestres

Las operaciones terrestres en Medio Oriente estuvieron caracterizadas por acciones de hostigamiento, combate de proximidad, empleo de fuego indirecto y operaciones de neutralización de infraestructura, sin derivar en una maniobra terrestre de gran profundidad. La dinámica mostró una progresiva adaptación de las fuerzas estatales y los grupos armados hacia operaciones de desgaste, protección de posiciones y empleo de sistemas de bajo costo.

Entre el 3 y el 4 de agosto, en el sur del Líbano, Hezbollah y las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) intercambiaron fuego de morteros de 81 y 120 mm, mientras que un dron táctico fue interceptado mediante un sistema portátil de defensa aérea. Al día siguiente, las FDI emplearon ingenieros de combate para destruir túneles, depósitos y posiciones subterráneas de Hezbollah en Maroun al-Ras. En este contexto, un misil guiado antitanque (ATGM) dirigido contra un vehículo blindado fue neutralizado por su sistema de protección activa (APS), lo que evidenció la importancia de la combinación entre fortificaciones y defensa activa.

El 7 de agosto, Hezbollah combinó cohetes Katyusha y morteros de 120 mm contra una posición israelí. La respuesta mediante radar de contrabatería permitió localizar y destruir el emplazamiento de origen, lo que evidenció la ventaja israelí en materia de detección y respuesta inmediata. Al día siguiente, un ATGM dirigido contra un Merkava IV fue nuevamente neutralizado por su APS, mientras las FDI localizaban un arsenal subterráneo en At-Tiri, que sería demolido el 9 de agosto. Durante ese mismo período, en Cisjordania, se llevaron a cabo incursiones en las que se emplearon artefactos explosivos improvisados (IED) contra vehículos blindados. El 10 de agosto, nuevamente en el Líbano, se registró otro intercambio de fuego de morteros e infantería ligera, mientras el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) reforzó la seguridad en Zahedán.

El 11 y 12 de agosto continuaron las escaramuzas de infantería y morteros en el Líbano, en simultáneo con movimientos entre los Emiratos Árabes Unidos e Irán que evidenciaron mecanismos de desescalada en el ámbito diplomático. Para el 13 de agosto, la creación de la Task Force Falcon Strike marcó una transición hacia el empleo coordinado de sistemas no tripulados de bajo costo, presentada como una fuerza multinacional y multidominio orientada al empleo de drones de ataque. El 14 y 15 de agosto, el CGRI combinó artillería pesada y morteros contra infraestructura insurgente en la frontera con Pakistán, mientras en el Líbano persistieron las escaramuzas con fusilería. Finalmente, el 16 de agosto se registraron enfrentamientos con fusilería y morteros ligeros en el Líbano, así como ataques indirectos inefectivos en Irak, cerrando un período que evidencia una evolución hacia el combate de desgaste, caracterizado por la destrucción sistemática de infraestructura subterránea, el empleo de ATGM e IED, la contrabatería, las defensas activas y la creciente dependencia de plataformas no tripuladas.

En el frente interno iraní y de la insurgencia, el 6 de agosto, el CGRI y unidades Basij desarrollaron una operación contra Jaish al-Adl en Sistán y Baluchistán, empleando infantería ligera, vehículos blindados, fusilería, granadas y lanzagranadas RPG, lo que confirmó la persistencia de un frente insurgente interno iraní. Dos días después, el 8 de agosto, Jaish al-Adl ejecutó un asalto complejo contra el Palacio de Justicia de Zahedán mediante el empleo de fusiles, granadas y chalecos suicidas, con víctimas y daños estructurales como resultado. El 14 y 15 de agosto, el grupo recurrió nuevamente a IED contra vehículos del CGRI, cuya respuesta combinó artillería pesada y morteros contra infraestructura insurgente en la frontera con Pakistán.

Por otra parte, en los frentes de Yemen e Irak-Siria, el 3 de agosto se registraron en Yemen enfrentamientos de baja intensidad, con morteros hutíes respondidos mediante artillería de campaña. La dinámica se repitió el 5 de agosto con nuevos duelos de artillería entre fuerzas hutíes y gubernamentales, hasta que el 10 de agosto las fuerzas gubernamentales yemeníes intensificaron el uso de artillería pesada contra posiciones hutíes.

El 5 de agosto, en Irak-Siria, milicias pro iraníes emplearon cohetes de corto alcance y morteros contra una instalación de la coalición, cuyos proyectiles fueron interceptados en su totalidad por sistemas de cohetes, artillería y morteros de contrafuego (C-RAM). El 12 de agosto, Washington y Bagdad reafirmaron el horizonte del 30 de septiembre para concluir la misión de la coalición, mientras que el 14 y 15 de agosto Estados Unidos interceptó un dron suicida en Siria.

Operaciones Aéreas

El 3 de agosto, Irán empleó drones de reconocimiento sobre Jask, en tanto sistemas S-300PMU2 realizaron intercepciones. Ese mismo día, en Al-Tanf, drones Shahed-136 atacaron posiciones estadounidenses. Al día siguiente, Estados Unidos ejecutó una misión de supresión de defensas aéreas enemigas (SEAD) contra radares iraníes mediante F-35A y misiles AGM-88E AARGM, a lo que Irán respondió con misiles Kheibar Shekan contra Nevatim, parcialmente interceptados por el sistema Arrow 3. La jornada mostró la disputa por preservar y degradar las redes de alerta temprana. El 5 de agosto, el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) desplazó lanzadores Fateh-110 para reducir su exposición a la vigilancia, mientras cazas F-22 estadounidenses derribaron drones Mohajer-6. Además, misiles de crucero Soumar fueron dirigidos contra instalaciones estadounidenses en Baréin y enfrentaron defensas Patriot y C-RAM.

El 6 de agosto, Israel atacó un centro iraní de ensamblaje de drones en Shiraz, a lo que Irán respondió con seis misiles balísticos hacia Dhahran, interceptados por el sistema THAAD, aunque logró derribar un dron de reconocimiento sobre el estrecho de Ormuz. Al día siguiente, el 7 de agosto, Irán ejecutó una operación de saturación contra la flota logística estadounidense mediante misiles balísticos y drones. Aunque la mayoría fueron interceptados, varios impactos dañaron un buque auxiliar, por lo que Estados Unidos respondió con misiles Tomahawk contra infraestructura de radar y de mando y control (C2) en Bandar Jask. El 8 de agosto, la dimensión marítima adquirió mayor relevancia: un misil antibuque Kowsar alcanzó un petrolero de ADNOC en el estrecho de Ormuz, mientras misiles Fattah-1 impactaron instalaciones de Al-Dhafra. En simultáneo, ataques estadounidenses destruyeron lanzadores S-300/HQ-9B cerca de Bushehr.

El 9 de agosto constituyó un punto de inflexión en la intensidad del conflicto: Israel atacó posiciones subterráneas de Hezbollah en Bekaa, mientras una salva de 120 cohetes y drones fue dirigida contra Haifa. Los sistemas Iron Dome y David’s Sling interceptaron la mayoría, aunque varios vectores alcanzaron infraestructura. Asimismo, un bombardero B-2 empleó una bomba antibúnker GBU-57 (Massive Ordnance Penetrator, MOP) contra accesos de Fordow, lo que evidenció el empleo de capacidades antibúnker estratégicas. Al día siguiente, la campaña SEAD continuó con ataques contra radares Ghadir, mientras enjambres de drones Shahed-136 alcanzaron instalaciones portuarias del golfo Pérsico. El 11 de agosto, Irán lanzó misiles Khorramshahr-4 hacia el Néguev. La defensa interceptó la mayoría, pero un impacto destruyó una antena AN/TPY-2, a lo que cazas F-35C respondieron con misiles JASSM-ER contra seis lanzadores móviles en Hormozgan. El 12 de agosto, drones Shahed-238 atacaron Ras Tanura y Kuwait. Ese mismo día, un F-16V estadounidense derribó un Su-35S y nuevas operaciones SEAD degradaron baterías antiaéreas iraníes.

El 13 de agosto, ataques con misiles Abu Mahdi inutilizaron dos buques cisterna de ADNOC, ante lo cual Washington reforzó el dispositivo naval mediante el USS George Washington, mientras continuaban ataques hutíes y operaciones contra instalaciones navales iraníes. Al día siguiente, el 14 de agosto, el Mando Central de Estados Unidos (CENTCOM) mantuvo ataques contra radares, logística misilística y defensas costeras iraníes. Teherán respondió con una salva de misiles Kheibar Shekan y Sejjil contra Israel, logrando algunos impactos pese a la intercepción de la mayoría. El 15 de agosto, cazas F-35I israelíes destruyeron cinco lanzadores erector-transportadores (TEL) en Hamadán antes de su empleo, mientras la Armada estadounidense interceptó posteriormente una combinación de drones Shahed y misiles Noor dirigida contra el USS George Washington. Finalmente, el 16 de agosto, Estados Unidos mantuvo el bloqueo naval y empleó un misil Hellfire para inmovilizar un buque mercante, ante lo cual Irán respondió con misiles de crucero Paveh contra Jebel Ali, lo que provocó daños en infraestructura portuaria y energética, mientras Israel destruyó radares Bavar-373.

En términos estratégicos, el período evidenció una competencia entre la superioridad aérea y de inteligencia de Estados Unidos e Israel y la capacidad iraní para dispersar lanzadores, emplear plataformas móviles y saturar las defensas mediante combinaciones de misiles y drones. La reiteración de ataques contra buques, puertos e infraestructura energética trasladó progresivamente la presión militar hacia las cadenas logísticas y comerciales regionales. La continuidad de los incidentes en el estrecho de Ormuz confirma, además, que el dominio aéreo no garantiza por sí mismo el control efectivo del espacio marítimo ni la normalización del tráfico energético.

Operaciones Navales

El 3 de agosto, en el norte del estrecho de Ormuz, lanchas rápidas de la rama naval del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI-N) interceptaron a los petroleros Egypt Prosperity y On Pride, empleando comunicaciones coercitivas, maniobras de aproximación, cañones automáticos y detonaciones próximas para modificar sus derrotas. La acción buscó imponer control sobre las rutas comerciales sin comprometer inicialmente unidades mayores. 

Al día siguiente, desde el USS Boxer, cazas F-35B realizaron patrullas aéreas y reconocimiento armado sobre el golfo de Adén y el mar Arábigo. El empleo de municiones de precisión permitió neutralizar un nodo de sensores costeros vinculado a la red de denegación de acceso y área (A2/AD, por sus siglas en inglés) iraní y hutí, priorizando la degradación de las capacidades de vigilancia y adquisición de blancos. El 5 de agosto, la navegación comercial en el estrecho de Ormuz registró una restricción significativa, mientras un destructor de la clase Arleigh Burke empleó el sistema Aegis y dos misiles SM-2 para interceptar drones Ababil-3 iraníes, evitando que obtuvieran información de marcación para operaciones contra unidades navales.

El 7 de agosto, cuatro lanchas FIAC iraníes de clase Zolfaghar efectuaron una aproximación de riesgo a un grupo naval estadounidense. El destructor respondió con el cañón Mk 45 de 127 mm y activó el sistema Phalanx CIWS mediante fuego de advertencia y adquisición de blancos como mecanismo de disuasión, lo que llevó al grupo a abortar la aproximación. Al día siguiente, un avión P-8A Poseidon detectó una operación de minado atribuida a un dhow modificado y un submarino Ghadir. El empleo de sonoboyas activas y medidas antisubmarinas obligó al submarino a retirarse, mientras una unidad LCS interceptó el dhow, evitando la instalación de minas en una vía marítima crítica.

Por otro lado, el 6 de agosto, los hutíes intensificaron la presión sobre el tráfico petrolero asociado con Arabia Saudita mediante baterías costeras de misiles antibuque. La amenaza produjo una reducción significativa del tránsito y obligó a operadores de buques VLCC a modificar sus procedimientos de transferencia y rutas, lo que trasladó parte de la presión militar hacia la logística energética. El 9 de agosto, el granelero Minoan Pioneer fue alcanzado por un proyectil atribuido preliminarmente a un misil antibuque o dron suicida, lo que provocó un incendio y la pérdida de propulsión. Ese mismo día, los hutíes emplearon artillería costera y drones contra Mokha, lo que destruyó infraestructura portuaria y militar.

Al día siguiente, el 10 de agosto, la Armada estadounidense realizó una operación de visita, abordaje, búsqueda e incautación (VBSS) contra un dhow sin pabellón en el golfo de Omán. La inspección permitió incautar componentes destinados al ensamblaje de misiles antibuque, lo que afectó directamente una cadena logística vinculada con las capacidades hutíes. El 11 de agosto, en el estrecho de Bab el-Mandeb, los hutíes atacaron al buque Tihamah con misiles antibuque y posteriormente efectuaron un segundo ataque contra los equipos de rescate. El mismo día, fuerzas estadounidenses emplearon dos misiles AGM-114 Hellfire para inmovilizar al Vela Nova, identificado como infractor de las restricciones de tránsito impuestas. El episodio fue confirmado mediante fuentes periodísticas, que reportaron seis fallecidos y la inutilización del buque por parte de Estados Unidos.

El 12 de agosto, destructores Aegis interceptaron cuatro misiles antibuque hutíes mediante SM-2 y Phalanx. La defensa en capas permitió proteger el tráfico marítimo, aunque las aproximaciones iraníes continuaron en el estrecho de Ormuz. El 13 de agosto, un petrolero de ADNOC sufrió daños por un proyectil en el estrecho de Ormuz; además, el USS George Washington inició su desplazamiento desde el Pacífico hacia el océano Índico para reforzar la presencia estadounidense, lo que evidenció la necesidad de redistribuir activos navales. Al día siguiente, un segundo petrolero de ADNOC fue atacado por un dron suicida del CGRI, provocando un incendio en la cubierta, mientras Estados Unidos interceptó un dhow asociado al suministro de componentes para minas navales. Reportes periodísticos confirmaron ataques contra buques de ADNOC y una fuerte reducción del tránsito por el estrecho de Ormuz.

El 15 de agosto, un granelero fue alcanzado por un proyectil en Ormuz. En el Mediterráneo oriental, Israel empleó fuego naval y ataques aéreos contra posiciones de Hezbollah, lo que destruyó radares y un lanzador C-802, con el objetivo de degradar su capacidad A2/AD costera. El 16 de agosto, lanchas FIAC iraníes intentaron aproximarse en enjambre a tres mercantes en el golfo de Omán. Ante ello, helicópteros MH-60R emplearon maniobras de baja cota, bengalas y fuego de ametralladora GAU-21 para dispersarlas, evitando el abordaje.

Operaciones Especiales

El 3 de agosto se intensificaron las operaciones de reconocimiento e intrusión contra redes vinculadas con la defensa y la infraestructura crítica. Actores vinculados con Irán procuraron explotar servicios expuestos y obtener accesos persistentes, mientras que las operaciones defensivas estadounidenses e israelíes priorizaron detectar y bloquear el movimiento lateral. El objetivo táctico consistió en establecer posiciones para posteriores acciones disruptivas. Al día siguiente, la actividad se concentró en sistemas de tecnología operativa y sistemas de control industrial (OT/ICS, por sus siglas en inglés), particularmente en controladores lógicos programables (PLC) e interfaces hombre-máquina (HMI) conectados a internet. Las técnicas incluyeron la manipulación de archivos de proyecto, parámetros operativos y pantallas de sistemas de supervisión, control y adquisición de datos (SCADA). La Agencia de Ciberseguridad y de Seguridad de las Infraestructuras de Estados Unidos (CISA) había documentado previamente este patrón en infraestructura estadounidense, incluidos los sectores de agua, energía y servicios municipales.

El 5 de agosto, las operaciones se orientaron hacia infraestructura energética y logística. El criterio técnico consistió en aprovechar accesos previamente obtenidos para afectar procesos digitales sin necesidad de destrucción física, por lo que la repercusión estratégica residió en elevar los costos de recuperación y generar incertidumbre sobre la continuidad de servicios críticos. Al día siguiente, continuaron las intrusiones contra sistemas industriales y redes de administración remota. El empleo de credenciales comprometidas y accesos a plataformas de gestión permitió ampliar el alcance desde dispositivos individuales hacia redes conectadas. El 7 de agosto, las operaciones combinaron sabotaje, interrupción logística y degradación de los sistemas de mando y control (C2). El empleo de wipers y técnicas de manipulación de datos procuró generar indisponibilidad temporal, lo que requirió la recuperación de sistemas mediante copias de respaldo.

El 8 de agosto, la actividad incorporó infraestructura virtualizada y sistemas de navegación marítima. La combinación de intrusión informática con interferencia o falsificación de señales del Sistema de Posicionamiento Global (GPS) y del Sistema de Identificación Automática (AIS) permitió afectar simultáneamente redes digitales y procesos operacionales. Al día siguiente, los esfuerzos se dirigieron contra sistemas geoespaciales y componentes digitales vinculados con capacidades militares. El criterio táctico consistió en comprometer información y subsistemas de apoyo antes que atacar directamente plataformas físicas. El 10 de agosto se amplió la explotación de plataformas empresariales y redes municipales, mientras que la persistencia de las acciones contra infraestructura hídrica confirmó que los PLC expuestos constituyen un vector prioritario para generar interrupciones operativas. 

El 11 de agosto, la respuesta estadounidense priorizó el aislamiento, la segmentación y la reducción de superficies expuestas. La evolución defensiva refleja que los ataques contra sistemas OT pueden producir interrupciones y pérdidas económicas aun sin alcanzar niveles de destrucción física. El 12 de agosto, las operaciones se concentraron en infraestructura energética y sistemas industriales iraníes e israelíes, con el objetivo de afectar la distribución, las comunicaciones y la continuidad operativa. Al día siguiente, el esfuerzo combinó sabotaje energético, espionaje y penetración de cadenas de suministro. El objetivo estratégico consistió en trasladar los efectos del conflicto desde las redes militares hacia la logística, la movilidad y los servicios esenciales.

El 14 de agosto, las acciones contra sistemas navieros y de mando marítimo procuraron generar efectos sobre la circulación comercial y la capacidad de coordinación operacional. El 15 de agosto se priorizaron instalaciones industriales vinculadas con la defensa y la producción de drones, lo que combinó el sabotaje de sistemas de producción con la obtención de información diplomática. Finalmente, el 16 de agosto, el período culminó con operaciones contra infraestructura hídrica y sistemas de defensa. La evolución evidenció una convergencia entre ciberespionaje, sabotaje de sistemas OT/ICS, guerra electrónica y degradación de C2, con efectos potenciales sobre servicios críticos y capacidades militares.

SITUACIÓN POLÍTICA Y DIPLOMÁTICA

Dimensión Política y Diplomática
Variable Puntaje individual Puntaje total Intensidad
Actores Directos 🟠 Retroceso Menor (-1) -5 🟠Alta Intensidad
Estados Europeos 🟠 Retroceso Menor (-1)
Estados Mulsumanes 🟠 Retroceso Menor (-1)
Pakistán y Turquía 🟡Avance Menor (+1)
Grupos Pro iraníes 🔴Retroceso Mayor (-2)
Rusia y China 🟡Avance Menor (+1)
Otros actores externos 🟠 Retroceso Menor (-1)
ORG Internacional 🟠 Retroceso Menor (-1)

 

Una imagen satelital muestra la península arábiga, con el estrecho de Ormuz a la derecha y el estrecho de Bab el-Mandeb en la parte inferior central del mapa.

Entre el 3 y el 16 de agosto de 2026, el conflicto entre Estados Unidos e Irán se caracterizó por la combinación de presión sostenida, disputa por el control del estrecho de Ormuz y apertura negociadora limitada. Washington mantuvo el bloqueo y las amenazas militares, al tiempo que condicionó el diálogo a nuevas concesiones iraníes. Teherán rechazó las negociaciones directas, condicionó la reapertura del estrecho al cumplimiento de diversas exigencias y avanzó con Omán en mecanismos orientados a garantizar la navegación. Paralelamente, Qatar impulsó iniciativas de mediación diplomática, mientras Turquía y Pakistán reforzaron la cooperación en materia de seguridad regional. Israel, por su parte, mantuvo una participación pública limitada en relación con el frente iraní.

Actores internos

Entre el 3 y el 5 de agosto, Estados Unidos mantuvo una estrategia caracterizada por la combinación de presión militar, coerción económica y apertura limitada al diálogo con Irán. El 3 de agosto, el presidente Donald Trump sostuvo que las conversaciones con Teherán serían reanudadas y planteó el levantamiento progresivo de las restricciones sobre el estrecho de Ormuz como parte de una eventual primera fase de entendimiento. En este marco, señaló que la segunda fase estaría vinculada con la desnuclearización de Irán. Sin embargo, paralelamente, mantuvo la presión sobre Teherán al afirmar que el bloqueo estadounidense de los puertos iraníes continuaría hasta alcanzar un acuerdo o una rendición total. Esta posición evidenció la coexistencia de una vía negociadora con medidas coercitivas destinadas a incrementar los costos para Irán.

Al día siguiente, el secretario de Estado Marco Rubio señaló que se habían producido avances, aunque sin alcanzar una conclusión definitiva, respecto de un mecanismo que permitiera incrementar el tránsito seguro de buques por el estrecho de Ormuz. Washington presentó esta cuestión como un entendimiento inmediato, diferenciado del objetivo de largo plazo de alcanzar la desnuclearización iraní. No obstante, las declaraciones estadounidenses sobre la situación del estrecho continuaron contrastando con la posición iraní respecto de las condiciones y mecanismos aplicables a la navegación.

El 5 de agosto, Trump mantuvo la presión sobre Teherán al advertir que el estrecho de Ormuz debía reabrirse o Estados Unidos adoptaría nuevamente medidas militares contra Irán. Posteriormente, el vicepresidente J. D. Vance señaló que las negociaciones requerirían tiempo, lo que introdujo una perspectiva menos inmediata respecto de la posibilidad de alcanzar un acuerdo. Esta evolución mostró una política estadounidense orientada a mantener abierta la posibilidad de negociación, pero sin abandonar los instrumentos de presión militar y económica.

Para el 9 de agosto, el día 163.° desde el inicio del conflicto, Trump describió las conversaciones con Irán como de bajo perfil y sostuvo que Washington estaba incrementando la presión económica sobre Teherán, particularmente mediante el aprovechamiento de su situación económica. La posición estadounidense continuó vinculando la resolución de la crisis con la capacidad de ejercer presión sobre el Gobierno iraní. Además, un día después, Trump incorporó la exigencia de una compensación por parte de Irán como nueva condición para las conversaciones y afirmó que la Armada estadounidense había despejado minas y ejercía el control del estrecho de Ormuz. Con ello, Washington reforzó su pretensión de mantener una capacidad efectiva de control sobre la principal vía marítima en disputa.

Entre el 13 y el 15 de agosto, la posición estadounidense se volvió progresivamente más exigente respecto del control del estrecho y del resultado de la confrontación. El 13 de agosto, Trump afirmó que Estados Unidos mantenía el control total del estrecho de Ormuz y advirtió sobre la posibilidad de intensificar las acciones contra Irán si este intentaba modificar dicha situación. Al día siguiente, sostuvo que Washington podría declarar el estrecho como territorio estadounidense una vez concluida la derrota de Irán, cuya materialización consideró próxima. Hacia el final de la segunda semana del período analizado, Trump reiteró esta posición y afirmó que Estados Unidos mantendría el bloqueo hasta completar la derrota iraní. En conjunto, durante el periodo analizado, Washington combinó la búsqueda de mecanismos de negociación con una política de presión sostenida, particularmente orientada al control del estrecho de Ormuz, la situación económica iraní y la obtención de concesiones de Teherán.

En cuanto a la posición declarativa israelí, el 4 de agosto, el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu realizó sus primeras declaraciones públicas después de que Trump anunciara la cancelación de un ataque de gran escala contra objetivos iraníes. Sin embargo, en dicha intervención Netanyahu no abordó directamente la situación con Irán y concentró sus declaraciones en la cuestión de la Franja de Gaza.

La ausencia de pronunciamientos sustantivos sobre Irán durante el período registrado contrasta con la participación activa de Estados Unidos e Irán en las discusiones relativas al estrecho de Ormuz, las condiciones para una eventual reapertura de esta vía marítima y la continuidad de las operaciones militares. Por ello, la actuación de Israel en esta fase se caracteriza principalmente por una menor exposición pública respecto del frente iraní, mientras sus pronunciamientos se concentraron en la situación de Gaza.

Por su parte, el país persa centró su posición en la gestión del estrecho de Ormuz y en la delimitación de las condiciones bajo las cuales podría restablecerse el tránsito marítimo. El 3 de agosto, el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores, Esmaeil Baghaei, señaló que Teherán mantenía conversaciones con Omán para establecer una ruta temporal y segura para la navegación, al tiempo que negó la existencia de negociaciones directas con Estados Unidos. Irán sostuvo que el eventual mecanismo con Omán no implicaría automáticamente la reapertura del estrecho, debido a que esta dependería de condiciones adicionales y del respeto de los derechos soberanos de ambos Estados ribereños. Asimismo, Teherán atribuyó a Washington el incumplimiento de compromisos establecidos en el memorando de entendimiento alcanzado en junio, particularmente en relación con el bloqueo marítimo, las restricciones sobre las exportaciones petroleras y otras obligaciones asumidas.

El 4 de agosto, Saeed Ajorlu, integrante del comité negociador iraní, precisó que el objetivo de las conversaciones con Omán consistía en establecer un mecanismo temporal, inicialmente previsto por un periodo de entre uno y tres meses, en el que Irán conservaría una posición predominante en materia de seguridad, desminado y servicios marítimos. Teherán rechazó la posibilidad de retornar al régimen de navegación existente antes de la guerra y sostuvo que previamente debían resolverse las obligaciones contempladas en el memorando de junio. En este contexto, Mohsen Rezaei, asesor militar del líder supremo iraní, advirtió que las Fuerzas Armadas iraníes responderían ante una eventual continuidad del bloqueo estadounidense y rechazó la utilización de rutas del estrecho que no contaran con autorización iraní. Estas declaraciones vincularon directamente la gestión de la navegación con la soberanía y las condiciones de seguridad que Teherán pretendía preservar.

Un día después, Irán informó que las conversaciones con Omán avanzaban y presentó nuevos elementos de la propuesta de navegación. El mecanismo contemplaba modificaciones respecto del sistema utilizado antes de la guerra, incluyendo rutas próximas a la isla de Larak y corredores parcialmente ubicados en aguas iraníes. El viceministro de Asuntos Exteriores, Kazem Gharibabadi, indicó que el mecanismo podría mantenerse inicialmente entre dos y cuatro meses o incluso por un periodo mayor, aunque su implementación requeriría la aprobación de las autoridades iraníes competentes. En paralelo, el presidente Masoud Pezeshkian describió la situación como uno de los periodos de mayor presión para Irán desde la Revolución Islámica de 1979, en referencia al impacto combinado de las sanciones y el conflicto.

Para el 6 de agosto, Irán y Omán avanzaron hacia un mecanismo de gestión conjunta de la navegación por el estrecho de Ormuz. De acuerdo con la información registrada, los principales términos del entendimiento habrían sido acordados, aunque todavía requerían la aprobación del Consejo Supremo de Seguridad Nacional iraní. El mecanismo contemplaba inicialmente una vigencia de 60 días y buscaba facilitar el tránsito marítimo mientras continuaban las discusiones de carácter técnico y diplomático. En paralelo, se reportó que los contactos indirectos entre Estados Unidos e Irán se encontraban en una fase avanzada, aunque Teherán continuó diferenciando estos intercambios de una negociación directa.

En los días siguientes, el ministro de Asuntos Exteriores, Abbas Araghchi, señaló que Irán y Omán se encontraban próximos a alcanzar un acuerdo sobre los aspectos jurídicos y las rutas de navegación. Sin embargo, Teherán mantuvo una posición condicionada respecto de la reapertura del estrecho y estableció seis exigencias frente a Estados Unidos: el cese de las operaciones militares y amenazas contra Irán y sus aliados, el levantamiento del bloqueo y de las sanciones, la retirada de las fuerzas estadounidenses de la región, compensaciones por los daños ocasionados por la guerra; y la liberación de los activos iraníes congelados. De esta manera, el mecanismo de navegación con Omán fue presentado como un instrumento diferenciado de la decisión sobre la reapertura efectiva del Estrecho.

Para el 9 de agosto, Araghchi reiteró que Irán no mantenía negociaciones directas con Estados Unidos y distinguió entre una negociación formal y el intercambio de mensajes mediante intermediarios. Según la posición iraní, la reanudación de las negociaciones dependería del cese de las presuntas violaciones estadounidenses al memorando de entendimiento de junio y de la compensación correspondiente. Asimismo, Teherán sostuvo que se encontraba cerca de alcanzar un acuerdo con Omán sobre la administración de la navegación, aunque dicho acuerdo no sería suficiente, por sí mismo, para determinar la reapertura del estrecho de Ormuz.

Hacia el 10 de agosto, el portavoz de la Cancillería iraní, Esmaeil Baghaei, vinculó los acuerdos regionales de seguridad con una mayor autonomía de los Estados de la región respecto de actores externos, particularmente Estados Unidos. En esta línea, destacó los vínculos de Irán con Turquía, Pakistán y Arabia Saudita y sostuvo que los Estados islámicos debían asumir una mayor responsabilidad sobre su propia seguridad regional. El mismo día, se informó además sobre una reorganización de los liderazgos militares iraníes, interpretada en el marco del seguimiento como una señal de continuidad de una posición firme durante las negociaciones.

Asimismo, Mohsen Rezaei, en su calidad de secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional iraní, reafirmó que el estrecho de Ormuz no sería reabierto mientras Estados Unidos no pusiera fin a la guerra, liberara los fondos iraníes congelados y aceptara otras condiciones transmitidas mediante intermediarios. Precisó además que el mecanismo negociado con Omán no debía interpretarse como un compromiso automático de reapertura del estrecho. Esta posición consolidó la separación entre la negociación técnica sobre las rutas marítimas y las condiciones políticas que Teherán consideraba necesarias para modificar el régimen de navegación.

Entre el 13 y el 15 de agosto, Irán mantuvo esta posición frente a las declaraciones estadounidenses sobre el control del estrecho de Ormuz. El 13 de agosto, Teherán rechazó la afirmación de Washington de ejercer un control total sobre la vía marítima y sostuvo que su reapertura permanecería condicionada a un cambio en el comportamiento estadounidense, el fin de la guerra y el levantamiento de las sanciones, entre otras exigencias. Durante este periodo, las negociaciones con Omán continuaron orientadas a establecer un mecanismo para administrar el tránsito marítimo, mientras persistía la disputa con Estados Unidos respecto de la autoridad y las condiciones aplicables al estrecho. El 15 de agosto, frente a la declaración estadounidense de que el estrecho de Ormuz podría ser considerado territorio de Estados Unidos tras la derrota de Irán, la posición iraní continuó sustentándose en el rechazo a las pretensiones estadounidenses de control y en la vinculación de cualquier modificación del régimen de navegación con el cumplimiento de sus condiciones políticas y económicas.

Estados musulmanes del golfo Arábigo y Medio Oriente

Respecto a los Estados musulmanes del Golfo, Omán informó que las negociaciones con Irán orientadas a establecer un mecanismo para la navegación a través del estrecho de Ormuz avanzaban de manera positiva y constructiva. La posición omaní evidenció su disposición a mantener el diálogo con Teherán para facilitar la gestión de la navegación en esta vía marítima estratégica. No obstante, Mascate advirtió que nuevos ataques contra buques podrían afectar el desarrollo de las conversaciones, vinculando así la continuidad del proceso negociador con la preservación de condiciones mínimas de seguridad para el tránsito marítimo. De esta manera, Omán mantuvo un papel orientado a facilitar un mecanismo de entendimiento con Irán, al tiempo que señaló los riesgos que las acciones contra embarcaciones podrían generar sobre la viabilidad del diálogo.

Estados negociadores

El 4 de agosto, Qatar informó que los esfuerzos diplomáticos orientados a resolver el conflicto entre Estados Unidos e Irán se encontraban en una fase avanzada. El portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores, Majed Al-Ansari, señaló que los mediadores mantenían contactos con las partes y que se intercambiaban borradores de un posible acuerdo. En este contexto, Doha indicó que su objetivo inmediato consistía en alcanzar una solución de corto plazo que permitiera reducir las tensiones y facilitar el retorno de Washington y Teherán a la mesa de negociaciones. Qatar destacó, además, su coordinación con Omán para facilitar el intercambio de propuestas y aproximaciones entre las partes, mientras descartó que existieran, en ese momento, conversaciones directas entre Estados Unidos e Irán. Esta posición situó a Qatar como uno de los principales actores regionales involucrados en los esfuerzos de mediación y en la búsqueda de condiciones para reactivar el proceso diplomático.

El 7 de agosto, Arabia Saudita, Turquía y Pakistán suscribieron el Acuerdo de Defensa de La Meca, mediante el cual establecieron que un ataque contra cualquiera de los tres Estados sería considerado un ataque contra los demás. El acuerdo representó un mecanismo orientado a reforzar la cooperación en materia de seguridad entre sus miembros. Al día siguiente, Turquía precisó que el acuerdo no estaba dirigido contra Irán. El ministro de Asuntos Exteriores, Hakan Fidan, señaló que el mecanismo venía siendo negociado desde aproximadamente tres años antes de su suscripción y planteó la posibilidad de incorporar posteriormente a Egipto. De esta manera, Ankara presentó el acuerdo como una iniciativa de cooperación en materia de seguridad regional y no como una estructura específicamente orientada a contener a Teherán.

Grupos pro iraníes

Otros actores vinculados con el conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán también incidieron en la dinámica regional, especialmente los hutíes de Yemen. Entre el 5 y el 9 de agosto, el grupo, respaldado por Irán, mantuvo acciones contra objetivos vinculados con Arabia Saudita. El 5 de agosto, los hutíes afirmaron haber atacado un buque saudí en el golfo de Adén. Posteriormente, el 9 de agosto, señalaron haber realizado ataques contra fuerzas saudíes en la ciudad yemení de Mocha y, de manera separada, contra una refinería petrolera saudí ubicada en la costa del mar Rojo. Estas acciones se produjeron pocos días después de la suscripción del Acuerdo de Defensa de La Meca entre Arabia Saudita, Turquía y Pakistán, lo que añadió presión sobre los intereses saudíes en un contexto de fortalecimiento de los mecanismos regionales de cooperación en materia de seguridad. En este sentido, la actividad de los hutíes contribuyó a ampliar la dimensión regional de la confrontación y evidenció la incidencia de actores vinculados con Irán sobre la dinámica de seguridad del Golfo y el mar Rojo.

SITUACIÓN HUMANITARIA Y SOCIAL

Dimensión Político y Diplomática
Variable Puntaje individual Puntaje total Intensidad
Víctimas y Desplazados 🔴Gravedad Extrema (-3) -3 🔴Extrema Intensidad
Infraestructura Crítica 🟠Gravedad Alta (-2)
Violaciones al DIH 🔴Gravedad Extrema (-3)

 

El período comprendido entre el 3 y el 16 de agosto de 2026 registró una intensificación de las hostilidades a nivel regional, con un impacto significativo sobre la población civil. La acumulación de bajas civiles y el desplazamiento de más de 18.000 personas en Líbano y 13.000 en Irán agravaron la vulnerabilidad de las poblaciones no combatientes en múltiples frentes. Asimismo, los ataques contra infraestructura energética, portuaria y logística provocaron daños en las refinerías de Jizán y Zawiya, así como en la infraestructura portuaria de Al-Mukha, con posibles repercusiones sobre el acceso a bienes y servicios esenciales. Este cuadro se profundizó por la inobservancia de las normas del Derecho Internacional Humanitario (DIH), evidenciada en el presunto empleo de fósforo blanco, la ocupación militar de viviendas civiles y tratos degradantes a personas privadas de libertad.

Víctimas y Desplazados

El periodo analizado estuvo marcado por un impacto significativo sobre la población civil y por el desplazamiento de miles de personas en distintos puntos de la región. Los ataques y enfrentamientos afectaron las condiciones de seguridad de las poblaciones locales y provocaron pérdidas humanas, lesiones y desplazamientos, además de daños en viviendas e infraestructura vinculada con servicios esenciales.

En Irán, los ataques concentrados en las provincias del sur, como Bushehr, Hormozgan y Khuzestan, ocasionaron daños en infraestructura y afectaron las condiciones de vida de la población. Durante la quincena, el saldo acumulado en territorio iraní alcanzó aproximadamente 140 personas fallecidas (45 civiles y 95 efectivos militares) y cerca de 532 heridos de diversa consideración, lo que provocó la reubicación forzada de más de 13.200 personas dentro del país. El 5 de agosto, las autoridades iraníes reconocieron públicamente la magnitud del impacto humano, incluidas las secuelas físicas permanentes sufridas por parte de la población y la pérdida de personal militar. A los pocos días, los efectos del conflicto alcanzaron territorio jordano: el 12 de agosto, el impacto de proyectiles balísticos en la base aérea de Muwaffaq Salti causó la muerte de tres personas y dejó más de un centenar de heridos en instalaciones habitacionales.

En Israel y los Territorios Palestinos Ocupados continuaron los episodios de violencia con un elevado impacto sobre la población. En territorio israelí, los ataques y las intercepciones aéreas dejaron un saldo de 10 fallecidos (5 civiles y 5 militares), 172 heridos y la evacuación preventiva de casi 1.540 personas. Durante el mismo período, la Franja de Gaza registró nuevos episodios de destrucción y pérdidas civiles: el 3 de agosto se reportaron al menos 13 civiles muertos por ataques aéreos, mientras que el 4 de agosto se celebraron exequias por 112 personas recuperadas de entre los escombros en el barrio de Sabra. Asimismo, se reportaron más de 300 fallecidos entre dos familias extendidas y decenas de personas permanecían atrapadas entre los escombros. En Cisjordania, los ataques contra infraestructura residencial en Tuba (Masafer Yatta), las incursiones en el campo de refugiados de Qalandia y la imposición de toques de queda provocaron múltiples lesiones entre la población civil. A ello se sumaron desplazamientos forzados derivados de la conversión de viviendas particulares en puestos de mando.

En la península arábiga y territorios cercanos,el conflicto también tuvo consecuencias sobre la población y el personal desplegado en la región. Los Estados del Consejo de Cooperación del Golfo registraron 3 fallecidos y 30 heridos como consecuencia de distintos incidentes. En el frente yemení y las zonas interfronterizas, los enfrentamientos provocaron nuevas pérdidas humanas: los ataques del 6 de agosto contra posiciones militares en Marib dejaron más de 45 efectivos muertos y alrededor de 80 heridos. Días después, los ataques registrados en la provincia saudí de Nayran, el 7 de agosto, y el bombardeo sobre el puerto de Al-Mukha, el 13 de agosto, provocaron al menos 25 fallecidos adicionales y decenas de heridos.

El Líbano representó uno de los principales focos de emergencia humanitaria por la magnitud de los desplazamientos registrados durante el periodo. Los ataques en localidades meridionales como Burj el-Shamali, las alturas de Ali al-Taher y Tebnine provocaron la muerte de 104 personas (34 civiles y 70 combatientes de Hezbollah) y dejaron más de 419 heridos. Asimismo, las restricciones a la movilidad y la continuidad de los enfrentamientos en la zona fronteriza limitaron el acceso de la población a sus viviendas y tierras agrícolas, lo que contribuyó al desabastecimiento y obligó a más de 18.400 personas a desplazarse hacia el norte y el valle de Bekaa.

En Irak, los ataques contra las Unidades de Movilización Popular (Al-Hashd al-Shaabi, PMF por sus siglas en inglés) y la violencia registrada en la región del Kurdistán iraquí dejaron 18 fallecidos (16 combatientes y 2 civiles), 51 heridos y aproximadamente 200 desplazados. Según la información registrada, la región había contabilizado 88 ataques durante el último mes. En Siria, los ataques en las zonas de Deir ez-Zor y Daraa provocaron 11 fallecidos (4 civiles y 7 milicianos), 32 heridos y aproximadamente 640 desplazados.

El balance consolidado al 16 de agosto de 2026 evidencia que la acumulación de víctimas, los daños a infraestructura y bienes esenciales y la saturación de los centros de acogida incrementaron las dificultades para satisfacer las necesidades básicas de las poblaciones afectadas en distintos puntos de la región.

Infraestructura crítica

Durante el periodo analizado, distintos ataques afectaron infraestructura energética, portuaria, aeroportuaria y logística en varios puntos de la región. Los daños comprometieron instalaciones vinculadas con el procesamiento y almacenamiento de combustibles, el transporte marítimo y aéreo y el abastecimiento de bienes esenciales, con posibles repercusiones sobre la continuidad de servicios y actividades económicas.

En el ámbito energético, las instalaciones de refinación y almacenamiento de combustible registraron múltiples daños y afectaciones operativas. En la península arábiga, un dron impactó el 14 de agosto en la refinería de Aramco en Jizán, Arabia Saudita, en lo que constituyó el quinto ataque registrado contra dicha instalación, afectando su capacidad de procesamiento. Los daños a instalaciones petroleras también alcanzaron el norte de África: el 11 de agosto, un ataque con drones contra la refinería de Zawiya, en Libia, destruyó un depósito con 4,5 millones de litros de combustible, lo que llevó a la Corporación Nacional de Petróleo a declarar el estado de máxima emergencia. Asimismo, la difusión de imágenes satelitales el 9 de agosto por parte de medios estatales iraníes reportó daños ocurridos durante el mes anterior en instalaciones regionales, entre ellas la refinería de Habshan y una estación de bombeo de combustible en el puerto de Jebel Ali, en los Emiratos Árabes Unidos.

En los sectores marítimo, portuario y aéreo, los daños afectaron instalaciones relevantes para el transporte y la actividad comercial regional. En los Emiratos Árabes Unidos, la zona industrial y la marina industrial de Jebel Ali, en Dubái, registraron incendios y daños considerables entre el 4 y el 6 de agosto, atribuidos a ataques y a incendios industriales derivados. Posteriormente, el 5 de agosto, los hutíes (Ansar Allah) anunciaron un ataque con drones contra el aeropuerto saudí de Nayrán. El puerto de Mokha, en el suroeste de Yemen, también fue objeto de ataques: el 14 de agosto, hasta cuatro misiles balísticos hutíes provocaron un incendio en sus inmediaciones, seguido el 16 de agosto por una nueva oleada de drones y misiles contra la misma infraestructura comercial.

En el ámbito agrícola y de abastecimiento, los daños a infraestructura y bienes de producción afectaron las condiciones de acceso a recursos y actividades económicas locales. En Cisjordania ocupada, maquinaria del ejército israelí demolió el 3 de agosto estructuras agrícolas palestinas en Beit Furik, al este de Nablus. Por otra parte, reportes del 15 de agosto, basados en información de inteligencia, señalaron que ataques iraníes ejecutados en la región del Golfo destruyeron instalaciones logísticas utilizadas para el reabastecimiento de fuerzas estadounidenses, lo que afectó la capacidad de abastecimiento y mantenimiento de sus operaciones en la región.

En conjunto, los acontecimientos registrados durante la primera quincena de agosto evidenciaron daños en instalaciones energéticas, portuarias, aeroportuarias, agrícolas y logísticas. La afectación de estos servicios e instalaciones puede generar interrupciones en el transporte, el abastecimiento de combustible y otros bienes, así como mayores dificultades para mantener las actividades económicas y la prestación de servicios esenciales en las zonas afectadas.

Violaciones al Derecho Internacional Humanitario

El análisis del período refleja una acentuada degradación en la observancia de las disposiciones fundamentales del Derecho Internacional Humanitario (DIH), establecidas en los Convenios de Ginebra y sus Protocolos Adicionales. Entre los principales hechos documentados o denunciados se encuentran el presunto empleo de armas incendiarias en zonas habitadas, el trato degradante a personas privadas de libertad, la utilización de viviendas civiles con fines militares y posibles afectaciones a sitios protegidos por su valor religioso o cultural. La valoración de estos hechos requiere considerar los principios de distinción, precaución y proporcionalidad aplicables a la conducción de las hostilidades.

En relación con el empleo de medios de combate con posibles efectos indiscriminados, se documentó el presunto uso de agentes incendiarios en la zona fronteriza sur del Líbano. El 15 de agosto se reportó el presunto empleo de fósforo blanco por parte de la Fuerza Aérea israelí durante operaciones dirigidas contra posiciones de Hezbollah en la zona de Ali al-Taher, lo que contraviene los protocolos internacionales sobre restricciones en el uso de armas incendiarias y la obligación de limitar los sufrimientos innecesarios.

Asimismo, la conducción de operaciones de control territorial en zonas habitadas vulneró de manera sistemática las garantías de inmunidad y protección de la población civil y sus bienes patrimoniales. Entre el 13 y el 14 de agosto, durante el asedio a Qusra, en Cisjordania, colonos armados e integrantes de las fuerzas militares sitiaron viviendas particulares, cortaron los suministros de agua y electricidad y retuvieron a al menos 15 personas en su interior. En ese contexto, tropas israelíes ocuparon varias residencias para utilizarlas como puestos de mando, situación que se mantuvo hasta el repliegue de los colonos tras presiones diplomáticas internacionales. Adicionalmente, el 14 de agosto se denunció que un colono armado ingresó a un terreno privado cerca de Belén y realizó disparos al aire para expulsar a activistas presentes en el lugar. Aunque el ejército retiró a los activistas, no restituyó la propiedad al residente afectado.

En cuanto al trato debido a las personas desarmadas, detenidas o bajo custodia, se registraron graves transgresiones a las normas que prohíben los tratos crueles, inhumanos o degradantes. El 13 de agosto, las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) impusieron sanciones disciplinarias a cinco soldados tras la difusión en redes sociales de material fotográfico que documentaba el trato humillante infligido a un detenido palestino procedente de Gaza, quien fue desnudado y atado por los efectivos. En el plano de las desapariciones forzadas y las privaciones ilegítimas de la libertad, el 10 de agosto se confirmó la falta de información oficial sobre el paradero del historiador ruso-israelí Artyom Kirpichenok, retenido tras su arribo al país el 4 de agosto para asistir a una conferencia y presuntamente trasladado a un recinto penitenciario bajo la órbita del Shin Bet, sin que las autoridades hubieran confirmado oficialmente su situación jurídica.

Por último, la protección especial conferida por el DIH a los sitios históricos, culturales y religiosos también fue objeto de controversia durante el período analizado. El 5 de agosto, en una reunión de emergencia convocada en Amán por los ministros de Asuntos Exteriores de los Estados árabes, las autoridades de la región denunciaron de manera unánime la escalada de tensiones en Jerusalén Este y acusaron formalmente a las autoridades israelíes de alterar el statu quo histórico de los lugares sagrados islámicos y cristianos, lo que vulnera las obligaciones internacionales de preservación del patrimonio cultural y religioso en territorios bajo ocupación.

SITUACIÓN ECONÓMICA Y ENERGÉTICA

Dimensión Económica y Energética
Variable Puntaje individual Puntaje total Intensidad
Cantidad de Buques Comerciales 🟠Impacto Alto (-2) -2 🟠Alta Intensidad
Desvío de Tránsito 🟠Impacto Alto (-2)
Commodities Energéticas 🟠Impacto Alto (-2)

 

buque de guerra y lanchas vigilando los barcos mercantes.

Durante el período analizado, el tráfico marítimo por el estrecho de Ormuz alcanzó un máximo de 14 buques los días 6 y 10 de agosto y un mínimo de 0 el 9 de agosto, lo que evidenció una fuerte reducción de la navegación comercial por esta vía. En cuanto a las rutas alternativas alrededor del cabo de Buena Esperanza, el número de buques alcanzó un máximo de 95 el 5 de agosto y descendió a 78 el día 16. En paralelo, el precio del Brent registró su nivel más bajo del periodo el 4 de agosto, en USD 79,36 por barril, mientras que posteriormente se aproximó a los USD 90 por barril.

Cantidad de buques

El 3 de agosto se registraron 8 buques comerciales, de los cuales cinco correspondieron a petroleros o gaseros y tres a graneleros. El volumen se mantuvo prácticamente sin variación el 4 de agosto, también con 8 buques, debido a la persistencia de los ataques y la incertidumbre sobre las condiciones de navegación. Al día siguiente, el tránsito aumentó a 12 embarcaciones, cuatro más que la jornada previa, impulsado por la salida de un metanero de la Compañía Nacional de Petróleo de Abu Dabi (ADNOC) y la autorización de determinados movimientos bajo supervisión de las autoridades iraníes.

El 6 de agosto se alcanzaron 14 buques, el máximo del período hasta ese momento. El incremento de dos embarcaciones estuvo asociado a las expectativas de un entendimiento entre Irán y Omán y a la utilización del corredor costero administrado por Teherán. Sin embargo, al día siguiente el flujo descendió a 12 buques, una caída de dos unidades vinculada al elevado riesgo de interdicción y a la acumulación de petroleros en fondeaderos. Los datos disponibles también muestran que la mayor parte del tráfico residual se desplazaba por la ruta unilateral iraní, mientras que el corredor alternativo permanecía prácticamente marginal.

El 8 de agosto se produjo una contracción abrupta hasta 5 buques, siete menos que el día anterior, después de nuevos incidentes contra petroleros y ante la proximidad del vencimiento de la tregua. Al día siguiente, la navegación cayó a 0 buques, frente a los cinco de la jornada previa, lo que reflejó una paralización temporal casi completa del tránsito. Kpler, firma especializada en análisis de datos de seguimiento marítimo, confirmó posteriormente que durante ese fin de semana solo cinco embarcaciones cruzaron el estrecho el sábado y ninguna el domingo, frente a 31 durante el fin de semana anterior.

El 10 de agosto, el tráfico se recuperó hasta 14 buques, un aumento de 14 unidades respecto del día anterior, mediante autorizaciones específicas para atravesar el corredor controlado por Irán. Al día siguiente, descendió a 8, seis menos que la jornada previa, en un contexto de renovadas operaciones militares y restricciones sobre los accesos a puertos iraníes. El 12 de agosto se registraron 9 buques, un aumento de una unidad, mientras continuaba la concentración prácticamente total en la ruta iraní.

El 13 de agosto, el tránsito aumentó hasta 13 embarcaciones, cuatro más que el día anterior, aunque nuevos ataques contra buques vinculados a ADNOC limitaron la posibilidad de una recuperación sostenida. Al día siguiente, el volumen cayó a 11, dos menos, en un contexto de intensificación de las amenazas, los ataques y las interferencias a la navegación. Los registros de Kpler situaron el promedio de agosto en torno a 12 buques diarios, muy por debajo de los más de 130 tránsitos previos al conflicto.

El 15 de agosto se contabilizaron 10 buques, uno menos que el día anterior, mientras los operadores priorizaron tonelaje no occidental y adoptaron medidas adicionales de identificación. Finalmente, el 16 de agosto, el tráfico aumentó a 12 embarcaciones, dos más que el día anterior, aunque permaneció condicionado por la falta de un acuerdo operativo reconocido internacionalmente. En conjunto, las variaciones diarias muestran que los repuntes respondieron principalmente a autorizaciones puntuales y al uso de corredores controlados por Irán, mientras que las caídas estuvieron asociadas a ataques, amenazas de interdicción, incertidumbre diplomática y decisiones precautorias de armadores y aseguradoras.

Desvío de tránsito

El tráfico marítimo mostró una reconfiguración gradual entre el canal de Suez y el cabo de Buena Esperanza, aunque sin una normalización generalizada de las rutas tradicionales. Las grandes navieras habían comenzado a reevaluar el corredor trans-Suez antes de agosto, pero la persistencia de amenazas en el mar Rojo mantuvo una parte significativa de la flota en la ruta africana.

En Suez, el volumen pasó de 29 buques el 3 de agosto a 42 el día 16, un incremento de 13 unidades, equivalente a aproximadamente un 45 %. El crecimiento fue progresivo: aumentó un buque diario durante buena parte de la primera semana y se aceleró posteriormente, lo que coincidió con la decisión de Maersk y Hapag-Lloyd de reanudar servicios adicionales a través del mar Rojo y el canal de Suez.

En el estrecho de Bab el-Mandeb, el comportamiento fue más irregular. El tránsito comenzó con 22 buques el 3 de agosto, se mantuvo en 22 el día 7 y posteriormente aumentó hasta 31 el día 16, nueve unidades más que al inicio. Sin embargo, los ataques hutíes continuaron afectando la percepción de riesgo: el 11 de agosto, un ataque contra el carguero Tihamah provocó víctimas fatales, lo que evidenció la persistencia de riesgos para la navegación en el corredor.

El movimiento inverso se observó en el cabo de Buena Esperanza. El tráfico pasó de 88 buques el 3 de agosto a 78 el día 16, una reducción de 10 unidades. El descenso fue especialmente visible después del máximo de 95 buques registrado el 5 de agosto, cuando la ruta africana absorbía todavía una parte importante del tráfico desviado.

La evolución refleja un traslado gradual de parte del tráfico desde la ruta africana hacia Suez, pero no una normalización completa. La recuperación del corredor septentrional coexistió con desvíos persistentes, particularmente para buques y cargas expuestos a los riesgos del mar Rojo. Además, algunos petroleros saudíes continuaron evitando Bab el-Mandeb y utilizando rutas alrededor de África, lo que demuestra que la recuperación del tráfico dependía del tipo de buque, su bandera, carga y exposición al riesgo.

Commodities energéticas

El 3 de agosto, el Brent cayó con fuerza hasta aproximadamente USD 83,5, después de que las expectativas de negociaciones entre Washington y Teherán redujeran temporalmente el riesgo percibido sobre el suministro. Al día siguiente, volvió a descender hasta USD 79,36, su mínimo de varias semanas, ante nuevas expectativas de una solución diplomática.

La tendencia se revirtió durante la segunda mitad de la semana. El deterioro de las perspectivas de reapertura del estrecho de Ormuz y la persistencia de restricciones sobre el tráfico marítimo impulsaron nuevamente al Brent hacia la zona de USD 84–85 el día 7. Para el 10 de agosto, las dudas sobre las negociaciones y las condiciones exigidas por Irán para restablecer la navegación volvieron a ejercer presión al alza sobre los precios.

Durante los dos días siguientes, la presión sobre el mercado físico continuó, mientras los ataques y la reducción del tránsito marítimo mantenían limitada la disponibilidad de hidrocarburos. La Agencia Internacional de la Energía (AIE) señaló que las exportaciones regionales habían disminuido de manera significativa y redujo sus previsiones de suministro mundial para 2026, mientras que también recortó en aproximadamente 550.000 barriles diarios su previsión de demanda para el segundo semestre.

La dinámica del período evidencia que el precio no respondió únicamente a la pérdida potencial de barriles, sino también a la disponibilidad de transporte. La caída del tráfico por el estrecho de Ormuz, que llegó a niveles prácticamente nulos durante el fin de semana del 15 y 16 de agosto, reforzó las expectativas de escasez y elevó los costos logísticos.

Al cierre del período, el Brent permanecía cerca de USD 89, mientras que el 17 de agosto superó nuevamente los USD 90 ante el deterioro de las perspectivas diplomáticas. La evolución confirma un mercado tensionado por la combinación de restricciones físicas de oferta, interrupciones del transporte y ajustes de la demanda, más que por un único factor.

Este es un artículo de opinión. Las opiniones y contenido no reflejan o representan necesariamente la postura del CEERI como institución.

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