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Informe N°11 | 20 de julio al 02 de agosto de 2026

Grupo de Investigación de Paz y Seguridad Internacionales.

Gonzalo Gabriel Dinamarca – Coordinador del Grupo de Investigación de Paz y Seguridad Internacional.
Redactor de Situación Militar y Operacional; y Situación Económica y Energética.

Geri Giselle Lopez – Redactora de Situación Político y Diplomática.

Ivanna Duvara – Redactora de Situación Humanitaria y Social.

Hillary Samanta Villegas Gómez – Editora.

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Introducción 

El estallido del conflicto armado directo entre Estados Unidos e Israel contra Irán transformó una tensión diplomática en una confrontación bélica de consecuencias impredecibles. Tras fracasar las negociaciones sobre el programa nuclear y misilístico iraní, la orden de Donald Trump del 28 de febrero de 2026 de iniciar la “Operación Furia Épica” (la mayor movilización militar desde 2003 contra Irak), coordinada con la “Operación Rugido de León” de Israel, marcó el inicio de una guerra abierta. Los ataques contra instalaciones estratégicas provocaron una respuesta inmediata de Teherán con la “Operación Promesa Verdadera 4”.

Este informe analiza la escalada militar del conflicto, el papel de aliados regionales como los países europeos y los Estados árabes, y el impacto potencial sobre la población civil y los mercados energéticos globales.

El Grupo de Investigación en Paz y Seguridad Internacional del CEERI busca contribuir a una comprensión integral del conflicto mediante el seguimiento y el análisis sistemático de cuatro dimensiones clave: 1) militar y operacional; 2) política y diplomática; 3) humanitaria y social; y 4) económica y energética.

  • Situación Militar y Operacional

Esta dimensión del informe se enfoca en analizar y cuantificar la Escala de Magnitud de las Operaciones (EMO) en el conflicto entre Estados Unidos e Irán, priorizando el “cuántos y qué” se dispara/lanza y “desde dónde” (plataformas), más que la mera intención política. Se aplica un marco técnico y cuantificable que cubre los dominios convencionales (aéreo, terrestre y naval) e integra operaciones especiales y cibernéticas como factores de impacto estratégico.

Se evalúan campañas de supresión aérea, ataques de precisión, defensa en profundidad, guerra de enjambre y minado de chokepoints, además de incursiones limitadas y protección de bases. También incorpora acciones de sabotaje o saturación cibernética. El objetivo es medir volumen, intensidad, capacidad de respuesta y evolución de la confrontación en todos los dominios.

  • Situación Política y Diplomática

Esta dimensión del informe analiza y evalúa cómo las declaraciones diplomáticas y las alianzas emitidas por actores directos y externos (Estados) condicionan o hacen evolucionar el conflicto entre Estados Unidos e Irán, incluyendo las manifestaciones de organismos internacionales, en particular el OIEA, la OPEP y la OIC.

Su medición se basa en la Matriz de Evolución Política (MEP), un índice mixto (cualitativo y cuantitativo) que determina si el entorno internacional tiende a mitigar o a agravar la confrontación. Se examinan, por tanto, los esfuerzos orientados a las conversaciones de paz, a las mediaciones y a las declaraciones de los actores afectados por el conflicto. Asimismo, se identifican los obstáculos y retos que dificultan el logro de un cese del fuego o de un acuerdo de paz.

  • Situación Humanitaria y Social

Esta dimensión evalúa el impacto sobre la población civil y el cumplimiento del Derecho Internacional Humanitario (DIH) en el conflicto entre Estados Unidos e Irán. Emplea un Índice de Degradación Humanitaria (IDH) que sintetiza el costo humano y el riesgo jurídico internacional para medir el deterioro, identificar tendencias y estimar la probabilidad de sanciones o responsabilidades penales.

Se registran víctimas civiles (fallecidos y heridos) y desplazamientos forzados, tanto internos (incluidos movimientos hacia los montes Zagros) como externos hacia Turquía, Irak y Pakistán. También examina daños a la infraestructura crítica (electricidad, agua, hospitales y telecomunicaciones) y posibles violaciones del DIH, incluido el trato a prisioneros conforme a los Convenios de Ginebra.

  • Situación Económica y Energética

Esta dimensión actúa como análisis del motor de presión global del conflicto, afectando especialmente a la economía mundial a través del estrecho de Ormuz, por donde circula aproximadamente el 20% del petróleo mundial. Para evaluar si la crisis permanecerá de carácter regional o se transformará en un shock energético global con efectos inflacionarios y financieros, se emplea el Índice de Shock Económico (ISE).

Se analizarán variables como la cantidad de buques comerciales, porcentaje de desvíos de ruta (por ejemplo, la circunnavegación por el sur de África) y costos asociados a posibles interrupciones, así como el incremento de la volatilidad en los precios de los commodities energéticos, en particular del petróleo (Brent/WTI) y del gas natural licuado (GNL).

Dimensión Indicador Operacionalizado Intensidad del Conflicto
1. Dimensión Militar y Operacional Operaciones Terrestres + Aéreas + Navales + Especiales 🔴Extrema Intensidad
2. Dimensión Política y Diplomática Actores directos + Actores Externos + ORG Inter 🟠Alta Intensidad
3. Dimensión Humanitaria y Social  Víctimas y Desplazados + Infraestructura Crítica + Violaciones al DIH 🔴Extrema Intensidad
4. Dimensión Económica y Energética Cantidad de Buques Comerciales + Desvío de Tránsito + Commodities Energéticas 🔴Extrema Intensidad

SITUACIÓN MILITAR Y OPERACIONAL

Dimensión Militar y Operacional
Variable Puntaje individual Puntaje total Intensidad
Terrestre 🟠Magnitud Alta (262) 1054 🔴Extrema Intensidad
Aérea 🔴Magnitud Extrema (434)
Naval 🟠Magnitud Alta (194)
Especial 🟠Magnitud Alta (164)

 

Huties de Yemen.

Entre el 20 de julio y el 2 de agosto de 2026, el conflicto ingresó en una nueva fase de guerra multidominio. En el ámbito terrestre, se intensificaron las operaciones contra infraestructura militar, redes logísticas y fuerzas proxy en Irán, Irak y el Líbano. En el dominio aéreo, la coalición liderada por Estados Unidos mantuvo campañas SEAD/DEAD contra radares, defensas antiaéreas y centros de mando e inteligencia, mientras Irán respondió con misiles balísticos y enjambres de drones. En el teatro naval, el estrecho de Ormuz y el mar Rojo continuaron siendo los principales focos de confrontación a través de bloqueos, interdicciones, minas y ataques contra el tráfico mercante. Paralelamente, el ciberespacio se consolidó como un frente estratégico con operaciones de espionaje, sabotaje contra infraestructuras críticas, guerra electrónica e interferencias sobre sistemas de navegación marítima y redes industriales.

Operaciones Terrestres

El conflicto evolucionó hacia una fase marcada por ataques de precisión, guerra híbrida y una creciente actividad de actores proxy. La coalición liderada por Estados Unidos combinó campañas de interdicción aérea contra infraestructura militar iraní con operaciones destinadas a degradar la capacidad de mando, producción y despliegue de misiles, mientras Irán respondió mediante ataques con drones, misiles balísticos y el empleo de fuerzas aliadas en Irak, el Líbano y Yemen. El período se caracterizó por una mayor participación de los Estados del Golfo y por la reconfiguración de los frentes de combate.

El 20 de julio, Israel inició la transferencia del sector piloto de Zawtar al-Gharbiyeh al Ejército Libanés, mientras Estados Unidos bombardeó el complejo militar de Khojir y la base Ghazi Tabatabaei en Tabriz, instalaciones vinculadas a la producción de propelentes e instrucción del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI). Jordania y Baréin interceptaron drones y proyectiles iraníes dirigidos contra infraestructura estratégica.

El 21 y 22 de julio, el Ejército Libanés consolidó su despliegue en el sur del Líbano, mientras la aviación estadounidense destruyó la infraestructura de bases aéreas tácticas iraníes de Hamadán y Konarak, entre ellas instalaciones subterráneas. Paralelamente, ataques de interdicción sobre el paso de Shalamcheh buscaron cortar las líneas logísticas de la Fuerza Quds hacia las milicias iraquíes.

El 23 de julio, el rechazo iraní a una propuesta de alto el fuego coincidió con bombardeos estadounidenses contra centros de telecomunicaciones militares en Bandar Abbas y posiciones defensivas en Ahvaz. Como represalia, el Ejército iraní (Artesh) lanzó enjambres de drones contra las bases de Sheikh Isa, Muwaffaq Salti, Al Udeid y Camp Arifjan, intentando saturar las defensas aéreas regionales.

El 24 de julio marcó la fase de mayor intensidad operativa del período. Estados Unidos destruyó el radar Ghadir de alcance sobre el horizonte (OTH, por sus siglas en inglés), cuarteles del CGRI y la sede naval de Zibakenar, mientras Baréin y Kuwait participaron en ataques sobre territorio iraní. Irán respondió con misiles balísticos contra la base Ali al-Salem, ataques con drones sobre Camp Buehring, un centro de datos en Baréin y un radar Patriot en Erbil. Simultáneamente, la Armada estadounidense reforzó el bloqueo naval en el golfo de Omán.

Entre el 25 y 27 de julio, Irán aceleró el reensamblaje de misiles Kheybar Shekan y operó simultáneamente contra grupos insurgentes kurdos y baluchis. En Yemen, los hutíes derribaron un drone Bayraktar Akinci saudí y continuaron intercambios de fuego fronterizos. Jordania y las fuerzas estadounidenses interceptaron nuevos drones sobre Jordania y Erbil, mientras persistían tensiones entre las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) y el Ejército Libanés.

El 28 de julio, la Fuerza Aeroespacial del CGRI lanzó misiles balísticos contra la base Muwaffaq Salti en Jordania. Estados Unidos y Arabia Saudita respondieron con bombardeos sobre posiciones de Kataib Hezbollah y de la Fuerza Quds en Irak, y neutralizaron mandos operativos. Paralelamente, la Marina del CGRI atacó petroleros en el estrecho de Ormuz y Hezbollah reanudó ataques con drones contra Israel.

Entre el 29 de julio y el 2 de agosto, el conflicto se orientó hacia la reorganización de las redes proxy. Los hutíes establecieron un centro de coordinación en Jurf al-Sakhr junto a las Fuerzas de Movilización Popular (PMF, por sus siglas en inglés), mientras continuaron ataques indirectos contra posiciones de la coalición. Estados Unidos destruyó defensas costeras en la isla de Kish, eliminó lanzadores móviles de misiles y depósitos de municiones de Kataib Hezbollah en Anbar. Asimismo, el CGRI desarrolló operaciones contrainsurgentes contra Jaish al-Adl, el Partido de la Vida Libre del Kurdistán (PJAK) y el Partido Democrático del Kurdistán de Irán (PDKI). A su vez, Hezbollah mantuvo ataques con misiles antitanque contra posiciones israelíes, y la artillería iraní continuó bombardeando objetivos en el Kurdistán iraquí. Estas acciones reflejaron la creciente combinación de guerra convencional, insurgencia y empleo de fuerzas proxy como elementos centrales de la estrategia regional iraní.

Operaciones Aéreas

La campaña aérea entre la coalición encabezada por Estados Unidos e Israel, por un lado, e Irán, por el otro, evolucionó hacia una fase caracterizada por operaciones aéreas y misilísticas de alta complejidad. Durante este período, Washington mantuvo una estrategia centrada en campañas de Supresión de las Defensas Aéreas Enemigas y Destrucción de las Defensas Aéreas Enemigas (SEAD/DEAD) para degradar radares, sistemas de defensa antiaérea, infraestructura de mando, control, comunicaciones, computación, inteligencia, vigilancia y reconocimiento (C4ISR), depósitos de misiles y centros de producción militar iraníes mediante ataques de precisión ejecutados por aeronaves de quinta generación, bombarderos de largo alcance y medios de reabastecimiento en vuelo.

El 20 de julio, los ataques estadounidenses se concentraron en emplazamientos de misiles balísticos en Urmia y otras posiciones del centro de Irán, mientras el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) respondió dispersando lanzadores móviles hacia instalaciones subterráneas. Paralelamente, el CGRI atacó buques petroleros en el golfo de Omán mediante drones y embarcaciones rápidas, además de emplear drones de ataque contra la planta eléctrica y desalinizadora de Al-Zour, en Kuwait. Ansar Allah inició acciones para imponer un bloqueo marítimo parcial en el mar Rojo mediante intimidación al tráfico comercial.

Entre el 21 y 24 de julio, Estados Unidos amplió la ofensiva destruyendo radares, baterías antiaéreas y centros de producción de misiles, incluido el complejo militar de Parchin, mientras Irán respondió con salvas de misiles balísticos y drones dirigidos contra bases estadounidenses en Kuwait, Baréin, Jordania y Qatar. Simultáneamente, Ansar Allah empleó misiles antibuque y drones contra petroleros saudíes en el estrecho de Bab al-Mandeb, mientras minas navales iraníes afectaban la navegación en el estrecho de Ormuz. Informes de inteligencia señalaron además el suministro ruso de imágenes satelitales para mejorar la localización de objetivos y la evaluación de daños de combate.

Entre el 25 y 27 de julio se produjo una pausa temporal en los bombardeos estadounidenses. Irán aprovechó ese intervalo para reparar redes de comunicaciones, sustituir enlaces de fibra óptica por comunicaciones satelitales, redistribuir baterías antiaéreas móviles y continuar el ensamblaje de misiles Kheybar Shekan. Al mismo tiempo, el Mando Central de Estados Unidos (CENTCOM) mantuvo el bloqueo naval y operaciones de interdicción marítima, mientras Jordania y Arabia Saudita interceptaban drones procedentes de Irak y Yemen.

El 28 de julio marcó la principal escalada del período. La Fuerza Aeroespacial del CGRI lanzó un ataque masivo con misiles balísticos Kheybar Shekan contra instalaciones militares estadounidenses en Jordania: logró superar parcialmente los sistemas Patriot y de Defensa de Área a Gran Altitud Terminal (THAAD, por sus siglas en inglés), y causó daños en infraestructuras de comunicaciones e inteligencia. Como respuesta inmediata, Estados Unidos y Arabia Saudita ejecutaron bombardeos coordinados contra depósitos de misiles, centros logísticos y posiciones de las Fuerzas de Movilización Popular e integrantes del CGRI en la frontera entre Irak e Irán. Ese mismo día, Ansar Allah atacó al petrolero saudí NCC Ghazal, mientras el CGRI afirmó haber alcanzado varios buques comerciales en el estrecho de Ormuz, lo que incrementó la presión sobre las rutas energéticas regionales.

Entre el 29 de julio y el 2 de agosto, Estados Unidos reanudó los bombardeos contra defensas antiaéreas y centros de control de drones iraníes, mientras continuaban incidentes marítimos, incluidos ataques contra buques mercantes cerca de Omán y en el Mediterráneo oriental. El CGRI reforzó su despliegue de lanzadores móviles y anunció planes para atacar infraestructura energética regional si continuaban las ofensivas estadounidenses. Aunque Washington suspendió nuevas campañas de bombardeo para favorecer contactos diplomáticos, Irán aprovechó la reducción de la presión militar para incorporar sistemas Verba portátiles de defensa antiaérea (MANPADS, por sus siglas en inglés) de origen ruso y otros sistemas chinos, además de ampliar su producción de drones. Finalmente, surgieron diferencias entre el sector diplomático iraní y el CGRI respecto a la reapertura del estrecho de Ormuz, lo que reflejó tensiones internas sobre la conducción estratégica del conflicto.

Operaciones Navales

El dominio marítimo de Medio Oriente registró una de las fases de mayor intensidad operacional desde el inicio del conflicto. La campaña comenzó con ataques aeronavales estadounidenses contra centros de mando, radares costeros, baterías de misiles antibuque y bases de la Marina del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI-N) mediante cazas embarcados y misiles de crucero BGM-109 Tomahawk, mientras petroleros comerciales fueron atacados en las proximidades del estrecho de Ormuz y los hutíes ampliaron su bloqueo marítimo en el mar Rojo.

Durante los días siguientes, la campaña evolucionó hacia la degradación sistemática de la capacidad iraní de denegación de área (A2/AD). Bombas guiadas destruyeron hangares de drones navales en Bushehr, mientras cazas F/A-18E Super Hornet neutralizaron radares y baterías móviles de misiles antibuque en la isla de Larak. Como respuesta, la CGRI-N incrementó la interdicción de buques mercantes, capturó petroleros y reforzó el empleo de lanchas rápidas, drones y misiles costeros para mantener la presión sobre la navegación comercial. La reducción del tránsito marítimo confirmó la eficacia estratégica de esta combinación entre bloqueo naval estadounidense y hostigamiento iraní.

Entre el 23 y el 25 de julio, el enfrentamiento adquirió un carácter predominantemente táctico. Un enjambre de embarcaciones no tripuladas de superficie (USV) fue interceptado por el destructor USS Ross (DDG-71) mediante sistemas Phalanx CIWS, artillería naval y guerra electrónica. Posteriormente, fuerzas de la 11th Marine Expeditionary Unit (MEU) abordaron petroleros sospechosos de violar el bloqueo, consolidando la estrategia de interdicción marítima. Paralelamente, finalizaron las trece jornadas consecutivas de bombardeos estadounidenses, dando paso a una pausa operacional que no modificó el dispositivo naval desplegado.

Entre el 26 y el 31 de julio, ambas partes privilegiaron acciones de disuasión. Irán condicionó la suspensión de ataques con misiles y drones al mantenimiento de la pausa aérea estadounidense, aunque mantuvo activos los campos de minas y el control sobre Ormuz. Estados Unidos respondió con patrullas permanentes de P-8A Poseidon, interceptó drones Ababil-3, empleó helicópteros MH-60R Seahawk y misiles SM-6 del sistema Aegis para destruir un misil balístico antibuque hutí, además de utilizar aeronaves EA-18G Growler para interferir radares costeros iraníes. También se neutralizaron minas navales mediante helicópteros MH-53E Sea Dragon, mientras la CGRI-N recurrió a la falsificación de señales AIS (AIS spoofing) para dificultar el seguimiento de sus petroleros.

El 1 y 2 de agosto, un buque metanero catarí fue alcanzado durante su tránsito por Ormuz y nuevos intentos de acoso mediante lanchas rápidas fueron contenidos por aeronaves embarcadas estadounidenses. Simultáneamente, la Marina estadounidense confiscó otro petrolero vinculado a la denominada «flota en la sombra» iraní y mantuvo operaciones de guerra electrónica contra patrulleras de la CGRI-N. Al cierre del período, la combinación del bloqueo naval, la amenaza de minas, los ataques contra el tráfico mercante y la presencia simultánea de tres grupos de combate de portaaviones había reducido significativamente la libertad de navegación regional, inmovilizado a miles de tripulantes y consolidado al estrecho de Ormuz y al mar Rojo como los principales puntos de fricción estratégica para la seguridad energética y marítima internacional.

Operaciones Especiales

El dominio cibernético se consolidó como un ámbito operacional paralelo a las operaciones militares convencionales entre Estados Unidos, Israel e Irán. Mientras las campañas aéreas de la coalición degradaban infraestructura militar iraní, el gobierno iraní mantuvo una estrategia de respuesta asimétrica basada en espionaje, sabotaje contra infraestructuras críticas y guerra electrónica. Las primeras jornadas estuvieron dominadas por operaciones de reconocimiento de grupos de amenaza persistente avanzada (APT, del inglés Advanced Persistent Threat) vinculados al Ministerio de Inteligencia iraní y al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI), junto con interferencias sobre señales GPS y AIS en el golfo Pérsico para dificultar el seguimiento del tráfico naval y proteger los movimientos marítimos iraníes.

A medida que avanzó la campaña, los ataques evolucionaron desde operaciones de denegación de servicio (DDoS) contra entidades financieras hacia acciones más sofisticadas dirigidas contra sistemas de tecnología operacional (OT). La actualización de la alerta conjunta AA26-097A reveló que actores afiliados a Irán empleaban software legítimo de ingeniería industrial para modificar la lógica de control de Controladores Lógicos Programables (PLC) de fabricantes como Rockwell Automation, Siemens y Schneider Electric. Mediante la alteración de programas Ladder Logic e instrucciones complementarias (AOI, del inglés Add-On Instructions), y datos mostrados en interfaces hombre-máquina (HMI) y en sistemas de control de supervisión y adquisición de datos (SCADA), los atacantes buscaban ocultar cambios operacionales capaces de degradar procesos industriales esenciales sin alertar inmediatamente a los operadores.

De manera concurrente, grupos como Void Manticore, APT42 (Charming Kitten) y CyberAv3ngers desplegaron campañas de malware destructivo (wipers), ingeniería social, robo de credenciales y acceso remoto mediante módems celulares con vulnerabilidades para penetrar redes industriales estadounidenses e israelíes. Las operaciones afectaron especialmente instalaciones de agua potable en Minnesota y posteriormente en otros estados, lo que obligó a numerosos operadores a abandonar el control automatizado y a mantener las plantas bajo supervisión manual, aunque sin comprometer la calidad del agua suministrada. También se registraron intentos de alterar la logística marítima, falsificar señales de navegación (GPS spoofing) y ejecutar interferencias electrónicas sobre infraestructuras portuarias y sistemas de vigilancia costera, lo que evidenció la integración entre capacidades cibernéticas y guerra electrónica.

Las pausas temporales en los bombardeos estadounidenses no redujeron la actividad digital; por el contrario, las organizaciones vinculadas a Irán incrementaron sus operaciones contra infraestructuras civiles, lo que demostró que el ciberespacio mantiene una dinámica operacional independiente del ritmo de las acciones cinéticas. La respuesta estadounidense e israelí combinó inteligencia técnica, intercambio de indicadores de compromiso (IOC, del inglés Indicators of Compromise), fortalecimiento de la ciberdefensa industrial y neutralización de servidores de mando y control, lo que limitó el impacto físico de los ataques y preservó la continuidad de los servicios esenciales. El período confirmó que las infraestructuras OT, los servicios públicos descentralizados y los sistemas de navegación marítima constituyen objetivos prioritarios dentro de la guerra híbrida contemporánea, donde el desgaste estratégico ya no depende exclusivamente del empleo de armamento convencional, sino también de la capacidad para degradar la resiliencia tecnológica del adversario.

SITUACIÓN POLÍTICA Y DIPLOMÁTICA

Dimensión Política y Diplomática
Variable Puntaje individual Puntaje total Intensidad
Actores Directos 🔴Retroceso Mayor (-2) -5 🟠Alta Intensidad
Estados Europeos 🟠 Retroceso Menor (-1)
Estados Mulsumanes 🔴Retroceso Mayor (-2)
Pakistán y Turquía 🟡Avance Menor (+1)
Grupos Pro-iraníes 🔴Retroceso Mayor (-2)
Rusia y China 🟡Avance Menor (+1)
Otros actores externos 🟠 Retroceso Menor (-1)
ORG Internacional 🟡Avance Menor (+1)

 

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunciando la innovación nuclear estadounidense en el Despacho Oval de la Casa Blanca el 24 de julio.

Entre el 20 de julio y el 2 de agosto de 2026, el conflicto entre Estados Unidos e Irán se caracterizó por la combinación de intensificación militar y apertura limitada a la negociación. Mientras el gobierno de Estados Unidos incrementó los bombardeos sobre objetivos estratégicos iraníes, reforzó el bloqueo naval y mantuvo una política de presión máxima, las autoridades iraníes respondieron mediante ataques contra bases estadounidenses e infraestructura vinculada a la presencia militar de Estados Unidos en la región, al tiempo que reafirmaban su disposición a retomar el diálogo bajo condiciones de reciprocidad. De forma simultánea, Israel fortaleció su coordinación estratégica con el gobierno de Estados Unidos, consolidando una postura conjunta frente a la evolución del conflicto y a los desafíos para la seguridad regional.

Actores internos

Estados Unidos mantuvo una estrategia orientada a incrementar de manera simultánea la presión militar, económica y política sobre Irán, mientras preservaba abierta la posibilidad de una solución diplomática. Durante el período analizado, la administración estadounidense sostuvo que continuaba dispuesta a negociar un acuerdo que pusiera fin a la confrontación; sin embargo, condicionó cualquier avance al cumplimiento de sus exigencias. En ese marco, el secretario de Estado, Marco Rubio, reiteró que la vía diplomática era una opción, aunque el presidente Donald Trump endureció progresivamente su discurso al advertir que cualquier ataque iraní contra intereses estadounidenses sería respondido con represalias de mayor magnitud y que Estados Unidos impediría, por todos los medios necesarios, el desarrollo de un programa nuclear iraní.

A su vez, Washington intensificó la presión militar mediante una campaña sostenida de operaciones dirigidas por el Comando Central (CENTCOM). A lo largo del período, las fuerzas estadounidenses ejecutaron sucesivas oleadas de bombardeos contra objetivos asociados al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI), entre ellos centros de mando, instalaciones de misiles y drones, sistemas de defensa aérea e infraestructura vinculada al control del estrecho de Ormuz. De forma complementaria, la administración estadounidense reforzó el bloqueo naval sobre Irán, incrementando las operaciones de inspección, desvío e interdicción de embarcaciones en el golfo de Omán y el mar arábigo argumentando garantizar la libertad de navegación y la seguridad del tráfico comercial.

A pesar de ello, la intensificación de las operaciones militares no implicó el abandono de la vía diplomática. La Casa Blanca reconoció que mantenía contactos con representantes iraníes y sostuvo que percibía una mayor disposición iraní para negociar, aunque mantenía abiertos escenarios de escalada militar.

Por su parte, Israel mantuvo una estrecha coordinación política y estratégica con Estados Unidos frente a la evolución del conflicto. El gobierno de Benjamín Netanyahu respaldó las principales iniciativas impulsadas por el gobierno estadounidense para reconfigurar el equilibrio regional, entre ellas el condicionamiento del acuerdo nuclear con Arabia Saudita a su adhesión a los Acuerdos de Abraham, al considerar que esta medida fortalecería la arquitectura regional de seguridad. De igual manera, ambos gobiernos reforzaron su coordinación bilateral mediante la reunión sostenida en Washington entre Netanyahu y Trump, la primera desde el inicio de la confrontación con Irán, orientada a evaluar el desarrollo de las operaciones militares y definir mecanismos conjuntos para afrontar el deterioro del escenario regional.

En cuanto a Irán, su estrategia combinó una respuesta militar sostenida con la preservación de una salida negociada basada en el principio de reciprocidad. En el plano político diplomático, las autoridades iraníes declararon suspendida la aplicación del memorando de entendimiento con Estados Unidos, al considerar que el gobierno estadounidense había incumplido tanto su contenido como su espíritu. No obstante, altos funcionarios, incluido el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores, Esmaeil Baghaei, reiteraron que Irán continuaba dispuesto a retomar la diplomacia siempre que cesaran las operaciones militares estadounidenses y se respetaran los compromisos previamente adquiridos.

Por otra parte, el discurso oficial iraní adoptó un carácter progresivamente disuasivo. Diversos representantes políticos y militares advirtieron que cualquier ataque contra instalaciones nucleares, infraestructura energética, la isla de Kharg o cualquier otro objetivo estratégico sería respondido mediante acciones proporcionales contra intereses estadounidenses e infraestructura crítica en la región. Asimismo, el gobierno iraní reafirmó su determinación de mantener el control sobre el estrecho de Ormuz y rechazó cualquier intento externo de limitar el ejercicio de su soberanía sobre esta vía marítima estratégica.

Las autoridades iraníes afirmaron haber atacado objetivos militares en Baréin, Jordania y Kuwait, además de lanzar misiles balísticos contra una base aérea estadounidense y un centro del CENTCOM en territorio jordano y justificaron estas acciones como respuesta a la continuidad de los bombardeos estadounidenses. Además, aseguraron haber dirigido operaciones contra activos vinculados al dispositivo naval estadounidense desplegado en torno al estrecho de Ormuz. La dirigencia iraní insistió en que la confrontación trascendía el plano estrictamente militar, sosteniendo que la presión económica ejercida por Washington constituía un instrumento central de su estrategia para debilitar la estabilidad política y social de la República Islámica.

Estados europeos

Los Estados europeos mantuvieron una participación limitada, concentrando sus acciones en la protección de su personal diplomático y en el seguimiento de las implicaciones regionales del conflicto. En primer lugar, Francia condenó la retención temporal de funcionarios de su embajada en Teherán, calificándola como una vulneración de la inmunidad diplomática y advirtiendo sobre las consecuencias que este tipo de incidentes podría generar para las relaciones bilaterales. De manera similar, el Reino Unido decidió retirar temporalmente a su personal diplomático de Irán debido al deterioro de las condiciones de seguridad, manteniendo únicamente el funcionamiento remoto de su representación diplomática. 

Finalmente, el 29 de julio Italia endureció su postura frente a Israel al respaldar la posibilidad de aplicar sanciones europeas por la situación humanitaria en Gaza, lo que reflejó las crecientes divergencias dentro de Europa respecto de la conducción israelí del conflicto y evidenció que varios gobiernos europeos comienzan a ejercer presión política sobre Israel en forma paralela al seguimiento del conflicto entre Washington y Teherán.

Estados mulsumanes del golfo Arábigo y Medio Oriente

Los Estados árabes y musulmanes del Golfo orientaron sus esfuerzos en contener la expansión regional de las hostilidades y reforzar sus mecanismos de defensa frente al aumento de los ataques iraníes. Durante los primeros días del período, Jordania, Kuwait y Baréin activaron sus sistemas de defensa aérea para interceptar misiles y drones lanzados desde territorio iraní, mientras Kuwait denunció ataques contra infraestructura energética y de desalinización, además de convocar al embajador iraní para presentar una protesta diplomática formal tras un ataque contra un petrolero kuwaití en el estrecho de Ormuz. Conforme avanzó la escalada, Jordania continuó interceptando proyectiles iraníes y, posteriormente, Baréin, Kuwait y Jordania volvieron a responder de forma coordinada ante nuevos ataques dirigidos contra posiciones estadounidenses en la región. 

A su vez, el presidente libanés, Joseph Aoun, sostuvo una reunión con Donald Trump para respaldar la implementación del acuerdo alcanzado entre Israel, Líbano y Estados Unidos, mientras que Arabia Saudita amplió su respuesta militar mediante ataques contra posiciones hutíes en Yemen tras nuevos incidentes registrados en el mar Rojo. De ese modo, estas acciones reflejaron la creciente implicación de los Estados del Golfo en la contención de la crisis y su preocupación por evitar que la confrontación entre los gobiernos de Estados Unidos e Irán comprometiera la seguridad regional.

Actores negociadores

Los principales actores mediadores mantuvieron sus esfuerzos diplomáticos para evitar el colapso definitivo del proceso de negociación entre Estados Unidos e Irán. En ese sentido, Pakistán reforzó los contactos políticos con Teherán mediante la visita del ministro del Interior iraní, ocasión en la que ambas partes manifestaron su expectativa de alcanzar avances que contribuyeran a una solución regional. Asimismo, Pakistán y Qatar promovieron una propuesta de alto el fuego temporal de diez días con el propósito de generar condiciones favorables para la reanudación del diálogo entre las partes. 

Qatar condenó los nuevos ataques contra Kuwait, advirtiendo que la intensificación de las operaciones militares amenazaba con debilitar los esfuerzos diplomáticos impulsados para contener la escalada. En conjunto, estos actores continuaron desempeñando un papel relevante como facilitadores del diálogo, procurando preservar los canales de comunicación abiertos pese al deterioro progresivo del escenario de seguridad.

Grupo pro-iraníes

Los grupos armados alineados con Irán incrementaron la presión sobre los aliados regionales de Estados Unidos, ampliando el alcance geográfico de la confrontación. En Yemen, el movimiento hutí intensificó sus acciones al anunciar un bloqueo marítimo contra embarcaciones saudíes en el estrecho de Bab el-Mandeb y, posteriormente, reivindicar ataques con drones y misiles contra petroleros saudíes en el mar Rojo, argumentando que estos habían vulnerado las restricciones impuestas por la organización. Más adelante, el grupo asumió la autoría del ataque con drones contra la instalación petrolera de Abqaiq, infraestructura estratégica de Arabia Saudita destinada a reducir la dependencia del tránsito por el estrecho de Ormuz, lo que incrementó la presión sobre el mercado energético regional. 

En contraste, Hezbollah mantuvo un perfil relativamente contenido durante el período analizado, sin registrar intervenciones militares directas, lo que sugiere la continuidad de una estrategia de respaldo político a Irán que evita comprometer los esfuerzos diplomáticos relacionados con el escenario libanés.

SITUACIÓN HUMANITARIA Y SOCIAL

Dimensión Humanitaria y Social
Variable Puntaje individual Puntaje total Intensidad
Víctimas y Desplazados 🔴Gravedad Extrema (-3) -3 🔴Extrema Intensidad
Infraestructura Crítica 🟠Gravedad Alta (-2)
Violaciones al DIH 🔴Gravedad Extrema (-3)

 

El ejército israelí ataca una mezquita en Gaza que "almacenaba ...

El período comprendido entre el 20 de julio y el 2 de agosto de 2026 estuvo marcado por una escalada que debilitó los fundamentos de la estabilidad regional. El flujo sostenido de bajas y los desplazamientos forzados incrementaron la vulnerabilidad de las poblaciones en frentes urbanos y fronterizos, mientras una estrategia sistemática de interdicción sobre activos de uso dual debilitó la resiliencia energética, digital y logística del golfo. Este cuadro se agravó por la reiterada inobservancia del Derecho Internacional Humanitario (DIH) mediante el despliegue de armamento de efectos indiscriminados y la vulneración de bienes protegidos, lo que configuró una crisis sistémica de amplio alcance operacional y humanitario.

Víctimas y Desplazados

El período analizado reflejó la consolidación de una dinámica de conflicto sostenido de alcance localizado pero de alto impacto humanitario, marcada por la vulnerabilidad de la infraestructura civil y la persistencia de episodios de violencia. La combinación de ataques puntuales con drones, incursiones terrestres y afectaciones a servicios esenciales continuó perturbando la estabilidad demográfica y los niveles de seguridad de las poblaciones afectadas.

Irán registró incidentes de impacto directo sobre infraestructuras de telecomunicaciones y estructuras civiles. El 20 de julio, incursiones aéreas sobre zonas periféricas como Shiraz alcanzaron nodos de comunicaciones en el monte Derak, lo que provocó interrupciones logísticas y desplazamientos preventivos de residentes locales. El punto de mayor letalidad civil en territorio iraní se produjo el 30 de julio en la isla de Qeshm, donde un ataque estadounidense contra una vivienda se cobró la vida de una pareja y su hijo de dos años, además de otros dos menores heridos de gravedad. Al término del período, los daños en zonas residenciales y el deterioro de los servicios básicos obligaron a más de 1.200 personas a reubicarse temporalmente.

La península arábiga y los territorios adyacentes mantuvieron un escenario de vulnerabilidad constante. En la jornada del 20 de julio, un ataque con dron israelí sobre un vehículo en Ciudad de Gaza dejó un saldo de al menos 14 civiles heridos, varios de ellos en estado crítico. En Kuwait, los ataques con proyectiles provocaron cortes masivos en el suministro eléctrico, lo que obligó a las autoridades a desplegar generadores portátiles para abastecer áreas residenciales. La violencia se intensificó el 24 de julio durante enfrentamientos e intervenciones de colonos y fuerzas israelíes en la localidad de Tell, lo que dejó un saldo de cuatro muertos y cuatro civiles heridos. Hacia el cierre del período, la reincidencia de bombardeos en Gaza elevó el balance acumulado a 22 fallecidos, 38 heridos y más de 3.500 desplazados internos sin acceso a refugio estable.

Por otro lado, la tensión en Israel se tradujo en una presión psicológica y logística sostenida derivada de las constantes alertas de defensa aérea. Aunque no se notificaron bajas fatales directas por fuego cruzado durante el período, las intercepciones de proyectiles generaron al menos 12 heridos por esquirlas y episodios de ansiedad aguda. La persistencia del fuego de respuesta mantuvo inmovilizados a unos 60.000 evacuados de las fronteras norte y sur, lo que saturó las capacidades de asistencia en los centros de acogida del interior.

El frente del sur libanés permaneció bajo una dinámica de fricción continua. El 2 de agosto, la detonación de un artefacto explosivo provocó heridas a cinco efectivos militares libaneses en el sector meridional. Con un saldo acumulado en el período de 8 fallecidos (5 civiles y 3 combatientes) y 24 heridos, la persistencia de los intercambios de artillería a lo largo de la cuenca del río Litani forzó la evacuación de aproximadamente 8.000 nuevos desplazados hacia la capital y el valle de Bekaa.

En cuanto a Irak, la actividad de las Fuerzas de Movilización Popular (PMF) y los ataques con drones en las provincias de Anbar y Babel causaron la muerte de 2 combatientes y dejaron 6 heridos, lo que provocó desplazamientos cerca de instalaciones militares. En Siria, el impacto indirecto en la franja fronteriza de Quneitra se cobró 1 vida civil y dejó 3 heridos, lo que obligó a pequeñas comunidades rurales a reubicarse ante la proximidad de las hostilidades.

El balance consolidado al 2 de agosto de 2026 confirma que, aun ante la ausencia de ofensivas masivas de gran escala, el flujo sostenido de bajas civiles y el deterioro de las redes de energía y comunicaciones continúan debilitando la capacidad de resistencia de la población en toda la región.

Infraestructura crítica

Durante el período bajo análisis, las acciones hostiles registradas por los actores estatales y no estatales concentraron sus acciones en tres ámbitos de soporte estratégico: el complejo energético-industrial, la red de telecomunicaciones y transporte aéreo, y los nodos de interconexión logística marítima e infraestructura digital.

En el ámbito energético e industrial, la interrupción del flujo estratégico afectó a múltiples instalaciones clave para la seguridad energética de la región. En la península arábiga, Kuwait sufrió cortes masivos en el suministro eléctrico el 20 tras ataques iraníes dirigidos a su red de distribución, lo que afectó el funcionamiento de servicios esenciales y obligó a desplegar generadores auxiliares en zonas residenciales. La vulnerabilidad de los activos petroleros se profundizó el 22 de julio con daños severos en la terminal norte de exportación de crudo de la Kuwait National Petroleum Company en Mina Al Ahmadi. Asimismo, entre el 25 y el 26 de julio, las incursiones del actor no estatal hutí sobre la infraestructura de refinación saudí provocaron daños de gran magnitud en las inmediaciones de la planta de almacenamiento Jazan Bulk Plant de Aramco, así como en las instalaciones petroleras estratégicas de Abqaiq.

El 29 de julio, la dinámica de conflicto transfronterizo proyectó la afectación energética hacia el norte de África mediante el ataque con dron contra una unidad flotante de almacenamiento de GNL en el puerto egipcio de Damietta, alcanzando también a una segunda embarcación en las proximidades. En Jordania, por su parte, se registraron impactos de misiles en los depósitos de combustible de la base aérea Muwaffaq al-Salti.

En el frente iraní, el 22 de julio un misil impactó una subestación eléctrica estratégica adyacente a la central nuclear de Bushehr. Al día siguiente, incursiones aéreas alcanzaron el complejo de Khandab (Arak) —complejo que alberga un reactor nuclear de agua pesada y una refinería de petróleo—, y se confirmaron además ataques aéreos por parte de Estados Unidos sobre la instalación nuclear defensiva de Parchin.

En los ámbitos aéreo, marítimo y cibernético, las operaciones ofensivas buscaron neutralizar el mando operativo y degradar la conectividad estratégica. En Irán, la fuerza aérea estadounidense ejecutó incursiones en Shiraz entre el 20 y el 21 de julio, lo que afectó la red de telecomunicaciones en el monte Derak y las instalaciones de Industrias Electrónicas de Shiraz. Esta pauta de interdicción se extendió entre el 23 y el 24 de julio contra centros de mando y control, depósitos de sistemas aéreos no tripulados, redes de vigilancia costera y las instalaciones del aeropuerto de Dezful. El 24, las hostilidades inhabilitaron la sede de la autoridad reguladora de telecomunicaciones en Bandar Abbas, mientras que el 25 un ataque contra el Aeropuerto Militar de Nain destruyó dos estructuras operativas y la infraestructura de radar.

La escalada de violencia y el riesgo sistémico en el espacio aéreo forzaron a la aerolínea estatal Qatar Airways a decretar la suspensión temporal de sus vuelos comerciales hacia Baréin, Kuwait y Erbil el 23 de julio. En el plano marítimo e infraestructura digital de uso dual, Arabia Saudita respondió el 24 mediante represalias militares al puerto de Hodeidah tras una agresión hutí contra el buque mercante NCC Masa. A su vez, el 25 se verificaron daños provocados por misiles iraníes contra un nodo de procesamiento de datos en Baréin perteneciente a la red transnacional de Amazon Web Services (AWS).

En cuanto a la infraestructura fronteriza, logística y de inteligencia, el impacto de las operaciones militares alteró de manera directa la proyección de poder institucional y la logística transfronteriza. En el límite fronterizo de la península arábiga, una incursión iraní el 23 sobre el paso de Abdali —punto neurálgico de interconexión entre Kuwait e Irak— generó incendios y daños en la infraestructura limítrofe. En territorio iraní, los bombardeos del 24 de julio afectaron severamente la terminal de pasajeros de Shalamcheh y el túnel vial Shahid Mirzaei, próximo a Bandar Abbas. Por último, el 30 de julio, sensores satelitales corroboraron la destrucción parcial de las sedes provinciales del Ministerio de Inteligencia y Seguridad Nacional de Irán en Ahvaz tras un bombardeo estadounidense.

Los ataques registrados durante el período evidencian la consolidación de una estrategia de desgaste asimétrico. La neutralización selectiva de redes de energía, centros de telecomunicaciones e infraestructura física y digital debilita significativamente la capacidad de respuesta institucional, la proyección estratégica y la estabilidad de las cadenas de suministro en el escenario geopolítico del golfo Pérsico y Oriente Medio.

Violaciones al Derecho Internacional Humanitario

El análisis normativo del período refleja una acentuada degradación en la observancia de las disposiciones fundamentales del Derecho Internacional Humanitario (DIH), establecidas en los Convenios de Ginebra y sus Protocolos Adicionales. En este período, los eventos registrados evidencian la constante inobservancia de los principios de distinción, precaución en el ataque y proporcionalidad por parte de los actores beligerantes. Las infracciones constatadas se concentraron principalmente en el empleo de armamento de efectos indiscriminados, los ataques contra población e infraestructura civil, y la afectación de sitios bajo protección especial, como lugares de culto y refugios de poblaciones desplazadas.

En el plano del uso de métodos y medios de combate prohibidos o restringidos, se documentó el empleo de armamento con efectos térmicos e incendiarios en áreas habitadas. El 20 de julio, el Partido de la Libertad de Kurdistán (PAK) denunció formalmente que Irán utilizó municiones de fósforo blanco durante un ataque ejecutado con drones contra una de sus bases situadas al oeste de Erbil, en Irak. La organización fundamentó su acusación en los exámenes médicos realizados a los combatientes heridos y en la naturaleza de los incendios desencadenados tras el impacto, y solicitó una investigación internacional al respecto. El despliegue de estos agentes en zonas con presencia de no combatientes transgrede las normas consuetudinarias del DIH y los protocolos internacionales que prohíben infligir sufrimientos innecesarios y males superfluos.

Asimismo, la conducción de hostilidades en centros urbanos densamente poblados continuó vulnerando el principio fundamental de distinción entre bienes de carácter civil y objetivos militares. El 21 de julio, se reportó un ataque perpetrado por Irán contra una zona residencial en la ciudad de Manama, capital de Baréin. La naturaleza del objetivo —de carácter estrictamente civil— constituye una presunta violación del DIH al catalogarse como un ataque deliberado o indiscriminado contra la población no combatiente, lo que debilitó las garantías mínimas de seguridad en el espacio urbano regional.

Por otro lado, la protección especial conferida por el DIH a los bienes culturales, religiosos y a los lugares de refugio civil sufrió un severo impacto en el área de conflicto. Entre el 30 y el 31 de julio, un ataque aéreo de las fuerzas israelíes provocó la destrucción de la mezquita Al-Muttaqin en Ciudad de Gaza. La incursión afectó directamente a las inmediaciones del recinto, alcanzó las carpas donde se albergaban familias palestinas internamente desplazadas y provocó múltiples víctimas civiles. Según los informes brindados por las autoridades religiosas locales, este suceso se enmarca en una dinámica sistemática en la que la gran mayoría de los edificios de culto e infraestructura comunitaria del enclave habían resultado dañados o destruidos.

El consolidado de incidentes correspondiente a este período demuestra que la vulneración de las garantías del DIH por parte de los diversos beligerantes no responde a hechos aislados, sino a la persistencia de dinámicas operativas que afectan de manera directa e indiscriminada a la población civil y a sus bienes protegidos.

SITUACIÓN ECONÓMICA Y ENERGÉTICA

Dimensión Económica y Energética
Variable Puntaje individual Puntaje total Intensidad
Cantidad de Buques Comerciales 🔴Impacto Extremo (-3) -3 🔴Extrema Intensidad
Desvío de Tránsito 🔴Impacto Extremo (-3)
Commodities Energéticas 🟠Impacto Alto (-2)

 

Entre el 20 de julio y el 2 de agosto de 2026, la escalada del conflicto en el mar Rojo generó una reconfiguración sostenida del tráfico marítimo regional. El canal de Suez y Bab el-Mandeb alcanzaron su máximo el 20 de julio (22 y 17 buques, respectivamente) y su mínimo el 30 de julio (1 buque cada uno), mientras el cabo de Buena Esperanza absorbió el desvío con un pico de 108 embarcaciones ese mismo día. En paralelo, el precio del Brent osciló entre un máximo de 105,32 USD el 23 de julio, ante la amenaza de cierre del estrecho de Ormuz, y un mínimo de 85,51 USD el 28 de julio, coincidente con avances diplomáticos.

Cantidad de Buques

El 20 de julio de 2026 se registró el tránsito de 6 buques comerciales, tras la declaración del bloqueo naval por parte de los rebeldes hutíes contra el tráfico marítimo vinculado a Arabia Saudita. Al día siguiente, el flujo experimentó una contracción de 1 buque, lo que resultó en un total de 5 embarcaciones, debido al incremento extraordinario de las primas de seguro por riesgo de guerra en la región. El 22 de julio, la cifra disminuyó en 1 unidad hasta alcanzar 4 barcos, motivado por el ataque cinético contra el petrolero Encelia en las inmediaciones de Shuqaiq. El 23 se observó una caída adicional de 1 buque, lo que dio como resultado un total de 3 embarcaciones, mientras las flotas comerciales buscaban refugio ante la reactivación de las hostilidades. Esta tendencia decreciente continuó el 24, con la reducción de 1 barco, lo que dejó el total en 2 embarcaciones, luego de que fuerzas navales estadounidenses inmovilizaran al buque MT Lavine por intentar desafiar el bloqueo impuesto. El nivel mínimo del período se registró el 25, al caer en 1 barco, dejando el tránsito reducido a 1 carguero general en tránsito con señal abierta por el Estrecho.

La dinámica comenzó a revertirse el 26, con un aumento de 2 buques, lo que llevó el total a 3 embarcaciones, mediante el uso de rutas sin seguimiento por aguas jurisdiccionales omaníes. El 27 la cantidad creció en 2 unidades hasta los 5 barcos, impulsada por una pausa temporal de ataques nocturnos que facilitó espacio a las conversaciones diplomáticas. El 28 el volumen subió en 3 embarcaciones adicionales, lo que llevó el total a 8 buques, gracias a los avances reportados en las consultas técnicas entre las cancillerías de Teherán y Mascate. El incremento más pronunciado del período se produjo el 29, con un ascenso de 12 buques, lo que llevó el total a 20 embarcaciones transitadas, debido a la salida del primer metanero catarí de gas natural licuado y al paso coordinado de convoyes informales. No obstante, el 30 el tráfico sufrió una reducción pronunciada de 13 barcos, lo que lo llevó a 7 unidades, tras el impacto registrado en el buque GasLog Shanghai y la reanudación de bombardeos navales. El 31 la cantidad se recuperó en 3 embarcaciones, con lo que sumó 10 buques comerciales, mediante el uso de mensajes de identificación en los transpondedores por parte de armadores asiáticos. El 1 de agosto el flujo aumentó en 9 unidades hasta alcanzar 19 barcos, favorecido por la acumulación de embarcaciones durante el fin de semana a través del canal sur. Finalmente, el 2 de agosto se registró un descenso de 7 buques, con lo que el seguimiento concluyó en 12 embarcaciones transitadas, ante el retorno de la cautela operativa entre los operadores internacionales.

Desvío de Tránsito

El 20 de julio de 2026, el canal de Suez registró 22 buques (10 portacontenedores, 7 petroleros, 5 graneleros) y Bab el-Mandeb 17 (8 portacontenedores, 5 petroleros, 4 graneleros), mientras 62 naves (32 portacontenedores, 18 petroleros, 12 graneleros) transitaban por el cabo de Buena Esperanza. El 21, el flujo cayó a 19 buques en Suez y 16 en Bab el-Mandeb, lo que elevó a 68 el paso en el sur de África. El 22, Suez contabilizó 17 naves y Bab el-Mandeb 15, mientras el cabo ascendió a 74 buques. El 23, la escalada del conflicto redujo el tránsito a 14 buques en Suez y 13 en Bab el-Mandeb, lo que impulsó 81 desviaciones hacia la ruta africana. El 24, pasaron 12 embarcaciones por Suez y 11 por Bab el-Mandeb, al tiempo que 85 recorrieron el cabo. El 25, los cruces descendieron a 10 en Suez y 9 en Bab el-Mandeb, con lo que el cabo alcanzó 88 buques. El 26, se registraron apenas 8 naves en Suez y 7 en Bab el-Mandeb, frente a 89 en la ruta austral. 

Durante el inicio de la siguiente semana, el 27, tras nuevos ataques, Suez y Bab el-Mandeb bajaron a 5 buques cada uno, lo que elevó el tránsito por el cabo a 93 barcos. El 28, ambos pasos del mar Rojo registraron 4 naves, mientras el cabo absorbió 96 buques. El 29, la navegación cayó a 2 buques en Suez y Bab el-Mandeb, con 102 naves en el cabo. El 30 marcó el mínimo, con solo 1 portacontenedor cruzando Suez y Bab el-Mandeb, lo que elevó el tránsito por el cabo a 108 buques. El 31 registró 2 naves en los pasos estratégicos septentrional y meridional del mar Rojo, y 105 en el cabo. Finalmente, el 1 y 2 de agosto se mantuvieron 3 buques diarios en Suez y Bab el-Mandeb, mientras que el cabo concentró 101 y 98 embarcaciones, respectivamente.

Esta redistribución sostenida del tráfico hacia la ruta por Sudáfrica no se limitó al plano cuantitativo del tránsito, sino que reconfiguró también los patrones de escala portuaria a lo largo de todo el corredor marítimo. En primer lugar, los puertos del Mediterráneo oriental y del interior del mar Rojo, al quedar aislados de las rutas principales de suministro, experimentaron caídas drásticas en sus niveles de actividad de transbordo, lo que profundizó su marginalización dentro de las rutas de suministro globales.

Por su parte, las terminales situadas en el estrecho de Gibraltar, como Algeciras y Tánger Med, asumieron volúmenes de transbordo masivos para conectar las cargas desviadas desde el Atlántico con el resto de Europa, lo que saturó los patios de contenedores y prolongó los tiempos de permanencia de las mercancías en el Mediterráneo occidental. A su vez, los puertos del sur de África, entre ellos Durban y Port Elizabeth, registraron cuellos de botella derivados de la alta demanda de servicios de aprovisionamiento de combustible (bunkering), mantenimiento y suministros para los buques que realizan la ruta de circunnavegación austral, lo que puso de manifiesto la insuficiencia de la infraestructura portuaria disponible en la región.

Commodities Energéticas

El análisis del mercado petrolero, iniciado el 20 de julio, muestra un precio del Brent en 86,99 USD por barril, lo que representó un incremento del 2,33 % a raíz del anuncio hutí de un bloqueo naval saudí en el mar Rojo y de las crecientes tensiones en el estrecho de Ormuz. El 21, la cotización escaló un 7,89 %, hasta alcanzar los 93,85 USD, tras el colapso de las treguas preliminares y el alza de las primas de riesgo marítimo. Al día siguiente, 22, el barril subió un 1,48 % hasta los 95,24 USD, empujado por incursiones aéreas sobre objetivos militares iraníes y amenazas militares en Bab el-Mandeb. El pico del ciclo se registró el 23, cuando el precio repuntó un 10,58 %, con lo que se situó en 105,32 USD, debido al aumento de la demanda especulativa ante la amenaza de cierre total del estrecho de Ormuz. El 24 inició una corrección del 4,76 %, lo que llevó el precio a 100,31 USD, por realización de beneficios y la organización de convoyes bajo protección militar. Durante el fin de semana, el 25 cedió un 0,31 % hasta los 100,00 USD por una tregua operativa no oficial, mientras que el 26 descendió un 3,50 %, con lo que se situó en 96,50 USD, al pausarse los bombardeos estadounidenses. 

La tendencia bajista se extendió durante la segunda semana: el 27 el precio retrocedió un 4,85 % hasta los 91,82 USD por la confirmación del cese temporal de agresiones, y se extendió el 28 con una caída del 6,87 % hasta los 85,51 USD, impulsada por conversaciones diplomáticas y propuestas omaníes de regulación del tránsito marítimo. No obstante, el 29 el mercado reaccionó con un alza del 7,53 %, hasta cotizar en 91,95 USD, tras advertencias militares del gobierno estadounidense ante incidentes registrados en Irak. El 30 el precio se estabilizó al bajar apenas un 0,04 % a 91,91 USD, apoyado por la consolidación de rutas alternativas y la reducción de inventarios estadounidenses. El 31 retrocedió un 4,33 % hasta los 87,93 USD al confirmarse el paso de buques de gran calado. Finalmente, el 1 de agosto el barril avanzó un 0,65 %, con lo que se situó en 88,50 USD, y el 2 se apreció un 1,83 %, con lo que cerró en 90,12 USD, por la persistencia de recargos en fletes y seguros marítimos.

Este es un artículo de opinión. Las opiniones y contenido no reflejan o representan necesariamente la postura del CEERI como institución.

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