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Informe N°15 | 14 al 27 de septiembre de 2026

Grupo de Investigación de Paz y Seguridad Internacionales.

Gonzalo Gabriel Dinamarca – Coordinador del Grupo de Investigación de Paz y Seguridad Internacional.
Redactor de Situación Militar y Operacional; y Situación Económica y Energética.

Geri Giselle Lopez – Redactora de Situación Político y Diplomática.

Ivanna Duvara – Redactora de Situación Humanitaria y Social.

Hillary Samanta Villegas Gómez – Editora.

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Introducción

El estallido del conflicto armado directo entre Estados Unidos e Israel contra Irán transformó una tensión diplomática en una confrontación bélica de consecuencias impredecibles. Tras el fracaso de las negociaciones sobre el programa nuclear y misilístico iraní, la orden de Donald Trump del 28 de febrero de 2026 de iniciar la “Operación Furia Épica” —la mayor movilización militar desde 2003 contra Irak—, coordinada con la “Operación Rugido de León” de Israel, marcó el inicio de una guerra abierta. Los ataques contra instalaciones estratégicas provocaron una respuesta inmediata de Teherán mediante la “Operación Promesa Verdadera 4”.

Este informe analiza la escalada militar del conflicto, el papel de diversos aliados regionales como los países europeos y los Estados árabes, así como su impacto potencial sobre la población civil y los mercados energéticos globales.

El Grupo de Investigación en Paz y Seguridad Internacional del CEERI busca contribuir a una comprensión integral del conflicto mediante el seguimiento y el análisis sistemático de cuatro dimensiones clave: 1) militar y operacional; 2) política y diplomática; 3) humanitaria y social; y 4) económica y energética.

  • Situación Militar y Operacional

Esta dimensión del informe se enfoca en analizar y cuantificar la Escala de Magnitud de las Operaciones (EMO) en el conflicto entre Estados Unidos e Irán, priorizando el “cuántos y qué” se dispara o lanza y “desde dónde” (plataformas), más que la mera intención política. Se aplica un marco técnico y cuantificable que cubre los dominios convencionales —aéreo, terrestre y naval— e integra operaciones especiales y cibernéticas como factores de impacto estratégico.

Se evalúan campañas de supresión aérea, ataques de precisión, defensa en profundidad, guerra de enjambre y minado de chokepoints, además de incursiones limitadas y operaciones de protección de bases. También se incorporan acciones de sabotaje o saturación cibernética. El objetivo es medir el volumen, la intensidad, la capacidad de respuesta y la evolución de la confrontación en todos los dominios.

  • Situación Político y Diplomática

Esta dimensión del informe analiza cómo las declaraciones diplomáticas y las alianzas establecidas por actores directos y externos condicionan la evolución del conflicto entre Estados Unidos e Irán. Asimismo, incluye las manifestaciones de organismos internacionales, en particular el OIEA, la OPEP y la OIC.

Su medición se basa en la Matriz de Evolución Política (MEP), un índice mixto —cualitativo y cuantitativo— que determina si el entorno internacional tiende a mitigar o agravar la confrontación. Se examinan, por tanto, los esfuerzos orientados al establecimiento de conversaciones de paz, las mediaciones y las declaraciones de los actores afectados por el conflicto. Asimismo, se identifican los obstáculos y retos que dificultan el logro de un cese del fuego o de un acuerdo de paz.

  • Situación Humanitaria y Social

Esta dimensión evalúa el impacto del conflicto sobre la población civil y el cumplimiento del Derecho Internacional Humanitario (DIH) en la confrontación entre Estados Unidos e Irán. Emplea un Índice de Degradación Humanitaria (IDH) que sintetiza el costo humano y el riesgo jurídico internacional, con el fin de medir el deterioro, identificar tendencias y estimar la probabilidad de sanciones o responsabilidades penales.

Se registran las víctimas civiles (fallecidos y heridos) y los desplazamientos forzados, tanto internos —incluidos movimientos hacia los montes Zagros— como externos hacia Turquía, Irak y Pakistán. También se examinan los daños a la infraestructura crítica, como los sistemas de electricidad y agua, los hospitales y las telecomunicaciones, así como las posibles violaciones del DIH, incluido el trato a las personas privadas de libertad conforme a los Convenios de Ginebra.

  • Situación Económica y Energética

Esta dimensión analiza uno de los principales mecanismos de presión global derivados del conflicto, particularmente su impacto sobre la economía mundial a través del estrecho de Ormuz, por donde circula aproximadamente el 20 % del petróleo mundial. Para evaluar si la crisis mantendrá un carácter regional o se transformará en un shock energético global con efectos inflacionarios y financieros, se emplea el Índice de Shock Económico (ISE).

Se analizan variables como la cantidad de buques comerciales; el porcentaje de desvíos de ruta —por ejemplo, mediante la circunnavegación del sur de África— y los costos asociados a posibles interrupciones; así como el incremento de la volatilidad de los precios de las commodities energéticas, en particular del petróleo (Brent/WTI) y del gas natural licuado (GNL).

Dimensión Indicador Operacionalizado Intensidad del Conflicto
1. Dimensión Militar y Operacional Operaciones Terrestres + Aéreas + Navales + Especiales 🟠 Alta Intensidad
2. Dimensión Política y Diplomática Actores directos + Actores Externos + ORG Inter 🟠Alta Intensidad
3. Dimensión Humanitaria y Social Víctimas y Desplazados + Infraestructura Crítica + Violaciones al DIH 🔴Extrema Intensidad
4. Dimensión Económica y Energética Cantidad de Buques Comerciales + Desvío de Tránsito + Commodities Energéticas 🟠Alta Intensidad
SITUACIÓN MILITAR Y OPERACIONAL
Dimensión Militar y Operacional
Variable Puntaje individual Puntaje total Intensidad
Terrestre 🟠 Magnitud Alta (171) 630 🟠 Alta Intensidad
Aérea 🟡 Magnitud Baja (138)
Naval 🟠 Magnitud Alta (152)
Especial 🟠 Magnitud Alta (169)

 

Esta imagen, difundida por las fuerzas hutíes, muestra un ataque con un misil balístico contra camiones que viajaban desde Arabia Saudita hacia Yemen.

 

Entre el 14 y el 27 de septiembre de 2026, en el ámbito terrestre, las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) desplegaron tanques Merkava en Deir Mimas (Líbano) y destruyeron posiciones de Hezbollah. El 23 de septiembre, las fuerzas hutíes cortaron temporalmente la línea de comunicación terrestre (GLOC, por sus siglas en inglés) Taiz-Adén, en Yemen, mientras que, en Irán, el Frente Popular Mobarizoun causó la muerte de dos comandantes de las Fuerzas Terrestres del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) en Saravan. En el ámbito aéreo, las fuerzas saudíes interceptaron 894 amenazas —799 drones y 95 misiles— en cinco semanas, mientras que Francia anunció el despliegue de tropas para proteger Yanbu. En el ámbito naval, Irán afirmó haber atacado 10 buques cerca del estrecho de Ormuz tras el hundimiento de petroleros iraníes por parte de EE. UU., mientras que el tránsito por el estrecho de Bab al-Mandeb descendió a 23 buques diarios tras la captura de Moca por los hutíes. En el ciberespacio, actores vinculados al Ministerio de Inteligencia y Seguridad de Irán (MOIS, por sus siglas en inglés) accedieron sin autorización a más de 100 sistemas de control y adquisición de datos (SCADA) de plantas de agua en EE.UU., mientras que el programa espía CHOSEN BRICK operó a escala global contra disidentes.

Operaciones Terrestres

El 14 de septiembre, las FDI intensificaron su presencia en el sur del Líbano mediante bombardeos de artillería contra Hadatha y fuego de ametralladoras pesadas hacia Beit Yahoun, en el distrito de Bint Jbeil. El ministro de Defensa israelí, Katz, declaró que cualquier acercamiento a la cresta Ali Taher sería respondido con fuerza letal, lo que configura una política de firmeza frente a la reconstitución de Hezbollah. En el mismo período, las fuerzas hutíes iniciaron avances coordinados desde el oeste de la gobernación de Taiz hacia la GLOC Taiz-Adén, en al Turbah, con el objetivo de interrumpir el reabastecimiento gubernamental hacia Adén.

El 15 de septiembre, tropas de la 55.ª Brigada de las FDI localizaron y destruyeron una posición de combate de Hezbollah que incluía un lanzador múltiple de cohetes con 32 proyectiles y un pozo de túnel, lo que evidenció capacidades de inteligencia y de operaciones especiales en una zona bajo alto el fuego. Entretanto, en Irán, fuerzas del CGRI y de la Organización de Movilización de los Oprimidos (Basij) se enfrentaron al grupo Jaish al-Adl en la provincia de Sistán y Baluchistán mediante tácticas de contrainsurgencia con apoyo de inteligencia, con el fin de desmantelar células armadas vinculadas a redes transfronterizas.

Entre el 16 y el 17 de septiembre, las FDI ejecutaron bombardeos de artillería en Al-Mansouri, Qantara, Nabatiya y Wadi Saluki. Por su parte, en el Kurdistán iraní, un ataque perpetrado desde una motocicleta causó la muerte de un clérigo afiliado al CGRI en Piranshahr, lo que evidencia el empleo de tácticas de insurgencia urbana con vehículos ligeros y armas pequeñas.

El 18 de septiembre se registró un hecho táctico relevante: tres tanques Merkava israelíes avanzaron hacia Deir Mimas y establecieron posiciones frente a barricadas del ejército libanés antes de retirarse. Ese día, las fuerzas israelíes emplearon artillería contra Mansouri y Majdal Zoun, lo que dejó dos civiles heridos. Por otra parte, el Gobierno iraní movilizó a 313.000 efectivos del CGRI y de la Basij en el ejercicio “Janfada”, en Teherán, con el fin de proyectar capacidad de movilización masiva con fines de disuasión interna. En Zahedan, cuatro miembros de la División Fatemiyoun murieron en emboscadas con armas pequeñas.

El 19 de septiembre, un vehículo de ingeniería de las FDI activó un artefacto explosivo improvisado (IED) de Hezbollah en la zona de seguridad, lo que dejó dos soldados heridos. Como respuesta, Israel efectuó ataques aéreos tácticos contra puestos de observación y sitios de planificación de ataques, con munición de precisión, a fin de neutralizar las capacidades de inteligencia de Hezbollah.

Entre el 20 y el 21 de septiembre, las FDI establecieron campamentos permanentes con tres tanques Merkava en Deir Mimas, lo que bloqueó el movimiento civil e interrumpió la conectividad local. La artillería israelí alcanzó múltiples municipios y se utilizaron bengalas de iluminación para operaciones nocturnas. En Irán, el MOIS abatió a un combatiente separatista en Piranshahr y detuvo a operativos que transmitían coordenadas de bases militares a la inteligencia israelí mediante vigilancia electrónica y operaciones encubiertas.

El 23 de septiembre se registró el hecho más significativo del período: las fuerzas hutíes cortaron la GLOC Taiz-Adén en Hijat al Abd durante una hora, antes de ser repelidas por las Brigadas de los Gigantes del Sur y el Ejército Nacional Yemení, que realizaron ataques con drones contra posiciones hutíes en al Akbush. Ese mismo día, los hutíes lanzaron decenas de misiles balísticos y drones contra la base saudí de al Tuwal y afirmaron haber causado centenares de bajas, sin confirmación independiente. En Irán, por su parte, el Frente Popular Mobarizoun causó en Saravan la muerte del general de brigada Hossein Zarifi, comandante de Operaciones, y del mayor Ahmad Zeraati, comandante de Inteligencia, de las Fuerzas Terrestres del CGRI, en enfrentamientos prolongados con armas automáticas y granadas propulsadas, lo que evidencia capacidades insurgentes mejoradas.

El 24 de septiembre, las Brigadas de los Gigantes reforzaron Jabal Kahboub con posiciones defensivas elevadas, mientras que las fuerzas hutíes y las gubernamentales avanzaban por separado hacía terreno montañoso en Al-Ajram. Las Fuerzas de Resistencia Nacional emplearon drones contra posiciones hutíes en Dar Qashimiyah, lo que evidencia el uso de drones tácticos.

Entre el 25 y el 26 de septiembre, los hutíes mantuvieron la presión sobre la GLOC Taiz-Adén mediante intentos de infiltración en Hijat al Abd y al Ashbut. Por su parte, las FDI demolieron viviendas en Mansouri y bombardearon Wadi Zibqin, Kfar Tibnit, Mayfadoun y Mazraat al-Shumariyeh con artillería y fuego de ametralladoras pesadas. Un tanque israelí disparó cuatro proyectiles hacia Hadatha y posteriormente incendió el área con munición incendiaria, a fin de privar de cobertura al adversario.

El 27 de septiembre, Hezbollah lanzó un dron explosivo contra soldados de las FDI en la zona de seguridad, lo que provocó represalias aéreas israelíes contra sitios de lanzamiento de drones y misiles antitanque. La artillería israelí alcanzó Dawhat Kfar Rumman, Wadi Zibqin, Mazraat al-Shumariyeh y al-Qusayr, con lo que se completó un ciclo de hostigamiento y represalia que definió la dinámica operacional del período.

Operaciones Aéreas

El 14 de septiembre, el Comando Central de EE. UU. (CENTCOM) ejecutó un ataque con drones armados contra dos embarcaciones iraníes en el estrecho de Ormuz que habían intentado capturar un dron naval estadounidense; destruyó las naves y, según reportes de inteligencia, causó la muerte de la mayoría de sus ocupantes. En la misma fecha, la coalición liderada por Arabia Saudita realizó al menos 11 ataques aéreos con munición de precisión contra centros de mando hutíes, líneas de suministro y posiciones en Moca y Dhubab (gobernación de Taiz), a fin de degradar la capacidad logística del adversario. Asimismo, la Defensa Civil saudí emitió el mayor número de alertas en 24 horas, que abarcaron Khamis Mushait, Abha y Taif, luego de que los hutíes lanzaran misiles balísticos y drones que hirieron a 13 civiles y dañaron siete viviendas.

Entre el 15 y el 16 de septiembre, las alertas de la Defensa Civil saudí se extendieron hacia el norte a lo largo de la costa del mar Rojo e incluyeron Yanbu, Yeda, Al Ula y La Meca, lo que indica una ampliación del alcance de la amenaza hutí. El 16 de septiembre, la coalición derribó un dron hutí al sur de La Meca, y el portavoz hutí, Yahya Saree, declaró que los ataques constituían una represalia por más de 450 ataques aéreos saudíes durante la semana anterior, lo que evidencia una dinámica de escalada cinética recíproca.

El 17 de septiembre, el CGRI afirmó haber derribado un dron estadounidense MQ-9 Reaper sobre la isla de Qeshm, en el golfo Pérsico, mediante un nuevo sistema de defensa aérea integrado a la red nacional iraní, y lo presentó como el 53.º MQ-9 destruido desde el inicio del conflicto. Según la versión iraní, la táctica combinó detección temprana por radar con interceptación mediante misiles tierra-aire de corto alcance, lo que evidenciaría capacidades mejoradas de guerra electrónica y resistencia a la interferencia.

Desde el 18 hasta el 20 de septiembre, Irán trabajó en la restauración de su infraestructura de gas, tras ataques aéreos previos que dejaron fuera de línea una capacidad de procesamiento de aproximadamente 230 millones de metros cúbicos diarios, mientras que el CGRI realizó operaciones de seguridad interna contra redes del Frente Popular Mobarizoun en Saravan, con helicópteros de asalto y apoyo aéreo cercano.

El 19 de septiembre, los hutíes lanzaron una oleada combinada de un gran número de misiles balísticos, misiles de crucero y drones contra Riad y las instalaciones de Saudi Aramco en Yanbu. Las defensas saudíes interceptaron y destruyeron un misil balístico sobre la capital; sin embargo, un ataque reportado contra un depósito de combustible del aeropuerto de Riad causó retrasos operacionales, lo que evidencia vulnerabilidades en la protección de infraestructura crítica.

Para el 21 de septiembre, el portavoz del CGRI, Hossein Mohebbi, sostuvo que la mayoría de las bases militares estadounidenses en torno a Irán habían quedado inhabilitadas por ataques iraníes con misiles y drones, y que Washington se había visto obligado a reubicar personal y equipo en instalaciones más distantes, como la base aérea Muwaffaq Salti, en Jordania. Esta declaración constituyó una operación de información estratégica orientada a proyectar disuasión asimétrica.

Entre el 22 y el 25 de septiembre, Irak, los Emiratos Árabes Unidos, Omán, Azerbaiyán y Georgia restringieron las operaciones de aerolíneas iraníes, lo que impuso un aislamiento aéreo estratégico y cortó las conexiones con Najaf, Erbil, Sulaymaniyah y Bagdad. Irán redirigió vuelos hacia Turquía, China y Rusia, y el Departamento del Tesoro de EE. UU. anunció sanciones secundarias contra los países que apoyan el sector de aviación iraní.

En ese mismo lapso, el 23 de septiembre, fuerzas hutíes intentaron cortar la GLOC Taiz-Adén en Hijat al Abd, lo que llevó a las fuerzas alineadas con el Gobierno yemení a ejecutar al menos tres ataques con drones contra posiciones hutíes en al Akbush. Ese mismo día, los hutíes lanzaron decenas de misiles balísticos y drones contra una base militar saudí en al Tuwal (provincia de Najran) y afirmaron haber causado centenares de bajas, sin confirmación independiente.

El 24 de septiembre se registró la mayor saturación de las defensas aéreas saudíes: la coalición interceptó seis misiles balísticos hutíes sobre Taif y Yanbu, y una batería Patriot operada por personal militar griego derribó un dron sobre Yanbu. Los hutíes afirmaron haber atacado un objetivo, que calificaron de sensible, en Riad y las instalaciones de Saudi Aramco, mediante una combinación de misiles balísticos de alcance medio (posiblemente Burkan-2H), misiles de crucero (posiblemente Quds-1) y drones suicidas de tipo Shahed.

Al día siguiente, el presidente de Francia, Emmanuel Macron, anunció que su país desplegaría soldados, plataformas de radar y otros medios militares para proteger la infraestructura energética en Yanbu, lo que internacionalizó la defensa aérea saudí. Los hutíes respondieron con misiles balísticos, misiles de crucero y drones contra la refinería de Saudi Aramco en Yanbu y un objetivo no especificado en Riad.

El 26 de septiembre, la coalición interceptó dos drones y dos misiles balísticos lanzados hacia Riad y Khamis Mushait, respectivamente. El mayor general Turki Al Malki confirmó interceptaciones exitosas cada 20 a 30 minutos aproximadamente, lo que evidencia una cadencia de ataque hutí sostenida, aunque de eficacia limitada.

Por último, el 27 de septiembre, las fuerzas saudíes y yemeníes alineadas con el Gobierno continuaron atacando objetivos hutíes a lo largo de las fronteras con medios aéreos de precisión, a fin de mantener la presión operacional y degradar las capacidades de lanzamiento de misiles y drones hutíes en el sur de Yemen.

Operaciones Navales

El 14 de septiembre, el CENTCOM rechazó la afirmación iraní de que un petrolero panameño, El Gaia, había impactado una mina naval en el estrecho de Ormuz. Según el Comando, la embarcación había sido alcanzada por un misil iraní el mes anterior, había quedado inoperable y volvió a ser atacada por un dron iraní durante el fin de semana frente a la costa de Omán. Según medios estatales iraníes, el incidente causó la muerte de una persona, lo que evidencia una disputa de narrativas sobre los métodos de ataque —minas frente a misiles y drones—. En la misma fecha, los hutíes consolidaron el control sobre la costa del mar Rojo de Yemen y las islas clave del Bab al-Mandeb, tras capturar, entre el 11 y el 12 de septiembre, la ciudad portuaria de Moca y varias islas cercanas mediante bombardeos con misiles, ataques con drones suicidas y embarcaciones cargadas de explosivos, seguidos de operaciones anfibias.

Entre el 15 y el 17 de septiembre, el costo de las operaciones navales estadounidenses desde el inicio del despliegue en enero superó los 7.100 millones de dólares, sin incluir todos los medios empleados para escoltar petroleros a través del estrecho de Ormuz. El segundo bloqueo naval estuvo vigente del 14 de julio al 15 de septiembre. Un oficial estadounidense señaló que los buques de la Armada escoltan petroleros por el estrecho tanto de día como de noche mediante escolta armada, para disuadir ataques iraníes. Los cruces de buques por Bab al-Mandeb promediaron 26 diarios, frente a 28 anteriormente, y descendieron a 23 en los tres días posteriores a la captura de Moca por los hutíes. Los petroleros transportaban aproximadamente 5,2 millones de barriles diarios, frente a 8,8 millones en junio.

El 18 de septiembre, el CGRI afirmó haber capturado un vehículo submarino estadounidense en Ormuz, aunque fuentes occidentales no confirmaron la afirmación de forma independiente, lo que sugiere una operación de información orientada a proyectar capacidades navales asimétricas. Al día siguiente, el USS Abraham Lincoln (CVN-72) y su grupo de ataque de portaaviones llegaron a Guam para una breve escala logística, lo que constituyó el primer retorno a territorio estadounidense del Grupo de Ataque de Portaaviones 3 en nueve meses. El Lincoln llevaba desplegado aproximadamente entre 302 y 304 días, por lo que ingresaba en su décimo mes lejos de casa, y había apoyado operaciones de combate durante la guerra de Irán. Por su parte, el USS Spruance y el USS Michael Murphy se separaron del grupo y permanecieron en el mar Arábigo para mantener una presencia naval continua.

Entre el 20 y el 22 de septiembre, los hutíes declararon un bloqueo naval contra Arabia Saudita, el mayor exportador de petróleo del mundo, y precisaron que las restricciones en Bab al-Mandeb se aplicarían solo a buques vinculados con Riad. El 22 de septiembre, los hutíes tomaron el control de la isla Perim (Mayyun), que divide el estrecho de Bab al-Mandeb, con lo que consolidaron su control sobre toda la costa del mar Rojo de Yemen y el acceso a estas aguas. El control de las montañas Kahboub proporcionaría profundidad defensiva y cobertura a posiciones hutíes más cercanas a la costa, además de facilitar operaciones con misiles y drones en el mar Rojo mediante sistemas antibuque de precisión.

El 23 de septiembre, los hutíes afirmaron que 408 buques comerciales habían transitado el estrecho de Bab al-Mandeb entre el 11 y el 21 de septiembre, lo que equivale a un promedio cercano a 37 buques diarios. Sin embargo, excluyeron a los buques saudíes de sus garantías de navegación segura, lo que evidencia una táctica de coerción económica selectiva. Entre el 24 y el 26 de septiembre, Arabia Saudita informó haber destruido 894 amenazas aéreas en un período de cinco semanas, entre ellas 799 drones y 95 misiles. Esta situación ilustra cómo los paquetes de ataque mixtos pueden saturar los sensores y dificultar la discriminación de amenazas, mientras que la escasez de misiles Patriot saudíes se profundizaba.

El 27 de septiembre, Irán afirmó haber atacado 10 buques cerca del estrecho de Ormuz tras el hundimiento de cinco petroleros iraníes por parte de EE. UU., en la mayor oleada declarada de ataques recíprocos contra buques desde el inicio de la guerra. El CGRI reclamó ataques con misiles balísticos contra los destructores estadounidenses DDG-119 y DDG-53 y sostuvo que habían causado daños de consideración; además, informó que, por primera vez, utilizó misiles balísticos antibuque lanzados desde Isfahán y Kerman contra buques de la Armada de EE. UU., con trayectorias deprimidas y maniobras terminales para evadir las defensas navales Aegis. El CENTCOM, por su parte, presentó sus ataques como una respuesta a que el CGRI habría apuntado dos veces con misiles balísticos a un buque de guerra de la Armada de EE. UU. durante los dos días anteriores, y sostuvo que un portaaviones y un destructor lograron evadir varios ataques iraníes, sin bajas estadounidenses.

Operaciones Especiales

El 14 de septiembre, actores vinculados al MOIS accedieron de forma no autorizada a más de 100 sistemas de control de plantas de agua estadounidenses mediante la explotación de dispositivos SCADA conectados a internet, y alteraron ciclos de bombeo y deshabilitaron alarmas en dos instalaciones de Colorado antes de que los operadores recuperaran el control. En paralelo, el programa espía CHOSEN BRICK continuó su campaña global contra disidentes en el Reino Unido, EE. UU. y los Países Bajos mediante phishing dirigido (spear phishing) a través de WhatsApp y Telegram, con el objetivo de recolectar contactos, correos electrónicos y mensajes, así como activar micrófonos de forma remota.

El 15 de septiembre, agencias de inteligencia occidentales emitieron una alerta conjunta (aviso AA26-097A) que expuso tácticas del MOIS, entre ellas el uso de ingeniería social mediante resultados falsos de resonancias magnéticas para engañar a las víctimas. Ese mismo día, el grupo Handala Hack se atribuyó un ciberataque masivo contra Stryker, empresa estadounidense de tecnología médica, que inhabilitó decenas de miles de computadoras y afectó cadenas de suministro médico globales, en represalia por ataques estadounidenses en Minab.

Entre el 16 y el 18 de septiembre, el Consejo de Ciberseguridad de los Emiratos Árabes Unidos informó haber frustrado intrusiones dirigidas contra los sectores de aviación y energía, realizadas mediante el compromiso de la cadena de suministro, ransomware y campañas de phishing dirigidas. El Dr. Mohamed Al Kuwaiti señaló que cada ataque con misiles y drones contra los Emiratos Árabes Unidos había sido acompañado de un ciberataque contra el mismo objetivo, lo que evidencia una coordinación híbrida cinético-digital.

Para el 19 de septiembre, el ataque contra Stryker continuaba afectando operaciones hospitalarias en todo el mundo, mientras que ciberactores iraníes accedieron sin autorización a sistemas de correo electrónico de la campaña presidencial de Donald Trump e intentaron penetrar redes de contratistas de defensa estadounidenses.

Entre el 21 y el 25 de septiembre, la Agencia de Ciberseguridad y Seguridad de las Infraestructuras (CISA) advirtió sobre intentos iraníes de comprometer la infraestructura crítica de agua y energía, con casi 500 intrusiones rastreadas desde noviembre de 2025. Al día siguiente, el 26 de septiembre, informes confirmaron que Irán fue responsable de dos tercios de la actividad cibernética hostil dirigida contra Israel, mientras que el apagón de internet en Irán (reducción del 99 %) persistía como herramienta de control de la información interna.

El 27 de septiembre, la Oficina Federal de Investigación (FBI), el Centro Nacional de Ciberseguridad (NCSC) del Reino Unido y el Servicio General de Inteligencia y Seguridad (AIVD) de los Países Bajos mantuvieron alertas activas sobre CHOSEN BRICK y confirmaron que el programa malicioso ha operado desde 2025 contra disidentes, periodistas y activistas a escala global, lo que constituye una amenaza persistente de vigilancia estatal transnacional.

SITUACIÓN POLÍTICA Y DIPLOMÁTICA
Dimensión Político y Diplomática
Variable Puntaje individual Puntaje total Intensidad
Actores Directos 🔴Retroceso Mayor (-2) 🔴 Retroceso Mayor 🟠Alta Intensidad
Estados Europeos 🟠 Retroceso Menor (-1)
Estados Mulsumanes 🟡Avance Menor (+1)
Pakistán y Turquía 🟡Avance Menor (+1)
Grupos Pro-iraníes 🔴Retroceso Mayor (-2)
Rusia y China 🟡Avance Menor (+1)
Otros actores externos 🟠 Retroceso Menor (-1)
ORG Internacional 🟡Avance Menor (+1)

 

Entre el 14 y el 27 de septiembre de 2026, el conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán combinó presión militar, coerción económica y esfuerzos diplomáticos, cuyos efectos se extendieron progresivamente a otros escenarios regionales. Washington mantuvo la presión sobre Teherán, evitó abrir un nuevo frente directo en Yemen y conservó canales de negociación. Irán respondió con una diplomacia condicionada, vinculando el diálogo con el levantamiento del bloqueo y la reapertura del estrecho de Ormuz. Por su parte, los Estados del golfo Pérsico, Turquía, Pakistán y Qatar ampliaron sus iniciativas de contención, mientras que los hutíes (Ansar Allah) intensificaron la presión sobre Arabia Saudita y el estrecho de Bab al-Mandeb, profundizando la regionalización del conflicto.

Actores internos

Washington redujo temporalmente la posibilidad de una intervención directa contra los hutíes, pero mantuvo una postura coercitiva frente a Irán. El 16 de septiembre, una delegación estadounidense mantuvo conversaciones con los hutíes en Omán, en las que, según la información recopilada, se habría acordado que Washington no proporcionaría apoyo aéreo a las fuerzas respaldadas por Arabia Saudita ni atacaría posiciones bajo control hutí, a cambio de mantener abierto el estrecho de Bab al-Mandeb a las embarcaciones estadounidenses. Posteriormente, los hutíes reafirmaron un entendimiento de no agresión con Washington, mientras EE. UU. permaneciera al margen de su confrontación con Arabia Saudita. Esta decisión permitió a Washington evitar la apertura de un nuevo frente militar y concentrar recursos en la confrontación con Irán.

Esta posición se reforzó el 20 de septiembre, cuando el presidente de EE. UU., Donald Trump, suspendió la posibilidad de una intervención directa en Yemen. La decisión estuvo vinculada con las dudas de su entorno respecto de una ampliación del despliegue militar, dadas las exigencias que ya implicaba la confrontación con Irán. No obstante, la reducción de la presión sobre Yemen no modificó de forma sustancial la postura estadounidense hacia Teherán: Trump consideró distintas alternativas, entre ellas la negociación, el incremento de la presión económica y nuevas acciones militares.

En el ámbito diplomático, Washington recibió, mediante la mediación de Qatar y Pakistán, las condiciones iraníes para una eventual reanudación de las negociaciones, entre ellas el fin de las hostilidades en todos los frentes, la liberación de fondos iraníes congelados y el levantamiento del bloqueo naval. Aunque EE. UU. no confirmó inicialmente su aceptación, el 22 de septiembre el secretario de Estado de EE. UU., Marco Rubio, señaló que Washington estaba dispuesto a conversar con representantes iraníes en Nueva York, si bien aún no había una reunión formalmente programada. Ese mismo día, Trump sostuvo que Irán debía alcanzar un acuerdo que limitara su programa nuclear y contemplara la reapertura del estrecho de Ormuz, y reiteró la posibilidad de adoptar medidas militares adicionales. Así, la negociación continuó planteándose desde una lógica de presión, en la que el diálogo permanecía sujeto al cumplimiento de condiciones estadounidenses.

La dimensión marítima siguió siendo central. Washington mantuvo como objetivo la reapertura de Ormuz y vinculó la reducción de la presión militar con la recuperación del tránsito marítimo. Los contactos indirectos con Teherán y las conversaciones con actores regionales evidenciaron que EE. UU. comenzó a gestionar la crisis mediante distintos canales. Hacia el 26 de septiembre, esta vía diplomática se estancó, cuando Trump rechazó la propuesta iraní de hoja de ruta (véase el apartado sobre Irán) sin presentar, según la información disponible, una contrapropuesta. Al cierre del período, Washington mantenía mecanismos de presión y canales de comunicación, pero sin haber alcanzado un nuevo entendimiento con Teherán.

En términos generales, EE. UU. desarrolló una estrategia diferenciada por frentes: contención de la confrontación con los hutíes para evitar una ampliación militar en Yemen, y mantenimiento de la presión política, económica y militar sobre Irán. La diplomacia permaneció abierta, aunque bajo condiciones estadounidenses, y la cuestión de Ormuz continuó siendo uno de los principales puntos de articulación entre los ámbitos militar, económico y diplomático del conflicto.

Por su parte, Israel centró su posición en la defensa de sus operaciones militares y en su justificación ante las críticas internacionales por Gaza e Irán. A diferencia de EE. UU., la actuación israelí se orientó sobre todo al ámbito político y discursivo. El 24 de septiembre, el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, utilizó su intervención ante la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para justificar las operaciones en Gaza y los ataques contra Irán, que presentó como medidas de autodefensa frente a amenazas contra el país, y cuestionó las críticas internacionales dirigidas contra su Gobierno. Con ello, la posición israelí mantuvo vinculadas la seguridad regional y la defensa nacional en un contexto de críticas crecientes, mientras EE. UU. e Irán exploraban posibilidades de negociación.

Como actor directo, Irán combinó tres líneas de actuación: mantenimiento de capacidades de respuesta frente a EE. UU., búsqueda de una salida diplomática condicionada y utilización del bloqueo naval y del estrecho de Ormuz como elementos centrales de negociación. El 19 de septiembre, el ministro de Relaciones Exteriores de Irán, Abbas Araghchi, respondió al ministro de Relaciones Exteriores de Francia, Jean-Noël Barrot, quien había señalado que Irán debía dar explicaciones por sus acciones contra la población civil. El intercambio evidenció la continuidad de las tensiones con gobiernos europeos, aunque el eje principal de la política iraní siguió siendo EE. UU.

La dimensión diplomática ganó relevancia el 20 de septiembre, cuando Irán comunicó, por medio de Qatar, sus condiciones para reabrir las conversaciones con Washington. El secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, Mohsen Rezaei, indicó que Teherán había planteado siete condiciones, de las cuales identificó tres: el fin de la guerra en todos los frentes, la liberación de fondos iraníes congelados y el levantamiento del bloqueo naval. Qatar y Pakistán transmitieron las posiciones entre ambas partes. La propuesta mostró que Teherán no descartaba una salida negociada, aunque supeditaba la reanudación del diálogo a cambios concretos en el escenario militar y económico. La diplomacia iraní estuvo, así, condicionada por el principio de reciprocidad: la reducción de las hostilidades debía ir acompañada de medidas estadounidenses sobre el bloqueo y los activos iraníes.

En paralelo, los mandos militares iraníes afirmaron disponer de información sobre un posible ataque de EE. UU. y sus aliados, y advirtieron que cualquier nueva acción contra territorio iraní generaría una respuesta contra bases e intereses estadounidenses en la región, lo que evidenció una postura de preparación militar aun durante la exploración diplomática. En el mismo contexto, las autoridades iraníes ordenaron el cierre de un centro vinculado con la embajada francesa en Teherán (véase el apartado sobre los Estados europeos), lo que añadió tensión a las relaciones bilaterales.

El 22 de septiembre, EE. UU. manifestó su disposición a conversar con representantes iraníes en Nueva York y, ese mismo día, Trump reiteró sus exigencias sobre el programa nuclear y la reapertura de Ormuz. Ante ello, Teherán mantuvo una postura favorable al diálogo, pero rechazó negociar bajo amenazas militares. Al día siguiente, el presidente de Irán, Masoud Pezeshkian, respondió ante la Asamblea General de la ONU: defendió el programa nuclear como un derecho asociado al desarrollo nacional, rechazó las amenazas de Washington, acusó a EE. UU. e Israel de ejercer acciones de fuerza contra Irán y sostuvo que Teherán estaba dispuesto a dialogar siempre que las conversaciones se desarrollaran sin amenazas ni imposiciones.

Hacia el final del período, Irán presentó una propuesta para detener la guerra, reabrir el estrecho de Ormuz en un plazo de seis días y retomar las negociaciones nucleares al séptimo, con la que buscaba vincular la reducción de las hostilidades, la normalización de la navegación y la continuidad del proceso diplomático. Trump rechazó la propuesta, sin que constara una contrapropuesta estadounidense. De esta manera, Ormuz funcionó como el principal punto de articulación entre estos ámbitos, pues fue a la vez un espacio de confrontación estratégica, una fuente de presión económica y un elemento central de las propuestas de negociación.

Estados europeos

Los Estados europeos mantuvieron una posición diferenciada frente a la evolución del conflicto, que combinó presión diplomática con participación selectiva en su dimensión regional. Aunque los gobiernos europeos procuraron evitar una implicación directa en el conflicto entre EE. UU., Israel e Irán, algunos comenzaron a asumir responsabilidades específicas vinculadas con la seguridad de sus socios regionales.

El 20 de septiembre, Francia anunció que convocaría al embajador iraní, después de que las autoridades judiciales de Teherán clausuraran un centro cultural y educativo vinculado con la embajada francesa. Irán justificó el cierre por la falta de licencia y por actividades que consideró contrarias a la seguridad nacional, sin presentar públicamente pruebas. París anunció que adoptaría medidas diplomáticas. El episodio evidenció un nuevo deterioro de las relaciones bilaterales y mostró que la presión europea sobre Teherán no se limitaba a cuestiones directamente vinculadas con la guerra, sino que también abarcaba la protección de sus representaciones e intereses diplomáticos.

El 21 de septiembre, el Reino Unido anunció, tras una solicitud de Riad, el despliegue temporal de un avión cisterna Voyager para el reabastecimiento en vuelo de aeronaves saudíes. Londres presentó la misión como una medida defensiva; aun así, la decisión representó un mayor grado de involucramiento europeo en la dimensión regional del conflicto, en particular frente a la escalada entre Arabia Saudita y los hutíes. La medida no supuso una participación británica directa en las operaciones de combate, pero evidenció la disposición a proporcionar capacidades militares de apoyo a un socio regional. Europa continuó, por tanto, como actor intermedio: no se convirtió en un bloque beligerante, pero tampoco permaneció al margen de las consecuencias regionales. La combinación de presión diplomática, apoyo a socios regionales y participación militar limitada permitió a los gobiernos europeos mantener sus vínculos de seguridad y preservar cierto margen de actuación propio frente a Washington y Teherán.

Estados musulmanes del Golfo Arábigo y Medio Oriente

Los Estados árabes y musulmanes del golfo Pérsico y Oriente Medio actuaron principalmente conforme a una lógica de protección de su seguridad territorial, contención de la expansión regional del conflicto y búsqueda de mecanismos diplomáticos complementarios a la acción estadounidense, sin mantener una posición homogénea.

El 16 de septiembre, Arabia Saudita solicitó a EE. UU. ataques contra los hutíes, en un contexto de creciente confrontación entre Riad y el grupo. Washington rechazó participar directamente en las operaciones de combate, aunque mantuvo el suministro de inteligencia y la asistencia para la selección de objetivos. Esta decisión fijó un umbral a la participación estadounidense, pues Washington continuó respaldando a Arabia Saudita sin asumir directamente la guerra contra los hutíes, lo que incrementó para Riad la necesidad de recurrir a mecanismos adicionales frente a la amenaza proveniente de Yemen.

En ese marco, Arabia Saudita recurrió a China para solicitarle que utilizara sus relaciones con Teherán a fin de contribuir a contener a los hutíes. La iniciativa evidenció la búsqueda saudí de una vía política alternativa ante la negativa estadounidense a intervenir militarmente. Para el 20 de septiembre, esta dinámica era más evidente: Arabia Saudita seguía dependiendo de las capacidades de seguridad de EE. UU. y, a la vez, procuraba aprovechar la relación de Pekín con Irán para reducir la presión hutí. El episodio muestra, por un lado, la búsqueda de apoyo militar y diplomático externo y, por otro, el empleo de capacidades propias para responder a esa presión.

La actuación de otros Estados de la región reflejó preocupaciones más amplias sobre la soberanía territorial y las consecuencias de la guerra. En el contexto de la Asamblea General de la ONU, el presidente de Siria, Ahmad al-Sharaa, reclamó la retirada israelí de los Altos del Golán, denunció ataques e incursiones israelíes en territorio sirio y reivindicó la aplicación de la Resolución 497 del Consejo de Seguridad de la ONU. La cuestión siria se incorporó así a una agenda regional más amplia, en la que distintos gobiernos buscaban posicionarse frente a las acciones israelíes y sus efectos sobre la seguridad regional.

El 25 de septiembre, el Líbano reclamó un alto el fuego permanente, la retirada israelí de todo territorio libanés, la liberación de detenidos y la reconstrucción del país. Su primer ministro sostuvo, además, que el Estado debía mantener el monopolio de las armas y que el territorio libanés no podía seguir funcionando como escenario de conflictos externos, con lo que vinculó la estabilización del frente libanés con el fortalecimiento de la autoridad estatal. El mismo día, Irak sostuvo que las decisiones sobre la guerra y la paz debían permanecer bajo autoridad estatal, mientras que el Gobierno de Baréin denunció ataques, presencia de minas y afectaciones a buques en el golfo Pérsico y el estrecho de Ormuz, y destacó sus efectos sobre el comercio, el suministro de alimentos, la energía y los seguros marítimos. Esta posición indica que la seguridad de las rutas marítimas se había convertido en una preocupación compartida por los Estados regionales debido a sus efectos económicos y estratégicos. La región mostró, así, una creciente autonomía diplomática: sus gobiernos continuaron dependiendo de las relaciones de seguridad con Washington, pero ampliaron sus canales con China, Irán y los mecanismos multilaterales para gestionar las consecuencias de la guerra.

Estados negociadores

Turquía, Qatar y Pakistán actuaron como Estados negociadores. El 19 de septiembre, el ministro de Relaciones Exteriores de Turquía, Hakan Fidan, manifestó que su país estaba dispuesto a apoyar a Arabia Saudita si Riad requería asistencia militar, en particular de carácter técnico. La declaración representó una evolución respecto del papel exclusivamente diplomático que Ankara había desempeñado en etapas anteriores del conflicto. Turquía conservó su función de interlocutor regional y, a la vez, mostró disposición a asumir responsabilidades en materia de seguridad. El 22 de septiembre, el presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdoğan, criticó ante la Asamblea General de la ONU las acciones israelíes, que consideró un factor de desestabilización regional; denunció la situación en Gaza, la violencia de colonos en Cisjordania y las acciones israelíes en el Líbano y Siria, y cuestionó la estructura del Consejo de Seguridad, en particular el número de miembros permanentes. La intervención mostró que Ankara vinculaba la guerra entre EE. UU., Israel e Irán con una problemática regional más amplia, en la que la cuestión palestina y las actuaciones israelíes constituían elementos centrales.

Por su parte, Pakistán adoptó inicialmente una postura más cautelosa. Posteriormente, su ministro de Defensa señaló que había llegado el momento de implementar el acuerdo de defensa vigente con sus socios regionales, lo que incrementó la relevancia de Islamabad en la dinámica regional, pues una eventual solicitud formal de asistencia de Arabia Saudita podía comprometer tanto a Pakistán como a Turquía en la protección de su socio. El 25 de septiembre, Pakistán llevó nuevamente la cuestión regional al ámbito multilateral ante la Asamblea General de la ONU: defendió la diplomacia frente a la escalada en el golfo Pérsico y destacó la necesidad de proteger la navegación en los estrechos de Ormuz y Bab al-Mandeb. Esta posición es coherente con el papel que Pakistán desempeñó durante el conflicto, pues procuró contener la expansión de la guerra, proteger sus relaciones estratégicas con Arabia Saudita y mantener canales de comunicación con otros actores regionales.

Así, aunque compartieron el objetivo de evitar una ampliación de la guerra, sus actuaciones estuvieron condicionadas por sus compromisos de seguridad y sus relaciones con los Estados involucrados.

Grupos pro-iraníes

Los grupos proiraníes, en especial los hutíes de Yemen, mantuvieron un rol relevante en el conflicto. El 14 de septiembre, los hutíes afirmaron haber avanzado sobre nuevas posiciones de relevancia estratégica en Jabal Kahboub, en la provincia de Lahij, desde las que habrían obtenido visibilidad sobre el estrecho de Bab al-Mandeb. Estos avances siguieron a la captura de Moca, Dhubab y la isla de Perim, lo que consolidó la presencia hutí sobre uno de los principales puntos de tránsito marítimo entre el mar Rojo y el océano Índico. Los enfrentamientos con fuerzas respaldadas por Arabia Saudita indicaron que el objetivo del grupo no se limitaba a ampliar su control territorial en Yemen, sino que incluía consolidar posiciones desde las cuales ejercer presión sobre un corredor clave para el comercio internacional.

La relevancia de estos movimientos radicó en la dimensión marítima del conflicto. El control o la capacidad de presión sobre Bab al-Mandeb otorgó a los hutíes una posición estratégica frente a las rutas comerciales y energéticas que atraviesan el mar Rojo. El frente yemení adquirió así una importancia comparable, desde otro espacio geográfico, a la presión iraní sobre el estrecho de Ormuz, y ambos corredores pasaron a formar parte de una misma dinámica de regionalización de los efectos del conflicto.

El 17 de septiembre, el líder hutí, Abdul Malik al-Houthi, rechazó las acusaciones de que el grupo hubiera atacado La Meca y afirmó que se trataba de una operación de falsa bandera destinada a facilitar la incorporación de Turquía y Pakistán a la guerra mediante los mecanismos de seguridad establecidos con Arabia Saudita. Sostuvo, además, que los hutíes mantenían interlocutores directos en ambos países para comunicar sus posiciones y acciones. La declaración muestra que los hutíes buscaban influir sobre la dimensión diplomática del conflicto y evitar que sus acciones justificaran una ampliación de la participación regional.

No obstante, la presión sobre Arabia Saudita siguió aumentando. El 19 de septiembre, los hutíes lanzaron drones contra el aeropuerto internacional Rey Jalid de Riad, en lo que se reportó como el primer ataque de este tipo contra la instalación en cuatro años. Los drones alcanzaron depósitos de combustible para aeronaves y provocaron un incendio, lo que representó una ampliación de los objetivos hutíes hacia infraestructura crítica situada en el centro político y económico saudí.

Al día siguiente, los hutíes afirmaron haber realizado una operación de mayor escala, con misiles y drones, contra instalaciones consideradas sensibles en Riad y contra infraestructura de la empresa estatal Saudi Aramco en Yanbu. Esto indica que el grupo consolidó posiciones territoriales y estratégicas alrededor de Bab al-Mandeb, con una mayor capacidad de presión sobre una de las principales rutas marítimas internacionales, y amplió sus ataques contra Arabia Saudita, desde la confrontación en territorio yemení hasta objetivos en Riad e infraestructura energética saudí.

Rusia y China

En cuanto a las potencias, el 17 de septiembre China intentó intervenir diplomáticamente ante Irán para abordar la escalada regional, pero encontró un obstáculo cuando Teherán condicionó cualquier solución a la retirada de EE. UU. de la región y al cese de lo que consideraba acciones de desestabilización mediante sus aliados. Ante esa respuesta, Pekín desistió del planteamiento y manifestó una posición coincidente con la de Irán. Durante el período analizado, China mantuvo así una postura de rechazo a la presencia y la presión estadounidenses en la región, aunque su participación diplomática se limitó a este contacto puntual.

SITUACIÓN HUMANITARIA Y SOCIAL
Dimensión Político y Diplomática
Variable Puntaje individual Puntaje total Intensidad
Víctimas y Desplazados 🔴Gravedad Extrema (-3) -3 🔴Extrema Intensidad
Infraestructura Crítica 🟠Gravedad Alta (-2)
Violaciones al DIH 🔴Gravedad Extrema (-3)

 

Seham, una mujer desplazada de Yemen, aparece junto a sus hijos al lado de sus Tarjetas de Identificación Integral de Refugiado (CRI, por sus siglas en inglés) emitidas por el ACNUR, en un refugio de tiendas de campaña en el campamento de desplazados internos de Alkhadhra.

Durante el período monitoreado, del 14 al 27 de septiembre de 2026, la situación humanitaria en Oriente Medio se deterioró como consecuencia de la intensificación de la violencia y sus efectos sobre la población civil y la infraestructura esencial. La escalada del conflicto provocó numerosas víctimas en áreas urbanas, afectó el funcionamiento de infraestructura energética y de transporte y profundizó las necesidades humanitarias, particularmente en el Líbano, donde más de 350.000 personas fueron desplazadas. Este escenario plantea posibles contravenciones al Derecho Internacional Humanitario (DIH), en particular en relación con los principios de distinción, proporcionalidad y precaución.

Víctimas y Desplazados

En la península arábiga y en la zona del mar Rojo, el período comprendido entre el 14 y el 27 de septiembre de 2026 se caracterizó por una intensificación de las hostilidades y un deterioro sostenido de las condiciones humanitarias. En Yemen, el 14 de septiembre, los enfrentamientos registrados en Jabal Kahboub, en la provincia de Lahij, tras el avance de las fuerzas de Ansar Allah (los hutíes) en el litoral, causaron la muerte de al menos diez militares. El 18 de septiembre, ataques aéreos de la coalición y fuego de artillería en la provincia de Taiz dejaron múltiples víctimas en zonas habitadas, entre ellas tres menores en el distrito de Al Waziyah. Entre el 21 y el 22 de septiembre, ataques aéreos sobre un mercado en Dhubab y sobre la localidad de Moca provocaron la muerte de seis personas y heridas a otras ocho. El 22 de septiembre, 19 ataques aéreos alcanzaron las provincias de Taiz, Al Jawf y Marib, con nuevas víctimas civiles. Según la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), 82.164 personas fueron desplazadas internamente durante septiembre, lo que elevó a más de 129.000 el total acumulado de personas en situación de desplazamiento forzado en las áreas de conflicto.

En Arabia Saudita, el 14 de septiembre, un ataque con misiles y drones sobre Khamis Mushait, Abha y Taif dejó 13 civiles heridos y causó daños materiales en viviendas.

En Irán, el período estuvo marcado por el seguimiento de los efectos de las operaciones aéreas de las fuerzas aliadas sobre la población. Se mantuvo en el debate público el impacto humanitario del ataque de febrero de 2026 contra un centro educativo en Minab, que causó la muerte de más de 120 menores. Los movimientos internos de población continuaron orientándose hacia provincias periféricas, en un contexto de deterioro de las condiciones en los principales centros urbanos e industriales, sin que se identificaran flujos masivos de refugiados hacia el exterior del país.

En Israel, los lanzamientos intermitentes de proyectiles desde zonas fronterizas mantuvieron activas las alertas para la población. Aunque el número de víctimas mortales fue menor que en períodos anteriores, persistieron las medidas de reubicación preventiva de residentes en la franja fronteriza norte, así como la atención médica por afectaciones indirectas en hospitales de la región.

En el Líbano, la situación continuó ejerciendo una elevada presión sobre los servicios de asistencia. Según los registros del Ministerio de Salud Pública y de la Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA, por sus siglas en inglés), la cifra consolidada de personas desplazadas internamente superó las 350.000, mientras que el sistema sanitario enfrentó importantes restricciones de cobertura debido a los daños estructurales y a la persistencia de ataques en el sur del país.

En el resto de la región, la inestabilidad mantuvo efectos diferenciados sobre la población civil. En Irak, los ataques contra instalaciones logísticas en la provincia de Anbar y en Bagdad mantuvieron un número estable de bajas militares y afectaciones en zonas aledañas. En Siria, las incursiones aéreas contra puestos de control en el sur y el este del territorio dificultaron la movilidad en las rutas fronterizas, lo que comprometió las condiciones para un retorno seguro de la población refugiada.

A la fecha de cierre, el 27 de septiembre de 2026, el balance humanitario regional refleja un deterioro de las condiciones de protección de la población civil. La afectación de los servicios básicos y la ampliación del desplazamiento forzado consolidaron un escenario de elevada vulnerabilidad humanitaria en Medio Oriente.

Infraestructura crítica

Entre el 14 y el 27 de septiembre de 2026, aumentaron los ataques contra infraestructura energética, redes de transporte de hidrocarburos, instalaciones de aviación civil y centros de logística comercial en la península arábiga y el mar Rojo, con efectos sobre la continuidad de servicios esenciales y el abastecimiento de las poblaciones de la región.

En Yemen, el 14 de septiembre, bombardeos aéreos afectaron las vías de comunicación de la ruta costera que conecta con Dhubab, antes del avance de las Fuerzas de Resistencia del Sur (SRF, por sus siglas en inglés) hacia Murad y el estrecho de Bab al-Mandeb, tras el repliegue de unidades de Ansar Allah.

En Arabia Saudita, ese mismo día, ataques con drones alcanzaron estaciones de bombeo del oleoducto Este-Oeste. Las evaluaciones satelitales y los informes técnicos oficiales confirmaron daños estructurales de consideración y focos de incendio, lo que provocó la interrupción total del flujo del oleoducto durante un período estimado de tres a cinco semanas, con la consiguiente reducción de las reservas exportables y afectaciones en la distribución de combustible en la región. Además, el 15 de septiembre se constató un impacto directo en la estación de bombeo n.º 9 del mismo oleoducto.

Ese día, un ataque con decenas de misiles y drones alcanzó seis centros urbanos e industriales saudíes: Yanbu, Taif, Yeda, Abha, Jazán y Al Ula. En la planta Abha Bulk Aramco, al norte de la ciudad de Abha y próxima a zonas habitadas, los ataques destruyeron tres tanques de almacenamiento de combustible industrial y provocaron un derrame de petróleo de dos kilómetros de extensión. En el puerto de Yanbu, las autoridades activaron medidas de emergencia, con quema de gas en antorchas cuatro veces por encima del umbral operativo normal, mientras que imágenes de sensores térmicos satelitales de la Administración Nacional de Aeronáutica y del Espacio (NASA, por sus siglas en inglés) confirmaron múltiples incendios en las instalaciones portuarias. El 16 y el 17 de septiembre, nuevos ataques contra la refinería de Aramco y las áreas logística y comercial del puerto de Yanbu generaron incendios de consideración e interrupciones en la actividad portuaria e industrial, aunque no se reportaron víctimas civiles directas en esos puntos.

En Riad, el 19 de septiembre, un ataque con misiles balísticos contra la base aérea Rey Salmán provocó detonaciones en el perímetro del aeropuerto internacional de la ciudad, lo que obligó a suspender temporalmente el tráfico aéreo comercial. El incidente evidenció los riesgos que este tipo de ataques representa para la seguridad de la aviación civil y la conectividad aérea de pasajeros.

A la fecha de cierre, los ataques contra bienes de uso dual y comercial, entre ellos oleoductos, complejos portuarios y terminales aéreas, afectaron la continuidad de servicios esenciales y las cadenas de suministro regionales e internacionales, con posibles efectos sobre el abastecimiento de combustible de la población.

Violaciones al Derecho Internacional Humanitario

Los hechos registrados en la región plantean posibles contravenciones a las normas del DIH, en particular respecto de los principios de distinción, proporcionalidad y precaución, así como del régimen de protección especial de los bienes de carácter civil y de la infraestructura sensible. Las calificaciones que siguen corresponden a evaluaciones preliminares o a posiciones de los actores citados y no constituyen determinaciones jurídicas definitivas.

En relación con Yemen y Arabia Saudita, el 15 de septiembre, el ministro de Asuntos Exteriores de Kuwait calificó como una infracción del DIH los ataques de Ansar Allah contra centros urbanos saudíes, expresó su respaldo a las acciones defensivas de Arabia Saudita y denunció el impacto del uso de armas pesadas en zonas habitadas. Ese mismo día, el uso de las inmediaciones del aeropuerto de Taiz para el lanzamiento de un misil balístico motivó un ataque aéreo posterior de la coalición contra las instalaciones, que provocó daños materiales significativos en infraestructura de aviación civil. El episodio plantea interrogantes sobre el estatus de los bienes de uso dual y la aplicación del principio de precaución. El 24 de septiembre, según los informes recibidos, Ansar Allah tomó el control del corredor vial Taiz-Adén, lo que afectó la circulación de la población civil y dificultó el paso de convoyes de asistencia humanitaria, con efectos sobre el abastecimiento de insumos básicos en regiones ya afectadas por una crisis estructural.

Respecto de la Franja de Gaza, el 15 de septiembre, el Gobierno de EE. UU. autorizó la venta a Israel de armamento pesado por 2.800 millones de dólares, que incluye 40.000 bombas Mk 84 de unos 900 kg y 20.000 ojivas de penetración I-2000. La transferencia generó advertencias sobre sus posibles implicancias humanitarias, debido al amplio radio de efectos letales de estas municiones cuando se emplean en áreas urbanas densamente pobladas. El 19 de septiembre, las declaraciones del ministro de Seguridad Nacional de Israel, Itamar Ben-Gvir, sobre trasladar y expulsar a la población de la Franja de Gaza, bajo el argumento de establecer un corredor humanitario, generaron rechazo diplomático. El marco normativo internacional prohíbe los desplazamientos forzados de población civil desde un territorio ocupado, salvo las condiciones de evacuación temporal contempladas en el artículo 49 del IV Convenio de Ginebra, por lo que la legalidad de cualquier medida de este tipo dependería de las circunstancias y condiciones concretas en las que se llevara a cabo.

En cuanto a Irán, el 22 de septiembre, la difusión de informes sobre el uso de sistemas de selección de objetivos asistidos por inteligencia artificial en el ataque de febrero contra el centro educativo de Minab reabrió el debate internacional sobre la responsabilidad del mando y la aplicación de los principios de distinción, proporcionalidad y precaución en el uso de tecnologías algorítmicas de focalización.

En Siria, el 14 de septiembre, una explosión en las inmediaciones de una iglesia en la provincia de Hama afectó un lugar de culto, hecho que podría constituir una vulneración de la protección especial otorgada a las instalaciones culturales y religiosas. En el ámbito multilateral, el 23 de septiembre, el presidente de Siria, Ahmad al-Sharaa, denunció ante la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) más de 500 ataques aéreos, incursiones territoriales y aproximadamente 300 detenciones por parte de las fuerzas de Israel. De confirmarse, estas acciones, especialmente aquellas realizadas sin las debidas garantías procesales, podrían representar una afectación de la población civil y plantear cuestiones respecto de las obligaciones aplicables en contextos de ocupación o conflicto armado.

A la fecha de cierre, el 27 de septiembre de 2026, el balance sobre el cumplimiento del DIH refleja un deterioro de las salvaguardias aplicables a la población civil, a la infraestructura protegida y a los corredores de asistencia humanitaria en la región.

SITUACIÓN ECONÓMICA Y ENERGÉTICA
Dimensión Económica y Energética
Variable Puntaje individual Puntaje total Intensidad
Cantidad de Buques Comerciales 🔴 Impacto Crítico (-3) -2 🟠Alta Intensidad 
Desvío de Tránsito 🟡 Impacto Bajo (-1)
Commodities Energéticas 🟠Impacto Alto (-2)

 

Destructor estadounidense desviando/siguiendo buque mercante.

Entre el 14 y el 27 de septiembre de 2026, el tránsito por el estrecho de Ormuz registró su nivel más bajo el lunes 21, con solo dos buques, y su máximo el sábado 19, con diez embarcaciones, lo que refleja una contracción de aproximadamente el 93 % respecto de los niveles previos al conflicto. Por su parte, el cabo de Buena Esperanza registró su mayor volumen de tránsito el domingo 20 de septiembre, con 85 embarcaciones, entre ellas 45 graneleros y 14 petroleros. En cuanto a las materias primas energéticas, el precio del petróleo Brent alcanzó su valor más alto el jueves 24 de septiembre, con hasta 120,92 USD, según una de las fuentes consultadas, y su nivel más bajo el martes 22, entre 99,10 y 99,25 USD. Esta variación refleja la volatilidad de los mercados energéticos en un contexto marcado por las negociaciones intermitentes entre Irán y EE. UU.

Cantidad de buques

El tránsito de buques comerciales por el estrecho de Ormuz descendió de siete buques el domingo 13 a solo cuatro cruces el lunes 14, lo que representó una reducción del 43 %. Este descenso se produjo después de que Irán ampliara a 77 embarcaciones su lista de buques sujetos a restricciones, lo que generó incertidumbre entre las compañías navieras internacionales.

El martes 15 de septiembre se registró nuevamente el tránsito de cuatro buques. El miércoles 16, la situación se deterioró, con solo tres naves en tránsito, una disminución del 25 % que se produjo en un contexto de amenazas iraníes de ataques sostenidos contra infraestructura energética y bases estadounidenses en la región. El jueves 17, el tráfico repuntó levemente a cuatro buques, aunque continuó muy por debajo del promedio de 125 embarcaciones diarias previo al inicio del conflicto, en febrero de 2026.

El viernes 18 se observó una recuperación, con seis buques, seguida de diez el sábado 19, antes de un nuevo descenso a solo dos naves el lunes 21, la cifra más baja del período analizado. Esta volatilidad se produjo en un contexto de negociaciones intermitentes entre Irán y Omán para establecer corredores temporales seguros, junto con la presión militar de EE. UU. para mantener operativo el estrecho.

El martes 22 de septiembre se registró una mejora, con tres buques, seguida de cuatro el miércoles 23, siete el jueves 24 y nueve el viernes 25. Este incremento del 200 % entre el 22 y el 25 se produjo tras la oferta iraní de un plan de siete días para reabrir completamente el estrecho, aunque las cifras permanecieron aproximadamente un 93 % por debajo de los niveles normales. Las autoridades estadounidenses informaron de hasta 60 buques en algunos días; sin embargo, fuentes independientes, como la empresa de análisis Kpler y la Oficina de Operaciones Comerciales Marítimas del Reino Unido (UKMTO), cuestionaron estas cifras al registrar una actividad de un solo dígito. Esto evidencia una discrepancia entre las fuentes respecto del nivel real de actividad en una de las principales vías marítimas para el comercio energético mundial.

Desvío de tránsito

En el canal de Suez se registraron 45 tránsitos el lunes 14 de septiembre y 39 el miércoles 16, entre ellos el buque portacontenedores de gran capacidad OOCL Portugal, con una capacidad de 24.188 unidades equivalentes a veinte pies (TEU). El domingo 20, según PortWatch del Fondo Monetario Internacional (FMI), el canal registró 42 tránsitos, desglosados en 19 petroleros, 14 portacontenedores y siete graneleros. Entre el lunes 21 y el miércoles 23, el flujo se mantuvo estable en 47 buques diarios, con una distribución variable entre las direcciones norte y sur. El jueves 24, la cifra descendió a 37 buques y se recuperó gradualmente hasta alcanzar 50 tránsitos el domingo 27, de los cuales 21 se dirigían hacia el norte y 29 hacia el sur. La tendencia general mostró una recuperación progresiva, impulsada por el retorno de navieras como Maersk, Mediterranean Shipping Company (MSC) y China COSCO Shipping (COSCO).

En el estrecho de Bab al-Mandeb, el tránsito descendió a 21 buques el lunes 14, un 25 % menos que el día anterior, en un contexto de intensificación de los ataques hutíes tras la captura de Moca. El jueves 17 se registraron 23 buques, de los cuales 13 se dirigían hacia el mar Rojo y 10 hacia el golfo de Adén, por debajo del promedio de 26 buques registrado durante los diez días anteriores. Ese mismo día, COSCO realizó su primer tránsito hacia el sur desde el inicio de las disrupciones, aunque no se dispone de cifras totales para esa jornada. El domingo 20 se alcanzaron 26 tránsitos y el miércoles 23 se registraron 22 buques, de los cuales 14 se dirigían hacia el mar Rojo y ocho hacia el golfo de Adén. El estrecho permaneció, así, sujeto a una elevada volatilidad debido a los riesgos de seguridad persistentes.

En el cabo de Buena Esperanza, el lunes 14 se registraron 20 portacontenedores que optaron por la ruta de desvío y el miércoles 16, 16. El domingo 20 se contabilizaron 85 tránsitos totales, entre ellos 45 graneleros y 14 petroleros. No se dispone de datos diarios específicos posteriores al 20 de septiembre en las fuentes públicas consultadas. Sin embargo, las mismas fuentes señalan una disminución de los desvíos a medida que las empresas reanudaron operaciones por rutas más directas.

Commodities energéticas

El lunes 14 de septiembre, el Brent cerró entre 106,48 y 106,99 USD, con un alza del 1,02 % respecto del día anterior, atribuida a la persistencia de ataques recíprocos entre Washington y Teherán cerca del estrecho de Ormuz. Al día siguiente, el martes 15, el precio alcanzó entre 108,48 y 108,75 USD, con un incremento de entre 2,08 % y 2,90 %, en un contexto marcado por el anuncio de Maersk y MSC sobre la reanudación parcial de las rutas comerciales por el canal de Suez, que elevó las expectativas de demanda energética. El miércoles 16, el Brent cerró entre 105,60 y 108,59 USD, con una caída de entre 0,5 % y 2,6 %, en medio de declaraciones contradictorias sobre las negociaciones diplomáticas.

El jueves 17, según YCharts, el precio al contado (spot) alcanzó 121,18 USD, aunque otras fuentes no reportaron un cierre consistente. En ese contexto, JPMorgan declaró no tener una visión clara del mercado petrolero. El viernes 18, el Brent cotizó alrededor de 102,69 a 104,08 USD al inicio de la jornada, en un contexto de incertidumbre por un conflicto que ya cumplía siete meses. Los días 19 y 20 no se registraron datos de cierre por corresponder al fin de semana.

El lunes 21, el Brent abrió a la baja, entre 101,75 y 102,93 USD, ante la expectativa de acercamientos diplomáticos en la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). El martes 22 cerró entre 99,10 y 99,25 USD, con una caída de entre 1,33 % y 2,00 %, en lo que se presentó como la quinta jornada consecutiva a la baja, en un contexto de expectativas de tregua. El miércoles 23 repuntó a entre 103,08 y 117,45 USD, con un aumento de entre 3,8 % y 18,3 %, a raíz de los ataques hutíes contra Arabia Saudita y la falta de avances en las negociaciones. El jueves 24 cerró entre 106,60 y 120,92 USD, con un incremento del 3,41 %, en un contexto de continuidad de la incertidumbre geopolítica.

El viernes 25, el Brent cayó a entre 104,05 y 105,52 USD, con una disminución de entre 1,0 % y 2,36 %, mientras los mercados evaluaban una posible tregua. El lunes 28 de septiembre, fuera del período analizado, el precio subió a 106,32 USD, un 1,92 % más, según el dato disponible, tras el rechazo del presidente de EE. UU., Donald Trump, a la oferta de Irán de reabrir el estrecho de Ormuz en siete días.

Este es un artículo de opinión. Las opiniones y contenido no reflejan o representan necesariamente la postura del CEERI como institución.

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