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Informe N°16 | 28 de septiembre al 11 de octubre de 2026

Grupo de Investigación de Paz y Seguridad Internacionales.

Gonzalo Gabriel Dinamarca – Coordinador del Grupo de Investigación de Paz y Seguridad Internacional.
Redactor de Situación Militar y Operacional; y Situación Económica y Energética.

Geri Giselle Lopez – Redactora de Situación Político y Diplomática.

Ivanna Duvara – Redactora de Situación Humanitaria y Social.

Hillary Samanta Villegas Gómez – Editora.

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Introducción

El estallido del conflicto armado directo entre Estados Unidos e Israel contra Irán transformó una tensión diplomática en una confrontación bélica de consecuencias impredecibles. Tras el fracaso de las negociaciones sobre el programa nuclear y misilístico iraní, la orden de Donald Trump del 28 de febrero de 2026 de iniciar la “Operación Furia Épica” —la mayor movilización militar desde 2003 contra Irak—, coordinada con la “Operación Rugido de León” de Israel, marcó el inicio de una guerra abierta. Los ataques contra instalaciones estratégicas provocaron una respuesta inmediata de Teherán mediante la “Operación Promesa Verdadera 4”.

Este informe analiza la escalada militar del conflicto, el papel de diversos aliados regionales como los países europeos y los Estados árabes, así como su impacto potencial sobre la población civil y los mercados energéticos globales.

El Grupo de Investigación en Paz y Seguridad Internacional del CEERI busca contribuir a una comprensión integral del conflicto mediante el seguimiento y el análisis sistemático de cuatro dimensiones clave: 1) militar y operacional; 2) política y diplomática; 3) humanitaria y social; y 4) económica y energética.

  • Situación Militar y Operacional

Esta dimensión del informe se enfoca en analizar y cuantificar la Escala de Magnitud de las Operaciones (EMO) en el conflicto entre Estados Unidos e Irán, priorizando el “cuántos y qué” se dispara o lanza y “desde dónde” (plataformas), más que la mera intención política. Se aplica un marco técnico y cuantificable que cubre los dominios convencionales —aéreo, terrestre y naval— e integra operaciones especiales y cibernéticas como factores de impacto estratégico.

Se evalúan campañas de supresión aérea, ataques de precisión, defensa en profundidad, guerra de enjambre y minado de chokepoints, además de incursiones limitadas y operaciones de protección de bases. También se incorporan acciones de sabotaje o saturación cibernética. El objetivo es medir el volumen, la intensidad, la capacidad de respuesta y la evolución de la confrontación en todos los dominios.

  • Situación Político y Diplomática

Esta dimensión del informe analiza cómo las declaraciones diplomáticas y las alianzas establecidas por actores directos y externos condicionan la evolución del conflicto entre Estados Unidos e Irán. Asimismo, incluye las manifestaciones de organismos internacionales, en particular el OIEA, la OPEP y la OIC.

Su medición se basa en la Matriz de Evolución Política (MEP), un índice mixto —cualitativo y cuantitativo— que determina si el entorno internacional tiende a mitigar o agravar la confrontación. Se examinan, por tanto, los esfuerzos orientados al establecimiento de conversaciones de paz, las mediaciones y las declaraciones de los actores afectados por el conflicto. Asimismo, se identifican los obstáculos y retos que dificultan el logro de un cese del fuego o de un acuerdo de paz.

  • Situación Humanitaria y Social

Esta dimensión evalúa el impacto del conflicto sobre la población civil y el cumplimiento del Derecho Internacional Humanitario (DIH) en la confrontación entre Estados Unidos e Irán. Emplea un Índice de Degradación Humanitaria (IDH) que sintetiza el costo humano y el riesgo jurídico internacional, con el fin de medir el deterioro, identificar tendencias y estimar la probabilidad de sanciones o responsabilidades penales.

Se registran las víctimas civiles (fallecidos y heridos) y los desplazamientos forzados, tanto internos —incluidos movimientos hacia los montes Zagros— como externos hacia Turquía, Irak y Pakistán. También se examinan los daños a la infraestructura crítica, como los sistemas de electricidad y agua, los hospitales y las telecomunicaciones, así como las posibles violaciones del DIH, incluido el trato a las personas privadas de libertad conforme a los Convenios de Ginebra.

  • Situación Económica y Energética

Esta dimensión analiza uno de los principales mecanismos de presión global derivados del conflicto, particularmente su impacto sobre la economía mundial a través del estrecho de Ormuz, por donde circula aproximadamente el 20 % del petróleo mundial. Para evaluar si la crisis mantendrá un carácter regional o se transformará en un shock energético global con efectos inflacionarios y financieros, se emplea el Índice de Shock Económico (ISE).

Se analizan variables como la cantidad de buques comerciales; el porcentaje de desvíos de ruta —por ejemplo, mediante la circunnavegación del sur de África— y los costos asociados a posibles interrupciones; así como el incremento de la volatilidad de los precios de las commodities energéticas, en particular del petróleo (Brent/WTI) y del gas natural licuado (GNL).

Dimensión Indicador Operacionalizado Intensidad del Conflicto
1. Dimensión Militar y Operacional Operaciones Terrestres + Aéreas + Navales + Especiales 🟠 Alta Intensidad
2. Dimensión Política y Diplomática Actores directos + Actores Externos + ORG Inter 🟠Alta Intensidad
3. Dimensión Humanitaria y Social  Víctimas y Desplazados + Infraestructura Crítica + Violaciones al DIH 🔴Extrema Intensidad
4. Dimensión Económica y Energética Cantidad de Buques Comerciales + Desvío de Tránsito + Commodities Energéticas 🟠Alta Intensidad
SITUACIÓN MILITAR Y OPERACIONAL
Dimensión Militar y Operacional
Variable Puntaje individual Puntaje total Intensidad
Terrestre 🟠 Magnitud Alta (209) 637 🟠 Alta Intensidad
Aérea 🟠 Magnitud Alta (196)
Naval 🟡 Magnitud Baja (142)
Especial 🟡 Magnitud Baja (90)
Desfile militar hutie con un misil balístico, uno de los utilizados contra el aeropuerto saudi.

Entre el 28 de septiembre y el 11 de octubre, la guerra se expandió en cuatro frentes. En tierra, los hutíes capturaron al-Turbah y la ruta Taiz–Adén, mientras que las fuerzas yemeníes recuperaron Perim y áreas cercanas al estrecho de Bab al-Mandeb. Por su parte, Israel llevó a cabo operaciones en el sur del Líbano. En el aire, misiles y drones hutíes atacaron reiteradamente el aeropuerto de Riad, causando al menos 20 muertos, mientras que Arabia Saudita interceptó múltiples proyectiles y bombardeó plataformas de lanzamiento en Saná. En el mar, Irán hostigó petroleros en el estrecho de Ormuz, mientras que Estados Unidos desplegó un tercer portaaviones. En el ciberespacio, grupos proiraníes atacaron a Stryker y a los sistemas de abastecimiento de agua estadounidenses.

Operaciones Terrestres

La actividad terrestre se concentró en el sur del Líbano, Yemen y el norte de Irak. El 28 de septiembre, Israel anunció que su 55.ª Brigada había completado una operación en al-Mansouri para eliminar amenazas de Hezbollah, en la que empleó infantería mecanizada, demolió túneles y destruyó infraestructura militar subterránea. Las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) afirmaron haber neutralizado más de 600 objetivos, una cifra que no ha sido verificada de forma independiente. Ese mismo día, el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) habría lanzado tres drones Hadid-110 contra el campamento Azadi del Partido Democrático del Kurdistán de Irán en Erbil, sin causar víctimas. En Yemen, las fuerzas gubernamentales atacaron un campamento hutí y varios vehículos en Mawiya, Taiz, mientras que Arabia Saudita interceptó dos misiles balísticos y dos drones hutíes. Los días 29 y 30 de septiembre no se registraron nuevas operaciones terrestres verificables.

El 1 de octubre, los hutíes detonaron un artefacto explosivo improvisado en la carretera Hijat al Abd, lo que interrumpió temporalmente la principal ruta logística entre Taiz y Adén. Simultáneamente, avanzaron hacia al-Salaf y presionaron los flancos norte y oeste de Taiz. El 2 de octubre, iniciaron un asalto coordinado en varios ejes de Taiz, mientras que Arabia Saudita preparaba apoyo para una ofensiva gubernamental en la llanura costera del mar Rojo. El 3 de octubre, los intentos hutíes de avanzar por el oeste y el este de Taiz fueron contenidos.

Para el 4 de octubre, los hutíes habían capturado al-Safiyah, al-Mansora y la localidad estratégica de al-Turbah, lo que les permitió asegurar la ruta Taiz–Adén y acercarse al cerco de Taiz. Ese mismo día, el gobierno yemení, respaldado por la aviación saudita y la coalición, lanzó una ofensiva para tomar Mokha y asegurar la costa de Bab al-Mandeb. El 5 de octubre, los hutíes frenaron el avance gubernamental hacia el norte en la llanura costera, mientras que las fuerzas navales y aéreas sauditas atacaban activos hutíes vinculados al estrecho. El 6 de octubre, las fuerzas alineadas con el gobierno, incluidas las Homeland Shield Forces, iniciaron una contraofensiva para recuperar el distrito de Waziyah.

Entre el 7 y el 8 de octubre, los hutíes tomaron Najd al-Nashamah, situada sobre la línea de comunicaciones gubernamental, y avanzaron en al-Maafir y Mawasit, lo que consolidó sus posiciones alrededor de Taiz. No obstante, las fuerzas gubernamentales detuvieron nuevos avances de mayor envergadura, mientras que los hutíes atacaron presuntos esfuerzos sauditas e internacionales para abastecer a sus adversarios. El 9 de octubre, las fuerzas yemeníes informaron de la captura de la isla de Perim y la recuperación de áreas cercanas a Bab al-Mandeb, un avance que redujo el riesgo de consolidación hutí en torno al estrecho. En ese tiempo, las fuerzas gubernamentales continuaron conteniendo los avances hutíes en el centro de Taiz.

El 10 de octubre, los hutíes intentaron asegurar corredores terrestres hacia Taiz, mientras que drones y aviones sauditas y gubernamentales atacaban refuerzos, depósitos y centros logísticos hutíes. Ese día, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó que evaluaba posibles ofensivas contra los hutíes tras los ataques a aeropuertos sauditas, sin anunciar ninguna operación terrestre.

El 11 de octubre, un tanque israelí habría atacado directamente a un exoficial libanés en Yater, causándole la muerte, en un contexto de presencia terrestre israelí en la frontera y de ataques de Hezbollah. Israel también disparó interceptores contra presuntos objetivos aéreos en el sur del Líbano. Desde Yemen, un proyectil hutí impactó en la Terminal 4 del aeropuerto Rey Jalid de Riad y causó un muerto y 11 heridos, mientras que la coalición saudita interceptó otro ataque. En conjunto, el período estuvo marcado por una guerra terrestre de maniobra y desgaste, dominada por la lucha por las rutas logísticas en Yemen y por operaciones fronterizas limitadas en el Líbano.

Operaciones Aéreas

La actividad aérea y misilística fue limitada, pero reveló las capacidades en disputa. El 28 de septiembre, la defensa aérea saudita interceptó dos misiles balísticos y dos drones hutíes dirigidos contra territorio saudita, mientras que el CGRI lanzó tres drones Hadid-110 contra el campamento Azadi del Partido Democrático del Kurdistán de Irán, en Erbil, sin que se reportaran víctimas. Los días 29 y 30 de septiembre no se registraron nuevas operaciones aéreas o con misiles verificables.

Entre el 1 y el 2 de octubre, la información disponible se centró en la preparación logística y terrestre de la campaña en Yemen, sin que se identificaran ataques aéreos fechados de manera independiente. El 3 de octubre, la aviación saudita o las fuerzas yemeníes alineadas con el gobierno bombardearon Saná con el objetivo de degradar las capacidades hutíes. El 4 de octubre, la aviación saudita apoyó la ofensiva gubernamental hacia Mokha y Bab al-Mandeb, aunque no se identificaron ataques aéreos independientes con efectos documentados. El 5 de octubre, las fuerzas navales y aéreas sauditas atacaron activos militares y marítimos hutíes que podrían emplearse contra el tráfico marítimo en Bab al-Mandeb.

El 6 de octubre, la defensa aérea saudita interceptó un misil balístico hutí dirigido hacia Khamis Mushait. Durante ese mismo período, se registró un ataque combinado hutí con misiles y drones contra el aeropuerto Rey Jalid de Riad, que dejó un muerto y ocho heridos, según un balance correspondiente al 6 y 7 de octubre. El 7 de octubre, los hutíes intensificaron la campaña mediante ataques contra los aeropuertos de Riad y Abha, que causaron tres muertos y 36 heridos, según las autoridades sauditas. La coalición respondió interceptando un misil balístico al norte de Riad y destruyendo en Saná una plataforma de lanzamiento empleada para atacar la capital saudita.

El 8 de octubre, los hutíes afirmaron haber atacado Riad con dos misiles de crucero, además del aeropuerto de Najran y la base aérea Rey Jalid, en Khamis Mushait. Arabia Saudita interceptó dos misiles balísticos dirigidos hacia Riad y otro hacia Khamis Mushait. Los fragmentos de los proyectiles dañaron un jardín infantil y un complejo médico. El 9 de octubre, la aviación saudita bombardeó objetivos hutíes en Saná durante la noche, mientras que la coalición destruyó tres plataformas de lanzamiento de misiles hutíes en una operación de supresión destinada a reducir la cadencia de fuego enemiga.

El 10 de octubre, un misil hutí impactó en la Terminal 4 del aeropuerto Rey Jalid y causó 13 muertos y más de 300 heridos. Según el texto original, fue el ataque más letal contra Arabia Saudita en más de una década. Ese mismo día, la defensa saudita interceptó tres misiles balísticos: uno sobre Riad y dos sobre Khamis Mushait. El 11 de octubre, un segundo proyectil hutí impactó en la misma terminal y causó un muerto y 11 heridos. Además, la embajada estadounidense informó sobre un ataque dirigido contra el aeropuerto Rey Fahd de Dammam, mientras que la coalición interceptó otro misil balístico dirigido hacia Riad.

El período estuvo marcado por una campaña hutí de saturación mediante misiles balísticos, misiles de crucero y drones, orientada a erosionar la confianza en la defensa aérea saudita e interrumpir las operaciones de la aviación civil. Arabia Saudita respondió con la interceptación de misiles y bombardeos de supresión contra lanzadores y centros logísticos hutíes en Saná. El efecto estratégico más visible fue el cierre del aeropuerto de Riad y la interrupción de los vuelos, lo que convirtió los daños físicos moderados en una crisis logística y económica regional. En cambio, no se confirmó la destrucción de una instalación estratégica de mayor envergadura ni la ocurrencia de un escenario de guerra total.

Operaciones Navales

La disputa naval se concentró en el estrecho de Ormuz. El 28 de septiembre, Estados Unidos mantenía un bloqueo de los puertos meridionales de Irán y rechazaba la propuesta iraní de reabrir el estrecho. Durante la semana que finalizó el 27 de septiembre, habían transitado por la zona 19 petroleros, incluidos 17 petroleros de crudo de muy gran tamaño (VLCC, por sus siglas en inglés). Ese mismo día, medios vinculados al Estado iraní afirmaron que buques de guerra estadounidenses se habían retirado de sus posiciones de bloqueo a comienzos de mes, mientras que el CGRI insistía en que el estrecho permanecía cerrado, salvo que el tránsito se coordinara con las autoridades iraníes. Los días 29 y 30 de septiembre no se registraron nuevas operaciones navales verificables.

Entre el 1 y el 3 de octubre, Estados Unidos aceleró su despliegue de fuerzas. El 1 de octubre, anunció el envío por vía marítima de unos 9.000 efectivos a Medio Oriente, mientras que el grupo de ataque del portaaviones USS Theodore Roosevelt, que había zarpado de San Diego el 27 de septiembre, se dirigía a la región. El 2 de octubre, el Grupo Expedicionario de Marines Makin Island, integrado por más de 2.000 infantes de marina, zarpó tras el USS Theodore Roosevel. Funcionarios estadounidenses preveían que, hacia finales de noviembre, habría tres portaaviones y dos grupos anfibios desplegados cerca de Irán. El 3 de octubre no se registraron nuevos acontecimientos navales con fecha confirmada, aunque continuaba el reposicionamiento de fuerzas.

Para el 4 de octubre, el Servicio de Operaciones de Comercio Marítimo del Reino Unido (UKMTO, por sus siglas en inglés) había recibido informes de incidentes ocurridos con anterioridad, según los cuales dos petroleros —uno de gas licuado y otro de crudo— habían sido alcanzados por proyectiles no identificados cerca del estrecho de Ormuz. El 5 de octubre, un tercer petrolero fue alcanzado por un proyectil no identificado, lo que provocó un incendio en su sala de máquinas. Ese mismo día, el CGRI interceptó verbalmente a otro petrolero y amenazó con atacarlo si continuaba su tránsito de entrada, por lo que lo obligó a dar media vuelta. Además, la coalición saudita informó de un ataque naval contra infraestructura hutí en Hodeida, que incluyó depósitos de armas, instalaciones de lanchas explosivas y existencias de minas navales.

Entre el 6 y el 8 de octubre no se identificaron nuevas operaciones navales verificables, aunque persistieron las presiones sobre el tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz y la disputa por el control de Bab al-Mandeb. El 9 de octubre, la Armada del CGRI declaró haber disparado contra un petrolero de gas licuado, en el marco de una serie de ataques contra buques mercantes en el golfo Pérsico. Ese mismo día, las fuerzas yemeníes informaron de la captura de la isla de Perim y la recuperación de áreas circundantes a Bab al-Mandeb, lo que redujo la capacidad hutí para proyectar su poder sobre el estrecho.

El 10 de octubre continuaron los ataques contra petroleros cerca del estrecho de Ormuz y frente a los Emiratos Árabes Unidos. El 11 de octubre no se registraron nuevos acontecimientos navales con fecha confirmada, aunque el tráfico marítimo permanecía bajo amenaza y la presencia naval estadounidense continuaba en aumento.

Irán combinó la coerción verbal, las exigencias de coordinación del tránsito y los ataques con proyectiles contra petroleros para elevar los riesgos y los costos de los seguros y los fletes, sin necesidad de recurrir a un enfrentamiento directo con la Marina estadounidense. Estados Unidos respondió con la concentración de portaaviones y fuerzas anfibias para mantener las capacidades de escolta y disuasión. Por su parte, la coalición saudita atacó infraestructura naval hutí y respaldó la recuperación de Perim con el propósito de proteger Bab al-Mandeb. No se confirmó el hundimiento de un buque de guerra ni el establecimiento de un bloqueo total del estrecho de Ormuz; sin embargo, los impactos reiterados contra petroleros pusieron de manifiesto la vulnerabilidad del tráfico comercial y el creciente componente marítimo del conflicto.

Operaciones Especiales

La actividad cibernética verificable fue limitada y se concentró en operaciones de inteligencia y acciones vinculadas al contexto del conflicto. El 28 de septiembre, el Reino Unido atribuyó a Irán su implicación en un intento de ataque terrorista ocurrido el 27 de septiembre en la base de Fairford de la Real Fuerza Aérea británica (RAF, por sus siglas en inglés), en el marco de una campaña híbrida que incluye sabotajes, incendios y ciberataques. Teherán negó su participación. Durante ese mismo período, Irán mantenía una campaña de coerción regional vinculada al estrecho de Ormuz, sin que se identificara un nuevo ciberataque con fecha específica. Entre el 29 de septiembre y el 2 de octubre no se registraron nuevas intrusiones, filtraciones ni actos de sabotaje digital verificables.

El 3 de octubre, un informe indicó que actores cibernéticos habían empleado cámaras de seguridad comprometidas para rastrear tropas y objetivos militares en Israel, lo que evidenció el uso de dispositivos del Internet de las cosas (IoT, por sus siglas en inglés) como fuente de inteligencia táctica. Entre el 4 y el 6 de octubre no se identificaron nuevos incidentes cibernéticos con fecha confirmada, aunque persistían las campañas de intrusión contra sistemas de agua, telecomunicaciones y energía atribuidas a actores iraníes.

El 7 de octubre, actores cibernéticos pro iraníes reivindicaron un ciberataque significativo contra Stryker, una empresa estadounidense de dispositivos médicos, lo que extendió las operaciones al sector sanitario e industrial. El 8 de octubre no se registraron nuevos incidentes independientes. El 9 de octubre, agencias estadounidenses advirtieron que actores cibernéticos atacaban dispositivos Siemens utilizados en plantas de tratamiento de agua y otras infraestructuras críticas, en un contexto de preocupación por posibles intrusiones iraníes. Además, se informó del uso de inteligencia artificial para acelerar los ataques. Entre el 10 y el 11 de octubre no se registraron nuevos ciberataques, filtraciones ni actos de sabotaje digital con fecha específica.

En conjunto, el principal vector de actividad fue la tecnología operacional, mediante la explotación de controladores industriales expuestos para demostrar capacidades de disrupción en los sectores del agua, la energía y las telecomunicaciones. El espionaje mediante cámaras comprometidas incorporó la vigilancia digital al ciclo de selección de objetivos militares (targeting). Irán mantuvo un perfil de baja visibilidad y recurrió a grupos pro iraníes, con el objetivo de preservar la negación plausible, mientras que el sector sanitario emergió como un nuevo frente. No se registraron interrupciones digitales de alcance estratégico ni daños masivos a la salud pública; sin embargo, la acumulación de intrusiones y advertencias oficiales evidenció una escalada sostenida del riesgo cibernético.

SITUACIÓN POLÍTICA Y DIPLOMÁTICA
Dimensión Política y Diplomática
Variable Puntaje individual Puntaje total Intensidad
Actores Directos 🟠 Retroceso Menor (-1) 🔴 Retroceso Mayor 🟠Alta Intensidad
Estados Europeos 🟠 Retroceso Menor (-1)
Estados Mulsumanes 🟠 Retroceso Menor (-1)
Pakistán y Turquía 🟡Avance Menor (+1)
Grupos Pro-iraníes 🔴Retroceso Mayor (-2)
Rusia y China 🟡Avance Menor (+1)
Otros actores externos 🟠 Retroceso Menor (-1)
ORG Internacional 🟡Avance Menor (+1)

 

El presidente de Irán, Masoud Pezeshkian, participando en una conferencia de prensa en Teherán.

Entre el 28 de septiembre y el 11 de octubre, el conflicto combinó esfuerzos diplomáticos con una creciente escalada militar. Estados Unidos e Irán reanudaron los contactos indirectos sobre el estrecho de Ormuz, sin alcanzar acuerdos, mientras que Washington reforzó su despliegue militar. Paralelamente, Arabia Saudita intensificó sus operaciones contra los hutíes en Yemen ante las amenazas territoriales y los ataques atribuidos al grupo. La coordinación defensiva con Pakistán y Turquía amplió la dimensión regional del conflicto, aunque Ankara descartó intervenir directamente en territorio yemení. Por su parte, Emiratos Árabes Unidos mantuvo su orientación diplomática, mientras persistían los riesgos para la seguridad regional y las principales rutas marítimas estratégicas.

Actores internos

Por un lado, Estados Unidos combinó la reanudación de los contactos diplomáticos indirectos con Irán con el fortalecimiento de su presencia militar en Medio Oriente y la evaluación de posibles operaciones en la región. Esta estrategia mantuvo abierta la posibilidad de alcanzar un acuerdo sin descartar las opciones militares. La negociación sobre el estrecho de Ormuz constituyó uno de los principales ejes de interlocución entre Washington y Teherán, mientras que la intensificación de los enfrentamientos en Yemen añadió nuevas consideraciones a las decisiones estadounidenses sobre su participación militar en la región.

El 29 de septiembre, funcionarios estadounidenses e iraníes retomaron los contactos indirectos a través de intermediarios, principalmente Qatar, con el objetivo de alcanzar un entendimiento que permitiera detener las hostilidades y normalizar la navegación por el estrecho de Ormuz. La reanudación de estas comunicaciones se produjo después de que Washington rechazara la propuesta iraní presentada durante la Asamblea General de las Naciones Unidas. Aunque se informó sobre la posibilidad de discutir la flexibilización de las sanciones y el acceso a activos iraníes congelados, el presidente estadounidense, Donald Trump, negó haber ofrecido tales concesiones. Por tanto, la reanudación del diálogo no implicó un acuerdo sobre las condiciones para poner fin al conflicto.

El 30 de septiembre, el ministro de Relaciones Exteriores iraní, Abbas Araghchi, mediante la mediación catarí, recibió la respuesta estadounidense a la propuesta iraní de implementar medidas de fomento de la confianza durante siete días. Las conversaciones comenzaron a centrarse en la secuencia de aplicación de los compromisos relacionados con la reapertura de Ormuz y la normalización del tránsito marítimo. Este cambio de enfoque, desde la discusión general de las condiciones hacia el orden de su implementación, reflejó una mayor atención a los aspectos operativos de la negociación, aunque todavía no existían garantías de alcanzar un entendimiento. La relevancia de estas conversaciones trascendía el ámbito bilateral, debido a las implicaciones del estrecho para el comercio energético, los seguros marítimos y las cadenas de suministro internacionales.

No obstante, el 1 de octubre, Washington anunció el refuerzo de su presencia militar en Medio Oriente mediante el despliegue del portaaviones USS Theodore Roosevelt y hasta 10.000 efectivos adicionales. Estos se sumarían a los grupos de ataque asociados a los portaaviones USS George H. W. Bush y USS George Washington, señalados como ya desplegados en la región. La decisión evidenció que la reanudación de los contactos diplomáticos no había desplazado los preparativos militares estadounidenses. Ese mismo día, el presidente iraní, Masoud Pezeshkian, afirmó que Teherán no descartaba el diálogo con Washington mientras evaluaba la respuesta estadounidense a su propuesta para restablecer el alto el fuego en el golfo Pérsico.

En paralelo, mandos militares iraníes preparaban una respuesta más amplia ante una eventual nueva ofensiva estadounidense o israelí. Según los reportes, esta podría incluir ataques contra objetivos e intereses vinculados con Washington fuera del territorio iraní, mientras que grupos aliados de Irán en el Líbano, Yemen e Irak se mantenían en alerta. Aunque estas informaciones daban cuenta de preparativos y no de una operación regional ya ejecutada, reflejaban la coexistencia entre la apertura diplomática y la planificación militar, así como la incertidumbre sobre las posibles consecuencias de una nueva escalada.

El 2 de octubre, altos responsables de seguridad nacional estadounidenses se reunieron en Camp David para examinar las opciones de Washington frente a Irán y la intensificación de la confrontación entre Arabia Saudita y los hutíes en Yemen. El encuentro tuvo lugar en un contexto de estancamiento de las negociaciones con Teherán y de preparación saudita para intensificar sus operaciones en territorio yemení. No se confirmó una decisión de iniciar nuevos ataques, pero la reunión evidenció que Washington continuaba evaluando sus alternativas ante las presiones simultáneas sobre los estrechos de Ormuz y Bab al-Mandeb.

La presión estadounidense también se manifestó en el ámbito diplomático. El 4 de octubre, el Departamento de Estado confirmó la expulsión de dos integrantes de la misión iraní ante las Naciones Unidas. La medida añadió un nuevo elemento de tensión a las relaciones bilaterales, en un momento en que los contactos indirectos continuaban siendo uno de los principales mecanismos para explorar una salida negociada. Asimismo, la decisión adquirió una dimensión institucional al afectar a representantes iraníes acreditados ante la organización internacional.

El 8 de octubre, Trump descartó la posibilidad de atacar Irán antes de las elecciones legislativas estadounidenses previstas para el 3 de noviembre y afirmó que Washington mantenía conversaciones productivas con Teherán. Aunque describió la situación como delicada, su declaración introdujo una señal de contención temporal respecto de una posible ofensiva. Sin embargo, no garantizaba la continuidad del diálogo ni implicaba la existencia de un acuerdo formal, un alto el fuego o el abandono de las opciones militares.

La situación en Yemen volvió a adquirir relevancia el 10 de octubre, cuando Trump señaló que Washington evaluaría incorporarse a los ataques sauditas contra los hutíes, después de un ataque contra el aeropuerto de Riad que provocó heridos y obligó a suspender sus operaciones. El mandatario no confirmó una decisión de intervención directa. Estados Unidos ya proporcionaba inteligencia, apoyo para la identificación de objetivos y asistencia en la planificación de la ofensiva saudita, por lo que una eventual participación directa en los ataques supondría un cambio en su grado de involucramiento militar.

Por otro lado, Irán mantuvo una estrategia centrada en la búsqueda de una solución negociada, la vinculación de la reapertura del estrecho de Ormuz con el cumplimiento de condiciones recíprocas y la preparación de posibles respuestas ante una nueva ofensiva estadounidense o israelí. El 28 de septiembre, Araghchi reiteró que el conflicto debía resolverse mediante negociaciones y condicionó la reapertura del estrecho al cumplimiento de las exigencias de Teherán. Esta posición se reflejó en la reanudación de los contactos indirectos con Washington al día siguiente y en las conversaciones posteriores sobre las medidas de fomento de la confianza. Para el Gobierno iraní, la cuestión marítima continuaba vinculada con el cese de las hostilidades y con las condiciones políticas y económicas de cualquier eventual entendimiento.

El 1 de octubre, Pezeshkian reiteró que Irán no descartaba negociar con Estados Unidos, aunque sin confirmar concesiones ni el inicio de una negociación formal. La discusión continuó girando en torno al cese de las hostilidades, las sanciones y la normalización del tránsito marítimo por Ormuz. Al mismo tiempo, los preparativos militares reportados indicaban que Teherán mantenía abierta la posibilidad de responder a una nueva ofensiva y de extender las represalias a intereses estadounidenses en otros escenarios regionales. De este modo, la apertura diplomática coexistió con la preparación de posibles acciones militares, sin que se confirmara una decisión definitiva de ejecutar una operación regional.

Por su parte, Israel continuó presente en la dimensión estratégica de la confrontación debido a su inclusión en las advertencias iraníes sobre una posible respuesta ante nuevas operaciones militares. Los reportes del 1 de octubre situaron a Israel entre los posibles responsables de una eventual ofensiva que desencadenara una respuesta iraní más amplia. En este contexto, los posibles escenarios de represalia contemplaban intereses vinculados con Washington y podían involucrar simultáneamente varios espacios regionales. Sin embargo, la información disponible no permitió identificar una evolución autónoma de la política israelí con incidencia directa en las negociaciones entre Estados Unidos e Irán.

En conjunto, el período estuvo marcado por la continuidad de los contactos indirectos entre Washington y Teherán, el fortalecimiento de la presencia militar estadounidense y la preparación de posibles respuestas iraníes ante una nueva ofensiva. A estos factores se sumaron las tensiones diplomáticas derivadas de la expulsión de integrantes de la misión iraní ante las Naciones Unidas y la posibilidad de una mayor participación estadounidense en las operaciones sauditas en Yemen. Aunque las declaraciones de Trump del 8 de octubre introdujeron una señal de contención temporal, las diferencias sobre Ormuz, el cese de las hostilidades y las condiciones de un eventual acuerdo permanecieron sin resolver.

Estados musulmanes del Golfo Arábigo y Medio Oriente

Las posiciones de los Estados árabes y musulmanes del golfo Pérsico estuvieron marcadas por dos tendencias: la defensa del diálogo como instrumento para abordar las crisis regionales y el endurecimiento de la respuesta saudita frente a los hutíes por motivos de seguridad e intereses marítimos. En este marco, la guerra en Yemen adquirió mayor relevancia estratégica debido a su conexión con la seguridad de Bab el-Mandeb, en un escenario en el que las restricciones a la navegación por el estrecho de Ormuz incrementaban la presión sobre las rutas comerciales y energéticas.

El 28 de septiembre, Emiratos Árabes Unidos confirmó la visita del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, al presidente emiratí, Mohamed bin Zayed. Ambas partes señalaron que el encuentro abordó las relaciones bilaterales y cuestiones regionales, mientras que funcionarios israelíes indicaron que Irán figuró entre los temas centrales. La reunión reflejó la continuidad de los vínculos diplomáticos entre Abu Dabi y Tel Aviv en medio de la guerra con Irán, aunque no se anunciaron nuevos acuerdos ni decisiones concretas. Al día siguiente, el representante emiratí Khalifa Shaheen Al Marar defendió el diálogo y la mediación como vías para abordar las crisis internacionales. Asimismo, destacó la importancia de proteger la navegación y atender las causas estructurales de los conflictos. Su intervención también incluyó la cooperación en ámbitos como la inteligencia artificial, la energía y el agua, lo que evidenció una aproximación diplomática que vinculaba la gestión de las crisis con la cooperación internacional.

En contraste con esta orientación diplomática, Arabia Saudita avanzó hacia una estrategia de mayor presión militar contra los hutíes en Yemen. El 2 de octubre, se informó que Riad preparaba una nueva ofensiva para recuperar posiciones en torno a Bab el-Mandeb, con la posible movilización de más de 100.000 combatientes yemeníes bajo supervisión saudita y apoyo aéreo del reino. Según los reportes, Estados Unidos estaba dispuesto a contribuir con inteligencia, mientras que Pakistán y Turquía aportarían equipamiento militar. La iniciativa sugería que Riad buscaba modificar la correlación de fuerzas sobre el terreno antes de entablar nuevas negociaciones, al considerar que el control hutí de este paso marítimo reforzaba su capacidad de presión. Sin embargo, una operación de esa magnitud también podía reactivar una confrontación prolongada y agravar la crisis humanitaria y de desplazamiento en Yemen.

La escalada se hizo más visible el 3 de octubre, cuando la coalición encabezada por Arabia Saudita informó haber interceptado dos misiles balísticos dirigidos hacia Khamis Mushait y dos drones que se aproximaban a Riad, atribuidos a los hutíes. La extensión de los ataques hacia la capital saudita elevó el costo potencial de una ofensiva contra el movimiento yemení, al aumentar el riesgo de represalias contra el territorio del reino. Ese mismo día, los jefes militares de Arabia Saudita, Pakistán y Turquía se reunieron en Riad para examinar las amenazas a la seguridad saudita en el marco del acuerdo de defensa suscrito por los tres países. La reunión apuntó a una mayor coordinación en materia de seguridad, aunque no constituye por sí sola, evidencia de una decisión conjunta de intervenir militarmente en Yemen.

Para el 7 de octubre, la dimensión regional de la confrontación se amplió con dos acontecimientos. Por un lado, se informó que Siria evaluaba una solicitud saudita para proporcionar asistencia defensiva o desplegar fuerzas en apoyo de las tropas yemeníes respaldadas por Riad. Aunque un funcionario estadounidense afirmó que la petición saudita incluía el envío de soldados y una fuente militar siria confirmó que la propuesta estaba siendo examinada, Damasco no había adoptado una decisión definitiva y mantenía la reconstrucción interna como prioridad. Por tanto, una eventual participación siria debía considerarse una posibilidad en evaluación, no un compromiso militar confirmado. De concretarse, ampliaría la internacionalización del conflicto y plantearía desafíos adicionales para unas fuerzas sirias todavía inmersas en un proceso de reorganización e integración.

Por otro lado, la coalición liderada por Arabia Saudita anunció ataques contra más de 80 posiciones militares hutíes en las provincias yemeníes de Saada, Hodeida, Al Jawf y Marib. La operación se produjo después de los ataques contra los aeropuertos de Riad y Abha. Con ello, Arabia Saudita pasó de interceptar proyectiles y advertir sobre posibles represalias a ejecutar una campaña de mayor alcance territorial. Esta evolución elevó el riesgo de nuevos ataques cruzados y agravó una crisis que ya había provocado el desplazamiento de más de 200.000 personas.

Por este motivo, el período evidenció un endurecimiento de la estrategia saudita frente a los hutíes y una creciente regionalización de la guerra en Yemen. La disputa por Bab el-Mandeb adquirió mayor relevancia en un entorno de presión simultánea sobre las principales rutas marítimas de la región, mientras que la coordinación con Pakistán y Turquía y la posible participación siria apuntaron a una ampliación del entorno estratégico de Riad. No obstante, es necesario distinguir entre las operaciones anunciadas, las capacidades de apoyo reportadas y las propuestas militares aún en evaluación. Por su parte, Emiratos Árabes Unidos, mantuvo una posición pública favorable a la mediación y la cooperación, al tiempo que preservó sus vínculos con Israel en medio de las tensiones regionales.

Estados negociadores

La actuación de los Estados negociadores se evidenció inicialmente el 5 de octubre, cuando Turquía y Pakistán, junto con Arabia Saudita, acordaron desplegar con rapidez fuerzas y capacidades militares en territorio saudita en respuesta a los ataques hutíes contra el reino, sus ciudades e instalaciones civiles. La medida, reportada nuevamente el 7 de octubre, representó el paso de un acuerdo de defensa conjunta hacia su aplicación operativa, sujeto a los procedimientos nacionales de cada Estado.

Tres días después, el ministro de Relaciones Exteriores turco, Hakan Fidan, delimitó el alcance de la participación de su país al descartar el envío de tropas para combatir directamente contra los hutíes en territorio yemení. En su lugar, Ankara evaluaba proporcionar sistemas de defensa aérea, capacidades de guerra electrónica y asistencia técnica a Arabia Saudita, mientras preparaba el envío del Pacto de La Meca al Parlamento para su ratificación. Esta declaración introdujo una distinción relevante entre la defensa del territorio saudita y la participación en operaciones ofensivas en Yemen. Así, Turquía manifestó su disposición a contribuir a la seguridad de su socio, pero procuró evitar una intervención terrestre directa contra los hutíes.

Ello pone en evidencia un mayor nivel de coordinación defensiva entre Arabia Saudita y dos de los Estados negociadores en el conflicto: Pakistán y Turquía. La participación de ambos países amplió la dimensión internacional de las garantías de seguridad ofrecidas a Riad, aunque estuvo acompañada de límites respecto de una eventual expansión de las operaciones militares. No obstante, los acuerdos y las medidas anunciadas no demuestran, por sí solos, que ambos Estados se hayan incorporado directamente a la guerra en Yemen.

Grupos pro-iraníes

La dinámica de los grupos pro iraníes, en particular de los hutíes de Yemen, se caracterizó por la presión territorial y los ataques contra objetivos estratégicos, en paralelo con los preparativos de Riad para recuperar posiciones en torno a Bab el-Mandeb y la ampliación de su campaña militar.

El 1 de octubre, se informó de una ofensiva hutí sobre Taiz, ciudad estratégica que permanecía bajo el control de fuerzas aliadas a Arabia Saudita. La operación adquirió relevancia por la posición de la ciudad en el escenario militar yemení, ya que una eventual toma permitiría a los hutíes ampliar su control territorial y fortalecer su posición frente a las fuerzas respaldadas por Riad. Durante esa misma semana, también se informó de una intensificación del asedio y de que combatientes hutíes habían izado su bandera en la residencia del presidente del Gobierno yemení, Rashad al-Alimi, quien se encontraba en Arabia Saudita. Estos acontecimientos apuntaban a un aumento de la presión sobre las autoridades y las fuerzas adversarias, aunque la información disponible no permitía establecer que la ciudad hubiera pasado a estar bajo control hutí.

Para el 7 de octubre, la confrontación se extendió a la infraestructura aeroportuaria del sur de Yemen. Según las autoridades del Ministerio de Transporte y de Seguridad de Adén, los hutíes atacaron el aeropuerto internacional de esa ciudad con misiles balísticos y drones. El episodio ocurrió mientras las fuerzas gubernamentales respaldadas por Arabia Saudita avanzaban en la costa del mar Rojo y en las proximidades de Bab el-Mandeb. La combinación de operaciones en el interior de Yemen y de lanzamientos contra territorio saudita evidenció una ampliación de los frentes de presión en un contexto de intensificación de la campaña militar de Riad.

Los hutíes mantuvieron la presión militar tanto en el frente interno yemení como sobre objetivos vinculados a Arabia Saudita, mientras Riad ampliaba sus operaciones para debilitar las posiciones del movimiento y recuperar el control de áreas estratégicas. La disputa por Taiz y los ataques contra aeropuertos ilustraron dos dimensiones complementarias de la confrontación: la disputa por el control territorial y la capacidad de proyectar amenazas más allá de las zonas de combate. En un escenario en el que Bab el-Mandeb constituye un punto central de la competencia regional y en el que la confrontación entre Estados Unidos, Israel e Irán condiciona la seguridad de las rutas marítimas, la persistencia de estos enfrentamientos incrementa los riesgos para la estabilidad de Yemen, la seguridad de los Estados vecinos y la conectividad regional.

SITUACIÓN HUMANITARIA Y SOCIAL
Dimensión Político y Diplomática
Variable Puntaje individual Puntaje total Intensidad
Víctimas y Desplazados 🔴Gravedad Extrema (-3) -3 🔴Extrema Intensidad
Infraestructura Crítica 🟠Gravedad Alta (-2)
Violaciones al DIH 🔴Gravedad Extrema (-3)

 

Afectación crítica de la infraestructura sanitaria y del principio de inmunidad hospitalaria tras los bombardeos del 30 de septiembre en el entorno del Complejo Médico Al-Shifa y el campamento de Jabalia. 

Entre el 28 de septiembre y el 11 de octubre de 2026, se evidenció un deterioro sostenido de la seguridad humana, asociado a la intensificación de las hostilidades. La exposición de la población civil a bombardeos en zonas urbanas y la interrupción de corredores logísticos e infraestructuras hidrocarburíferas estratégicas condicionaron la capacidad de respuesta local. La persistencia de ataques contra instalaciones de uso dual y áreas pobladas reavivó el debate sobre la posible inobservancia de los principios de distinción, precaución y proporcionalidad por parte de los actores en conflicto.

Víctimas y Desplazados

La intensificación de las hostilidades en la península arábiga y las zonas adyacentes al mar Rojo incrementó la vulnerabilidad de la población civil, con consecuencias para la vida, la salud y el acceso a bienes y servicios básicos.

En Yemen, los ataques aéreos de la coalición internacional liderada por Arabia Saudita superaron el millar desde el inicio del actual ciclo de hostilidades. Las operaciones se concentraron en las gobernaciones de Taiz, Saada y Hajjah, lo que provocó nuevos desplazamientos forzados y agravó la escasez de agua, alimentos y suministros médicos necesarios para atender a la población afectada. El 4 de octubre, en el sector oriental de Al-Jawf, una ofensiva de fuerzas yemeníes contra concentraciones de tropas saudíes, mediante misiles balísticos y drones, dejó decenas de combatientes muertos y heridos.

En la Franja de Gaza, el 29 de septiembre, un ataque aéreo israelí destruyó un edificio residencial en el barrio de Al-Nasr, en la ciudad de Gaza. El ataque causó la muerte de Izz al-Din Abdul Aziz Al-Bik, comandante de la Brigada Norte de Hamás, y de un civil, además de dejar múltiples heridos, entre ellos menores de edad. El 2 de octubre, un ataque con drones en el campo de Nuseirat dejó una persona herida. Ese mismo día, un bombardeo contra la planta baja del edificio Al-Asala causó la muerte de cinco personas, cuatro de ellas mujeres, y dejó otros residentes heridos.

En Irán, Israel, Irak, el Líbano y Siria no se reportaron nuevos episodios con víctimas ni variaciones significativas en las cifras de desplazamiento, por lo que la situación se mantuvo dentro de los parámetros descritos en informes anteriores.

Al cierre del período, el 11 de octubre de 2026, la situación humanitaria continuaba marcada por la exposición de la población civil a la violencia y por las dificultades para atender sus necesidades básicas. La persistencia de ataques en zonas pobladas y las limitaciones para brindar asistencia mantienen elevados los riesgos para las comunidades afectadas y dificultan la respuesta humanitaria.

Infraestructura crítica

Durante este período, la península arábiga y las áreas circundantes registraron un aumento de los ataques contra redes de transporte energético, instalaciones industriales estratégicas y servicios de transporte aéreo comercial. Estos incidentes afectaron infraestructuras esenciales para el abastecimiento energético, la movilidad y el funcionamiento de las redes logísticas de las que depende la población.

En Siria, el 30 de septiembre, una explosión en un gasoducto que abastece a la central termoeléctrica de Tishreen interrumpió el suministro de combustible a las plantas de Deir Ali, Al-Nasiriya y Tishreen. La salida de servicio de tres unidades generadoras provocó una interrupción temporal del suministro eléctrico nacional.

En Arabia Saudita, los ataques atribuidos a fuerzas yemeníes afectaron instalaciones energéticas y de transporte mediante drones y misiles balísticos. El 1 de octubre, un ataque con drones dañó la subestación eléctrica de Taibah, en Medina, y dejó fuera de servicio un transformador de la red de distribución local. Ese mismo día, misiles alcanzaron la terminal de exportación de petróleo de Yanbu, comprometiendo la infraestructura logística del sector hidrocarburífero. Asimismo, la base aérea Rey Salmán y el Aeropuerto Internacional Rey Khalid, en Riad, fueron atacados, con daños en el perímetro aeroportuario y en una aeronave que se encontraba en la pista. Dos días después, se registraron nuevos ataques contra ambas instalaciones. Además, misiles balísticos alcanzaron una refinería de Aramco, donde se produjeron explosiones e incendios de gran magnitud, cuyas columnas de humo fueron visibles sobre Riad. 

Al día siguiente, se reportó una amenaza directa contra el oleoducto Este-Oeste, en las inmediaciones del yacimiento petrolífero de Khurais, situado a 150 kilómetros al noreste de Riad y de importancia para la exportación de crudo. El 5 de octubre, la refinería de Aramco volvió a ser atacada. Hacia el final del período, los días 9 y 10 de octubre, se repitieron los ataques contra el aeropuerto y la base aérea. Asimismo, imágenes satelitales de Sentinel-2 mostraron daños estructurales e impactos en los tanques de almacenamiento de la refinería de Rabigh, en la región occidental del reino.

En Yemen, los días 2 y 4 de octubre, Ansar Allah tomó el cruce estratégico de Al-Safiya y bloqueó vías de comunicación fundamentales. También se reportó la colocación de explosivos en las carreteras que conectan Taiz con Adén, lo que dejó ciudades aisladas y dificultó el tránsito terrestre y el funcionamiento de los corredores logísticos.

Al cierre del período, el 11 de octubre de 2026, la continuidad de los ataques contra infraestructuras energéticas, instalaciones de uso dual y redes de transporte evidenciaba una creciente vulnerabilidad de los servicios esenciales. Los daños y las interrupciones registrados comprometieron el abastecimiento energético, dificultaron el transporte y afectaron las rutas de exportación de hidrocarburos, con implicaciones para la conectividad y la seguridad de la población en la región.

Violaciones al Derecho Internacional Humanitario

Las dinámicas del conflicto registradas entre el 28 de septiembre y el 11 de octubre de 2026 plantean posibles contravenciones a los principios rectores del derecho internacional humanitario (DIH), en particular a los de distinción, proporcionalidad y precaución, así como a las normas de protección de los bienes civiles, las instalaciones médicas y los lugares de culto. Estas calificaciones corresponden a evaluaciones preliminares y a posiciones expresadas por observadores y actores multilaterales, por lo que no implican una determinación jurídica definitiva.

En relación con Israel y los territorios palestinos ocupados, informes basados en análisis cartográficos y documentación de organizaciones de derechos humanos señalaron que, el 28 de septiembre, las fuerzas israelíes demolieron sectores urbanos y construyeron posiciones defensivas en áreas previamente bombardeadas de la Franja de Gaza, donde aún permanecían restos humanos bajo los escombros. Estas acciones podrían contravenir las medidas provisionales dictadas por la Corte Internacional de Justicia y las disposiciones relativas al respeto de los cadáveres y la preservación de evidencias. El 29 de septiembre, en la localidad palestina de Jalud, más de un centenar de colonos israelíes incendiaron durante la noche viviendas, vehículos y propiedades privadas, además de obstaculizar el retorno de familias desplazadas. La eventual tolerancia de estas conductas por parte de la potencia ocupante podría contravenir su obligación de proteger a la población civil. 

Al día siguiente, los ataques aéreos en las inmediaciones del Complejo Médico Al-Shifa y en zonas residenciales adyacentes al campo de refugiados de Jabalia causaron graves daños a la infraestructura sanitaria y un flujo constante de víctimas civiles. Estos hechos plantean interrogantes sobre el cumplimiento del principio de precaución y el respeto de la protección especial que ampara a los establecimientos sanitarios. El 3 de octubre, una incursión militar en la localidad de Arabah, en Cisjordania, incluyó el allanamiento de un domicilio y la detención de la periodista Rajaa Jabr, lo que suscita interrogantes sobre las garantías aplicables a los profesionales de la comunicación en contextos de conflicto. Un día después, el 4 de octubre, se dispuso el cierre general de los pasos fronterizos de Cisjordania y la Franja de Gaza, medida que estuvo vigente los días 5 y 7 de octubre e interrumpió el ingreso de suministros y ayuda humanitaria en un contexto de crisis prolongada.

En Arabia Saudita, el 29 de septiembre, la tripulación de un vuelo comercial de FlyDubai con 180 pasajeros logró contener un intento de apoderamiento ilícito y sabotaje a bordo, lo que permitió realizar un aterrizaje de emergencia en el aeropuerto de Tabuk. El incidente evidenció los riesgos para la aviación civil y la integridad de los pasajeros. El 1 de octubre, las fuerzas de seguridad saudíes interceptaron a un individuo que portaba explosivos y frustraron un intento de atentado suicida contra el recinto sagrado de la Kaaba, en La Meca, lugar de gran afluencia de fieles. El hecho puso de relieve los riesgos para los espacios religiosos y las personas que acuden a ellos, cuya protección reviste especial importancia en el marco del DIH cuando resulta aplicable.

Durante el período, las fuentes consultadas no documentaron nuevos incidentes ni la apertura de expedientes por infracciones del DIH atribuibles directamente a las autoridades iraníes. En Irak, tampoco se consignaron hechos que permitieran identificar posibles contravenciones por parte de actores estatales o milicias. Según los reportes documentales y de organismos multilaterales, no se registraron nuevos incidentes relevantes para este análisis en el Líbano. En Siria, por su parte, no se documentaron nuevas vulneraciones sustantivas atribuidas directamente a las partes, aunque persistían los efectos acumulados de los daños ocasionados a la infraestructura civil en períodos anteriores.

Al cierre del informe, el 11 de octubre de 2026, el análisis sobre la observancia del DIH indica un debilitamiento progresivo de los mecanismos de protección de la población civil, los bienes culturales y sanitarios y los corredores logísticos esenciales en los distintos escenarios de confrontación de la región.

SITUACIÓN ECONÓMICA Y ENERGÉTICA
Dimensión Económica y Energética
Variable Puntaje individual Puntaje total Intensidad
Cantidad de Buques Comerciales 🔴 Impacto Crítico (-3) -2  🟠Alta Intensidad
Desvío de Tránsito 🟡 Impacto Bajo (-1)
Commodities Energéticas 🟠Impacto Alto (-2)

 

Barco mercante atacado en el Estrecho de Ormuz.

Entre el 28 de septiembre y el 11 de octubre de 2026, la crisis entre Estados Unidos, Israel e Irán afectó el transporte marítimo y los precios de la energía. El tránsito comercial por el estrecho de Ormuz se redujo a un solo buque el 1 de octubre, tras la intensificación de los ataques, y alcanzó un máximo de 17 buques comerciales el 5 de octubre. Por su parte, el cabo de Buena Esperanza registró su mayor flujo el 4 de octubre, con 99 buques, en el marco del desvío de rutas marítimas. En cuanto al mercado petrolero, el crudo Brent alcanzó un máximo de 105,28 dólares por barril el 28 de septiembre y descendió a un mínimo de 96,40 dólares el 29 de septiembre, según el Financial Times. Los ataques contra petroleros y el huracán Isaías contribuyeron al incremento de la prima de riesgo.

Cantidad de buques

El tránsito comercial por el estrecho de Ormuz disminuyó de seis a tres buques, en un contexto de más de una docena de ataques navales desde finales de septiembre que elevaron los riesgos para la navegación y desalentaron el tránsito marítimo. El 30 de septiembre, la cifra se recuperó hasta alcanzar los diez buques, posiblemente debido a la reprogramación de salidas y a la necesidad de mantener los flujos esenciales de petróleo y mercancías pese a la inseguridad.

El 1 de octubre se registró el punto más bajo del período, con un solo cruce, nueve menos que el día anterior. Esta caída reflejó una posible suspensión temporal de los tránsitos ante la intensificación de las amenazas. El 2 de octubre, el flujo se recuperó hasta los doce buques, once más que la víspera, mientras que el 3 de octubre retrocedió a cinco, una disminución de siete unidades, en un contexto de persistencia de incidentes y alertas de seguridad.

El 4 de octubre, el tránsito aumentó a diez buques y, al día siguiente, alcanzó los diecisiete, siete más que la jornada anterior. Este incremento pudo responder a la acumulación de cargamentos pendientes y a la concentración de operaciones bajo mayores medidas de vigilancia. Sin embargo, el 6 de octubre, el tránsito descendió a siete buques, diez menos que el día anterior, tras una semana marcada por el mayor número de ataques contra petroleros desde el inicio de la guerra. Según la firma Kpler, ese día se registró el nivel más bajo de tránsito desde el 23 de julio.

Entre el 7 y el 9 de octubre, la circulación se mantuvo entre diez y doce buques diarios, con variaciones moderadas que reflejaron una actividad irregular, aunque sostenida. El 10 de octubre, el tránsito descendió a seis buques, seis menos que el día anterior, en coincidencia con la inhabilitación del granelero Ocean Molica en el golfo de Omán. Finalmente, el 11 de octubre, la cifra aumentó a ocho buques, dos más que la víspera. No obstante, ese mismo día fueron atacados seis buques comerciales —cinco petroleros y un portacontenedores— en el estrecho o sus inmediaciones, lo que evidenció que la recuperación del tránsito no eliminó los riesgos para la navegación comercial.

Desvío de tránsito

El canal de Suez registró once, once y diez buques portacontenedores diarios, lo que representó una leve contracción de una unidad al cierre de ese tramo. El 1 de octubre, el tránsito aumentó a quince portacontenedores, cinco más que la víspera, en consonancia con la reanudación gradual de servicios entre Asia y Europa por parte de las navieras Maersk, Hapag-Lloyd, Mediterranean Shipping Company (MSC), CMA CGM y COSCO Shipping. Estas empresas buscaban recuperar la ventaja temporal del tránsito por el canal frente a la circunnavegación del continente africano. Entre el 6 y el 8 de octubre, los reportes sectoriales señalaron que varios armadores restablecieron sus servicios por Suez, aunque no se dispuso de series diarias públicas completas en el período.

En el estrecho de Bab al-Mandeb, los cruces comerciales descendieron de 47 a 39 y luego a 35 entre el 28 y el 30 de septiembre, lo que representó una caída acumulada de doce buques. Esta contracción se atribuyó a la presión ejercida por los hutíes, al aumento de las primas de seguro por riesgo de guerra y a la exclusión selectiva de buques vinculados a intereses sauditas. El 1 de octubre, el tránsito se mantuvo en 35 cruces, lo que reflejó una actividad todavía posible, aunque condicionada por los riesgos de seguridad. Entre el 2 y el 3 de octubre, la cifra descendió de 38 a 34 cruces, cuatro menos, antes de recuperarse hasta los 38 el 4 de octubre.

El cabo de Buena Esperanza no contó con recuentos diarios públicos entre el 28 de septiembre y el 3 de octubre, aunque continuó funcionando como ruta alternativa para los buques que evitaban el mar Rojo. El 4 de octubre registró 99 tránsitos, distribuidos en 48 graneleros, 24 portacontenedores, 17 petroleros, siete buques de carga rodada (roll-on/roll-off, o ro-ro) y tres buques de carga general. Estas cifras confirmaron su función como corredor alternativo ante los riesgos para la navegación en el mar Rojo.

Entre el 5 y el 11 de octubre no se dispuso de series diarias públicas completas para las tres rutas marítimas, mientras que el cabo de Buena Esperanza continuó absorbiendo parte del tráfico desviado. El contraste fue claro: el canal de Suez mostró una recuperación selectiva; Bab al-Mandeb mantuvo una actividad irregular y vulnerable a las condiciones de seguridad; y el cabo de Buena Esperanza registró un tráfico elevado, con un promedio de 88 buques diarios durante la semana. Este último corredor permitió evitar las zonas de mayor riesgo, aunque la circunnavegación africana prolongó los trayectos entre diez y catorce días por viaje.

Commodities energéticas

El precio del crudo Brent inició el período en torno a los 105,28 dólares por barril, según la serie del Financial Times. El 29 de septiembre, el barril retrocedió un 2,76 %, hasta los 96,40 dólares, en una corrección tras la escalada previa. No obstante, el 30 de septiembre recuperó un 1,11 % y cerró en 103,73 dólares, después de que Estados Unidos rechazara flexibilizar las sanciones contra Irán y de que el mercado anticipara una prolongación de las interrupciones del tránsito por el estrecho de Ormuz.

El 2 de octubre, el Brent se situó en 102,31 dólares por barril, mientras que el 5 de octubre cerró en 101,60 dólares. Esta moderación se atribuyó a la recuperación parcial de las exportaciones del golfo Pérsico y a las expectativas de una liberación coordinada de reservas estratégicas por parte del Grupo de los Siete (G7), factores que redujeron temporalmente la presión alcista sobre los precios.

El 6 de octubre, el precio avanzó un 0,3 %, hasta los 100,59 dólares por barril. Los ataques contra buques en el estrecho de Ormuz mantuvieron la prima de riesgo, aunque la estabilidad de las exportaciones y el anuncio del G7 limitaron el incremento. El 7 de octubre, el mercado subió un 0,7 % durante la sesión, con máximos cercanos a los 100,91 dólares, ante nuevos ataques contra petroleros, las amenazas iraníes de mantener cerrado el estrecho y la intensificación de las operaciones hutíes en Yemen.

El 8 de octubre se registró el mayor incremento del período: el Brent subió un 4,1 %, hasta los 104,28 dólares por barril. Este avance estuvo impulsado por el aumento semanal de los ataques contra petroleros, la reducción del tránsito por el estrecho de Ormuz y los recortes de producción en el golfo de México provocados por el huracán Isaías. El 9 de octubre, el alza se moderó al 0,42 %, hasta los 104,72 dólares, debido a que los riesgos para la producción estadounidense compensaron el alivio generado por las expectativas de negociaciones entre Washington y Teherán.

Durante el 10 y el 11 de octubre, los mercados permanecieron cerrados por el fin de semana. Sin embargo, los reportes del sector situaron el precio del Brent por encima de los 100 dólares por barril, en un contexto marcado por la persistencia de los ataques y la falta de avances diplomáticos. La evolución de los precios reflejó la influencia de los riesgos para el transporte marítimo y el suministro energético, así como de las expectativas sobre la disponibilidad de crudo y la evolución de las negociaciones diplomáticas.

Este es un artículo de opinión. Las opiniones y contenido no reflejan o representan necesariamente la postura del CEERI como institución.

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