Introducción
El estallido del conflicto armado directo entre Estados Unidos e Israel contra Irán transformó una tensión diplomática en una confrontación bélica de consecuencias impredecibles. Tras fracasar las negociaciones sobre el programa nuclear y misilístico iraní, la orden de Donald Trump del 28 de febrero de 2026 de iniciar la “Operación Furia Épica” (la mayor movilización militar desde 2003 contra Irak), coordinada con la “Operación Rugido de León” de Israel, marcó el inicio de una guerra abierta. Los ataques contra instalaciones estratégicas provocaron una respuesta inmediata de Teherán con la “Operación Promesa Verdadera 4”.
Este informe analiza la escalada militar del conflicto, el papel de aliados regionales como los países europeos y los Estados árabes, y el impacto potencial sobre la población civil y los mercados energéticos globales.
El Grupo de Investigación en Paz y Seguridad Internacionales del CEERI busca contribuir a una comprensión integral del conflicto mediante el seguimiento y el análisis sistemático de cuatro dimensiones clave: 1) militar y operacional; 2) política y diplomática; 3) humanitaria y social; y 4) económica y energética.
- Situación Militar y Operacional
Esta dimensión del informe se enfoca en analizar y cuantificar la Escala de Magnitud de las Operaciones (EMO) en el conflicto entre Estados Unidos e Irán, priorizando el “cuántos y qué” se dispara/lanza y “desde dónde” (plataformas), más que la mera intención política. Se aplica un marco técnico y cuantificable que cubre los dominios convencionales (aéreo, terrestre y naval) e integra operaciones especiales y cibernéticas como factores de impacto estratégico.
Se evalúa campañas de supresión aérea, ataques de precisión, defensa en profundidad, guerra de enjambre y minado de chokepoints, además de incursiones limitadas y protección de bases. También incorpora acciones de sabotaje o saturación cibernética. El objetivo es medir volumen, intensidad, capacidad de respuesta y evolución de la confrontación en todos los dominios.
- Situación Político y Diplomática
Esta dimensión del informe analiza y evalúa cómo las declaraciones diplomáticas y las alianzas externas emitidas por actores directos y externos (Estados) condicionan o hacen evolucionar el conflicto entre Estados Unidos e Irán, incluyendo las manifestaciones de organismos internacionales, en particular el OIEA, la OPEP y la OIC.
Su medición se basa en la Matriz de Evolución Política (MEP), un índice mixto (cualitativo y cuantitativo) que determina si el entorno internacional tiende a mitigar o a agravar la confrontación. Se examinan, por tanto, los esfuerzos orientados a las conversaciones de paz, a las mediaciones y a las declaraciones de los actores afectados por el conflicto. Asimismo, se identifican los obstáculos y retos que dificultan el logro de un cese del fuego o de un acuerdo de paz.
- Situación Humanitaria y Social
Esta dimensión evalúa el impacto sobre la población civil y el cumplimiento del Derecho Internacional Humanitario (DIH) en el conflicto entre Estados Unidos e Irán. Emplea un Índice de Degradación Humanitaria (IDH) que sintetiza el costo humano y el riesgo jurídico internacional para medir el deterioro, identificar tendencias y estimar la probabilidad de sanciones o responsabilidades penales.
Se registran víctimas civiles (fallecidos y heridos) y desplazamientos forzados, tanto internos (incluidos movimientos hacia los montes Zagros) como externos hacia Turquía, Irak y Pakistán. También examina daños a la infraestructura crítica (electricidad, agua, hospitales y telecomunicaciones) y posibles violaciones del DIH, incluido el trato a prisioneros conforme a los Convenios de Ginebra.
- Situación Económica y Energética
Esta dimensión actúa como análisis del motor de presión global del conflicto, afectando especialmente a la economía mundial a través del estrecho de Ormuz, por donde circula aproximadamente el 20% del petróleo mundial. Para evaluar si la crisis permanecerá de carácter regional o se transformará en un shock energético global con efectos inflacionarios y financieros, se emplea el Índice de Shock Económico (ISE).
Se analizarán las variables, de cantidad de buques comerciales; porcentaje de desvíos de ruta (por ejemplo, circunnavegación por el sur de África) y los costos asociados a posibles interrupciones; y el incremento de la volatilidad en los precios de los commodities energéticos, en particular del petróleo (Brent/WTI) y del gas natural licuado (GNL).
| Dimensión | Indicador Operacionalizado | Intensidad del Conflicto |
| 1. Dimensión Militar y Operacional | Operaciones Terrestres + Aéreas + Navales + Especiales | 🔴Extrema Intensidad |
| 2. Dimensión Político y Diplomática | Actores directos + Actores Externos + ORG Inter | 🟠Alta Intensidad |
| 3. Dimensión Humanitaria y Social | Víctimas y Desplazados + Infraestructura Crítica + Violaciones al DIH | 🔴Extrema Intensidad |
| 4. Dimensión Económica y Energética | Cantidad de Buques Comerciales + Desvío de Tránsito + Commodities Energéticas | 🟠Alta Intensidad |
SITUACIÓN MILITAR Y OPERACIONAL
| Dimensión Militar y Operacional | |||
| Variable | Puntaje individual | Puntaje total | Intensidad |
| Terrestre | 🔴 Magnitud Máxima
(388) |
984 | 🔴 Extrema Intensidad |
| Aérea | 🟠Magnitud Alta
(258) |
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| Naval | 🟠Magnitud Alta
(182) |
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| Especial | 🟠Magnitud Alta
(156) |
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Entre el 27 de abril y el 10 de mayo de 2026, el conflicto en Medio Oriente registró una fase de alta intensidad caracterizada por la multidimensionalidad de las operaciones en frentes terrestres, aéreos, navales y cibernéticos. En el Líbano, Hezbollah e Israel intercambiaron misiles antitanque, drones explosivos, emboscadas y ataques de precisión, mientras las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) ampliaban zonas de control, neutralizaban túneles, depósitos y posiciones ocultas, y eliminaban mandos clave de la Fuerza Radwan. En Gaza, la ofensiva israelí profundizó la destrucción de infraestructura crítica y consolidó el dominio sobre gran parte del territorio.
A su vez, en el golfo Pérsico y el estrecho de Ormuz, la confrontación entre Irán y la coalición liderada por Estados Unidos derivó en una guerra naval asimétrica de gran impacto, marcada por escoltas armadas, ataques con drones, abordajes, interdicciones y daños crecientes al comercio global.
En el plano aéreo, los bombardeos, las interceptaciones y la guerra electrónica definieron la disputa por la superioridad regional. A ello se sumó una campaña cibernética y de inteligencia orientada al doxxing, la infiltración de redes industriales, la desinformación y la exfiltración de datos sensibles. El resultado fue un panorama de desgaste estratégico, con avances tácticos limitados, costos crecientes y una dinámica de escalada sin salida diplomática clara para ambos bandos y sus aliados.
Operaciones Terrestres
El 27 de abril de 2026 marcó el colapso definitivo de las negociaciones de paz mediadas por el gobierno libanés. El secretario general de Hezbollah, Naim Qassem, rechazó abiertamente los términos de desarme propuestos, y la respuesta en el campo de batalla fue casi inmediata. Combatientes de la organización lanzaron misiles antitanque guiados —conocidos como ATGM— contra una agrupación de vehículos blindados y tropas de las FDI en las inmediaciones de Kafr Kila, en el sur del Líbano. Este ataque de fuego directo desafió la denominada zona de limpieza que Israel había establecido en la franja fronteriza. En otro frente, en la Franja de Gaza, las fuerzas israelíes expandían su control sobre el 58% del territorio mediante la neutralización de túneles y maniobras de blindados, mientras que en Irán, unidades del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) en Bandar Abbas afirmaban haber neutralizado 15 misiles pesados estadounidenses mediante defensas de punto terrestres y haber reclamado los restos para ingeniería inversa.
El 28 de abril, el conflicto se desplazó hacia la cadena logística. Un ataque coordinado de drones explosivos de Hezbollah, en el sur del Líbano, mató a un contratista del Ministerio de Defensa israelí, lo que puso en evidencia la vulnerabilidad de los eslabones de apoyo situados detrás de la línea de contacto directa. Ese mismo día, tres miembros del personal de defensa civil libanés perdieron la vida en Majdal Zoun durante un ataque israelí, lo que desencadenó una condena internacional liderada por el primer ministro Nawaf Salam. El daño a la infraestructura civil generó flujos masivos de desplazados que congestionaron rutas de uso logístico-militar, lo que complicó el movimiento de suministros en ambos bandos.
El 29 de abril, las FDI concentraron sus esfuerzos en consolidar la zona de defensa avanzada en territorio libanés. Unidades multidimensionales que integraban infantería, drones tácticos y artillería destruyeron almacenes de armas y lanzadores ocultos en estructuras civiles. En ese mismo período, dentro de Irán, el grupo Ansar al-Furqan atacó una patrulla policial en la provincia de Zahedan, con un saldo de tres oficiales muertos, lo que evidenciaba una erosión del control soberano sobre sus regiones perifréricas, exacerbada por la presión de la campaña aérea aliada.
El 30 de abril representó un punto de inflexión táctica. Un dron de primera persona (FPV) operado por Hezbollah impactó contra un convoy blindado israelí cerca de Shomera e hirió a doce soldados. El ataque demostró que la organización había integrado tecnología guiada por cables de fibra óptica que neutraliza los sistemas de interferencia electrónica convencionales, lo que hacía al dron inmune al jamming tradicional. En respuesta, ingenieros de combate israelíes neutralizaron un túnel estratégico en la región de Qantara: una estructura de dos kilómetros de longitud y 25 metros de profundidad, equipada con espacios habitables y arsenales para la Fuerza Radwan, construida con asistencia iraní. La demolición de esta infraestructura privó a Hezbollah de una ruta de infiltración crítica.
El 1 de mayo, las fuerzas israelíes comenzaron a instalar redes metálicas sobre vehículos y posiciones de avanzada como medida de defensa física contra los drones FPV, ante la incapacidad de los sistemas electrónicos para interceptarlos. Hezbollah reclamó ocho ataques exitosos con drones en esa única jornada. En Gaza, la destrucción del 90% de la infraestructura hídrica, incluidas las plantas de desalinización, transformó el territorio en un entorno inhabitable que dificultaba tanto la insurgencia como el control israelí sostenido.
El 2 de mayo se reveló la existencia de una base clandestina israelí en el desierto iraquí, que albergaba fuerzas especiales y equipos de búsqueda y rescate para apoyar la campaña aérea contra Irán. Cuando tropas iraquíes se aproximaron a la instalación en marzo, fueron repelidas mediante ataques aéreos de apoyo terrestre. Israel ejecutó, además, cerca de 50 ataques en 24 horas contra posiciones de Hezbollah en el Líbano, con los que destruyó centros de mando y depósitos de misiles antitanque.
El 3 de mayo, el mando israelí emitió órdenes de evacuación para decenas de poblados adicionales en el sur del Líbano, con lo que extendió la zona operativa más allá del río Litani. Durante estas maniobras, francotiradores y drones de apoyo eliminaron operativos de Hezbollah detectados en las proximidades de la infantería israelí. Mientras tanto, inteligencia estadounidense confirmaba que el CGRI aprovechaba la relativa calma táctica para reconstituir lanzadores móviles de misiles enterrados bajo escombros o protegidos en búnkeres subterráneos.
El 4 de mayo, un dron explosivo de Hezbollah mató al sargento de la Brigada Golani Liem Ben Hamo e hirió a otro soldado en el sur del Líbano. Este hecho ilustró la capacidad de los drones de precisión para generar bajas psicológicamente devastadoras, capaces de mantener a las unidades en alerta constante y producir fatiga de combate severa. En el estrecho de Ormuz, un carguero surcoreano fue golpeado por un objeto no identificado, vinculado a misiles o drones lanzados desde posiciones costeras iraníes.
El 5 de mayo se registraron combates de infantería en Deir Seryan. Una emboscada de Hezbollah dejó dos soldados israelíes con heridas de gravedad moderada; en represalia, la Fuerza Aérea atacó más de 20 ubicaciones en el sur del Líbano, donde neutralizó edificios y puestos de lanzamiento de ATGM. El ejército libanés también reportó un oficial y un soldado heridos tras el impacto en su vehículo militar en Kafra, lo que incrementó la tensión con las fuerzas regulares soberanas.
El 6 de mayo se registró una operación de decapitación de alto valor. Israel eliminó en los suburbios del sur de Beirut a Malek Ballout, comandante de operaciones de la Fuerza Radwan y arquitecto de los ataques con cohetes contra el norte de Israel y de las tácticas de emboscada contra blindados. Su muerte representó una fractura significativa en el mando y control táctico de Hezbollah.
El 7 de mayo, tres destructores estadounidenses —USS Truxtun, USS Rafael Peralta y USS Mason— transitaron el estrecho de Ormuz bajo fuego combinado de misiles, drones y lanchas rápidas iraníes. El Pentágono respondió con ataques contra sitios de lanzamiento y nodos de inteligencia en Irán, aunque evaluaciones clasificadas confirmaron que el régimen conservaba el 75% de sus lanzadores móviles y el 70% de sus misiles pre bélicos.
El 8 de mayo, las defensas antimisiles de los Emiratos Árabes Unidos interceptaron dos misiles balísticos y tres drones iraníes, aunque los escombros dejaron tres heridos. En Gaza, Israel confirmó la muerte del hijo del jefe de Hamas, Khalil al-Hayya. Al día siguiente, fuerzas estadounidenses atacaron dos petroleros iraníes que presuntamente intentaban violar el bloqueo naval, a lo que la marina del CGRI respondió con advertencias de represalia masiva. En el Líbano, nueve personas murieron en ataques israelíes de interdicción de rutas de suministro.
El 10 de mayo, fecha de cierre del período analizado, el conflicto mostraba un patrón de estancamiento estratégico. En Gaza, un dron israelí eliminó a un operativo de Hamas que intentaba plantar un artefacto explosivo improvisado cerca de tropas terrestres. En el Golfo, drones atacaron embarcaciones en espacios marítimos de Qatar y Kuwait. En tanto, el líder supremo iraní Mojtaba Khamenei emitía directivas para continuar las operaciones en Ormuz y defender el programa nuclear, con lo que descartó cualquier intención de desescalada.

Operaciones Aéreas
El 27 de abril, las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) concentraron sus esfuerzos en consolidar los avances logrados contra Hezbollah en el Líbano. Cazabombarderos F-15I Ra’am ejecutaron ataques de precisión contra depósitos de armamento y nodos logísticos de la milicia, mientras el primer ministro Netanyahu confirmaba que el arsenal de cohetes de Hezbollah había sido reducido al 10% de su capacidad inicial. No obstante, los sistemas de cohetes de corto alcance tipo 122 mm y los drones de reconocimiento continuaban siendo una amenaza activa para la Cúpula de Hierro desplegada en el norte de Israel. En el estrecho de Ormuz, aviones de patrulla marítima P-8 Poseidon y helicópteros MH-53E Sea Dragon colaboraron en la detección y neutralización de minas navales sembradas por Irán para restringir la libertad de navegación en la zona de exclusión impuesta por Washington.
La jornada del 28 de abril estuvo marcada por una revelación de alto impacto estratégico: el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) anunció la recuperación de más de 15 misiles Tomahawk estadounidenses no detonados. Este hecho sugería fallos en los sistemas de guiado satelital o la efectividad creciente de las capacidades iraníes de interferencia electrónica (GPS jamming). De forma concomitante, aviones RC-135 Rivet Joint realizaban misiones de inteligencia de señales (SIGINT) para mapear las baterías antiaéreas móviles iraníes, mientras drones Shahed-136 intentaban infiltrarse en el espacio aéreo aliado y eran interceptados por sistemas de defensa de punto. La dimensión informativa del conflicto quedó también expuesta en las advertencias iraníes sobre posibles ataques con misiles balísticos Fateh-110 contra bases estadounidenses en países vecinos.
El 29 de abril trajo un hito logístico con el despliegue de unidades de transporte estratégico y reabastecimiento en vuelo de la Fuerza Aérea estadounidense sobre el estrecho de Gibraltar, lo que señalaba la preparación para una nueva fase de bombardeos sostenidos. En el teatro del Levante, cazas F-35I Adir israelíes golpearon posiciones de mando y control de milicias en Gaza, mientras Irán intensificaba su guerra de información mediante el uso de inteligencia artificial para diseminar propaganda dirigida a las tripulaciones de los portaaviones estadounidenses.
El 30 de abril representó uno de los días de mayor actividad operacional del período. Las fuerzas israelíes interceptaron una flotilla de 22 embarcaciones a más de 1.000 kilómetros de las costas de Gaza, combinando helicópteros de ataque, drones Elbit Hermes 900 y unidades de fuerzas especiales en una demostración de proyección de largo alcance. Por su parte, Irán ejecutó un ataque coordinado con drones y misiles contra instalaciones energéticas en los Emiratos Árabes Unidos. Aunque los sistemas Patriot y THAAD interceptaron más del 90% de los proyectiles, los impactos causaron un incendio de consideración en la refinería de Fujairah, lo que subrayó la vulnerabilidad de la infraestructura crítica regional incluso frente a una defensa aérea densa.
Durante el 1 de mayo, la guerra adoptó una matiz de presión económica y psicológica. Cazas F/A-18E Super Hornet del USS Abraham Lincoln patrullaron agresivamente el Golfo en busca de embarcaciones sospechosas. Irán respondió reposicionando sus lanzadores móviles de misiles antibuque Noor y Qader a lo largo de la costa sur, con el fin de evadir la vigilancia constante de los drones RQ-4 Global Hawk y los satélites de reconocimiento. El 2 de mayo se mantuvo este ritmo operativo: misiones de reconocimiento táctico y helicópteros AH-64 Apache israelíes ejecutaron ataques de artillería aérea contra plataformas de lanzamiento de Hezbollah en las granjas de Shebaa, generando una degradación progresiva —aunque limitada— de la capacidad de fuego de la milicia.
El 3 de mayo marcó un punto de inflexión político-militar. El presidente Trump anunció el Proyecto Libertad, una misión de escolta a buques mercantes neutrales que implicó la movilización de más de 100 aeronaves, entre ellas cazas F-22 Raptor para garantizar la superioridad aérea y plataformas multidominio para detección temprana. Irán interpretó el despliegue como una escalada directa y declaró el Estrecho zona de guerra total, lo que puso en alerta sus sistemas de misiles balísticos de largo alcance con ojivas de alto poder explosivo.
El 4 de mayo fue el día de mayor intensidad cinética del periodo. Al iniciarse las operaciones de escolta, Irán lanzó misiles de crucero antibuque que alcanzaron la vecindad de destructores estadounidenses, lo que forzó maniobras de defensa con sistemas Phalanx CIWS y misiles RIM-162 ESSM. Drones kamikaze incendiaron una refinería en Fujairah con daños estructurales significativos. La aviación israelí bombardeó la ciudad de Shehour con F-16I Sufa, con lo que el total de víctimas mortales en el Líbano desde el inicio de la ofensiva ascendió a casi 2.700. El 5 de mayo, tras presiones saudíes, Trump suspendió temporalmente las misiones de escolta; no obstante, un carguero fue atacado horas después, lo que evidenció que ningún armisticio táctico podía sostenerse bajo la lógica de la guerra de desgaste.
El 6 de mayo, helicópteros MH-60R Seahawk capturaron un petrolero iraní en el golfo de Omán mientras Washington emitía un ultimátum de 14 puntos que exigía, entre otras cosas, la eliminación del uranio enriquecido y el fin del programa de misiles. Irán rechazó el documento y activó sus silos de misiles balísticos estratégicos, cuya apertura fue detectada por satélites de reconocimiento del CENTCOM. El 7 de mayo, un ataque israelí con misiles de crucero lanzados desde fuera del espacio aéreo libanés eliminó al jefe de la fuerza de élite de Hezbollah en Beirut, lo que desencadenó una salva de represalia con cohetes que alcanzó zonas próximas a Haifa. A su vez, se produjeron intercambios cinéticos directos entre lanchas rápidas iraníes y cazas de la coalición en el Estrecho.
El 8 de mayo, drones suicidas de Hezbollah dañaron una instalación de radar de defensa antimisiles en Haifa, lo que representó una pérdida de capacidad sensorial de alto valor. Bombarderos F-15E Strike Eagle israelíes continuaron la campaña sobre el sur del Líbano, con un saldo de al menos 10 muertos. Las baterías Patriot saudíes destruyeron dos drones iraníes que se aproximaban a la refinería de Aramco, lo que confirmó que Irán seguía poniendo a prueba la resistencia defensiva regional.
El 9 de mayo llegó la confirmación definitiva del coste real de la guerra: imágenes satelitales revelaron daños graves en bases estadounidenses en el Golfo, entre ellos la destrucción de hangares, radares AN/FPS-132 en Qatar y pistas de aterrizaje. Estos daños, minimizados desde el inicio del conflicto, representaban un deterioro estratégico acumulado de primera magnitud. Trump anunció el Proyecto Libertad Plus con una postura de ataque preventivo, y el destructor británico HMS Dragon se integró a la coalición para reforzar la defensa aérea regional.
El 10 de mayo cerró el período con el rechazo iraní a la propuesta de paz y la cancelación de más de 900 vuelos comerciales de aerolíneas asiáticas, que declararon el espacio aéreo de Medio Oriente como zona de exclusión de facto. Las operaciones se limitaron a patrullas de combate con F-35C y F/A-18E, mientras las baterías móviles iraníes continuaban rastreando aeronaves aliadas. El conflicto, con 71 días de duración y una logística global fracturada, apuntaba inequívocamente hacia una escalada mayor si el impasse diplomático no encontraba resolución.

Operaciones Navales
El período comprendido entre el 27 de abril y el 10 de mayo de 2026 consolidó al estrecho de Ormuz como el epicentro de una guerra naval asimétrica de alta intensidad, donde la proyección de fuerza convencional estadounidense chocó frontalmente contra la doctrina de denegación de área marítima (A2/AD) iraní, lo que arrastró al comercio global hacia una crisis logística sin precedentes recientes.
El 27 de abril, la actividad se concentró en el sostenimiento operativo del dispositivo de bloqueo. El destructor USS Michael Murphy ejecutó maniobras de reabastecimiento en el mar con el buque tanque USNS Henry J. Kaiser en el mar Arábigo, con lo que consolidó la permanencia en estación de las escoltas de combate. En el Estrecho, patrulleras del CGRI mantenían fondeados bajo custodia armada a los portacontenedores Epaminondas y MSC Francesca —capturados días antes— y los utilizaban como moneda de canje en las negociaciones de Islamabad. El bloqueo estadounidense acumulaba ya el desvío de 38 buques comerciales que pretendían operar en puertos iraníes.
El 28 de abril, el USS New Orleans protagonizó una operación de asalto vertical reglamentaria. Infantes de marina estadounidenses descendieron en rappel desde helicópteros CH-53E Super Stallion sobre el carguero Blue Star III, sospechoso de abastecer terminales iraníes desde Pakistán. Tras un registro exhaustivo sin encontrar contrabando o material proscrito, el buque fue liberado. La inteligencia británica rastreaba, por su parte, los movimientos del petrolero iraní Ateela 2, mientras los informes señalaban que la flota de lanchas rápidas del CGRI lograba evadir parcialmente la red de interceptación mediante ocultamiento costero.
El 29 de abril, el destructor USS Mason se posicionó en el golfo de Omán para coordinar la red de radares de alerta temprana, mientras cazas F-16 de CENTCOM ejecutaban patrullas aéreas de largo alcance vigilando las baterías móviles de misiles antibuque iraníes desplegadas en el litoral sur. El bloqueo comenzaba a revelar su impacto económico: Irán se veía obligado a derivar su crudo excedente hacia almacenamiento flotante ante la parálisis de sus exportaciones hacia China.
El 30 de abril marcó el primer enfrentamiento armado directo del período. Embarcaciones del CGRI maniobraron de forma hostil en el canal comercial ignorando las advertencias por radio. La respuesta fue contundente: helicópteros MH-60R Seahawk de la Armada y AH-64 Apache del Ejército abrieron fuego con cañones automáticos de 30 mm y misiles AGM-114 Hellfire, con lo que neutralizaron el enjambre de lanchas rápidas sin registrar bajas propias. La precisión del armamento empleado reflejó una decisión deliberada de escalada controlada.
El 1 de mayo trajo un rediseño profundo del dispositivo naval aliado. El portaaviones nuclear USS Gerald R. Ford cruzó el canal de Suez en retirada tras 314 días de despliegue —entre ellos misiones contra el programa nuclear iraní— y fue sustituido por la concentración simultánea del USS Abraham Lincoln y el USS George H.W. Bush en el mar Arábigo. La transición, aunque planificada, redujo momentáneamente la densidad de aviación embarcada disponible. La situación humanitaria se agravaba: más de 20.000 marineros mercantes permanecían varados en las radas interiores del Golfo.
El 2 de mayo amplió geográficamente la crisis. En el golfo de Adén, piratas somalíes secuestraron el petrolero MV Eureka y lo desviaron hacia Puntland, al aprovechar el vacío de patrullaje creado por el desplazamiento de buques de guerra occidentales hacia Ormuz. La repercusión indirecta del bloqueo comenzaba a desestabilizar rutas marítimas adyacentes y a comprometer la seguridad de las líneas de comunicación marítima regionales.
El 3 de mayo quebró definitivamente la calma relativa. El petrolero Barakah, de propiedad emiratí, recibió el impacto de dos drones kamikazes a 78 millas al norte de Fujairah: las explosiones desataron incendios y abrieron vías de agua que obligaron al abandono del buque. Horas después, el granelero Minoan Falcon soportó el hostigamiento de lanchas rápidas a 11 millas de Sirik, con daños en la superestructura por fuego de ametralladora pesada. La Casa Blanca respondió ordenando la activación inmediata de escoltas militares agresivas.
El 4 de mayo fue el día de mayor intensidad bélica del período. El CENTCOM lanzó el Proyecto Libertad con el despliegue de destructores Aegis, más de 100 aeronaves navales y 15.000 efectivos para forzar el tránsito comercial seguro. Irán respondió con fuerza: el granelero HMM Namu recibió dos drones kamikazes que abrieron una brecha de cinco por siete metros en la obra viva del casco e incendiaron la sala de máquinas; al mismo tiempo, el buque químico JV Innovation sufrió el impacto de un proyectil costero de trayectoria balística. Los destructores aliados emplearon misiles ESSM y cañones Phalanx CIWS para derribar misiles de crucero y drones, lo que permitió el cruce seguro de los mercantes Alliance Fairfax y CS Anthem.
El 5 de mayo, un misil de crucero iraní alcanzó al portacontenedores CMA CGM San Antonio en el espacio marítimo de aproximación a Omán durante la noche, lo que destruyó la zona habitable de popa y dejó a ocho tripulantes filipinos gravemente heridos, quienes fueron evacuados por guardacostas omaníes. Teherán respondió en el plano jurídico formalizando la Autoridad del Estrecho del Golfo Pérsico (PGSA, por sus siglas en inglés), un instrumento de guerra jurídica (lawfare) destinado a cobrar peajes superiores al millón de dólares por tránsito y vetar selectivamente el paso de naves occidentales.
El 6 de mayo, un F/A-18E Super Hornet del USS Abraham Lincoln interceptó al petrolero iraní Hasna en el golfo de Omán. Ante la negativa de su tripulación a detener máquinas, el caza empleó el cañón M61A2 Vulcan de 20 mm para destruir con elevada precisión el timón y la hélice, lo que deja al buque sin capacidad de maniobra y evitando que se desatara un incendio generalizado.
El 7 de mayo estalló el enfrentamiento naval más grave. Fuerzas del CGRI lanzaron un asalto nocturno de saturación contra los destructores USS Truxtun, USS Rafael Peralta y USS Mason con misiles antibuque y drones rasantes, todo interceptado por los sistemas Aegis y los radares SPY-1. La represalia estadounidense fue devastadora: bombarderos navales destruyeron con misiles de crucero aire-superficie las bases costeras en Qeshm, Bandar Khamir y Sirik, con lo que eliminaron baterías, radares y muelles del CGRI en un golpe que alteró el balance táctico de defensa costera iraní.
El 8 de mayo, cazas F/A-18 del USS George H.W. Bush inutilizaron los sistemas de propulsión de los petroleros iraníes Sea Star III y Sevda mediante bombas de precisión. Irán respondió esa misma noche con el abordaje helitransportado del Ocean Koi, cuya tripulación fue neutralizada por comandos navales que izaron la bandera iraní y desviaron el buque hacia el puerto bajo control del CGRI.
El 9 de mayo abrió un nuevo capítulo: el metanero qatarí Al Kharaitiyat realizó el primer tránsito regulado por la PGSA, navegando por aguas próximas a la isla de Larak y pagando el peaje electrónico. El Reino Unido desplegó un destructor Tipo 45 para escoltas soberanas.
El 10 de mayo cerró el período con el granelero Safesea Neha alcanzado por un dron kamikaze frente a Qatar, con incendio menor sofocado por sistemas automáticos. La retórica del CGRI confirmaba radares de tiro fijados sobre los destructores estadounidenses en estación, sellando catorce días de una guerra naval que había transformado el estrecho de Ormuz en un campo de batalla permanente donde ningún bando había logrado la decisión estratégica definitiva.

Operaciones Especiales
Entre el 27 de abril y el 10 de mayo de 2026, el dominio cibernético se consolidó como el eje central de las hostilidades entre la coalición occidental y la República Islámica de Irán, lo que demostró que la guerra moderna ya no distingue entre redes militares y entornos civiles.
El 27 de abril, el grupo Handala —avatar digital del MOIS iraní— lanzó una campaña de intimidación personalizada mediante WhatsApp contra personal militar estadounidense estacionado en la base naval de Baréin, sede de la 5.ª Flota, y contra civiles israelíes. Los mensajes, redactados en tono amenazante y firmados por el colectivo, advertían que sus identidades y movimientos estaban bajo vigilancia iraní permanente, con referencias explícitas a drones Shahed y misiles Kheibar. La táctica explotó una brecha estructural crítica: los dispositivos personales del personal militar carecen de las salvaguardas de las redes oficiales, lo que disuelve la frontera entre la vida privada y la seguridad operacional.
El 28 de abril, Handala publicó en Telegram una base de datos con nombres, teléfonos y detalles de despliegue de 2.379 infantes de marina estadounidenses asignados al golfo Pérsico. Este doxxing masivo no fue un acto de piratería aislado, sino una operación de designación de objetivos: al reducir el ruido en la recolección de inteligencia, el adversario facilita ataques cinéticos de precisión futura. El Departamento de Estado respondió ofreciendo una recompensa de diez millones de dólares por información sobre los operadores de Handala.
Entre el 29 de abril y el 3 de mayo, el grupo Cyber Av3ngers —vinculado al Comando de Ciberdefensa del CGRI— desplazó sus operaciones hacia los sistemas estadounidenses de control industrial (ICS). Mediante la explotación de puertos expuestos de controladores PLC fabricados por Rockwell Automation, los atacantes manipularon archivos de proyecto e interfaces HMI que gestionan suministros de agua y distribución eléctrica. La sofisticación residió en el uso de software legítimo FactoryTalk instalado en servidores privados virtuales para mimetizarse con el tráfico administrativo normal, con lo que eludieron los sistemas de detección durante días.
El 4 de mayo marcó el día 66 del apagón digital casi total sobre Irán, con conectividad reducida por debajo del 1 % de sus niveles prebélicos tras la destrucción israelí y estadounidense de los centros de datos de la Red Nacional de Información. Sin embargo, Teherán demostró una resiliencia notable: sus operadores habían migrado las capacidades ofensivas críticas a terminales VSAT y servicios de órbita baja tipo Starlink, lo que mantuvo la cadencia de ataques externos intacta.
El 5 de mayo, investigadores de Kaspersky y Rapid7 detectaron el despliegue masivo del backdoor ABCDoor, una herramienta basada en Python diseñada para mantener persistencia silenciosa en redes logísticas militares de Medio Oriente. A su vez, la botnet Eleven11bot lanzó ataques DDoS volumétricos contra telecomunicaciones del Golfo para degradar las comunicaciones entre bases estadounidenses y sus centros de mando.
El 6 de mayo, MuddyWater ejecutó una operación de falsa bandera de elevada sofisticación táctica: se presentó como el grupo criminal de ransomware Chaos para infiltrarse en contratistas de defensa estadounidenses. Mientras los equipos de respuesta interpretaban la intrusión como un incidente financiero convencional, los operadores exfiltraron silenciosamente inteligencia sensible mediante herramientas de administración remota como DWAgent.
El 7 de mayo, ataques coordinados degradaron servicios de AWS en Baréin y los Emiratos, mediante la combinación de daño físico previo a centros de datos y ofensivas contra capas de virtualización en la nube. El Fondo Monetario Internacional (FMI) emitió una alerta global sobre el modelo de inteligencia artificial Mythos, capaz de automatizar el descubrimiento de vulnerabilidades de día cero (zero-day) en sistemas financieros en minutos, con lo que elimina el margen de reacción humana.
Los días 8 y 9 de mayo revelaron intentos de envenenamiento de datos en plataformas de entrenamiento de inteligencia artificial utilizadas por el Pentágono, junto con intrusiones en bases de datos actuariales de aseguradoras del Golfo, con el fin de mapear la resiliencia económica adversaria.
El 10 de mayo cerró el período con el golpe de inteligencia más severo contra Israel: Handala anunció el compromiso total de la Unidad Egoz, tras lo cual exfiltró identidades de 60 oficiales de élite y coordenadas de sus bases operativas, información que posteriormente fue transferida a unidades de drones de Hezbollah para potenciales operaciones de adquisición y designación de objetivos.

SITUACIÓN POLÍTICA Y DIPLOMÁTICA
| Dimensión Político y Diplomática | |||
| Variable | Puntaje individual | Puntaje total | Intensidad |
| Actores Directos | 🔴 Retroceso Mayor (-2) | 0 | 🟠Alta Intensidad |
| Estados Europeos | 🟡Avance Menor (+1) | ||
| Estados Mulsumanes | 🟡Avance Menor (+1) | ||
| Pakistán y Turquía | 🟡Avance Menor (+1) | ||
| Grupos Pro-iraníes | 🔴 Retroceso Mayor (-2) | ||
| Rusia y China | 🟡Avance Menor (+1) | ||
| Otros actores externos | 🟡Avance Menor (+1) | ||
| ORG Internacional | 🟠 Retroceso Menor (-1) | ||
Entre el 27 de abril y el 10 de mayo de 2026, el conflicto entre Estados Unidos e Israel contra Irán evolucionó hacia una escalada multidimensional en la que intervinieron actores internos, externos e internacionales con respuestas muy distintas. En el plano interno, Estados Unidos combinó el bloqueo naval del estrecho de Ormuz y la operación “Proyecto Libertad” con negociaciones indirectas facilitadas por Pakistán. Al mismo tiempo, Trump notificó al Congreso el fin de la campaña militar para eludir límites legales y presentó el conflicto como una “excursión de seis semanas”. Israel sostuvo una postura de máxima alerta, continuó sus operaciones contra Hezbollah en el Líbano y expresó disconformidad por no ser informado de los avances entre Washington y Teherán, mientras su jefe del Estado Mayor advertía que 2026 todavía podía ser un año de hostilidades. Irán reaccionó de forma activa: propuso un plan de 14 puntos para terminar la guerra en 30 días, denunció el bloqueo como ilegal, creó la Autoridad del Estrecho del Golfo Pérsico (PGSA, por sus siglas en inglés) para administrar el tránsito por Ormuz y advirtió con acciones militares inéditas ante las interdicciones estadounidenses.
En paralelo, la dimensión regional se intensificó. Francia y el Reino Unido impulsaron una misión naval independiente en Ormuz; Alemania cuestionó la estrategia estadounidense; y España condenó los ataques iraníes sobre los Emiratos Árabes Unidos. Los Estados del Golfo sufrieron el impacto directo de las represalias iraníes: Emiratos fue el más castigado por drones contra instalaciones petroleras, Baréin endureció la represión interna y Qatar llamó a evitar un “conflicto congelado”. Pakistán se consolidó como mediador clave, mientras Turquía alertó sobre una crisis energética prolongada. Hezbollah siguió combatiendo en el sur del Líbano, y Rusia y China respaldaron políticamente a Irán.
Las organizaciones internacionales tuvieron un alcance limitado. La Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) y la OPEP+ quedaron debilitadas, la Liga Árabe y el Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) respaldaron a los Emiratos Árabes Unidos, y tanto el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) como la Organización para la Cooperación Islámica (OCI) mantuvieron sus posiciones previas sin lograr frenar la dinámica del conflicto.
Actores internos
La estrategia estadounidense se caracterizó por una combinación de presión militar sostenida —el bloqueo naval y la operación “Proyecto Libertad”—, negociaciones intermitentes canalizadas a través de Pakistán y un creciente desgaste político interno. Durante los primeros días, del 27 al 29 de abril, la Casa Blanca evaluó la propuesta iraní que proponía al tema nuclear para una fase posterior de las negociaciones. Donald Trump manifestó su insatisfacción ante la omisión del programa nuclear en dicha propuesta, mientras Marco Rubio defendía el bloqueo naval estadounidense en el estrecho de Ormuz. En ese contexto, Trump comunicó a Benjamín Netanyahu, primer ministro de Israel, que limitara sus operaciones a ataques de precisión en el Líbano.
El 1 de mayo, Trump notificó al Congreso que la campaña militar había concluido, justo cuando estaba por vencer el plazo de sesenta días para la solicitud de autorización legislativa sobre el mantenimiento de tropas. Horas más tarde, el Pentágono anunció la retirada de cinco mil soldados de Alemania. En el día sesenta y cinco de enfrentamientos, Estados Unidos lanzó el “Proyecto Libertad” para escoltar embarcaciones por el estrecho de Ormuz, instó a Corea del Sur a sumarse a la iniciativa y amenazó con represalias disuasorias contra Irán si atacaba buques estadounidenses. Para el 5 de mayo, Trump acusó a Barack Obama de haber transferido cuantiosos recursos económicos a Irán y sugirió que el Gobierno iraní debía deponer las armas. El discurso varió un día después cuando Marco Rubio declaró, de manera inesperada, que daba por concluida la ofensiva Furia Épica y anunció una nueva fase defensiva en el marco del “Proyecto Libertad”, aunque Trump la suspendió brevemente a petición de Pakistán, con el bloqueo vigente.
En los días sesenta y ocho y sesenta y nueve de enfrentamientos, el Gobierno estadounidense reportó avances en las conversaciones diplomáticas, al tiempo que reconoció haber bombardeado instalaciones iraníes tras ataques contra destructores estadounidenses. Pese a ello, Trump declaró que el alto al fuego seguía vigente y calificó públicamente el conflicto como una intervención de escasas semanas en Irán.
Por su parte, Israel mantuvo una postura de alerta permanente y operaciones activas contra Hezbollah en el Líbano, al tiempo que expresaba disconformidad por no haber sido informado de los avances en las negociaciones entre Washington y Teherán. A partir del 27 de abril, el ministro de Defensa israelí advirtió que Hezbollah incurría en una escalada de riesgo, mientras se confirmaba que Estados Unidos estaba al tanto de las operaciones israelíes en el Líbano durante el alto al fuego. El jefe del Estado Mayor, Eyal Zamir, afirmó que 2026 podría continuar siendo un año de hostilidades en todos los frentes. El 28 de abril, declaró que el sur del Líbano recibía un trato operacional equivalente al aplicado en Gaza, postura que se reforzó días después, cuando el 3 de mayo el Ejército israelí instó a los residentes del sur del Líbano a evacuar ante las operaciones en curso contra Hezbollah. Hacia los días sesenta y cinco y sesenta y seis de enfrentamientos, un responsable militar israelí señaló que las fuerzas armadas se encontraban en estado de máxima alerta tras los intercambios entre fuerzas estadounidenses e iraníes en el estrecho de Ormuz.
Asimismo, el nuevo jefe de las Fuerzas Aéreas israelíes, Omer Tischler, declaró que Israel estaba en condiciones de desplegar la totalidad de su poder aéreo contra Irán de ser necesario, mientras Zamir, desde el sur del Líbano, reafirmó el compromiso del Ejército de desmantelar a Hezbollah y lanzar una nueva ofensiva contra Irán. Una fuente anónima reveló, además, que Israel desconocía la propuesta de paz iraní en el momento en que el país se preparaba para una posible escalada. Posteriormente, el Departamento de Estado informó que el Líbano e Israel mantendrían conversaciones los días 14 y 15 de mayo. El 7 de mayo, el Ejército israelí confirmó la muerte del comandante de la fuerza de élite de Hezbollah, Ahmed Ali Balout, en un bombardeo sobre Beirut.
En cuanto al régimen iraní, este adoptó una actitud proactiva mediante propuestas concretas y la mediación paquistaní, sin abandonar su retórica de resistencia ni sus advertencias militares, y denunció de forma reiterada el bloqueo estadounidense como contrario al derecho internacional. Al inicio de la novena semana del conflicto, el ministro de Asuntos Exteriores, Abbas Araqchi, valoró positivamente su visita a Islamabad e indicó que Irán había presentado una nueva propuesta que postergaba las negociaciones nucleares a una fase posterior, al tiempo que acusaba a Estados Unidos de sostener exigencias desproporcionadas. El 28 de abril, Teherán acusó a Washington de actuar al margen del derecho internacional y advirtió que no consideraba concluido el conflicto. A continuación, Irán advirtió que adoptaría medidas militares de envergadura ante la continuidad del bloqueo a sus embarcaciones, mientras miles de ciudadanos iraníes se manifestaban en respaldo al líder supremo. El 30 de abril, el presidente Pezeshkian afirmó que el bloqueo estaba destinado al fracaso, y el líder supremo anunció una nueva orientación estratégica para el golfo Pérsico y el estrecho de Ormuz.
El 1 de mayo, Irán transmitió su última propuesta de negociación a los mediadores paquistaníes, en tanto Araqchi declaraba que Teherán apostaba por la vía diplomática siempre que Estados Unidos moderara sus exigencias. Entre el 2 y el 3 de mayo, Irán ejecutó a dos personas acusadas de espionaje en favor de Israel, defendió la legalidad de su programa de enriquecimiento de uranio bajo supervisión del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) y afirmó que Estados Unidos debía optar entre la diplomacia y la confrontación. En esa misma línea, Irán presentó un plan de catorce puntos para poner fin al conflicto en un plazo de treinta días, que contemplaba el levantamiento del bloqueo, la creación de un nuevo sistema de control del estrecho de Ormuz, garantías de no agresión, la retirada de tropas estadounidenses, la eliminación de sanciones y el pago de reparaciones, con el tema nuclear reservado para una fase posterior. La Guardia Revolucionaria advirtió a Trump que debía escoger entre una operación de resultado incierto o un acuerdo desfavorable.
El 4 de mayo, Irán publicó un nuevo mapa del área del estrecho de Ormuz bajo su control, advirtió que cualquier intervención estadounidense sería considerada una violación del alto al fuego y que las fuerzas armadas de ese país serían atacadas si se aproximaban al Estrecho, al tiempo que criticó la salida de los Emiratos Árabes Unidos de la OPEP. Al día siguiente, Araqchi rechazó las operaciones militares estadounidenses en el estrecho de Ormuz y viajó a Pekín para reunirse con autoridades chinas, mientras Teherán negaba haber atacado instalaciones petroleras emiratíes. En ese mismo período, Irán creó el PGSA para gestionar el tránsito por el estrecho de Ormuz, con la exigencia de permisos a los buques en tránsito, e indicó que revisaba la contrapropuesta estadounidense.
El 7 de mayo, Irán acusó a Estados Unidos de vulnerar el alto al fuego mediante ataques contra dos embarcaciones en el estrecho de Ormuz y contra zonas de población civil. El 8 de mayo, Araqchi señaló que cada vez que se abría una vía diplomática, Washington optaba por una respuesta de fuerza. Para finales del período, el 9 de mayo, el presidente de la Comisión de Seguridad Nacional y Política Exterior del Parlamento iraní advirtió a Baréin sobre las consecuencias de su alineamiento con Estados Unidos.

Estados europeos
Los países europeos mantuvieron una postura de cautela caracterizada por el rechazo a levantar las sanciones a Irán mientras continuara el bloqueo del estrecho de Ormuz, la crítica implícita a la estrategia estadounidense y la exigencia simultánea a Teherán de que renunciara a las armas nucleares y reabriera el Estrecho. Francia y el Reino Unido impulsaron su propia misión naval independiente de los beligerantes, mientras Alemania y España manifestaron preocupación por la retirada de tropas estadounidenses de Europa y por el impacto del conflicto en la estabilidad regional.
El canciller Friedrich Merz cuestionó abiertamente la estrategia de Estados Unidos en Irán el 27 de abril, al considerar que el país estaba siendo humillado ante la comunidad internacional. Días después, el 30 de abril, Alemania exigió a Irán que renunciara a las armas nucleares y abandonara el empleo de organizaciones como Hezbollah como instrumento de su política exterior. Tras el anuncio estadounidense de retirada de tropas, el 2 de mayo, el ministro de Defensa alemán calificó la decisión de previsible e instó a la Unión Europea a asumir una mayor responsabilidad en materia de seguridad propia. Al día siguiente, el ministro de Asuntos Exteriores, Johann Wadephul, exigió a Irán que reabriera el estrecho de Ormuz y abandonara su programa nuclear en el marco de una conversación con Araqchi, mientras Merz restaba importancia a las tensiones con Trump y reafirmaba el carácter fundamental de Estados Unidos para la OTAN. Esta postura se complementó en las jornadas del 4 y 5 de mayo, cuando Wadephul recomendó a Irán deponer una actitud negociadora e instó de forma paralela a Israel a evitar que los civiles libaneses cargaran con el coste humano de la guerra, al tiempo que el canciller alemán y el primer ministro portugués solicitaban formalmente el desbloqueo del Estrecho.
Al inicio de la novena semana, el presidente Emmanuel Macron afirmó haber intentado persuadir a Trump de reabrir el estrecho de Ormuz, anunciando gestiones homólogas ante Teherán. El 1 de mayo, el ministro de Asuntos Exteriores, Jean-Noël Barrot, descartó cualquier participación francesa en el conflicto entre Estados Unidos e Irán. Durante el avance del periodo, concretamente el 4 de mayo, Macron consideró indispensable el respeto al alto al fuego en el Líbano y abogó por una reapertura coordinada del Estrecho entre ambas potencias; un planteamiento que ratificó el 6 de mayo en conversación con el presidente iraní al garantizar que la misión franco-británica operaría con plena independencia. El 7 de mayo, Francia descartó levantar las sanciones a Irán mientras persistiera el bloqueo.
En la misma línea, el Gobierno español sostuvo que las sanciones contra Irán no debían ser levantadas en ese momento. El 1 de mayo, la ministra de Defensa, Margarita Robles, rechazó las amenazas proferidas por Trump y reafirmó el compromiso de España con la OTAN. El 4 de mayo, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, trasladó a la cumbre de la Comunidad Política Europea celebrada en Armenia la necesidad de avanzar hacia la paz en Medio Oriente, marco que precedió a la condena oficial emitida por España el 5 de mayo contra los ataques iraníes en los Emiratos Árabes Unidos y Omán. La actividad diplomática española cerró el 6 de mayo, cuando Sánchez solicitó a la Comisión Europea que activara el Estatuto de Bloqueo para impedir el cumplimiento de las sanciones estadounidenses contra la Corte Penal Internacional por su investigación en Gaza.
El 9 de mayo, el Reino Unido desplegó un buque de guerra en Medio Oriente de cara a una posible participación en la misión franco-británica de seguridad marítima en el estrecho de Ormuz. Por su parte, el 5 de mayo, Italia expresó su solidaridad con los Emiratos Árabes Unidos ante los ataques iraníes, en línea con la condena europea a Teherán.
En el día cincuenta y ocho de enfrentamientos, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, consideró prematuro levantar las sanciones a Irán, tras haber advertido el 29 de abril que las consecuencias del conflicto podrían prolongarse durante meses o años. Entre el 3 y el 4 de mayo, la portavoz de Asuntos Exteriores de la Unión Europea, Anitta Hipper, instó a garantizar un trato digno y seguro a dos activistas detenidos en Israel tras su participación en una flotilla humanitaria. De forma concomitante, von der Leyen se refirió a los ataques iraníes contra los Emiratos Árabes Unidos, señalando que un socio estratégico de la Unión había vuelto a ser objetivo de misiles y drones. El 5 de mayo, el presidente del Consejo Europeo, António Costa, expresó el respaldo de la Unión Europea a Armenia en una cumbre condicionada por la crisis, fecha en la que la Unión Europea condenó con firmeza los ataques no provocados de Irán contra los Emiratos Árabes Unidos y Omán. El cierre institucional ocurrió el 7 de mayo, cuando von der Leyen informó de su conversación con Trump, en la que ambos coincidieron en que Irán no debe poseer armamento nuclear.

Estados mulsumanes del golfo arábigo y medio oriente
Los países musulmanes mostraron un creciente grado de afectación directa por el conflicto, en particular los del golfo Arábigo, que sufrieron ataques iraníes con misiles y drones. Los Emiratos Árabes Unidos emergieron como el país más castigado y adoptaron medidas de gran alcance, entre ellas la retirada de la OPEP y el refuerzo de sus capacidades defensivas. Baréin intensificó su campaña represiva contra presuntos simpatizantes de Irán, mientras el Líbano continuó denunciando los bombardeos israelíes pese a las treguas en vigor. Qatar y Arabia Saudí, por su parte, actuaron como voces de moderación y mediación, instando al diálogo y a la desescalada.
Los Emiratos Árabes Unidos fueron el territorio más afectado por las represalias iraníes, anunciando formalmente el 28 de abril su retirada de la OPEP en el marco de la crisis del estrecho de Ormuz. Posteriormente, entre el 1 y el 2 de mayo, el asesor presidencial Anwar Gargash advirtió sobre la inviabilidad de confiar en un acuerdo unilateral iraní respecto a la libertad de navegación, al tiempo que comunicaba el restablecimiento de la normalidad en el tráfico aéreo. El 4 de mayo, Abu Dabi acusó a Teherán de atacar con drones un petrolero de ADNOC y reportó un incendio en la zona industrial petrolera de Fujairah originado en un ataque de drones procedente de territorio iraní. Ante estos hechos, el Ministerio de Asuntos Exteriores emiratí declaró que el país se reservaba el pleno y legítimo derecho de respuesta, mientras el presidente ordenaba el fortalecimiento de las capacidades de defensa nacional. Al día siguiente, pese a que Trump restó importancia al lanzamiento de diecinueve proyectiles contra el territorio emiratí, las autoridades locales ratificaron las denuncias. Finalmente, durante las jornadas del 6 y 8 de mayo, los Emiratos advirtieron a Irán de que sus alianzas defensivas constituían una decisión de carácter soberano, denunciando de forma sucesiva nuevos ataques contra sus sistemas de defensa aérea con misiles y drones procedentes de Teherán.
Baréin endureció su postura frente a cualquier manifestación de apoyo a Irán. El 27 de abril, revocó la ciudadanía de sesenta y nueve personas a las que acusó de respaldar los ataques iraníes, medida que precedió a la advertencia emitida al día siguiente para que la población se abstuviera de expresar simpatía hacia Teherán. Esta línea punitiva se consolidó el 9 de mayo con la detención de cuarenta y una personas acusadas de mantener vínculos operativos con la Guardia Revolucionaria iraní.
El Líbano continuó denunciando las violaciones israelíes del alto al fuego. El 27 de abril, el primer ministro libanés afirmó que los ataques israelíes contra miembros de la Defensa Civil en el sur del país constituían un nuevo crimen de guerra. Dos días después, el presidente Joseph Aoun declaró que el país aguardaba la confirmación de una fecha por parte de Estados Unidos para iniciar las negociaciones. Ya en la jornada del 2 de mayo, el jefe del ejército libanés mantuvo una reunión extraordinaria con el encargado del mecanismo de supervisión del alto al fuego con Israel para analizar la situación de seguridad en el sur. El 4 de mayo, Aoun afirmó que un acuerdo de seguridad con Israel y el cese de las operaciones militares israelíes debían preceder a cualquier encuentro con Netanyahu, coincidiendo con la adhesión formal del Líbano al Tratado de Ottawa sobre la prohibición de minas antipersona.
El 28 de abril, el Gobierno catarí advirtió del riesgo de un conflicto enquistado en el golfo Arábigo ante el estancamiento diplomático y exigió una solución integral que incluyera la apertura inmediata e incondicional del estrecho de Ormuz. Posteriormente, el 9 de mayo, el primer ministro Mohammed bin Abdulrahman al Thani se reunió en Miami con Marco Rubio y Steve Witkoff para abordar el desarrollo de la guerra con Irán.
El 4 de mayo, Arabia Saudí alertó sobre una nueva escalada militar en el golfo Arábigo y solicitó que prosiguieran los esfuerzos de mediación ante el recrudecimiento de los enfrentamientos entre fuerzas estadounidenses e iraníes, que amenazaban la vigencia del alto al fuego.
El 27 de abril, el sultán de Omán instó a Irán a priorizar el diálogo para resolver el conflicto con Estados Unidos, en consonancia con su tradicional función de mediador discreto en la región.
Pakistán y Turquía
Pakistán consolidó su papel como mediador central del conflicto, actuando como puente entre Washington y Teherán mediante la gestión de propuestas, la intermediación en suspensiones de operaciones militares y el ofrecimiento de su territorio como sede para la firma de un acuerdo definitivo. Turquía, por su parte, centró su atención en las consecuencias energéticas de la guerra y advirtió sobre el riesgo de una crisis prolongada.
Entre el 27 y el 29 de abril, Islamabad mantuvo una reunión con el ministro de Asuntos Exteriores iraní, Abbas Araqchi, confirmando que las conversaciones entre Estados Unidos e Irán continuaban en curso. Posteriormente, Pakistán condenó los ataques iraníes contra los Emiratos Árabes Unidos y solicitó el respeto estricto al alto al fuego. La actividad diplomática paquistaní sumó un hito el 6 de mayo, cuando el primer ministro Shehbaz Sharif celebró la decisión de Trump de suspender el operativo Proyecto Libertad en el estrecho de Ormuz; una iniciativa que Islamabad atribuyó a una gestión diplomática conjunta con Arabia Saudita y que sirvió de preámbulo para que, el 7 de mayo, el país se ofreciera oficialmente como sede para la firma de un acuerdo de paz definitivo entre Irán y Estados Unidos.
En el plano energético, el ministro de Energía turco, Alparslan Bayraktar, advirtió el 4 de mayo que el mercado internacional debía prepararse para una crisis prolongada como consecuencia de la guerra con Irán, ante la posibilidad de que los precios y el suministro global se vieran gravemente afectados.

Grupos pro-iraníes
El 29 de abril, el grupo proiraní Hezbollah causó la muerte de un contratista de defensa israelí en el sur del Líbano mediante el empleo de un dron kamikaze. El 3 de mayo, el diputado Hassan Fadlallah afirmó que la organización tenía capacidad para obstaculizar las conversaciones entre Israel y el Líbano, negociaciones que la organización rechazaba. El 4 de mayo, el secretario general Naim Qassem declaró que Hezbollah respaldaba toda diplomacia orientada al cese de las operaciones militares contra el Líbano, pero se opuso a cualquier negociación directa con Israel por considerarla una concesión unilateral sin beneficios concretos.
En jornadas posteriores, Hezbollah informó de enfrentamientos con fuerzas israelíes en la localidad fronteriza de Deir Seryan, asegurando haber repelido a las tropas de Tel Aviv y provocado bajas en sus filas. Finalmente, la milicia afirmó haber atacado una base militar en el norte de Israel con misiles en respuesta a los ataques aéreos israelíes en el Líbano, que habían causado cinco víctimas mortales pese al alto al fuego vigente.

Rusia y China
Rusia y China mantuvieron una postura de apoyo político a Irán y de crítica a las operaciones militares de Estados Unidos e Israel. Rusia actuó como aliado diplomático de Teherán, con Vladimir Putin abordando directamente con Donald Trump el programa nuclear iraní y advirtiendo contra la reanudación de hostilidades. China, por su parte, cuestionó la legitimidad de la guerra y exigió el cese completo de las hostilidades.
El período comenzó con Putin respaldando la resistencia iraní en el marco de su reunión con Araqchi. El 29 de abril, el mandatario ruso mantuvo una conversación telefónica de hora y media con Trump en la que condenó el intento de atentado contra el mandatario estadounidense, planteó propuestas sobre el dossier nuclear iraní y expresó su apoyo a la continuación del alto al fuego, advirtiendo en paralelo sobre las consecuencias perjudiciales de una reanudación de las hostilidades. Al día siguiente, el ministro de Asuntos Exteriores, Serguéi Lavrov, denunció que la guerra había repercutido negativamente en la región del mar Caspio y exigió el cese de la agresión no provocada de Estados Unidos e Israel contra Irán, condición indispensable para preservar dicha cuenca como zona de paz. La postura rusa concluyó el 5 de mayo cuando la portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores, María Zajárova, lamentó el estancamiento de las negociaciones bilaterales. El 8 de mayo, Lavrov instó a los Emiratos Árabes Unidos a respaldar dicho proceso de diálogo.
El 1 de mayo, Pekín advirtió que el estrecho de Ormuz ocuparía un lugar central en la agenda de la visita de Trump a China si el estrecho permanecía cerrado, señalando que el conflicto podría afectar las relaciones bilaterales. El 6 de mayo, el canciller Wang Yi cuestionó la legitimidad de la guerra contra Irán y exigió el cese inmediato y completo de las hostilidades en Medio Oriente. En la décima semana del conflicto, el gobierno chino expresó su preocupación por los ataques iraníes contra los Emiratos Árabes Unidos y reafirmó su oposición a cualquier acción que incrementara la tensión en la región del golfo Arábigo.
Otros actores externos
Diversos países y actores internacionales manifestaron sus posiciones durante el período, desde el respaldo a la vía diplomática hasta la condena de los ataques iraníes, con iniciativas humanitarias de por medio.
El 27 de abril, Egipto instó a un compromiso pleno con la diplomacia en conversaciones con Irán y Qatar, y anunció que acogería una nueva ronda de negociaciones destinadas a avanzar en la segunda fase del alto al fuego en Gaza. El 1 de mayo, el ministro de Asuntos Exteriores egipcio subrayó la necesidad de intensificar los esfuerzos de mediación entre Irán y Washington en una conversación con el enviado especial de Estados Unidos, Steve Witkoff.
Por su parte, India abordó con Irán y Estados Unidos el futuro del puerto de Chabahar tras el vencimiento de la exención que permitía su operación. En este marco, el ministro de Asuntos Exteriores indio, S. Jaishankar, mantuvo una conversación telefónica con su homólogo iraní Araqchi donde ambos acordaron mantener un contacto cercano. El 5 de mayo, India calificó de inaceptable el ataque en Fujairah que dejó tres ciudadanos indios heridos y exigió el cese inmediato de las hostilidades y de los ataques contra infraestructura civil y población no combatiente.
En el ámbito americano, el Gobierno canadiense confirmó que los funcionarios del Cuerpo de la Guardia Recomendaria de Irán tienen prohibida la entrada al país, tras registrarse un incidente en el aeropuerto de Toronto en el que oficiales de la federación iraní de fútbol optaron por regresar a su país ante las dificultades en el proceso de inmigración. Esta postura firme en el continente coincidió con la del 5 de mayo, cuando el Gobierno argentino condenó los ataques de Irán contra los Emiratos Árabes Unidos por considerarlos carentes de justificación y expresó su solidaridad con el país árabe.
Por otra parte, la región de Asia-Pacífico reflejó dinámicas contrapuestas. El 28 de abril se registraron protestas en Filipinas contra las operaciones militares de Estados Unidos e Israel en Irán. Mientras que, el 4 de mayo, Japón señaló que el bloqueo del estrecho de Ormuz tenía repercusiones de gran magnitud para la estabilidad regional, en clara alusión a la dependencia energética de la zona respecto del tránsito por esa vía marítima.
Finalmente, el 6 de mayo, el papa León XIV recibió al secretario de Estado estadounidense en una reunión que Washington calificó de cordial y constructiva, en la que se abordaron la situación en Medio Oriente, la asistencia humanitaria y las relaciones entre Estados Unidos y la Santa Sede.

Organizaciones internacionales
En este período, las organizaciones internacionales observaron con preocupación la escalada del conflicto y sus repercusiones sectoriales. La OPEP sufrió un golpe simbólico y práctico con la retirada de los Emiratos Árabes Unidos, en tanto la alianza OPEP+ llegaba debilitada a sus reuniones técnicas para decidir los niveles de producción petrolera. La Liga Árabe y el Consejo de Cooperación del Golfo (CCG), por su parte, actuaron como instancias de respaldo a los países del golfo Arábigo afectados por los ataques iraníes, en particular los Emiratos Árabes Unidos.
El quiebre institucional inició el 28 de abril, cuando los Emiratos Árabes Unidos anunciaron su retirada de la OPEP y de la alianza OPEP+ a partir del 1 de mayo, alegando las perturbaciones en el golfo Pérsico y el estrecho de Ormuz como motivo principal. La decisión tuvo un considerable alcance geopolítico, dado que los Emiratos constituían uno de los productores clave dentro del cártel petrolero y su salida debilitó la cohesión del grupo en un momento de máxima tensión energética. El 29 de abril, la OPEP reconoció la rapidez con que se transformaba el mercado energético mundial, admitiendo implícitamente que sus mecanismos de estabilización mediante el control de la producción se veían desbordados por la crisis geopolítica. El 3 de mayo, la alianza OPEP+ llegó debilitada a la reunión telemática convocada para decidir los niveles de oferta petrolera para junio, en un escenario condicionado por la eventual normalización del tránsito por el estrecho de Ormuz.
Por otra parte, el 4 de mayo, la Liga Árabe y el CCG expresaron su solidaridad con los Emiratos Árabes Unidos tras las renovadas rondas de ataques iraníes, entre ellos los dirigidos contra un petrolero de ADNOC y la zona industrial de Fujairah, y confirmaron su respaldo a las medidas que el país adoptara para salvaguardar su seguridad. La declaración supuso un apoyo político regional frente a las agresiones iraníes y un mensaje de unidad del mundo árabe ante la escalada en el golfo Arábigo.
El OIEA y la OCI no emitieron nuevas declaraciones públicas durante este período; no obstante, sus posturas anteriores continuaron constituyendo el marco de referencia en sus respectivos ámbitos de actuación. La advertencia formulada el 15 de abril por el director general del OIEA, Rafael Grossi, en el sentido de que cualquier acuerdo entre Estados Unidos e Irán requeriría la presencia de inspectores para no reducirse a una mera apariencia de entendimiento, se mantuvo como telón de fondo técnico de las negociaciones, especialmente ante la persistencia del programa nuclear iraní como principal escollo entre Washington y Teherán, tal como evidenció el plan iraní de catorce puntos del 3 de mayo, que postergaba el tema nuclear a una fase posterior. La resolución de la OCI del 14 de abril, que condenaba los ataques israelíes contra Irán y reafirmaba la solidaridad con Teherán, continuó siendo el posicionamiento político de referencia de la organización, aunque no derivó en nuevas iniciativas diplomáticas durante las semanas siguientes. Este silencio operativo sugiere que ambos organismos, pese a la gravedad de la crisis, quedaron relegados a un segundo plano frente a la mediación activa de Pakistán y las decisiones unilaterales de los actores directos.
SITUACIÓN HUMANITARIA Y SOCIAL
| Dimensión Político y Diplomática | |||
| Variable | Puntaje individual | Puntaje total | Intensidad |
| Víctimas y Desplazados | 🔴Gravedad Extremo (-3) | -3 | 🔴Impacto Extremo |
| Infraestructura Crítica | 🟠Gravedad Alta (-2) | ||
| Violaciones al DIH | 🔴Gravedad Extremo (-3) | ||
El balance humano extraído del epicentro de las hostilidades entre Irán, Israel y el Líbano, en la quincena que culmina el 10 de mayo de 2026, proyecta una fractura ética sin precedentes donde el bienestar de las poblaciones ha sido sacrificado en favor de una lógica de aniquilación institucional. Esta etapa del conflicto se distingue por una transición irreversible: de la confrontación por objetivos militares a una política de desamparo deliberado, que deja a millones de personas atrapadas en una geografía donde el derecho a la seguridad ha dejado de existir frente a la ambición de desmantelar la estructura misma de las naciones rivales.
Esta presión demográfica se ve exacerbada por una asfixia técnica dirigida a los soportes vitales. La parálisis de los pulmones comerciales en los puertos de Qeshm y Bandar Abbás, junto con la destrucción masiva de infraestructura en el sur del Líbano mediante el uso de 450 toneladas de explosivos, ha transformado el mapa regional en un corredor de escombros. En el Líbano, el desplazamiento forzado de miles de personas hacia un norte colapsado ha llevado el sistema de respuesta humanitaria al borde de la ruptura, mientras que la cifra acumulada de víctimas en Gaza supera las 72.600, lo que consolida un escenario de desamparo absoluto donde la medicina de guerra ya no logra mitigar la mortalidad.
La inobservancia de las normas mínimas de humanidad se ha manifestado en el empleo de fósforo blanco en zonas pobladas de Zuwahtar y Deir Seryan, así como en el ataque directo a personal sanitario en el hospital Gandhi y a unidades de rescate en Majdal Zoun. Esta erosión del Derecho Internacional Humanitario (DIH) se extiende a la profanación de símbolos religiosos y a la interceptación de activistas internacionales en los espacios marítimos jurisdiccionales, eliminando cualquier margen de neutralidad. Con nodos estratégicos como Fujairah bajo fuego y una población civil atrapada en una carrera tecnológica de desgaste, el conflicto ha evolucionado hacia una desarticulación sistémica donde la supervivencia ya no depende de la voluntad política, sino de la resistencia física de una sociedad civil agotada.
Víctimas y Desplazados
El período comprendido entre el 26 de abril y el 10 de mayo de 2026 consolida una realidad devastadora: la normalización del asedio y la erosión total de la seguridad civil. Lo que inició como una escalada de objetivos estratégicos ha mutado en una desarticulación sistémica de la vida cotidiana, donde la distinción entre zonas de combate y espacios de refugio prácticamente ha desaparecido bajo el fuego cruzado y la saturación tecnológica.
En Irán, el impacto de las ofensivas sobre infraestructura pública y centros de enseñanza ha dejado un rastro de destrucción sin precedentes en este ciclo. Se reportan más de 4.000 víctimas mortales y miles de heridos, una cifra que evidencia la vulnerabilidad de los centros urbanos ante los bombardeos a gran escala. Esta quincena ha forzado el desplazamiento de 100.000 personas adicionales; a diferencia de meses anteriores, el movimiento ya no es preventivo, sino una huida desesperada tras la pérdida total de vivienda y servicios básicos en núcleos universitarios y nodos logísticos.
El Líbano se mantiene como el epicentro de la crisis en la cuenca del Mediterráneo, donde la intensidad de los ataques aéreos en el Sur ha transformado ciudades enteras en escombros. En este lapso, la escalada militar ha sumado decenas de fallecidos y miles de nuevos desplazados obligados a moverse hacia un norte ya colapsado. El sistema de respuesta humanitaria opera bajo una presión insostenible al gestionar una masa humana que supera el millón de personas en movimiento, mientras las negociaciones diplomáticas no logran detener el goteo constante de bajas civiles en cada incursión.
La onda expansiva del conflicto ha ampliado el registro de afectación en el resto del teatro de operaciones:
- Gaza: Con la cifra total de víctimas mortales superando los 72.600 desde el inicio de las hostilidades, el escenario alcanza un punto de no retorno, convirtiéndose en una zona de catástrofe humanitaria. La llegada incesante de fallecidos y heridos a hospitales desmantelados ha anulado cualquier capacidad de respuesta médica, dejando a la población superviviente en un estado de desamparo absoluto.
- Estados árabes peninsulares: La guerra ha penetrado en los núcleos de estabilidad del golfo Pérsico. El despliegue de sistemas de defensa como el Iron Beam en los Emiratos Árabes Unidos ante el lanzamiento de misiles y drones iraníes marca un hito en la expansión del conflicto. Aunque la letalidad se ha contenido gracias a la tecnología de interceptación, los daños en la infraestructura energética y turística en Dubái y Abu Dabi han generado un clima de incertidumbre que comienza a fracturar la seguridad percibida en la península.
- Irak y la periferia: La violencia transfronteriza sigue cobrando vidas en las zonas rurales de Kunar y áreas fronterizas, donde ataques con cohetes y artillería han dejado al menos cuatro víctimas civiles. El desplazamiento en estas zonas es silencioso pero constante, alimentado por el temor a que los enfrentamientos entre potencias regionales conviertan sus territorios en campos de batalla secundarios.
- Israel: La letalidad se manifiesta en incidentes de proximidad y ataques de saturación. El tiroteo cerca de Jerusalén y las incursiones de drones en el norte han dejado heridos de gravedad y un estado de alerta permanente. La población civil, atrapada entre la eficacia de sus defensas y la persistencia de las alarmas, muestra signos de un agotamiento psicológico profundo, mientras los desplazados internos ven cómo la posibilidad de retornar a sus hogares se desvanece con cada nueva jornada de hostilidades.
Al cierre de este reporte, la región no solo contabiliza bajas por proyectiles, sino por el colapso de la dignidad humana. Con infraestructuras críticas en ruinas y corredores de ayuda bajo fuego, el panorama para el resto de mayo de 2026 es de incertidumbre total, donde el éxito ya no se mide en victorias territoriales, sino en la capacidad mínima de mantener con vida a las poblaciones que aún permanecen en las zonas de impacto.
Infraestructura crítica
El horizonte que se despliega entre el 26 de abril y el 10 de mayo de 2026 revela una mutación definitiva en la naturaleza del conflicto: la transición de la destrucción táctica a la anulación de la viabilidad estatal. Lo que antes eran incidentes aislados ha dado paso a un patrón de asfixia técnica donde la integridad de los servicios básicos y los nodos de soberanía se han convertido en el blanco principal para quebrar la resistencia de las naciones involucradas.
En Irán, la vulnerabilidad del sistema nacional ha quedado expuesta bajo una presión que combina el sabotaje interno con la intervención externa directa. La quincena comenzó con una admisión crítica del gobierno sobre la fragilidad de la red eléctrica, lo que forzó a la población a una economía de consumo de guerra. Este debilitamiento estructural se vio agravado el 25 de abril por un apagón informativo estratégico y una detonación de gran magnitud en el eje logístico del aeropuerto de Payam. No obstante, el golpe más contundente a la capacidad operativa del país ocurrió el 7 de mayo, cuando las incursiones sobre los puertos de Qeshm y Bandar Abbás neutralizaron los nodos logísticos marítimos del régimen y dejaron el flujo de suministros en una situación de parálisis técnica.
En el Líbano, el sur del país ha sido sometida a una reconfiguración violenta mediante el uso masivo de energía cinética. Entre el 26 y el 28 de abril, el empleo de 450 toneladas de explosivos en sectores como Qantara no solo buscó desarticular la arquitectura subterránea de la resistencia, sino que terminó por sepultar la infraestructura civil de soporte; localidades enteras como Beit Lif han sido reducidas a escombros. La demolición de activos económicos y turísticos, como el complejo Vistamar el 30 de abril, subraya una intención de comprometer la viabilidad funcional, lo que deja al Estado libanés sin bases materiales sobre las cuales proyectar una futura recuperación.
La península arábiga y los estados árabes han perdido el blindaje de seguridad que tradicionalmente protegía sus activos estratégicos. La ofensiva escaló desde la neutralización de redes de túneles en el norte de Gaza el 27 de abril hasta una serie de ataques coordinados que afectaron 16 bases militares en ocho países de la región el 1 de mayo. Este asalto a la arquitectura de defensa regional alcanzó un punto de inflexión el 9 de mayo con el impacto en la infraestructura petrolera de Fujairah. Los daños en los tanques de almacenamiento de los Emiratos Árabes Unidos han enviado una señal inequívoca: la columna vertebral económica del golfo Pérsico ha dejado de ser una zona de exclusión, quedando plenamente integrada en el radio de impacto de la guerra.
En Israel, el escenario se define por una carrera tecnológica de desgaste. El anuncio de una expansión de las operaciones el 28 de abril para neutralizar capacidades de drones y sistemas de lanzamiento refleja una estrategia de interdicción permanente. A pesar de la sofisticación de sus redes de defensa, la persistencia de las alarmas en el norte y el centro del país obliga a una reorientación constante de recursos para proteger nodos vitales, lo que evidencia que la seguridad absoluta ha sido sustituida por una gestión continua del daño inminente.
Al cierre de este reporte, la región se enfrenta a una desconexión sistémica. Con los puertos estratégicos bajo fuego, la soberanía energética vulnerada y la arquitectura civil en ruinas, el conflicto ha logrado lo que los proyectiles solos no podían: la desarticulación técnica de las naciones, donde la supervivencia ya no depende de la voluntad política, sino de la precaria estabilidad de los pocos sistemas que aún permanecen operativos.

Violaciones al Derecho Internacional Humanitario
El panorama que se perfila entre el 26 de abril y el 10 de mayo de 2026 expone una fractura profunda en la observancia de las normas mínimas de humanidad. Durante esta quincena, el DIH ha sido relegado a un segundo plano, dando paso a una dinámica de guerra total donde la inmunidad de los bienes religiosos, el personal sanitario y los grupos especialmente protegidos ha sido vulnerada de manera sistemática en múltiples frentes.
La protección de los símbolos religiosos y del personal eclesiástico bajo amparo internacional ha sufrido agresiones que trascienden lo militar para incidir en fines identitarios o confesionales. El 30 de abril y el 1 de mayo se registraron agresiones físicas contra una monja católica cerca del monte Sión, en Jerusalén, por parte de colonos y civiles; los incidentes están siendo investigados como crímenes de odio religioso. El 2 de mayo, la demolición de un monasterio histórico y una escuela cristiana en la localidad de Yarún, al sur del Líbano, representó un impacto directo contra los bienes culturales protegidos. Esta tendencia se agravó el 6 de mayo con la profanación de una estatua de la Virgen María en Debel, un acto que profundiza la herida social en las comunidades fronterizas.
El principio de distinción y la inmunidad del personal de rescate han sido omitidos en ataques que comprometen la respuesta humanitaria básica. El 26 de abril, un dron FPV de Hezbollah impactó contra una unidad de rescate israelí que evacuaba soldados heridos en el sur del Líbano, lo que puso en cuestión la seguridad de los corredores de evacuación médica. Dos días después, en Majdal Zoun, un ataque israelí causó la muerte de tres paramédicos mientras realizaban labores de salvamento entre los escombros y dejó varios heridos entre el personal de socorro libanés. Ese mismo día se denunció un bombardeo contra el hospital Gandhi en Teherán, una acción que, de confirmarse plenamente, constituiría una de las infracciones más graves al derecho de protección sanitaria en entornos urbanos.
El empleo de armamento y tácticas con efectos indiscriminados sigue intimidando a la población civil. El 1 de mayo se reportó el uso de fósforo blanco por parte de fuerzas israelíes en zonas pobladas del sur del Líbano, específicamente en Zuwahtar y Deir Seryan, exponiendo a civiles a lesiones irreversibles. Para el 3 de mayo, la aplicación de tácticas de demolición masiva mediante excavadoras y explosivos en pueblos fronterizos del Líbano había dejado a más de un millón de personas sin hogar, replicando modelos de destrucción que anulan cualquier posibilidad de retorno seguro.
La seguridad de las misiones internacionales y de los ciudadanos extranjeros se ha visto comprometida por detenciones y actos de fuerza en los espacios marítimos jurisdiccionales. El 2 de mayo, la captura de una flotilla humanitaria derivó en denuncias de torturas y retención ilegal de activistas. El incidente escaló a nivel diplomático cuando países como España y Brasil acusaron formalmente la interceptación ilegal de sus ciudadanos en aguas internacionales, lo que evidenció una preocupante expansión de la arbitrariedad operativa más allá de las fronteras terrestres.
Al 10 de mayo de 2026, el desmantelamiento de las garantías del DIH sugiere una voluntad deliberada de deshumanizar el conflicto. Con la admisión de mandos militares sobre la aplicación de reglas desiguales en territorios ocupados y el hostigamiento a misiones de paz, el teatro de operaciones se encamina hacia un estado de impunidad que amenaza con destruir los últimos vestigios de orden legal en la región.

SITUACIÓN ECONÓMICA Y ENERGÉTICA
| Dimensión Económica y Energética | |||
| Variable | Puntaje individual | Puntaje total | Intensidad |
| Cantidad de Buques Comerciales | 🟠 Impacto Alto (-2) | -2 | 🟠Alta Intensidad |
| Desvío de Tránsito | 🟠 Impacto Alto (-2) | ||
| Commodities Energéticas | 🟠 Impacto Alto (-2) | ||
Entre el 26 de abril y el 10 de mayo de 2026, el estrecho de Ormuz, que en condiciones normales promedia 60 tránsitos diarios, sufrió un colapso logístico y energético de alcance global estructurado en tres ejes. En primer lugar, el tráfico experimentó una contracción superior al 85 %; una tendencia que, tras alcanzar un máximo de 20 buques el 29 de abril gracias a la mediación diplomática de Pakistán, se desplomó a un mínimo de 3 unidades el 5 de mayo, fecha en la que el ataque contra un portacontenedores de CMA CGM paralizó la misión de escolta estadounidense.
En segundo lugar, la inseguridad forzó una reconfiguración radical de las rutas de navegación, provocando que el canal de Suez pasara de 31 buques diarios el 26 de abril a uno solo el 10 de mayo, mientras que el tránsito por el cabo de Buena Esperanza escaló de 88 a un récord histórico de 115 operaciones, saturando los puertos del sur de África.
Finalmente, en el mercado de materias primas, el crudo Brent osciló entre los 100,06 y los 118,03 dólares por barril, manteniéndose más de un 39 % por encima de su nivel histórico de estabilidad de 71,76 dólares; un comportamiento que sumó una caída abrupta del 7,83 % el 6 de mayo, tras filtrarse un posible acuerdo de paz de 14 puntos entre Washington y Teherán.
Cantidad de Buques
Durante el período comprendido entre el 26 de abril y el 10 de mayo de 2026, el estrecho de Ormuz se consolidó como un entorno de navegación restrictivo y altamente militarizado. El flujo comercial, que en condiciones normales promediaba 60 tránsitos diarios antes del inicio del conflicto, se mantuvo en niveles mínimos históricos debido al enfrentamiento entre las fuerzas de la coalición liderada por Estados Unidos e Irán.
La primera fase del periodo reflejó una resistencia operativa moderada. El 26 de abril se registraron 14 buques, principalmente petroleros de gran calado (VLCC) y graneleros; un volumen que escaló al día siguiente a 16 unidades debido a una supervisión técnica rigurosa y al uso de corredores específicos próximos a la isla de Larak. El 28 de abril, el tránsito aumentó a 17 buques debido a la actividad de la denominada flota fantasma, compuesta por petroleros que operan con sistemas de identificación (AIS) desactivados para evadir el bloqueo. El pico del período se registró el 29 de abril con 20 buques —la cifra más alta del período—, impulsada por una breve ventana de oportunidad abierta ante las negociaciones mediadas por Pakistán, antes de contraerse levemente a 18 unidades el 30 de abril al concentrarse el movimiento en transportes de productos refinados y químicos bajo control iraní.
El inicio de mayo marcó una contracción severa en los flujos. El 1 de mayo, el flujo descendió a 12 buques ante la creciente tensión generada por el anuncio del “Proyecto Libertad”, tendencia a la baja que se agudizó el 2 de mayo hasta las 8 unidades, coincidiendo con un apagón masivo de señales AIS y un incremento de la actividad oscura detectada por satélite. Para el 3 de mayo, la parálisis dejó solo 6 buques en tránsito, dado que la mayoría de los armadores privados suspendieron sus operaciones a la espera de las escoltas militares prometidas.
El 4 de mayo, con el inicio formal de las operaciones de escolta estadounidenses, el volumen subió levemente a 7 buques, entre ellos dos mercantes de bandera estadounidense, como el Alliance Fairfax. No obstante, el 5 de mayo el tráfico se desplomó a su punto más bajo con solo 3 buques, después de que un portacontenedores de la firma francesa CMA CGM fuera atacado y el presidente Trump ordenara una pausa temporal en la misión. El 6 de mayo se mantuvo una parálisis casi total con 4 buques, derivada del reforzamiento del bloqueo por parte de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI). Esa misma cifra se repitió el 7 de mayo, jornada marcada por intercambios de fuego directo entre destructores estadounidenses y baterías costeras iraníes.
Hacia el cierre del período, el 8 de mayo, el volumen subió a 5 buques detectados mediante radares satelitales (SAR), mayoritariamente de bandera china. Posteriormente, el 9 de mayo se registró un repunte significativo de 10 buques, aunque el 90 % operó en modo oscuro para evitar ser blanco de ataques. Finalmente, el 10 de mayo el flujo cerró en 9 buques, jornada en la que destacó el primer tránsito de un exportador catarí de gas natural licuado (GNL) desde el inicio de las hostilidades, bajo una coordinación precaria facilitada por la diplomacia regional.

Desvío de Tránsito
El transporte marítimo mundial experimentó una transformación radical en sus rutas como consecuencia de la escalada bélica entre Estados Unidos, Israel e Irán. Esta crisis forzó una migración masiva de la flota comercial desde el eje mar Rojo-Suez hacia el extremo sur del continente africano.
El 26 de abril, el canal de Suez operaba con 31 buques, principalmente graneleros y portacontenedores medianos, mientras que Bab el-Mandeb ya mostraba signos de agotamiento con solo 8 tránsitos. En contraste, el cabo de Buena Esperanza comenzó a absorber el flujo desviado con 88 embarcaciones. El 27 de abril, la tendencia continuó con 28 naves en Suez y un incremento a 89 en la ruta africana.
El 28 de abril marcó un punto de inflexión cuando el tráfico en el cabo superó las 90 unidades diarias, mientras que Suez bajaba a 25 buques y Bab el-Mandeb se reducía a 5 naves, principalmente transportes de gas licuado que aún intentaban la ruta corta. El 29 de abril, Suez descendió a 20 buques y el 30 de abril a 18, reflejo del desvío de los grandes portavehículos y petroleros Suezmax hacia el sur, donde el tráfico ya alcanzaba las 95 naves.
Al iniciarse mayo, la parálisis de las vías cortas se profundizó. El 1 de mayo, solo 15 buques cruzaron Suez, mientras que el Cabo llegaba a 96, contracción que el 2 de mayo dejó a Bab el-Mandeb con apenas 3 embarcaciones, lo que obligó a 98 barcos a circunnavegar África para evitar el riesgo de drones y minas. El 3 de mayo, la actividad en Suez cayó a un solo dígito —9 buques, compuestos mayormente por petroleros bajo escolta—, mientras que el Cabo rozaba los 100 tránsitos.
El 4 de mayo, con el lanzamiento de operaciones militares de protección, el tráfico en el canal egipcio bajó a 6 naves y Bab el-Mandeb quedó con un único tránsito residual. Al día siguiente, tras ataques a buques de gran calado, solo 4 barcos se aventuraron por Suez, en tanto que la ruta africana subía a 105. A partir del 6 de mayo se alcanzó un estado de parálisis casi total: Bab el-Mandeb registró cero tránsitos comerciales neutrales, cifra que se mantuvo hasta el final del período. El canal de Suez vio disminuir sus cruces de 3 naves el día 6 a 2 durante el 7 y el 8 de mayo. El 9 y el 10 de mayo, el tráfico en Suez fue de un solo buque diario destinado a cargas estratégicas. En sentido contrario, el cabo de Buena Esperanza se consolidó como la única vía segura, con un ascenso de 108 naves el día 6 hasta un récord histórico de 115 el 10 de mayo, lo que provocó una saturación logística sin precedentes en los puertos del sur de África.

Commodities Energéticas
La crisis, caracterizada por un bloqueo dual entre Irán y Estados Unidos, mantuvo el crudo Brent en niveles de tensión extrema, muy por encima de su estabilidad histórica de 71,76 dólares por barril.
El 26 de abril, el barril cotizó a 105,33 dólares en una jornada dominada por la erosión de la seguridad en rutas periféricas, donde los secuestros de buques en las costas de Somalia alertaron al mercado sobre la vulnerabilidad del tráfico global ante la concentración de activos navales en el golfo Pérsico. Al día siguiente, el precio ascendió a 108,23 dólares (+2,75 %), impulsado por el colapso de las negociaciones diplomáticas en Islamabad y la confirmación de que no habría una reapertura inmediata del estrecho de Ormuz. Esta tendencia al alza continuó el 28 de abril, cuando el crudo alcanzó los 111,26 dólares (+2,80 %) tras publicarse informes sobre una caída del 20 % en las exportaciones hacia Medio Oriente y pérdidas en el sector bancario vinculadas al riesgo bélico.
La escalada alcanzó su punto crítico el 29 de abril, cuando el precio saltó a 118,03 dólares (+6,08 %), en respuesta a declaraciones oficiales que sugerían una extensión indefinida del bloqueo naval sobre los puertos iraníes. No obstante, el 30 de abril cerró en 114,01 dólares (-3,41 %), con una corrección técnica motivada por la toma de beneficios tras haber rozado máximos históricos intradiarios de 126 dólares.
Mayo inició con una tendencia a la baja el día 1, situando al barril en 108,17 dólares (-5,12 %) debido a estimaciones de pérdidas iraníes de 500 millones de dólares diarios, lo que alimentó esperanzas de una capitulación económica. Sin embargo, el 4 de mayo el precio repuntó a 114,44 dólares (+5,79 %) tras el fracaso de las misiones de escolta estadounidenses y el ataque al buque HMM Namu, retrocediendo el 5 de mayo a 109,87 dólares (-3,99 %) al reportarse que un número reducido de buques lograba transitar el Estrecho mediante tácticas de navegación oscura.
El cierre del periodo registró una alta volatilidad. El 6 de mayo se produjo la caída más drástica de la quincena, con un cierre en 101,27 dólares (-7,83 %), detonada por la filtración de un posible acuerdo de paz de 14 puntos entre Washington y Teherán. La tendencia continuó el 7 de mayo con un precio de 100,06 dólares (-1,19 %) ante una retórica presidencial que alternaba amenazas con mensajes de desescalada, antes de repuntar el 8 de mayo a 101,29 dólares (+1,23 %) tras enfrentamientos directos entre destructores estadounidenses y lanchas rápidas iraníes. Finalmente, durante las jornadas del 9 y 10 de mayo, el precio se estabilizó en 104,95 dólares (+3,61 %), reflejo de la incertidumbre generada por un ataque cercano a Doha y la espera de la respuesta formal de Irán mediada por Pakistán.


