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Informe N°1 | Análisis de abril de 2026

Valentina Martínez Alaníz – Coordinadora del Proyecto de Desarme y Proliferación Nuclear. Redactora

Hillary Samanta Villegas Gómez Redactora. Editora

Florencia Valentina Varela TeruelRedactora.

Álvaro GreyRedactora.

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Introducción

El Informe Global de Riesgo Nuclear (IGRN) establece una escala de alerta destinada a evaluar el grado de estabilidad estratégica internacional y la probabilidad de escalada hacia un conflicto nuclear. Cada nivel determina la frecuencia de monitoreo y la emisión de actualizaciones extraordinarias cuando la evolución del entorno lo requiera: DEFCON 5 (Estabilidad Alta), DEFCON 4 (Vigilancia Preventiva), DEFCON 3 (Inestabilidad Creciente), DEFCON 2 (Riesgo Elevado de Escalada) y DEFCON 1 (Crisis Nuclear).

El sistema de alerta se basa en una metodología estructurada de análisis estratégico que integra variables cuantitativas y cualitativas para estimar la probabilidad de escalada nuclear y el grado de estabilidad internacional. El modelo combina monitoreo permanente, evaluación comparativa y revisión analítica. A continuación, se detallan los aspectos comprendidos en cada nivel del Termómetro Global de Riesgo Nuclear:

  • 🟢 Verde – DEFCON 5

IGRN: 0-20 | Estabilidad Alta

El orden estratégico internacional se mantiene sólido, con un sistema de disuasión que continúa siendo eficaz y sin señales relevantes de escalada. Las relaciones entre las principales potencias se caracterizan por una relativa previsibilidad, no se registran crisis militares de gran magnitud y los tratados de control de armas permanecen vigentes o funcionales. En este contexto, la retórica nuclear es mínima, lo que refuerza un entorno global de estabilidad.

  • 🔵 Azul – DEFCON 4

IGRN: 21-40 | Vigilancia Preventiva

Comienzan a surgir tensiones y eventos que requieren un seguimiento más atento, aunque el sistema internacional todavía se inclina hacia la estabilidad. Se observa un incremento de las fricciones geopolíticas, la realización de ejercicios militares sensibles y un progresivo endurecimiento del discurso entre actores relevantes. Estas dinámicas configuran señales tempranas de una competencia estratégica en expansión, sin que ello implique aún una ruptura del equilibrio general.

  • 🟡 Amarillo – DEFCON 3

IGRN: 41-60 | Inestabilidad Creciente

El entorno internacional se torna más volátil, elevando el riesgo de errores de cálculo entre los principales actores. Se registran crisis regionales en las que participan potencias nucleares, junto con movilizaciones militares de relevancia que incrementan la tensión. Paralelamente, emergen amenazas explícitas o formas de coerción nuclear, mientras los mecanismos de confianza comienzan a debilitarse, erosionando la previsibilidad del sistema estratégico.

  • 🟠 Naranja – DEFCON 2

IGRN: 61-80 | Riesgo Elevado de Escalada

El sistema internacional ingresa en una fase de alta peligrosidad, donde la disuasión comienza a mostrar signos de tensión. Se observan hostilidades abiertas o inminentes, acompañadas por una preparación visible de fuerzas estratégicas que eleva la percepción de amenaza. Al mismo tiempo, se reduce el umbral de empleo nuclear y los canales diplomáticos se deterioran, limitando la capacidad de contención y aumentando la probabilidad de una escalada rápida.

  • 🔴 Rojo – DEFCON 1

IGRN: 81-100 | Crisis Nuclear

El sistema internacional alcanza un punto crítico, con una probabilidad extremadamente alta de empleo nuclear o con un evento de esta naturaleza ya en desarrollo. Se registra la elevación formal de las alertas nucleares, junto con señales claras de inminencia operativa que reflejan la preparación para un posible uso de estas capacidades. En paralelo, se producen ataques contra infraestructuras críticas y se intensifica el riesgo de errores de cálculo o decisiones precipitadas, configurando el escenario de mayor peligro para la seguridad global.

Sistema del Termómetro sobre el Riesgo Nuclear Global

El mes de abril de 2026 evidenció un deterioro significativo del entorno estratégico internacional, caracterizado por la convergencia de múltiples dinámicas de riesgo en el ámbito nuclear. Si bien no se registraron indicadores de uso inminente, la acumulación de tensiones estructurales, la intensificación de actividades militares y el debilitamiento de los mecanismos de control de armamentos configuran un escenario de inestabilidad latente.

Entre los principales factores que explican este contexto destaca la expiración del Tratado New START, dejando sin efecto el último instrumento bilateral de limitación y verificación entre Estados Unidos y Rusia, incrementando la incertidumbre estratégica. A ello se suma la aceleración del programa nuclear y misilístico de Corea del Norte, que continúa consolidando sus capacidades tácticas y operativas, conforme a las advertencias del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) sobre el progreso sostenido de su programa de enriquecimiento.

En paralelo, las tensiones entre las principales potencias nucleares —específicamente Estados Unidos, China y Rusia— se han profundizado tanto en el plano doctrinal como en el operativo, evidenciando una revalorización de la disuasión nuclear como eje de la seguridad internacional. Esta dinámica se refleja en el despliegue creciente de plataformas estratégicas en zonas de conflicto activo, así como en la modernización de las triadas nucleares en diversas regiones.

Asimismo, el inicio de la Conferencia de Revisión del Tratado de No Proliferación Nuclear  (TNP) tuvo lugar en un contexto de marcada fragmentación geopolítica, lo que reduce las posibilidades de alcanzar consensos sustantivos. A nivel regional, focos de inestabilidad como el estrecho de Ormuz y el Noreste Asiático han complejizado aún más el panorama.

En síntesis, estos elementos sitúan al sistema internacional en un nivel DEFCON X (X/100), correspondiente a una fase de X, donde la interacción de múltiples crisis incrementa la probabilidad de errores de cálculo y reduce los márgenes de contención diplomática.

Corea del Norte acelera arsenal nuclear y prueba nuevos misiles tácticos 

La República Popular Democrática de Corea (RPDC) se consolida como uno de los actores más herméticos y militarizados del sistema internacional. Bajo el liderazgo de Kim Jong Un, el régimen ha profundizado un modelo político altamente centralizado que articula control interno con una política exterior orientada a la disuasión estratégica. A partir del cambio doctrinal formalizado en 2022 mediante la “Ley sobre la Política de Fuerzas Nucleares”, que habilita el uso preventivo de armamento nuclear, se observa que la estrategia nuclear norcoreana atraviesa una fase de revitalización operativa sin precedentes.

En este marco, el 19 de abril de 2026, Corea del Norte llevó a cabo una nueva serie de ensayos de misiles balísticos bajo la supervisión directa de Kim Jong Un. En dicha instancia se realizaron cinco lanzamientos de misiles tácticos de corto alcance (SRBM) Hwasong-11, diseñados para evaluar el desempeño de sistemas capaces de portar ojivas nucleares miniaturizadas y municiones de fragmentación. Este episodio constituyó el cuarto lanzamiento del mes, evidenciando una aceleración sostenida del programa armamentístico. En conjunto, estas acciones se desarrollan en abierta contravención a las resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas vigentes desde 2006, reforzando una estrategia de disuasión cada vez más operativa.

Este comportamiento se inscribe en un conflicto estructural no resuelto desde el fin de la Guerra de Corea en 1953. La vigencia de un armisticio, en ausencia de un tratado de paz formal, mantiene a la península coreana en un estado de tensión latente. En este sentido, los ensayos recientes no constituyen eventos aislados, sino que reflejan una evolución doctrinal: el tránsito de una postura tradicionalmente defensiva hacia un enfoque más flexible, en el que el arma nuclear adquiere un rol activo dentro del cálculo estratégico.

Desde una perspectiva operativa, estos desarrollos evidencian una creciente integración entre capacidades nucleares y convencionales. El énfasis en armas nucleares tácticas, de menor potencia y diseñadas para su empleo en el campo de batalla, introduce la posibilidad de escaladas controladas, aunque simultáneamente reduce el umbral de uso nuclear. Sistemas como el Hwasong-11, caracterizados por su maniobrabilidad y precisión, refuerzan esta lógica al mejorar la capacidad de penetración frente a sistemas de defensa antimisiles.

Asimismo, la posible convergencia tecnológica con sistemas como el Iskander ruso, junto con las sospechas de cooperación militar entre Moscú y Pyongyang en el contexto de la guerra en Ucrania, amplifica las preocupaciones globales en torno a la proliferación y la transferencia de capacidades estratégicas.

En suma, Corea del Norte parece transitar hacia un modelo doctrinal más complejo, que combina disuasión, anticipación y operatividad. Esta evolución erosiona las fronteras entre el conflicto convencional y el nuclear, planteando desafíos críticos para la estabilidad estratégica y la arquitectura de no proliferación internacional.

Rusia y Estados Unidos normalizan el uso operativo de bombarderos estratégicos en conflictos activos 

La expiración, en febrero de 2026, del Tratado New START constituye un punto de inflexión en la arquitectura de seguridad internacional. Este acuerdo, último pilar del control bilateral de armas nucleares entre Estados Unidos y Rusia —que concentran el 90% del arsenal nuclear global— no solo establecía límites cuantitativos, sino que garantizaba mecanismos de verificación in situ fundamentales para la estabilidad estratégica. Su desaparición inaugura un escenario caracterizado por la opacidad informativa y un incremento en la incertidumbre doctrinal.

En este contexto, los desarrollos observados durante abril evidencian una tendencia significativa: la creciente utilización de bombarderos estratégicos en operaciones activas. Tradicionalmente concebidos como instrumentos de disuasión nuclear, estos sistemas comienzan a desempeñar un rol operativo más visible dentro de conflictos convencionales.

En el caso ruso, la Aviación de Largo Alcance (VKS) ha adquirido centralidad en la campaña militar en Ucrania. Bombarderos estratégicos como los Tu-95MS y Tu-22M3 han sido empleados de manera sistemática para el lanzamiento de misiles de crucero contra infraestructura crítica, operando desde bases alejadas del frente. Este tipo de despliegue permite proyectar poder a gran distancia y minimizar riesgos operativos, al tiempo que mantiene una ambigüedad deliberada, dado el potencial dual de estas plataformas.

Adicionalmente, durante la tercera semana de abril, se registraron patrullas estratégicas rusas en el espacio europeo. Bombarderos Tu-22M3 fueron interceptados por fuerzas de la OTAN en el mar Báltico, operando bajo la modalidad de «vuelos sombra» (sin transpondedor ni plan de vuelo), acompañados por cazas. Episodios similares con aeronaves Tu-95MS en las proximidades del Reino Unido obligaron a la activación de protocolos de Alerta de Reacción Rápida (QRA) de las fuerzas aéreas aliadas. Estas acciones refuerzan la función de los bombarderos como herramientas de señalización estratégica y coerción.

Por su parte, Estados Unidos también ha recurrido a estas plataformas en otros teatros. Durante abril, bombarderos estratégicos participaron en operaciones en Medio Oriente, particularmente en misiones de largo alcance vinculadas a objetivos iraníes. Este uso confirma una tendencia hacia la integración táctica de capacidades estratégicas en conflictos regionales, ampliando su rol más allá de la disuasión.

La convergencia de estas dinámicas sugiere una transformación en la doctrina militar contemporánea. La creciente ambigüedad en el empleo de bombarderos estratégicos, capaces de portar tanto armamento convencional como nuclear, incrementa el riesgo de errores de cálculo, especialmente en escenarios de alta tensión.

En definitiva, la normalización del uso operativo de estos sistemas contribuye a erosionar el umbral de separación entre la guerra convencional y la nuclear. En ausencia de marcos regulatorios robustos, esta tendencia configura un entorno estratégico volátil, donde la escalada puede producirse de manera acelerada y menos predecible.

Inicio de la Conferencia del TNP en medio de fractura global

El 27 de abril de 2026 dio inicio, en la sede de Naciones Unidas en Nueva York, la XI Conferencia de Examen del Tratado sobre la No Proliferación de las Armas Nucleares (TNP). Esta instancia es fundamental para evaluar la eficacia del principal pilar del régimen internacional de desarme y no proliferación en un contexto de erosión sistémica de los mecanismos de control de armamentos y una agudización de las tensiones entre las potencias poseedora

En este escenario, se observa una preocupante tendencia hacia la re-nuclearización de las doctrinas de seguridad. Diversos Estados parecen estar revaluando la utilidad estratégica de las armas nucleares, lo que se traduce no solo en la modernización cualitativa de los arsenales, sino también en una mayor disposición a mantener capacidades de reserva o de respuesta rápida. Esta dinámica responde a una percepción de inseguridad colectiva derivada de la parálisis de los canales diplomáticos tradicionales.

Durante las sesiones inaugurales, el Secretario General de la ONU, António Guterres, alertó sobre la convergencia de riesgos derivados de tecnologías disruptivas. Subrayó que la inteligencia artificial (IA) y la computación cuántica están transformando la estabilidad estratégica al reducir los tiempos de decisión y aumentar la opacidad operativa, instando a los Estados partes a integrar estos desafíos en la agenda del tratado.

En la misma línea, la Alta Representante para Asuntos de Desarme, Izumi Nakamitsu, enfatizó la importancia de reforzar los compromisos fundamentales del tratado, destacando la necesidad de preservar las normas de no proliferación, reducir el rol de las armas nucleares en las doctrinas de seguridad y avanzar hacia medidas concretas de desarme.

No obstante, estas declaraciones contrastan con una realidad internacional marcada por la falta de consenso entre las principales potencias. La persistencia de conflictos armados, el deterioro del control de armas y la modernización de arsenales dificultan la adopción de acuerdos sustantivos.

En definitiva, la XI Conferencia de Examen representa un punto de inflexión crítico para el multilateralismo. Su capacidad para generar compromisos verificables será determinante para evitar una nueva carrera armamentista y para restaurar la confianza en un sistema internacional que hoy transita por una fase de alta volatilidad estratégica.+

OIEA alerta sobre avances “muy serios” del programa nuclear norcoreano

Durante abril de 2026, el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) reiteró su preocupación respecto de la evolución del programa nuclear de Corea del Norte, señalando la existencia de avances “muy serios” en la producción de material fisionable y en el desarrollo de infraestructura asociada. Estas advertencias refuerzan la percepción de que Pyongyang continúa consolidando su capacidad nuclear en un escenario de ausencia total de salvaguardias y mecanismos de supervisión internacional efectivos.

Desde la expulsión de los inspectores del OIEA en 2009, el organismo ha debido recurrir a métodos de monitoreo remoto, como imágenes satelitales, para vigilar la actividad en instalaciones críticas como el Centro de Investigación Científica Nuclear de Yongbyon. Los informes más recientes sugieren la posible expansión de capacidades de enriquecimiento de uranio, así como la reactivación de instalaciones previamente inactivas.

Estos desarrollos se inscriben en una estrategia de largo plazo orientada a garantizar la supervivencia del régimen. En este sentido, el programa nuclear no solo cumple una función defensiva frente a actores externos, sino que se ha consolidado como el pilar de legitimación interna bajo la doctrina de desarrollo paralelo (Byungjin).

Sin embargo, la madurez técnica de estas capacidades plantea riesgos críticos para la estabilidad regional e internacional. La ausencia de transparencia, sumada a la evolución doctrinal norcoreana hacia una mayor flexibilidad en el uso de armas nucleares, incrementa la probabilidad de una escalada inadvertida.

Asimismo, el progreso sostenido de Pyongyang genera una presión sistémica sobre el régimen de no proliferación en el Noreste Asiático. Actores como Corea del Sur y Japón podrían verse incentivados a fortalecer sus capacidades de disuasión independiente o a solicitar un mayor despliegue de capacidades estratégicas estadounidenses, lo que profundizaría el dilema de seguridad regional.

En conclusión, las alertas del OIEA trascienden lo técnico: representan una denuncia sobre la erosión de la arquitectura de gobernanza nuclear y la incapacidad del sistema multilateral para revertir procesos de proliferación ya institucionalizados.

Aumento significativo" en la capacidad de Corea del Norte para ...
Rafael Grossi – Director general del Organismo Internacional de Energía Atómica.

 

Culmina el primer mes sin New START y sin un marco de reemplazo

La expiración del Tratado New START, en febrero de 2026, marca un punto de inflexión en la arquitectura global de control de armas nucleares. Este acuerdo, en vigor desde 2011, constituyó el último instrumento bilateral que limitaba los arsenales estratégicos desplegados de Estados Unidos y Rusia, estableciendo además mecanismos de verificación intrusiva esenciales para la estabilidad y la previsibilidad estratégica.

Si bien en 2021 ambas potencias acordaron extender el tratado por cinco años, diversos factores erosionaron progresivamente su cumplimiento. Entre ellos, la suspensión de las inspecciones in situ durante la pandemia de COVID-19 y la posterior imposibilidad de restablecerlas debido al colapso del diálogo político. A esto se sumó la decisión de Moscú, en 2023, de suspender formalmente su participación en el tratado, en el marco de la guerra en Ucrania y de las tensiones con Occidente.

En este contexto, abril de 2026 representa el primer mes completo de vacío jurídico sobre los arsenales nucleares de las dos principales potencias del sistema internacional. Esta situación no solo implica la ausencia de límites cuantitativos, sino también la pérdida de mecanismos de transparencia y verificación que, durante décadas, contribuyeron a reducir la incertidumbre y el riesgo de escalada.

Aunque Rusia ha manifestado su intención de respetar voluntariamente ciertos límites hasta 2027, la ausencia de reciprocidad formal y de métodos de supervisión externa debilita la credibilidad de estos compromisos. Por su parte, la negativa de Estados Unidos a renegociar el tratado refleja un cambio de paradigma hacia la disuasión trilateral, priorizando la competencia estratégica con China y la modernización de su propia tríada nuclear.

La ausencia del New START reconfigura el equilibrio nuclear global, acercándolo a escenarios característicos de la Guerra Fría, aunque bajo un orden multipolar complejo. Este vacío normativo abre la posibilidad de una expansión de arsenales sin restricciones legales, lo que podría desencadenar dinámicas de competencia armamentística.

En definitiva, la caducidad del tratado representa la desarticulación definitiva del régimen de control de armas de la posguerra fría, eliminando uno de los pilares de contención que garantizaban la estabilidad estratégica internacional.

OTAN acusa a Rusia y China por deterioro estratégico

Durante abril de 2026, el escenario nuclear internacional evidenció una profundización de las tensiones entre las principales potencias, en un contexto marcado por la convergencia entre modernización de arsenales, reajustes doctrinales y debilitamiento de los marcos de control. En este marco, la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) ha adoptado una postura más explícita al señalar a Rusia y China como actores centrales en el deterioro de la estabilidad estratégica global.

A comienzos del mes, la decisión de Suiza de no adherir al Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares (TPAN) reafirmó la persistencia de un enfoque occidental centrado en la preservación de la arquitectura del Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP), incluso ante el evidente desgaste de sus mecanismos de revisión. Este posicionamiento se complementa con el debate sobre la «disuasión ampliada» liderado por Francia, que sugiere una reconfiguración del paraguas nuclear europeo ante la percepción de una amenaza existencial creciente.

En paralelo, la evolución de las capacidades estratégicas de China introduce nuevas variables de incertidumbre. La expansión de su arsenal nuclear,la proliferación de silos para misiles balísticos intercontinentales (ICBM) y la transición hacia una postura de lanzamiento bajo advertencia (Launch-on-Warning) plantean desafíos críticos para la estabilidad global. La ausencia de mecanismos de transparencia y de un diálogo de estabilidad estratégica con Beijing agrava la opacidad operativa en el Noreste Asiático.

En este contexto, el 20 de abril el Consejo del Atlántico Norte emitió una declaración en la antesala de la Conferencia de Examen del TNP, en la que reafirmó el compromiso de la Alianza con el control de armamentos, al tiempo que responsabilizó directamente a Moscú y Beijing de contribuir al deterioro del entorno estratégico. En particular, se destacó la renuencia de China a participar en foros de reducción de riesgos nucleares y la instrumentalización rusa de la retórica nuclear como herramienta de coerción política.

Asimismo, las advertencias del Kremlin respecto al incremento del gasto en defensa europeo y al posible despliegue de capacidades nucleares en el flanco oriental evidencian un proceso de retroalimentación competitiva. Esta dinámica de dilema de seguridad, donde las medidas defensivas de un bloque son interpretadas como capacidades ofensivas por el otro, consolida un ciclo de escalada difícil de revertir por vías diplomáticas.

En conjunto, estos desarrollos reflejan una crisis de gobernanza nuclear, donde la fractura del consenso entre las grandes potencias anula la capacidad del sistema internacional para gestionar los riesgos asociados a la proliferación y a la escalada estratégica.

La competencia estratégica entre EE. UU y China profundiza la tensión en el Indo-Pacifico

El escenario del Indo-Pacífico durante abril de 2026 confirma que la competencia entre Estados Unidos y China se ha consolidado como uno de los principales ejes estructurales del riesgo nuclear global. Esta rivalidad trasciende la dimensión comercial para proyectarse en el ámbito militar y estratégico, reconfigurando las percepciones de amenaza en la región.

En este contexto, el desarrollo de capacidades militares por parte de China desempeña un rol central. La modernización de su arsenal nuclear, junto con la mejora de sus sistemas de lanzamiento y la expansión de su infraestructura estratégica, sugiere una evolución hacia una postura más robusta y flexible. Esta transformación busca no solo neutralizar la ventaja tecnológica estadounidense, sino también consolidar una zona de exclusión (A2/AD) que limite la capacidad de intervención de Washington en crisis regionales.

A su vez, la relación de Beijing con actores regionales, como Corea del Norte, introduce una dimensión de complejidad adicional. La persistencia de los ensayos misilísticos norcoreanos, bajo el amparo diplomático de China en el Consejo de Seguridad, contribuye a erosionar la eficacia del régimen de sanciones y a sostener un entorno de inestabilidad funcional que distrae recursos estratégicos aliados.

En el plano diplomático, las tensiones también se manifiestan en foros multilaterales. Durante la XI Conferencia de Examen del TNP, China ha intensificado su retórica contra el concepto de «compartición nuclear» (nuclear sharing) y la alianza AUKUS, calificándolos como catalizadores de la proliferación en la región. No obstante, esta postura contrasta con la opacidad persistente de su propio programa de ojivas, lo que genera una profunda incertidumbre sobre sus verdaderas intenciones doctrinales.

Por su parte, Estados Unidos ha respondido mediante el fortalecimiento de la disuasión extendida con Corea del Sur y Japón. La institucionalización de mecanismos de consulta nuclear y el despliegue rotativo de activos estratégicos buscan estabilizar el equilibrio de poder, pero simultáneamente alimentan el dilema de seguridad al ser percibidos por Beijing como una política de cerco militar.

En suma, la competencia sino-estadounidense configura un entorno de equilibrios precarios, donde la ausencia de líneas de comunicación de crisis y de mecanismos de transparencia compartidos aumenta la probabilidad de errores de cálculo. Así, la estabilidad regional depende cada vez menos de normas institucionales y más de la gestión de estas tensiones.

Tensión en el estrecho de Ormuz 

Durante abril de 2026, el estrecho de Ormuz se consolidó como un punto de estrangulamiento (chokepoint) crítico dentro del sistema internacional, en un contexto de creciente fricción entre la República Islámica de Irán y Estados Unidos. Este corredor marítimo, por el cual transita aproximadamente el 20% del suministro global de hidrocarburos, constituye un nodo estratégico cuya estabilidad es indisociable de la seguridad energética global y del equilibrio geopolítico en Medio Oriente.

En este marco, las tensiones se intensificaron debido a una serie de incidentes vinculados a la presencia naval y a medidas de presión económica. Las advertencias de Teherán sobre posibles restricciones al tránsito marítimo, en respuesta a sanciones y bloqueos, reactivaron preocupaciones sobre la vulnerabilidad de esta ruta. Paralelamente, el despliegue de unidades navales estadounidenses y aliadas en la zona evidenció una escalada en la señalización militar.

Si bien no se registraron enfrentamientos cinéticos de gran escala, la densidad operativa en un espacio geográfico tan reducido incrementa el riesgo de incidentes tácticos. En escenarios de saturación militar, las interceptaciones de proximidad o los errores de navegación pueden derivar en una escalada inadvertida, reduciendo los tiempos de respuesta diplomática ante una crisis en curso.

Asimismo, la dimensión nuclear no está completamente ausente de esta dinámica. Las tensiones en torno al programa nuclear iraní y el debilitamiento del Plan de Acción Integral Conjunto (JCPOA, por sus siglas en inglés) continúan influyendo en la percepción de amenaza. En este sentido, el estrecho de Ormuz se configura como un espacio donde confluyen factores energéticos, militares y estratégicos, amplificando su relevancia.

En definitiva, la reactivación de tensiones en esta zona refleja la persistencia de un conflicto estructural donde la competencia entre actores regionales y extrarregionales potencia la volatilidad del sistema. La vulnerabilidad de este corredor actúa como un multiplicador de fuerza, capaz de transformar una crisis localizada en una perturbación estratégica de alcance global.

Irán vuelve a cerrar el estrecho de Ormuz y escala la tensión con ...

Corea del Sur reactiva el debate sobre submarinos de propulsión nuclear

Durante abril de 2026, Corea del Sur reavivó el debate en torno al desarrollo de submarinos de propulsión nuclear (SSN), como respuesta al deterioro del entorno de seguridad en la península. Esta discusión se inscribe en un escenario marcado por el perfeccionamiento de los vectores norcoreanos de lanzamiento submarino (SLBM) y por una creciente demanda interna de mayor autonomía estratégica frente a las garantías de seguridad de Washington.

La incorporación de plataformas de propulsión nuclear representa un cambio de paradigma en la postura de defensa de Seúl. A diferencia de las unidades convencionales, los SSN ofrecen una autonomía sumergida virtualmente ilimitada, mayor velocidad de tránsito y una capacidad de sigilo superior, factores críticos para la vigilancia persistente y la interceptación de activos estratégicos adversarios.

No obstante, esta iniciativa plantea desafíos técnicos y jurídicos complejos dentro del régimen de no proliferación. El uso de combustible nuclear para propulsión naval requiere la activación de mecanismos de salvaguardias específicos por parte del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA). El antecedente sentado por el pacto AUKUS ha generado un precedente normativo que Seúl busca emular, aunque ello implique navegar por las lagunas legales del Tratado de No Proliferación (TNP) respecto al uso de materiales fisionables fuera de la supervisión civil.

Asimismo, la reactivación de este proyecto podría generar un efecto dominó regional. Japón, que posee una infraestructura de ciclo de combustible avanzada, podría verse incentivado a reconsiderar sus restricciones constitucionales y tecnológicas en materia de defensa naval, acelerando la carrera armamentística cualitativa en el Noreste Asiático.

Desde una perspectiva política, este debate refleja una erosión de la confianza en la disuasión extendida tradicional y el deseo de Corea del Sur de reducir su dependencia operativa. Sin embargo, también evidencia las tensiones inherentes entre las necesidades de seguridad nacional y los compromisos internacionales en materia de no proliferación.

En conjunto, este desarrollo subraya cómo la proliferación tecnológica de doble uso está fragmentando el consenso de seguridad nuclear, impulsando a las potencias medias hacia capacidades que anteriormente estaban reservadas exclusivamente a los Estados poseedores de armas nucleares.

Corea del Sur alcanzó un acuerdo con EE. UU. para iniciar el ...

Este es un artículo de opinión. Las opiniones y contenido no reflejan o representan necesariamente la postura del CEERI como institución.

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