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Informe N°3 | Análisis de junio de 2026

Valentina Martínez Alaníz – Coordinadora del Proyecto de Desarme y Proliferación Nuclear. Redactora

Florencia Valentina Varela TeruelRedactora.

Álvaro GreyRedactor.

Hillary Samanta Villegas Gómez Redactora. Editora

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Introducción

El Informe Global de Riesgo Nuclear (IGRN) establece una escala de alerta destinada a evaluar el grado de estabilidad estratégica internacional y la probabilidad de escalada hacia un conflicto nuclear. Cada nivel determina la frecuencia de monitoreo y la emisión de actualizaciones extraordinarias cuando la evolución del entorno lo requiera: DEFCON 5 (Estabilidad Alta), DEFCON 4 (Vigilancia Preventiva), DEFCON 3 (Inestabilidad Creciente), DEFCON 2 (Riesgo Elevado de Escalada) y DEFCON 1 (Crisis Nuclear).

El sistema de alerta se basa en una metodología estructurada de análisis estratégico que integra variables cuantitativas y cualitativas para estimar la probabilidad de escalada nuclear y el grado de estabilidad internacional. El modelo combina monitoreo permanente, evaluación comparativa y revisión analítica. A continuación, se detallan los aspectos comprendidos en cada nivel del Termómetro Global de Riesgo Nuclear:

  • 🟢 Verde – DEFCON 5

IGRN: 0-20 | Estabilidad Alta

El orden estratégico internacional se mantiene sólido, con un sistema de disuasión que continúa siendo eficaz y sin señales relevantes de escalada. Las relaciones entre las principales potencias se caracterizan por una relativa previsibilidad, no se registran crisis militares de gran magnitud y los tratados de control de armas permanecen vigentes o funcionales. En este contexto, la retórica nuclear es mínima, lo que refuerza un entorno global de estabilidad.

  • 🔵 Azul – DEFCON 4

IGRN: 21-40 | Vigilancia Preventiva

Comienzan a surgir tensiones y eventos que requieren un seguimiento más atento, aunque el sistema internacional todavía se inclina hacia la estabilidad. Se observa un incremento de las fricciones geopolíticas, la realización de ejercicios militares sensibles y un progresivo endurecimiento del discurso entre actores relevantes. Estas dinámicas configuran señales tempranas de una competencia estratégica en expansión, sin que ello implique aún una ruptura del equilibrio general.

  • 🟡 Amarillo – DEFCON 3

IGRN: 41-60 | Inestabilidad Creciente

El entorno internacional se torna más volátil, elevando el riesgo de errores de cálculo entre los principales actores. Se registran crisis regionales en las que participan potencias nucleares, junto con movilizaciones militares de relevancia que incrementan la tensión. Paralelamente, emergen amenazas explícitas o formas de coerción nuclear, mientras los mecanismos de confianza comienzan a debilitarse, erosionando la previsibilidad del sistema estratégico.

  • 🟠 Naranja – DEFCON 2

IGRN: 61-80 | Riesgo Elevado de Escalada

El sistema internacional ingresa en una fase de alta peligrosidad, donde la disuasión comienza a mostrar signos de tensión. Se observan hostilidades abiertas o inminentes, acompañadas por una preparación visible de fuerzas estratégicas que eleva la percepción de amenaza. Al mismo tiempo, se reduce el umbral de empleo nuclear y los canales diplomáticos se deterioran, limitando la capacidad de contención y aumentando la probabilidad de una escalada rápida.

  • 🔴 Rojo – DEFCON 1

IGRN: 81-100 | Crisis Nuclear

El sistema internacional alcanza un punto crítico, con una probabilidad extremadamente alta de empleo nuclear o con un evento de esta naturaleza ya en desarrollo. Se registra la elevación formal de las alertas nucleares, junto con señales claras de inminencia operativa que reflejan la preparación para un posible uso de estas capacidades. En paralelo, se producen ataques contra infraestructuras críticas y se intensifica el riesgo de errores de cálculo o decisiones precipitadas, configurando el escenario de mayor peligro para la seguridad global.

El panorama internacional correspondiente al mes de junio de 2026 evidenció la consolidación de un entorno estratégico cada vez más competitivo y fragmentado. La modernización de las capacidades nucleares por parte de las principales potencias, el fortalecimiento de alianzas militares como la OTAN y AUKUS, la continuidad de los conflictos en Europa y Medio Oriente y la creciente rivalidad entre Estados Unidos y China profundizaron las tensiones en múltiples teatros geopolíticos. Paralelamente, el fracaso de la XI Conferencia de Revisión del Tratado sobre la No Proliferación de las Armas Nucleares (TNP) evidenció las crecientes dificultades para fortalecer el régimen internacional de control de armamentos, mientras que el SIPRI Yearbook 2026 advirtió que todos los Estados poseedores de armas nucleares continúan expandiendo o modernizando sus arsenales, revirtiendo la tendencia de reducción observada durante las últimas décadas. 

Si bien durante el período no se registraron indicios de una preparación inmediata para el empleo de armas nucleares, la acumulación simultánea de factores de riesgo —entre ellos la modernización doctrinal, el incremento de las capacidades estratégicas, la erosión de los mecanismos de transparencia y la persistencia de crisis regionales con participación de Estados poseedores de armas nucleares— incrementó la incertidumbre sobre la estabilidad del sistema internacional y elevó el riesgo de errores de cálculo entre las principales potencias. En consecuencia, el Informe Global de Riesgo Nuclear (IGRN) ubica el mes de junio de 2026 en un DEFCON 2 (80/100), correspondiente a un escenario de Riesgo Elevado de Escalada, que requiere un seguimiento permanente debido al deterioro progresivo de los mecanismos internacionales de prevención y gestión de conflictos.

Corea del Norte acelera su programa nuclear y fortalece su cooperación estratégica con Rusia

El Segundo Pleno del Noveno Comité Central del Partido del Trabajo de Corea, celebrado entre el 20 y el 22 de junio, formalizó una nueva fase de expansión militar norcoreana con implicaciones directas para el riesgo nuclear regional. Kim Jong Un ordenó acelerar la modernización de la fuerza naval, ampliar las bases militares, fortificar la frontera sur e incrementar la capacidad de producción de municiones. Entre las principales disposiciones destacó la aceleración del diseño y la construcción de un crucero lanzamisiles guiado de 10.000 toneladas, el buque de guerra más grande jamás construido por Corea del Norte, con el doble del desplazamiento del recién estrenado destructor Choe Hyon. Estas directrices reflejan una intensificación sostenida de las capacidades convencionales y estratégicas del régimen.

Este reforzamiento se inscribe en una cooperación estratégica cada vez más profunda con Rusia, consolidada desde la invasión a Ucrania en 2022. Pyongyang ha desplegado al menos 12.000 efectivos en apoyo a las fuerzas rusas y suministrado artillería, cohetes y misiles balísticos en cantidades significativas; a cambio, Moscú ha transferido tecnología para submarinos, sistemas de defensa aérea, capacidades de guerra electrónica y mejoras en el rendimiento del misil balístico KN-23. A ello se suma la participación de efectivos norcoreanos en el frente ucraniano, que ha permitido incorporar experiencia operativa y doctrinas de combate que fortalecen la preparación de las fuerzas armadas del país.

La consolidación de esta relación se sustenta en el Tratado de Asociación Estratégica Integral suscrito por Vladimir Putin y Kim Jong Un en junio de 2024, cuyo segundo aniversario fue conmemorado recientemente por ambos gobiernos. El acuerdo incorpora una cláusula de asistencia mutua en materia de defensa y ha ampliado la cooperación en los ámbitos militar, económico y diplomático. Asimismo, diversas fuentes señalan que el Kremlin ha incrementado su apoyo mediante el suministro de petróleo, la flexibilización de restricciones financieras y la cooperación en proyectos espaciales, reduciendo parcialmente el impacto del régimen internacional de sanciones.

En conjunto, la transferencia de tecnologías avanzadas a Corea del Norte erosiona las ventajas militares relativas que históricamente han sostenido Estados Unidos, Corea del Sur y Japón en el noreste asiático. Esta transformación del equilibrio estratégico trasciende la península coreana, pues la consolidación del eje entre Moscú y Pyongyang conecta dos teatros de seguridad antes relativamente desconectados: el europeo y el asiático, y genera una dinámica de retroalimentación entre ambos conflictos. En este contexto, la expansión de los marcos de defensa de Corea del Sur y Japón, junto con el fortalecimiento de la cooperación trilateral con Washington, evidencia que la cooperación ruso-norcoreana ya incide en las decisiones de rearme de otros actores y amplía el espectro de la competencia estratégica regional.

Vladimir Putin y Kim Jong Un estrechando las manos ante la consolidación del Tratado de Asociación Estratégica Integral en Pyonyang en 2024.

La competencia estratégica entre Estados Unidos y China profundiza la tensión en el Indo-Pacífico

La cuestión taiwanesa volvió a evidenciar la fragilidad del marco de disuasión que ha sostenido la estabilidad en el estrecho durante las últimas décadas. En junio, el Departamento de Estado confirmó ante el Congreso que el paquete de armas por 14.000 millones de dólares para Taiwán no depende de negociaciones con Beijing, buscando disipar la ambigüedad generada por declaraciones previas del presidente Trump, quien había descrito la venta como una «ficha de negociación». Aunque la administración reafirmó las «Seis Garantías», que excluyen las ventas de armas de cualquier negociación con China, la necesidad de reiterarlas evidenció que la percepción de una posible condicionalidad ya había generado inquietud en Taipéi y dentro del propio aparato político estadounidense. Esta aclaración buscó preservar la credibilidad de uno de los pilares de la estrategia estadounidense de disuasión convencional en el Indo-Pacífico, cuya consistencia incide directamente en la confianza de aliados como Japón y Filipinas.

De forma paralela, China intensificó su actividad marítima en torno a Taiwán con el despliegue de buques de la Guardia Costera frente a la costa este de la isla, en respuesta, según Beijing, a las conversaciones entre Japón y Filipinas sobre delimitación marítima. A ello se sumó el tránsito del portaaviones Fujian por el estrecho. La reacción conjunta de Estados Unidos, el Reino Unido, Francia y Alemania reflejó una creciente internacionalización de la cuestión taiwanesa y una mayor coordinación diplomática entre Washington y sus socios europeos, ampliando la presión política sobre Beijing.

Esta dinámica se inserta en un contexto regional más amplio marcado por el fortalecimiento de los vínculos entre China y Corea del Norte. La visita de Xi Jinping a Pyongyang los días 8 y 9 de junio —la tercera de su mandato y la primera desde 2019— tuvo lugar inmediatamente después de sus reuniones con Trump y con Putin, en una secuencia que refleja el interés de Beijing por consolidar su papel dentro de su red de cooperación estratégica con Rusia, Irán y Corea del Norte. La visita evidenció que China mantiene capacidad de influencia e interlocución con Pyongyang pese al avance de la cooperación militar entre Corea del Norte y Rusia, lo que confirma que ambas relaciones operan de forma complementaria.

En conjunto, estos desarrollos muestran que la competencia entre Washington y Beijing trasciende la disputa en torno a Taiwán y se proyecta sobre el conjunto del entorno estratégico del Indo-Pacífico. La fiabilidad de las garantías estadounidenses, el aumento de la actividad naval china y la consolidación de los vínculos entre Beijing y Pyongyang configuran una competencia cada vez más multidimensional. En consecuencia, se reducen los márgenes de previsibilidad entre los principales actores regionales y se refuerza la centralidad del Indo-Pacífico como uno de los principales espacios de competencia entre grandes potencias.

Xi Jinping fortalece la alianza estratégica con Corea del Norte y consolida el eje Beijing–Pyongyang

El viaje de Xi Jinping a Pyongyang los días 8 y 9 de junio de 2026 —el primero desde 2019— coincidió con el 65.º aniversario del Tratado de Amistad, Cooperación y Asistencia Mutua y marcó una reactivación explícita de la relación bilateral. Los comunicados oficiales de ambos países enfatizaron la cooperación en comercio, agricultura, salud y tecnología, sin incluir ninguna referencia al programa nuclear norcoreano. Esta omisión cobra relevancia particular frente a declaraciones previas de Estados Unidos, que habían sostenido la existencia de un «objetivo compartido» con China en materia de desnuclearización, afirmación que Beijing no respaldó públicamente.

El silencio chino sobre el programa nuclear no equivale a indiferencia; más bien, puede interpretarse como una forma de respaldo tácito que exime a Pyongyang de una presión por parte de su principal socio comercial, en momentos en que Corea del Norte ha intensificado la integración de la disuasión nuclear en su marco constitucional y doctrinal. Para Beijing, mantener el tema nuclear fuera de la agenda pública reduce el costo diplomático de sostener la relación bilateral sin comprometerse con una postura activa de no proliferación, mientras preserva su influencia como interlocutor directo de Pyongyang.

Durante la visita, Corea del Norte calificó la relación con China como su «principal prioridad estratégica», mientras Xi subrayó la necesidad de fortalecer la cooperación y salvaguardar los intereses de seguridad mutuos. Este intercambio confirma una convergencia de intereses complementarios: para China, la preservación de un canal de influencia directo; para Corea del Norte, el acceso a respaldo económico y político que mitiga el efecto de las sanciones internacionales sin necesidad de hacer concesiones sobre su estatus nuclear.

El hecho de que esta reactivación se produzca en paralelo al fortalecimiento de la cooperación militar entre Pyongyang y Moscú resulta igualmente significativo pues evidencia que Corea dispone de dos respaldos estratégicos de primer orden que operan de manera simultánea y complementaria. Esta configuración amplía el margen diplomático del régimen y reduce la eficacia de los mecanismos tradicionales de presión internacional.

En conjunto, la visita de Xi consolida un alineamiento funcional que, sin constituir una alianza formal, refuerza la posición de Corea del Norte como potencia nuclear de facto. La ausencia deliberada de referencias al programa nuclear en la agenda bilateral con su socio más relevante constituye, en sí misma, un indicador del desplazamiento de la desnuclearización como eje prioritario de la relación entre Beijing y Pyongyang.

8 de junio, Xi Jinping y Kim Jong Un disfrutando de una presentación de bienvenida en el Pyongyang Gymnasium en el marco de reuniones bilaterales.

Estados Unidos ataca instalaciones militares iraníes y se profundiza la crisis regional

Entre el 27 y el 29 de junio, la escalada entre Washington y Teherán puso a prueba el acuerdo interino de cese de hostilidades alcanzado días antes, evidenciando la fragilidad del entendimiento que había permitido restablecer el tráfico comercial por el estrecho de Ormuz. El detonante fue un ataque con drones iraníes contra el buque de bandera singapurense M/V Ever Lovely, al que Estados Unidos respondió con una primera ronda de ataques el 26 de junio a través del Comando Central de Estados Unidos (CENTCOM) —estructura de mando militar responsable de las operaciones en Medio Oriente, Asia Central y el norte de África—. La operación estuvo dirigida contra infraestructura de vigilancia, sistemas de comunicación, sitios de defensa antiaérea, instalaciones de almacenamiento de drones y capacidades de colocación de minas iraníes.

El sábado 27 de junio, tras un nuevo ataque con drones contra el buque M/T Kiku, el CENTCOM ejecutó una segunda ronda de ataques, esta vez dirigida contra ubicaciones de almacenamiento de misiles y drones y sitios de radar costero iraníes. Se trató, en rigor, del tercer episodio de este tipo en tres semanas y bajo el mismo patrón de justificación —agresión contra el tráfico comercial— una reiteración que sugiere un umbral de tolerancia cada vez más reducido entre ambas partes. El presidente Donald Trump sostuvo que, de persistir las agresiones, Estados Unidos completaría militarmente la operación iniciada, y afirmó incluso, que ello podría significar «el fin de la existencia de la República Islámica de Irán».

En represalia, el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC, por sus siglas en inglés) lanzó misiles y drones contra instalaciones militares estadounidenses en Kuwait y Baréin durante la madrugada del domingo 28 de junio. Baréin, sede de la Quinta Flota naval estadounidense, reportó daños en un edificio residencial en la provincia de Muharraq sin víctimas, mientras Kuwait informó la intercepción de dos misiles balísticos. La IRGC calificó los ataques estadounidenses como una violación del cese al fuego que implicaría “la paralización completa de todos los procesos diplomáticos”, una amenaza que, sin embargo, no se tradujo en una ruptura definitiva del canal diplomático.

Aunque el intercambio militar fue intenso, un funcionario estadounidense confirmó a Reuters que no se registraron bajas ni daños significativos en las instalaciones atacadas. Horas después, ambas partes acordaron detener las hostilidades y retomar las conversaciones técnicas sobre el memorando de entendimiento de 14 puntos, con una nueva ronda prevista para celebrarse en Qatar. La rápida reactivación del canal diplomático sugiere que ninguna de las partes busca, por ahora, una ruptura irreversible, sino que ambas continúan operando bajo una lógica de conveniencia táctica más que de convergencia sustantiva de intereses.

En el plano interno estadounidense, la controversia se extiende al Congreso, donde legisladores invocaron la Resolución sobre Poderes de Guerra (War Powers Resolution), aprobada la semana anterior, para cuestionar la facultad presidencial de ordenar nuevos ataques sin autorización legislativa. Este cuestionamiento introduce un factor adicional de incertidumbre sobre la sostenibilidad de la estrategia de represalia inmediata adoptada por Washington, en la medida en que futuras rondas de tensión podrían enfrentar restricciones institucionales crecientes a la discrecionalidad presidencial en materia de uso de la fuerza.

Estados Unidos refuerza su postura de disuasión estratégica frente a la creciente competencia entre potencias

El planeamiento de defensa occidental volvió a evidenciar que la disuasión convencional resulta insuficiente frente a una competencia de potencias que se despliega de forma simultánea en el Indo-Pacífico y en Europa. El 8 de junio, el Center for Strategic and International Studies (CSIS) publicó el informe “Wartime Footing: A Two-Front Strategy to Confront China and Russia”, que advierte sobre una amenaza creciente asociada a la convergencia estratégica entre Beijing y Moscú. Según el informe, el liderazgo chino ha ordenado al Ejército Popular de Liberación estar preparado para ejecutar una invasión exitosa de Taiwán hacia 2027. Paralelamente, Rusia continúa librando una guerra activa en Ucrania y desarrolla una campaña de sabotaje en territorio europeo que incluye asesinatos, atentados y actividades de subversión.

Frente a este diagnóstico, el informe propone una estrategia de «involucramiento flexible», estructurada sobre un esquema de planificación para dos conflictos simultáneos. Esta contempla priorizar el teatro indo-pacífico frente al europeo y acelerar la transición hacia una base industrial de defensa orientada a la producción de sistemas no tripulados de bajo costo y capacidades de ataque de precisión de largo alcance. Asimismo, plantea una mayor participación de aliados y socios en ambos teatros, al considerar que la actual postura militar estadounidense fue diseñada para enfrentar un único conflicto de gran escala y resulta insuficiente ante una confrontación simultánea con China y Rusia.

En el plano institucional, el Grupo de Planificación Nuclear (Nuclear Planning Group, NPG) de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) —instancia que integra a todos los aliados salvo Francia y que funciona como el principal foro de consulta y coordinación en materia de disuasión nuclear— se reunió en Bruselas el 18 de junio y formalizó el acuerdo para modernizar las capacidades nucleares de la Alianza y reforzar los mecanismos de planificación nuclear. Los ministros de Defensa participantes recordaron que las fuerzas nucleares estratégicas constituyen la garantía suprema de la seguridad aliada y sustentan la arquitectura de disuasión extendida de la OTAN, comprometiéndose a continuar reforzando esta misión mediante la modernización de capacidades, el fortalecimiento de la planificación nuclear y la adaptación a los intereses de seguridad del bloque, en pos de mantener una postura nuclear segura, efectiva y creíble.

La proximidad temporal entre ambos hechos permite interpretar la modernización nuclear de la OTAN no como una iniciativa aislada, sino como parte de un proceso más amplio de reconfiguración de la disuasión occidental. Esta convergencia ocurre, además, en medio de crecientes presiones dentro de la propia Alianza: el secretario de Defensa estadounidense, Pete Hegseth, advirtió que el nivel de compromiso financiero de Washington dependerá del cumplimiento de las metas de gasto por parte de los aliados europeos, reforzando el impulso hacia una mayor autonomía defensiva del continente. En conjunto, estos desarrollos muestran que la competencia entre Washington, Beijing y Moscú trasciende el plano convencional y devuelve a la dimensión nuclear un lugar central dentro de la arquitectura de seguridad euroatlántica, al exigir capacidades de disuasión creíbles en Europa y el Indo-Pacífico de manera simultánea.

El Consejo Europeo condena los ataques próximos a instalaciones nucleares ucranianas

Desde marzo de 2022, cuando Rusia tomó el control de la central nuclear de Zaporiyia —la mayor planta nuclear de Ucrania y de Europa—, la instalación ha permanecido expuesta a los riesgos derivados del conflicto armado. El miércoles 10 de junio, la central sufrió un nuevo corte en su suministro externo tras un ataque de dron a una subestación al otro lado del Dniéper. Sin embargo, este no fue el único ataque contra centrales ucranianas en el mes. Días antes, según el medio Ukrainska Pravda, las Fuerzas Armadas rusas atacaron con un dron no tripulado Geran-2 las inmediaciones del Almacenamiento Centralizado de Combustible Nuclear Gastado, ubicado en la zona de exclusión de la central de Chernóbil.

Estos ataques no pasaron de largo para la Unión Europea, quien se ha mostrado como principal aliado de Kiev en lo que va del conflicto. En las conclusiones sobre Ucrania y sobre la defensa y seguridad europeas, publicadas el 18 de junio, el Consejo Europeo condenó la escalada del conflicto por parte de Rusia, en particular los ataques a gran escala con drones y misiles contra la población civil —destacando el ataque realizado por Moscú a principios del mes en varios puntos del país—, así como los ataques sistemáticos y deliberados contra la infraestructura energética ucraniana.

Esta posición refleja, además, un cambio más amplio en el reparto del apoyo occidental a Ucrania. Si bien la asistencia occidental, en un principio, pudo mostrar el conflicto como una confrontación de Rusia contra una Ucrania reforzada por la OTAN, el cambio de prioridades por parte de Washington ha desplazado progresivamente el centro del respaldo occidental hacia la Unión Europea. En consecuencia, el conflicto adquiere cada vez más la forma de una confrontación entre Moscú, por un lado, y Kiev respaldado por Bruselas, por otro.

Este respaldo no se ha limitado al plano político. Además de los cuantiosos paquetes de ayuda enviados a Kiev, industrias europeas comenzaron a colaborar con sus contrapartes ucranianas en la producción de armamento. Entre estas iniciativas destaca la cooperación entre la empresa ucraniana Luch y la europea MBDA para ampliar el desarrollo de capacidades de ataque de largo alcance mediante la familia de misiles de crucero Neptune. Las nuevas alianzas centradas en los misiles de crucero ucranianos Flamingo y Neptune reflejan cómo la industria de defensa europea está pasando de abastecer a Kiev a co-desarrollar y fabricar tecnología de misiles ucraniana de eficacia probada en combate para el futuro arsenal de la OTAN.

El presidente de Ucrania, Volodymyr Zelenskyy y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, en una foto de archivo de febrero de 2024 Efrem LukatskyAP.

La Unión Europea denuncia el deterioro del régimen de no proliferación durante la Junta del OIEA

Durante una reciente sesión de la Junta de Gobernadores del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), llevada a cabo entre el 8 y 12 de junio, la Unión Europea (UE) manifestó su preocupación por el progresivo deterioro del régimen internacional de no proliferación nuclear. En su intervención, sostuvo que el régimen atraviesa un período de creciente presión como resultado de múltiples desafíos que afectan tanto la estabilidad estratégica como el funcionamiento de las instituciones multilaterales encargadas de la gobernanza nuclear.

La UE señaló que la expansión del programa nuclear y de misiles balísticos de Corea del Norte continúa representando una grave amenaza para la seguridad internacional y constituye una violación de las resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. A su vez, manifestó inquietud por la persistencia de interrogantes respecto del carácter exclusivamente pacífico del programa nuclear iraní y por la insuficiente cooperación de Teherán con la OIEA en el marco de sus obligaciones de cumplimiento de salvaguardias.

La declaración también hizo énfasis en los riesgos derivados de la guerra entre Rusia y Ucrania. En este sentido, la UE advirtió que las operaciones militares en las inmediaciones de instalaciones nucleares civiles, en particular de la central de Zaporiyia, han generado una situación sin precedentes para la seguridad nuclear internacional, lo que incrementa el riesgo de accidentes con potenciales consecuencias transfronterizas.

A juicio de la Unión Europea, este conjunto de factores está erosionando la confianza en el régimen internacional de no proliferación. Frente a este escenario, reafirmó su respaldo al papel del OIEA como organismo independiente responsable de verificar el cumplimiento de las obligaciones nucleares de los Estados y destacó la importancia de preservar la integridad del Tratado sobre la No Proliferación de las Armas Nucleares (TNP), al que definió como la piedra angular del régimen internacional de no proliferación y desarme.

Fracasa la XI Conferencia de Examen del Tratado sobre la No Proliferación de las Armas Nucleares (TNP)

La XI Conferencia de Examen del Tratado sobre la No Proliferación de las Armas Nucleares (TNP), celebrada entre el 27 de abril y el 22 de mayo de 2026 en la sede de las Naciones Unidas en Nueva York, concluyó sin la adopción de un documento final consensuado. Se trata de la tercera Conferencia de Examen consecutiva que fracasa en alcanzar un acuerdo político entre los Estados Parte, lo que profundiza el deterioro del principal instrumento multilateral destinado a prevenir la proliferación de armas nucleares, promover el desarme y garantizar el uso pacífico de la energía nuclear. 

Desde su entrada en vigor en 1970, el TNP ha constituido la piedra angular de la arquitectura internacional de no proliferación, sustentándose en tres pilares: la no proliferación, el desarme nuclear y el derecho al uso pacífico de la energía nuclear. Sin embargo, el entorno estratégico actual difiere significativamente del que dio origen al tratado. La creciente competencia entre grandes potencias, el progresivo desmantelamiento de los mecanismos de control de armamentos y la modernización acelerada de los arsenales nucleares han reducido los incentivos para alcanzar compromisos multilaterales y dificultado la construcción de consensos.

En esta edición, las negociaciones estuvieron atravesadas por profundas divergencias sobre diversos asuntos estratégicos. Entre los principales puntos de desacuerdo figuraron las referencias al programa nuclear iraní, las consecuencias de la ocupación rusa de instalaciones nucleares en Ucrania, la ausencia de avances concretos en materia de desarme por parte de los Estados poseedores de armas nucleares y la falta de consenso respecto de nuevas medidas de reducción de riesgos. Como resultado, ninguno de los proyectos de documento logró reunir el apoyo unánime necesario para su adopción.

El fracaso de la Conferencia trasciende el plano estrictamente diplomático. Si bien el Tratado continúa vigente y mantiene plenamente sus obligaciones jurídicas, la incapacidad reiterada de los Estados Parte para acordar una hoja de ruta común erosiona progresivamente su legitimidad política y debilita la confianza en la eficacia del sistema internacional de no proliferación. Esta situación adquiere especial relevancia en un contexto marcado por la expiración del tratado New START, el fortalecimiento de nuevas alianzas estratégicas, la incorporación de tecnologías militares disruptivas y el incremento de las tensiones entre Estados Unidos, Rusia y China.

La falta de consenso también profundizó las críticas de numerosos Estados no poseedores de armas nucleares, que reiteraron su preocupación por el escaso cumplimiento del artículo VI del Tratado, mediante el cual las potencias nucleares se comprometieron a negociar medidas efectivas de desarme. La percepción de que estos compromisos permanecen incumplidos, más de cinco décadas después de la entrada en vigor del TNP, alimenta cuestionamientos sobre la sostenibilidad del régimen vigente y podría incentivar mayores presiones para el desarrollo de capacidades estratégicas propias.

En consecuencia, la Conferencia de Revisión de 2026 refleja una transformación más profunda del entorno internacional. Más que un fracaso puntual de las negociaciones, constituye un indicador del debilitamiento del multilateralismo en materia de seguridad internacional y de la creciente dificultad para construir consensos en un sistema caracterizado por la competencia entre grandes potencias. En este escenario, el TNP continúa siendo el principal instrumento de gobernanza nuclear global, aunque enfrenta probablemente el desafío más complejo desde el final de la Guerra Fría.

La OTAN acuerda modernizar sus capacidades nucleares y refuerza la disuasión aliada

El 18 de junio de 2026, los ministros de Defensa del Grupo de Planificación Nuclear (Nuclear Planning Group, NPG) de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) acordaron avanzar en la modernización de las capacidades nucleares de la Alianza y reforzar su arquitectura de disuasión. La decisión fue adoptada en Bruselas en un contexto marcado por el deterioro del entorno de seguridad europeo, la continuidad de la guerra en Ucrania y la creciente competencia estratégica entre las principales potencias nucleares. 

En la declaración conjunta emitida tras la reunión, los ministros reafirmaron que las fuerzas nucleares estratégicas continúan siendo la «garantía suprema» de la seguridad aliada y subrayaron la necesidad de adaptar la postura nuclear de la Organización a un entorno estratégico cada vez más complejo. Por ende, la modernización anunciada no se limita a la renovación de plataformas o sistemas de armas. También comprende el fortalecimiento de la planificación operativa, la integración de nuevas tecnologías y la adecuación de los mecanismos de mando y control. En conjunto, estas medidas buscan preservar la credibilidad de la disuasión extendida de la OTAN frente a la expansión de los arsenales ruso y chino, así como al desarrollo de capacidades hipersónicas, cibernéticas y espaciales que están transformando el equilibrio estratégico.

La decisión adquiere especial relevancia tras la expiración del tratado New START en febrero de 2026, último acuerdo bilateral que limitaba los arsenales estratégicos desplegados de Estados Unidos y Rusia. La desaparición de este mecanismo de verificación y transparencia incrementa la incertidumbre sobre la evolución de las capacidades nucleares de ambas potencias y refuerza la percepción de que la estabilidad internacional depende cada vez más de la credibilidad de la disuasión que de los instrumentos tradicionales de control de armamentos.

Las distintas interpretaciones sobre este proceso reflejan la persistencia del dilema de seguridad entre las principales potencias. Mientras los aliados consideran estas medidas una respuesta necesaria al deterioro del entorno estratégico, Moscú las interpreta como una nueva evidencia del fortalecimiento de la postura militar occidental. Esta diferencia de percepciones alimenta una dinámica de acción y reacción en la que iniciativas concebidas con fines defensivos pueden ser percibidas por el adversario como potencialmente ofensivas.

En conjunto, la decisión del Grupo de Planificación Nuclear confirma una transformación más amplia de la arquitectura de seguridad euroatlántica. La OTAN reafirma que, mientras existan armas nucleares, la disuasión continuará siendo un componente esencial de su estrategia. Al mismo tiempo, la creciente centralidad del instrumento nuclear en la planificación aliada refleja el progresivo debilitamiento del régimen internacional de control de armamentos y la consolidación de un escenario de competencia estratégica prolongada, en el que la estabilidad dependerá crecientemente de la capacidad de gestionar riesgos y evitar errores de cálculo entre las principales potencias nucleares.

La operación "Centinela del Ártico" enfría las ambiciones de Trump ...
Reunión del Grupo de Planificación Nuclear de la OTAN en Bruselas con los ministros de Defensa de los Estados miembros.

Australia acelera la implementación del AUKUS y consolida la infraestructura para submarinos de propulsión nuclear

Durante junio de 2026, Australia aceleró la implementación del acuerdo trilateral AUKUS junto con Estados Unidos y el Reino Unido mediante nuevos avances en la infraestructura destinada al despliegue permanente de submarinos de propulsión nuclear en la base naval HMAS Stirling, en Australia Occidental. Entre las principales medidas adoptadas destacaron la puesta en funcionamiento de nuevas instalaciones de mantenimiento y apoyo logístico, el fortalecimiento de los programas de capacitación para personal australiano y estadounidense y la creación de nuevos comandos para coordinar la presencia rotativa de submarinos aliados en el Indo-Pacífico. Estos avances representan un paso decisivo hacia la futura incorporación de submarinos de la clase Virginia y, posteriormente, de la nueva clase SSN-AUKUS, prevista para la próxima década.

Los progresos registrados reflejan la transformación de la estrategia de defensa australiana desde un enfoque centrado en la protección territorial hacia otro orientado a la proyección marítima de largo alcance y a la preservación del equilibrio estratégico en el Indo-Pacífico. En este contexto, la incorporación de submarinos de propulsión nuclear no supone el desarrollo de armamento nuclear, sino el acceso a plataformas con mayor autonomía, capacidad de supervivencia y alcance operativo, características que amplían la capacidad de Australia para operar en escenarios de alta intensidad junto con Estados Unidos y el Reino Unido.

Estos avances también responden a la creciente competencia estratégica entre Estados Unidos y China. La expansión de la Armada del Ejército Popular de Liberación, el desarrollo de capacidades antisubmarinas y el incremento de la actividad militar china en el mar de China Meridional y el estrecho de Taiwán han impulsado a los miembros de AUKUS a reforzar su presencia en el Indo-Pacífico. En consecuencia, Australia consolida su papel como un nodo logístico y operativo fundamental dentro de la arquitectura de disuasión liderada por Washington, facilitando el despliegue sostenido de fuerzas navales estadounidenses y británicas en el océano Índico y el Pacífico occidental.

No obstante, la implementación de AUKUS también genera desafíos para la estabilidad regional. Beijing interpreta el fortalecimiento de la infraestructura asociada a submarinos de propulsión nuclear como un elemento adicional de la estrategia de contención impulsada por Estados Unidos, mientras que, en el plano interno australiano, persisten cuestionamientos sobre el elevado costo económico del programa y el riesgo de una mayor implicación del país en una eventual confrontación entre las grandes potencias.

En términos estratégicos, la evolución del programa durante junio confirma que AUKUS ha dejado de ser una iniciativa centrada en la transferencia de tecnología para convertirse en un componente estructural de la arquitectura de seguridad del Indo-Pacífico. La consolidación de capacidades permanentes de apoyo a submarinos de propulsión nuclear fortalece la credibilidad de la disuasión aliada, pero también intensifica la percepción de competencia estratégica en la región y contribuye a un entorno internacional cada vez más polarizado.

India aumenta sus ojivas nucleares y prueba nuevos sistemas de defensa antimisiles

Durante el mes de junio de 2026, el Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo (SIPRI) publicó una nueva edición de su Yearbook, en la que confirmó que India continúa expandiendo y modernizando su arsenal nuclear. Según las estimaciones del organismo, el país incrementó su inventario de aproximadamente 180 a 190 ojivas nucleares, consolidándose como una de las nueve potencias nucleares del mundo. El informe señala además que, por primera vez, India podría mantener una pequeña cantidad de ojivas desplegadas sobre sistemas de lanzamiento durante períodos de paz, una evolución respecto de su práctica tradicional de almacenar las ojivas separadas de sus vectores.

Más allá del incremento cuantitativo del arsenal, el informe destaca que Nueva Delhi continúa fortaleciendo su tríada nuclear mediante el desarrollo de misiles balísticos de mayor alcance, la expansión de su componente naval y la incorporación de tecnologías destinadas a mejorar la capacidad de supervivencia de sus fuerzas estratégicas. En particular, el país sigue ampliando las capacidades de sus submarinos de propulsión nuclear y de los misiles balísticos lanzados desde plataformas submarinas, considerados elementos esenciales para garantizar una capacidad de represalia creíble. Paralelamente, India continúa desarrollando sistemas de defensa antimisiles y de alerta temprana para reforzar la protección de sus principales centros estratégicos.

Estos avances se producen en un contexto regional marcado por la expansión simultánea de las capacidades estratégicas de China y Pakistán. Aunque India mantiene oficialmente su doctrina de No Primer Uso (No First Use) y continúa definiendo su estrategia como una política de «disuasión mínima creíble», la evolución de sus capacidades refleja una adaptación gradual a un entorno de seguridad cada vez más exigente. El fortalecimiento de sus fuerzas estratégicas responde tanto a la necesidad de preservar el equilibrio con Pakistán como al acelerado desarrollo militar chino, particularmente en los ámbitos misilístico y naval.

El SIPRI Yearbook 2026 sitúa este proceso dentro de una tendencia más amplia: todas las potencias nucleares continúan modernizando o ampliando sus capacidades estratégicas. En este contexto, la competencia ya no se expresa únicamente en el número de ojivas, sino también en la mejora de los sistemas de lanzamiento, los mecanismos de mando y control y la incorporación de tecnologías emergentes que incrementan la preparación operativa de las fuerzas nucleares. Estas transformaciones coinciden con el debilitamiento de los acuerdos internacionales de control de armamentos y con una creciente competencia entre las principales potencias, factores que incrementan la incertidumbre sobre la evolución del equilibrio nuclear internacional.

Este es un artículo de opinión. Las opiniones y contenido no reflejan o representan necesariamente la postura del CEERI como institución.

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