Introducción
El Informe Global de Riesgo Nuclear (IGRN) establece una escala de alerta destinada a evaluar el grado de estabilidad estratégica internacional y la probabilidad de escalada hacia un conflicto nuclear. Cada nivel determina la frecuencia de monitoreo y la emisión de actualizaciones extraordinarias cuando la evolución del entorno lo requiera: DEFCON 5 (Estabilidad Alta), DEFCON 4 (Vigilancia Preventiva), DEFCON 3 (Inestabilidad Creciente), DEFCON 2 (Riesgo Elevado de Escalada) y DEFCON 1 (Crisis Nuclear).
El sistema de alerta se basa en una metodología estructurada de análisis estratégico que integra variables cuantitativas y cualitativas para estimar la probabilidad de escalada nuclear y el grado de estabilidad internacional. El modelo combina monitoreo permanente, evaluación comparativa y revisión analítica. A continuación, se detallan los aspectos comprendidos en cada nivel del Termómetro Global de Riesgo Nuclear:
- 🟢 Verde – DEFCON 5
IGRN: 0-20 | Estabilidad Alta
El orden estratégico internacional se mantiene sólido, con un sistema de disuasión que continúa siendo eficaz y sin señales relevantes de escalada. Las relaciones entre las principales potencias se caracterizan por una relativa previsibilidad, no se registran crisis militares de gran magnitud y los tratados de control de armas permanecen vigentes o funcionales. En este contexto, la retórica nuclear es mínima, lo que refuerza un entorno global de estabilidad.
- 🔵 Azul – DEFCON 4
IGRN: 21-40 | Vigilancia Preventiva
Comienzan a surgir tensiones y eventos que requieren un seguimiento más atento, aunque el sistema internacional todavía se inclina hacia la estabilidad. Se observa un incremento de las fricciones geopolíticas, la realización de ejercicios militares sensibles y un progresivo endurecimiento del discurso entre actores relevantes. Estas dinámicas configuran señales tempranas de una competencia estratégica en expansión, sin que ello implique aún una ruptura del equilibrio general.
- 🟡 Amarillo – DEFCON 3
IGRN: 41-60 | Inestabilidad Creciente
El entorno internacional se torna más volátil, elevando el riesgo de errores de cálculo entre los principales actores. Se registran crisis regionales en las que participan potencias nucleares, junto con movilizaciones militares de relevancia que incrementan la tensión. Paralelamente, emergen amenazas explícitas o formas de coerción nuclear, mientras los mecanismos de confianza comienzan a debilitarse, erosionando la previsibilidad del sistema estratégico.
- 🟠 Naranja – DEFCON 2
IGRN: 61-80 | Riesgo Elevado de Escalada
El sistema internacional ingresa en una fase de alta peligrosidad, donde la disuasión comienza a mostrar signos de tensión. Se observan hostilidades abiertas o inminentes, acompañadas por una preparación visible de fuerzas estratégicas que eleva la percepción de amenaza. Al mismo tiempo, se reduce el umbral de empleo nuclear y los canales diplomáticos se deterioran, limitando la capacidad de contención y aumentando la probabilidad de una escalada rápida.
- 🔴 Rojo – DEFCON 1
IGRN: 81-100 | Crisis Nuclear
El sistema internacional alcanza un punto crítico, con una probabilidad extremadamente alta de empleo nuclear o con un evento de esta naturaleza ya en desarrollo. Se registra la elevación formal de las alertas nucleares, junto con señales claras de inminencia operativa que reflejan la preparación para un posible uso de estas capacidades. En paralelo, se producen ataques contra infraestructuras críticas y se intensifica el riesgo de errores de cálculo o decisiones precipitadas, configurando el escenario de mayor peligro para la seguridad global.

Durante mayo de 2026, el escenario del Riesgo Nuclear Global atravesó una fase de riesgo severo de escalada, alcanzando los 70 puntos y manteniéndose en nivel DEFCON 2. La cuestión de Taiwán profundizó las fricciones entre Estados Unidos y China, durante la visita de Donald Trump y su comitiva a Beijing. Por su parte, Corea del Norte eliminó de su Constitución toda referencia a la reunificación, redefiniendo formalmente su relación con Corea del Sur. Rusia avanzó en el despliegue del misil RS-28 Sarmat y realizó ejercicios tácticos nucleares junto a Bielorrusia, en tanto Estados Unidos probó un Minuteman III y proyectó un incremento significativo en su presupuesto de defensa para 2027. Europa buscó mayor autonomía estratégica, con Noruega incorporándose al paraguas nuclear francés, mientras Estados Unidos. e Irán negociaban el destino del uranio enriquecido.
China advirtió a Estados Unidos que la cuestión de Taiwán representa el principal riesgo
El mes de mayo de 2026 puso de manifiesto que la cuestión de Taiwán no constituye únicamente un diferendo territorial, sino uno de los principales focos de riesgo para la estabilidad estratégica del Indo-Pacífico. A diferencia de otros desacuerdos vinculados al comercio o la tecnología, el estatus de la isla es percibido por ambas potencias como un asunto directamente vinculado a intereses de seguridad nacional, credibilidad estratégica y equilibrio regional.
En las semanas previas a la visita de Estado del presidente Donald Trump a China, las autoridades chinas intensificaron sus advertencias diplomáticas, reiterando que Taiwán representa la principal «línea roja» de la relación bilateral. Desde Beijing, el fortalecimiento de los vínculos militares y políticos entre Washington y Taipéi constituye una vulneración del principio de «Una sola China» y una interferencia en asuntos considerados internos.
La cumbre presidencial celebrada en Beijing, entre el 14 y el 15 de mayo, no produjo modificaciones formales en la política estadounidense hacia Taiwán, pero evidenció divergencias estratégicas de fondo. Durante el encuentro, Xi advirtió que una gestión inadecuada del asunto podría derivar en una situación de confrontación directa. Las declaraciones de Trump sobre el paquete de venta de armas aprobado por el Congreso, al describirlo como una posible herramienta de negociación con Beijing, generaron interrogantes sobre la solidez del compromiso estadounidense con la seguridad de la isla.
Esta incertidumbre tiene implicaciones concretas. La política de ambigüedad estratégica sostenida por Washington desde 1979 ha funcionado históricamente como mecanismo de disuasión dual, orientado a evitar tanto una declaración unilateral de independencia por parte de Taiwán como una acción militar de China. Sin embargo, cuando dicha ambigüedad comienza a interpretarse como dudas sobre la disposición estadounidense a sostener sus compromisos de seguridad, su capacidad estabilizadora se erosiona.
A ello se suman la demora en la formalización de nuevas transferencias de armamento y la presión que ejercen otros compromisos militares estadounidenses sobre la disponibilidad de recursos estratégicos. En paralelo, las discusiones internas en Taiwán respecto al gasto en defensa han introducido una dimensión adicional de incertidumbre sobre la preparación de la isla frente a escenarios de crisis.
De este modo, la expansión de capacidades militares chinas, las dudas sobre el alcance del respaldo estadounidense y las tensiones políticas en torno a la defensa taiwanesa configuran un entorno caracterizado por una creciente fragilidad estratégica. En ausencia de mecanismos sólidos de gestión de crisis y comunicación entre Washington y Beijing, el riesgo de errores de cálculo continúa siendo uno de los principales desafíos para la estabilidad regional.
Corea del Norte eliminó de su constitución todas las referencias a la reunificación con Corea del Sur
Durante mayo de 2026, Corea del Norte formalizó uno de los cambios doctrinales más significativos de las últimas décadas al eliminar de su Constitución todas las referencias a la reunificación con Corea del Sur. La reforma rompe con décadas de narrativa oficial basada en la existencia de una sola nación temporalmente dividida y consolida una visión estratégica que concibe a ambos Estados como entidades políticas separadas y potencialmente enfrentadas.
La modificación constitucional eliminó los principios históricos de reunificación pacífica y unidad nacional, e incorporó una definición territorial que delimita a Corea del Norte como un Estado diferenciado de la República de Corea. Aunque Pyongyang venía endureciendo su discurso hacia Seúl desde 2023, la incorporación de estos cambios al texto constitucional les otorga carácter permanente y tiene consecuencias para los umbrales de uso de la fuerza: elimina el marco normativo interno que hasta ahora condicionaba las acciones militares a una lógica de presión sobre un adversario considerado parte de la misma nación.
El elemento de mayor relevancia para el riesgo nuclear es la constitucionalización de la autoridad exclusiva de Kim Jong Un sobre el empleo de armas nucleares. Si bien el control personal del arsenal no constituye una novedad operativa, su incorporación al texto constitucional elimina ambigüedades sobre la cadena de mando y consolida la centralización de las decisiones estratégicas. Leída junto a la Ley sobre Política Estatal de Fuerzas Nucleares de 2022, que autorizó el uso preventivo ante amenazas al régimen, y con posteriores declaraciones oficiales sobre la posibilidad de empleo nuclear frente a Corea del Sur, la reforma fortalece un marco doctrinal con mayor discrecionalidad del liderazgo y condiciones de uso menos restrictivas.
En el plano convencional, el anuncio del despliegue de un nuevo obús autopropulsado de 155 mm con alcance superior a los 60 kilómetros en la frontera sur sitúa a Seúl y las principales concentraciones industriales de la provincia de Gyeonggi dentro del radio de acción del sistema. El despliegue simultáneo de destructores en el mar Amarillo amplía la presión hacia el entorno marítimo, donde la nueva redacción constitucional no delimita expresamente la Línea de Límite Norte, principal frontera marítima disputada entre ambas Coreas, manteniendo espacios de fricción potencial en futuras crisis.
La administración de Lee Jae Myung reafirmó una política de coexistencia pacífica y presentó un enfoque basado en la existencia de dos Estados, reconociendo implícitamente la nueva realidad política de la península sin abandonar el objetivo de una eventual reunificación. Sin embargo, esta posición ha generado debate interno sobre su compatibilidad con los principios constitucionales surcoreanos.
En términos de gobernanza nuclear regional, la reforma profundiza una tendencia caracterizada por la consolidación del programa nuclear norcoreano, la ausencia de mecanismos efectivos de gestión de crisis y el fortalecimiento de la cooperación militar entre Pyongyang y Moscú. Más que inaugurar una nueva estrategia, la reforma institucionaliza una trayectoria de confrontación que reduce los incentivos para la cooperación política y aumenta la dependencia de la disuasión como principal mecanismo de estabilidad en la península coreana.

El Secretario de Defensa Pete Hegseth declaró ante el Senado de presupuesto FY2027
Durante el segundo trimestre de 2026, la administración Trump consolidó una reorientación de la política de defensa estadounidense, centrado en la capacidad de respuesta frente a amenazas multidominio. Durante su comparecencia ante el Senado para presentar el proyecto presupuestario del año fiscal 2027 (FY2027), el secretario de Defensa, Pete Hegseth, situó la superioridad tecnológica como eje central de la seguridad nacional y de la capacidad disuasiva bajo la premisa operativa de «paz a través de la fuerza». La propuesta prioriza la expansión en la adquisición de armamento misilístico y el desarrollo del sistema de defensa antimisiles Golden Dome, concebido para neutralizar amenazas de saturación en un entorno de competencia estratégica prolongada.
No obstante, la solidez de esta planificación financiera se ha visto comprometida por la realidad del escenario en Medio Oriente. Los costos directos de la participación estadounidense en el conflicto con Irán han alcanzado los 29.000 millones de dólares, cifra que no solo impone una carga fiscal inmediata, sino que redistribuye partidas inicialmente destinadas a investigación y desarrollo hacia el sostenimiento de la postura de fuerza actual. La convergencia entre gasto operativo y ambición modernizadora plantea interrogantes estructurales sobre la capacidad de la base industrial de defensa para responder simultáneamente a ambas demandas, convirtiéndose así en el principal problema de gestión para el Pentágono.
Este dilema se expresa con mayor nitidez en las prioridades de adquisición. La reposición de inventarios de munición de precisión, acelerada por el ritmo operativo en el golfo Pérsico, compite directamente con la transición hacia plataformas de nueva generación, como el misil LGM-35 Sentinel y el bombardero B-21 Raider. La doctrina articulada por Hegseth asume la persistencia de conflictos regionales como variable permanente del entorno estratégico, lo que implica que la base industrial deberá sostener esfuerzos bélicos de alta intensidad mientras ejecuta, en paralelo, una renovación de largo alcance de sus capacidades estratégicas.
Si bien la integración de sistemas avanzados busca reducir los tiempos de respuesta ante escenarios de escalada rápida, el debate legislativo subyacente revela una creciente preocupación sobre el impacto de estos niveles de gasto en la resiliencia económica a largo plazo. En este sentido, la propuesta de Hegseth instituye un modelo en el que la defensa antimisiles y la resiliencia de la cadena de suministro se consolidan como pilares de la estabilidad estratégica, incluso a costa de una presión fiscal sostenida.

EE.UU. realiza un lanzamiento de prueba de un misil balístico intercontinental (ICBM) Minuteman III con capacidad nuclear
El 21 de mayo de 2026, la Fuerza Espacial de los Estados Unidos llevó a cabo desde la Base Vandenberg, en California, el segundo lanzamiento de prueba del año de un misil balístico intercontinental (ICBM) LGM-30G Minuteman III. El ejercicio consistió en el lanzamiento de un misil desarmado portador de un vehículo de reentrada hacia el área de impacto designada en el atolón Kwajalein, en las islas Marshall, con el objetivo de validar la confiabilidad y la preparación operativa del sistema en las condiciones actuales del entorno estratégico.
La realización periódica de estas pruebas cumple una doble función dentro de la arquitectura de disuasión nuclear estadounidense: verificar el estado técnico de los sistemas en activo y proyectar una señal de capacidad sostenida hacia potenciales actores adversarios. Este lanzamiento se produce en un momento de transición, dado que el Minuteman III está previsto que sea reemplazado gradualmente por el LGM-35 Sentinel, cuyo desarrollo avanza en paralelo con los compromisos operativos actuales.
Leído en el contexto del presupuesto FY2027, el ejercicio refleja una política de defensa que, aun bajo presión fiscal derivada de conflictos regionales en curso, mantiene la verificación de plataformas de alcance estratégico como componente irrenunciable de la postura nuclear. La capacidad de proyectar poder nuclear de forma controlada y verificable no constituye únicamente un indicador técnico: es el fundamento operativo sobre el que descansa la disuasión extendida de Washington frente a las dinámicas de escalada en Asia-Pacífico y otras regiones de interés estratégico.

Rusia planea desplegar operativamente el misil balístico intercontinental Sarmat a finales de 2026
Tras una prueba de lanzamiento exitosa desde el cosmódromo de Plesetsk, en la región de Arkhangelsk, con impacto registrado en el campo de pruebas de Kura, en la península de Kamchatka, Rusia anunció su intención de desplegar operativamente el misil balístico intercontinental (ICBM) Sarmat antes de que concluya 2026.
El RS-28 Sarmat —designado SS-29 Satan II en la nomenclatura de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN)— es un ICBM pesado de nueva generación diseñado para reemplazar al R-36M2 de origen soviético. Propulsado por combustible líquido, lo que le confiere mayor capacidad y versatilidad en el sistema de propulsión aunque eleva sus costos de mantenimiento, el sistema es lanzado desde silo y dispone de capacidad nuclear. Se estima que incorporará un conjunto de medidas para superar defensas antimisiles, que incluiría señuelos, contramedidas electrónicas, capacidad de bombardeo orbital fraccionado y vehículos de post impulso independiente IPBV, por sus siglas en inglés).
El cronograma de desarrollo acumula retrasos significativos respecto al calendario original previsto para 2020. A los elevados costos derivados de la complejidad constructiva del sistema se suma un historial de pruebas irregular: aunque los ensayos de 2022 resultaron exitosos, los dos años siguientes registraron fallos graves, incluyendo la destrucción del sitio de pruebas en el último de ellos.
El despliegue del Sarmat adquiere una dimensión estratégica particular en el contexto posterior a la expiración del New START, el último instrumento que limitaba los arsenales nucleares de Rusia y Estados Unidos en materia de ICBM terrestres, tubos de lanzamiento de SLBM y bombarderos pesados con capacidad nuclear. La desaparición de ese marco permite a Moscú sustituir los sistemas R-36M por los RS-28 en proporción de uno a uno, sin restricciones sobre el número de vectores que decida mantener en activo.
No obstante, subsisten dudas razonables sobre la capacidad rusa para materializar este despliegue en los plazos anunciados, dadas las dificultades técnicas acumuladas y las presiones presupuestarias derivadas del conflicto en Ucrania. La trayectoria del programa sugiere que el Kremlin podría redirigir recursos hacia otros vectores del proceso de modernización, como el vehículo hipersónico Avangard, en función de los avances relativos de cada sistema.
Rusia y Bielorrusia realizan ejercicios sobre la preparación y el uso de las fuerzas nucleares
Durante tres días, del 19 al 21 de mayo, Rusia y Bielorrusia llevaron a cabo ejercicios militares conjuntos dentro del territorio del último. Los ejercicios estuvieron orientados a entrenar el despliegue de armas nucleares tácticas y a fortalecer la preparación logística y operativa para emplear estos sistemas en distintas zonas de Bielorrusia.
La viabilidad de estas maniobras se sustenta en el despliegue previo de sistemas de misiles rusos en Bielorrusia: en 2023, Moscú desplegó misiles balísticos tácticos Iskander-M, con un alcance de hasta 500 kilómetros, y en diciembre de 2025 incorporó el sistema Oreshnik, un misil balístico hipersónico de alcance medio con capacidad de hasta 5.000 kilómetros. Ambos sistemas pueden transportar ojivas convencionales o nucleares.
Durante las maniobras, tropas rusas transportaron ojivas nucleares al sitio de ejercicios y las cargaron en los sistemas móviles de lanzamiento Iskander-M. Asimismo, se realizó el lanzamiento de un misil de crucero hipersónico 3M22 Zircón, capaz de alcanzar velocidades de hasta Mach 9 y con capacidad para portar ojivas nucleares.
Estos ejercicios se realizaron en un contexto de escalada entre Rusia y la OTAN. El viceministro de Asuntos Exteriores ruso, Sergei Ryabkov, señaló que el riesgo de confrontación directa entre ambas partes se percibe como crecientemente tangible. El Kremlin justificó los ejercicios como una necesidad de modernizar las fuerzas de la tríada nuclear —ICBM, submarinos de misiles balísticos y bombarderos estratégicos— en conformidad con la doctrina nuclear de la Federación Rusa, actualizada en 2024. Sin embargo, las maniobras pueden interpretarse también como una medida de disuasión dirigida específicamente a los aliados europeos de la OTAN, quienes han retomado el debate sobre capacidades nucleares propias ante la reorientación estratégica de Estados Unidos en el continente y el incremento de la presión militar rusa sobre el frente ucraniano.
Noruega acepta incorporarse al paraguas de disuasión nuclear de Francia
El 28 de mayo, Noruega se sumó a la iniciativa francesa de disuasión nuclear avanzada, en una decisión que consolida el papel de Francia como referente estratégico de la autonomía de defensa europea en un contexto de creciente incertidumbre sobre el compromiso de Estados Unidos con la seguridad del continente. El anuncio se produjo en París tras la firma de un acuerdo marco de defensa entre el presidente Emmanuel Macron y el primer ministro Jonas Gahr Støre, y reflejó que Oslo busca una segunda capa de protección estratégica sin desvincularse de la OTAN ni de la garantía nuclear estadounidense.
La fórmula francesa no replica el modelo de disuasión extendida de Estados Unidos. Introduce, en cambio, un esquema de disuasión avanzada mediante el cual los socios europeos se integran más estrechamente en la planificación estratégica francesa, en ejercicios conjuntos y, potencialmente, en despliegues temporales de activos aéreos con capacidad nuclear. Francia ha presentado esta arquitectura como un mecanismo para complicar los cálculos de cualquier adversario, particularmente en un entorno definido por la guerra en Ucrania, la presión militar rusa y la inquietud europea respecto a la fiabilidad futura de la protección estadounidense. Según el Gobierno noruego, el proceso involucra a Noruega y a otros nueve países europeos que examinarán de qué modo las capacidades nucleares francesas pueden contribuir a la seguridad y la disuasión en Europa.
Para Oslo, la decisión responde a una valoración concreta del entorno estratégico: el norte de Europa no puede depender de una única garantía de seguridad. Noruega es miembro de la OTAN, pero no pertenece a la Unión Europea, y mantiene una frontera ártica con Rusia, circunstancia que hace especialmente sensible cualquier modificación en su postura de disuasión. Støre subrayó que la situación de seguridad actual es la más grave desde la Segunda Guerra Mundial y defendió el acuerdo como un instrumento para incrementar la capacidad de respuesta y la coordinación ante escenarios de crisis. El Gobierno noruego precisó, al mismo tiempo, que no existen planes para estacionar armas nucleares en territorio noruego en tiempos de paz, preservando así el límite político interno sobre la presencia nuclear permanente. El resultado es una señal política inequívoca: Europa busca mayor profundidad estratégica, y Noruega ha optado por incorporar a Francia en esa arquitectura de seguridad.
Estados Unidos e Irán negocian el control de sus reservas de uranio altamente enriquecido
Estados Unidos e Irán continúan enfrentados respecto al destino del uranio iraní enriquecido al 60 %, cuyo volumen, verificado por el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) en 2025, se situaba en torno a los 408,6 kilogramos, constituyendo el elemento de mayor sensibilidad en el expediente nuclear bilateral. Washington ha dejado claro que no acepta que Irán conserve ese material bajo control propio, mientras Donald Trump sostiene que Estados Unidos terminará recuperándolo y procediendo a su eliminación verificable. La posición iraní es igualmente firme: el uranio debe permanecer en territorio nacional y cualquier solución pasa, como máximo, por una dilución local bajo supervisión internacional.
La negociación excede el componente técnico-nuclear. Según Reuters, el proceso está siendo mediado por Omán y otros canales regionales, con propuestas orientadas a estabilizar primero el cese al fuego y asegurar la navegación en el estrecho de Ormuz, antes de abordar las cuestiones de fondo sobre sanciones, activos congelados e inventario nuclear iraní. Teherán busca un acuerdo de alcance limitado que alivie la presión económica y le permita preservar márgenes de maniobra sin realizar concesiones irreversibles sobre su programa. Washington, por su parte, ha encuadrado el proceso como una operación de coerción diplomática: el objetivo declarado no es gestionar el programa iraní, sino neutralizarlo.
La arquitectura del diálogo refleja la fragilidad del momento. Teherán reclama garantías financieras, alivio de sanciones y estabilidad estratégica mínima; Washington exige que el material con mayor potencial proliferante quede excluido de cualquier acuerdo. Entre ambas posiciones, la posibilidad de una fórmula intermedia —dilución, custodia supervisada o traslado condicionado— permanece abierta, pero no resuelta. Fuentes del lado iraní consideran, además, que Teherán no cederá el control del uranio fuera de sus fronteras, postura que dificulta cualquier solución capaz de satisfacer simultáneamente a la Casa Blanca, a Israel y a los socios árabes del Golfo.

