Introducción
El Informe Global de Riesgo Nuclear (IGRN) establece una escala de alerta destinada a evaluar el grado de estabilidad estratégica internacional y la probabilidad de escalada hacia un conflicto nuclear. Cada nivel determina la frecuencia de monitoreo y la emisión de actualizaciones extraordinarias cuando la evolución del entorno lo requiera: DEFCON 5 (Estabilidad Alta), DEFCON 4 (Vigilancia Preventiva), DEFCON 3 (Inestabilidad Creciente), DEFCON 2 (Riesgo Elevado de Escalada) y DEFCON 1 (Crisis Nuclear).
El sistema de alerta se basa en una metodología estructurada de análisis estratégico que integra variables cuantitativas y cualitativas para estimar la probabilidad de escalada nuclear y el grado de estabilidad internacional. El modelo combina el monitoreo permanente, la evaluación comparativa y la revisión analítica. A continuación, se detallan las características correspondientes a cada nivel del Termómetro Global de Riesgo Nuclear:
- 🟢 Verde – DEFCON 5
IGRN: 0-20 | Estabilidad Alta
El orden estratégico internacional se mantiene estable, con un sistema de disuasión que continúa siendo eficaz y sin señales relevantes de escalada. Las relaciones entre las principales potencias se caracterizan por una relativa previsibilidad, no se registran crisis militares de gran magnitud y los tratados de control de armas permanecen vigentes o funcionales. En este contexto, la retórica nuclear es mínima, lo que refuerza un entorno global de estabilidad.
- 🔵 Azul – DEFCON 4
IGRN: 21-40 | Vigilancia Preventiva
Comienzan a surgir tensiones y eventos que requieren un seguimiento más atento, aunque el sistema internacional todavía se inclina hacia la estabilidad. Se observa un incremento de las fricciones geopolíticas, la realización de ejercicios militares sensibles y un progresivo endurecimiento del discurso entre actores relevantes. Estas dinámicas constituyen señales tempranas de una competencia estratégica en expansión, sin que ello implique todavía una ruptura significativa de los mecanismos de contención.
- 🟡 Amarillo – DEFCON 3
IGRN: 41-60 | Inestabilidad Creciente
El entorno internacional se torna más volátil, elevando el riesgo de errores de cálculo entre los principales actores. Se registran crisis regionales en las que participan directa o indirectamente potencias nucleares, junto con movilizaciones militares de relevancia que incrementan la tensión. Paralelamente, emergen amenazas explícitas o formas de coerción nuclear, mientras los mecanismos de confianza comienzan a debilitarse, reduciendo la previsibilidad del sistema estratégico.
- 🟠 Naranja – DEFCON 2
IGRN: 61-80 | Riesgo Elevado de Escalada
El sistema internacional ingresa en una fase de alta peligrosidad, en la que los mecanismos de disuasión comienzan a mostrar signos de tensión. Se registran hostilidades abiertas o inminentes, acompañadas por una preparación visible de fuerzas estratégicas o capacidades militares sensibles. Al mismo tiempo, se reduce el umbral de empleo nuclear y los canales diplomáticos se deterioran, limitando la capacidad de contención y elevando la probabilidad de una escalada rápida.
- 🔴 Rojo – DEFCON 1
IGRN: 81-100 | Crisis Nuclear
El sistema internacional alcanza un punto crítico, con una probabilidad extremadamente alta de empleo nuclear o con un evento de esta naturaleza ya en desarrollo. Se observan cambios formales o excepcionales en las posturas de alerta nuclear, junto con señales claras de preparación operativa para un posible uso de estas capacidades. En paralelo, se producen ataques contra infraestructuras críticas y se intensifica el riesgo de errores de cálculo o decisiones precipitadas, configurando el escenario de mayor peligro para la seguridad global.

Durante agosto de 2026, el escenario nuclear internacional evidenció una creciente presión sobre los mecanismos tradicionales de disuasión y control de armamentos. Diversos actores ajustaron sus posturas estratégicas ante un entorno marcado por la competencia entre grandes potencias, la modernización de capacidades y una creciente incertidumbre sobre la credibilidad de las garantías de seguridad. Estados Unidos evalúa ampliar el papel de las armas nucleares tácticas, mientras Alemania profundiza su cooperación estratégica con Francia y explora nuevas formas de contribuir a la arquitectura de disuasión europea. Paralelamente, Japón debate los límites de sus principios no nucleares, Corea del Norte refuerza la institucionalización de su postura nuclear y China enfrenta cuestionamientos sobre la transparencia de sus capacidades y pruebas de misiles. En conjunto, estos movimientos reflejan una tendencia hacia la adaptación de las estrategias de seguridad nuclear en un entorno internacional cada vez más competitivo e imprevisible.
El Pentágono evalúa una modificación de su estrategia nuclear
El Pentágono evalúa modificar su orientación sobre el empleo de armas nucleares, otorgando una mayor importancia a las capacidades tácticas de corto alcance en escenarios de conflicto regional. La iniciativa, impulsada por funcionarios como Elbridge Colby, subsecretario de Defensa para Política, parte de la preocupación de que una confrontación convencional con China o Rusia pueda escalar hasta alcanzar el umbral nuclear.
Desde una perspectiva estratégica, el debate busca ampliar las opciones disponibles entre una respuesta exclusivamente convencional y el empleo de armas nucleares estratégicas de largo alcance. Las capacidades tácticas, concebidas para emplearse contra objetivos militares específicos y de alcance más limitado, proporcionarían a Washington alternativas adicionales frente a escenarios de escalada regional, reduciendo su dependencia de una respuesta basada exclusivamente en fuerzas estratégicas.
La preocupación central expresada por Colby se relaciona con la posibilidad de que una guerra regional escape al control de las partes e incorpore un empleo limitado de armas nucleares. No obstante, la revisión en curso no implica, por sí misma, un abandono formal de la política nuclear estadounidense vigente. Esta discusión adquiere especial relevancia en el contexto de la expansión de las capacidades nucleares de China y de la considerable superioridad de Rusia en determinadas categorías de armas nucleares no estratégicas. Para Estados Unidos, el desafío consiste en preservar la credibilidad de su capacidad de disuasión frente a ambos competidores sin generar, al mismo tiempo, incentivos adicionales para una expansión simétrica de las capacidades nucleares tácticas.
La posible ampliación de estos sistemas también ha suscitado cuestionamientos externos. El analista militar chino Zhang Junshe sostuvo que Estados Unidos dispone de la capacidad tecnológica necesaria para desarrollar sistemas tácticos lanzados desde plataformas aéreas, terrestres y navales, aunque advirtió que una expansión de este tipo podría contribuir a una nueva dinámica de competencia armamentística.
En términos de seguridad internacional, el principal riesgo no reside únicamente en el aumento del arsenal, sino en la normalización doctrinal del empleo nuclear limitado. Una mayor integración doctrinal de opciones de empleo nuclear limitado podría modificar la percepción sobre la utilidad política y militar de estas armas durante una crisis. Aunque tales capacidades se conciban como instrumentos destinados a reforzar la disuasión y controlar la escalada, su creciente normalización dentro de los escenarios de respuesta podría aumentar el riesgo de que una confrontación convencional entre grandes potencias alcance el umbral nuclear.

China rechaza las críticas de EE. UU. sobre sus lanzamientos de misiles
La controversia en torno al lanzamiento por parte de China de un misil balístico desde un submarino nuclear evidenció que la creciente competencia estratégica entre Beijing y Washington se extiende también al ámbito de la gestión del riesgo nuclear. La prueba, realizada el 6 de julio desde el mar de la China Meridional hacia aguas internacionales del Pacífico, constituyó una demostración de la disuasión nuclear china. Si bien las autoridades chinas no identificaron oficialmente el modelo empleado, las evaluaciones disponibles apuntaron a un JL-2 o JL-3, ambos vinculados con la consolidación de la capacidad de segundo ataque de China, es decir, la posibilidad de mantener una respuesta nuclear tras un ataque inicial de un adversario. Más allá de sus características técnicas, el lanzamiento adquirió especial relevancia al constituir una demostración pública de sus fuerzas estratégicas marítimas en un contexto de intensa actividad militar en el Indo-Pacífico.
La principal controversia no se centró solo en el lanzamiento, sino en las condiciones bajo las cuales fue comunicado. Washington sostuvo que China notificó la prueba apenas unas horas antes y sin proporcionar información suficiente sobre sus características y trayectoria, una práctica que, según Estados Unidos, se situó por debajo de los estándares de transparencia adoptados por las demás potencias nucleares reconocidas por el Tratado sobre la No Proliferación de las Armas Nucleares (TNP). Esta crítica adquirió mayor relevancia debido a la ausencia de China del Código de Conducta de La Haya contra la Proliferación de Misiles Balísticos (HCOC), mecanismo que promueve notificaciones previas más amplias y estandarizadas. Desde esta perspectiva, el problema radicó en el sistema discrecional de notificación que limita la previsibilidad y aumenta el riesgo de errores de cálculo durante una crisis.
Beijing rechazó esta interpretación y presentó la notificación previa como una muestra de responsabilidad y buena voluntad. Las autoridades chinas acusaron a Estados Unidos de aplicar un doble estándar, señalando que Washington realiza regularmente pruebas de misiles estratégicos y posee un arsenal nuclear considerablemente superior. Asimismo, China sostuvo que, al no ser miembro del HCOC, no está obligada a cumplir sus disposiciones. La disputa se trasladó posteriormente a la Conferencia de Desarme en Ginebra, donde una declaración impulsada por Estados Unidos y respaldada por otros países cuestionó la insuficiencia de los mecanismos chinos de notificación. Beijing respondió calificando la iniciativa como una instrumentalización política de los mecanismos multilaterales de control de armamentos.
En consecuencia, se evidenció una divergencia más profunda sobre el significado de la transparencia estratégica. Mientras Estados Unidos y sus aliados buscan institucionalizar mecanismos de notificación que permitan reducir la incertidumbre sobre las capacidades y actividades nucleares chinas, Beijing considera que tales exigencias pueden utilizarse para obtener mayor información sobre su disuasión estratégica y limitar su modernización militar. Esta dinámica resulta particularmente preocupante en un contexto de expansión de las capacidades nucleares chinas y de estancamiento del diálogo bilateral sobre estabilidad estratégica. La ausencia de mecanismos mutuamente aceptados de reducción de riesgos mantiene un espacio significativo para la desconfianza y la interpretación errónea.
Japón reafirma los Tres Principios No Nucleares, pero deja abierta la revisión
Durante las ceremonias por el 81.º aniversario de los bombardeos atómicos de Hiroshima y Nagasaki, la primera ministra Sanae Takaichi afirmó que Japón “mantiene” los principios de no poseer, producir ni permitir la introducción de armas nucleares en su territorio, pero evitó comprometerse con su permanencia en los documentos estratégicos que serán revisados hacia finales de año. Takaichi ha señalado que no puede anticipar el resultado de la revisión ante un contexto de creciente presión sobre la seguridad del país. Esta ambigüedad no implica un abandono de la política no nuclear ni una intención de desarrollar un arsenal propio, sino la búsqueda de mayor margen de maniobra frente a las exigencias de la disuasión extendida estadounidense.
La presión para reconsiderar los principios se concentra especialmente en el tercero, que prohíbe la introducción de armas nucleares en territorio japonés. Debido a que Japón continúa dependiendo del paraguas nuclear estadounidense, la cuestión involucra la capacidad de Washington para proyectar su disuasión nuclear regional durante un conflicto. Esta tensión se ve agravada ante el deterioro del entorno estratégico del noreste asiático, marcado por el fortalecimiento de las capacidades nucleares de China y Corea del Norte y la creciente cooperación militar entre China y Rusia. En este contexto, sectores del Gobierno y del Partido Liberal Democrático consideran que mantener restricciones sobre el tránsito de armas nucleares estadounidenses podría reducir la flexibilidad necesaria para garantizar la credibilidad de la disuasión.
Sin embargo, la posibilidad de modificar los principios enfrenta un importante límite interno: el fuerte rechazo social hacia las armas nucleares. Un sondeo nacional citado por Kyodo News mostró que el 76 % de los encuestados respalda mantener los Tres Principios No Nucleares, mientras que el 77 % se opone a adoptar mecanismos de nuclear sharing que permitirían el estacionamiento de armas nucleares estadounidenses en Japón. Este respaldo resulta relevante debido a la experiencia histórica de Hiroshima y Nagasaki y a su vínculo con la identidad política y social japonesa. En consecuencia, cualquier modificación implicaría no solo una decisión estratégica, sino también un desafío para el consenso doméstico que ha sostenido la política nuclear japonesa durante décadas.
Una revisión del tercer principio podría fortalecer la credibilidad operativa de la disuasión estadounidense al ampliar las opciones disponibles para sus fuerzas nucleares en Asia Oriental. No obstante, también podría generar efectos adversos sobre la estabilidad regional si China y Corea del Norte interpretaran el cambio como una ampliación del papel militar de Japón y una mayor integración en la estrategia nuclear estadounidense. Asimismo, una flexibilización podría alimentar debates similares en Corea del Sur y reforzar las presiones a favor del nuclear sharing o incluso de capacidades nucleares propias. Por ello, el principal desafío para Tokio consiste en adaptar su postura de disuasión sin erosionar el consenso antinuclear que históricamente ha limitado la expansión de las armas nucleares en el país. La revisión de la política representa así un debate sobre los límites de la disuasión extendida en un entorno regional cada vez más nuclearizado.
Corea del Norte denuncia una creciente militarización nuclear de la península
Corea del Norte ha intensificado sus denuncias contra lo que considera una creciente militarización nuclear de la península, señalando como ejemplo la cooperación entre Corea del Sur y Estados Unidos para desarrollar submarinos de propulsión nuclear. Pyongyang sostiene que esta iniciativa ampliará las capacidades militares surcoreanas y contribuirá a una mayor inestabilidad regional, por lo que considera necesario el fortalecimiento de sus propias capacidades nucleares frente a las amenazas de sus adversarios, en aras de preservar su seguridad. Así, las denuncias de Pyongyang se inscriben en una dinámica de acción-reacción, en la que el fortalecimiento de las capacidades militares de una parte sirve para justificar nuevas capacidades de la otra.
La evolución de la postura surcoreana refuerza esta dinámica. El Gobierno de Lee Jae Myung se ha alejado de una estrategia centrada en la desnuclearización completa e inmediata de Corea del Norte y ha planteado, como primer objetivo, congelar el desarrollo de su programa nuclear mediante posibles concesiones recíprocas. Este cambio supone reconocer que exigir el desmantelamiento inicial del arsenal norcoreano ofrece pocas perspectivas de negociación mientras Pyongyang considere su condición nuclear como irreversible. A ello se suma una menor convergencia internacional en torno a la desnuclearización: Rusia ha rechazado explícitamente esta exigencia y China ha reducido su énfasis público en una península libre de armas nucleares. Asimismo, el Gobierno de Trump ha utilizado crecientemente la expresión “potencia nuclear” para referirse a Corea del Norte, aunque Washington no la haya reconocido formalmente como Estado nuclear.
Por otro lado, la reducción de la participación estadounidense en los ejercicios militares con Corea del Sur introduce una dimensión adicional de incertidumbre. Trump anunció una disminución sustancial de la presencia estadounidense en los ejercicios Ulchi Freedom Shield, argumentando que estas actividades resultaban costosas y enviaban una señal hostil a Pyongyang. Aunque los ejercicios continuaron y Seúl afirmó mantener la coordinación con Washington, la decisión afecta la percepción sobre la solidez de los compromisos de seguridad estadounidenses. Para Corea del Norte, una menor cooperación militar aliada puede ampliar su margen de acción; para Corea del Sur, refuerza la necesidad de desarrollar capacidades propias que compensen cambios en el apoyo estadounidense.
Estos cambios profundizan la dinámica de competencia militar en la península. La consolidación del arsenal norcoreano reduce los incentivos de Pyongyang para negociar su eliminación, mientras que la adaptación de Seúl hacia una estrategia de contención refleja la aceptación de una realidad nuclear cada vez más difícil de revertir. Al mismo tiempo, una menor participación estadounidense en los ejercicios puede generar incertidumbre sobre la credibilidad de la disuasión extendida y aumentar los incentivos surcoreanos para fortalecer sus capacidades convencionales y estratégicas. En este contexto, las denuncias norcoreanas sobre la militarización de la península no solo constituyen una herramienta de presión diplomática, sino también parte de un ciclo de percepciones de amenaza que puede favorecer una mayor acumulación de capacidades militares y elevar el riesgo de escalada durante una crisis.

Rusia aumenta la presión militar en las islas Kuriles
La visita del presidente Vladimir Putin a Iturup —conocida como Etorofu en Japón— a mediados de agosto reavivó la disputa territorial entre Moscú y Tokio por las islas Kuriles. La primera ministra japonesa, Sanae Takaichi, calificó la visita como “absolutamente inaceptable”, mientras que el Gobierno japonés presentó una protesta diplomática y reiteró su reclamo sobre los territorios, denominados Territorios del Norte en Japón. Moscú respondió defendiendo su soberanía sobre las islas y rechazando las objeciones japonesas. La controversia se produjo en un contexto de deterioro sostenido de las relaciones bilaterales y coincidió con ejercicios de gran escala de la Flota del Pacífico rusa en aguas cercanas.
La disputa se remonta al final de la Segunda Guerra Mundial, cuando la Unión Soviética tomó control de las cuatro islas meridionales, cuya soberanía Japón continúa reclamando. La falta de una solución territorial ha impedido que ambos países firmen formalmente un tratado de paz que cierre las hostilidades de la guerra. Para Japón, la cuestión trasciende la recuperación de territorio, pues las islas se encuentran frente a Hokkaido y están rodeadas de zonas marítimas de importante valor pesquero, mientras que su control ruso mantiene una presencia militar extranjera en las inmediaciones de su frontera norte. Para Moscú, su importancia es principalmente estratégica: su ubicación entre el mar de Ojotsk y el océano Pacífico contribuye a la defensa de las rutas y operaciones de la Flota del Pacífico y al control de los accesos a un espacio marítimo relevante para sus capacidades estratégicas.
La dimensión militar de la crisis se hizo más visible con las pruebas de misiles realizadas por Rusia cerca de las islas. La Flota del Pacífico empleó el crucero lanzamisiles Varyag, el submarino de propulsión nuclear Omsk y un sistema costero Bastion para efectuar lanzamientos contra objetivos navales simulados situados a más de 300 kilómetros. Japón sostuvo que el fortalecimiento de las capacidades militares rusas en las islas resulta incompatible con su posición territorial y reiteró su rechazo a las maniobras. Aunque la participación de un submarino de propulsión nuclear no implica que los ejercicios involucraran armas nucleares, las actividades evidencian la importancia de las Kuriles dentro de la postura militar rusa en el Pacífico.
A corto plazo, la escalada no parece anticipar un enfrentamiento directo entre Japón y Rusia. No obstante, la combinación de la reafirmación territorial de Moscú y el aumento de su actividad militar reduce aún más las posibilidades de reanudar negociaciones sobre las islas o avanzar hacia una normalización bilateral. Para Japón, la situación también se suma a un entorno de seguridad cada vez más complejo, en el que debe considerar simultáneamente la actividad militar de Rusia, la expansión de las capacidades chinas y la amenaza nuclear y misilística de Corea del Norte. En este sentido, las Kuriles continúan siendo más que una disputa territorial no resuelta: su creciente militarización refuerza su papel como un punto de presión estratégico en el noreste asiático y contribuye a consolidar una dinámica regional de mayor competencia militar.
Taiwán eleva su gasto militar ante la creciente presión de China
La presión militar de China sobre Taiwán ha llevado a Taipéi a ampliar su preparación más allá del fortalecimiento convencional de sus Fuerzas Armadas. Los ejercicios Han Kuang de 2026, los más extensos realizados hasta ahora, incorporaron escenarios destinados a responder a una posible invasión, incluidos ataques a posiciones militares, desembarcos, bloqueos marítimos y acciones contra infraestructura crítica. Las maniobras también contemplaron por primera vez medidas para enfrentar la interrupción de las comunicaciones móviles y se desarrollaron junto con ejercicios de defensa civil en distintas ciudades. De esta manera, Taiwán busca preparar una respuesta que no dependa exclusivamente de su capacidad militar, sino que permita mantener operativos los servicios esenciales y la capacidad de resistencia de la población ante una crisis prolongada.
Esta estrategia responde a la creciente presión ejercida por Beijing, que mantiene una presencia casi diaria de aeronaves y buques militares alrededor de la isla y no ha renunciado al uso de la fuerza para lograr su reunificación. La defensa de las islas Penghu ilustra esta lógica: su ubicación en el estrecho de Taiwán las convierte en un punto estratégico para dificultar el desplazamiento de una eventual fuerza de invasión hacia la isla principal. Por ello, Taiwán ha reforzado allí el despliegue de misiles antibuque, vehículos no tripulados y unidades militares, al tiempo que desarrolla programas de preparación y asistencia para la población local.
El fortalecimiento de esta estrategia se refleja en el aumento del gasto militar. El Gobierno de Lai Ching-te propuso elevar el presupuesto de defensa de 2027 en 18 %, hasta superar por primera vez los NT$1,1 billones, con recursos adicionales destinados principalmente a drones y misiles. El incremento se produce mientras Washington presiona a sus socios para asumir una mayor responsabilidad en su propia defensa y Taiwán busca reducir las vulnerabilidades que podrían ser explotadas durante una contingencia. No obstante, el aumento enfrenta obstáculos políticos internos: el Parlamento, dominado por la oposición, ha cuestionado algunas partidas y reducido previamente las solicitudes extraordinarias de gasto. La discusión muestra que el fortalecimiento militar de Taiwán depende de la capacidad del Gobierno para construir consenso interno sobre el nivel de amenaza.
La preparación taiwanesa puede contribuir a elevar el costo de una eventual acción militar china y, con ello, reforzar la disuasión. Sin embargo, también puede alimentar la dinámica de acción-reacción en el estrecho: el fortalecimiento de las capacidades defensivas de Taiwán puede ser interpretado por Beijing como una ampliación de la intervención externa o una aproximación a la independencia, incentivando nuevas medidas de presión militar. Esta dinámica adquiere mayor relevancia en un entorno donde las capacidades de China, Estados Unidos y sus aliados están estrechamente vinculadas y donde una crisis en Taiwán podría involucrar a varias potencias nucleares. Así, la preparación integral de Taiwán busca evitar que una amenaza potencial se convierta en una vulnerabilidad inmediata, pero al mismo tiempo refleja un entorno estratégico en el que la competencia militar aumenta los riesgos de escalada y de errores de cálculo.
Rusia intensifica los ataques con misiles balísticos contra Kiev en un contexto de cooperación militar con Corea del Norte
Durante agosto, la intensificación de los ataques rusos contra Kiev se produjo en paralelo al incremento de las operaciones ucranianas con drones contra infraestructura situada en territorio ruso. Aunque Moscú ha presentado sus ofensivas como represalias frente a estos ataques, su capacidad para mantener una elevada frecuencia de lanzamientos también está condicionada por la disponibilidad de sistemas de ataque y por las limitaciones de la defensa antiaérea ucraniana. En este contexto, la transferencia de misiles balísticos KN-23 por parte de Corea del Norte adquiere relevancia como un componente adicional de la capacidad rusa para sostener ataques contra objetivos ucranianos.
Desde julio, Volodímir Zelenski ha denunciado la insuficiencia de interceptores para hacer frente a los ataques con misiles balísticos dirigidos contra la capital. Durante los ataques registrados en agosto, las defensas ucranianas enfrentaron dificultades para interceptar los misiles balísticos y de crucero empleados por Rusia, aunque mantuvieron una mayor capacidad frente a los drones. La escasez de misiles Patriot constituye una limitación relevante para la protección de Kiev, debido al papel de estos sistemas en la defensa contra amenazas balísticas. Esta vulnerabilidad incrementa la importancia de la disponibilidad de interceptores y, al mismo tiempo, expone la dependencia ucraniana respecto del suministro occidental de capacidades de defensa aérea.
A esta presión se suma la ampliación de los recursos ofensivos rusos mediante la cooperación con Corea del Norte. Aunque Rusia ya había empleado misiles balísticos de origen norcoreano en el conflicto, la incorporación de los KN-23 resulta significativa porque evidencia una profundización de la cooperación militar entre Moscú y Pyongyang. Este sistema, clasificado como misil balístico de corto alcance y comparable en determinadas características con el Iskander ruso, amplía las opciones disponibles para realizar ataques de precisión contra objetivos situados a distancias relativamente cortas. Por tanto, su transferencia trasciende el suministro puntual de armamento y refleja una relación militar que abarca capacidades estratégicas más sensibles.
La cooperación entre Rusia y Corea del Norte adquiere especial relevancia para la estabilidad regional e internacional debido a la naturaleza nuclear de ambos Estados y al carácter cada vez más amplio de sus vínculos militares. Para Pyongyang, la transferencia de armamento proporciona recursos económicos, experiencia operacional y oportunidades para validar sus sistemas en un conflicto activo; para Moscú, permite complementar su capacidad de ataque y sostener la presión militar sobre Ucrania. Esta relación genera, además, un precedente de cooperación entre Estados nucleares que puede contribuir a la difusión de capacidades militares y tecnologías asociadas a sistemas balísticos.
De esta manera, el principal problema no reside únicamente en el empleo de los KN-23, sino en la consolidación de una cooperación militar que incrementa las capacidades de dos Estados con arsenales nucleares en un contexto de elevada confrontación internacional.
Rusia advierte sobre una mayor participación británica en el conflicto de Ucrania
El 18 de agosto, la Embajada rusa en Londres acusó al Gobierno británico de profundizar deliberadamente su participación en el conflicto, tras reportes sobre el empleo de drones fabricados por empresas británicas en ataques ucranianos de largo alcance contra objetivos situados en territorio ruso. Por su parte, el Ministerio de Defensa de Londres, reafirmó su compromiso de continuar proporcionando equipamiento militar a Kiev para defenderse de las agresiones rusas.. Más allá de la disputa diplomática, esta dinámica evidencia una ampliación progresiva del apoyo occidental desde el suministro de armamento hacia el desarrollo de capacidades ofensivas que pueden sostenerse dentro del propio territorio ucraniano.
Esta evolución forma parte de un esfuerzo europeo más amplio por fortalecer la capacidad militar de Ucrania. En julio, Kiev y Bruselas acordaron impulsar la producción conjunta de drones, mientras que Francia y Ucrania establecieron una hoja de ruta para avanzar en la producción de misiles de diseño francés en territorio ucraniano. Estas iniciativas reducen parcialmente la dependencia de Kiev respecto de las transferencias directas de armamento y permiten desarrollar una base industrial capaz de sostener las necesidades militares del conflicto a mediano plazo.
En este proceso, el Reino Unido autorizó la transferencia de tecnología clasificada vinculada con la fabricación de misiles SCALP en Ucrania. La medida permite a MBDA transferir información técnica reservada sobre componentes británicos de estos sistemas y facilita la coordinación entre Francia y Ucrania para avanzar en su producción local. Los SCALP y Storm Shadow pertenecen a la misma familia de misiles de crucero de lanzamiento aéreo y constituyen capacidades relevantes para ataques de largo alcance. Por ello, la transferencia tecnológica no solo incrementa la disponibilidad potencial de estos sistemas, sino que contribuye a desarrollar capacidades ucranianas para producir y mantener armamento avanzado dentro del país.
Desde la perspectiva rusa, el principal elemento de preocupación reside en la progresiva incorporación de capacidades ofensivas occidentales a la estructura militar ucraniana. La combinación de producción local, transferencia tecnológica y apoyo europeo puede prolongar la capacidad de Ucrania para realizar ataques de largo alcance, mientras Rusia podría percibir esta evolución como una amenaza creciente a su seguridad. Esta interacción incrementa el riesgo de escalada entre Rusia y los Estados occidentales, particularmente si los ataques sobre territorio ruso involucran capacidades cuya procedencia o apoyo extranjero sea cada vez más directa.
Pakistán asumió la presidencia de la Conferencia de Desarme de la ONU
El 17 de agosto, Pakistán asumió la presidencia de la Conferencia de Desarme de las Naciones Unidas (CD) en Ginebra, responsabilidad que mantendrá hasta el cierre de la sesión anual, previsto para el 11 de septiembre. El embajador Tahir Hussain Andrabi encabeza las reuniones y deberá conducir las negociaciones sobre el informe anual de la Conferencia y su correspondiente resolución ante la Primera Comisión de la Asamblea General. La presidencia adquiere relevancia debido a que la CD constituye el principal foro multilateral de negociación sobre desarme y control de armamentos, aunque su capacidad para producir acuerdos es limitada dada la necesidad de consenso entre sus miembros.
El debate abarca siete cuestiones centrales: a) desarme nuclear y finalización de la carrera armamentística; b) prevención de una guerra nuclear; c) prevención de una carrera de armamentos en el espacio; d) garantías de seguridad para Estados no nucleares; e) nuevas armas de destrucción masiva; f) programa integral de desarme; y g) transparencia en materia de armamentos. La amplitud de esta agenda refleja la diversidad de riesgos que actualmente enfrenta el régimen internacional de desarme, pero también dificulta establecer prioridades comunes entre Estados con intereses estratégicos divergentes.
Uno de los principales obstáculos continúa siendo la ausencia de consenso entre las potencias sobre las prioridades del régimen de control de armamento. Durante el segmento de alto nivel de 2026, Estados Unidos planteó la necesidad de incorporar a China a futuros mecanismos de control estratégico, mientras Pekín y Moscú defendieron enfoques diferentes sobre estabilidad estratégica y seguridad internacional.
Islamabad respalda acuerdos jurídicamente vinculantes sobre garantías negativas de seguridad y la prevención de una carrera armamentística en el espacio, pero mantiene objeciones a un tratado sobre materiales fisibles que únicamente prohíba su producción futura sin considerar los arsenales existentes. Esta postura refleja una preocupación por la asimetría que podría generar un acuerdo que limite la producción futura sin abordar las existencias acumuladas, cuestión particularmente sensible para Pakistán debido a su competencia estratégica con India.
En este contexto, la presidencia pakistaní enfrenta el desafío de mantener operativa la agenda negociadora de la CD en un entorno caracterizado por la competencia entre potencias nucleares y la dificultad para alcanzar compromisos sobre nuevas categorías de armamento. El principal desafío para Islamabad será preservar la capacidad negociadora de la Conferencia en un sistema internacional cada vez más fragmentado.

La OTAN evalúa ubicar capacidades nucleares estadounidenses en el Este de Europa
El 27 de agosto, el viceministro de Defensa polaco, Paweł Zalewski, confirmó en Bruselas que Polonia no desea albergar ojivas nucleares en su territorio. La posición establece un límite frente a las especulaciones surgidas durante los últimos meses sobre una posible ampliación del despliegue nuclear estadounidense hacia el flanco oriental de la OTAN. No obstante, el rechazo al estacionamiento permanente de armas nucleares no supone un distanciamiento de Varsovia respecto de la disuasión nuclear aliada.
Polonia busca incrementar su participación en la estructura de disuasión de la Alianza mediante el fortalecimiento de sus capacidades convencionales, el entrenamiento de aeronaves de doble capacidad y una mayor presencia militar estadounidense. En este marco se inscribe el compromiso de Washington de desplegar 5.000 efectivos adicionales en territorio polaco. Esta combinación permitiría a Varsovia aumentar su capacidad de respuesta frente a Rusia sin asumir los costos políticos y estratégicos asociados al estacionamiento de ojivas nucleares.
El anuncio generó, sin embargo, una disputa política interna. La oficina del presidente Karol Nawrocki cuestionó al Gobierno por cerrar la posibilidad de recibir armamento nuclear aliado, argumentando que mantener abierta esa opción podría reforzar la disuasión frente a Rusia. La divergencia evidencia que, dentro de Polonia, existe una discusión sobre hasta qué punto la credibilidad de la disuasión estadounidense requiere una presencia nuclear más visible en el flanco oriental de la Alianza.
El episodio se inscribe en una discusión más amplia sobre el futuro de la arquitectura de seguridad europea. El debate estadounidense sobre una mayor flexibilidad en el empleo de capacidades nucleares y las propuestas para que los aliados europeos asuman una mayor responsabilidad en la defensa convencional están modificando el reparto de cargas dentro de la OTAN. En este contexto, la posición polaca representa una fórmula intermedia: mayor contribución nacional y presencia estadounidense, pero sin transformar el territorio polaco en un nuevo emplazamiento nuclear permanente.
Moscú reaccionó el 30 de agosto. El embajador ruso Andrey Belousov acusó a Washington de considerar Europa como un potencial campo de batalla nuclear y advirtió sobre los riesgos asociados con una eventual reducción del umbral de empleo de armas no estratégicas. Esta reacción muestra que incluso cambios en la distribución de capacidades convencionales y en los mecanismos de participación aliada pueden ser interpretados por Rusia dentro de una lógica de competencia nuclear.
El dilema para Varsovia consiste en fortalecer la credibilidad de la disuasión frente a Rusia sin introducir una presencia nuclear permanente que pueda aumentar las percepciones de amenaza y los incentivos para una respuesta militar. La posición polaca no elimina la dimensión nuclear de la estrategia aliada, pero busca gestionarla mediante una mayor integración convencional y operativa dentro de la OTAN.
Alemania se suma a la iniciativa francesa “Forward deterrence” y estudia invertir en el Programa Trident del Reino Unido
Alemania está profundizando su cooperación estratégica con Francia y explorando posibles formas de contribuir al sostenimiento de la disuasión nuclear británica asociada al programa Trident. No obstante, Berlín ha precisado que no existen negociaciones formales sobre una financiación directa del programa, por lo que esta posibilidad permanece en una fase exploratoria. La diferencia respecto de la cooperación franco-alemana es significativa: mientras esta última ya contempla mecanismos concretos de integración militar, la eventual participación alemana en el componente británico todavía no constituye un compromiso político o financiero.
El acercamiento entre París y Berlín presenta un carácter más avanzado. En julio, ambos gobiernos acordaron desarrollar una cooperación estratégica destinada a coordinar capacidades convencionales, defensa antimisiles, ataque de precisión y disuasión nuclear. El acuerdo contempla la participación convencional alemana en ejercicios vinculados con las capacidades nucleares francesas. Esta fórmula permite a Alemania contribuir a la arquitectura de disuasión europea sin desarrollar ni adquirir armas nucleares propias.
El primer paso operacional se produjo con el despliegue de un Rafale de las Fuerzas Aéreas Estratégicas francesas en la base alemana de Nörvenich, seguido de la previsión de una participación alemana en un ejercicio nuclear francés. La iniciativa, denominada “forward deterrence” en el debate estratégico europeo, busca fortalecer la capacidad de los aliados para responder de manera coordinada ante escenarios de escalada y reforzar la credibilidad de la disuasión europea mediante una mayor integración de capacidades.
La posible cooperación con Londres ampliaría esta arquitectura. Entre las opciones planteadas se encuentran un eventual apoyo financiero e industrial al programa Trident y contribuciones convencionales, como sistemas de defensa aérea destinados a proteger instalaciones vinculadas al arsenal británico en Faslane.
Al no ser un proceso de nuclearización, Berlín mantiene sus obligaciones en virtud del Tratado sobre la No Proliferación de las Armas Nucleares y continúa participando en el sistema de disuasión nuclear de la OTAN. Asimismo, el acuerdo franco-alemán establece que la cooperación europea complementará, y no sustituirá, la disuasión estadounidense y los mecanismos nucleares de la Alianza.
En consecuencia, el cambio más significativo es doctrinal y político: Alemania comienza a asumir un papel más activo en la construcción de una arquitectura europea de disuasión multinacional sin poseer armas nucleares propias. La combinación de capacidades convencionales, industriales y políticas alrededor de los arsenales francés y británico podría diversificar los pilares europeos de la disuasión, aunque también incrementa la necesidad de coordinación entre aliados y de una definición clara de sus respectivas funciones durante una crisis.

