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Ucrania en el Centro de la Disputa Geopolítica: Poder, Identidad y Estrategia Rusa

Virginia Belen Goitea. Estudiante Relaciones Internacionales y Ciencia Política, Universidad de Palermo, Argentina.

Goitea, V. (21 de abril, 2025). Análisis del conflicto en el borde oriental de Europa. Centro de Estudios Estratégicos de Relaciones Internacionales (CEERI). URL: https://www.ceeriglobal.org/ucrania-en-el-centro-de-la-disputa-geopolitica-poder-identidad-y-estrategia-rusa

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Introducción

A pesar de las constantes turbulencias globales —desde la guerra en Siria hasta la crisis migratoria europea—, la tensa situación en Ucrania, iniciada a finales de 2013, ha permanecido en el foco de la política internacional. Los acontecimientos derivados, como el fenómeno Euromaidán que condujo al cambio de régimen en Kiev en 2014, la anexión de Crimea por parte de Rusia y el conflicto armado en la frontera ucraniano-rusa, han planteado cuestiones fundamentales sobre la geopolítica, la seguridad internacional y la identidad colectiva.

Este artículo analiza cómo las políticas coercitivas adoptadas por Rusia en Ucrania no solo han afectado la estabilidad regional, sino que también han reafirmado una profunda división geopolítica que es percibida como “la continuación en nuevas formas de lo que solía llamarse el conflicto Este-Oeste” (Kravchenko, 2016, p. 3). Se examina la dualidad de la postura rusa: su defensa del pluralismo normativo internacional frente a su intervención coercitiva en su esfera de influencia inmediata.

Dinámicas de coerción y contienda normativa en el corazón de Europa

I. La Anexión de Crimea como Medida de Política Exterior Coercitiva

La política exterior rusa en 2014 demostró una voluntad estratégica clara mediante el uso coercitivo de la fuerza militar. La anexión de Crimea fue una operación que se ejecutó con velocidad y movilidad, y ha sido calificada como una forma decisiva de utilizar la fuerza militar imponente para lograr fines políticos (Kofman et al., 2017). La acción se vio favorecida por una serie de circunstancias únicas y altamente favorables, incluyendo la geografía confinada de la península, la proximidad a Rusia y la existencia de la Flota del Mar Negro.

Desde la perspectiva de Moscú, este acto fue el «regreso de Crimea a Rusia en marzo de 2014» (Sakwa, 2015, p. 13). Sin embargo, esta acción de fuerza contrasta con la postura tradicional de Rusia en el sistema global, donde se ha distinguido como un crítico vocal y variado de la intervención militar liderada por Occidente, defendiendo estrictamente la soberanía estatal y la no intervención según los principios de la Carta de la ONU. La anexión y posterior intervención en Ucrania ilustran, por lo tanto, la discreción selectiva que Rusia ejerce sobre los principios de soberanía dentro de su espacio de influencia inmediata, en aparente contradicción con su retórica global.

II. Imperativos de Identidad y Seguridad: La Centralidad de Ucrania

La formulación de la política rusa hacia Ucrania se define por la interdependencia entre los imperativos de seguridad estratégica y una profunda afinidad civilizatoria e identitaria de la nación, lo que da lugar a una compleja mezcla de pragmatismo e irracionalismo en la toma de decisiones del Kremlin.

Desde esta perspectiva, Ucrania ostenta una relevancia capital para Moscú, pues es vista como un asunto de supervivencia para Rusia, un enfoque que se ve reforzado por el hecho de que ambas naciones comparten un legado histórico y civilizatorio que se extiende a lo largo de un milenio. El liderazgo ruso se proyecta como una potencia profundamente conservadora, cuyos actos buscan mantener el orden global existente o, alternativamente, impulsar una estructura internacional más inclusiva y universal.

El conflicto también puso de manifiesto la dicotomía interna desde la perspectiva rusa. Por un lado, una “Ucrania monista” (identificada con el nacionalismo, la rusofobia y la herencia de la tradición occidental) y, por otro, una “Ucrania pluralista” (que representaba el deseo de las regiones rusófonas de institucionalizar aspiraciones como el reconocimiento del idioma ruso como segunda lengua y una distribución federal del poder). No obstante, esta distinción se revela tensa con la realidad: los separatistas en el Donbás, descritos como “pluralistas” y que adoptaron el emblema de la cinta de San Jorge, fueron, en realidad, organizados y dirigidos por figuras como un teniente coronel del GRU (Dirección Principal de Inteligencia del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas de Rusia), lo que demostró que se trataba de nacionalistas rusos regulares. Esto evidencia una contradicción entre la justificación ideológica de Moscú y la naturaleza de su intervención.

III. Dinámicas Operacionales Actuales y Degradación Estratégica

El conflicto en Ucrania, habiendo evolucionado a una confrontación a gran escala, se define actualmente por operaciones militares continuas y un enfoque estratégico orientado a la degradación de la capacidad del adversario. Moscú busca la ventaja táctica mediante la mejora de las posiciones en el frente —como en la zona de Donetsk y Fedorivka— y el aislamiento de agrupaciones ucranianas. Esta estrategia se apoya en una concepción del conflicto basada en la precisión operativa y en la neutralización de infraestructuras clave, como depósitos de municiones, centros de mando y nudos logísticos, con el objetivo de debilitar la capacidad ofensiva ucraniana y limitar su margen de maniobra.

Estas acciones no solo persiguen la ventaja operativa, sino que buscan disminuir la capacidad operativa de combate de Kiev y, consecuentemente, restringir su potencial para llevar a cabo ofensivas. Esta fase del conflicto, que se extiende al territorio ruso a través de ataques con drones y misiles contra regiones como Bélgorod y Crimea, subraya que las amenazas no se limitan a la periferia. 

A pesar de la estrategia rusa contemporánea, la organización militar que la sustenta es, en gran medida, un vestigio de la segunda mitad del siglo XX. Estructuralmente, es percibida como una versión reducida y notablemente deteriorada del ejército soviético. No obstante, las fuerzas rusas se enfocan en mantener un equilibrio constante entre enfrentar los desafíos militares históricos y las amenazas emergentes. Dentro de este marco, la disuasión contra un enfrentamiento de alta intensidad con Occidente sigue siendo una estrategia clave, la cual está respaldada por la centralidad de las armas nucleares en la doctrina rusa, vistas como el instrumento de seguro definitivo para la seguridad de la nación.

Conclusión: El Nuevo Orden Fracturado y la Resistencia Rusa

La crisis ucraniana ha redefinido el panorama global, consolidando la resistencia de Rusia a un orden internacional percibido como hegemonista y trazando una fractura continental permanente que evoca la histórica rivalidad Este-Oeste.

Esta postura estratégica se sostiene en una profunda incoherencia: Moscú defiende el orden legal pluralista y la soberanía estatal a nivel global para contener la influencia occidental, pero al mismo tiempo ejerce una coerción discrecional en su periferia inmediata, justificando la intervención como un asunto de supervivencia identitaria. La realidad en el terreno, sin embargo, demostró que esta retórica enmascaró la participación de operativos y nacionalistas, exponiendo la tensión entre el discurso oficial y la intervención militar.

Desde una perspectiva geopolítica, el conflicto evidencia el declive en la capacidad de las potencias occidentales para dictar los resultados estratégicos y el momento de las guerras. Esto subraya la lección fundamental para la próxima década: la amenaza más grave no es la inestabilidad de baja intensidad, sino el riesgo de una confrontación de alta intensidad contra adversarios fijos como Rusia y China, un escenario que se proyecta como el principal desafío estratégico.

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Este es un artículo de opinión. Las opiniones y contenido no reflejan o representan necesariamente la postura del CEERI como institución.

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