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Informe N°9 | 22 de junio al 05 de julio de 2026

Grupo de Investigación de Paz y Seguridad Internacionales.

Gonzalo Gabriel Dinamarca – Coordinador del Grupo de Investigación de Paz y Seguridad Internacional.
Redactor de Situación Militar y Operacional; y Situación Económica y Energética.

Geri Giselle Lopez – Redactora de Situación Político y Diplomática.

Ivanna Duvara – Redactora de Situación Humanitaria y Social.

Hillary Samanta Villegas Gómez – Editora.

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Introducción 

El estallido del conflicto armado directo entre Estados Unidos e Israel contra Irán transformó una tensión diplomática en una confrontación bélica de consecuencias impredecibles. Tras fracasar las negociaciones sobre el programa nuclear y misilístico iraní, la orden de Donald Trump del 28 de febrero de 2026 de iniciar la “Operación Furia Épica” (la mayor movilización militar desde 2003 contra Irak), coordinada con la “Operación Rugido de León” de Israel, marcó el inicio de una guerra abierta. Los ataques contra instalaciones estratégicas provocaron una respuesta inmediata de Teherán con la “Operación Promesa Verdadera 4”.

Este informe analiza la escalada militar del conflicto, el papel de aliados regionales como los países europeos y los Estados árabes, y el impacto potencial sobre la población civil y los mercados energéticos globales.

El Grupo de Investigación en Paz y Seguridad Internacional del CEERI busca contribuir a una comprensión integral del conflicto mediante el seguimiento y el análisis sistemático de cuatro dimensiones clave: 1) militar y operacional; 2) política y diplomática; 3) humanitaria y social; y 4) económica y energética.

  • Situación Militar y Operacional

Esta dimensión del informe se enfoca en analizar y cuantificar la Escala de Magnitud de las Operaciones (EMO) en el conflicto entre Estados Unidos e Irán, priorizando el “cuántos y qué” se dispara/lanza y “desde dónde” (plataformas), más que la mera intención política. Se aplica un marco técnico y cuantificable que cubre los dominios convencionales (aéreo, terrestre y naval) e integra operaciones especiales y cibernéticas como factores de impacto estratégico.

Se evalúa campañas de supresión aérea, ataques de precisión, defensa en profundidad, guerra de enjambre y minado de chokepoints, además de incursiones limitadas y protección de bases. También incorpora acciones de sabotaje o saturación cibernética. El objetivo es medir volumen, intensidad, capacidad de respuesta y evolución de la confrontación en todos los dominios.

  • Situación Político y Diplomática

Esta dimensión del informe analiza y evalúa cómo las declaraciones diplomáticas y las alianzas externas emitidas por actores directos y externos (Estados) condicionan o hacen evolucionar el conflicto entre Estados Unidos e Irán, incluyendo las manifestaciones de organismos internacionales, en particular el OIEA, la OPEP y la OIC.

Su medición se basa en la Matriz de Evolución Política (MEP), un índice mixto (cualitativo y cuantitativo) que determina si el entorno internacional tiende a mitigar o a agravar la confrontación. Se examinan, por tanto, los esfuerzos orientados a las conversaciones de paz, a las mediaciones y a las declaraciones de los actores afectados por el conflicto. Asimismo, se identifican los obstáculos y retos que dificultan el logro de un cese del fuego o de un acuerdo de paz.

  • Situación Humanitaria y Social

Esta dimensión evalúa el impacto sobre la población civil y el cumplimiento del Derecho Internacional Humanitario (DIH) en el conflicto entre Estados Unidos e Irán. Emplea un Índice de Degradación Humanitaria (IDH) que sintetiza el costo humano y el riesgo jurídico internacional para medir el deterioro, identificar tendencias y estimar la probabilidad de sanciones o responsabilidades penales.

Se registran víctimas civiles (fallecidos y heridos) y desplazamientos forzados, tanto internos (incluidos movimientos hacia los montes Zagros) como externos hacia Turquía, Irak y Pakistán. También examina daños a la infraestructura crítica (electricidad, agua, hospitales y telecomunicaciones) y posibles violaciones del DIH, incluido el trato a prisioneros conforme a los Convenios de Ginebra.

  • Situación Económica y Energética

Esta dimensión actúa como análisis del motor de presión global del conflicto, afectando especialmente a la economía mundial a través del Estrecho de Ormuz, por donde circula aproximadamente el 20% del petróleo mundial. Para evaluar si la crisis permanecerá de carácter regional o se transformará en un shock energético global con efectos inflacionarios y financieros, se emplea el Índice de Shock Económico (ISE).

Se analizarán las variables, de cantidad de buques comerciales; porcentaje de desvíos de ruta (por ejemplo, circunnavegación por el sur de África) y los costos asociados a posibles interrupciones; y el incremento de la volatilidad en los precios de los commodities energéticos, en particular del petróleo (Brent/WTI) y del gas natural licuado (GNL).

Dimensión Indicador Operacionalizado Intensidad del Conflicto
1. Dimensión Militar y Operacional Operaciones Terrestres + Aéreas + Navales + Especiales 🟡Media Intensidad
2. Dimensión Político y Diplomática Actores directos + Actores Externos + ORG Inter 🟡Media Intensidad
3. Dimensión Humanitaria y Social  Víctimas y Desplazados + Infraestructura Crítica + Violaciones al DIH 🔴Extrema Intensidad
4. Dimensión Económica y Energética Cantidad de Buques Comerciales + Desvío de Tránsito + Commodities Energéticas 🟠Alta Intensidad

SITUACIÓN MILITAR Y OPERACIONAL

Dimensión Militar y Operacional
Variable Puntaje individual Puntaje total Intensidad
Terrestre 🟠Magnitud Alta (155) 510 🟡Media Intensidad
Aérea 🟠Magnitud Alta (163)
Naval 🟡Magnitud Baja (71)
Especial 🟡Magnitud Baja (121)

 

Caza F-35 Adir de israel con bombas de 2000 libra.

El período comprendido entre el 22 de junio y el 5 de julio de 2026, estuvo marcado por una intensa actividad militar pese a los esfuerzos diplomáticos para sostener el alto el fuego. En el dominio terrestre, Israel consolidó su presencia en el sur del Líbano mediante la destrucción de túneles, el control de alturas estratégicas y operaciones contra Hezbollah. En el ámbito aéreo, Estados Unidos ejecutó bombardeos contra infraestructura militar iraní tras ataques con drones y misiles dirigidos contra buques y bases regionales, mientras Israel mantuvo su campaña aérea sobre Líbano y Siria. En el dominio naval, el estrecho de Ormuz continuó siendo el principal foco de tensión por ataques a la navegación comercial y despliegues navales. Paralelamente, el ciberespacio registró ataques contra infraestructuras críticas, campañas de espionaje, guerra electrónica y operaciones de desinformación, consolidándose como un escenario estratégico clave del conflicto.

Operaciones Terrestres

El teatro de operaciones terrestres en el sur del Líbano evolucionó de enfrentamientos de baja intensidad hacia una campaña sostenida de desgaste convencional, pese a la vigencia de los acuerdos de alto el fuego promovidos por Estados Unidos. Mientras la diplomacia avanzaba, las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) y Hezbollah mantuvieron operaciones tácticas destinadas a consolidar posiciones, degradar capacidades militares y preservar la iniciativa sobre el terreno.

El 22 de junio se registraron los primeros enfrentamientos entre patrullas israelíes y células de infiltración próximas a Ali al-Taher, donde murieron dos militares israelíes. Paralelamente, el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán (CGRI) reforzó discretamente la coordinación defensiva de Hezbollah en Maroun al-Ras. Al día siguiente, las operaciones se concentraron en Nabatieh al-Fawqa, donde fuego de ametralladoras pesadas y cañones de carros de combate neutralizó presuntas amenazas armadas, lo que evidenció el empleo de fuego directo para controlar corredores tácticos.

El 24 de junio Israel anunció que mantendría una presencia prolongada en la franja de seguridad del sur libanés. Ese mismo día, drones armados ejecutaron ataques de precisión contra vehículos sospechosos de transportar equipos de reconocimiento, mientras patrullas terrestres incrementaban las tareas de vigilancia e interdicción. El 25 de junio el conflicto adquirió características de combate urbano cuando tropas de la 91.ª División fueron emboscadas en Bint Jbeil mediante granadas de fragmentación y fusiles de asalto. La respuesta combinó fuego de artillería y operaciones de francotiradores para eliminar posiciones de Hezbollah.

El 26 de junio las FDI consolidaron el control de la cresta de Ali al-Taher mediante ingenieros de combate y unidades especializadas Yahalom, lo que selló los accesos a complejos subterráneos de mando y depósitos de armamento. Un día después, milicias de Hezbollah emplearon drones kamikaze contra instalaciones estadounidenses en Baréin, mientras Israel intensificó ataques de artillería y aviación sobre posiciones próximas a Nabatieh, lo que reflejó la ampliación regional del conflicto.

Una de las operaciones de mayor envergadura del período tuvo lugar el 28 de junio, con la demolición controlada de un extenso sistema de túneles en Majdal Zoun. La infraestructura, utilizada para almacenar armamento avanzado y lanzar drones, fue destruida mediante explosivos colocados por zapadores israelíes tras asegurar físicamente el terreno. Simultáneamente, fueron atacados centros de mando de Hezbollah, lo que redujo su capacidad de coordinación táctica.

Los días 29 y 30 de junio predominaron ataques con artefactos explosivos improvisados (AEI), fuego de morteros y patrullajes mecanizados. La visita del primer ministro Benjamín Netanyahu al castillo de Beaufort confirmó que Israel condicionaría cualquier repliegue al desarme efectivo de Hezbollah, lo que reforzó el objetivo estratégico de mantener una zona de amortiguamiento permanente.

Entre el 1 y el 5 de julio continuaron los intercambios de fuego con ametralladoras, morteros de 120 mm, drones de reconocimiento y helicópteros AH-64 Apache en apoyo cercano. Las FDI destruyeron camiones con municiones, depósitos de cohetes antitanque, búnkeres y posiciones fortificadas mediante ataques de precisión, mientras unidades blindadas Merkava proporcionaban apoyo directo a las operaciones terrestres. Paralelamente, en Irak se registraron enfrentamientos entre el Servicio Antiterrorista y Kata’ib Hezbollah evidenciaron que las redes logísticas del denominado Eje de la Resistencia continuaban operando más allá del frente libanés.

En términos estratégicos, el período analizado confirmó una campaña israelí orientada a eliminar la infraestructura subterránea, controlar las principales alturas tácticas —como Ali al-Taher y el castillo de Beaufort— y transformar el terreno mediante demoliciones e ingeniería militar. Por su parte, Hezbollah mantuvo una estrategia de desgaste basada en emboscadas, AEI, morteros, drones y acciones de baja visibilidad destinadas a preservar su capacidad de combate, al tiempo que evitaba comprometer el proceso diplomático impulsado por Irán y Estados Unidos.

Operaciones Aéreas

Aunque las negociaciones impulsadas por Pakistán y Qatar buscaron consolidar un alto el fuego, la actividad militar aérea continuó mediante acciones de disuasión, ataques selectivos y demostraciones de fuerza destinadas a preservar la iniciativa estratégica sin provocar una escalada inmediata.

El 22 de junio, la apertura de conversaciones técnicas en Suiza redujo temporalmente los enfrentamientos directos entre Washington y Teherán, aunque la tregua solo afectó a las operaciones cinéticas. Estados Unidos mantuvo patrullas aéreas de combate (CAP) sobre el golfo Pérsico, mientras el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán (CGRI) redistribuyó lanzadores móviles Fateh-110 y mantuvo ocultos sus sistemas antiaéreos Khordad-15 y S-300PMU2, con una doctrina de supervivencia basada en emisiones de radar pasivas para evitar la detección por plataformas estadounidenses de inteligencia electrónica.

El 24 de junio la confrontación se trasladó al dominio electromagnético: aviones de guerra electrónica EA-18G Growler, desplegados desde el portaaviones USS Gerald R. Ford, interfirieron redes de radar y de navegación en el estrecho de Ormuz, mientras Irán activó brevemente sus radares móviles para detectar aeronaves estadounidenses antes de volver a ocultarlos, con el fin de evitar convertirse en objetivo de misiones de supresión de defensas aéreas (SEAD).

Al día siguiente, Irán recurrió a su estrategia de presión marítima mediante un dron kamikaze contra el portacontenedores M/V Ever Lovely. El ataque provocó daños limitados, pero deterioró la percepción de seguridad del tráfico marítimo regional y obligó a suspender operaciones de tránsito de buques comerciales en la zona. La respuesta estadounidense llegó el 26 de junio: aeronaves F-15E Strike Eagle y F/A-18E Super Hornet destruyeron depósitos de drones y estaciones de radar costeras iraníes mediante municiones guiadas aire-tierra.

El 27 de junio constituyó el momento de mayor intensidad del período. Tras un nuevo ataque iraní con drones contra el petrolero M/T Kiku, Estados Unidos ejecutó una amplia campaña de bombardeos con bombarderos furtivos B-2 Spirit, apoyados por cazas de ataque, contra radares, centros de comunicaciones, depósitos de minas navales y almacenes de drones en la isla de Qeshm, entre otras posiciones estratégicas. Irán respondió con una salva coordinada de misiles balísticos Fateh-110 y Zolfaghar, combinados con drones de ataque, contra bases estadounidenses en Kuwait y Baréin. Los sistemas Patriot PAC-3 y THAAD interceptaron numerosos proyectiles, aunque la saturación permitió que varios misiles alcanzaran la base de Ali al-Salem, lo que causó graves daños a hangares e infraestructura logística y evidenció la eficacia de combinar vectores de distinta velocidad y perfil de vuelo para sobrecargar las defensas antimisiles.

Entre el 28 de junio y el 5 de julio la intensidad disminuyó, aunque persistieron operaciones puntuales: Estados Unidos concentró sus esfuerzos en patrullas aéreas, reconocimiento estratégico con MQ-9 Reaper, rotación de aeronaves dañadas y refuerzo de despliegues con F-35A, mientras Irán reubicó sistemas S-300, dispersó lanzadores móviles de misiles antibuque CM-302 y Ghadir, e incrementó sus patrullas aéreas con Su-35 y F-4 Phantom.

En un frente distinto, Israel mantuvo durante todo el período una campaña aérea independiente contra Hezbollah. El 23 de junio bombardeó posiciones de la organización en el sur del Líbano mediante aeronaves de combate apoyadas por drones de reconocimiento Hermes 900, que evadieron intentos de intercepción gracias a contramedidas electrónicas. Los ataques continuaron el 26 de junio y se extendieron hasta el 5 de julio a objetivos en el Líbano y Siria mediante cazas, helicópteros de ataque y drones armados, lo que confirmó la continuidad de la campaña israelí al margen de las negociaciones diplomáticas.

Operaciones Navales

El dominio marítimo se mantuvo como uno de los principales escenarios de confrontación entre Estados Unidos, sus aliados e Irán. Aunque el Memorándum de Entendimiento (MoU), firmado el 17 de junio, buscó reducir las hostilidades y restablecer la navegación comercial en el estrecho de Ormuz, las operaciones navales continuaron mediante acciones de coerción, demostraciones de fuerza y ataques selectivos, lo que evidenció la persistencia de una guerra híbrida centrada en el control de las líneas de comunicación marítima (Sea Lines of Communication, SLOC).

El 22 de junio, la emisión de una licencia estadounidense para reanudar temporalmente las exportaciones petroleras iraníes y la apertura de un canal de comunicación entre el Comando Central (CENTCOM) y las autoridades navales iraníes redujeron la tensión inmediata. Ese mismo día, Irán y Omán coordinaron medidas para facilitar el tránsito comercial, lo que permitió el paso de decenas de buques por Ormuz, aunque ambas partes mantuvieron sus despliegues navales para preservar la capacidad de reacción ante un eventual incumplimiento del acuerdo.

Al día siguiente, la llegada al golfo de Omán de una agrupación británica y alemana especializada en guerra contra minas reforzó las capacidades occidentales para proteger los corredores marítimos, con plataformas de desminado, vehículos submarinos autónomos, sonares especializados y escoltas antiaéreas, lo que reflejó la creciente preocupación por el empleo iraní de minas navales como herramienta de negación de acceso (A2/AD).

El 24 de junio, el volumen de navegación comercial alcanzó niveles no registrados desde el inicio del conflicto. Mientras Estados Unidos impulsaba la normalización del comercio energético, la Fuerza Naval del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI-N) insistía en someter todo tránsito a sus mecanismos de identificación, en línea con su pretensión de regular el tránsito marítimo.

La situación cambió el 25 de junio, cuando un dron kamikaze iraní impactó contra el portacontenedores M/V Ever Lovely, con daños en la superestructura de mando. Ese mismo día, lanchas rápidas del CGRI-N obligaron mediante amenazas por radio a varios buques mercantes a abandonar el corredor de seguridad respaldado por Occidente, en una combinación de drones de bajo costo y embarcaciones rápidas que evidenció la aplicación de la doctrina iraní de guerra de enjambre.

Como respuesta, el 26 de junio cazas F-16 estadounidenses ejecutaron ataques de precisión contra depósitos de misiles, drones, radares e instalaciones logísticas del CGRI-N en Sirik y la isla de Qeshm, lo que llevó a la Organización Marítima Internacional (OMI) a suspender temporalmente su plan de evacuación de personal civil embarcado, en un contexto de deterioro de las condiciones de seguridad.

El 27 de junio, un nuevo dron iraní alcanzó al superpetrolero M/T Kiku, mientras otra oleada fue lanzada hacia Baréin. La Quinta Flota estadounidense interceptó la mayoría de los aparatos, aunque fragmentos de los interceptores provocaron daños en zonas urbanas. Posteriormente, CENTCOM respondió con una segunda campaña de bombardeos contra posiciones iraníes, destruyendo lanzadores, infraestructura de minado y centros logísticos.

El 28 de junio, Irán lanzó misiles balísticos y drones contra instalaciones estadounidenses en Baréin y Kuwait. Los sistemas Patriot PAC-3, junto con interceptores navales SM-2, neutralizaron todos los proyectiles antes de que alcanzaran sus objetivos, lo que evidenció la eficacia del sistema de defensa aérea integrada. Ese mismo día ambas partes acordaron una tregua táctica.

Entre el 29 de junio y el 5 de julio, la intensidad disminuyó, aunque continuó la competencia estratégica: Estados Unidos reforzó el teatro con el grupo anfibio encabezado por el USS Boxer y la 11.ª Unidad Expedicionaria de Marines, mientras Irán reforzó sus posiciones costeras con misiles antibuque C-802, drones kamikaze y operaciones de interferencia satelital (GPS spoofing).

En conjunto, el período confirmó que el conflicto evolucionó hacia una campaña de desgaste marítimo donde la superioridad tecnológica occidental convivió con la eficacia de las tácticas asimétricas iraníes, y que el control del estrecho de Ormuz continuó siendo el principal factor estratégico para la seguridad energética internacional.

Operaciones Especiales

El conflicto mantuvo una importante dimensión en el ciberespacio. Entre el 22 y el 24 de junio predominaron las operaciones de reconocimiento, ciberespionaje y campañas de desinformación. Estados Unidos e Israel concentraron sus esfuerzos en el monitoreo de instalaciones nucleares iraníes y de redes industriales de supervisión, control y adquisición de datos (SCADA), mientras que actores vinculados al Ministerio de Inteligencia y Seguridad de Irán (MOIS) y al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) ejecutaron campañas de phishing, robo de credenciales, ataques de denegación de servicio distribuido (DDoS) e intrusiones contra entidades académicas, financieras y gubernamentales, con el propósito de recopilar inteligencia sin generar daños significativos.

Del 25 al 28 de junio se produjo la fase de mayor intensidad. Grupos como Cavern Manticore emplearon malware tipo wiper, ataques a la cadena de suministro mediante plataformas de gestión remota (RMM) y herramientas desarrolladas en .NET para infiltrarse en organismos públicos israelíes. A su vez, Handala combinó filtraciones masivas de información, campañas de influencia y sabotajes digitales. En el plano táctico se registraron interferencias GPS en el estrecho de Ormuz, guerra electrónica contra más de un centenar de embarcaciones, y ataques contra radares, sistemas SCADA, puertos, redes eléctricas, hospitales, refinerías, plataformas energéticas y centros logísticos. Estas operaciones fueron acompañadas por acciones cinéticas —entre ellas, ataques contra instalaciones militares, infraestructura naval y bases del CGRI—, lo que integró capacidades convencionales y cibernéticas orientadas a degradar el mando y control adversario.

Entre el 29 de junio y el 5 de julio la actividad evolucionó hacia una fase de consolidación y espionaje estratégico. Las agencias occidentales divulgaron indicadores técnicos para neutralizar la infraestructura de Cavern Manticore, mientras que operaciones conjuntas desmantelaron plataformas utilizadas para ocultar tráfico de comando y control. En respuesta, Irán intensificó los ataques contra banca, telecomunicaciones, redes energéticas, sistemas de pago, refinerías y comunicaciones diplomáticas, además de emplear guerra electrónica, interferencias satelitales, secuestro de señales de drones y campañas de desinformación basadas en inteligencia artificial y contenidos audiovisuales manipulados (deepfakes). 

Si bien la intensidad disminuyó respecto del pico registrado el 28 de junio, las operaciones mantuvieron una presión constante sobre infraestructuras críticas, logística militar y cadenas de suministro, lo que confirmó que el dominio cibernético se consolidó como el principal escenario de competencia estratégica durante el período posterior al cese del fuego.

SITUACIÓN POLÍTICA Y DIPLOMÁTICA

Dimensión Política y Diplomática
Variable Puntaje individual Puntaje total Intensidad
Actores Directos 🟡Avance Menor (+1) +7 🟡Media Intensidad
Estados Europeos 🟡Avance Menor (+1)
Estados Mulsumanes 🟡Avance Menor (+1)
Pakistán y Turquía 🟢 Avance Mayor (+2)
Grupos Pro-iraníes 🟠 Retroceso Menor (-1)
Rusia y China 🟡Avance Menor (+1)
Otros actores externos 🟡Avance Menor (+1)
ORG Internacional 🟡Avance Menor (+1)

 

El ministro de Exteriores de Omán, Sayyid Badr Albusaidi en una reunión con la delegación iraní liderada por el portavoz del Parlamento, Mohammad Baqer Qalibaf, el 23 de junio de 2026 en Mascate, capital de Omán.

Entre el 22 de junio y el 5 de julio de 2026, el conflicto entre Estados Unidos e Israel contra Irán evolucionó hacia una etapa de desescalada condicionada, caracterizada por la combinación de esfuerzos diplomáticos y episodios de tensión que evidenciaron la fragilidad del alto el fuego. 

Durante este período, Washington y Teherán retomaron las negociaciones indirectas con la mediación de Qatar y Pakistán para avanzar hacia un acuerdo definitivo, mientras persistieron desacuerdos sobre el programa nuclear iraní, la seguridad del estrecho de Ormuz y la influencia regional de Irán. Al mismo tiempo, diversos actores externos —entre ellos los Estados europeos, los países árabes del Golfo, Pakistán, Turquía, Qatar, Rusia, China, organizaciones internacionales y grupos pro iraníes— desempeñaron un papel activo al respaldar, condicionar o influir en el proceso negociador. En conjunto, estas dinámicas configuraron un escenario orientado hacia la búsqueda de estabilidad regional, aunque aún marcado por importantes obstáculos para consolidar una paz duradera.

ACTORES INTERNOS

Tras la primera ronda de conversaciones celebrada en Suiza, el vicepresidente estadounidense, J. D. Vance, informó avances significativos en las negociaciones y sostuvo que Irán aceptaría reanudar la cooperación con el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), lo que facilitaría el ingreso de inspectores internacionales en el marco del régimen de salvaguardias. En la misma línea, el Departamento del Tesoro emitió una licencia temporal que autorizó la producción y comercialización de petróleo iraní como parte de las medidas destinadas a respaldar el proceso negociador y garantizar la seguridad del tránsito marítimo en el estrecho de Ormuz.

En paralelo, Washington desplegó una intensa actividad diplomática en el golfo Pérsico. El secretario de Estado, Marco Rubio, inició una gira por los Emiratos Árabes Unidos, Kuwait y Baréin para presentar a los aliados regionales el acuerdo preliminar alcanzado con Teherán y coordinar posiciones con el Consejo de Cooperación del Golfo (CCG). Asimismo, el gobierno estadounidense reiteró que el respaldo iraní a Hezbollah constituiría uno de los asuntos centrales de las negociaciones hacia un acuerdo definitivo y rechazó cualquier posibilidad de que Irán ejerciera controles o cobros sobre el tránsito internacional en el estrecho de Ormuz.

No obstante, mientras avanzaban los contactos diplomáticos, persistieron episodios de presión militar. El 27 de junio, el Comando Central de los Estados Unidos (CENTCOM) confirmó una nueva ronda de ataques contra objetivos militares iraníes, argumentando que Teherán había incumplido el alto el fuego al interferir nuevamente con el transporte marítimo comercial en el estrecho de Ormuz. Entre el 30 de junio y el 1 de julio, Washington mantuvo abiertas las vías de diálogo mediante nuevas negociaciones indirectas en Doha, con la mediación de Qatar y Pakistán, centradas principalmente en la seguridad del estrecho de Ormuz y el desbloqueo de activos iraníes congelados. Posteriormente, Estados Unidos coordinó con los países del CCG una nueva serie de sanciones financieras contra la red de financiamiento de Hezbollah, lo que reforzó, a su vez, la presión sobre los aliados regionales de Irán.

Por su parte, la retórica israelí respondió a la coyuntura de la negociación: el primer ministro, Benjamín Netanyahu, afirmó que las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) continuarían neutralizando las amenazas procedentes de Hezbollah mediante la destrucción de su infraestructura militar y el mantenimiento de la zona de seguridad establecida en el sur del Líbano, al considerar que dichas operaciones seguían siendo necesarias para garantizar la seguridad nacional israelí.

En ese sentido, se emplearon nuevos mecanismos para que las delegaciones israelí y libanesa iniciaran una nueva ronda de negociaciones, cuya agenda contempló inicialmente cuestiones militares y, de forma paulatina, aspectos políticos relacionados con la estabilización de la frontera común. Asimismo, Israel anunció el aplazamiento de operaciones militares de mayor intensidad contra Irán tras la entrada en vigor del alto el fuego promovido por Estados Unidos, decisión que fue respaldada públicamente por el presidente Donald Trump, quien aseguró que el gobierno israelí respetaría el cese de hostilidades. Hacia el final del período, Trump mostró disposición a reunirse con Netanyahu con el propósito de coordinar la evolución de las conversaciones y de la situación regional en el ámbito diplomático, lo que evidenció la continuidad de la coordinación política y estratégica entre ambos gobiernos.

En cuanto a la postura iraní, luego de la primera ronda de negociaciones celebrada en Suiza, el ministro de Relaciones Exteriores, Abbas Araqchi, señaló que se habían alcanzado avances importantes en el proceso de negociación y destacó los avances vinculados con el alivio de restricciones económicas, la flexibilización de las exportaciones petroleras y la reconstrucción del país. Sin embargo, las autoridades iraníes aclararon que el programa nuclear no había sido objeto de nuevas concesiones y precisaron que cualquier cooperación con el OIEA continuaría únicamente conforme a la legislación nacional y a las decisiones del Consejo Supremo de Seguridad Nacional.

Días después, Teherán anunció la creación de cuatro grupos de trabajo dedicados al levantamiento de sanciones, el programa nuclear, la reconstrucción económica y la implementación de los acuerdos alcanzados. Complementariamente, el presidente Masud Pezeshkian exigió el cumplimiento íntegro de los compromisos asumidos por ambas partes y advirtió que las declaraciones realizadas al margen del memorando de entendimiento dificultaban el avance del proceso diplomático, en línea con el fortalecimiento de los mecanismos de negociación establecidos con Washington.

Hacia el día 116.º de iniciado el conflicto, Irán confirmó la reapertura del tránsito comercial por el estrecho de Ormuz y reiteró que sus capacidades defensivas, es decir, su programa de misiles, no formarían parte de las negociaciones con Estados Unidos. En ese mismo sentido, luego de declarar el fin de la guerra con Israel y afirmar que los ataques israelíes no habían logrado destruir su infraestructura nuclear, el gobierno iraní endureció nuevamente su discurso frente a Washington: sostuvo que el programa de misiles, las capacidades de drones y el control del estrecho de Ormuz constituían umbrales estratégicos no negociables para la seguridad nacional. 

Tras los ataques estadounidenses del mismo día, el CGRI advirtió que respondería a cualquier nueva agresión, mientras que el Ministerio de Relaciones Exteriores condenó las operaciones militares por considerar que vulneraban tanto la Carta de las Naciones Unidas como el memorando de entendimiento suscrito recientemente entre ambos países. Ello evidenció la persistente fragilidad del proceso de negociación. Para el 1 de julio, Irán reanudó las negociaciones indirectas en Doha —iniciadas previamente por Washington—, centradas en la gestión del estrecho de Ormuz y el desbloqueo de activos financieros, sin incorporar aún la cuestión nuclear como eje principal del diálogo.

ESTADOS EUROPEOS

La actuación europea en este período se caracterizó, en su mayoría, por un bajo nivel de pronunciamientos públicos. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, fue la primera autoridad europea en manifestarse al calificar el alto el fuego como un paso importante para restablecer la estabilidad en Medio Oriente, instar a Irán a participar de manera creíble en las negociaciones sobre su programa nuclear y reafirmar el respaldo de la Unión Europea a una solución basada en el diálogo y los mecanismos diplomáticos.

De manera similar, el 25 de junio, el canciller alemán, Friedrich Merz, acogió favorablemente el llamamiento del presidente estadounidense, Donald Trump, a implementar un alto el fuego secuencial entre Israel e Irán, al considerar que su cumplimiento podría representar un avance significativo para la estabilización regional tras los ataques estadounidenses contra las instalaciones nucleares iraníes.

ESTADOS MUSULMANES DEL GOLFO ARÁBIGO Y MEDIO ORIENTE

Varios Estados musulmanes y árabes del Golfo desempeñaron un papel orientado a respaldar los esfuerzos de desescalada y preservar la estabilidad regional, con especial énfasis en la seguridad del estrecho de Ormuz y en el proceso de negociación en el Líbano.

Al inicio de la decimoséptima semana del conflicto, Omán reafirmó su compromiso con la libertad de navegación en el estrecho de Ormuz al sostener reuniones con la delegación iraní encabezada por Mohammad Baqer Qalibaf y el ministro de Relaciones Exteriores, Abbas Araqchi. En ese contexto, las autoridades omaníes defendieron el tránsito marítimo seguro y sin restricciones conforme al derecho internacional y, a su vez, coordinaron con la Organización Marítima Internacional (OMI) el establecimiento de un corredor marítimo temporal destinado a garantizar la circulación de embarcaciones comerciales por esta vía estratégica.

En la misma jornada, el presidente del Líbano, Joseph Aoun, calificó como decisiva la nueva ronda de conversaciones con Israel respaldada por Estados Unidos, al considerar que podría contribuir a consolidar un acuerdo de paz, pese a la persistencia de incidentes militares en territorio libanés. Para el 28 de junio, el presidente del Parlamento libanés, Nabih Berri, manifestó su rechazo a la implementación del acuerdo en los términos propuestos, al cuestionar las disposiciones relativas al mantenimiento de presencia israelí en el sur del Líbano.

Por otro lado, Jordania condenó los ataques atribuidos a Irán contra Baréin y Kuwait, al calificarlos como una vulneración de la soberanía de ambos Estados y una amenaza para la estabilidad regional, y expresó además su respaldo a las medidas adoptadas por ambos gobiernos para preservar su seguridad. Ese mismo día, Irán y Omán celebraron en Mascate la primera reunión del Comité Conjunto de Ormuz, en la que ambas delegaciones examinaron los mecanismos previstos en el memorando de entendimiento para la gestión del estrecho y reforzaron la coordinación entre los Estados ribereños con el propósito de garantizar la navegación y el ejercicio de sus derechos soberanos.

PAKISTÁN, TURQUÍA Y QATAR

Pakistán y Qatar se reafirmaron como los principales facilitadores del proceso de negociación entre Estados Unidos e Irán. Después de la primera ronda de conversaciones celebrada en Suiza, ambos países anunciaron que las delegaciones habían acordado una hoja de ruta para alcanzar un acuerdo definitivo en un plazo de sesenta días, así como la creación de un Comité de Alto Nivel encargado de proporcionar supervisión política e impulsar nuevas conversaciones técnicas. En ese mismo contexto, el primer ministro de Pakistán, Shehbaz Sharif, calificó el desarrollo de las negociaciones como positivo y destacó los avances alcanzados para estructurar el mecanismo de diálogo entre ambas partes.

Posteriormente, Islamabad y Doha informaron sobre la creación de un mecanismo de supervisión destinado a vigilar el cumplimiento del cese de las operaciones militares en el Líbano conforme al memorando de entendimiento suscrito previamente. Aunque el mecanismo fue concebido para fortalecer el proceso de implementación del acuerdo, su funcionamiento inicial se desarrolló sin la participación directa de Israel y de Hezbollah.

Por otro lado, el 2 de julio, el ministro de Relaciones Exteriores de Turquía, Hakan Fidan, endureció la posición de Ankara frente a Israel al sostener que el gobierno israelí buscaba un nuevo escenario de confrontación regional y al advertir que Turquía respondería si percibía amenazas contra sus intereses nacionales o regionales. Estas declaraciones evidenciaron el deterioro de las relaciones entre ambos países en un contexto marcado por los enfrentamientos entre Israel e Irán.

GRUPOS PRO IRANÍES

Entre el 27 y el 29 de junio, los principales actores no estatales alineados con Irán reafirmaron su respaldo político a Teherán, aunque evitaron adoptar medidas que pudieran comprometer el proceso de negociación en curso. Por su parte, Hezbollah condenó los ataques efectuados por Estados Unidos e Israel al calificarlos como una vulneración del derecho internacional y sostuvo que el denominado Eje de la Resistencia permanecía preparado para responder en caso de que Israel reanudara sus operaciones militares. Sin embargo, el 29 de junio evitó anunciar una intervención directa y priorizó la continuidad de las negociaciones impulsadas por Qatar y Pakistán.

De manera similar, los hutíes de Yemen condenaron la presencia militar estadounidense en el Golfo y advirtieron que cualquier nueva acción militar contra Irán podría provocar una ampliación del conflicto a escala regional. Además, reiteraron su respaldo al liderazgo iraní y mantuvieron una postura de apoyo político y estratégico hacia Teherán durante el proceso de desescalada.

RUSIA Y CHINA

Rusia y China respaldaron los esfuerzos diplomáticos dirigidos a consolidar el proceso de desescalada entre Estados Unidos e Irán y defendieron una solución negociada para la crisis regional. El ministro de Relaciones Exteriores de China, Wang Yi, celebró el inicio de las conversaciones de seguimiento del memorando de entendimiento suscrito entre Washington y Teherán, al considerar que su implementación contribuiría a consolidar el alto el fuego y favorecer una nueva etapa para las relaciones bilaterales. De igual forma, reafirmó el respaldo de Pekín a la soberanía e integridad de Irán, manifestó su apoyo al fortalecimiento de los vínculos entre Teherán y los Estados del Golfo y expresó la disposición de China a contribuir, mediante mecanismos diplomáticos, al restablecimiento de la estabilidad en Medio Oriente.

Días después, el 2 de julio, Rusia instó a Estados Unidos e Irán a avanzar hacia un acuerdo jurídicamente vinculante que permitiera resolver de manera definitiva la crisis bilateral. El subsecretario del Consejo de Seguridad ruso, Aleksandr Venedíktov, expresó el respaldo de Moscú al memorando de entendimiento alcanzado entre ambas partes, aunque subrayó que la consolidación de una solución duradera requería compromisos con validez jurídica. Asimismo, destacó que Rusia mantenía canales permanentes de comunicación con las autoridades iraníes, incluso durante los momentos de mayor tensión registrados en el golfo Pérsico.

ORGANIZACIONES INTERNACIONALES

Durante el período de seguimiento, las organizaciones internacionales desempeñaron un papel relevante en el proceso de desescalada mediante iniciativas orientadas a fortalecer la cooperación técnica, promover la solución diplomática del conflicto y preservar la estabilidad energética internacional. En primer lugar, el OIEA informó avances para el retorno de los inspectores internacionales y confirmó que Irán aceptó reanudar parcialmente la cooperación técnica con el organismo, lo que contribuyó al restablecimiento de los mecanismos de supervisión sobre su programa nuclear.

En segundo lugar, la Organización de Cooperación Islámica (OCI) manifestó su preocupación por el riesgo de una expansión regional del conflicto y expresó su respaldo a los esfuerzos de mediación en curso. También instó a las partes a respetar el derecho internacional, incluidas las normas del derecho internacional humanitario, y reiteró la necesidad de proteger a la población civil y evitar ataques contra instalaciones nucleares de carácter civil.

Por último, la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) acordó incrementar la producción de crudo al constatar una recuperación gradual del tránsito marítimo en el estrecho de Ormuz tras la disminución de las hostilidades. El organismo señaló que continuaría monitoreando la evolución del mercado petrolero internacional y mantendría la coordinación entre los Estados productores para contribuir a la estabilidad del suministro energético.

SITUACIÓN HUMANITARIA Y SOCIAL

Dimensión Político y Diplomática
Variable Puntaje individual Puntaje total Intensidad
Víctimas y Desplazados 🔴Gravedad Extrema (-3) (-3) 🔴Extrema Intensidad
Infraestructura Crítica 🟠Gravedad Alta (-2)
Violaciones al DIH 🔴Gravedad Extrema (-3)

 

TEHRAN, IRAN - JUNE 12: People from Tehran province gather in support and allegiance to Iranian Supreme Leader Mojtaba Khamenei, while holding Iranian flags and images of both the new and former leaders of Iran, on June 12, 2026 at Palestine Square in Tehran, Iran. (Photo by Majid Saeedi/Getty Images)

El balance humanitario correspondiente al período comprendido entre el 21 de junio y el 5 de julio de 2026 registra una agudización de la crisis humanitaria en Medio Oriente. Las hostilidades provocaron un número elevado de víctimas civiles y desplazamientos forzados masivos, especialmente como consecuencia de los ataques aéreos en Gaza y del fuego transfronterizo en el sur del Líbano y Siria. En paralelo, se constató la degradación de infraestructura crítica, incluidos complejos tecnológicos en Irán, nodos energéticos en Qatar y redes eléctricas en el Líbano. Estos hechos evidencian graves transgresiones al Derecho Internacional Humanitario (DIH), al afectar directamente asentamientos de personas desplazadas, zonas residenciales urbanas y servicios esenciales protegidos.

Víctimas y Desplazados

El período comprendido entre el 21 de junio y el 5 de julio de 2026 registró una persistencia crítica en los niveles de afectación humanitaria y en las alteraciones demográficas derivadas del conflicto en Medio Oriente. La continuidad de las hostilidades sobre áreas densamente pobladas se tradujo en pérdidas de vidas civiles, heridos y desplazamientos forzados de magnitud diferenciada según el vector geográfico.

La Franja de Gaza concentró el mayor volumen de víctimas civiles y de personas desplazadas del ciclo de monitoreo. El 22 de junio, un ataque contra un vehículo en el sector de Al-Rimal causó la muerte de civiles y dejó heridos entre quienes acudieron a prestar auxilio inicial. Dos días después, el colapso de un minarete durante labores de demolición ejecutadas por las FDI provocó la muerte de un contratista civil vinculado a las fuerzas israelíes. La situación se agravó el 27 de junio, cuando ataques contra asentamientos provisionales de población desplazada obligaron a procesos de evacuación secundaria a gran escala, forzando a numerosas familias a desplazarse por segunda o tercera vez dentro del enclave. El punto de mayor letalidad se registró el 29 de junio en Al-Mawasi (Jan Yunis): un ataque contra un área de tiendas de campaña dejó un saldo mínimo de ocho civiles muertos (incluidos dos menores de edad) y más de 40 heridos, mientras que un ataque adyacente en Jan Yunis se cobró la vida de cinco civiles adicionales ese mismo día. Hacia el cierre del período, el uso de drones y bombardeos selectivos en la ciudad de Gaza (particularmente en la vía Omar Al-Mukhtar) prolongó las condiciones de confinamiento de la población civil y restringió su movilidad dentro de los corredores urbanos.

En el sur del Líbano, el fuego transfronterizo sostenido produjo una acumulación significativa de víctimas civiles: el comandante regional Esmail Qaani reportó cerca de 100 muertes en un lapso de cuatro días. Este incremento derivó en movimientos masivos de población hacia el norte del país, alterando los flujos de asistencia humanitaria coordinados por agencias internacionales y generando presión sobre las comunidades receptoras.

En Siria, el impacto sobre la población civil se manifestó principalmente en desplazamientos localizados. Los bombardeos de artillería israelíes del 28 de junio en el sector de Abidin, provincia de Daraa, forzaron la salida de los residentes de las aldeas cercanas. Un día después, en la provincia de Homs, la demolición de viviendas y las órdenes de desalojo dictadas contra la comunidad chií de la aldea de Al-Mazra’a por actores vinculados al gobierno de transición desplazaron de manera focalizada a sus habitantes.

En Israel, el 30 de junio, la detonación de un artefacto explosivo improvisado vehicular en Haifa produjo víctimas fatales y heridos entre la población civil; la autoría del hecho permanecía bajo verificación al cierre del ciclo.

Las naciones de la península arábiga (Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos) e Irak no registraron afectaciones humanitarias significativas ni flujos de desplazamiento forzado directos durante el período, concentrando su actuación en el plano diplomático y en la vigilancia de las rutas marítimas del estrecho de Ormuz.

El volumen acumulado de víctimas y personas desplazadas al cierre del período confirma el deterioro sostenido de la seguridad humana en la región, con Gaza y el sur del Líbano como los focos de mayor intensidad.

Infraestructura crítica

Durante el bloque temporal analizado, la afectación a la infraestructura civil se concentró en tres ejes de servicios esenciales: el suministro energético, las redes de telecomunicaciones y, en menor medida, los sistemas de agua y salud.

En el ámbito energético, la planta de procesamiento de gas de Ras Laffan, en Qatar, sufrió una deflagración el 21 de junio que dejó múltiples heridos civiles y provocó una parálisis parcial del nodo, con incidencia directa sobre el potencial de cogeneración eléctrica de la península arábiga; las autoridades qataríes atribuyeron el hecho a una avería técnica interna. En el sur del Líbano, los daños sobre las líneas de distribución eléctrica de baja tensión (derivados de los hechos del 25 de junio en Beit Yahoun) limitaron el suministro a los centros asistenciales locales, reduciendo su capacidad de respuesta.

En materia de telecomunicaciones, la periferia costera meridional de Irán registró la degradación más significativa del período: la destrucción de una torre de telecomunicaciones en la isla de Qeshm, con afectaciones paralelas en Sirik y Sarkhur Tahruyi, comprometió la conectividad en una zona sensible para la navegación en el estrecho de Ormuz. De forma paralela, la destrucción (el 21 de junio) de gran parte del complejo Iran Electronic Industries en Shiraz redujo las capacidades locales de alerta temprana en materia de radar y guerra electrónica. En el Líbano, las redes de telecomunicaciones alámbricas del sur sufrieron daños que limitaron la coordinación operativa entre los centros de asistencia.

Respecto de las redes de agua potable y los servicios de salud, la naturaleza fluida del conflicto en Israel, Siria e Irak impidió cuantificar con precisión los daños sufridos por plantas potabilizadoras, hospitales y redes eléctricas; las bitácoras disponibles indican que estos sistemas se mantuvieron bajo un estado de contingencia y alerta máxima ante el riesgo de una escalada mayor.

El patrón observado confirma que el daño (deliberado o colateral) a los servicios esenciales constituye un factor recurrente y transversal en el deterioro de las condiciones de vida de la población civil en toda la región.

Violaciones al Derecho Internacional Humanitario

El análisis jurídico del período revela una erosión sostenida de los principios que rigen la conducción de hostilidades bajo el Derecho Internacional Humanitario (DIH), particularmente en lo referente a la distinción entre objetivos militares y bienes de carácter civil, la proporcionalidad en el uso de la fuerza, la protección de las personas desplazadas y la prohibición del traslado forzoso de población protegida.

El ataque de doble impacto ejecutado el 22 de junio en Al-Rimal (dirigido contra un vehículo y que alcanzó posteriormente a quienes acudían a prestar auxilio) reproduce un patrón reiteradamente cuestionado bajo el DIH, en la medida en que compromete la protección debida al personal de asistencia y a los heridos, con independencia de la naturaleza del objetivo original. De manera similar, los ataques del 29 de junio contra un área de tiendas de campaña en Al-Mawasi y contra un sector adyacente en Jan Yunis (que en conjunto cobraron al menos trece vidas civiles, incluidos menores de edad) plantean interrogantes sobre el cumplimiento del principio de distinción, dado el carácter presuntamente civil de los asentamientos de desplazados, así como sobre la proporcionalidad entre la ventaja militar anticipada y el daño incidental causado.

La afectación a infraestructura de doble uso, como la torre de telecomunicaciones de Qeshm y el complejo Iran Electronic Industries en Shiraz, exige un análisis diferenciado bajo el criterio de necesidad militar: si bien ciertos activos vinculados a capacidades de radar y guerra electrónica podrían considerarse objetivos legítimos, la ausencia de información pública verificable sobre el uso militar directo de nodos como la torre de Qeshm dificulta establecer con certeza si se respetó el umbral de proporcionalidad exigido por el DIH.

Los hechos ocurridos en Siria configuran un escenario de particular relevancia para el análisis del traslado forzoso de población protegida. La demolición de viviendas y las órdenes de desalojo dictadas el 29 de junio contra la comunidad chií de Al-Mazra’a, en la provincia de Homs, se enmarcan en el supuesto de desplazamiento forzado que el DIH prohíbe salvo que medien razones imperativas de seguridad o necesidad militar debidamente acreditadas, condición que no se desprende de los registros disponibles. Un análisis similar es aplicable a los movimientos de población forzados por el fuego transfronterizo en el sur del Líbano, donde la magnitud y el sostenimiento de las hostilidades sobre zonas civiles plantean interrogantes sobre el respeto al principio de precaución en el ataque.

El incidente del 30 de junio en Haifa, atribuido a un artefacto explosivo improvisado vehicular cuya autoría permanecía sin determinar, se inscribe en un marco jurídico distinto al de las hostilidades interestatales descritas: de confirmarse su carácter terrorista, su análisis correspondería al derecho penal interno y a los marcos de lucha contra el terrorismo, antes que al DIH aplicable a los conflictos armados internacionales.

En conjunto, la reiteración de estos patrones a través de múltiples frentes (Gaza, Líbano, Siria e Irán) sugiere que la inobservancia de los principios de distinción, proporcionalidad y protección contra el desplazamiento forzoso ha dejado de ser un fenómeno aislado para consolidarse como una característica estructural de la actual fase del conflicto regional.

SITUACIÓN ECONÓMICA Y ENERGÉTICA

Dimensión Económica y Energética
Variable Puntaje individual Puntaje total Intensidad
Cantidad de Buques Comerciales 🟠 Impacto Alto (-2) (-2) 🟠Alta Intensidad
Desvío de Tránsito 🟠 Impacto Alto (-2)
Commodities Energéticas 🟡Impacto Bajo (-1)

 

Flota de buques petroleros siendo vigilados por lanchas de ataque rapido de Irán.

Entre el 22 y el 30 de junio de 2026, el conflicto en el estrecho de Ormuz condicionó el comercio marítimo y energético internacional. El tránsito por Ormuz alcanzó su punto máximo el 24 de junio, con 70 buques, tras la intensificación del desminado. El deterioro de la seguridad en el mar Rojo desvió la mayor parte del tráfico hacia el cabo de Buena Esperanza, que llegó a registrar un máximo de 112 tránsitos diarios entre el 28 y el 30 de junio. El Brent alcanzó su valor más alto el 22 de junio (77,52 USD) y su mínimo el 26 de junio (71,99 USD), reflejando la volatilidad del período.

Cantidad de Buques

El tránsito comercial por el estrecho de Ormuz mostró una elevada volatilidad, lo que reflejó la relación entre la evolución del conflicto y la confianza de las navieras. El 22 de junio se contabilizaron 26 buques y, al día siguiente, la cifra aumentó a 28 (+2), impulsada por el inicio de contactos diplomáticos y la continuidad de los corredores de navegación, aunque bajo fuertes medidas de seguridad.

El 24 de junio se produjo el mayor incremento del período: el tránsito ascendió a 70 buques (+42), favorecido por el avance de las negociaciones y la intensificación del desminado. Sin embargo, el 25 de junio el tránsito descendió a 27 unidades (-43) tras el ataque con un dron del Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica (CGRI) contra el portacontenedores Ever Lovely, que provocó la suspensión del corredor sur.

La tendencia descendente continuó el 26 de junio, con 25 buques (-2), por la interrupción de evacuaciones y el aumento de navegación sin el Sistema de Identificación Automática (AIS) activo. El 27 de junio hubo una recuperación limitada de 28 (+3), si bien un nuevo ataque contra el petrolero Kiku impidió una normalización sostenida.

El deterioro alcanzó su punto máximo el 28 de junio, con solo 5 buques (-23), por la escalada militar y los ataques iraníes contra bases estadounidenses. El 29 de junio el tráfico bajó a 4 embarcaciones (-1) por la incertidumbre regulatoria impuesta por Irán.

La situación se revirtió el 30 de junio (30 buques, +26) tras un alto el fuego temporal; aun así, la navegación continuó bajo estrictas medidas de autoprotección.

Desvío de Tránsito

El tráfico marítimo en el canal de Suez, el estrecho de Bab el-Mandeb y el cabo de Buena Esperanza reflejó el deterioro de la seguridad en el mar Rojo y la consolidación de rutas alternativas. Los días 22 y 23 de junio, Suez registró 33 y 32 tránsitos y Bab el-Mandeb, 20 y 19 buques, lo que evidenció una situación relativamente estable tras los esfuerzos diplomáticos para reducir las tensiones. El Cabo, en cambio, mantuvo un flujo elevado de 85 y 88 embarcaciones, señal de que las navieras evitaban el mar Rojo pese a la calma.

El 24 de junio comenzó un deterioro gradual: Suez descendió a 28 buques y Bab el-Mandeb, a 16, mientras el cabo aumentó a 92 tránsitos por el incremento de los desvíos. Entre el 25 y el 27 de junio la situación empeoró: Suez cayó de 22 a 9 embarcaciones y Bab el-Mandeb, de 13 a 4, afectados por ataques contra mercantes, el aumento de las primas de riesgo y nuevas advertencias de seguridad. El cabo absorbió gran parte del tráfico desviado, con un aumento de 95 a 102 buques diarios.

Entre el 28 y 30 de junio se registró la mayor disrupción: Suez operó con 3 a 5 tránsitos diarios y Bab el-Mandeb, con uno o dos buques por jornada, por la elevada amenaza de ataques y el retiro temporal de navieras. Durante ese período, el cabo alcanzó entre 106 y 112 tránsitos diarios, lo que lo convirtió en la principal ruta del comercio marítimo entre Asia y Europa.

Commodities Energéticas

El mercado internacional del petróleo reflejó la interacción entre la evolución del conflicto y las expectativas del mercado respecto de la oferta mundial de crudo. El 22 de junio, el Brent cerró en 77,52 USD/barril (-3,16 %) y el West Texas Intermediate (WTI) en 74,82 USD/barril (-2,21 %), tras la emisión de licencias estadounidenses que facilitaron las exportaciones iraníes y la revisión a la baja de las previsiones de demanda mundial.

El 23 de junio, el Brent descendió a 76,80 USD (-0,93 %) y el WTI a 73,21 USD (-2,15 %), por el aumento de inventarios en Estados Unidos. El 24 de junio se registró la mayor caída de la semana: 73,74 USD (-3,98 %) y 70,34 USD (-3,92 %), impulsados por la recuperación del tránsito por Ormuz.

El 25 de junio, el ataque iraní contra el Ever Lovely reintrodujo la prima de riesgo: el Brent subió a 75,26 USD (+2,06 %) y el WTI a 71,92 USD (+2,25 %). El 26 de junio ambos retrocedieron a 71,99 USD (-4,34 %) y 69,23 USD (-3,74 %), por liquidaciones de fin de semestre. Los días 27 y 28 de junio los mercados permanecieron cerrados, en medio de ataques militares y negociaciones que desembocaron en un alto el fuego de emergencia.

Al reabrir el 29 de junio, el Brent subió a 73,15 USD (+1,61 %) y el WTI a 70,75 USD (+2,20 %). El 30 de junio, la continuidad del alto el fuego redujo las tensiones, lo que provocó un descenso a 72,92 USD (-0,31 %) y 69,50 USD (-1,77 %).

Este es un artículo de opinión. Las opiniones y contenido no reflejan o representan necesariamente la postura del CEERI como institución.

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