Introducción
El estallido del conflicto armado directo entre Estados Unidos e Israel contra Irán transformó una tensión diplomática en una confrontación bélica de consecuencias impredecibles. Tras el fracaso de las negociaciones sobre el programa nuclear y misilístico iraní, la orden de Donald Trump del 28 de febrero de 2026 de iniciar la “Operación Furia Épica” —la mayor movilización militar desde 2003 contra Irak—, coordinada con la “Operación Rugido de León” de Israel, marcó el inicio de una guerra abierta. Los ataques contra instalaciones estratégicas provocaron una respuesta inmediata de Teherán mediante la “Operación Promesa Verdadera 4”.
Este informe analiza la escalada militar del conflicto, el papel de diversos aliados regionales como los países europeos y los Estados árabes, así como su impacto potencial sobre la población civil y los mercados energéticos globales.
El Grupo de Investigación en Paz y Seguridad Internacional del CEERI busca contribuir a una comprensión integral del conflicto mediante el seguimiento y el análisis sistemático de cuatro dimensiones clave: 1) militar y operacional; 2) política y diplomática; 3) humanitaria y social; y 4) económica y energética.
- Situación Militar y Operacional
Esta dimensión del informe se enfoca en analizar y cuantificar la Escala de Magnitud de las Operaciones (EMO) en el conflicto entre Estados Unidos e Irán, priorizando el “cuántos y qué” se dispara o lanza y “desde dónde” (plataformas), más que la mera intención política. Se aplica un marco técnico y cuantificable que cubre los dominios convencionales —aéreo, terrestre y naval— e integra operaciones especiales y cibernéticas como factores de impacto estratégico.
Se evalúan campañas de supresión aérea, ataques de precisión, defensa en profundidad, guerra de enjambre y minado de chokepoints, además de incursiones limitadas y operaciones de protección de bases. También se incorporan acciones de sabotaje o saturación cibernética. El objetivo es medir el volumen, la intensidad, la capacidad de respuesta y la evolución de la confrontación en todos los dominios.
- Situación Política y Diplomática
Esta dimensión del informe analiza cómo las declaraciones diplomáticas y las alianzas establecidas por actores directos y externos condicionan la evolución del conflicto entre Estados Unidos e Irán. Asimismo, incluye las manifestaciones de organismos internacionales, en particular el OIEA, la OPEP y la OIC.
Su medición se basa en la Matriz de Evolución Política (MEP), un índice mixto —cualitativo y cuantitativo— que determina si el entorno internacional tiende a mitigar o agravar la confrontación. Se examinan, por tanto, los esfuerzos orientados al establecimiento de conversaciones de paz, las mediaciones y las declaraciones de los actores afectados por el conflicto. Asimismo, se identifican los obstáculos y retos que dificultan el logro de un cese del fuego o de un acuerdo de paz.
- Situación Humanitaria y Social
Esta dimensión evalúa el impacto del conflicto sobre la población civil y el cumplimiento del Derecho Internacional Humanitario (DIH) en la confrontación entre Estados Unidos e Irán. Emplea un Índice de Degradación Humanitaria (IDH) que sintetiza el costo humano y el riesgo jurídico internacional, con el fin de medir el deterioro, identificar tendencias y estimar la probabilidad de sanciones o responsabilidades penales.
Se registran las víctimas civiles (fallecidos y heridos) y los desplazamientos forzados, tanto internos —incluidos movimientos hacia los montes Zagros— como externos hacia Turquía, Irak y Pakistán. También se examinan los daños a la infraestructura crítica, como los sistemas de electricidad y agua, los hospitales y las telecomunicaciones, así como las posibles violaciones del DIH, incluido el trato a las personas privadas de libertad conforme a los Convenios de Ginebra.
- Situación Económica y Energética
Esta dimensión analiza uno de los principales mecanismos de presión global derivados del conflicto, particularmente su impacto sobre la economía mundial a través del estrecho de Ormuz, por donde circula aproximadamente el 20 % del petróleo mundial. Para evaluar si la crisis mantendrá un carácter regional o se transformará en un shock energético global con efectos inflacionarios y financieros, se emplea el Índice de Shock Económico (ISE).
Se analizan variables como la cantidad de buques comerciales; el porcentaje de desvíos de ruta —por ejemplo, mediante la circunnavegación del sur de África— y los costos asociados a posibles interrupciones; así como el incremento de la volatilidad de los precios de las commodities energéticas, en particular del petróleo (Brent/WTI) y del gas natural licuado (GNL).
| Dimensión | Indicador Operacionalizado | Intensidad del Conflicto |
| 1. Dimensión Militar y Operacional | Operaciones Terrestres + Aéreas + Navales + Especiales | 🔴Extrema Intensidad |
| 2. Dimensión Político y Diplomática | Actores directos + Actores Externos + ORG Inter | 🔴Extrema Intensidad |
| 3. Dimensión Humanitaria y Social | Víctimas y Desplazados + Infraestructura Crítica + Violaciones al DIH | 🔴Extrema Intensidad |
| 4. Dimensión Económica y Energética | Cantidad de Buques Comerciales + Desvío de Tránsito + Commodities Energéticas | 🟠Alta Intensidad |
SITUACIÓN MILITAR Y OPERACIONAL
| Dimensión Militar y Operacional | |||
| Variable | Puntaje individual | Puntaje total | Intensidad |
| Terrestre | 🟠Magnitud Alta (272) | 1338 | 🔴Extrema Intensidad |
| Aérea | 🔴Magnitud Extrema (663) | ||
| Naval | 🟡Magnitud Baja (110) | ||
| Especial | 🟠Magnitud Alta (293) | ||
Entre el 17 y el 30 de agosto, el conflicto en Oriente Medio escaló significativamente en cuatro dimensiones. En el plano terrestre, Hezbollah orientó su estrategia hacia el combate irregular, combinando drones FPV, misiles antitanque e IED contra fuerzas israelíes en el sur del Líbano. En el ámbito aéreo, Estados Unidos e Israel intensificaron los ataques de precisión contra instalaciones balísticas iraníes en Isfahán, Tabriz y Kermanshah, mientras Irán respondió con misiles Fateh-313 contra Nevatim. En el frente naval, se registró el relevo del USS Abraham Lincoln por el USS George Washington y la neutralización de más de 100 minas en el estrecho de Ormuz. Paralelamente, operaciones cibernéticas atribuidas a actores iraníes afectaron infraestructura crítica en el Reino Unido y Estados Unidos.
Operaciones Terrestres
El 17 y 18 de agosto, Israel combinó artillería de 155 mm, morteros y trabajos de ingeniería con bulldozers blindados D9 para reforzar posiciones en el sur del Líbano, mientras Hezbollah respondió con cohetes y fuego indirecto. El día 19, la confrontación adquirió mayor intensidad táctica: Hezbollah empleó misiles Burkan y Kornet, así como drones FPV, contra helicópteros, vehículos blindados e infantería israelíes. Ante ello, las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) respondieron mediante fuego de cobertura y artillería de saturación.
El 20 de agosto, el frente yemení concentró la mayor actividad, con ataques de mortero y artillería en Marib y una contraofensiva apoyada por drones tácticos. Al día siguiente, un dron FPV destruyó un carro de combate Merkava Mk4. Israel, por su parte, destruyó un nodo subterráneo de mando en Haddatha. Los días 22 y 23 predominaron las acciones de fuego indirecto, los controles territoriales y las operaciones de defensa antiaérea, incluido el derribo de un dron de reconocimiento sobre Hajjah.
El 24 de agosto se produjo una emboscada contra la organización FARAJA en la provincia de Sistán y Baluchistán, en un episodio vinculado con la persistencia de la insurgencia interna iraní. Al día siguiente, Israel ocupó una posición elevada en Mayfadoun, y Hezbollah respondió mediante granadas propulsadas por cohete (RPG) y morteros. El 26 y 27 continuaron los ataques con drones explosivos, misiles guiados y artillería contra posiciones e infraestructura de Hezbollah.
El 28 y 29, Israel combinó incursiones terrestres con ataques aéreos y fuego de artillería contra objetivos en Yenín, Gaza y el sur del Líbano. Durante el mismo período, el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) llevó a cabo operaciones de inteligencia y acciones de fuerzas especiales contra redes insurgentes en Saravan. El día 30, el empleo de artefactos explosivos improvisados (IED) y trampas explosivas contra vehículos blindados israelíes confirmó la adaptación de Hezbollah hacia una modalidad de combate irregular, subterránea y descentralizada.
Operaciones Aéreas
El 17 de agosto, mientras Irán anunciaba una postura más ofensiva frente al bloqueo naval estadounidense, dos drones de ataque fueron dirigidos contra objetivos políticos y de inteligencia en Erbil. Ambos fueron interceptados por las defensas de la coalición, lo que puso de manifiesto la relevancia de las capacidades de defensa aérea de punto frente a vectores no tripulados. Ese mismo día, se registró un ataque contra el mercante Minoan Dignity, lo que confirmó la presión iraní sobre la navegación comercial en las proximidades del estrecho de Ormuz.
El 18 de agosto, el CGRI lanzó dos misiles balísticos hacia los Emiratos Árabes Unidos. Ninguno produjo daños significativos, aunque la acción amplió geográficamente el alcance de la amenaza iraní. Ese mismo día, cazas F-16CJ estadounidenses realizaron operaciones de supresión de defensas aéreas enemigas (SEAD) contra radares costeros iraníes en Bushehr, con el objetivo de degradar la capacidad de detección y coordinación de las defensas iraníes. Al día siguiente, Washington profundizó la presión: bombarderos B-2 Spirit atacaron instalaciones subterráneas asociadas al arsenal balístico iraní, mientras que cuatro misiles Fateh fueron lanzados contra posiciones estadounidenses en Irak y neutralizados por baterías Patriot. La confrontación comenzó así a caracterizarse por una combinación de ataques de precisión y respuestas misilísticas de alcance regional.
El 20 de agosto, los hutíes ampliaron el frente mediante una incursión de drones contra el aeropuerto de Najran y una instalación petrolera cercana. Aunque la mayoría de los vectores fueron interceptados, los restos de uno de los aparatos provocaron incendios y una interrupción temporal de las operaciones aeroportuarias. La respuesta estadounidense incluyó el ataque contra un lanzador móvil de misiles antibuque, lo que evidenció la prioridad de neutralizar los sistemas capaces de amenazar las rutas marítimas. Al día siguiente, Israel atacó un centro de producción de propelente sólido en Isfahán con cazas F-35I, mientras las defensas iraníes Khordad-15 intentaban responder sin conseguir impactos. A su vez, helicópteros iraníes apoyaron operaciones terrestres contra insurgentes kurdos.
El 22 de agosto predominó la adaptación defensiva iraní. Los lanzadores móviles fueron dispersados por los valles de Zagros para reducir su vulnerabilidad frente a ataques de precisión, mientras que aeronaves EA-18G Growler estadounidenses realizaron operaciones de interferencia electrónica sobre las redes de radar iraníes. De forma simultánea, Irán empleó drones de reconocimiento y helicópteros armados para enfrentar amenazas insurgentes en sus fronteras. Al día siguiente, milicias pro iraníes atacaron la base de Al-Tanf mediante cohetes de 122mm y drones suicidas. Las defensas C-RAM y M-SHORAD neutralizaron la amenaza, lo que provocó una respuesta estadounidense contra depósitos y centros de mando en Al-Ánbar.
El 24 de agosto, un misil balístico antibuque hutí alcanzó las proximidades de un petrolero saudí a unos 950 kilómetros de Yemen, lo que reveló una capacidad de proyección superior a las estimaciones anteriores y elevó la amenaza sobre las rutas del mar Rojo. El 25 de agosto, Israel atacó la base siria de Abu Duhur, destruyendo depósitos de munición y estructuras logísticas vinculadas al CGRI. La ausencia de coordinación previa con Washington generó tensiones en el ámbito bilateral, debido al riesgo de afectar los intereses turcos en la región. Al día siguiente, Irán anunció una nueva postura ofensiva basada en respuestas rápidas, represalias múltiples, ataques preventivos y una potencial expansión del conflicto hacia infraestructuras energéticas, el paso de Bab al-Mandeb y los cables submarinos. Ese mismo día, un misil antirradiación AGM-88 HARM destruyó un radar Bavar-373, mientras drones Shahed fueron utilizados contra objetivos militares en Kuwait.
El 27 de agosto, mientras los hutíes atacaban posiciones saudíes en Najran y Jizán mediante drones, bombarderos B-52H estadounidenses atacaron instalaciones subterráneas de misiles en Kermanshah. Al día siguiente, la confrontación alcanzó uno de sus momentos de mayor intensida: aviones estadounidenses e israelíes atacaron instalaciones de misiles y drones en Tabriz, Shiraz y Bushehr, mientras Irán respondió con misiles Fateh-313 contra la base de Nevatim. Los sistemas Arrow 3 y otros medios de defensa antimisil estadounidenses interceptaron los proyectiles entrantes. De forma paralela, Teherán incrementó la represión interna ante el deterioro económico y la posibilidad de protestas.
El 29 de agosto surgió una nueva preocupación estratégica: el agotamiento de los inventarios estadounidenses de interceptores PAC-3 MSE, SM-3 y SM-6. La elevada demanda defensiva comenzó a convertir la disponibilidad de munición antimisil en una variable crítica. Irán, por su parte, ensayó un misil Emad equipado con contramedidas electrónicas, mientras aeronaves F/A-18E del USS George Washington destruyeron una instalación hutí de mando de misiles antibuque en Yemen.
Finalmente, el 30 de agosto, Irán empleó drones Shahed y misiles de crucero contra radares de alerta temprana en Al-Dhafra. Aunque fueron interceptados, los restos de un misil dañaron un radomo secundario. Estados Unidos respondió con cazas F-35A contra una planta iraní dedicada al ensamblaje de componentes electrónicos para drones en Karaj. Al concluir el período, el conflicto mostraba una clara transformación: la superioridad tecnológica estadounidense e israelí permitía ejecutar ataques de precisión y degradar sistemas críticos, mientras Irán y sus aliados buscaban contrarrestar esa ventaja mediante la dispersión, la saturación, el empleo de vectores de bajo costo y los ataques indirectos. El resultado fue una guerra de desgaste en expansión, en la que la disponibilidad de interceptores, la protección de las rutas energéticas y la capacidad de sostener la producción de misiles y drones comenzaron a adquirir una importancia estratégica comparable a la potencia de fuego empleada en el campo de batalla.
Operaciones Navales
El 17 de agosto, el CGRI incrementó la vigilancia sobre los buques próximos al estrecho de Ormuz, mientras Estados Unidos mantenía las operaciones de interdicción. Esa noche, el granelero Minoan Dignity fue alcanzado por un proyectil en la sala de máquinas, lo que provocó un incendio, su inmovilización y la muerte del jefe de máquinas.
Al día siguiente, la respuesta estadounidense combinó patrullas aéreas, aviación embarcada y medidas de disuasión: cazas F-35C neutralizaron drones iraníes empleados para reconocimiento y ataque, en tanto que patrulleras estadounidenses efectuaron disparos de advertencia contra lanchas rápidas de la Marina del CGRI (IRGCN). Al día siguiente, fuerzas iraníes abordaron y capturaron un petrolero, mientras un destructor estadounidense empleó sus sistemas de defensa de punto para destruir un dron suicida.
El 20 y 21 de agosto se produjo una escalada cualitativa. Aeronaves EA-18G Growler emplearon misiles antirradiación AGM-88 HARM contra radares costeros iraníes, combinando capacidades de guerra electrónica y supresión de defensas. Posteriormente, cazas F-35C y sistemas antiaéreos navales interceptaron drones dirigidos contra las rutas comerciales, mientras la aviación embarcada atacó instalaciones asociadas al lanzamiento y control de vehículos aéreos no tripulados (UAV).
Entre el 22 y el 25 de agosto, Irán mantuvo restricciones sobre el estrecho de Ormuz y los hutíes continuaron atacando la navegación en el mar Rojo con misiles antibuque. La coalición respondió con fragatas, destructores, helicópteros MH-60R y sistemas de defensa aérea. El 24 de agosto, la neutralización de más de 100 minas navales mediante vehículos submarinos no tripulados (UUV), buzos y unidades especializadas permitió recuperar parcialmente la seguridad del canal internacional. Ese mismo día, el USS Abraham Lincoln (CVN-72) inició su repliegue y fue relevado operacionalmente por el USS George Washington (CVN-73), garantizando la continuidad de la presencia aeronaval estadounidense en el teatro de operaciones. El 25 de agosto, cazas F-35C y aeronaves EA-18G Growler continuaron las operaciones de supresión y destrucción de defensas aéreas enemigas (SEAD/DEAD) contra sistemas de radar y baterías costeras en Hormozgán.
Del 26 al 30 de agosto, las operaciones se extendieron a la interdicción de embarcaciones utilizadas para transportar componentes militares, la defensa de petroleros y la respuesta contra ataques hutíes. El 27 de agosto, un destructor estadounidense interceptó con un misil SM-6 un misil balístico antibuque dirigido contra un petrolero saudí; posteriormente, aeronaves F/A-18E Super Hornet atacaron el lanzador y su radar. En el estrecho de Ormuz continuaron los intentos iraníes de abordaje mediante lanchas rápidas, contenidos por helicópteros MH-60R y unidades de escolta naval.
El 29 de agosto, un destructor abordó un petrolero sin bandera vinculado al transporte de crudo no autorizado. Al cierre del período, Estados Unidos había consolidado convoyes protegidos y mantenía una presencia aeronaval sostenida. Asimismo, el anuncio del despliegue del USS Theodore Roosevelt (CVN-71) desde San Diego evidenció la previsión estadounidense de un compromiso prolongado y la intención de sostener una presencia reforzada de portaaviones en el teatro de operaciones de Oriente Medio.
Operaciones Especiales
El 17 de agosto, grupos vinculados a Teherán emplearon inteligencia artificial (IA) para acelerar el escaneo de controladores lógicos programables (PLC) Siemens S7 y detectar vulnerabilidades en sistemas industriales y de agua. Al día siguiente, la intrusión en el proveedor de sistemas de control y adquisición de datos (SCADA) Micro-Comm permitió exfiltrar arquitecturas y credenciales operativas, mientras campañas de phishing dirigido afectaron redes financieras del golfo Pérsico.
El 19 de agosto, el grupo Cyber Avengers manipuló sensores de presión en estaciones de agua estadounidenses, lo que provocó desconexiones de emergencia, mientras Dark Storm Team ejecutó ataques de denegación de servicio distribuido (DDoS) contra servicios financieros israelíes y emiratíes. Al día siguiente, el IRGC-CEC intensificó las actividades de ciberespionaje militar mediante tácticas de ingeniería social y dominios fraudulentos orientados a obtener credenciales.
El 21 de agosto se produjo una escalada con la penetración de un contratista de defensa estadounidense y el despliegue de programas de secuestro de datos (ransomware) con capacidades destructivas contra infraestructura industrial israelí. Al día siguiente, un ataque atribuido a actores alineados con Irán provocó, durante cuatro días, la interrupción informática de una planta eléctrica británica, lo que demostró el potencial de afectar infraestructura crítica sin comprometer la totalidad de la red nacional.
El 23 y 24 de agosto aumentaron las operaciones de intrusión, las operaciones psicológicas (PsyOps) y la propaganda generada mediante IA. Tras las sanciones estadounidenses contra entidades vinculadas al aparato cibernético iraní, Teherán respondió con ataques de DDoS e intrusiones contra objetivos financieros e industriales. Al día siguiente, Estados Unidos e Israel ejecutaron una operación destructiva contra los sistemas logísticos del puerto Shahid Rajaee, lo que paralizó las grúas automatizadas y el procesamiento de mercancías.
Del 26 al 30 de agosto, la campaña combinó la explotación de vulnerabilidades de día cero (zero-day), programas maliciosos de espionaje, exfiltración de credenciales, secuestro de cámaras de protocolo de internet (IP) y ataques contra tecnología médica. El 28 de agosto, las cámaras comprometidas fueron utilizadas como sensores remotos para obtener inteligencia sobre convoyes, defensas e instalaciones portuarias. El 30 de agosto, la detección de agentes reclutados digitalmente mostró la convergencia entre espionaje técnico, inteligencia humana y operaciones de influencia.
SITUACIÓN POLÍTICA Y DIPLOMÁTICA
| Dimensión Política y Diplomática | |||
| Variable | Puntaje individual | Puntaje total | Intensidad |
| Actores Directos | 🔴Retroceso Mayor (-2) | 🟠Retroceso Menor | 🟠Alta Intensidad |
| Estados Europeos | 🟡Avance Menor (+1) | ||
| Estados Mulsumanes | 🟡Avance Menor (+1) | ||
| Pakistán y Turquía | 🟡Avance Menor (+1) | ||
| Grupos Pro-iraníes | 🔴Retroceso Mayor (-2) | ||
| Rusia y China | 🟡Avance Menor (+1) | ||
| Otros actores externos | 🟠 Retroceso Menor (-1) | ||
| ORG Internacional | 🟠 Retroceso Menor (-1) | ||

Entre el 17 y el 30 de agosto, la relación entre Estados Unidos e Irán se caracterizó por el endurecimiento de la presión económica y diplomática ejercida por Washington, la suspensión de las negociaciones tras el vencimiento del plazo de 60 días acordado en junio y la advertencia iraní de que cualquier apoyo a fuerzas estadounidenses en el golfo Arábigo sería considerado un acto hostil. En este contexto, Israel respaldó la estrategia estadounidense, mientras que Francia expulsó diplomáticos iraníes en el marco de una represalia recíproca. Paralelamente, Omán, Qatar, Turquía y Pakistán impulsaron gestiones orientadas a la desescalada, mientras que los Emiratos Árabes Unidos suspendieron sus vínculos comerciales con Teherán. Por su parte, China rechazó la ampliación de sanciones y mantuvo su cooperación económica con Irán, evidenciando la divergencia entre los actores internacionales respecto de los mecanismos de presión y las vías para contener la escalada.
Actores internos
Entre el 17 y el 30 de agosto, la posición de Estados Unidos hacia Irán estuvo marcada por el endurecimiento de la presión económica y diplomática, acompañado de la suspensión de las negociaciones y la preservación de opciones militares. El primer día del período, el presidente Donald Trump exigió a Teherán aceptar la rendición y advirtió que Washington podría recurrir nuevamente al empleo de la fuerza. En ese contexto, también cuestionó el rol de Omán como mediador en las conversaciones relacionadas con el estrecho de Ormuz y señaló que cualquier interferencia con los objetivos estadounidenses podría generar una respuesta militar. La posición de Washington coincidió con el vencimiento del plazo de 60 días establecido en el memorando de entendimiento suscrito con Irán en junio de 2026, sin que se concretara una nueva extensión de la tregua.
Al día siguiente, Estados Unidos ordenó suspender las conversaciones con Irán hasta que Teherán mostrara disposición para alcanzar un acuerdo. Con ello, Washington profundizó el bloqueo del canal diplomático, mientras mantenía como uno de sus principales objetivos impedir que Irán desarrollara capacidades nucleares. El 19 de agosto, Trump señaló que una eventual reanudación de las conversaciones todavía era posible, aunque no existían reuniones previstas, y sostuvo que Estados Unidos mantenía el control del estrecho de Ormuz. En el ámbito económico, su administración anunció una nueva campaña de presión orientada a aislar a Irán mediante restricciones dirigidas al sector petrolero y a las transferencias financieras, además de advertir sobre posibles consecuencias para terceros Estados y empresas que mantuvieran vínculos económicos con Teherán.
En los días siguientes, Washington mantuvo la presión económica como instrumento para condicionar la conducta iraní, sin descartar una eventual respuesta militar. El 20 de agosto, se anunció que, por el momento, no se reanudarían los ataques contra Irán y que la prioridad inmediata sería ampliar las sanciones económicas. De igual modo, Estados Unidos impuso nuevas medidas contra redes vinculadas con Irán y Hezbollah. Al día siguiente, Trump reiteró que Washington disponía de opciones militares frente a Teherán, mientras que el vicepresidente J. D. Vance señaló que la duración de la campaña económica dependería de la capacidad iraní para resistir la presión.
Hacia el final del período, la estrategia estadounidense continuó orientada a combinar coerción económica, presión diplomática y disuasión militar. El 24 de agosto, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, expresó su respaldo a Trump y al secretario del Tesoro, Scott Bessent, después de que Washington anunciara nuevas sanciones dirigidas contra países con vínculos con Irán. De este modo, Estados Unidos mantuvo una posición centrada en incrementar los costos económicos para Teherán, limitar su margen de actuación internacional y preservar la posibilidad de recurrir a instrumentos militares, mientras dejaba abierta la posibilidad de retomar las negociaciones de forma condicionada.
Desde la perspectiva israelí, se ha registrado principalmente la coordinación política de Israel con la estrategia estadounidense de presión sobre Irán. El 24 de agosto, el primer ministro Benjamin Netanyahu felicitó al presidente Donald Trump y al secretario del Tesoro, Scott Bessent, por las medidas anunciadas por Washington para incrementar la presión económica sobre Irán y sobre los Estados que mantuvieran vínculos con Teherán. El respaldo de Netanyahu evidenció la convergencia entre Israel y Estados Unidos respecto de la estrategia de aislamiento económico, particularmente frente a las medidas destinadas a limitar las relaciones comerciales y financieras de Irán con terceros países. No obstante, durante el período no se registraron nuevas iniciativas diplomáticas israelíes orientadas a modificar las condiciones de negociación con Teherán.
En cuanto a la postura asumida por Irán, el país persa adoptó una posición caracterizada por la resistencia a las condiciones estadounidenses, la defensa de su control sobre el estrecho de Ormuz y el fortalecimiento de sus capacidades militares y económicas frente a la presión de Washington. El 17 de agosto, el vencimiento del plazo de 60 días establecido en el memorando de junio generó incertidumbre respecto de la continuidad de la tregua. Mientras se difundían informaciones sobre una posible extensión, el portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores iraní, Esmail Baghaei, negó que existiera una negociación vigente para prolongarla y sostuvo que las presuntas violaciones estadounidenses habían reducido la relevancia del plazo acordado.
Al día siguiente, el presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Ghalibaf, vinculó la reapertura del estrecho de Ormuz al cumplimiento de determinadas condiciones por parte de Estados Unidos, entre ellas el levantamiento del bloqueo marítimo, el retiro de las sanciones petroleras, la liberación de activos iraníes congelados y el cese de las operaciones y amenazas contra Irán y sus aliados regionales. Esta posición se complementó al día siguiente con advertencias dirigidas a los Estados del Golfo, a los que Teherán señaló que cualquier apoyo logístico o militar a las fuerzas estadounidenses sería considerado como participación en las operaciones contra Irán. Ese mismo día, las autoridades iraníes rechazaron la acusación de los Emiratos Árabes Unidos respecto del lanzamiento de dos misiles balísticos contra su territorio y calificaron la denuncia de carecer de fundamento.
En el ámbito militar, Irán sostuvo que los combates desarrollados en el Golfo habían funcionado como un espacio de prueba para sus capacidades defensivas y ofensivas. El 21 de agosto, el Ministerio de Defensa afirmó que la experiencia obtenida durante los enfrentamientos permitiría modernizar su industria militar. El 22 de agosto, las autoridades iraníes señalaron, en declaraciones no verificadas de forma independiente, que la producción militar se había duplicado respecto de los niveles anteriores a la guerra y que el país estaba adaptando sus misiles, drones y sistemas defensivos a partir de las lecciones obtenidas durante el conflicto.
Ese mismo día, Teherán respondió a la estrategia de presión económica estadounidense mediante una posición de rechazo. Las autoridades iraníes calificaron las sanciones estadounidenses como una forma de coerción económica que consideraban ilegítima y sostuvieron que estas no modificarían su política. Al día siguiente, el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) afirmó que Irán disponía de planes de respuesta frente a nuevas acciones estadounidenses y mecanismos para reducir los efectos de las sanciones. Ese mismo día, la Comisión de Seguridad Nacional del Parlamento iraní aprobó un artículo que plantea el cobro de servicios de seguridad, seguros, combustible y protección ambiental a los buques autorizados a transitar por el estrecho de Ormuz, como parte de un proyecto destinado a reforzar el control iraní sobre esta vía marítima. La iniciativa aún debía completar el proceso legislativo.
En el ámbito diplomático iraní, Irán expulsó a dos diplomáticos franceses, a quienes acusó de interferir en asuntos internos y de infringir la Convención de Viena. Esta decisión se produjo en un contexto de creciente presión internacional sobre Teherán y evidenció un deterioro adicional de sus relaciones con algunos Estados europeos. Hacia el 28 de agosto, la disputa en torno al estrecho de Ormuz continuó constituyendo uno de los principales puntos de tensión. Mohsen Rezaei, secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, advirtió que Irán respondería contra intereses económicos y militares estadounidenses si continuaba el bloqueo naval, y reiteró que Teherán condicionaba la reapertura plena del estrecho al cumplimiento de sus exigencias.
Adicionalmente, Irán amplió las condiciones planteadas para un eventual entendimiento con Estados Unidos al incorporar dimensiones regionales al proceso de negociación. Rezaei estableció como requisitos el fin de las guerras en Asia Occidental, particularmente en el Líbano; la retirada israelí de los territorios libaneses ocupados; y el término de la guerra en Gaza. Asimismo, reafirmó el respaldo iraní al Líbano y señaló a Beirut y sus suburbios del sur como un límite que Irán no consideraría negociable.
De esta manera, la posición iraní vinculó cualquier eventual negociación bilateral con Estados Unidos a la evolución de los conflictos en Gaza y el Líbano, ampliando el alcance de las condiciones planteadas por Teherán y reduciendo el margen para un acuerdo limitado exclusivamente al ámbito bilateral.
Estados europeos
Respecto de los Estados europeos, estos combinaron medidas de presión diplomática sobre Irán con la preservación de canales de comunicación. El 23 de agosto, Francia respondió a la expulsión de dos de sus diplomáticos por parte de Irán mediante una medida equivalente contra dos diplomáticos iraníes. París sostuvo que sus funcionarios habían sido objeto de detención e intimidación por parte de las fuerzas de seguridad iraníes durante una actividad vinculada con artistas y miembros de la sociedad civil, señalamiento que fue rechazado por Teherán. El intercambio de medidas diplomáticas evidenció un deterioro de las relaciones bilaterales entre Francia e Irán.
Cuatro días después, el Reino Unido mantuvo abiertos sus canales diplomáticos con Teherán. En ese marco, el embajador iraní en Londres, Ali Mousavi, se reunió con el ministro británico Stephen Doughty, encuentro en el que ambas partes coincidieron en la necesidad de preservar los canales diplomáticos y continuar las consultas mediante el diálogo. De este modo, mientras Francia adoptó una respuesta diplomática de carácter coercitivo ante las acciones iraníes, el Reino Unido optó por mantener mecanismos de interlocución con Teherán, evidenciando la ausencia de una respuesta uniforme entre los Estados europeos frente a la escalada.
Estados mulsumanes del golfo Arábigo y Medio Oriente
En cuanto a los Estados musulmanes del golfo Arábigo y de Oriente Medio, sus respuestas fueron diferenciadas frente a la escalada entre Estados Unidos e Irán, combinando medidas de presión sobre Teherán con iniciativas orientadas a preservar los canales de negociación. El 17 de agosto, Omán mantuvo su papel como uno de los principales canales de mediación entre Washington y Teherán, particularmente en las negociaciones relacionadas con el estrecho de Ormuz. Cuatro días después, representantes omaníes mantuvieron conversaciones con autoridades iraníes sobre el futuro del estrecho y las condiciones para reducir las tensiones.
En contraste, el 19 de agosto, los Emiratos Árabes Unidos acusaron a Irán de haber lanzado dos misiles balísticos dirigidos contra el tráfico marítimo, cuyos impactos se produjeron en el mar: uno fuera de las aguas territoriales emiratíes y otro dentro de ellas. No se registraron daños ni víctimas. Teherán rechazó la acusación por considerarla infundada. En respuesta, Abu Dabi anunció la suspensión, hasta nuevo aviso, de las operaciones comerciales, los intercambios comerciales y las transacciones financieras con Irán. La medida supuso una escalada en las relaciones bilaterales y trasladó parte de la confrontación al ámbito económico. Asimismo, los Emiratos Árabes Unidos condenaron un ataque iraní contra la región del Kurdistán iraquí.
Hacia el 25 de agosto, Omán profundizó sus esfuerzos de interlocución con Teherán mediante una propuesta conjunta para establecer un corredor marítimo temporal en el estrecho de Ormuz. De acuerdo con lo informado por los ministerios de Relaciones Exteriores de ambos países, Teherán y Mascate discutieron un marco gradual para facilitar la navegación mediante un corredor temporal y desarrollar labores de limpieza de minas. La iniciativa buscó generar condiciones para restablecer parcialmente el tránsito marítimo en una de las principales vías estratégicas de la región.
En conjunto, se observaron dos aproximaciones diferenciadas entre los Estados del Golfo. Mientras los Emiratos Árabes Unidos respondieron a las acusaciones de ataques iraníes mediante medidas de presión económica y diplomática, Omán mantuvo una estrategia centrada en la mediación y en la búsqueda de mecanismos para reducir las tensiones en torno al estrecho de Ormuz. Así, las respuestas regionales combinaron instrumentos de presión bilateral con iniciativas destinadas a preservar la interlocución y facilitar la gestión de la crisis.
Estados negociadores
Asimismo, Turquía, Pakistán y Qatar desarrollaron iniciativas orientadas a preservar los canales diplomáticos entre Estados Unidos e Irán y favorecer una reducción de las tensiones regionales. El 17 de agosto, el presidente turco, Recep Tayyip Erdoğan, mantuvo una conversación telefónica con Donald Trump, durante la cual planteó la necesidad de retomar las negociaciones diplomáticas con Irán y expresó la disposición de Turquía a contribuir a los esfuerzos de paz. La posición de Ankara se centró, de este modo, en la reanudación del diálogo, la desescalada y la búsqueda de mecanismos diplomáticos para abordar la situación en torno al estrecho de Ormuz.
Una semana después, el jefe del Ejército de Pakistán, mariscal de campo Asim Munir, se reunió en Teherán con el presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Ghalibaf, en el marco de los esfuerzos de Islamabad por contribuir a la estabilidad y seguridad regionales. Durante el encuentro, Ghalibaf cuestionó a Washington por presuntos incumplimientos de los compromisos establecidos en el memorando de entendimiento de Islamabad. Posteriormente, las autoridades pakistaníes señalaron la existencia de avances en sus gestiones diplomáticas, lo que evidenció la continuidad de los esfuerzos de Islamabad por facilitar un entendimiento entre las partes.
Dos días más tarde, el primer ministro y ministro de Relaciones Exteriores de Qatar, Mohammed bin Abdulrahman Al Thani, viajó a Teherán con el propósito de impulsar los esfuerzos de desescalada y generar condiciones para una eventual reanudación del diálogo entre Estados Unidos e Irán. La iniciativa de Qatar se desarrolló en coordinación temporal con las gestiones emprendidas por Pakistán y Omán y estuvo orientada a mantener abierta la posibilidad de una salida negociada. Durante los dos días siguientes, Doha continuó sus gestiones para facilitar un nuevo proceso de negociación, mientras las iniciativas qataríes y pakistaníes buscaban generar condiciones para restablecer las conversaciones entre Washington y Teherán. No obstante, desde Washington se señaló que, en ese momento, no existían negociaciones formales.
En conjunto, las iniciativas evidenciaron una orientación común hacia la mediación, la preservación del diálogo y la desescalada, aunque mediante mecanismos diferenciados. Turquía promovió directamente ante Washington la reanudación de las negociaciones; Pakistán desarrolló contactos de alto nivel con autoridades iraníes y Qatar reforzó sus gestiones mediante una visita oficial a Teherán. Estas iniciativas adquirieron especial relevancia en un contexto caracterizado por la suspensión de las conversaciones entre Washington y Teherán y la persistencia de las tensiones en torno al estrecho de Ormuz.
Grupos pro iraníes
Por parte de los grupos vinculados con Irán, estos mantuvieron su participación en distintos frentes regionales mediante acciones y posicionamientos dirigidos contra Israel y Arabia Saudita. El 27 de agosto, el movimiento hutí volvió a advertir a Arabia Saudita en relación con el bloqueo y las restricciones impuestas sobre Yemen. Durante el mismo período, el grupo continuó sus acciones contra Israel, contribuyendo a mantener la dimensión regional del conflicto y la presión sobre actores vinculados con los adversarios de Irán.
Al día siguiente, Hezbollah reafirmó su oposición a los mecanismos de desarme y a los acuerdos promovidos por Estados Unidos en el Líbano. Su líder, Naim Qassem, rechazó nuevamente el marco de acuerdo respaldado por Washington y mantuvo la posición del grupo contraria a las presiones destinadas a limitar sus capacidades. Esta postura situó a Hezbollah en oposición a los esfuerzos impulsados por Estados Unidos para avanzar hacia una mayor estabilización del frente libanés.
Las posiciones adoptadas por los hutíes y Hezbollah reflejaron la continuidad de la presión sobre los adversarios regionales de Irán y el rechazo a determinados mecanismos de desescalada promovidos por Estados Unidos. La actuación de ambos grupos contribuyó a mantener activos distintos escenarios regionales vinculados con la confrontación, ampliando su alcance más allá de la relación bilateral entre Washington y Teherán.
China
En el caso de China, el país asiático manifestó su oposición a la estrategia estadounidense de aislamiento económico contra Irán y defendió la continuidad de los canales diplomáticos. El 20 de agosto, Pekín rechazó las exigencias de Washington para ampliar las sanciones y sostuvo la necesidad de una salida diplomática al conflicto. En el ámbito económico, China mantuvo su cooperación comercial con Irán, en un contexto en el que una proporción significativa de las exportaciones petroleras iraníes tiene como destino el mercado chino. Asimismo, empresas chinas fueron instadas a no acatar determinadas medidas restrictivas estadounidenses, lo que evidenció las diferencias entre ambos países respecto de la aplicación de las sanciones contra Teherán.
Cuatro días después, China advirtió que adoptaría las medidas necesarias para proteger a sus empresas y ciudadanos frente a eventuales sanciones estadounidenses derivadas de sus vínculos económicos con Irán. Pekín sostuvo que las nuevas medidas restrictivas contribuirían a incrementar las tensiones y rechazó la estrategia de Washington de extender la presión económica hacia terceros países y empresas que mantuvieran relaciones comerciales con Teherán. Al día siguiente, las autoridades chinas reiteraron que su cooperación con Irán no debía interrumpirse y volvieron a cuestionar las nuevas sanciones estadounidenses por su potencial para intensificar las tensiones.
Por tanto, China mantuvo una posición orientada a rechazar la ampliación de las sanciones estadounidenses, preservar su cooperación económica con Irán y defender una salida diplomática al conflicto. Su postura introdujo un elemento de tensión adicional para la estrategia de aislamiento económico impulsada por Washington, particularmente debido a la continuidad de los vínculos comerciales y energéticos entre Pekín y Teherán.
SITUACIÓN HUMANITARIA Y SOCIAL
| Dimensión Político y Diplomática | |||
| Variable | Puntaje individual | Puntaje total | Intensidad |
| Víctimas y Desplazados | 🔴Gravedad Extrema (-3) | -3 | 🔴Extrema Intensidad |
| Infraestructura Crítica | 🟠Gravedad Alta (-2) | ||
| Violaciones al DIH | 🔴Gravedad Extrema (-3) | ||
.

Durante el período, el escenario de Oriente Medio experimentó un deterioro multidimensional asociado a la persistencia de las hostilidades y a los efectos acumulados del conflicto sobre la población civil y la infraestructura crítica. En el ámbito demográfico, la intensificación de los enfrentamientos en zonas urbanas generó nuevas víctimas civiles y desplazamientos forzados, mientras que los ataques contra aeródromos y complejos de hidrocarburos evidenciaron la afectación de infraestructura crítica con implicaciones para la población y los servicios esenciales. Este panorama se vio agravado por diversas denuncias de vulneraciones del Derecho Internacional Humanitario (DIH), relacionadas con la afectación de instalaciones protegidas, el presunto empleo de agentes químicos y el impacto de las hostilidades sobre personas bajo protección del DIH.
Víctimas y Desplazados
En el Líbano, la quincena se caracterizó por la coexistencia de movimientos poblacionales contrapuestos y episodios de alta letalidad en el sur del territorio. Pese a que el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) reportó el retorno de aproximadamente 860.000 personas a sus localidades de origen tras una fase previa de confrontación, el deterioro de las redes de agua, energía y servicios de salud mantuvo a unas 360.000 personas en situación de desplazamiento forzado interno. La violencia armada resurgió de forma puntual: el 27 de agosto, ataques aéreos en el sur del país causaron la muerte de una mujer y dejaron múltiples civiles heridos. Para el 30 de agosto, los reportes del Ministerio de Salud confirmaron dos fallecidos adicionales y ocho personas hospitalizadas tras bombardeos en zonas limítrofes. El acumulado de las hostilidades en territorio libanés ascendió a 4.352 fallecidos y 12.318 heridos, en un contexto de crisis estructural que supera la capacidad de respuesta del sistema sanitario local.
Por su parte, la Franja de Gaza y los territorios adyacentes concentraron afectaciones recurrentes contra la población civil y la infraestructura protegida por el Derecho Internacional Humanitario (DIH). El 19 de agosto, ataques aéreos en el centro de Ciudad de Gaza provocaron seis muertes y varias personas heridas. La situación se intensificó el 23 de agosto tras la emisión de órdenes de evacuación para instalaciones de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en Al-Zawayda y Deir al-Balah; la posterior ofensiva aérea causó varios heridos y la muerte del menor de cuatro años Mohammed Abdel Salam Hassan Taha. Ese mismo día, se registró un atentado suicida contra un ciudadano israelí en el valle del Jordán. Hacia el cierre del período, la violencia afectó directamente la infraestructura sanitaria: el 29 de agosto, ataques con drones y disparos en Deir al-Balah causaron cuatro fallecidos y tres heridos, además de destruir un almacén de suministros médicos esenciales dentro del complejo del Hospital Mártires de Al-Aqsa. Finalmente, el 30 de agosto, un nuevo ataque aéreo en el centro de la Franja causó la muerte de otro menor de edad.
En Israel, la prolongación de la alerta de defensa aérea y el lanzamiento intermitente de proyectiles mantuvieron la presión sobre las comunidades urbanas. Aunque los niveles de letalidad directa se redujeron en comparación con las semanas precedentes, los registros hospitalarios contabilizaron atenciones por heridas provocadas por fragmentos e impactos indirectos, alcanzando un acumulado regional de 7.841 heridos. Asimismo, se mantuvieron las medidas de reubicación temporal de residentes de la frontera norte.
En Irán, el período se desarrolló bajo un estado de desgaste constante tras la campaña aérea de las fuerzas aliadas. Las estimaciones de monitoreo humanitario, incluidas las de Activistas de Derechos Humanos en Irán (HRANA, por sus siglas en inglés), situaron el consolidado de víctimas entre 3.528 y 3.684 fallecidos —con una estimación de entre 330 y 610 civiles— y más de 27.000 heridos. Si bien no se identificaron nuevos flujos de refugio transfronterizo, el desplazamiento interno hacia provincias periféricas se mantuvo ante la falta de garantías para el retorno a los principales centros urbanos e industriales.
El impacto sobre el resto del ámbito regional reflejó un patrón sostenido de desestabilización. En Irak, los ataques contra centros logísticos en Al-Anbar y Bagdad elevaron el acumulado a 146 fallecidos y 522 heridos, afectando tanto a personal de milicias como a poblaciones colindantes. En Siria, los bombardeos contra puntos de control mantuvieron condiciones de movilidad inestables en las rutas fronterizas, con un saldo de cuatro muertos y seis heridos durante el período. Por su parte, la península arábiga no registró ataques directos contra sus instalaciones, aunque el número de personas afectadas se mantuvo en torno a 535 heridos como consecuencia de la interceptación de proyectiles.
Al 30 de agosto de 2026, el panorama humanitario regional evidencia un deterioro sostenido de las condiciones de protección de la población civil, con daños a infraestructura sanitaria y cientos de miles de personas situadas entre retornos precarios y desplazamientos prolongados. Estos hechos plantean preocupaciones respecto del cumplimiento de los principios de precaución, distinción y proporcionalidad contemplados en el DIH.
Infraestructura crítica
El 18 de agosto, la Fuerza Aérea de Israel ejecutó cuatro ataques contra la base aérea de Abu al-Duhur, en la gobernación de Idlib (Siria), dirigidos específicamente contra la pista de aterrizaje de la instalación. El hecho fue condenado por Damasco y calificado por Estados Unidos como una escalada innecesaria. Aunque la instalación es de carácter militar y no se registraron daños sobre infraestructura civil ni víctimas directas, el ataque interrumpió temporalmente un punto relevante de conectividad aérea en el norte de Siria, con posibles implicaciones para la logística humanitaria de la región.
Dos días después, en la península arábiga, las fuerzas hutíes reivindicaron dos operaciones con drones contra el aeropuerto de Najrán y una instalación petrolera de la compañía estatal Saudi Aramco, ambas situadas en la misma localidad fronteriza de Arabia Saudita. Los reportes disponibles no confirmaron víctimas civiles ni precisaron la magnitud de los daños materiales. No obstante, la reiteración de ataques contra infraestructura aeroportuaria y energética plantea riesgos para la continuidad de servicios esenciales y el abastecimiento de las comunidades cercanas.
Hacia el cierre del período, el 29 de agosto, un ataque en Deir al-Balah, en la Franja de Gaza, destruyó un almacén de suministros médicos ubicado dentro del complejo del Hospital Mártires de Al-Aqsa. Como se señaló en la sección de Víctimas y desplazados, el hecho afectó directamente la capacidad del sistema sanitario local para atender a la población civil y agravó las restricciones sobre la disponibilidad de suministros médicos.
Violaciones al Derecho Internacional Humanitario
La protección de las instituciones y de las personas vinculadas con la asistencia humanitaria registró nuevos episodios de deterioro en la Franja de Gaza, Cisjordania y Jerusalén Este. El ataque del 23 de agosto contra instalaciones de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en Al-Zawayda y Deir al-Balah, descrito en la sección de Víctimas y desplazados, generó cuestionamientos respecto del respeto a la protección de las instalaciones destinadas a funciones humanitarias. Dos días después, fuerzas de seguridad israelíes ingresaron por la fuerza al Centro de Formación Vocacional de la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en el Cercano Oriente (UNRWA) en Qalandia y procedieron al desalojo del personal para reconvertir el predio bajo jurisdicción municipal. La medida fue calificada por organismos internacionales como una vulneración de las inmunidades institucionales.
Por su parte, la conducción de hostilidades en zonas con alta densidad poblacional generó controversias jurídicas adicionales. El 17 de agosto, el Ministerio de Asuntos Exteriores de Irán condenó declaraciones atribuidas al ministro de Seguridad Nacional de Israel, Itamar Ben-Gvir, respecto de la supuesta fijación de cuotas de bajas en la Franja de Gaza y de planes de desplazamiento forzado. Cinco días después, los reportes sobre el presunto empleo de fósforo blanco por parte de Israel contra Kfar Reman y las alturas de Ali al-Taher, en el sur del Líbano, plantearon preocupaciones respecto de los riesgos para la población civil en zonas próximas a áreas habitadas. En ese mismo período, en relación con las obligaciones de los actores no estatales, el Alto Representante para Gaza de la Junta de Paz (Board of Peace), Nickolay Mladenov, advirtió ante el Consejo de Seguridad de la ONU sobre el incumplimiento de compromisos de desarme y el mantenimiento de infraestructura militar subterránea por parte de Hamás, además de cuestionar la continuidad de los ataques y las deficiencias en los corredores de suministro humanitario.
En Cisjordania y los territorios bajo ocupación, las dinámicas de cercamiento y la violencia ejercida por actores no estatales, con la aquiescencia o intervención de fuerzas militares, afectaron las condiciones de protección de la población civil. Desde el 18 de agosto, se constató el aislamiento de viviendas en Ras al-Ain (Qusra), declaradas zona militar cerrada, junto con severas restricciones al ingreso de alimentos y agua para sus residentes. Hacia el final del período, entre el 28 y el 29 de agosto, se intensificaron las agresiones de colonos israelíes contra comunidades locales en Qusra, Jalud y Madama, incluida la destrucción de un monumento conmemorativo por parte de un legislador israelí. Estos episodios incluyeron ataques directos con objetos contundentes contra pobladores y equipos de prensa de NBC News, lo que planteó preocupaciones respecto de las garantías de protección aplicables a los periodistas que desempeñan funciones vinculadas con la cobertura de las hostilidades.
Finalmente, el tratamiento otorgado a personas privadas de libertad evidenció transgresiones a los estándares internacionales de derechos humanos y a los Convenios de Ginebra relativos al Tratamiento de los Prisioneros de Guerra (III) y a la Protección de Personas Civiles en Tiempo de Guerra (IV). En Irán, Activistas de Derechos Humanos en Irán (HRANA) documentó la condena de ciudadanos a penas de prisión de tres y seis años por parte de tribunales revolucionarios tras expresar opiniones en redes sociales o participar en protestas, bajo cargos relacionados con atentados contra la seguridad nacional y en circunstancias en las que se habrían limitado las garantías de debido proceso. Por otro lado, el 30 de agosto, la difusión pública de grabaciones en las que el ministro de Seguridad Nacional de Israel realizó comentarios despectivos hacia prisioneras palestinas en la cárcel de Damon —en relación con restricciones al acceso a agua potable, higiene femenina y atención médica— generó cuestionamientos respecto del cumplimiento de las obligaciones de trato digno y protección de las personas privadas de libertad previstas por el Derecho Internacional Humanitario.
SITUACIÓN ECONÓMICA Y ENERGÉTICA
| Dimensión Económica y Energética | |||
| Variable | Puntaje individual | Puntaje total | Intensidad |
| Cantidad de Buques Comerciales | 🟠Impacto Alto (-2) | -2 | 🟠Alta Intensidad |
| Desvío de Tránsito | 🟠Impacto Alto (-2) | ||
| Commodities Energéticas | 🟠Impacto Alto (-2) | ||
_LowRes.jpg)
Entre el 17 y el 30 de agosto de 2026, el tránsito marítimo evidenció una elevada volatilidad. En el estrecho de Ormuz, el mínimo fue de 4 buques los días 17, 21 y 23, mientras que el máximo alcanzó 17 buques el 26 de agosto. En paralelo, el tránsito desviado hacia el cabo de Buena Esperanza alcanzó un máximo de 92 buques diarios los días 24 y 25, reflejando la presión sobre las rutas alternativas al mar Rojo. Por su parte, el Brent alcanzó un máximo de US$ 96,92 el 21 de agosto y un mínimo de US$ 86,28 el 26, en un contexto de avances diplomáticos entre Irán y Omán.
Cantidad de buques
El 17 de agosto se contabilizaron 4 buques. Este registro se produjo en un contexto marcado por la expiración del acuerdo temporal de tránsito y el ataque contra el buque Minoan Dignity, que dejó como saldo un tripulante fallecido.
El 18 de agosto, el tráfico aumentó a 6 buques, una recuperación de 2 unidades (+50 %), aunque ese mismo día se registraron nuevos ataques contra la navegación comercial. El 19 permaneció en 6 unidades, sin variación, mientras que la detención del buque Amara cerca de la isla de Qeshm incrementó la incertidumbre sobre las condiciones de tránsito. El 20 descendió a 5 unidades (-16,7 %) y el 21 volvió a caer a 4 (-20 %), en un contexto de creciente cautela entre los operadores del sector.
El 22 se produjo el primer repunte significativo del período, con 13 buques, 9 más que la jornada anterior (+225 %), asociado a la liberación de tráfico acumulado y al empleo de rutas escoltadas. Al día siguiente, no obstante, el flujo volvió a descender a 4 unidades, una caída de 9 buques (-69,2 %). El 24, el tránsito aumentó hasta 8 buques (+100 %); ese mismo día, el ataque contra el buque Metro Venetian evidenció la persistencia de riesgos para la navegación comercial. La Organización Marítima Internacional (OMI) confirmó que el buque sufrió daños materiales, sin que se registraran derrames de hidrocarburos.
El 25 descendió a 5 unidades (-37,5 %), mientras que el 26 alcanzó el máximo del período, con 17 buques, 12 más que la jornada previa (+240 %). El 27, el tránsito cayó abruptamente a 7 buques (-58,8 %). Al día siguiente, el 28, se recuperó ligeramente hasta 8 unidades (+14,3 %). Finalmente, el 29 bajó a 6 unidades (-25 %) y cerró el 30 con 5 (-16,7 %). Estos datos evidencian que cada repunte fue seguido por una nueva contracción del tránsito marítimo por el corredor.
Desvío de tránsito
El canal de Suez comenzó el período con 29 buques el 17 de agosto y aumentó de forma sostenida a 30 el 18, 31 el 19 y 32 el 20 (+1 unidad diaria en cada caso). El 21 cayó a 29 unidades (-3) y se recuperó a 30 el 22 (+1) y 31 el 23 (+1). Esta recuperación coincidió con el retorno progresivo de portacontenedores y graneleros, aunque el tráfico todavía permanecía por debajo de los niveles anteriores a la crisis.
El 24 de agosto marcó un punto de inflexión en el tránsito por Suez, que descendió a 26 buques (-5). Ese mismo día, el ataque contra el petrolero de gran porte (VLCC, por sus siglas en inglés) Amzan reforzó la percepción de riesgo en el corredor del mar Rojo. El 25 permaneció en 26 unidades. A partir del 26 se inició una recuperación sostenida: 33 buques ese día (+7), 33 el 27, 34 el 28 (+1), 35 el 29 (+1) y 34 el 30 (-1). Esta evolución coincidió con el retorno gradual de servicios comerciales al canal de Suez.
El tránsito por Bab el-Mandeb pasó de 24 buques el 17 a 25 el 18 y 26 el 19, antes de retroceder a 24 el 20. Entre el 21 y el 23, osciló entre 24 y 26 unidades. El 24 cayó abruptamente a 19 buques (-5). El 25 se mantuvo en el mismo nivel y, el 26, el tráfico aumentó a 28 unidades (+9), volumen que se mantuvo hasta el 28. El 29 descendió a 27 (-1) y el 30 volvió a 28 (+1).
Durante el mismo período, el cabo de Buena Esperanza absorbió parte importante del tráfico desviado: pasó de 84 buques el 17 a 88 el 21, cayó a 84 el 22 y alcanzó 92 unidades los días 24 y 25. Luego descendió a 83 entre el 26 y el 28, llegó a 81 el 29 y cerró con 82 el 30. Los datos indican que la ruta a través del continente africano continuó funcionando como una de las principales alternativas de tránsito frente a la incertidumbre persistente en el mar Rojo.
Commodities energéticas
El 17 de agosto, el barril de petróleo Brent cotizó a US$ 90,87, punto de partida del período. El 18 aumentó a US$ 90,97 (+0,11 %), mientras que la persistencia de las tensiones en Bab el-Mandeb mantenía elevada la prima de riesgo. El 19 subió a US$ 92,37 (+1,54 %), en un contexto de reducción de los inventarios estadounidenses y nuevas advertencias sobre sanciones. El 20 alcanzó US$ 94,00 (+1,76 %), en un escenario de menor circulación de hidrocarburos por el estrecho de Ormuz.
El 21 de agosto se produjo el mayor incremento diario de la primera fase, hasta US$ 96,92 (+3,11 %), máximo del período. El movimiento coincidió con un ataque contra un petrolero próximo a Omán y nuevas perturbaciones sobre instalaciones energéticas. El 22, el precio cayó a US$ 93,78 (-3,24 %), principalmente en un contexto de toma de ganancias por parte de los operadores del mercado, y el 23 descendió ligeramente hasta US$ 93,50 (-0,30 %).
El 24 continuó la corrección hasta US$ 92,17 (-1,42 %), en un contexto de funcionamiento de convoyes protegidos. El 25 prácticamente no varió, al situarse en US$ 92,16 (-0,01 %). El 26 se registró el movimiento más pronunciado en sentido descendente del período: el Brent cayó a US$ 86,28 (-6,38 %), coincidiendo con los avances de Irán y Omán hacia el establecimiento de un corredor marítimo temporal. Este desarrollo redujo las expectativas de una interrupción prolongada del suministro. Otras fuentes especializadas también señalaron una caída significativa del Brent asociada a las expectativas de reapertura del estrecho de Ormuz.
El 27, el Brent repuntó hasta US$ 89,70 (+3,96 %), en un contexto de dudas sobre la capacidad efectiva del corredor para normalizar el tránsito. El 28, el precio cayó a US$ 88,29 (-1,57 %); el 29 descendió a US$ 88,00 (-0,33 %) y el 30 permaneció estable en ese mismo nivel (0,00 %). De este modo, el período cerró con una moderación del precio respecto del máximo registrado el 21 de agosto.

