El presente informe tiene por objeto analizar el proceso y las implicaciones de las elecciones parlamentarias de Estados Unidos que se llevaron a cabo el 3 de noviembre del 2026. Celebradas a dos años del inicio del segundo mandato de Donald Trump, estas comisiones de medio término renovaron 35 de los 100 escaños del Senado y la totalidad de los 435 miembros de la Cámara de Representantes, además de definirse gobernaciones y legislaturas locales en decenas de estados. La jornada electoral estuvo precedida por una elevada polarización política y por la participación anticipada de más de 14 millones de ciudadanos, en un contexto marcado por intensas disputas judiciales sobre el voto por correo y la polémica redefinición de distritos congresionales a lo largo del país.
El proceso electoral se desarrolló en una coyuntura económica y geopolítica altamente compleja para la administración presidencial. El descontento social se vio exacerbado por el aumento de precios en alimentos, vivienda y combustible, derivado del impacto de la inflación, la imposición de aranceles a más de 60 socios comerciales y la escalada bélica por el conflicto contra Irán iniciado en febrero de 2026. A ello se sumaron los profundos debates sobre la intensificación de las operaciones migratorias a cargo del ICE y el control de la inteligencia artificial, factores que desgastaron sensiblemente la imagen pública de Trump, cayendo de un 50 % al inicio de su gestión a un 37 % en vísperas de los comicios.
En este marco, las fuerzas opositoras articularon sus propuestas en torno a la reducción del costo de vida, el acceso a la salud y el cuestionamiento a la política exterior y militar de la Casa Blanca, logrando revertir la ajustada ventaja que el Partido Republicano mantenía en el Congreso. El Partido Demócrata logró recuperar el control tanto de la Cámara de Representantes al conseguir 240 escaños frente a los 147 de los republicanos (faltando que se definan 48 candidatos) como del Senado, donde alcanzaron 54 bancas frente a 44, faltando que se definan los últimos dos.
Esta victoria demócrata se extendió de forma notable a estados tradicionalmente republicanos como Kansas, Texas, Iowa y Carolina del Sur, impulsada además por el triunfo en las gobernaciones, donde alcanzaron un total de 28 puestos (cinco más que antes de los comicios) arrebatando cargos al oficialismo en distritos clave como Georgia, Texas e Iowa. De este modo, los resultados representaron un severo revés para el oficialismo y un nuevo escenario legislativo.
Contexto Histórico y Político
A dos años del inicio del segundo mandato de Donald Trump, Estados Unidos celebró una nueva jornada de elecciones de medio término. En estos comicios se renovaron 35 de los 100 escaños del Senado y la totalidad de la Cámara de Representantes. Los resultados no solo determinarán qué partido controlará el Congreso durante los próximos dos años, sino que también serán interpretados como un indicador del respaldo ciudadano a la gestión presidencial. En este contexto, la imagen positiva de Trump pasó del 50 % al inicio de su mandato al 37 % en octubre de 2026.
Las elecciones tuvieron lugar en una coyuntura económica compleja para Estados Unidos. El aumento de los precios de los combustibles, los alimentos, la vivienda y los servicios de salud contribuyó al descontento social. Asimismo, la inflación superó las proyecciones de la Reserva Federal, en un contexto marcado, entre otros factores, por la imposición de aranceles a más de 60 socios comerciales y por la guerra contra Irán, iniciada por Estados Unidos e Israel en febrero de 2026. Días antes del conflicto, el precio de la gasolina se situaba por debajo de los 2,30 dólares por galón, mientras que posteriormente alcanzó los 4 dólares. Estas decisiones de política exterior y comercial tuvieron repercusiones internacionales y también incidieron en el costo de vida de los consumidores estadounidenses.
La política migratoria constituye otro de los ejes centrales del gobierno de Trump. Mientras los republicanos sostienen que el presidente reforzó el control fronterizo y amplió las operaciones contra la inmigración irregular y el crimen transnacional mediante el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés), distintos sectores cuestionan las tácticas operativas de esta agencia. Por otra parte, la regulación de la inteligencia artificial también ocupa un lugar relevante en el debate político. Mientras diversos sectores demandan mayores controles sobre su desarrollo, Trump se ha opuesto a determinadas iniciativas legislativas orientadas a regular el sector tecnológico.
Actualmente, los republicanos mantienen una mayoría ajustada en el Senado y en la Cámara de Representantes. Sin embargo, si los demócratas obtienen el control de cualquiera de las dos cámaras, Trump podría enfrentar mayores dificultades para impulsar su agenda legislativa. Asimismo, una mayoría opositora facilitaría la aprobación de iniciativas promovidas por el Partido Demócrata (PD) y podría impulsar la creación de comités de investigación sobre la gestión presidencial. También podría reabrirse el debate sobre un eventual proceso de juicio político contra Trump, una cuestión que ya estuvo presente durante los últimos años de su primer mandato.
Asimismo, un Congreso con mayoría demócrata podría incidir en la política exterior del gobierno de Trump, caracterizada por un elevado gasto en defensa y el financiamiento de iniciativas estratégicas en Asia Occidental (Oriente Medio) y Asia-Pacífico. La Constitución estadounidense otorga al Congreso facultades relacionadas con la autorización del uso de la fuerza militar y el control del gasto público. En este sentido, los legisladores demócratas podrían utilizar sus atribuciones presupuestarias para condicionar la continuidad de las operaciones militares en Irán. La asistencia militar a Israel también podría ser objeto de revisión, mediante la imposición de límites o la reducción de los recursos destinados a ese país. Por otra parte, Trump solicitó al Congreso un incremento del 67 % del presupuesto militar para 2026, equivalente a aproximadamente 1,5 billones de dólares, propuesta que encontró resistencia entre los legisladores demócratas en el Senado.
Desde una perspectiva histórica, el sistema político estadounidense se caracteriza por el predominio de dos grandes partidos. Las primeras divisiones partidarias surgieron en los años posteriores a la aprobación de la Constitución de 1787, a partir de diferencias sobre el alcance del poder federal y la autonomía de los estados. Con el tiempo, estas disputas dieron lugar a distintas organizaciones políticas y procesos de transformación que configuraron el sistema bipartidista actual, en el que el Partido Demócrata y el Partido Republicano concentran la mayor parte de la representación electoral y parlamentaria.
El Partido Demócrata reúne diversos sectores que promueven, entre otras cuestiones, una mayor intervención estatal en determinadas áreas sociales y económicas, la protección del acceso a la salud y la defensa de los derechos civiles. Por su parte, el Partido Republicano, fundado en la década de 1850, suele defender una menor intervención estatal en la economía, la reducción de impuestos, políticas migratorias más restrictivas y una interpretación conservadora de determinados valores sociales. No obstante, ambos partidos albergan distintas corrientes internas y sus posiciones han experimentado transformaciones a lo largo de la historia.
En las últimas décadas, la polarización política se ha convertido en una característica central de la vida institucional estadounidense. Las diferencias entre republicanos y demócratas no se limitan a sus propuestas económicas y sociales, sino que también se manifiestan en debates sobre el funcionamiento de las instituciones, la política exterior y la legitimidad de los procesos electorales. Entre los antecedentes más relevantes se encuentran las elecciones presidenciales de 2020, cuyos resultados fueron cuestionados por Donald Trump, y el asalto al Capitolio del 6 de enero de 2021, cuando sus partidarios irrumpieron en el Congreso durante la certificación de la victoria electoral de Joe Biden. Asimismo, las declaraciones de Trump sobre Canadá, Groenlandia y Venezuela, así como sus propuestas de modificar la denominación del océano Atlántico, han generado controversias relacionadas con el derecho internacional y la soberanía de los Estados. Estos acontecimientos han profundizado el debate sobre la estabilidad democrática y la confianza en las instituciones.
En este contexto, las elecciones de medio término de 2026 adquieren una relevancia que trasciende la renovación legislativa. La composición del Congreso condicionará la capacidad del Poder Ejecutivo para impulsar su agenda, negociar el presupuesto y obtener respaldo para sus iniciativas. Asimismo, una mayoría opositora podría intensificar la supervisión de la administración mediante audiencias e investigaciones de los comités legislativos. Por ello, los resultados constituirán un indicador del respaldo político al Gobierno y de la relación de fuerzas entre los principales partidos durante la segunda mitad del mandato presidencial.
Proceso Electoral
Estados Unidos es una república federal compuesta por 50 estados, con un sistema presidencialista y una separación de poderes establecida en la Constitución de 1787. El Congreso es bicameral y está integrado por la Cámara de Representantes, compuesta por 435 miembros elegidos en distritos electorales para períodos de dos años, y el Senado, conformado por 100 miembros, dos por cada estado, con mandatos de seis años y renovación escalonada de aproximadamente un tercio de sus integrantes cada dos años.
Estos comicios corresponden a las elecciones de medio término (midterm elections), celebradas a mitad del mandato presidencial, en las que se renueva la totalidad de la Cámara de Representantes y aproximadamente un tercio del Senado. Además, 36 estados eligieron gobernadores y 46 celebraron elecciones legislativas locales. La votación anticipada comenzó varias semanas antes de la jornada electoral y, hasta el 21 de octubre, aproximadamente 14,3 millones de personas habían emitido su voto: cerca de 9,1 millones por correo y 5,2 millones de manera presencial.
El proceso electoral está marcado por cambios en las reglas de representación. Tanto demócratas como republicanos en casi dos docenas de estados evaluaron modificar sus mapas congresionales a mitad de la década, en un proceso de redistribución de distritos considerado uno de los más amplios desde el siglo XIX. En este contexto, Alabama, California, Florida, Luisiana, Carolina del Norte, Ohio, Tennessee, Texas y Utah utilizarán nuevos distritos electorales en estos comicios.
Por otra parte, el voto por correo ha generado controversias judiciales. En marzo, el presidente Trump emitió una orden ejecutiva relacionada con esta modalidad, que permitiría al Servicio Postal de Estados Unidos (USPS) rechazar la entrega de papeletas de aquellos estados que no proporcionen listas de votantes habilitados ni adopten un formato uniforme de sobres. La disposición fue impugnada por legisladores demócratas, organizaciones defensoras del derecho al voto y distintos estados. En Boston, un juez suspendió su aplicación en 24 estados, mientras que otro magistrado, en Washington D. C., bloqueó la medida a nivel nacional. La administración Trump presentó una apelación.
En relación con la participación ciudadana, la votación anticipada adquiere especial relevancia al permitir distribuir la concurrencia electoral a lo largo de varias semanas, en lugar de concentrarla exclusivamente en la jornada de los comicios. No obstante, los datos de votación temprana deben interpretarse con cautela, ya que una mayor cantidad de sufragios emitidos antes del 3 de noviembre no permite determinar, por sí sola, el nivel de participación total ni anticipar los resultados electorales.
En cuanto a la organización de la jornada electoral, la administración de los comicios recae principalmente en las autoridades estatales y locales, responsables de preparar los centros de votación, distribuir las papeletas, capacitar al personal electoral y supervisar los procedimientos. Los electores deben acudir al centro que les corresponda o utilizar alguna de las modalidades de votación anticipada habilitadas en su estado, de acuerdo con los requisitos de inscripción e identificación establecidos. Esta descentralización permite que los procedimientos, horarios y condiciones de votación varíen entre jurisdicciones, incluso en el caso de elecciones federales.
Una vez cerrados los centros de votación, comienza el recuento de los sufragios. Sin embargo, los resultados difundidos durante la noche electoral son preliminares y no constituyen necesariamente los resultados definitivos. Las autoridades deben contabilizar las papeletas pendientes, verificar los votos provisionales y enviados por correo, conciliar los registros de participación y, según las normas de cada estado, realizar auditorías antes de certificar los resultados. Por este motivo, la composición definitiva del Congreso puede tardar varios días o semanas en conocerse.
En este contexto, la transparencia del escrutinio y la aplicación uniforme de las normas dentro de cada jurisdicción resultan fundamentales para preservar la confianza pública en el proceso electoral. Las controversias sobre el voto por correo y la redistribución de los distritos muestran que los desafíos no se limitan a la organización de la jornada electoral, sino que también comprenden las condiciones en las que se emite y contabiliza el sufragio, así como las competencias de las autoridades encargadas de administrar los comicios.
Candidatos y Plataformas
En las elecciones al Senado, varias contiendas estatales adquieren especial relevancia debido a su potencial incidencia en la distribución de fuerzas dentro de la Cámara Alta.
En Texas, la contienda enfrenta a James Talarico (D) y Ken Paxton (R). Talarico es legislador estatal y seminarista presbiteriano, mientras que Paxton ocupa el cargo de fiscal general. Este último derrotó al senador John Cornyn en la segunda vuelta de las primarias republicanas y fue sometido a un proceso de juicio político por la Cámara estatal en 2023, aunque posteriormente fue absuelto por el Senado de Texas. Desde el punto de vista electoral, Talarico busca poner fin a una racha de 32 años sin victorias demócratas en elecciones para cargos estatales. A mitad de año, su campaña había recaudado 68,6 millones de dólares, frente a los 9,2 millones de Paxton. Las encuestas reflejan una contienda competitiva, con una ventaja demócrata reducida que oscila entre el empate técnico y los cinco puntos porcentuales.
En Maine, la contienda enfrenta a Troy Jackson (D) y Susan Collins (R). Jackson, leñador de quinta generación y expresidente del Senado estatal, ingresó a la carrera electoral como candidato de reemplazo tras la salida de Graham Platner, quien se retiró en medio de denuncias de abuso sexual que ha negado. Por su parte, Collins busca obtener un sexto mandato, respaldada por su trayectoria y su influencia como presidenta del Comité de Asignaciones. Jackson, en cambio, busca atraer a sectores del electorado que respaldaron a Donald Trump.
En Michigan, la contienda enfrenta a Abdul El-Sayed (D) y Mike Rogers (R). El-Sayed fue director de Salud del condado de Wayne y cuenta con el respaldo de Bernie Sanders. Ganó las primarias del 4 de agosto con el 48,5 % de los votos, frente a la representante Haley Stevens, quien contaba con el apoyo de buena parte de los sectores tradicionales del Partido Demócrata. De resultar electo, se convertiría en el primer senador musulmán del país. Por su parte, Rogers, exrepresentante con siete mandatos y aliado de Trump, perdió en 2024 frente a Elissa Slotkin por aproximadamente 19.000 votos. Durante la última semana de campaña, tanto Trump como Obama participaron en actividades proselitistas en el estado. Paralelamente, los republicanos intensificaron sus críticas contra El-Sayed, algunas de las cuales fueron señaladas por medios de comunicación como expresiones de islamofobia.
Por parte de los republicanos, la estrategia electoral prioriza los temas de seguridad fronteriza e integridad electoral, con énfasis en la Ley SAVE America, que contempla requisitos de identificación para ejercer el voto y cuya aprobación permanece estancada en el Senado. En materia económica, el partido defiende la legislación fiscal de 2025 (One Big Beautiful Bill), que contempla exenciones tributarias para las propinas y las horas extraordinarias de determinados trabajadores. Asimismo, el comité de campaña republicano de la Cámara de Representantes recomendó a sus candidatos simplificar sus mensajes y asociar a los demócratas con los aumentos de impuestos y el fraude electoral. A esta estrategia se suma el anuncio de Trump, realizado el 9 de septiembre, de un posible “dividendo” de 5.000 dólares por adulto en caso de que los republicanos mantengan el control del Congreso. Por otra parte, existen posiciones divergentes dentro del partido respecto al conflicto con Irán. Algunos candidatos en contiendas competitivas han evitado respaldar o cuestionar públicamente las decisiones del presidente, ante la preocupación por el posible descontento de sus bases electorales.
Por su parte, los demócratas centran su discurso en el costo de vida, el acceso a la salud y las consecuencias económicas y políticas de la guerra. Su estrategia consiste en impulsar candidaturas con arraigo local y respaldar perfiles competitivos en estados bajo control republicano. En el ámbito legislativo, buscan posicionarse como un contrapeso al Poder Ejecutivo. En caso de obtener la mayoría en la Cámara de Representantes, el partido priorizaría la restitución de los créditos fiscales de la Ley de Cuidado de Salud Asequible (Affordable Care Act, ACA), la reversión de los recortes a Medicaid, la oposición a la guerra en Irán y la eliminación de los aranceles comerciales impuestos por Trump.
Resultados Electorales
De acuerdo con los resultados publicados por Associated Press y reportados por Reuters, el Partido Demócrata logró recuperar el control de la Cámara de Representantes y del Senado. En la Cámara de Representantes obtuvo 253 escaños frente a los 157 alcanzados por los republicanos. En el Senado, los demócratas consiguieron 54 bancas frente a las 44 republicanas, con dos escaños todavía por definirse. El avance demócrata también se extendió a estados tradicionalmente republicanos, como Kansas, Texas, Iowa y Carolina del Sur.
En las elecciones para gobernador, los demócratas alcanzaron 28 gobernaciones, cinco más de las que controlaban antes de los comicios, mientras que los republicanos conservaron 20. De las 36 gobernaciones en disputa, 34 contaban con resultados definidos al momento del relevamiento y dos permanecían pendientes. Entre las victorias demócratas destacaron las obtenidas en Georgia, con Keisha Lance Bottoms; Texas, con Gina Hinojosa; e Iowa, con Rob Sand.
La recuperación de ambas cámaras supone un cambio importante en el equilibrio político de Estados Unidos. Con el control del Congreso, los demócratas tendrán mayores posibilidades de influir en la agenda legislativa y supervisar las decisiones del gobierno de Donald Trump. También se abre un nuevo escenario de negociación entre el Ejecutivo y el Legislativo, especialmente en temas como el presupuesto, la política migratoria y la economía, en un contexto en el que la oposición contará con mayores herramientas para cuestionar las iniciativas presidenciales.
Más allá de los resultados legislativos, las victorias demócratas en estados tradicionalmente republicanos muestran que el respaldo electoral al partido se extendió a territorios donde históricamente ha tenido mayores dificultades para competir. Este avance plantea un desafío para los republicanos, que deberán revisar su estrategia política y electoral de cara a los próximos comicios. Al mismo tiempo, representa una oportunidad para los demócratas de consolidar el respaldo obtenido y proyectar su recuperación hacia las siguientes elecciones presidenciales.
Reacciones
Tras las elecciones, el presidente estadounidense Donald Trump reconoció la derrota y felicitó a los demócratas, al señalar que “hicieron un buen trabajo” durante una entrevista telefónica con Fox News. Sin embargo, sostuvo que los resultados no representaban “un revés” para él y rechazó que la derrota electoral constituyera un contratiempo para su gobierno. Asimismo, afirmó en redes sociales que, de haber sido candidato, los republicanos habrían ganado.
Hakeem Jeffries, líder de la bancada demócrata en la Cámara de Representantes, calificó la victoria de su partido en la cámara baja como un “momento de rojo, blanco y azul, porque Estados Unidos ha ganado esta noche”. Por su parte, Chuck Schumer, líder de los demócratas en el Senado, señaló que se había producido una “renovación generacional del mapa del Senado”.
Por su parte, el presidente del Comité Nacional Demócrata, Ken Martin, afirmó que “durante los próximos dos años, los demócratas intervendrán allí donde los republicanos han fracasado, trabajando cada día para reducir los costos. Lo siguiente: la Casa Blanca”.
El presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, reaccionó a los resultados mediante una publicación en sus redes sociales, en la que afirmó: “Ayer, la sociedad estadounidense votó contra las políticas que solo empobrecen. Contra el odio. Contra el machismo. Contra el negacionismo climático y contra los privilegios de las élites”.
El primer ministro británico, Andy Burnham, afirmó en relación a los comicios de medio término estadounidenses que el mundo «tiene ahora la oportunidad de unirse en torno a la cuestión del costo de vida».
Medios de Europa y de América Latina destacaron la victoria del Partido Demócrata por sobre el Republicano con expresiones como “tsunami demócrata” o “vuelco político” en sus coberturas. The Guardian, del Reino Unido, describió el resultado como un “golpe devastador”.

