El presente informe tiene por objeto analizar el proceso y las implicaciones de las elecciones parlamentarias de Israel, celebradas por primera vez tras el ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023. Con una participación cercana al 77,7 %, los comicios reflejaron un escenario de profunda polarización y fragmentación política, según los resultados parciales del escrutinio.
Los resultados electorales posicionaron al Likud, de Benjamin Netanyahu, como la primera fuerza política individual, con 26 escaños, seguido de cerca por Yashar, el partido de Gadi Eisenkot, con 21 bancas. No obstante, el sistema parlamentario israelí evidenció que ninguna de las principales alianzas alcanzó por sí sola la mayoría absoluta de 61 escaños necesaria para gobernar la Knéset.
En este contexto de fragmentación, el jefe de Estado esperará la publicación de los resultados definitivos para iniciar el proceso de designación del parlamentario encargado de formar gobierno. Una vez concluido el escrutinio, Herzog consultará a los representantes de los grupos parlamentarios y encomendará esta tarea a un legislador que considere capaz de reunir los apoyos necesarios. El candidato designado dispondrá inicialmente de 28 días para formar gobierno, con la posibilidad de obtener una prórroga de hasta 14 días para avanzar en las negociaciones parlamentarias.
Contexto Histórico y Político
Israel se encuentra ante las elecciones parlamentarias previstas para el 27 de octubre de 2026, en un contexto de elevada polarización política, social y de seguridad. El país funciona bajo un sistema parlamentario de representación proporcional, en el que los ciudadanos votan por listas partidarias para conformar la Knéset, integrada por 120 miembros. Los partidos deben superar el umbral electoral del 3,25 % para obtener representación. Debido a la fragmentación del sistema, ningún partido suele alcanzar por sí solo la mayoría de 61 escaños necesaria para gobernar, por lo que la formación de coaliciones resulta determinante. Las elecciones de 2026 tienen, además, un significado particular, ya que son las primeras celebradas desde el ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023, acontecimiento que desencadenó la guerra en Gaza y una posterior escalada regional que involucró a Líbano e Irán. Por ello, el proceso electoral se considera, en buena medida, un referéndum sobre el liderazgo de Benjamín Netanyahu y la gestión de su gobierno en materia de seguridad nacional, la guerra y las consecuencias del ataque de 2023.
El Estado de Israel se encuentra en Asia Occidental y limita al norte con Líbano y Siria; al este, con Siria (Altos del Golán), Cisjordania y Jordania; al sur, con Egipto; y al oeste, con la Franja de Gaza y el mar Mediterráneo (mar territorial de Chipre) (Oficina de Información Diplomática, 2024). La extensión territorial del Estado israelí es objeto de debate internacional y constituye un tema vigente en la región, ya que no existe un acuerdo entre los distintos actores del sistema internacional sobre los límites políticos reconocidos a dicho país.
Su población ronda los 9.842.000 habitantes, de los cuales el 73,2 % es judía, el 21,1 % árabe y el 5,7 % pertenece a los grupos druso, circasiano y otros, según datos oficiales de 2023. El Estado israelí es una república parlamentaria y ha fijado su capital en Jerusalén, pese a la falta de acuerdo internacional sobre el estatus de dicha ciudad. La mayoría de los países mantienen sus embajadas en Tel Aviv, mientras que menos de una decena han reconocido a Jerusalén como su capital. El conflicto territorial entre Israel y otros países de la región tiene décadas de historia y continúa vigente.
A principios del siglo XX, diversos factores internos y externos, como la derrota del Imperio otomano durante la Primera Guerra Mundial, llevaron a su partición territorial y posterior caída. Los territorios que formaban parte del imperio se reorganizaron bajo la naciente República de Turquía en 1923, mientras que los territorios al sur fueron repartidos entre Reino Unido y Francia. Palestina, antiguo territorio otomano, quedó bajo administración británica en 1922 por decisión de la Sociedad de las Naciones, antecedente de la Organización de las Naciones Unidas. El reclamo judío sobre el territorio palestino tiene su origen, entre otros antecedentes, en la Declaración de Balfour de 1917, mediante la cual el Gobierno británico manifestó formalmente su apoyo al «establecimiento en Palestina de un hogar nacional para el pueblo judío» (Naciones Unidas, 20 de octubre de 2026). Durante el mandato británico en Palestina, entre 1922 y 1947, se desarrolló una ola de inmigración judía a gran escala hacia este territorio, principalmente desde Europa oriental e influenciada, en gran medida, por la persecución nazi durante la década de 1930. La reivindicación árabe de independencia y la resistencia a dicha inmigración desembocaron en la rebelión de 1937, en un contexto de creciente confrontación entre árabes y judíos. Si bien Reino Unido consideró varias opciones para facilitar la independencia, en 1947 acudió a las Naciones Unidas para que dieran una solución a la cuestión palestina. Ese mismo año, mediante la Resolución 181 (II), la ONU propuso poner fin al mandato británico y dividir el territorio palestino en dos Estados independientes —uno árabe palestino y otro judío—, mientras que Jerusalén quedaría bajo un régimen internacional. En 1948, Israel proclamó su independencia y continuó el conflicto bélico con los Estados árabes vecinos hasta ocupar el 77 % del territorio que había conformado Palestina bajo el mandato británico, incluida la mayor parte de Jerusalén. Ese año marcó el inicio de la conmemoración de la Nakba, o «catástrofe» en árabe, que hace referencia al desplazamiento forzado de más de 700.000 palestinos durante la fundación del Estado de Israel.
Desde entonces, en el marco del conflicto bélico, Israel ha ocupado y anexado territorios, además de expulsar a palestinos mediante la violencia y el establecimiento de asentamientos permanentes. La ONU ha aprobado varias resoluciones sobre este tema, entre ellas, algunas orientadas a promover negociaciones de paz y otras destinadas a reafirmar el derecho palestino a la autodeterminación, la independencia nacional y la soberanía. Sin embargo, estas medidas no han logrado incidir significativamente en las pretensiones israelíes de expansión territorial. En la década de 1990 se alcanzaron acuerdos que propiciaron una paz temporal y el reconocimiento mutuo entre el Gobierno de Israel y la Organización para la Liberación de Palestina, en representación de los palestinos. Sin embargo, las hostilidades no tardaron en reanudarse, en un contexto de nuevas acciones israelíes en Cisjordania. La región se caracteriza por ser un escenario de violencia, terrorismo y destrucción.
El 7 de octubre de 2023 marcó el inicio de una importante escalada bélica que se extiende hasta la actualidad. La Franja de Gaza es una de las zonas más pobladas del mundo y se encuentra inmersa en una crisis humanitaria. En 2006, Hamás, grupo islamista radical, ganó las elecciones en Gaza y emprendió una fuerte oposición armada contra Israel. El 7 de octubre de 2023, Hamás lanzó una ofensiva sorpresa desde varios puntos de Gaza e inició una incursión terrestre en Israel, durante la cual capturó a decenas de rehenes y asesinó a más de 1.000 personas. En respuesta, Israel declaró la guerra. Las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) iniciaron ataques aéreos sobre Gaza que causaron la muerte de más de 41.000 palestinos y desplazaron a más de un millón de personas. Asimismo, cercaron militarmente la Franja y mantuvieron restricciones a la entrada de alimentos, agua, electricidad, equipos médicos y otros suministros vitales. En septiembre de 2025, la Comisión Internacional Independiente de Investigación sobre los Territorios Palestinos Ocupados de las Naciones Unidas acusó formalmente a Israel de cometer genocidio durante su ofensiva.
Netanyahu, líder del Likud, busca mantenerse en el poder al frente de un bloque integrado principalmente por fuerzas de derecha, nacionalistas, ultranacionalistas y partidos ultraortodoxos, como Otzma Yehudit, Shas y Judaísmo Unido de la Torá. Su principal desafío proviene de una oposición fragmentada, pero fortalecida, en la que destaca Gadi Eisenkot, exjefe del Estado Mayor de las Fuerzas de Defensa de Israel y dirigente de Yashar, además de figuras como Naftali Bennett, Yair Lapid y Avigdor Lieberman. La competencia no se limita a una disputa ideológica entre izquierda y derecha, sino que gira fundamentalmente en torno a la seguridad, la conducción de la guerra, la responsabilidad política por las fallas que precedieron al 7 de octubre, la cuestión palestina, el servicio militar de los ultraortodoxos y la situación económica. Los partidos de derecha radical, particularmente el de Itamar Ben-Gvir, mantienen una influencia relevante, mientras que los partidos árabes podrían adquirir un papel decisivo si ninguno de los grandes bloques consigue reunir los 61 escaños necesarios para formar gobierno.
La dimensión internacional constituye otro componente fundamental de la elección. La relación con Estados Unidos continúa siendo uno de los principales pilares de la política exterior y de seguridad israelí. Durante los últimos años, se ha estrechado especialmente la relación entre Netanyahu y el presidente estadounidense Donald Trump. El 18 de octubre de 2026, a pocos días de las elecciones, Trump expresó públicamente su respaldo a Netanyahu y lo presentó como un dirigente fundamental para enfrentar la amenaza iraní. Esta señal podría favorecer al primer ministro entre sus sectores de apoyo, aunque su impacto electoral todavía resulta incierto. Al mismo tiempo, la relación entre Washington e Israel no ha estado exenta de diferencias respecto de Gaza, Irán y la conducción de las operaciones militares, por lo que el respaldo estadounidense no implica una coincidencia absoluta entre ambos gobiernos.
La guerra y la relación con Occidente constituyen, por tanto, elementos inseparables de la campaña. La prolongación del conflicto en Gaza ha generado críticas internacionales y tensiones con distintos gobiernos europeos, mientras que Israel continúa dependiendo de sus vínculos estratégicos, comerciales, tecnológicos y diplomáticos con Estados Unidos y otros países occidentales. Paralelamente, la confrontación con Irán se ha convertido en uno de los principales asuntos de seguridad y política exterior, lo que refuerza el argumento de Netanyahu de que su experiencia y sus relaciones internacionales son necesarias para garantizar la seguridad israelí. La oposición, en cambio, cuestiona la gestión gubernamental de los conflictos y sostiene la necesidad de un cambio político. En este escenario, las elecciones no solo determinarán quién encabezará el próximo gobierno, sino también qué orientación adoptará Israel frente a Estados Unidos, Europa, Irán, Gaza y la cuestión palestina.
Proceso Electoral
El proceso electoral parlamentario de Israel comprende los procedimientos institucionales y administrativos destinados a elegir a los representantes de la Knéset, el parlamento nacional. Israel cuenta con una democracia parlamentaria, caracterizada por elecciones competitivas y una representación multipartidista. Las elecciones están previstas para el 27 de octubre y se desarrollan conforme a las normas que regulan la participación ciudadana, la presentación de candidaturas, la votación y el escrutinio.
Israel posee un sistema de gobierno parlamentario. El poder legislativo está constituido por la Knéset, integrada por 120 miembros, mientras que el poder ejecutivo está encabezado por el primer ministro. El presidente del Estado cumple funciones institucionales específicas dentro del sistema político. Después de las elecciones, la formación del gobierno depende de los procedimientos constitucionales y de las negociaciones entre las distintas fuerzas políticas representadas en el parlamento.
El sistema electoral israelí se basa en la representación proporcional mediante listas partidarias. El territorio nacional constituye una única circunscripción electoral, por lo que los votos se contabilizan a escala nacional para determinar la distribución de los escaños. Cada elector emite su voto por una lista partidaria y no por un candidato individual. Para participar en la asignación de escaños, las listas deben superar el umbral electoral del 3,25 % de los votos válidos. Los 120 escaños se distribuyen de acuerdo con las reglas legales de representación proporcional.
En cuanto a la oferta electoral, esta está integrada por partidos y alianzas que presentan sus listas de candidatos y desarrollan actividades de campaña antes de la jornada de votación. Entre las fuerzas políticas más relevantes se encuentra el Likud, asociado a Benjamín Netanyahu, junto con otras agrupaciones que compiten por la representación parlamentaria. La composición definitiva de las listas y las alianzas participantes debe verificarse en la información oficial correspondiente a los comicios.
La organización de las elecciones está a cargo de la Comisión Electoral Central, responsable de supervisar distintos aspectos del proceso. Entre sus funciones se encuentran la preparación de los procedimientos electorales, la coordinación de los comités correspondientes y el control del cumplimiento de las normas. La organización también contempla la preparación de los lugares de votación, la distribución de los materiales electorales y la designación de las autoridades responsables de supervisar el sufragio.
Durante la jornada electoral, los ciudadanos acuden a los centros de votación que les corresponden. Allí se verifica su inscripción en el padrón y se les permite emitir su voto de manera secreta. Una vez finalizada la votación, se realiza el recuento de los sufragios y se transmiten los datos para su verificación. Posteriormente, se determina la cantidad de escaños correspondientes a cada lista que reúne los requisitos legales y se publican los resultados oficiales.
El proceso electoral no concluye con la emisión del voto. Una vez establecida la composición de la Knéset, comienza la etapa institucional destinada a la formación del nuevo gobierno. En esta instancia intervienen representantes de los partidos elegidos y se llevan adelante las negociaciones necesarias para establecer el apoyo parlamentario requerido.
De esta manera, las elecciones parlamentarias israelíes comprenden distintas etapas: la presentación de candidaturas, la campaña electoral, la organización logística de la votación, el escrutinio y la conformación del parlamento. Estas etapas están reguladas por las normas electorales e integran el procedimiento mediante el cual se eligen los representantes nacionales y se inicia la formación del gobierno.
Por otra parte, la etapa de habilitación de candidaturas no estuvo exenta de conflictos. Una petición para vetar al partido de Ben-Gvir fue rechazada por la Comisión Electoral Central. En sentido inverso, el 23 de septiembre, la Comisión vetó a los dos bloques árabes, Lista Conjunta y Raam, de Mansour Abbas, pero la Corte Suprema revirtió la decisión y los habilitó para competir. El episodio refleja el papel de control judicial sobre las decisiones administrativas del proceso. Las listas árabes representan a cerca de una quinta parte de la población y, aunque constituyen un bloque pequeño, pueden resultar decisivas para determinar si alguno de los dos bloques alcanza la mayoría.
Candidatos y Plataformas
El Estado de Israel se caracteriza por contar con un sistema multipartidista y, por lo tanto, los gobiernos de coalición son la norma. En las últimas décadas, el país ha sido testigo del surgimiento de espacios que defienden los intereses de la mayoría judía y de otros que representan los intereses de la minoría árabe. Para estos comicios parlamentarios, se inscribieron 38 listas ante la justicia electoral. No obstante, las encuestas publicadas en los últimos meses señalaron que las siguientes agrupaciones judías tenían posibilidades de liderar o integrar una coalición de gobierno.
Likud (L)
El partido de derecha liderado por Benjamín Netanyahu se presentó a las elecciones con el objetivo de mantenerse al frente del Gobierno. Los conservadores prometieron defender el modelo económico instaurado a finales de 2022, basado en el libre mercado y una intervención estatal mínima. La plataforma electoral del oficialismo puso especial énfasis en la necesidad de fortalecer las políticas de seguridad para prevenir ataques contra las comunidades judías del país. Además, confirmó la continuidad de las operaciones militares en Líbano y Palestina para desarmar a las organizaciones consideradas terroristas, Hezbolá y Hamás. También se comprometió a impulsar medidas en beneficio de los habitantes de los asentamientos israelíes en Judea y Samaria.
Beyachad (B)
Esta coalición de centro, encabezada por Naftali Bennett y Yair Lapid, se conformó a principios de 2026 para ofrecer una alternativa opositora a los votantes. La campaña conjunta se centró en reformar el sistema de servicio militar obligatorio para garantizar la igualdad de condiciones entre las distintas comunidades judías. En caso de llegar al poder, la alianza opositora aseguró que promovería medidas para reducir el costo de la vida y mantendría a Israel como un Estado confesional, democrático y liberal.
Yashar (Y)
El partido de izquierda liderado por Gadi Eisenkot se presentó a las elecciones con el objetivo de acceder a la jefatura de Gobierno. Sus dirigentes presentaron una plataforma orientada a atraer a los electores descontentos con el Likud y sus aliados. Si bien destacaron la necesidad de fortalecer las políticas de seguridad, también subrayaron la importancia de mantener relaciones diplomáticas con los países árabes. Asimismo, se comprometieron a establecer condiciones de igualdad en el servicio militar obligatorio y a ampliar las libertades civiles de los israelíes.
Los Demócratas (LD)
El espacio de izquierda encabezado por Yair Golan basó su campaña en seis propuestas principales. En primer lugar, planteó establecer condiciones de igualdad en el servicio militar obligatorio. En segundo lugar, propuso impulsar reformas políticas para fortalecer el carácter democrático de las instituciones públicas. En tercer lugar, planteó convocar a una convención encargada de redactar una constitución para el Estado de Israel. En cuarto lugar, propuso otorgar reconocimiento oficial a todas las ramas del judaísmo presentes en el país. En quinto lugar, planteó ampliar la cobertura del transporte público durante el Shabat. Finalmente, propuso construir una red de seguridad social más sólida.
Otzma Yehudit (OY)
La agrupación de derecha liderada por Itamar Ben-Gvir presentó una plataforma que dificulta la formación de un gobierno centrista encabezado por el Likud. Este partido prometió ampliar la soberanía israelí en Gaza y Cisjordania. Además, se comprometió a fortalecer el carácter judío de las instituciones públicas y a impulsar políticas de mano dura en materia de seguridad.
Israel Beiteinu (IB)
El espacio de derecha encabezado por Avigdor Lieberman centró su campaña en tres propuestas principales. En primer lugar, planteó crear una comisión para investigar los atentados terroristas del 7 de octubre de 2023. En segundo lugar, propuso establecer condiciones de igualdad en el servicio militar obligatorio. En tercer lugar, se comprometió a instaurar la obligatoriedad de los estudios básicos en todos los planes de estudio.
Shas (S)
La agrupación centrista liderada por Aryeh Deri presentó una plataforma que dificulta la formación de un gobierno extremista encabezado por el Likud. El partido abogó por impulsar medidas para combatir la discriminación que sufren algunas comunidades judías y preservar a Israel como un Estado religioso. Además, promovió la implementación de programas destinados a garantizar el bienestar social de los habitantes del país. También se comprometió a mantener la exención del servicio militar obligatorio para los estudiantes de la Torá.
Judaísmo Unido de la Torá (JUT)
El espacio de derecha encabezado por Yitzhak Goldknopf basó su campaña en tres propuestas principales. En primer lugar, planteó brindar apoyo a los establecimientos dedicados exclusivamente al estudio de la Torá. En segundo lugar, propuso mantener a Israel como un Estado confesional. En tercer lugar, se comprometió a preservar la exención del servicio militar obligatorio para los estudiantes de la Torá.
Ra’am – Lista Árabe Unida
La Lista Árabe Unida (Ra’am) es un partido religioso árabe musulmán, liderado actualmente por Mansour Abbas. Su actividad política se centra principalmente en los desafíos socioeconómicos que enfrentan los ciudadanos beduinos palestinos. Asimismo, mantiene una perspectiva cultural conservadora que, en ocasiones, lo ha enfrentado a otros partidos árabes de orientación más secular y liberal. En las elecciones legislativas israelíes de noviembre de 2022, el partido obtuvo cinco escaños en la Knéset.
Partido Sionista Religioso
El Partido Sionista Religioso es una agrupación política israelí de extrema derecha, ultranacionalista, supremacista judía y sionista religiosa. Desde su fundación en 1998, ha participado en todas las elecciones mediante alianzas con otras facciones y como parte de listas unificadas. En 2023, el Partido Sionista Religioso y La Casa Judía acordaron fusionarse para formar el Partido Nacional Religioso-Sionismo. La agrupación se opone al matrimonio entre personas del mismo sexo y a las uniones civiles, basándose en argumentos religiosos.
Resultados Electorales
Con más del 93 % de los votos escrutados, los resultados disponibles muestran una elección muy fragmentada. La participación alcanzó aproximadamente el 77,7 %, uno de los niveles más altos de las últimas décadas.
Con más del 93 % de los votos escrutados, el bloque encabezado por el Likud se situaba en torno a los 54 escaños, mientras que el bloque de Eisenkot rondaba los 49. Por su parte, las listas árabes sumaban aproximadamente entre 17 y 19 escaños. Un aspecto importante es que ninguno de los dos grandes bloques alcanzó los 61 escaños necesarios para obtener la mayoría absoluta en la Knéset. El bloque encabezado por Netanyahu se situaba en primer lugar, pero todavía necesitaba aliados para formar gobierno. Por su parte, el bloque opositor liderado por Eisenkot tampoco disponía de una mayoría suficiente. Por esta razón, los partidos árabes, particularmente Ra’am y la Lista Conjunta, podrían convertirse en actores decisivos durante las negociaciones posteriores, aunque su incorporación formal a una coalición continúa siendo políticamente controvertida.
El Likud continúa siendo la primera fuerza política individual, pero ha perdido representación respecto de las elecciones de 2022. Netanyahu obtuvo aproximadamente una quinta parte de los votos y entre 26 y 27 escaños, aunque su bloque no alcanza por sí solo la mayoría. Yashar, liderado por Gadi Eisenkot, se consolida como la principal alternativa individual al Likud, con aproximadamente el 16 % de los votos y entre 21 y 22 escaños.
Los resultados sitúan al Likud, encabezado por Netanyahu, como la primera fuerza individual, seguido por Yashar, liderado por Eisenkot. Sin embargo, ninguno de los dos bloques dispone de los 61 escaños necesarios para alcanzar la mayoría absoluta. Por tanto, más que una victoria clara, la elección ha producido un escenario de fragmentación y negociación en el que los partidos medianos, las agrupaciones ultraortodoxas y, especialmente, las fuerzas árabes podrían tener la llave para determinar quién consigue formar el próximo gobierno de Israel.
Reacciones
Tras el inicio del escrutinio provisional, Benjamín Netanyahu celebró junto a sus seguidores en Jerusalén que el Likud se mantuviera como la primera fuerza política del país. Aseguró que la derecha cuenta con una mayoría clara y que formará un gobierno fuerte sin partidos árabes. También destacó la oportunidad histórica que tienen Israel y Estados Unidos para «eliminar de una vez y para siempre» la amenaza existencial que representa Irán para los judíos.
Por su parte, Gadi Eisenkot celebró junto a sus votantes en Tel Aviv que Yashar se convirtiera en la segunda fuerza política del país. Prometió esforzarse para «construir un gobierno sionista, estable y bueno para todos los ciudadanos de Israel», así como para establecer condiciones de igualdad en el servicio militar obligatorio.
Las agrupaciones judías que integran la coalición de gobierno se mostraron cautelosas ante los resultados y señalaron que esperarían el escrutinio definitivo para «formar un gobierno de derecha en toda regla». Asimismo, acusaron a la oposición de buscar alianzas con partidos árabes para desplazar a Benjamín Netanyahu del poder. Según afirmaron, «el pueblo no perdonará ni olvidará» a los políticos que lleguen a acuerdos con simpatizantes de Palestina. Por su parte, las agrupaciones judías que no integran la coalición de gobierno se centraron en el pedido de cambio expresado por los votantes y en el castigo que recibió el gobierno de Netanyahu en las urnas. Según señalaron, «dejarán de lado sus egos para formar un gobierno sionista basado en una alianza de quienes sirven al país».
Los partidos árabes celebraron el aumento de escaños obtenido y exigieron que se los tenga en cuenta en la formación de un gobierno de coalición. Yousef Jabareen aseguró que su lista constituye «una fuerza política que no puede ser ignorada y que no se puede construir un futuro aquí sin contar con nuestra voz». Por su parte, Mansour Abbas confirmó que colaborará para desplazar a Benjamín Netanyahu del poder al afirmar: «Espero que salgan las cuentas y podamos garantizar 61 escaños en la Knéset».
A nivel nacional, Isaac Herzog, presidente de Israel, manifestó su orgullo al ver a millones de ciudadanos acudir a los centros de votación y calificó la jornada electoral como «una auténtica democracia, orgullosa y digna». No obstante, el jefe de Estado esperará los resultados definitivos antes de convocar al parlamentario encargado de formar un gobierno estable. Una vez publicados los resultados, Herzog consultará a los representantes de los grupos parlamentarios y encomendará esta tarea al legislador que considere capaz de reunir los apoyos necesarios. El candidato dispondrá inicialmente de 28 días para formar gobierno, con la posibilidad de obtener una prórroga de hasta 14 días.
A nivel internacional, Donald Trump, presidente de Estados Unidos, se atribuyó el cambio de tendencia en los comicios. Según el mandatario, el apoyo público que brindó al primer ministro evitó su derrota y propició una remontada de la derecha. Además, aseguró que «solo quiere lo que es bueno para Oriente Próximo, Israel y Estados Unidos». Por su parte, Abbas Aragchi, canciller de Irán, no se refirió directamente a las elecciones, pero advirtió que un posible ataque de Israel y Estados Unidos en el golfo Pérsico durante los próximos días tendría «un impacto devastador en los mercados internacionales».

