Introducción
El estallido del conflicto armado directo entre Estados Unidos e Israel contra Irán transformó una tensión diplomática en una confrontación bélica de consecuencias impredecibles. Tras fracasar las negociaciones sobre el programa nuclear y misilístico iraní, la orden de Donald Trump del 28 de febrero de 2026 de iniciar la “Operación Furia Épica” (la mayor movilización militar desde 2003 contra Irak), coordinada con la “Operación Rugido de León” de Israel, marcó el inicio de una guerra abierta. Los ataques contra instalaciones estratégicas provocaron una respuesta inmediata de Teherán con la “Operación Promesa Verdadera 4”.
Este informe analiza la escalada militar del conflicto, el papel de aliados regionales como los países europeos y los Estados árabes, y el impacto potencial sobre la población civil y los mercados energéticos globales.
El Grupo de Investigación en Paz y Seguridad Internacional del CEERI busca contribuir a una comprensión integral del conflicto mediante el seguimiento y el análisis sistemático de cuatro dimensiones clave: 1) militar y operacional; 2) política y diplomática; 3) humanitaria y social; y 4) económica y energética.
- Situación Militar y Operacional
Esta dimensión del informe se enfoca en analizar y cuantificar la Escala de Magnitud de las Operaciones (EMO) en el conflicto entre Estados Unidos e Irán, priorizando el “cuántos y qué” se dispara/lanza y “desde dónde” (plataformas), más que la mera intención política. Se aplica un marco técnico y cuantificable que cubre los dominios convencionales (aéreo, terrestre y naval) e integra operaciones especiales y cibernéticas como factores de impacto estratégico.
Se evalúa campañas de supresión aérea, ataques de precisión, defensa en profundidad, guerra de enjambre y minado de chokepoints, además de incursiones limitadas y protección de bases. También incorpora acciones de sabotaje o saturación cibernética. El objetivo es medir volumen, intensidad, capacidad de respuesta y evolución de la confrontación en todos los dominios.
- Situación Político y Diplomática
Esta dimensión del informe analiza y evalúa cómo las declaraciones diplomáticas y las alianzas externas emitidas por actores directos y externos (Estados) condicionan o hacen evolucionar el conflicto entre Estados Unidos e Irán, incluyendo las manifestaciones de organismos internacionales, en particular el OIEA, la OPEP y la OIC.
Su medición se basa en la Matriz de Evolución Política (MEP), un índice mixto (cualitativo y cuantitativo) que determina si el entorno internacional tiende a mitigar o a agravar la confrontación. Se examinan, por tanto, los esfuerzos orientados a las conversaciones de paz, a las mediaciones y a las declaraciones de los actores afectados por el conflicto. Asimismo, se identifican los obstáculos y retos que dificultan el logro de un cese del fuego o de un acuerdo de paz.
- Situación Humanitaria y Social
Esta dimensión evalúa el impacto sobre la población civil y el cumplimiento del Derecho Internacional Humanitario (DIH) en el conflicto entre Estados Unidos e Irán. Emplea un Índice de Degradación Humanitaria (IDH) que sintetiza el costo humano y el riesgo jurídico internacional para medir el deterioro, identificar tendencias y estimar la probabilidad de sanciones o responsabilidades penales.
Se registran víctimas civiles (fallecidos y heridos) y desplazamientos forzados, tanto internos (incluidos movimientos hacia los montes Zagros) como externos hacia Turquía, Irak y Pakistán. También examina daños a la infraestructura crítica (electricidad, agua, hospitales y telecomunicaciones) y posibles violaciones del DIH, incluido el trato a prisioneros conforme a los Convenios de Ginebra.
- Situación Económica y Energética
Esta dimensión actúa como análisis del motor de presión global del conflicto, afectando especialmente a la economía mundial a través del estrecho de Ormuz, por donde circula aproximadamente el 20% del petróleo mundial. Para evaluar si la crisis permanecerá de carácter regional o se transformará en un shock energético global con efectos inflacionarios y financieros, se emplea el Índice de Shock Económico (ISE).
Se analizarán las variables, de cantidad de buques comerciales; porcentaje de desvíos de ruta (por ejemplo, circunnavegación por el sur de África) y los costos asociados a posibles interrupciones; y el incremento de la volatilidad en los precios de los commodities energéticos, en particular del petróleo (Brent/WTI) y del gas natural licuado (GNL).
| Dimensión | Indicador Operacionalizado | Intensidad del Conflicto |
| 1. Dimensión Militar y Operacional | Operaciones Terrestres + Aéreas + Navales + Especiales | 🟠Alta Intensidad |
| 2. Dimensión Político y Diplomática | Actores directos + Actores Externos + ORG Inter | 🟡Avance Menor |
| 3. Dimensión Humanitaria y Social | Víctimas y Desplazados + Infraestructura Crítica + Violaciones al DIH | 🔴Extrema Intensidad |
| 4. Dimensión Económica y Energética | Cantidad de Buques Comerciales + Desvío de Tránsito + Commodities Energéticas | 🟠Alta Intensidad |
SITUACIÓN MILITAR Y OPERACIONAL
| Dimensión Militar y Operacional | |||
| Variable | Puntaje individual | Puntaje total | Intensidad |
| Terrestre | 🔴 Magnitud Máxima (330) | 896 | 🟠Alta Intensidad |
| Aérea | 🟠Magnitud Alta (254) | ||
| Naval | 🟠Magnitud Alta (201) | ||
| Especial | 🟡Magnitud Baja (111) | ||

Entre el 8 y el 21 de junio de 2026, el conflicto se intensificó en los frentes terrestre, aéreo, naval y cibernético. En el sur del Líbano, Israel abatió a Ali Musa Abbas Daqduq y destruyó una base subterránea de Hezbollah en Majdal Zoun con 50 drones explosivos, mientras una ofensiva con 80 aeronaves alcanzó 150 objetivos e inhabilitó 80 centros de mando. Hezbollah logró destruir un tanque Merkava Mk4 y causar la muerte de un teniente coronel israelí. En el golfo Pérsico, Irán cerró nuevamente el estrecho de Ormuz y puso en riesgo el tráfico marítimo en respuesta a los ataques israelíes contra el Líbano. Paralelamente, la retórica amenazante de Donald Trump en redes sociales elevó la tensión con Teherán, mientras se impulsaban negociaciones en Suiza.
Operaciones Terrestres
El período comprendido entre el 8 y el 13 de junio estuvo marcado por una volatilidad táctica extrema en el sur del Líbano, donde las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) y Hezbollah mantuvieron una disputa constante por el control de la zona de seguridad.
En este contexto, las operaciones se concentraron en el hostigamiento asimétrico. Las FDI emplearon artillería autopropulsada M109 de 155 mm para desmantelar infraestructura de la milicia, mientras Hezbollah respondió con morteros de 120 mm y misiles guiados antitanque (ATGM, por sus siglas en inglés). El 12 de junio destacó por la neutralización de Ali Musa Abbas Daqduq, comandante de la Fuerza Radwan, lo que tuvo un impacto significativo en el mando y control (C2) de la milicia. Las acciones se concentraron en elevaciones topográficas, como las colinas de Ali Taher, donde el intercambio de fuego fue constante.
El 14 de junio, pese a los anuncios diplomáticos en Islamabad, el conflicto mantuvo su dinámica operacional. Las FDI realizaron ataques de precisión con munición guiada por GPS contra nodos de comunicaciones en el barrio de Dahiyeh, en Beirut, inhabilitando sistemas críticos. La respuesta de las milicias pro iraníes en Irak, mediante municiones merodeadoras dirigidas hacia bases de la coalición, fue neutralizada por sistemas de defensa contra cohetes, artillería y morteros (C-RAM, por sus siglas en inglés), lo que demostró una elevada eficacia operacional defensiva ante vectores de bajo perfil.
Del 15 al 17 de junio, el teatro registró una pausa táctica. Las acciones se redujeron a escaramuzas menores entre unidades de infantería mecanizada y fuerzas de reconocimiento. Sin embargo, ese período de contención fue interrumpido el 18 de junio, cuando la unidad de ingeniería de combate Yahalom de las FDI realizó una incursión profunda cerca de Majdal Zoun. Los ingenieros israelíes descubrieron un complejo subterráneo dotado de tecnología iraní avanzada e incautaron 50 drones de ataque, lo que redujo la disponibilidad de activos logísticos de Hezbollah.
El 19 de junio marcó una variación significativa en la dinámica táctica. Hezbollah ejecutó una emboscada con misiles ATGM en Nabatieh, con lo que destruyó un tanque Merkava Mk4 y dio de baja a un teniente coronel, lo que obligó al mando israelí a reformular la postura operativa. En represalia, las FDI lanzaron una ofensiva de envergadura con fuego de artillería y apoyo aéreo sobre 150 blancos militares, con lo que se neutralizaron 80 centros de mando y control, lo que resultó en una tasa considerable de bajas y pérdidas materiales.
Finalmente, el 20 y el 21 de junio, aunque se intentó implementar una tregua de emergencia, el conflicto se mantuvo activo. La continuidad del combate se manifestó en salvas de cohetes disparadas por Hezbollah, que obligaron a las baterías de intercepción de corto alcance israelíes a operar en su máxima capacidad. Estas dos semanas evidenciaron una transición desde el hostigamiento de baja intensidad hacia una fase de desgaste sistemático, donde la superioridad tecnológica de Israel en guerra electrónica e infraestructura subterránea contrastó con la capacidad de emboscada asimétrica de Hezbollah, lo que mantuvo el frente libanés en una situación de inestabilidad táctica sostenida.
Operaciones Aéreas
El periodo se inició el 8 de junio con una escalada de fuego balístico. Irán lanzó salvas de misiles de mediano alcance contra Israel, con apoyo de misiles hutíes desde Yemen. La Red de Defensa Aérea Integrada (IADS, por su sigla en inglés), con sensores navales de EE. UU., neutralizó la mayoría de los vectores. La respuesta de la Fuerza Aérea de Israel (IAF, por su sigla en inglés) fue inmediata: cazas bombardearon infraestructura química en Irán —vital para la producción de combustible de misiles— y centros de mando. Desde un punto de vista estratégico, el desgaste se materializó con el derribo de un helicóptero Apache estadounidense en Omán por un dron Shahed, lo que constituyó un factor de degradación significativa de la superioridad aérea.
El 9 de junio, el Comando Central de los Estados Unidos (CENTCOM) ejecutó una campaña de Supresión de Defensas Aéreas Enemigas (SEAD, por su sigla en inglés) en Hormozgán, lo que resultó en la destrucción de radares y baterías móviles, con el fin de suprimir las capacidades de detección iraní en el golfo Pérsico. En paralelo, Israel neutralizó a Hassan Labad en Gaza mediante una munición de precisión, neutralizando los nodos logísticos de Hamas. El 10 de junio, Estados Unidos escaló con 49 misiles Tomahawk contra silos iraníes, mientras que la respuesta asimétrica iraní, mediante drones Shahed, alcanzó instalaciones próximas a la Quinta Flota en Baréin, lo que evidenció una vulnerabilidad en la seguridad de las bases aliadas.
Tras una pausa el 11 de junio motivada por negociaciones, el 12 de junio el frente libanés se intensificó. Hezbollah desplegó drones de baja cota contra las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI), mientras la IAF realizaba un bombardeo masivo sobre Dibbine, destruyendo 50 búnkeres y arsenales estratégicos de la Fuerza Radwan. El 13 de junio, una operación de precisión israelí eliminó a Ali Musa Daqduq, responsable del expediente operativo Golán, lo que desarticuló la red operativa siria. El 14 de junio, la IAF inhabilitó el centro de comunicaciones de Hezbollah en Dahieh, lo que llevó a Irán a retirar las salvas balísticas ya preparadas tras una gestión de mediación de carácter urgente.
El 15 de junio se registró una calma operativa bajo el alto al fuego, pero al día siguiente se reanudaron los intercambios en la frontera: la IAF neutralizó plataformas de lanzamiento móviles de Hezbollah tras ataques con cohetes pesados. El 17 de junio registró pérdidas materiales y humanas significativas para las fuerzas terrestres israelíes; el empleo de un artefacto explosivo improvisado (IED, por su sigla en inglés) de alta potencia por parte de Hezbollah destruyó un blindado de mando de la 36.ª División, lo que produjo bajas de consideración.
El 18 de junio se produjo el evento táctico de mayor relevancia del período: el hallazgo y la destrucción de una base subterránea de drones en Majdal Zoun. El búnker, ubicado a 29 metros bajo tierra, albergaba 50 drones explosivos listos para lanzamiento vertical. Su desmantelamiento redujo significativamente la capacidad de guerra asimétrica de Hezbollah. El 19 de junio se registró una ofensiva masiva de la IAF —80 aeronaves contra 150 objetivos— como respuesta a la destrucción de un tanque israelí. El período concluyó con maniobras de coacción marítima iraní en el estrecho de Ormuz. Paralelamente, continuaron las negociaciones en Suiza en un contexto de tensión balística sostenida y de una frágil tregua táctica.
Operaciones Navales
El período se caracterizó por una dinámica de alta fricción, donde el estrecho de Ormuz funcionó como el nodo estratégico central de un conflicto multidimensional. Las operaciones navales oscilaron entre la demostración de fuerza convencional y tácticas asimétricas de bloqueo, lo que afectó directamente la estabilidad del suministro energético global.
El 8 de junio, el conflicto se intensificó tras el derribo de un helicóptero AH-64 Apache estadounidense por un dron Shahed-136 iraní. La respuesta táctica empleó tecnología autónoma: la Task Force 59 utilizó un vehículo de superficie no tripulado (USV, por sus siglas en inglés) clase Corsair para rescatar a los aviadores bajo fuego, lo que constituyó un precedente operacional en el uso de plataformas robóticas en entornos disputados. Al día siguiente, Estados Unidos lanzó una ofensiva de envergadura con cazas F/A-18E y F-35C que destruyeron 20 emplazamientos clave en la isla de Qeshm, incluyendo radares y lanzaderas de misiles antibuque.
El 10 de junio, la tensión evolucionó hacia una estrategia de desgaste operacional. Irán lanzó misiles contra bases de la coalición en Baréin y Kuwait; aunque la defensa Aegis interceptó la mayoría, un proyectil impactó cerca de la sede de la Quinta Flota. En paralelo, fuerzas de Estados Unidos abordaron e inhabilitaron el buque M/V Jalveer, vinculado a exportaciones de contrabando. Entre el 11 y el 13 de junio, la situación se mantuvo tensa: Irán intentó cerrar el Estrecho mediante la Autoridad del Estrecho del Golfo Pérsico (PGSA, por sus siglas en inglés), mientras que la coalición neutralizó conjuntos coordinados de municiones merodeadoras, lo que determinó una pausa táctica ante el inicio de mediaciones diplomáticas.
El 14 de junio, el Memorando de Entendimiento de Islamabad propició un cese de las hostilidades cinéticas. Sin embargo, este resultó frágil. Mientras el bloqueo estadounidense mantuvo una presencia disuasiva, con buques cisterna retenidos cerca de la isla de Kharg, las navieras internacionales operaron con cautela extrema. El cese temporal de las hostilidades se interrumpió el 19 de junio, tras ataques israelíes en el Líbano. En represalia, Irán reimpuso restricciones administrativas y cerró el Estrecho el 20 de junio, acompañando el cierre con amenazas de empleo de artillería costera y reposicionando lanchas de asalto.
En el plano táctico, el conflicto evidenció la asimetría del teatro: la coalición, liderada por los grupos de batalla del portaaviones USS Abraham Lincoln y del USS George H.W. Bush, confió en la intercepción de largo alcance mediante misiles Standard SM-2 (RIM-66) y misiles de intercepción evolucionados RIM-162 (ESSM, por sus siglas en inglés). Irán, por su parte, compensó su inferioridad tecnológica con saturación mediante municiones merodeadoras, minado de área con carácter disuasorio y el uso de fortificaciones costeras.
Las repercusiones estratégicas fueron de considerable magnitud. El cierre intermitente del Estrecho obligó a las navieras internacionales a desviar rutas comerciales hacia el cabo de Buena Esperanza, lo que incrementó de manera sustancial los costes logísticos y retrasó el suministro de hidrocarburos y helio, insumo crítico para la industria de semiconductores. El período analizado demostró que la seguridad del Golfo es inseparable de la estabilidad en Oriente Medio; la capacidad de Irán para utilizar el flujo marítimo como mecanismo de presión ante las operaciones terrestres en el Líbano consolidó el estrecho de Ormuz como un punto de vulnerabilidad estructural.
Operaciones Especiales
El período confirmó tres tendencias: la resiliencia ofensiva iraní pese a la degradación de su conectividad, la creciente eficacia de la manipulación de procesos legítimos sobre la simple destrucción de datos, y la convergencia entre guerra electrónica marítima, sabotaje cibernético e influencia diplomática como instrumento de coerción multidominio.
El 8 de junio se registró una intrusión en iRhythm Technologies que comprometió datos sanitarios y entornos en la nube mediante técnicas de ingeniería social. Ese día, Meta desactivó una infraestructura asociada a NSO Group usada para phishing de un clic en WhatsApp. También hubo reconocimiento sobre PLC en instalaciones de agua y energía de Estados Unidos e Israel. El 9 de junio, Handala Hack se atribuyó una intrusión contra radares israelíes, aunque esta fue desmentida mediante verificación técnica, mientras APT34 ejecutó spear-phishing contra objetivos diplomáticos y marítimos del Consejo de Cooperación del Golfo.
El 10 de junio, iRhythm recibió una demanda de extorsión basada en los datos y el firmware exfiltrados, y Meta desmanteló una red vinculada a Cotton Sandstorm. El 11, el portal de la red eléctrica israelí sufrió un DDoS contenido, y MuddyWater lanzó “Operación Olalampo” con archivos ZIP maliciosos y una puerta trasera contra oficinas de Turquía, Irak y la península arábiga. El 12 de junio, Handala asumió una intrusión contra California Water Service Company, con exfiltración de registros administrativos y cartografía de red, sin afectar SCADA; ese día se informó una vulnerabilidad explotada en Oracle PeopleSoft.
Entre el 13 y el 17 de junio se mantuvo una campaña sostenida de ciberoperaciones contra infraestructura crítica y organizaciones estratégicas. Durante ese período, Black Wolves inutilizó la pasarela bancaria iraní y paralizó los sistemas de pago, mientras la señal de IRIB fue alterada para insertar contenido crítico. Paralelamente, persistieron las fricciones dirigidas contra los sectores bancario, de comunicaciones y diplomático. Asimismo, Qilin atacó Q Link Wireless y Novo Nordisk aisló sus redes internas como medida de contención. El 17 de junio, el FBI neutralizó los dominios utilizados por Handala. El 19 de junio, el alto el fuego colapsó en Líbano y la ofensiva se reanudó. El 20 de junio, Brasil sufrió una intrusión en alertas e Irán cerró Ormuz con guerra electrónica. El 21 de junio, continuaron propaganda, DDoS y espionaje durante todo el período observado.
SITUACIÓN POLÍTICA Y DIPLOMÁTICA
| Dimensión Político y Diplomática | |||
| Variable | Puntaje individual | Puntaje total | Intensidad |
| Actores Directos | 🟠 Retroceso Menor (-1) | +5 | 🟡Avance Menor |
| Estados Europeos | 🟡Avance Menor (+1) | ||
| Estados Mulsumanes | 🟡Avance Menor (+1) | ||
| Pakistán y Turquía | 🟢 Avance Mayor | ||
| Grupos Pro-iraníes | 🟠 Retroceso Menor (-1) | ||
| Rusia y China | 🟡Avance Menor (+1) | ||
| Otros actores externos | 🟡Avance Menor (+1) | ||
| ORG Internacional | 🟡Avance Menor (+1) | ||

Entre el 8 y el 21 de junio de 2026, el conflicto entre Estados Unidos e Israel contra Irán evolucionó hacia una crisis regional con componentes militares y diplomáticos. Washington combinó presión militar, sanciones y negociaciones para limitar el programa nuclear iraní y garantizar la seguridad del estrecho de Ormuz, mientras Israel mantuvo operaciones contra Hezbollah en el Líbano. Irán exigió el levantamiento de sanciones y el cese de las hostilidades. Europa impulsó la desescalada y Pakistán, Turquía y Qatar actuaron como mediadores. En este contexto, el 21 de junio, el vicepresidente estadounidense J. D. Vance se reunió con el primer ministro pakistaní, Shehbaz Sharif, en Suiza para avanzar en las negociaciones.
ACTORES INTERNOS
Durante los primeros días del período, Washington reforzó la presión sobre Teherán mediante acciones militares y declaraciones de advertencia. Trump afirmó que un acuerdo podría alcanzarse en pocos días y aseguró que este impediría el desarrollo de armas nucleares por parte de Irán, además de facilitar la reapertura inmediata del estrecho de Ormuz. A su vez, el Mando Central de Estados Unidos (CENTCOM) justificó las operaciones militares estadounidenses en la zona como acciones de defensa legítima, mientras que la Casa Blanca insistió en que la República Islámica había prolongado excesivamente las negociaciones y debía asumir las consecuencias de ello. Esta línea de presión se intensificó cuando Trump amenazó con tomar el control de la isla iraní de Jarg, principal centro petrolero del país, y el secretario del Tesoro, Scott Bessent, advirtió que Washington utilizaría activos iraníes congelados para compensar eventuales daños ocasionados a los aliados estadounidenses en el Golfo.
Pese al incremento de la presión política y militar, Washington conservó abierta la vía diplomática. El 11 de junio, Trump suspendió los bombardeos previstos contra Irán tras anunciar que las negociaciones habían sido elevadas al más alto nivel político y contaban con el respaldo de diversos actores regionales. Posteriormente, Washington impulsó la elaboración de un memorando de entendimiento con Teherán y buscó avanzar hacia un acuerdo más amplio que incluyera la reapertura del estrecho de Ormuz y la desescalada en el frente libanés. Asimismo, el presidente estadounidense anunció el levantamiento del bloqueo naval impuesto a Irán y sostuvo que el entendimiento alcanzado permitiría normalizar la situación regional. Asimismo, afirmó que esperaba un cese de hostilidades integral en todos los frentes, mientras que dos días después representantes estadounidenses e iraníes se reunieron en Suiza para continuar las conversaciones.
Para la segunda semana del período, la relación entre Washington y su principal aliado regional, Israel, comenzó a mostrar tensiones crecientes. El vicepresidente J. D. Vance criticó públicamente al gobierno israelí y advirtió que Estados Unidos seguía siendo el único aliado de peso que mantenía su respaldo a Israel, instando a Tel Aviv a moderar sus declaraciones y acciones militares. Estas discrepancias reflejaron las dificultades para coordinar una estrategia común en un contexto en el que Washington priorizaba la consolidación del proceso diplomático con Irán.
Por su parte, Israel mantuvo una postura centrada en la neutralización de Hezbollah y en la permanencia de sus operaciones militares en el sur del Líbano. Desde el 8 de junio, el ministro de Defensa, Israel Katz, advirtió que cualquier ataque lanzado por Hezbollah contra el norte israelí provocaría represalias directas sobre Beirut. Esta posición fue complementada con el mantenimiento de las tropas israelíes en las zonas ocupadas del sur libanés, a pesar de las presiones internacionales y de las negociaciones impulsadas entre Washington y Teherán.
La línea política israelí se endureció conforme avanzaron las conversaciones diplomáticas, cuando Katz aseguró que Israel no retiraría sus tropas del sur del Líbano pese a las disposiciones contempladas en el acuerdo promovido por Estados Unidos e Irán. Dos días después, el ministro de Finanzas israelí afirmó que las FDI permanecerían en territorio libanés hasta lograr el desarme de Hezbollah y sostuvo que el régimen iraní debía ser derribado al considerarlo una amenaza existencial para la seguridad israelí. A la vez, altos funcionarios israelíes defendieron la permanencia militar en la denominada zona de amortiguación y reiteraron que las operaciones continuarían mientras persistiera la amenaza proveniente de Hezbollah.
Las tensiones internas dentro del gobierno israelí también se hicieron evidentes mediante la solicitud de los ministros ultranacionalistas para intensificar las operaciones militares, además de reclamar bombardeos masivos sobre el Líbano tras la muerte de cuatro soldados israelíes. Aunque negociadores estadounidenses, cataríes e iraníes lograron facilitar un acuerdo de alto el fuego entre Israel y Hezbollah, tanto Netanyahu como otros altos funcionarios insistieron en que el ejército israelí mantendría su presencia militar en el sur libanés, condicionando la vigencia de la tregua al comportamiento futuro de la milicia chií.
En contraste, Irán articuló su estrategia en torno a la defensa de su soberanía nacional, el rechazo a las presiones externas y la preservación de sus capacidades estratégicas. En consecuencia, Teherán reafirmó su compromiso de mantener el control sobre el estrecho de Ormuz, criticó las sanciones impuestas por la Unión Europea y denunció el bloqueo naval estadounidense como una medida ilegal y contraria al derecho internacional. Ante ello, funcionarios iraníes reiteraron que cualquier acuerdo con Washington dependería de la existencia de garantías concretas sobre la sinceridad de la contraparte estadounidense.
La respuesta iraní también incluyó una fuerte retórica de disuasión militar. El 10 de junio, el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) anunció el cierre del estrecho de Ormuz a toda embarcación y advirtió que cualquier intento de atravesarlo sería considerado un objetivo militar legítimo. Asimismo, las autoridades iraníes responsabilizaron a Estados Unidos por cualquier escalada futura y señalaron que los países que albergaran bases estadounidenses podrían convertirse en objetivos si continuaban colaborando con operaciones militares contra la República Islámica. Esta postura fue reforzada por mandos militares que advirtieron que, si sus exportaciones energéticas eran amenazadas, ningún país de la región podría garantizar la seguridad de sus propios recursos energéticos.
A pesar de ello, Teherán mantuvo abiertos los canales diplomáticos, lo que se reflejó en la participación de funcionarios iraníes en la elaboración y negociación del memorando de entendimiento con Washington. El 14 de junio, el viceministro de Asuntos Exteriores, Kazem Gharibabadi, anunció que el texto del acuerdo había sido finalizado y que la firma oficial se realizaría en Suiza. Posteriormente, Irán insistió en que cualquier entendimiento debía incluir el cese inmediato de las hostilidades en el Líbano y el levantamiento de las sanciones internacionales impuestas por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.
No obstante, Teherán sostuvo una posición de cautela frente a la administración estadounidense. El 18 y 19 de junio, altos dirigentes iraníes advirtieron que cualquier incumplimiento del acuerdo sería respondido de manera contundente y reiteraron que el programa misilístico del país representaba un límite no negociable. El líder supremo, Ali Jamenei, respaldó el plan de catorce puntos diseñado para alcanzar una solución diplomática, aunque continuó con el tradicional escepticismo iraní respecto a la fiabilidad de Washington como interlocutor.
Finalmente, durante los últimos días del período, la relación bilateral volvió a experimentar tensiones. El 20 de junio, Irán anunció nuevamente el cierre del estrecho de Ormuz y acusó a Estados Unidos de incumplir los compromisos asumidos en el memorando de entendimiento, mientras las delegaciones de ambos países continuaban reunidas en Suiza. Un día después, altos asesores iraníes advirtieron que, si Washington no respetaba lo acordado, Teherán recurriría a la utilización de la energía como principal instrumento de presión estratégica, lo que puso de manifiesto que, pese a los avances diplomáticos alcanzados, la resolución definitiva del conflicto continuaba siendo frágil y altamente condicionada por la desconfianza mutua.
ESTADOS EUROPEOS
La Unión Europea reforzó su papel como promotora de una solución diplomática al conflicto. El 11 de junio, la alta representante para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, Kaja Kallas, sostuvo conversaciones con el ministro iraní de Asuntos Exteriores, Abbas Araqchi, y reiteró que la vía diplomática constituía la mejor alternativa para evitar una guerra a gran escala. La diplomática europea condenó los ataques contra países e infraestructuras críticas del Golfo y advirtió que una nueva escalada tendría consecuencias económicas, energéticas y humanitarias de gran magnitud para toda la región.
Por su parte, Francia asumió un papel particularmente activo en el respaldo a las negociaciones entre Washington y Teherán. El presidente francés, Emmanuel Macron, expresó su confianza en que ambas partes lograrían alcanzar un acuerdo en el corto plazo y manifestó la disposición francesa de contribuir a su implementación. París ofreció su experiencia diplomática para facilitar la reapertura del estrecho de Ormuz y apoyar la construcción de un entendimiento integral que permitiera estabilizar la región.
Tras el anuncio del memorando de entendimiento entre Estados Unidos e Irán, varias potencias europeas manifestaron un respaldo explícito al proceso de paz. El 14 de junio, Reino Unido, Francia, Alemania e Italia difundieron una declaración conjunta en la que recibieron favorablemente el acuerdo y reiteraron que Irán no debía desarrollar armas nucleares. Asimismo, expresaron su disposición a flexibilizar gradualmente el régimen de sanciones económicas, siempre que Teherán adoptara medidas verificables respecto a su programa nuclear.
La prioridad otorgada a la seguridad marítima también ocupó un lugar central en la agenda europea. España subrayó la importancia de garantizar una navegación libre y segura en el estrecho de Ormuz y destacó que el diálogo constituía la herramienta fundamental para consolidar el alto el fuego, incluido el frente libanés. Ese mismo día, las principales instituciones de la Unión Europea insistieron en la necesidad de reabrir de manera inmediata y sin restricciones dicha vía estratégica, mientras Francia y el Reino Unido anunciaron que la misión internacional destinada a garantizar la libertad de navegación se encontraba preparada para su despliegue.
Sin embargo, en la etapa final del período, la atención europea se concentró cada vez más en la situación del Líbano y en el comportamiento israelí. El presidente español, Pedro Sánchez, sostuvo que Israel estaba incurriendo en un uso desproporcionado de la fuerza y en una inobservancia sistemática de los derechos humanos y del derecho internacional, tanto en Palestina como en el Líbano. Según el mandatario, estas acciones no contribuían a mejorar la seguridad regional, sino que incrementaban la inestabilidad y dificultaban la construcción de una paz sostenible en Oriente Medio.
Por otro lado, el primer ministro británico, Keir Starmer, calificó el entendimiento alcanzado entre Estados Unidos e Irán como un logro de gran relevancia, aunque advirtió que su sostenibilidad dependería de la capacidad de todas las partes para transformarlo en una paz duradera.
En ese línea, el ministro francés de Asuntos Exteriores, Jean-Noël Barrot, instó a Israel a cesar las hostilidades y respetar los compromisos asumidos en el marco del acuerdo impulsado por Washington y Teherán, al tiempo que solicitó a Estados Unidos ejercer mayor influencia sobre Tel Aviv para garantizar su cumplimiento. De manera complementaria, la Unión Europea expresó su disposición a respaldar la aplicación de un acuerdo definitivo entre Israel y el Líbano y a promover el cese permanente de las hostilidades.
Finalmente, durante el último día del período, Suiza se consolidó como uno de los principales espacios neutrales para la negociación internacional. El 21 de junio, las delegaciones de Estados Unidos e Irán arribaron a Bürgenstock para continuar las conversaciones vinculadas a la materialización del memorando de entendimiento, lo que evidenció el respaldo europeo a los mecanismos multilaterales de diálogo y a la búsqueda de una solución política al conflicto.
ESTADOS MULSUMANES DEL GOLFO ARÁBIGO Y ORIENTE MEDIO
Jordania y Baréin respondieron directamente a la intensificación de las hostilidades al interceptar proyectiles lanzados desde Irán que amenazaban su territorio. De igual manera Emiratos Árabes Unidos condenó los ataques dirigidos contra Baréin, Kuwait y Jordania, expresando su solidaridad con estos países y subrayando la necesidad de evitar una mayor desestabilización regional. Estas reacciones evidenciaron la creciente preocupación de las monarquías del Golfo ante la posibilidad de que la confrontación entre Estados Unidos, Israel e Irán terminara extendiéndose hacia otros escenarios.
Las medidas adoptadas por los países vecinos también reflejaron una estrategia orientada a reducir los impactos económicos y logísticos derivados de la crisis. Kuwait reabrió su espacio aéreo tras una suspensión temporal provocada por los ataques iraníes, mientras que Emiratos Árabes Unidos adoptó una posición más conciliadora hacia Teherán al desbloquear activos por miles de millones de dólares destinados a la economía iraní, en un movimiento interpretado como un intento de disminuir las tensiones y favorecer condiciones propicias para la negociación. Posteriormente, Abu Dabi reiteró su respaldo a la aplicación del acuerdo preliminar alcanzado entre Washington y Teherán, insistiendo en la necesidad de garantizar el cese inmediato de las hostilidades y la libre navegación en el estrecho de Ormuz.
Paralelamente, algunos actores regionales procuraron evitar una participación militar directa en el conflicto, como lo evidenció el caso de Siria. Damasco rechazó una propuesta estadounidense que contemplaba una posible intervención militar siria en territorio libanés contra Hezbollah, al considerar que una operación de esta naturaleza podría interpretarse como un apoyo indirecto a Israel y debilitar su posición dentro del mundo árabe. Esta decisión puso de manifiesto el riesgo de alterar los equilibrios políticos regionales y de comprometer su legitimidad frente a otros actores de Oriente Medio.
Hacia el 19 de junio, el Líbano continuó siendo uno de los escenarios más vulnerables del conflicto. El presidente, Joseph Aoun, denunció que los ataques israelíes contra el sur y el este del país atentaban contra los esfuerzos orientados a consolidar el alto el fuego y los calificó como una escalada peligrosa. Sus declaraciones reflejaron la fragilidad de los avances diplomáticos alcanzados y evidenciaron la persistente preocupación de Beirut por impedir que las hostilidades volvieran a intensificarse y comprometieran la estabilidad interna del país.
PAKISTÁN, TURQUÍA Y QATAR
Pakistán y Qatar¹ desempeñaron un papel particularmente activo como facilitadores del diálogo, promoviendo espacios de negociación orientados a contener la escalada militar y a construir mecanismos de cooperación que permitieran abordar simultáneamente los principales focos de tensión regional.
Pakistán insistió en la necesidad de respetar el alto el fuego y continuar priorizando la vía diplomática como la principal alternativa para alcanzar una solución sostenible al conflicto. Al mismo tiempo, Islamabad reforzó su papel como intermediario al participar en la coordinación de las etapas finales del acuerdo entre Washington y Teherán, destacando la importancia de asegurar la implementación efectiva de los compromisos asumidos por ambas partes. Como parte de estos esfuerzos, el 14 de junio, el primer ministro Shehbaz Sharif anunció públicamente que se había alcanzado un acuerdo de paz que contemplaba el cese permanente de las operaciones militares, incluido el frente libanés.
Qatar se sumó a estos esfuerzos mediante una diplomacia orientada a facilitar la comunicación directa entre las delegaciones involucradas. Tras mantener contactos con funcionarios iraníes, Doha expresó su respaldo al acuerdo provisional alcanzado entre Estados Unidos e Irán e hizo un llamado a todos los actores implicados a participar de manera constructiva en las negociaciones posteriores. La posición qatarí reafirmó su voluntad de consolidarse como un espacio neutral de mediación y como un actor clave en la búsqueda de consensos regionales.
Así, el día 21 de junio, representantes de Qatar y Pakistán participaron en las conversaciones desarrolladas en Bürgenstock, Suiza, donde ambas delegaciones asumieron formalmente funciones de facilitación y acompañamiento político. Las negociaciones priorizaron la preservación del alto el fuego en el Líbano, cuya estabilidad continuaba amenazada por las operaciones israelíes, para posteriormente abordar otros asuntos sensibles, como la situación del estrecho de Ormuz, el levantamiento gradual de sanciones y el futuro del programa nuclear iraní. Aunque no se anunciaron avances concretos durante las primeras horas del encuentro, ambas delegaciones manifestaron su expectativa de alcanzar un acuerdo integral y duradero que permitiera ejecutar plenamente los compromisos establecidos en el memorando suscrito entre Washington y Teherán.
GRUPOS PRO IRANÍES
El 19 de junio, Hezbollah reivindicó una serie de ataques contra tropas israelíes y afirmó haber repelido un avance militar en el sur del Líbano, y calificó dichas operaciones como acciones de defensa legítima frente a las presuntas violaciones israelíes del acuerdo de alto el fuego. Paralelamente, dirigentes del movimiento insistieron en que el entendimiento alcanzado entre Washington y Teherán debía extenderse plenamente al frente libanés y traducirse en un cese efectivo de las operaciones militares sobre el terreno.
En el ámbito político, el diputado, Hassan Fadlallah, señaló que Irán había comunicado a la organización que las conversaciones con Estados Unidos no podrían continuar si no se garantizaba previamente un alto el fuego integral. Asimismo, exhortó al Gobierno libanés a rechazar cualquier negociación directa con Israel mientras persistieran los ataques israelíes y atribuyó a Washington la responsabilidad de asegurar el cumplimiento de los compromisos asumidos por su aliado regional.
Finalmente, Hezbollah negó haber infringido los términos de la tregua y acusó a Israel de incumplir sistemáticamente los distintos acuerdos alcanzados, incluidos aquellos vinculados al entendimiento entre Estados Unidos e Irán. A través de un comunicado oficial, la organización denunció la continuidad de las incursiones terrestres israelíes, la destrucción de viviendas e infraestructuras y la muerte de civiles en territorio libanés. En ese contexto, reiteró su disposición a mantener una postura defensiva y advirtió que respondería a cualquier nueva ofensiva militar, lo que reafirmó su papel como uno de los principales actores armados pro iraníes dentro de la dinámica regional del conflicto.
RUSIA Y CHINA
Rusia adoptó una postura crítica frente a la continuidad de las acciones militares desarrolladas por Estados Unidos e Israel sobre territorio iraní. El 9 de junio, Moscú condenó la intensificación de las operaciones y reiteró que la crisis debía resolverse mediante mecanismos diplomáticos y no a través del uso de la fuerza, expresando su preocupación por la posibilidad de una desestabilización regional a gran escala. Días después, el Kremlin exhortó a Washington y Teherán a retomar los canales de diálogo, advirtiendo que la reanudación de las hostilidades representaba una amenaza no solo para la seguridad de Oriente Medio, sino también para la estabilidad de la economía mundial.
Por otro lado, China reafirmó su tradicional defensa de los principios de soberanía y solución pacífica de controversias. El 16 de junio, el portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores, Lin Jian, instó a Israel a cesar de inmediato sus operaciones militares contra Irán y alertó sobre las graves consecuencias que una prolongación del conflicto podría generar para la estabilidad regional. Asimismo, Pekín reiteró su oposición al uso de la fuerza y exhortó a todos los actores involucrados a priorizar el diálogo, la negociación y las medidas orientadas a reducir las tensiones existentes.
OTROS ACTORES EXTERNOS
Egipto reafirmó su preocupación por la ampliación de las hostilidades hacia otros Estados de la región. El Ministerio de Relaciones Exteriores egipcio condenó enérgicamente los ataques iraníes dirigidos contra Jordania, Baréin y Kuwait, al considerar que este tipo de acciones incrementaba los riesgos para la seguridad colectiva y dificultaba los esfuerzos diplomáticos encaminados a estabilizar Oriente Medio.
Por su parte, Japón colocó especial énfasis en la dimensión económica y energética del conflicto. El 15 de junio, la primera ministra, Sanae Takaichi, celebró el anuncio del entendimiento alcanzado entre Estados Unidos e Irán y expresó su expectativa de que los compromisos asumidos fueran implementados de manera efectiva. Asimismo, destacó la necesidad de garantizar una navegación libre y segura en el estrecho de Ormuz, cuya interrupción había tenido repercusiones directas sobre el suministro energético japonés, y manifestó su interés en que las negociaciones permitieran alcanzar un acuerdo definitivo sobre el programa nuclear iraní y otros asuntos pendientes.
De manera general, las posiciones adoptadas por estos actores reflejaron una preocupación compartida por evitar una mayor internacionalización del conflicto y por preservar la estabilidad de una región considerada estratégica para la seguridad energética y el comercio mundial.
ORGANIZACIONES INTERNACIONALES
El 8 de junio, el director general del Organismo Internacional de Energía Atómica, Rafael Mariano Grossi, informó ante la Junta de Gobernadores que la agencia había suspendido temporalmente las actividades de verificación sobre el terreno en Irán debido al deterioro de las condiciones de seguridad derivadas del conflicto armado. Asimismo, instó a Teherán a reanudar la cooperación técnica y a permitir nuevamente las salvaguardias e inspecciones in situ, subrayando la necesidad de preservar los mecanismos de transparencia internacional para evitar una mayor escalada de las tensiones. Diez días después, Grossi reiteró su respaldo al memorando preliminar alcanzado entre Estados Unidos e Irán y enfatizó que las medidas de regulación nuclear eran indispensables para fortalecer la confianza mutua y garantizar la implementación efectiva de cualquier acuerdo futuro.
En cuanto a la Organización para la Cooperación Islámica, el 9 de junio, manifestó su preocupación por la intensificación del conflicto y condenó las operaciones militares israelíes sobre territorio iraní. La organización reiteró la importancia de respetar la soberanía de los Estados miembros y alertó sobre las consecuencias que una prolongación de las hostilidades podría generar para la estabilidad política y la seguridad colectiva de Oriente Medio.
De esta manera, las organizaciones internacionales reafirmaron su papel como mecanismos de supervisión y legitimación institucional, al priorizar la vía diplomática y el mantenimiento de los instrumentos multilaterales de seguridad frente a una crisis que continuó amenazando la estabilidad regional.
SITUACIÓN HUMANITARIA Y SOCIAL
| Dimensión Político y Diplomática | |||
| Variable | Puntaje individual | Puntaje total | Intensidad |
| Víctimas y Desplazados | 🔴Gravedad Extrema (-3) | (-3) | 🔴Extrema Intensidad |
| Infraestructura Crítica | 🟠Gravedad Alta (-2) | ||
| Violaciones al DIH | 🔴Gravedad Extrema (-3) | ||

El balance operacional entre el 8 y el 21 de junio de 2026 registra un incremento en la afectación humanitaria en Oriente Medio, con énfasis en el Líbano, donde los bombardeos provocaron decenas de víctimas y forzaron desplazamientos masivos hacia Siria e Irak. Las hostilidades causaron la degradación de infraestructura crítica, tales como complejos petroquímicos y redes hídricas en Irán, y la destrucción de entornos residenciales y proyectos de conservación ambiental en el sur libanés. Asimismo, se documentaron transgresiones al derecho internacional humanitario mediante ataques contra sectores no combatientes, infraestructura hospitalaria regional y personal de prensa independiente en cumplimiento de sus funciones.
Víctimas y Desplazados
El período comprendido entre el 8 y el 21 de junio registró un incremento sustancial en el nivel de afectación humanitaria dentro de la zona de conflicto en Oriente Medio. La intensificación de los ataques aéreos y las incursiones terrestres ha condicionado la movilidad de la población civil y ha transformado áreas urbanas en zonas de alta vulnerabilidad logística y sanitaria, lo que compromete de manera directa los mecanismos de asistencia internacional coordinados por agencias de Naciones Unidas y organizaciones no gubernamentales.
El territorio de la República Libanesa concentra el mayor volumen de operaciones militares documentadas durante la quincena de análisis. Estas se han desarrollado principalmente en la gobernación de Nabatieh, el distrito de Tiro y la región del Valle de la Bekaa, afectando de manera sostenida tanto a la infraestructura civil como a los servicios de emergencia médica.
El 9 de junio se registraron dos eventos críticos de alta letalidad. En primer lugar, una serie de ataques aéreos de las fuerzas israelíes en diversas localidades del sur del país causó 29 víctimas mortales y 133 heridos, según el balance oficial emitido por el Ministerio de Salud libanés. De forma paralela, en el distrito de Tiro, las incursiones provocaron al menos 17 fallecimientos adicionales y dieron lugar a un proceso de desplazamiento forzado de gran escala. Esta evacuación secundaria se produjo tras las directrices de traslado emitidas por el mando militar israelí, lo que obligó a miles de residentes a abandonar sus viviendas y centros de refugio temporal previo al inicio de los bombardeos.
La progresión de las hostilidades continuó el 10 de junio, jornada en la que se documentaron 14 decesos en las localidades sureñas de Tayr Debba, Deir Qanoun y Majdal Zoun. Los informes técnicos indican que los impactos afectaron directamente a sectores residenciales, lo que comprometió la seguridad de la población no combatiente. Tras un período de escaramuzas intermitentes, el 16 de junio, se reportó el empleo de sistemas de aeronaves no tripuladas en Mayfadoun y Shoukin. Esta operación causó la muerte de cuatro individuos y heridas a múltiples civiles, en un escenario donde el segundo ataque alcanzó a las personas que acudieron a prestar auxilio inicial. Este incidente tuvo lugar en el marco de esfuerzos diplomáticos bilaterales auspiciados por Estados Unidos e Irán.
Para el 18 de junio, a pesar de las negociaciones de alto al fuego orientadas a mitigar los enfrentamientos entre Israel y la organización Hezbollah, la intensidad de las hostilidades se agravó en la región de Nabatieh. El Ministerio de Salud libanés consolidó un balance de 47 decesos durante dicha jornada. En el incidente documentado en Arnoun, al sur del río Litani, un ataque dirigido contra un vehículo en la rotonda de Kafr Tibnit resultó en un fallecido y dos heridos. Horas más tarde, una incursión complementaria sobre una vivienda en la localidad de Yahoun causó heridas a dos personas adicionales, lo que evidenció la persistencia de las operaciones militares concurrentes.
El 19 de junio, catalogado como el día 108 del conflicto, la intensificación de las incursiones aéreas sobre el distrito de Nabatieh causó la muerte de al menos 15 personas. Las FDI justificaron estas acciones con el argumento de neutralizar posiciones logísticas de Hezbollah; no obstante, la magnitud de los daños ocasionados a la población civil incidió directamente en la suspensión definitiva de las rondas de negociación en Suiza.
A su vez, las repercusiones en las naciones adyacentes se han manifestado principalmente en el plano diplomático y en la gestión migratoria. Los canales oficiales de los países del Golfo formularon denuncias formales respecto a la prolongación de la crisis humanitaria en la Franja de Gaza y Cisjordania, en las que señalaron que la asistencia internacional continuaba sujeta a restricciones severas de acceso. Este factor perpetúa los índices de vulnerabilidad de la población civil afectada independientemente de los memorandos bilaterales de alto nivel alcanzados en los foros internacionales.
Con respecto al estatus operativo de naciones como Siria e Irak, el monitoreo estratégico confirma que actúan como zonas de tránsito logístico y recepción migratoria de flujos procedentes del sur del Líbano. Si bien los sistemas de interceptación activa y alerta temprana en Israel han contenido el índice de letalidad civil en su territorio, la persistencia de proyectiles incidentales mantiene las condiciones de evacuación temporal para un estimado de 250.000 ciudadanos en los asentamientos al norte de Arad y la región central.
Adicionalmente, el 20 de junio se registraron dos oleadas masivas de ataques aéreos: la primera causó 32 fallecimientos en Nabatieh, con afectación a perímetros residenciales; la segunda ola, concentrada en el este del país y el Valle de la Bekaa, generó 27 muertes y 26 heridos documentados, lo que motivó señalamientos recíprocos de incumplimiento de los acuerdos de tregua. En este contexto, la organización Médicos Sin Fronteras (MSF) emitió una alerta humanitaria en la que categorizó a Nabatieh como un área de confinamiento crítico y de alta peligrosidad, e informó sobre la recepción hospitalaria de pacientes con traumatismos craneales severos, hemorragias masivas y la necesidad de ejecutar amputaciones de urgencia debido a lesiones por metralla. Durante esta misma jornada, se confirmó el fallecimiento de la ambientalista Mona Khalil, de 76 años, tras un impacto directo en su residencia en Mansouri, próxima a Tiro, evento que generó pronunciamientos por parte de agencias de derechos humanos.
Al término del período evaluado, el volumen de personas desplazadas refleja la magnitud de las transformaciones demográficas y la alteración estructural de la seguridad y el flujo asistencial en la región.
Infraestructura crítica
El contexto operacional en este bloque temporal se caracteriza por una afectación focalizada sobre la infraestructura civil e industrial que sostiene los entornos urbanos regionales. De acuerdo con los registros analizados en la plataforma de monitoreo y los lineamientos institucionales de estandarización, las hostilidades han priorizado la degradación de activos energéticos, redes de servicios básicos y nodos de transporte estratégico, lo que influye de manera directa en las dinámicas de estabilización y en el suministro de recursos esenciales.
En Irán, el sistema de refinamiento energético y el soporte hídrico han registrado eventos de alto impacto. Al inicio del período de seguimiento, el 8 de junio, se documentó un ataque aéreo contra el complejo petroquímico de Mahshahr, catalogado como una instalación de gran relevancia en la provincia de Juzestán. Los impactos provocaron daños parciales en las instalaciones de la empresa petroquímica Karun, lo que forzó la evacuación preventiva del personal e interrumpió las actividades operacionales en el sector. Posteriormente, el 9 de junio, la vulneración de la infraestructura estratégica se extendió al suministro de servicios básicos con la destrucción de dos tanques de almacenamiento de la red de agua potable en Bemani, Sirik. Esta acción interrumpió el suministro hídrico para la localidad de Kuhestak y diez comunidades adyacentes, lo que comprometió la viabilidad habitacional y el acceso al recurso esencial en la región.
En el Líbano, la vulnerabilidad del tejido civil y de los proyectos de preservación ambiental ha alcanzado niveles de afectación crítica. Hacia el cierre del ciclo de monitoreo, específicamente el 20 de junio, se constató un ataque que afectó de forma directa una estructura residencial y las instalaciones de conservación ecológica del proyecto Orange House, situadas en la localidad de Mansouri, en la periferia de Tiro. La destrucción de este activo no gubernamental —dedicado a la protección marina— y las afectaciones colaterales sufridas por el personal técnico local plantean interrogantes en el ámbito del derecho internacional respecto a los principios de proporcionalidad y distinción entre objetivos militares y bienes civiles protegidos en los frentes de combate.
En concordancia con los datos analizados, el análisis comparativo indica que el daño deliberado o colateral a la infraestructura civil protegida ya no constituye un hecho aislado, sino un factor recurrente en la degradación de la viabilidad de los servicios públicos en el suroeste de Irán y en el resguardo de bienes comunitarios en el sur del Líbano.
Violaciones al Derecho Internacional Humanitario
El seguimiento correspondiente al período comprendido entre el 8 y el 21 de junio evidencia una inobservancia de los convenios internacionales destinados a mitigar el impacto de las hostilidades sobre los no combatientes. Las incidencias recopiladas en la plataforma de monitoreo técnico exponen una transgresión de las normas mínimas de humanidad, donde el personal de salud, los corresponsales de prensa, la infraestructura médica y los entornos residenciales han sido objeto de afectaciones directas.
En el ámbito de la protección a la población civil y a los grupos vulnerables, el entorno de los Estados Árabes registró, el 8 de junio, el impacto de una plataforma aérea no tripulada de origen iraní (Shahed-136) sobre un hospital de campaña kurdo. Este ataque afectó las instalaciones sanitarias ubicadas en las proximidades de Koy Sanjaq, lo que comprometió la seguridad de una infraestructura médica protegida, aunque no se reportaron víctimas mortales en el balance inicial de dicha jornada.
En el frente del Líbano, la degradación de las garantías de seguridad civil y la afectación a misiones de asistencia esencial alcanzaron niveles críticos desde el inicio del ciclo de monitoreo:
- 8 de junio: Se documentaron dos transgresiones de alta gravedad en el sur del país. En primer lugar, se reportó el empleo de fósforo blanco por parte de las fuerzas militares israelíes durante los ataques ejecutados en la localidad de Yahmar al-Shaqif. En segundo lugar, un vector de ataque israelí impactó contra un vehículo civil en las inmediaciones del centro de la Cruz Roja en la ciudad de Tiro, lo que afectó el perímetro de seguridad de una de las principales organizaciones de socorro humanitario.
- 9 y 10 de junio: Las operaciones aéreas israelíes se dirigieron contra sectores no combatientes; en particular, se registró un bombardeo sobre una zona residencial cercana a Tiro. Al día siguiente, se constató un intenso ataque de artillería en las inmediaciones del Hospital Público de Nabatiya, lo que alteró las capacidades operativas de la infraestructura hospitalaria regional y expuso a riesgos cinéticos directos a los pacientes y al personal de salud.
Finalmente, las restricciones operacionales y los riesgos contra el libre ejercicio de la cobertura informativa internacional quedaron de manifiesto hacia la mitad del bloque temporal. El 15 de junio, un ataque con drones de las fuerzas israelíes en el sur del Líbano causó heridas de gravedad al periodista de la cadena PressTV, Hadi Hoteit, mientras se encontraba en la localidad de Kfar Tebnit. El corresponsal recibió el impacto de seis fragmentos de metralla en el tórax y las extremidades inferiores antes de recibir atención médica, lo que expone la precariedad de seguridad bajo la cual operan los observadores y corresponsales internacionales encargados de registrar el desarrollo del conflicto.
El análisis de esta categoría sugiere que el debilitamiento de los marcos regulatorios del conflicto incrementa de manera directa el registro de afectación civil, lo que transforma los espacios de asistencia, salud y prensa en zonas de alto riesgo operativo. En este período se ha registrado un incremento significativo del número de civiles afectados en comparación con períodos anteriores.
SITUACIÓN ECONÓMICA Y ENERGÉTICA
| Dimensión Económica y Energética | |||
| Variable | Puntaje individual | Puntaje total | Intensidad |
| Cantidad de Buques Comerciales | 🟠 Impacto Alto (-2) | -2 | 🟠Alta Intensidad |
| Desvío de Tránsito | 🟠 Impacto Alto (-2) | ||
| Commodities Energéticas | 🟡Impacto Bajo (-1) | ||

Entre el 8 y el 21 de junio de 2026, el tránsito a través del estrecho de Ormuz pasó de una interrupción casi total a una reapertura parcial de carácter inestable. El volumen de tránsito alcanzó su punto más alto el 20 de junio, con un registro de 67 buques.
La ruta alternativa de circunnavegación por el cabo de Buena Esperanza absorbió gran parte del comercio ante el deterioro de las condiciones de seguridad en el mar Rojo, mientras que el canal de Suez y el estrecho de Bab el-Mandeb registraron oscilaciones vinculadas a la actividad operacional de los grupos hutíes y al incremento de las primas de seguro de guerra.
En ese marco, el precio del crudo Brent registró variaciones: descendió con un cierre de 78,96 dólares por barril el 16 de junio, seguido de repuntes y una leve estabilización hacia el final del período; dicha dinámica estuvo condicionada en todo momento por la evolución del conflicto regional.
Cantidad de Buques
El tránsito por el estrecho de Ormuz transitó de una interrupción operativa a una reapertura parcial e inestable. El 8 de junio, circularon 4 buques; respecto al día anterior no se registró variación, aunque el volumen se mantuvo mínimo debido al intercambio de fuego y a la percepción de riesgo por la presencia de minas navales. Para el 9 de junio no se registró variación alguna, además la navegación continuó bajo protocolos de silencio radioeléctrico por la interferencia de los sistemas GPS. El 10 de junio, el tránsito bajó a 3 buques, una caída del 25 %, dado que la escalada militar y las acciones ofensivas de respuesta desincentivaron el tránsito de buques comerciales.
Al día siguiente, el flujo subió a 5 buques, un incremento de 66,7 %, favorecido por la habilitación de corredores de navegación protegida y a las expectativas generadas por la posibilidad de una tregua. Para el 13 de junio, retrocedió a 4, una baja de 20 %, por la elevación de los umbrales de riesgo por parte de las aseguradoras y la percepción de riesgo asociada a la presencia de minas navales. El 14 de junio, el flujo se sostuvo en 4 tránsitos, con utilización restringida de la ruta septentrional y control previo por parte de Irán. El 15 de junio, se mantuvo en 4 sin cambio, aunque el anuncio del acuerdo interino comenzó a reactivar el interés comercial. El 16 de junio, ascendió a 5 tránsitos debido al tránsito coordinado y la reducción parcial del riesgo naval. El 17 de junio, permaneció en 5, sin cambios, en coincidencia temporal con la suscripción formal del memorando.
El 18 de junio se registró una recuperación significativa del tránsito, cuando el flujo se incrementó a 25 buques, un aumento del 400 % respecto al día anterior, tras el levantamiento del bloqueo naval estadounidense. El 19 de junio, ascendió a 55 tránsitos, un incremento adicional del 120 %, por el retorno de un volumen significativo de petroleros y graneleros. El 20 de junio, alcanzó 67 tránsitos, un aumento de 21,8 %, lo que fue impulsado por la operación de corredores de tránsito bajo supervisión iraní y omaní. El 21 de junio, el tránsito cayó a 20 naves, un descenso pronunciado de 70,1 %, debido a la reactivación de declaraciones de carácter coercitivo por parte del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) y a la reinstauración de restricciones operativas.
Desvío de Tránsito
El corredor formado por el canal de Suez, el estrecho de Bab el-Mandeb y el cabo de Buena Esperanza atravesó una reconfiguración diaria de los flujos de tráfico marítimo mercante, marcada por la degradación de las condiciones de seguridad en el mar Rojo y la creciente preferencia por la ruta de desvío africana. El 8 de junio, el canal de Suez registró 12 buques, Bab el-Mandeb 8 y el cabo de Buena Esperanza 91; el 9 de junio fueron 10, 7 y 94 tránsitos, respectivamente. Entre el 10 y el 13 de junio, la contracción fue más marcada: el canal de Suez osciló entre 4 y 5 buques y Bab el-Mandeb entre 2 y 3, mientras que el cabo de Buena Esperanza escaló de 98 a 106 tránsitos, lo que resultó en la captación de la mayor parte del tráfico desviado por esa vía. Esa fase coincidió con la interrupción operativa de las rutas del mar Rojo, la declaración de carácter coercitivo emitida por las fuerzas hutíes el 8 de junio y el incremento de las primas de seguro marítimo de guerra, lo que tornó económicamente inviable la navegación directa por el canal de Suez.
Del 14 al 16 de junio se observó una recuperación parcial: el canal de Suez pasó de 8 a 13 buques y Bab el-Mandeb de 6 a 11, aunque el cabo de Buena Esperanza se mantuvo en niveles elevados, con 101, 95 y 92 tránsitos. El 17 y 18 de junio, la distensión fue más visible: el canal de Suez subió a 18 y 23 buques; Bab el-Mandeb, a 15 y 17; y el cabo de Buena Esperanza descendió a 86 y 76 tránsitos. El 19 de junio se produjo el mejor registro del período, con 28 buques en el canal de Suez, 21 en Bab el-Mandeb y 65 en el cabo de Buena Esperanza, lo que evidenció un período de normalización parcial y transitoria.
Ese intervalo de estabilidad relativa resultó de corta duración. El 20 de junio, el canal de Suez cayó a 14 buques y Bab el-Mandeb a 10, mientras que el cabo de Buena Esperanza registró un repunte hasta los 84 tránsitos. Al día siguiente, 21 de junio, el canal de Suez se redujo a 9 tránsitos, Bab el-Mandeb a 6 y el cabo de Buena Esperanza recuperó los 93 tránsitos. En conjunto, la secuencia diaria muestra que cualquier deterioro en Bab el-Mandeb impactó de inmediato en el canal de Suez y desplazó el tráfico hacia el cabo de Buena Esperanza, que se consolidó a lo largo del período como la principal ruta alternativa de carácter operativo.
Commodities Energéticas
Entre el 8 y el 21 de junio de 2026, el Brent mostró una secuencia de alzas y correcciones directamente vinculada a la evolución del conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán. El lunes 8 de junio, el índice subió 1,25 % hasta 94,25 dólares por barril, impulsado por la reanudación del intercambio de fuego en el sur del Líbano y en Haifa, lo que reactivó la percepción de riesgo de un bloqueo sostenido del estrecho de Ormuz. El martes 9 de junio, retrocedió 2,97 % a 91,45 dólares por barril, tras la suspensión de las acciones ofensivas directas y el recorte de precios saudí para Asia. El miércoles 10 de junio, avanzó 1,80 % hasta 93,10 dólares por barril, luego del derribo de un helicóptero Apache y la presión sobre los inventarios estadounidenses.
El jueves 11 de junio, cayó 2,92 % a 90,38 dólares por barril, en respuesta a la comunicación oficial de Washington orientada a disuadir una ofensiva inminente y a las negociaciones en curso. Al día siguiente, viernes 12 de junio, registró un descenso adicional de 3,37 % hasta 87,33 dólares por barril, cuando los mercados internalizaron expectativas de avances diplomáticos en Suiza. Durante el fin de semana del 13 y 14 de junio, la cotización se mantuvo sin variaciones por el cierre operativo de los mercados.
El lunes 15 de junio, descendió 4,76 % a 83,17 dólares por barril, ante expectativas de la reapertura del estrecho de Ormuz. Al día siguiente, martes 16 de junio, acumuló un descenso de 5,06 % hasta 78,96 dólares por barril, tras confirmarse el levantamiento del bloqueo naval. El miércoles 17 de junio, repuntó 0,75 % a 79,55 dólares por barril como consecuencia de la suscripción del memorando de entendimiento, si bien las declaraciones de carácter coercitivo reiteradas por el presidente Trump mantuvieron niveles de volatilidad elevados. El jueves 18 de junio, subió 0,38 % a 79,85 dólares por barril, afectado por declaraciones iraníes relativas a la posible imposición de derechos de tránsito en el estrecho de Ormuz. Hacia el cierre de la semana, el viernes 19 de junio, aumentó 0,66 % a 80,38 dólares por barril debido a demoras diplomáticas y tensiones sostenidas en el Líbano. El 20 y 21 de junio, el precio permaneció estable, con el mercado a la espera de nuevos avances o del colapso del acuerdo.

