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Informe N°4 | Análisis de julio de 2026

Valentina Martínez Alaníz – Coordinadora del Proyecto de Desarme y Proliferación Nuclear. Redactora

Álvaro GreyRedactor.

Hillary Samanta Villegas Gómez Redactora. Editora

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Introducción

El Informe Global de Riesgo Nuclear (IGRN) establece una escala de alerta destinada a evaluar el grado de estabilidad estratégica internacional y la probabilidad de escalada hacia un conflicto nuclear. Cada nivel determina la frecuencia de monitoreo y la emisión de actualizaciones extraordinarias cuando la evolución del entorno lo requiera: DEFCON 5 (Estabilidad Alta), DEFCON 4 (Vigilancia Preventiva), DEFCON 3 (Inestabilidad Creciente), DEFCON 2 (Riesgo Elevado de Escalada) y DEFCON 1 (Crisis Nuclear).

El sistema de alerta se basa en una metodología estructurada de análisis estratégico que integra variables cuantitativas y cualitativas para estimar la probabilidad de escalada nuclear y el grado de estabilidad internacional. El modelo combina monitoreo permanente, evaluación comparativa y revisión analítica. A continuación, se detallan los aspectos comprendidos en cada nivel del Termómetro Global de Riesgo Nuclear:

  • 🟢 Verde – DEFCON 5

IGRN: 0-20 | Estabilidad Alta

El orden estratégico internacional se mantiene sólido, con un sistema de disuasión que continúa siendo eficaz y sin señales relevantes de escalada. Las relaciones entre las principales potencias se caracterizan por una relativa previsibilidad, no se registran crisis militares de gran magnitud y los tratados de control de armas permanecen vigentes o funcionales. En este contexto, la retórica nuclear es mínima, lo que refuerza un entorno global de estabilidad.

  • 🔵 Azul – DEFCON 4

IGRN: 21-40 | Vigilancia Preventiva

Comienzan a surgir tensiones y eventos que requieren un seguimiento más atento, aunque el sistema internacional todavía se inclina hacia la estabilidad. Se observa un incremento de las fricciones geopolíticas, la realización de ejercicios militares sensibles y un progresivo endurecimiento del discurso entre actores relevantes. Estas dinámicas configuran señales tempranas de una competencia estratégica en expansión, sin que ello implique aún una ruptura del equilibrio general.

  • 🟡 Amarillo – DEFCON 3

IGRN: 41-60 | Inestabilidad Creciente

El entorno internacional se torna más volátil, elevando el riesgo de errores de cálculo entre los principales actores. Se registran crisis regionales en las que participan potencias nucleares, junto con movilizaciones militares de relevancia que incrementan la tensión. Paralelamente, emergen amenazas explícitas o formas de coerción nuclear, mientras los mecanismos de confianza comienzan a debilitarse, erosionando la previsibilidad del sistema estratégico.

  • 🟠 Naranja – DEFCON 2

IGRN: 61-80 | Riesgo Elevado de Escalada

El sistema internacional ingresa en una fase de alta peligrosidad, donde la disuasión comienza a mostrar signos de tensión. Se observan hostilidades abiertas o inminentes, acompañadas por una preparación visible de fuerzas estratégicas que eleva la percepción de amenaza. Al mismo tiempo, se reduce el umbral de empleo nuclear y los canales diplomáticos se deterioran, limitando la capacidad de contención y aumentando la probabilidad de una escalada rápida.

  • 🔴 Rojo – DEFCON 1

IGRN: 81-100 | Crisis Nuclear

El sistema internacional alcanza un punto crítico, con una probabilidad extremadamente alta de empleo nuclear o con un evento de esta naturaleza ya en desarrollo. Se registra la elevación formal de las alertas nucleares, junto con señales claras de inminencia operativa que reflejan la preparación para un posible uso de estas capacidades. En paralelo, se producen ataques contra infraestructuras críticas y se intensifica el riesgo de errores de cálculo o decisiones precipitadas, configurando el escenario de mayor peligro para la seguridad global.

El escenario estratégico internacional durante julio de 2026 se caracterizó por un deterioro progresivo de la estabilidad global, impulsado por la convergencia de múltiples focos de tensión entre las principales potencias y por el debilitamiento de los mecanismos tradicionales de control de armamentos. A lo largo del mes se registraron avances significativos en materia de modernización militar, cooperación nuclear civil, fortalecimiento de alianzas estratégicas y competencia tecnológica, lo que configuró un entorno internacional de creciente complejidad e incertidumbre. Estas dinámicas se desarrollaron en un contexto marcado por la continuidad de la guerra en Ucrania, la persistencia de las tensiones en Medio Oriente y la consolidación del Indo-Pacífico como uno de los principales escenarios de rivalidad geopolítica entre Estados Unidos y China. 

Entre los acontecimientos más relevantes se destacaron la firma del Acuerdo 123 entre Estados Unidos y Arabia Saudita para el desarrollo de cooperación nuclear con fines civiles, el fortalecimiento de la disuasión aliada durante la Cumbre de la OTAN en Ankara, la aceleración de la implementación del acuerdo AUKUS mediante nuevas inversiones en infraestructura para submarinos de propulsión nuclear y la persistencia de las tensiones en el estrecho de Ormuz, que sostuvieron la preocupación por una posible escalada regional. Paralelamente, Estados Unidos y China continuaron profundizando su competencia estratégica mediante procesos de modernización militar, expansión de alianzas y fortalecimiento de sus capacidades de disuasión.

En conjunto, los desarrollos registrados durante julio reflejan un sistema internacional caracterizado por una creciente competencia entre grandes potencias, donde la combinación de rivalidades geopolíticas, avances tecnológicos y debilitamiento de los instrumentos de control de armamentos incrementó la incertidumbre estratégica. Si bien no se observaron indicadores que permitieran anticipar una crisis nuclear inminente, la acumulación de factores de riesgo sostuvo un escenario de DEFCON 2 (IGRN: 80 puntos), correspondiente a un riesgo elevado de escalada, que requiere un monitoreo permanente de la evolución del entorno internacional.

Corea del Norte fortalece cuantitativa y cualitativamente su fuerza nuclear

Durante el período analizado, Corea del Norte adoptó un conjunto de medidas orientadas a fortalecer simultáneamente sus capacidades materiales, doctrinales y operativas, consolidando una estrategia de largo plazo para afianzar su condición de Estado con armas nucleares. En una reunión ampliada de la Comisión Militar Central del Partido de los Trabajadores, Kim Jong-un ordenó fortalecer las fuerzas nucleares tanto “cuantitativa como cualitativamente”, instruyendo la modernización de la infraestructura militar, el desarrollo de nuevos sistemas de combate, la ampliación de las capacidades de inteligencia y la construcción de bases navales modernas. Asimismo, el líder norcoreano declaró que la seguridad del país y la “paz verdadera” solo pueden garantizarse mediante un poderío militar capaz de controlar todas las amenazas, con lo que reafirmó la centralidad del desarrollo armamentístico como principio rector de la estrategia de seguridad del régimen.

Esta modernización no se limita al incremento del arsenal, sino que busca diversificar los medios de disuasión y aumentar la capacidad de supervivencia de sus fuerzas estratégicas. Las pruebas realizadas sobre el destructor Kang Kon, equipado con misiles de crucero con capacidad nuclear no confirmada, evidencian el interés de Pyongyang por desarrollar una arquitectura de disuasión marítima que complemente sus misiles balísticos terrestres y submarinos. La incorporación progresiva de plataformas navales con capacidad de lanzamiento amplía las opciones de represalia del régimen y complica los cálculos estratégicos de Corea del Sur, Japón y Estados Unidos, al incorporar plataformas más móviles y difíciles de neutralizar.

En el plano diplomático, Corea del Norte endureció aún más su postura respecto al proceso de desnuclearización. Tras las declaraciones emitidas durante las reuniones de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN) y la Organización del Tratado del Atlántico Norte(OTAN), Pyongyang reiteró que la desnuclearización constituye una cuestión “irreversiblemente concluida” y sostuvo que cualquier discusión debería centrarse, en cambio, en las capacidades nucleares de Estados Unidos y de sus aliados. Este discurso refleja una evolución doctrinal significativa: las armas nucleares dejan de presentarse como un instrumento de negociación para convertirse en un componente permanente de la seguridad nacional, la legitimidad del régimen y su estrategia de disuasión regional.

A ello se suma la dimensión financiera del programa nuclear. La alerta conjunta emitida por once países sobre las redes de trabajadores informáticos norcoreanos que generan ingresos para financiar los programas nucleares y de misiles pone de manifiesto que, pese a las sanciones internacionales, el régimen continúa adaptando y sofisticando sus mecanismos de obtención de recursos. En conjunto, estos acontecimientos reflejan una estrategia integral que combina modernización militar, consolidación doctrinal y mecanismos alternativos de financiamiento para sostener el desarrollo de sus capacidades estratégicas. Como resultado, las perspectivas de reactivar un proceso efectivo de desnuclearización continúan deteriorándose en el corto plazo, mientras aumenta la complejidad del entorno de seguridad en el noreste asiático.

Kim Jong-un realiza revisión de plantas nucleares como parte de su nuevo plan de disuasión.

China amplía su influencia estratégica en Asia y profundiza la competencia con Estados Unidos en el Indo-Pacífico

China continuó fortaleciendo su posición estratégica en el Indo-Pacífico mediante el desarrollo de capacidades militares y nucleares que refuerzan su poder de disuasión y alimentan la competencia con Estados Unidos. En este contexto, Beijing realizó un inusual reconocimiento público de la expansión de su infraestructura estratégica al confirmar, a través de un documental de la televisión estatal, la construcción de nuevos silos para misiles balísticos intercontinentales (ICBM). Aunque las autoridades no identificaron el sistema específico, las características descritas apuntan al despliegue de la serie DF-5, los ICBM de mayor alcance de la familia Dongfeng, un componente central de la capacidad de segundo ataque china. Las autoridades presentaron estas instalaciones como parte de una estrategia destinada a fortalecer la credibilidad de su política de «no primer uso» y garantizar la supervivencia de su fuerza nuclear frente a escenarios de escalada.

Como contraparte, Estados Unidos aceleró su proceso de modernización naval al adjudicar contratos por USD 76.600 millones para la construcción de catorce submarinos nucleares —nueve de ataque clase Virginia y cinco lanzamisiles balísticos clase Columbia— con el objetivo de reforzar la capacidad de disuasión marítima y asegurar la continuidad del componente naval de su tríada nuclear. Paralelamente, el Pentágono anunció inversiones en nuevos buques anfibios y en una doctrina orientada a fortalecer el despliegue de fuerzas avanzadas a lo largo de la primera cadena de islas, confirmando que la contención de China continúa siendo el eje central de la planificación militar estadounidense en el Indo-Pacífico.

A ello se sumó la prueba de un misil estratégico de largo alcance lanzado desde un submarino nuclear chino hacia el Pacífico Sur, realizada pocas horas después de la firma de un acuerdo de defensa entre Australia y Fiyi. Aunque Beijing calificó el lanzamiento como un ejercicio rutinario y negó cualquier relación con dicho acuerdo, Australia, Nueva Zelanda y Japón manifestaron su preocupación al considerar que la prueba incrementa las tensiones regionales y contradice el objetivo de preservar el Pacífico como una zona de paz. El ensayo evidenció, además, la creciente importancia del componente submarino dentro de la estrategia de disuasión china, al incorporar mayor movilidad y capacidad de supervivencia a sus fuerzas estratégicas.

Estas dinámicas se desarrollan en un contexto regional marcado por la creciente competencia por la influencia en el Sudeste Asiático. La ASEAN enfrentó dificultades para articular posiciones comunes debido a la diversidad de intereses entre sus miembros, mientras los Estados de la región buscaron equilibrar sus vínculos económicos con China y su cooperación en materia de seguridad con Estados Unidos y sus aliados. Las disputas en el mar de China Meridional, el décimo aniversario del laudo arbitral de 2016 y los avances hacia un futuro Código de Conducta reflejan que la rivalidad entre ambas potencias continúa condicionando el entorno estratégico del Indo-Pacífico.

El Pentágono prioriza en el Indo-Pacífico el control de los corredores marítimos del Pacífico por encima de los grandes grupos de combate.

Rusia y Corea del Norte consolidan su cooperación militar y estratégica

Rusia y Corea del Norte profundizaron su asociación estratégica, consolidando una cooperación que trasciende el apoyo derivado de la guerra en Ucrania y adquiere un carácter cada vez más estructural. La visita de la ministra de Asuntos Exteriores norcoreana, Choe Son-hui, a Moscú y su reunión con el presidente Vladimir Putin evidenciaron el fortalecimiento del vínculo político entre ambos países. Durante el encuentro, Putin agradeció públicamente el respaldo de Pyongyang a la campaña militar rusa y destacó la participación de militares norcoreanos en el conflicto, mientras que Choe reafirmó el compromiso de Kim Jong-un con el desarrollo integral de la relación bilateral.

Este intercambio diplomático de alto nivel se inscribe en una relación cuya arquitectura institucional quedó formalizada con el Tratado de Asociación Estratégica Integral, firmado en junio de 2024, que contempla compromisos de asistencia mutua y ha servido de marco para ampliar la cooperación militar. Diversos informes indican que Corea del Norte continúa suministrando municiones, misiles balísticos de corto alcance y personal militar a Rusia, mientras que Moscú proporcionaría combustible, asistencia económica y, potencialmente, tecnología militar sensible. De confirmarse la transferencia tecnológica, esta podría acelerar el desarrollo de capacidades norcoreanas en áreas como misiles balísticos, sistemas de propulsión y plataformas navales, fortaleciendo indirectamente el programa estratégico del régimen.

En el plano político, Pyongyang también intensificó su alineamiento con Moscú al criticar los esfuerzos de la OTAN por ampliar su infraestructura logística y energética en Europa, calificándolos como preparativos para un conflicto de mayor escala. Corea del Norte sostuvo que el fortalecimiento de la alianza atlántica justifica la expansión de sus propias capacidades militares, reforzando una narrativa compartida con Rusia que presenta a Occidente como el principal factor de inestabilidad internacional. Este discurso refleja una creciente convergencia estratégica entre ambos gobiernos frente a Estados Unidos y sus aliados.

La consolidación de este eje tiene implicancias que trascienden el conflicto en Ucrania. Como miembro permanente del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas con derecho a veto, Rusia limita la capacidad del principal mecanismo multilateral para ejercer presión sobre el programa nuclear norcoreano, al tiempo que proporciona a Pyongyang respaldo económico, diplomático y, potencialmente, tecnológico que reduce el impacto de las sanciones internacionales. El intercambio resulta funcional para ambas partes: Moscú obtiene suministros militares y apoyo operativo que alivian las exigencias de su industria de defensa, mientras Corea del Norte fortalece progresivamente capacidades que, de otro modo, requerirían un desarrollo mucho más prolongado. En conjunto, esta cooperación incrementa el riesgo de proliferación vertical y constituye uno de los factores con mayor incidencia sobre el índice de riesgo nuclear del período.

El presidente ruso, Vladímir Putin, recibe en el Kremlin a la ministra norcoreana de Exteriores, Choe Son Hui, el domingo 19 de julio de 2026.

Rusia profundiza la confrontación con la OTAN en el conflicto con Ucrania

A finales del mes de julio, durante la madrugada del jueves 30, las Fuerzas Armadas Rusas ejecutaron un nuevo ataque contra diez regiones ucranianas alejadas del frente de combate con el lanzamiento de 70 misiles y 280 drones, dejando un saldo de ocho muertos y 50 heridos, según fuentes oficiales ucranianas. Esta fue la tercera ofensiva de Moscú a gran escala en el mes, ocurriendo en anteriores ocasiones los días 2 y 6 de julio.

Sin embargo, esta última ofensiva adquirió mayor relevancia por el lugar de impacto de uno de los misiles. En el marco del ataque, un misil Kh-101 —misil de crucero estratégico ruso de largo alcance y alta precisión— impactó en la localidad de Tarnawa-Kolonia, en la región oriental de Lublin, Polonia, a unos 80 kilómetros de la frontera con Ucrania. Tanto desde el gobierno de Kiev como del de Bruselas se denunció que el misil violó el espacio aéreo de la OTAN, lo que generó una respuesta de alerta en la Alianza Atlántica; esto más allá de que las autoridades polacas han afirmado que el territorio polaco no era el objetivo del proyectil.

Esta no fue la única violación del espacio aéreo de la Alianza en el marco de la invasión rusa. En mayo, drones impactaron en zonas residenciales en el noreste de Rumania, cerca de la frontera con Ucrania. Además, en varias ocasiones drones han sobrevolado objetivos estratégicos —como bases militares y centrales nucleares— de países miembros lejanos a las fronteras rusas como lo son Bélgica y Reino Unido. También se destacan los patrullajes y lanzamientos realizados desde la “Flota Fantasma” rusa en el Mar Negro que, pese al desgaste operación tras operación, aún mantiene una capacidad operativa suficiente para realizar sus tareas. 

En conjunto, estas acciones respondieron a un intento de Moscú por evaluar el umbral de tolerancia de la OTAN ante provocaciones en su territorio y, simultáneamente, por sostener una guerra híbrida en un contexto de capacidades militares progresivamente erosionadas, principalmente por el desgaste en el conflicto con Kiev y una situación interna agravada por las dificultades económicas y de reclutamiento.

Misil de crucero ruso Kh-101. Créditos de la foto: Ministerio de Defensa de Rusia.

Moscú lanza nuevas advertencias estratégicas ante el fortalecimiento de la disuasión aliada en la Cumbre de Ankara

Entre el 7 y el 8 de julio se llevó a cabo la 36.ª Cumbre de la OTAN en Ankara, donde se reunieron los líderes de los Estados miembros con el objetivo de debatir el futuro de la defensa colectiva de la Alianza. Además de un cambio de postura del presidente estadounidense Donald Trump sobre los aliados europeos, también sobresale el encuentro bilateral entre Trump y su homólogo ucraniano, Volodímir Zelensky. 

En los días previos a la Cumbre, Moscú lanzó su segunda ofensiva a gran escala en territorio ucraniano en el mes de julio, mediante el empleo de 68 misiles y 351 drones, según el Estado Mayor ucraniano. El ataque coincidió con la víspera de la Cumbre y evidenció las limitaciones de la defensa ucraniana. Este contexto determinó el tono de las demandas de Zelensky, exigiendo respuestas urgentes y mayor suministro por parte de sus aliados europeos, debido al deterioro de sus capacidades militares, principalmente por el agotamiento en el suministro de misiles Patriot —sistema de defensa antiaérea y antimisiles de largo alcance—.

En respuesta a las demandas ucranianas, varias soluciones se han presentado en un intento de fortalecer a Kiev en el conflicto. La primera medida fue el anuncio de Trump de la concesión a Ucrania de una licencia para la fabricación de los interceptores Patriot, lo cual responde no solo a la vulnerabilidad que enfrenta Zelensky sino también a limitaciones de capacidad industrial de la defensa estadounidense. La segunda medida consistió en la hoja de ruta bilateral firmada por Zelensky con el presidente francés Emmanuel Macron el 13 de julio, la cual autoriza la producción de misiles de diseño francés en territorio ucraniano. La tercera medida correspondió al “acuerdo de drones” firmado entre la Unión Europea y Ucrania, el cual busca impulsar la producción conjunta de esta tecnología clave para el campo de batalla. Todas estas buscan dotar a Kiev de capacidades suficientes para garantizar el suministro constante de armamento y proyectiles sin depender de cadenas de transporte. Esto permite iniciar una transición estratégica fundamental para Ucrania, pues pasaría de depender de la asistencia militar externa a desarrollar un programa de modernización soberana a largo plazo. En esta dirección se destacan el desarrollo del primer dron interceptor totalmente autónomo, “LITAVR”, y el nuevo sistema de planificación de batallas basado en IA, Marichka.

Más allá de los intentos de disuasión aliada, lo que Moscú intenta transmitir con este ataque es que el respaldo de la OTAN y la Unión Europea resulta insuficiente. Este mensaje sigue una retórica que busca presentar a Rusia con una “imagen que la haga parecer poderosa, fuerte y victoriosa”, como afirma Iván Us, del Instituto Nacional de Estudios Estratégicos de Ucrania. En línea con esta narrativa también se inscribe la nueva guerra cognitiva que lleva a cabo, enfocada en mostrar victorias estratégicas a través de la falsificación de tomas de ciudades en varios frentes, proyectando avances en el territorio ucraniano para desincentivar el apoyo occidental a Kiev.

8 de julio de 2026: encuentro entre Volodimir Zelensky y Donald Trump en Ankara.

Estados Unidos y Arabia Saudita firman el Acuerdo 123, reabriendo el debate sobre la proliferación en Medio Oriente

Durante julio de 2026, Estados Unidos y Arabia Saudita firmaron el Acuerdo 123 de cooperación nuclear civil, que establece el marco jurídico para la transferencia de tecnología, materiales, asistencia técnica y capacitación estadounidense destinados al programa nuclear saudí de uso pacífico. El acuerdo, suscripto por el secretario de Energía estadounidense, Chris Wright, y el ministro de Energía saudí, Abdulaziz bin Salman, tendrá una vigencia de treinta años y representa uno de los avances más significativos en la relación entre ambos países desde la firma de sus acuerdos de defensa en 2025. 

Los denominados Acuerdos 123 derivan de la sección 123 del Atomic Energy Act de 1954 y constituyen el instrumento jurídico indispensable para autorizar la exportación estadounidense de tecnología y equipamiento nuclear a terceros Estados. Aunque Washington mantiene acuerdos similares con diversos países, las negociaciones con Arabia Saudita fueron particularmente complejas debido a la insistencia de Riad en conservar la posibilidad de desarrollar capacidades nacionales para el enriquecimiento de uranio, un aspecto que históricamente generó reservas por sus posibles implicaciones para el régimen de no proliferación. 

El acuerdo se consolida como un paso decisivo dentro de la estrategia saudí de diversificación energética impulsada por el programa Visión 2030, cuyo objetivo es reducir la dependencia de los hidrocarburos mediante el desarrollo de nuevas fuentes de generación eléctrica. Asimismo, abre oportunidades para la participación de empresas estadounidenses en la construcción de reactores, la capacitación de personal especializado y el suministro de combustible y servicios asociados a la industria nuclear civil. Desde la perspectiva de Washington, el entendimiento fortalece su influencia estratégica en Medio Oriente frente al creciente protagonismo de China y Rusia en el mercado internacional de tecnología nuclear. 

No obstante, el anuncio reactivó un intenso debate entre especialistas en control de armamentos. Diversos analistas señalaron que el acuerdo podría apartarse parcialmente del denominado «Gold Standard», establecido previamente con los Emiratos Árabes Unidos, mediante el cual el país receptor renunciaba voluntariamente al enriquecimiento de uranio y al reprocesamiento de combustible nuclear. Si bien las autoridades estadounidenses sostienen que el nuevo marco incorpora mecanismos de salvaguardias y supervisión suficientes para garantizar el carácter pacífico del programa, distintos centros de investigación advirtieron que podría sentar un precedente para futuros acuerdos regionales e incentivar a otros Estados a reclamar condiciones similares. 

Desde una perspectiva estratégica, este desarrollo refleja la creciente convergencia entre la cooperación energética, la competencia geopolítica y el régimen internacional de no proliferación. En un contexto marcado por el debilitamiento de los principales acuerdos de control de armamentos y la rivalidad entre las grandes potencias, la expansión de los programas nucleares civiles trasciende el ámbito energético y pasa a integrarse en las dinámicas de seguridad internacional. En consecuencia, el Acuerdo 123 constituye uno de los acontecimientos más relevantes de julio de 2026 al introducir nuevos desafíos para la arquitectura global de no proliferación y para el equilibrio estratégico en Medio Oriente. 

Estados Unidos impulsa un nuevo ciclo de fortalecimiento de la disuasión occidental en la Cumbre de la OTAN

En un contexto marcado por el deterioro de la seguridad europea, la guerra entre Rusia y Ucrania, el conflicto entre Estados Unidos e Irán y la creciente competencia estratégica con China, Ankara fue la sede de la Cumbre de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), entre el 7 y el 8 de julio de 2026. En este escenario, Washington desempeñó un papel central en las negociaciones orientadas a reforzar la capacidad de disuasión de la Alianza y a consolidar una mayor participación de los aliados europeos en el sostenimiento de la seguridad euroatlántica. 

Uno de los principales resultados de la Cumbre fue la reafirmación del compromiso con el Artículo 5 del Tratado de Washington, que establece el principio de defensa colectiva: si un Estado miembro sufre un ataque, se considerará un ataque contra toda la Alianza. Asimismo, los líderes aprobaron medidas para modernizar las capacidades militares aliadas, fortalecer la base industrial de defensa e incrementar la producción militar. Se impulsaron programas conjuntos para el desarrollo de misiles de largo alcance, sistemas de defensa aérea, vigilancia y nuevas tecnologías militares. Además, se anunciaron acuerdos industriales por más de 50 mil millones de dólares para ampliar la producción de equipamiento militar. 

Washington insistió en que los aliados europeos aumenten su inversión en defensa y asuman mayores responsabilidades dentro del esquema de seguridad colectiva. En este sentido, se precisó el objetivo de destinar hasta un 5 % del PIB a gastos vinculados con la defensa y la seguridad para el año 2035, dando continuidad a los acuerdos alcanzados en la Cumbre de La Haya de 2025. Paralelamente, respaldó la cooperación industrial transatlántica, la resiliencia logística y la expansión de capacidades estratégicas para enfrentar un escenario internacional cada vez más competitivo. 

Otro eje central de la reunión fue la continuidad del apoyo aliado a Ucrania. Los miembros de la OTAN reafirmaron su compromiso de sostener la asistencia política y militar a Kiev, mientras Estados Unidos reiteró la importancia de mantener la capacidad de disuasión frente a Rusia y de preservar la estabilidad del flanco oriental. Al mismo tiempo, las discusiones incorporaron la necesidad de adaptar la estrategia aliada frente a desafíos del Indo-Pacífico, reconociendo que la creciente cooperación entre Rusia, China, Corea del Norte e Irán configura un entorno de seguridad cada vez más interconectado.

La Cumbre de Ankara evidenció la intención de Estados Unidos de consolidar una nueva etapa de fortalecimiento de la disuasión occidental basada en una mayor integración militar aliada, el aumento sostenido de la inversión en defensa y la expansión de la cooperación industrial. Si bien estas iniciativas buscan reforzar la credibilidad de la OTAN frente a amenazas convencionales y nucleares, también contribuyen a intensificar la competencia estratégica con Rusia y China, alimentando procesos paralelos de modernización militar. En consecuencia, la cumbre consolida una tendencia observada durante los últimos años: el retorno de la lógica de competencia entre grandes potencias como eje estructurante de la seguridad internacional.

La Cumbre de la OTAN en Ankara acelera la modernización de la disuasión nuclear aliada y redefine las prioridades estratégicas de la Alianza

La Cumbre de la OTAN, considerada una de las más relevantes de los últimos años debido al complejo contexto estratégico internacional, evidenció una evolución en la concepción de la disuasión aliada. La OTAN reconoció que los desafíos actuales ya no se limitan al ámbito nuclear o convencional, sino que abarcan amenazas multidominio que incluyen misiles de largo alcance, sistemas hipersónicos, capacidades espaciales, ciberataques y tecnologías emergentes. En consecuencia, la modernización de la Alianza busca integrar capacidades militares convencionales avanzadas, resiliencia tecnológica e innovación industrial dentro de una estrategia de respuesta más amplia y flexible. 

La reunión también puso de manifiesto las diferencias existentes entre los aliados respecto a la distribución de responsabilidades en materia de defensa. Estados Unidos reiteró la necesidad de que los socios europeos asuman una mayor carga financiera y operacional, mientras varios gobiernos europeos anunciaron nuevos programas de inversión militar y expansión de sus industrias de defensa. Pese a estas diferencias, la cumbre concluyó con una demostración de cohesión política en torno al fortalecimiento de la seguridad euroatlántica y a la necesidad de mantener una postura disuasiva creíble frente al deterioro del entorno internacional.

Asimismo, la declaración final reafirmó el respaldo aliado a Ucrania y mantuvo la caracterización de Rusia como la principal amenaza para la seguridad euroatlántica. Paralelamente, reiteró que Irán no debe desarrollar armas nucleares y subrayó la importancia de preservar la libertad de navegación en el estrecho de Ormuz, reflejando una agenda de seguridad que trasciende el teatro europeo e incorpora crecientemente desafíos provenientes de otras regiones.

Desde una perspectiva estratégica, la Cumbre en Ankara confirmó la transición hacia una OTAN orientada a competir en un escenario internacional definido por la rivalidad entre grandes potencias y la convergencia de múltiples focos de inestabilidad. La adaptación de la Alianza a amenazas multidominio y el fortalecimiento de sus capacidades de disuasión refuerzan su postura defensiva, pero también aceleran los procesos de modernización militar de sus principales competidores. En este contexto, la cumbre consolida una tendencia observada durante los últimos años: la creciente centralidad de la competencia estratégica como eje estructurante de la seguridad internacional. 

Australia profundiza la implementación del AUKUS y fortalece la infraestructura para submarinos de propulsión nuclear

Durante julio de 2026, Australia avanzó en la implementación del acuerdo de seguridad AUKUS, consolidando la infraestructura necesaria para incorporar futuros submarinos de propulsión nuclear. Entre las principales medidas anunciadas por el gobierno de Anthony Albanese se destacó la selección de la empresa Leidos Gibbs & Cox Australia para liderar el diseño preliminar del nuevo dique seco estratégico que será construido en Australia Occidental, instalación destinada al mantenimiento y apoyo logístico a la futura flota SSN-AUKUS y a submarinos estadounidenses y británicos. Además, el Ministerio de Defensa anunció nuevas inversiones destinadas al fortalecimiento de la industria naval australiana y al desarrollo de tecnologías asociadas al denominado Pilar II de AUKUS, centrado en capacidades avanzadas como inteligencia artificial, sistemas autónomos, guerra submarina y tecnologías cuánticas. 

Estos anuncios representan una nueva etapa dentro del cronograma acordado entre Australia, Estados Unidos y el Reino Unido para convertir a Canberra en el séptimo Estado del mundo con capacidad para operar submarinos de propulsión nuclear. Aunque las embarcaciones australianas estarán equipadas exclusivamente con armamento convencional, la incorporación de esta tecnología ampliará su autonomía, capacidad de permanencia y alcance operativo, fortaleciendo la presencia aliada en el Indo-Pacífico. En paralelo, las autoridades australianas reiteraron que continúan avanzando los preparativos para el establecimiento permanente de la Submarine Rotational Force–West en la base naval HMAS Stirling, donde submarinos estadounidenses y británicos comenzarán a desplegarse de manera rotativa antes de la entrega de las primeras unidades australianas. 

El fortalecimiento del programa estuvo acompañado por un incremento del financiamiento destinado a infraestructura, capacitación de personal e innovación tecnológica. El gobierno sostuvo que estas inversiones permitirán desarrollar capacidades industriales soberanas y generar miles de empleos altamente especializados, al tiempo que reforzarán la interoperabilidad con las fuerzas navales de Estados Unidos y el Reino Unido. Asimismo, diversos proyectos impulsados durante julio estuvieron orientados al desarrollo de sistemas autónomos submarinos y nuevas capacidades de mando y control, consideradas esenciales para las futuras operaciones conjuntas de la alianza. 

La aceleración del programa AUKUS refleja la creciente centralidad del Indo-Pacífico en la competencia entre las principales potencias. Para Canberra, el fortalecimiento de sus capacidades navales busca reforzar su capacidad de disuasión frente al acelerado proceso de modernización militar de China y contribuir al mantenimiento del equilibrio regional. Sin embargo, Beijing considera que el acuerdo incentivaría una nueva carrera armamentística en la región y ha criticado la transferencia de tecnología nuclear naval a un Estado no poseedor de armas nucleares. En este contexto, la implementación progresiva de AUKUS continúa consolidándose como uno de los principales factores de transformación del equilibrio estratégico del Indo-Pacífico y de la estabilidad regional. 

Las tensiones entre Irán, Estados Unidos e Israel mantienen elevado el riesgo de escalada en el estrecho de Ormuz

El estrecho de Ormuz continuó siendo uno de los principales focos de tensión para la seguridad internacional. Tras la interrupción de los esfuerzos diplomáticos iniciados meses atrás, las relaciones entre Irán, Estados Unidos e Israel permanecieron marcadas por una creciente confrontación política y militar, reflejada en nuevos intercambios de ataques convencionales, operaciones contra grupos respaldados por Teherán y una creciente militarización del Golfo Pérsico. Paralelamente, diversos Estados occidentales reforzaron su presencia naval y aérea en la región con el objetivo de garantizar la seguridad de las rutas marítimas por donde transita una parte sustancial del comercio mundial de hidrocarburos. 

El deterioro de la situación llevó a varios gobiernos aliados a intensificar las consultas sobre mecanismos de protección de la navegación comercial y coordinación militar. Australia confirmó durante julio que mantenía su disposición a colaborar en una eventual misión internacional para garantizar la reapertura plena del estrecho de Ormuz una vez estabilizada la situación regional. A su vez, Francia y el Reino Unido impulsaron iniciativas de cooperación marítima para proteger el tránsito de buques civiles. Estas discusiones reflejan la preocupación compartida por el impacto que una interrupción prolongada del Estrecho tendría sobre los mercados energéticos internacionales y sobre la estabilidad económica global. 

El contexto regional siguió caracterizándose por una elevada incertidumbre respecto del programa nuclear iraní. Aunque el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) no informó indicios de fabricación de un arma nuclear, distintos gobiernos occidentales insistieron en que el incremento de las tensiones militares podría reducir aún más los incentivos para la cooperación de Teherán con el régimen internacional de salvaguardias. Este escenario ha reforzado la percepción de que cualquier incidente militar significativo podría generar consecuencias que excedan el ámbito regional e involucren de manera directa a otras potencias con intereses estratégicos en Medio Oriente. 

La convergencia entre rivalidades regionales, presencia militar de grandes potencias y la importancia económica de esta vía marítima convierte cualquier episodio de tensión en un factor de potencial escalada. Si bien durante el mes no se registraron enfrentamientos de naturaleza nuclear, la continuidad de la crisis incrementa el riesgo de errores de cálculo y fortalece la tendencia hacia una mayor militarización del Golfo Pérsico. En un contexto de creciente competencia geopolítica y debilitamiento de los mecanismos multilaterales de diálogo, la estabilidad de esta región continúa siendo un indicador clave para evaluar la evolución del riesgo estratégico global.

Este es un artículo de opinión. Las opiniones y contenido no reflejan o representan necesariamente la postura del CEERI como institución.

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