El 13 de septiembre de 2026, Suecia celebró elecciones parlamentarias para renovar los 349 escaños del Riksdag, en el marco de un sistema proporcional que exige a los partidos superar el umbral del 4 % de los votos a nivel nacional para obtener representación. La contienda estuvo marcada por la competencia entre dos grandes bloques parlamentarios: el oficialismo liderado por Ulf Kristersson, integrado por Moderaterna (M), Kristdemokraterna (KD) y Liberalerna (L), con el respaldo parlamentario de Sverigedemokraterna (SD) a través del Acuerdo de Tidö; y la oposición encabezada por Magdalena Andersson y Socialdemokraterna (S), junto con Vänsterpartiet (V), Miljöpartiet (MP) y Centerpartiet (C).
Según los resultados del recuento preliminar, el Partido Socialdemócrata liderado por Magdalena Andersson obtuvo el primer lugar con el 28% de los votos y 100 escaños, seguido por el Partido Moderado con el 20% (70 escaños) y el Partido Demócrata con el 18% (62 escaños). Esta distribución de bancas supuso un giro de mayorías en el Riksdag, donde el bloque opositor de centroizquierda (Socialdemócratas, Izquierda, Centro y Verdes) alcanzó 176 asientos, logrando superar por un estrecho margen de tres bancas al bloque oficialista (Moderados, Demócratas de Suecia, Demócratas Cristianos y Liberales), que quedó con 173.
Las primeras reacciones estuvieron marcadas por la cautela ante la estrechez del resultado y la dificultad para conformar una mayoría de gobierno. Tras la confirmación de los resultados definitivos, Ulf Kristersson anunció su dimisión, mientras Magdalena Andersson inició conversaciones para intentar formar un nuevo gobierno. El retroceso de Sverigedemokraterna, que obtuvo 62 escaños, también modificó el equilibrio dentro del bloque de derecha. La formación de un nuevo gobierno constituye ahora el principal desafío político, debido a las diferencias entre los partidos que integran el bloque opositor.
Contexto Histórico y Político
El Reino de Suecia es uno de los diez Estados que componen la Europa Septentrional y es considerado por varios organismos internacionales como uno de los países más desarrollados del mundo. En los albores de la civilización, el actual territorio sueco estuvo habitado por tribus germánicas como los gautas y los suiones. La unificación y cristianización de esos pueblos sentó las bases sobre las que se erigió una nueva nación entre los siglos VIII y XII. Ahora bien, la formación de Suecia como un Estado moderno implicó un proceso gradual que ocupó los últimos años de la Edad Media. Desde épocas tempranas existían en las aldeas asambleas llamadas tings, las cuales reunían a los representantes de las distintas comunidades. Estas asambleas son consideradas el principal antecedente del Riksdag. Entre los siglos XIII y XV, el país desarrolló una organización política más estable y estableció una legislación común para todo el territorio nacional.
En 1523, Gustavo Vasa fue elegido rey y Suecia se separó de la Unión de Kalmar, la unión política que desde 1397 vinculaba a los reinos de Suecia, Dinamarca y Noruega. Durante el siglo XVI se fortalecieron el Estado central y la autoridad de la monarquía, mientras el Riksdag se consolidó como una institución integrada por cuatro estamentos: nobleza, clero, burguesía y campesinado. En 1809, tras la deposición de Gustavo IV Adolfo, se aprobó un nuevo Instrumento de Gobierno que estableció una división más clara de competencias entre el monarca y el Riksdag y reforzó los mecanismos de control institucional. En 1866, el Riksdag de los cuatro estamentos fue sustituido por un Parlamento bicameral, en un contexto de transformaciones sociales y económicas vinculadas con la modernización del país.
Durante el siglo XX, Estocolmo invocó la política de neutralidad vigente desde el final de las Guerras Napoleónicas para mantenerse al margen de los grandes conflictos que marcaron a la época. En la Primera Guerra Mundial, el reino no se incorporó a ninguno de los bandos en pugna y mantuvo relaciones diplomáticas con las potencias beligerantes. Sin embargo, el fuerte sentimiento a favor de los alemanes y en contra de los rusos que imperaba en la nobleza, el ejército y la política llevó a un fortalecimiento del vínculo económico entre Suecia y Alemania. Esta situación obligó a Gran Bretaña a impulsar un bloque comercial contra el país, el cual provocó una escasez de alimentos y combustibles. En un contexto de crisis, los principales partidos del país decidieron formar en 1917 el primer gobierno de unidad nacional en la historia de Suecia. La coalición entre socialistas y liberales impulsó reformas que atendieran las demandas de los ciudadanos, entre ellas, la introducción del sufragio universal e igualitario en 1919. Ahora bien, el país no firmó el Tratado de Versalles, por lo que varias empresas suecas contribuyeron con el rearme alemán en el período de entreguerras.
En la Segunda Guerra Mundial, el reino decidió una vez más no incorporarse a ninguno de los bandos en pugna y mantuvo relaciones diplomáticas con las potencias beligerantes. En un contexto de emergencia, los socialistas y conservadores decidieron formar el segundo gobierno de unidad nacional en la historia del país para lidiar con las presiones internas y externas. Ahora bien, la fuerte presencia de alemanes en varias naciones escandinavas y bálticas obligó a Suecia a tener que realizar concesiones en favor de Alemania. Entre otros asuntos, las autoridades permitieron la utilización de los ferrocarriles suecos para transportar a los soldados alemanes estacionados en Noruega y Dinamarca. Además, el país se convirtió en el proveedor del hierro que Alemania necesitaba para sostener su industria armamentística. Ahora bien, Suecia también compartió informes de inteligencia con Gran Bretaña, entrenó a los soldados noruegos y daneses que huyeron de la ocupación nazi y permitió que las fuerzas aliadas utilizaran sus bases militares en 1944 y 1945. Además, el país se convirtió en un refugio para los miles de judíos que vivían en la región y que pudieron escapar del Holocausto. Si bien Estocolmo no fue uno de los miembros fundadores de la Organización de las Naciones Unidas, pertenece a ella desde 1946.
Durante la Guerra Fría, Suecia fue uno de los actores que quedó ubicado al oeste del Telón de Acero. Sin embargo, el país declinó la invitación para sumarse a la Organización del Tratado del Atlántico Norte con el objetivo de evitar posibles represalias del Pacto de Varsovia en Escandinavia. Ahora bien, el gobierno estrechó los lazos de cooperación con Estados Unidos e incrementó considerablemente el gasto militar para defenderse de una posible invasión soviética. Esto implicó la presencia de submarinos y cazas estadounidenses en la jurisdicción que Suecia posee sobre el Mar Báltico, la construcción de carreteras y refugios en distintos puntos del país y el desarrollo de un programa nuclear propio. No obstante, el último proyecto fue abandonado por sus elevados costos y Suecia se convirtió en uno de los principales promotores del desarme atómico, lo cual consolidó la imagen pacifista del país. Una muestra de la independencia de la política exterior sueca fue el apoyo humanitario que brindó a Corea del Sur (capitalista) en la década de los cincuenta y a Vietnam del Norte (comunista) en la década de los setenta. Esta tradición de no alineación con las grandes potencias se rompió en 2024 con la incorporación del reino a la Organización del Tratado del Atlántico Norte como respuesta a la invasión rusa de Ucrania.
En la segunda mitad del siglo XX, el país atravesó una profunda transformación socioeconómica vinculada con la modernización industrial, la expansión de los derechos sociales y la consolidación del Folkhemmet. Este concepto sociopolítico hace referencia a una sociedad concebida como una gran familia, en la que el Estado debe garantizar protección y bienestar a sus miembros. Sobre esta base se consolidó un Estado de bienestar robusto, con amplias políticas públicas en áreas como salud, educación, protección social y pensiones. El modelo sueco se sostuvo durante décadas mediante una elevada carga tributaria y un sistema de relaciones laborales caracterizado por una importante participación de organizaciones sindicales y empresariales. En la actualidad, el envejecimiento demográfico plantea nuevos desafíos para la sostenibilidad del sistema y obliga a los partidos a debatir reformas destinadas a preservar las prestaciones sociales frente a las nuevas presiones fiscales y demográficas.
Antes de la llegada del tercer milenio, Suecia se incorporó a la Unión Europea, luego de que sus ciudadanos votaran mayoritariamente a favor de la adhesión en el referéndum de 1994. A diferencia de Dinamarca, Suecia no cuenta con una cláusula de exclusión permanente respecto de la adopción del euro. Sin embargo, aunque jurídicamente está comprometida con su eventual incorporación a la Eurozona, mantiene la corona como moneda nacional. En el referéndum de 2003, los ciudadanos rechazaron la adopción del euro. Desde entonces, Suecia ha evitado ingresar al Mecanismo Europeo de Tipos de Cambio II (MTC II), uno de los requisitos para adoptar la moneda común. El Tratado de Maastricht establece que los países que aspiran a incorporarse al euro deben cumplir determinados criterios de convergencia y participar durante al menos dos años en el MTC II sin tensiones cambiarias graves. Al no participar en este mecanismo, Suecia no cumple actualmente una de las condiciones necesarias para adoptar el euro y permanece fuera de la Eurozona.
En términos institucionales, Suecia se estructura bajo los principios de la monarquía parlamentaria. Esto significa que el jefe de Estado es un rey, el cual tiene atribuciones muy limitadas por la ley. A diferencia de otros monarcas europeos, el rey sueco no nombra ni propone al primer ministro, no promulga ni veta leyes, no firma tratados internacionales y no lidera las fuerzas armadas. En otras palabras, sólo actúa como una figura simbólica que garantiza la unidad nacional. Este despojó de cualquier poder político formal llegó con la aprobación de una nueva Constitución en 1974, la cual también adoptó un Riksdag unicameral. Ahora bien, el poder real a la hora de tomar decisiones está en manos del Parlamento. Este órgano legislativo tiene 349 miembros, los cuales son elegidos directamente por los ciudadanos cada cuatro años y reciben el mandato de nombrar al presidente del hemiciclo. Este es considerado uno de los cargos políticos más importantes del país, ya que es el responsable de proponer al candidato a primer ministro, cuya elección corresponde a los legisladores.
Durante buena parte del siglo XX, los principales actores de la vida política sueca fueron los partidos de centroizquierda y centroderecha, que se alternaron en el poder dentro de un sistema caracterizado por la estabilidad institucional y la búsqueda de acuerdos parlamentarios. El Partido Socialdemócrata fue durante décadas la principal fuerza política del país y gobernó de manera prácticamente continua entre 1932 y 1976. A partir de 1976, aumentó la alternancia entre gobiernos de distintas orientaciones políticas, con una participación destacada de agrupaciones como el Partido Moderado, el Partido Centrista, el Partido Demócrata Cristiano, el Partido Verde y el Partido Liberal.
No obstante, Suecia ha sido testigo en los últimos años del auge de los partidos de extrema izquierda y de extrema derecha. Las figuras que destacan en este grupo son el Partido Izquierdista y, sobre todo, el Partido Demócrata. Este último espacio es una organización de derecha radicalizada que pasó de ser una fuerza marginal a consolidarse como la segunda minoría del Riksdag. Esta realidad produjo una transformación de la política sueca en donde, al igual que ocurre en otras naciones del continente, las fuerzas centristas se ven obligadas a pactar con fuerzas extremistas si quieren formar gobiernos mayoritarios o gobiernos minoritarios con apoyo externo.
En los comicios de 2022, Moderaterna, Kristdemokraterna y Liberalerna formaron un Gobierno encabezado por Ulf Kristersson con el respaldo parlamentario de Sverigedemokraterna (SD). Este acuerdo fue formalizado mediante el Acuerdo de Tidö, firmado en octubre de 2022, que estableció las bases de cooperación entre los cuatro partidos en distintas áreas de política pública. El acuerdo incluyó compromisos en materia de inmigración, seguridad, justicia y defensa, entre otros ámbitos.
Proceso Electoral
Los comicios parlamentarios en Suecia se celebran cada cuatro años y están fijados por ley para el segundo domingo de septiembre. En ellos se eligen los 349 miembros del Riksdag, la máxima asamblea legislativa. En simultáneo, se celebran las elecciones a los consejos regionales y municipales. Las elecciones se llevaron a cabo el 13 de septiembre, y los ciudadanos pudieron votar el mismo día en el lugar de votación asignado, entre las 08:00 y las 20:00, o anticipadamente desde el 26 de agosto en centros de votación habilitados para este fin. Asimismo, los ciudadanos suecos residentes en el extranjero pudieron votar anticipadamente en embajadas o consulados suecos o mediante voto postal.
Para votar al Parlamento, la persona debe ser ciudadana sueca, tener al menos 18 años el día de la elección y estar o haber estado registrada en el Registro de Población de Suecia. Las personas con derecho al voto reciben en sus domicilios una tarjeta electoral antes de las elecciones, en la que se indica el colegio electoral al que deben acudir. Los colegios electorales cuentan con papeletas de colores correspondientes a cada tipo de elección: las amarillas son para las elecciones parlamentarias, las azules para las elecciones regionales y las blancas para las elecciones municipales. Los votantes pueden emitir un voto por lista cerrada, respetando el orden de candidatos establecido por el partido, o emitir un voto preferencial, marcando con una cruz la casilla correspondiente a un representante político en concreto.
Suecia utiliza un sistema electoral proporcional, es decir, que el número de representantes que obtiene un partido es proporcional al número de votos recibidos en las elecciones al Parlamento. Los partidos deben alcanzar un mínimo del 4% de los votos a nivel nacional para obtener representación en el Riksdag, con la excepción de aquellos que obtengan al menos el 12% de votos en una misma circunscripción. De las 349 bancas, 310 son escaños fijos, distribuidos entre las 29 circunscripciones electorales del país en función de su población, mientras que las 39 bancas restantes son escaños de ajuste, distribuidos a nivel nacional para garantizar una mayor proporcionalidad en la representación.
Candidatos y Plataformas
Estas elecciones se concentran principalmente en dos espacios, por un lado está el bloque que ha sostenido al gobierno de Ulf Kristersson desde 2022: Moderaterna (M), Kristdemokraterna (KD) y Liberalerna (L), con el apoyo parlamentario de Sverigedemokraterna (SD) mediante el denominado Acuerdo de Tidö. Por otro, la oposición está dominada por Socialdemokraterna (S), junto con Vänsterpartiet (V), Miljöpartiet (MP) y Centerpartiet (C), aunque las relaciones entre estos partidos no equivalen a una coalición gubernamental previamente cerrada. Los principales temas de campaña son el costo de vida, inmigración, criminalidad, energía y seguridad nacional.
Socialdemokraterna (S)
Es la principal fuerza de oposición y la favorita para encabezar el cambio de gobierno, tiene una posición de centroizquierda/socialdemocracia y lleva como líder a Magdalena Andersson, la cual es una figura con una extensa trayectoria en política económica. Fue ministra de Finanzas entre 2014 y 2021, asumió el liderazgo de Socialdemokraterna en 2021 y ejerció como primera ministra entre noviembre de 2021 y octubre de 2022, convirtiéndose en la primera mujer en ocupar el cargo en Suecia. Antes había trabajado, entre otros puestos, en el Ministerio de Finanzas, la oficina del primer ministro y la Agencia Tributaria sueca. Su perfil combina dos activos electorales, la experiencia económica con la ejecutiva, lo que permite a S presentar la elección no simplemente como una disputa ideológica, sino como una alternativa de gobierno inmediatamente operativa.
Se debe destacar que la plataforma electoral de S se articula en base a 3 prioridades, reactivar la economía y aumentar el poder adquisitivo; fortalecer la salud, educación y los servicios públicos y, por último, recuperar la seguridad y cohesión social. El partido promete que nueve de cada diez ciudadanos tendrían más recursos disponibles con sus medidas económicas; plantea mayor presión sobre bancos y grandes cadenas alimentarias, protección frente a altos precios de electricidad, eliminación del día de carencia por enfermedad y mejoras en las pensiones.
En materia de bienestar, Socialdemokraterna (S) propone reducir el tamaño de las clases escolares, aumentar los recursos destinados a la salud y al cuidado de las personas mayores, y limitar la obtención de beneficios privados dentro del sistema educativo. En cuanto a migración, uno de los cambios más relevantes respecto a la socialdemocracia sueca tradicional es que Magdalena Andersson no plantea revertir completamente el endurecimiento de los últimos años. Por el contrario, S sostiene que debe mantenerse una política migratoria restrictiva mientras se prioriza la integración de quienes ya residen en el país.
En materia de seguridad y lucha contra la criminalidad, S propone una “ley antimafia”, medidas destinadas a impedir el reclutamiento de jóvenes por parte de bandas criminales y la reducción progresiva de las denominadas áreas socialmente vulnerables. Este endurecimiento de su discurso en seguridad e inmigración busca disminuir la ventaja que Sverigedemokraterna (SD) y Moderaterna (M) habían consolidado en estos temas durante la última década.
Moderaterna (M)
Es el partido oficialista del actual primer ministro y eje del gobierno, se considera en una posición de centroderecha y tiene a Ulf Kristersson, que es el primer ministro desde octubre de 2022 y líder de Moderaterna desde 2017. Anteriormente fue ministro de Seguridad Social entre 2010 y 2014, diputado, portavoz económico del partido y ocupó cargos municipales en Estocolmo y Strängnäs. Es economista graduado de la Universidad de Uppsala. Su trayectoria política es considerablemente larga, pero en esta elección su principal activo y a la vez su mayor vulnerabilidad es precisamente ser el incumbente: debe convencer a los votantes de que las condiciones mejoraron durante su gobierno.
En cuanto a Moderaterna, este ha resumido su mensaje en una fórmula muy clara: “el esfuerzo debe valer la pena y el delito debe recibir castigo”. En cuanto a sus ejes prioritarios son más dinero disponible para los hogares; mayor seguridad y la reducción de las listas de espera sanitarias. La plataforma propone continuar reduciendo impuestos al trabajo, estimular el ahorro y fortalecer incentivos para permanecer en el mercado laboral. Una de sus principales promesas electorales consiste en mejorar nuevamente en alrededor de 5.000 coronas mensuales la situación económica de una familia tipo mediante una combinación de rebajas fiscales y beneficios.
En el ámbito económico es donde se encuentra su principal eje defensivo de la campaña, puesto que el gobierno sostiene que Suecia llega a 2026 en mejores condiciones económicas que en 2022 con una inflación menor, recuperación de crecimiento y fortalecimiento de los ingresos disponibles mediante rebajas fiscales. Poco antes de las elecciones elevó su previsión de crecimiento del PIB de 2026 de 2,3 % a 2,5 %. Por ello, la narrativa de M se concentra en “los años difíciles están quedando atrás; cambiar de gobierno ahora pondría en riesgo la recuperación”. Kristersson ha planteado además un objetivo mucho más ambicioso a largo plazo, el cual consiste en convertir a Suecia en el país más rico de la Unión Europea en aproximadamente una década.
Sverigedemokraterna (SD)
Este último fue el segundo partido en 2022 y es un actor indispensable para una mayoría de derecha, su posición es derecha nacionalista/socialconservadora, normalmente clasificado internacionalmente como derecha radical o extrema derecha, tiene a la cabeza a Jimmie Åkesson que es el dirigente con mayor permanencia entre los principales líderes suecos. Encabeza SD desde 2005 y es diputado nacional desde 2010. Había comenzado a trabajar en la organización nacional del partido en 1997 y fue concejal en Sölvesborg desde finales de los años noventa. Su principal logro político ha sido transformar a SD desde un partido situado fuera de las coaliciones tradicionales en un componente decisivo de la mayoría parlamentaria desde 2022. El partido obtuvo 20,54 % en 2022, superó por primera vez a Moderaterna y se convirtió en la segunda fuerza del país.
Su lema electoral es “Hacemos que Suecia vuelva a ser Suecia” y su propuesta gira en torno a la seguridad, libertad e identidad sueca y en cuanto a los temas prioritarios tiene la criminalidad y el sistema judicial, la migración y la reducción del costo de vida. Una característica importante de SD es que no funciona como una derecha liberal clásica, combina nacionalismo e inmigración restrictiva con posiciones relativamente favorables a mantener un Estado de bienestar fuerte, particularmente para ciudadanos y residentes integrados.
La estrategia de Åkesson combina dos objetivos. Por un lado, busca reivindicar los resultados alcanzados por el gobierno sin que SD aparezca simplemente como otro partido oficialista. En ese sentido, Sverigedemokraterna sostiene que varias de las políticas implementadas desde 2022, especialmente en materia de inmigración, delincuencia y energía, responden directamente a su influencia política. Al mismo tiempo, el partido argumenta que las reformas todavía deben profundizar, presentando no sólo como un socio menor de Moderaterna, sino como uno de los principales impulsores del giro político producido desde 2022.
Por otro lado, SD pretende dar un paso histórico e ingresar formalmente al gobierno. Aunque en 2022 fue el partido más grande del bloque de derecha, quedó fuera del gabinete y mantuvo su influencia principalmente mediante la cooperación parlamentaria. Para 2026, tanto Ulf Kristersson como Jimmie Åkesson han abierto la posibilidad de que SD participe con ministros en un eventual nuevo gobierno de derecha. Esto modifica el objetivo electoral del partido, que ya no busca únicamente condicionar las políticas de un gobierno conservador, sino demostrar que está preparado para ejercer directamente responsabilidades ejecutivas.
Sin embargo, esta mayor integración también evidencia tensiones dentro del bloque oficialista. Åkesson ha señalado que no corresponde a SD garantizar la permanencia parlamentaria de Liberalerna en caso de que este partido no alcance el umbral electoral del 4 %. Esta posición refleja las diferencias estratégicas existentes entre los socios del Acuerdo de Tidö y muestra que, pese a su cooperación, el bloque gubernamental continúa manteniendo intereses electorales propios y ciertas fricciones internas.
En cuanto al bloque oficialista y opositor el panorama más o menos se establece de la siguiente manera:
El actual bloque de gobierno sueco se estructura alrededor de los Moderaterna (M), Kristdemokraterna (KD) y Liberalerna (L), que integran formalmente el gabinete dirigido por el primer ministro Ulf Kristersson, mientras que Sverigedemokraterna (SD) mantiene una posición de cooperación parlamentaria. Esta relación se sustenta en el Acuerdo de Tidö, mediante el cual los cuatro partidos han coordinado políticas en ámbitos como economía, criminalidad, migración e integración, energía, salud y educación. En la elección de 2026 se observa una tendencia hacia una mayor integración del bloque, ya que, M busca conservar la jefatura del gobierno, mientras SD, que posee un peso electoral considerable dentro de la derecha, aspira a ampliar su influencia y participar más directamente en un eventual nuevo gobierno.
Dentro de este espacio, Kristdemokraterna (KD) aporta principalmente una orientación conservadora en materia social y familiar, combinada con un fuerte énfasis en salud, apoyo a las familias, integración, infraestructura y expansión de la energía nuclear. Liberalerna (L) mantiene un perfil liberal centrado en educación, disciplina y calidad escolar, libertad individual, emprendimiento e incentivos al trabajo. Sin embargo, la principal cuestión electoral para L es su propia continuidad parlamentaria: una encuesta de Demoskop de agosto de 2026 lo situó en apenas 2,4 %, por debajo del umbral nacional del 4 %. Su eventual salida del Riksdag podría reducir significativamente las posibilidades del bloque de Kristersson de conservar una mayoría, por lo que el desempeño de L constituye una de las variables estratégicas de la elección.
Por otro lado, el bloque opositor está encabezado por Socialdemokraterna (S) y Magdalena Andersson, aunque presenta una composición ideológica más heterogénea que el espacio gubernamental. Las encuestas de agosto muestran a este conjunto por delante del bloque de Kristersson: Ipsos lo situaba en 52,4 % frente a 45,6 %, mientras otra medición de Verian estimaba una ventaja aún mayor. S constituye el centro de gravedad de la oposición y propone una combinación de crecimiento económico, fortalecimiento del bienestar, reducción de las listas de espera sanitarias, clases escolares más pequeñas y mayores medidas de seguridad, manteniendo al mismo tiempo una política migratoria restrictiva.
A su izquierda se encuentra Vänsterpartiet (V), encabezado por Nooshi Dadgostar, que plantea una agenda económica más redistributiva, con mayor intervención pública, fortalecimiento de los servicios sociales y reducción de desigualdades. El partido pretende formar parte de un futuro gobierno si sus votos resultan necesarios para alcanzar una mayoría y prioriza la cooperación con S y Miljöpartiet (MP), aunque admite acuerdos con Centerpartiet. Por su parte, MP concentra su propuesta en el cambio climático, la protección ambiental y la igualdad, promoviendo una transición energética acelerada y políticas de reducción de emisiones; sus prioridades electorales para 2026 se centran precisamente en el clima, el medioambiente, la naturaleza y la igualdad.
Finalmente, Centerpartiet (C) ocupa una posición particular debido a su tradición liberal y centrista. Aunque busca sustituir al actual gobierno y puede contribuir a una mayoría encabezada por Andersson, no forma parte tradicionalmente de la izquierda y mantiene importantes diferencias económicas con V. Esta heterogeneidad constituye uno de los principales desafíos del bloque opositor: su ventaja electoral puede permitirle alcanzar una mayoría parlamentaria, pero la formación de un gobierno requeriría posteriormente conciliar posiciones distintas en materia económica, fiscal, climática y social.
En términos generales, la elección sueca presenta una competencia entre un bloque opositor actualmente favorecido por las encuestas y un bloque oficialista que busca capitalizar la recuperación económica y las reformas implementadas desde 2022. Los temas dominantes de la campaña son el costo de vida, la criminalidad, la inmigración, la energía y la seguridad nacional, mientras que la capacidad de los partidos pequeños para superar el umbral electoral del 4 % puede terminar siendo determinante para la composición del próximo Riksdag y, por consiguiente, para la formación del gobierno.
Resultados Electorales
Según el recuento preliminar (95% de los distritos procesados), el Partido Socialdemócrata obtuvo el primer lugar con el 28% de los votos y 100 escaños. El Partido Moderado finalizó en el segundo lugar con el 20% de los votos y 70 escaños, mientras que el Partido Demócrata se ubicó en el tercer lugar con el 18% de los votos y 62 escaños. Las restantes agrupaciones que superaron el umbral de los 4 puntos a nivel nacional y aseguraron su presencia en el Riksdag para el período 2026-2030 fueron el Partido Izquierdista (8% de los votos y 29 escaños), el Partido Centrista (7% de los votos y 25 escaños), el Partido Demócrata Cristiano (6% de los votos y 22 escaños), el Partido Verde (6% de los votos y 22 escaños) y el Partido Liberal (5% de los votos y 19 escaños).
La participación electoral alcanzó el 84,9 %, con un total de 6.834.413 votos emitidos. La comparación de los resultados parlamentarios de 2026 con los de 2022 muestra que el bloque oficialista (M+SD+KD+L) pasó de 176 a 173 escaños, mientras que el bloque opositor (S+V+C+MP) pasó de 173 a 176. Tras la confirmación de los resultados, Ulf Kristersson presentó su dimisión y Magdalena Andersson inició las negociaciones para la formación de un nuevo gobierno. El 18 de septiembre, el presidente del Riksdag, Andreas Norlén, le encargó explorar las posibilidades de formar gobierno. La votación final y la distribución de los escaños fueron establecidas oficialmente el 19 de septiembre, tras el escrutinio definitivo iniciado el 14 de septiembre.
Reacciones
Las primeras reacciones estuvieron marcadas por lo estrecho del resultado y por la incertidumbre en torno a la formación del próximo gobierno. Los resultados preliminares situaron al bloque de centroizquierda, encabezado por Magdalena Andersson y Socialdemokraterna (S), con una ventaja de 176 escaños frente a los 173 obtenidos por el bloque oficialista. En un primer momento, Andersson adoptó una posición prudente y señaló que era necesario esperar la conclusión del escrutinio antes de dar por asegurado el resultado, aunque manifestó su disposición a iniciar conversaciones para formar gobierno. Por su parte, el entonces primer ministro Ulf Kristersson calificó el resultado de prácticamente empatado y mantuvo abierta la posibilidad de buscar una mayoría alternativa. Tras la confirmación de los resultados, Kristersson presentó su dimisión y Andersson inició las conversaciones para explorar la formación de un nuevo gobierno.
Uno de los elementos más destacados fue el retroceso de Sverigedemokraterna (SD), que perdió 11 escaños y dejó de ser la segunda fuerza parlamentaria, al ser superado nuevamente por Moderaterna. Jimmie Åkesson reconoció la pérdida de apoyo, aunque defendió el desempeño de su partido y sostuvo que varias de sus principales posiciones en materia de inmigración y criminalidad ya habían influido en la política nacional. Algunos análisis interpretaron el resultado como un revés para la posibilidad de que SD ingresara directamente al gobierno, aunque señalaron que el partido conservaría influencia parlamentaria.
Por otro lado, los medios suecos e internacionales destacaron que la elección dejó un escenario parlamentario fragmentado y con dificultades para la formación de un nuevo gobierno. Aunque el bloque de centroizquierda obtuvo una mayoría de tres escaños sobre el bloque oficialista, Socialdemokraterna alcanzó alrededor del 28 % de los votos, uno de sus resultados más bajos en más de un siglo. La formación de un gobierno encabezado por Magdalena Andersson requerirá, por tanto, mantener la cooperación entre las distintas fuerzas del bloque, en particular ante las diferencias existentes entre Centerpartiet y Vänsterpartiet. Con los resultados ya definitivos, la negociación para establecer una mayoría parlamentaria constituye el principal desafío posterior a la elección.
En el ámbito internacional, la atención se ha concentrado principalmente en las posibles implicaciones del resultado para la política europea y para la posición de Suecia en materia de seguridad. Algunos análisis han señalado que un eventual regreso de Andersson al Gobierno se produciría en contraste con el avance de fuerzas de derecha radical en otros países europeos. Al mismo tiempo, las primeras evaluaciones apuntan a un alto grado de continuidad en áreas como la política de defensa, la pertenencia a la OTAN y el apoyo a Ucrania, aunque podrían producirse ajustes en otras dimensiones de la política exterior.
El resultado de SD también ha sido interpretado en clave europea. Reuters destacó que el retroceso electoral del partido contrasta con el avance registrado por fuerzas de derecha radical en otros países europeos. Sin embargo, la pérdida de escaños no implica la desaparición de su influencia en la política sueca, ya que SD mantiene 62 representantes en el Riksdag y continúa siendo una de las principales fuerzas parlamentarias del país.

