El presente informe tiene por objeto analizar el proceso y las implicaciones de las elecciones parlamentarias de Marruecos, celebradas el 23 de septiembre de 2026.
Los comicios, que constituyeron el sexto proceso legislativo bajo el reinado de Mohamed VI y el cuarto desde la reforma constitucional de 2011, registraron una participación del 38,08%, según los resultados preliminares del Ministerio del Interior, frente al 50,86% de 2021 y el 42,27% de 2016. Se trata de la segunda participación más baja desde el inicio del reinado de Mohamed VI, después de la registrada en 2007. En el plano electoral, el Partido Autenticidad y Modernidad (PAM) se situó como la primera fuerza política con 97 escaños, seguido por la Agrupación Nacional de Independientes (RNI), que obtuvo 66 bancas, y el Partido Istiqlal, con 65. El Partido de la Justicia y el Desarrollo (PJD) registró un repunte al pasar de 13 escaños en 2021 a 54, mientras que la Alianza de la Izquierda obtuvo 8. Los resultados son todavía preliminares y abren un nuevo proceso de formación de Gobierno.
El proceso electoral estuvo marcado por la centralidad de la monarquía dentro de la estructura institucional marroquí. Si bien la Constitución de 2011 amplió las atribuciones del Parlamento y del jefe de Gobierno, el rey conserva competencias relevantes en ámbitos estratégicos del Estado, entre ellas la presidencia del Consejo de Ministros y la designación del jefe de Gobierno a partir del partido que obtiene el mayor número de escaños en la Cámara de Representantes. Paralelamente, la baja participación se produjo en un contexto de movilización social, especialmente entre sectores juveniles, en torno al empleo, la educación, la sanidad y el costo de vida. No obstante, los resultados electorales por sí solos no permiten atribuir la abstención a una única causa. Tras la jornada electoral, el PAM quedó en la primera posición y deberá participar en el proceso de formación del nuevo Gobierno y en las negociaciones para alcanzar una mayoría parlamentaria.
Contexto Histórico y Político
Marruecos celebró el 23 de septiembre de 2026 sus sextas elecciones legislativas bajo el reinado de Mohamed VI y las cuartas desde la reforma constitucional de 2011, aprobada en el contexto de las movilizaciones del Movimiento 20 de Febrero de la denominada Primavera Árabe. Aquella reforma reforzó nominalmente los poderes del Parlamento y del jefe de Gobierno, amplió los espacios de participación política, extendiendo el catálogo de derechos y libertades tanto individuales como colectivas.
Sin embargo, el sistema político marroquí conservó un rasgo estructural que ningún ciclo electoral logró modificar: la monarquía sigue siendo el eje central del poder, tanto por su función arbitral como por su capacidad de orientación estratégica sobre políticas de Estado (religión, defensa, exteriores y grandes decisiones económicas). El régimen combinó una fachada parlamentaria activa con partidos, campañas y coaliciones que designaban a un jefe de Gobierno surgido de la fuerza más votada, con una estructura monárquica ejecutiva que retuvo las palancas decisivas. Esto explica por qué buena parte del análisis académico describe los comicios marroquíes como momentos de «continuidad y ajuste» más que de ruptura: procesos que transformaron gradualmente el mapa partidista sin cuestionar la arquitectura fundamental del sistema.
En el escenario partidario, la coalición de gobierno, integrada por la Agrupación Nacional de Independientes (RNI), el Partido Autenticidad y Modernidad (PAM) y el Partido Istiqlal, llegó a las elecciones con una sólida base parlamentaria, al contar con 102, 87 y 81 escaños, respectivamente. Sin embargo, el bloque gobernante no estuvo exento de desgaste. A comienzos de 2026, Aziz Akhannouch anunció que no buscaría la reelección al frente del RNI, cargo que posteriormente asumió Mohamed Chaouki, aunque Akhannouch continuó como jefe de Gobierno. Por su parte, la oposición se mantuvo plural, pero fragmentada: la Unión Socialista de Fuerzas Populares (USFP) contaba con 34 escaños, el Partido del Progreso y el Socialismo (PPS) con 22 y el Movimiento Popular con 28. Mientras tanto, el Partido de la Justicia y el Desarrollo (PJD), de orientación islamista y antiguo partido de gobierno, permanecía debilitado tras pasar de 125 a apenas 13 escaños en 2021, aunque conservaba capacidad de incidencia discursiva bajo el liderazgo de Abdelilah Benkirane. De cara a las elecciones de 2026, surgieron nuevas configuraciones partidarias. El Movimiento Popular, el Partido Liberal Marroquí y el Partido Nacional Demócrata avanzaron en la conformación de una alianza denominada Coalición Popular, mientras que, en el espacio de izquierda, la Federación de la Izquierda Democrática (FGD) y el Partido Socialista Unificado (PSU) acordaron presentar una lista conjunta, después de haber competido por separado en el proceso electoral anterior.
Entre los principales temas que atravesaron el proceso electoral se combinaron cuestiones estratégicas, como el estatus del Sáhara Occidental y la organización conjunta del Mundial de 2030, con preocupaciones vinculadas al costo de vida, el desempleo, la sanidad y la educación. El desempleo juvenil se posicionó como uno de los indicadores más sensibles del ciclo: mientras el Fondo Monetario Internacional proyectó un crecimiento económico cercano al 4,4 % para 2026 y una inflación moderada de alrededor del 1,6 %, la tasa de desempleo entre los jóvenes de 15 a 24 años superó ampliamente el 27 % y llegó a situarse por encima del 37 %, según determinadas mediciones oficiales. A ello se sumaron importantes brechas de desempleo entre mujeres y personas con estudios universitarios. Este contraste entre el dinamismo macroeconómico y la falta de oportunidades laborales contribuyó a generar, durante 2025, protestas juveniles de considerable magnitud centradas en el costo de vida y la calidad de los servicios públicos, lo que evidenció una crisis de confianza en la capacidad distributiva del modelo de crecimiento, más que una crisis del régimen en sí. En este contexto, las reformas orientadas a fortalecer la representación de jóvenes y mujeres buscaron responder a este malestar social.
Proceso Electoral
El sistema político del Reino de Marruecos es una monarquía constitucional cuyo marco político actual fue establecido por la Constitución adoptada en 2011. Tras el movimiento popular del 20 de febrero de ese año, se impulsaron reformas orientadas a fortalecer el papel del Parlamento y del Gobierno dentro del sistema político. Sin embargo, todavía existe cierto desequilibrio de poder a favor de éste último.
Las elecciones legislativas determinan la composición de la Cámara de Representantes (Cámara Baja) y constituyen la base para la formación del Gobierno. De acuerdo con la Constitución, el Rey debe designar como Jefe de Gobierno a una persona perteneciente al partido que haya obtenido el primer lugar en las elecciones de la Cámara de Representantes. Los representantes son elegidos por un período de cinco años mediante sufragio universal directo. El Parlamento marroquí también cuenta con una Cámara Alta, denominada Cámara de Consejeros, cuyos miembros son elegidos mediante sufragio universal indirecto por un período de seis años. La Cámara está integrada por hasta 120 miembros. Las elecciones legislativas se celebraron el 23 de septiembre de 2026.
Marruecos utilizó, para la elección de la Cámara de Representantes, un sistema de representación proporcional organizado en dos niveles: 305 escaños se eligieron en 92 circunscripciones locales plurinominales, de entre dos y seis escaños cada una, mientras que los 90 restantes se distribuyeron en doce circunscripciones de alcance regional, de entre tres y doce escaños, en las que al menos un tercio de las candidatas debía ser mujer, obligatoriamente ubicadas en el primer y el segundo lugar de cada lista. El proceso se desarrolló bajo la ley electoral reformada en 2021 que eliminó el umbral mínimo previamente vigente (del 6% para las listas locales y del 3% para las nacionales), y modificó el método de cálculo del cociente electoral, que pasó a basarse en el número de electores inscritos en cada circunscripción y no en los votos efectivamente emitidos.
Esta modificación generó un debate político que sigue vigente al día de hoy. Mientras el Gobierno defendió la reforma como un mecanismo que fortalecía el pluralismo y evitaba la concentración de escaños en manos de una sola fuerza, distintos sectores (entre ellos analistas y medios internacionales) sostuvieron que el nuevo método había beneficiado de manera desproporcionada a los partidos con mayor capacidad de movilización territorial y estructuras de notables locales, en particular al RNI, al PAM y al Istiqlal, en perjuicio de formaciones con una base electoral más concentrada, como el PJD, cuyo desplome de 125 a 13 escaños en 2021 fue atribuido en gran medida a ese cambio en la fórmula de asignación. La controversia se mantuvo latente de cara a 2026, alimentada por el propio debate en torno a la actualización de la cartografía electoral a partir del censo de 2024.
Uno de los principales desafíos institucionales radicó en la legitimidad del proceso frente a una ciudadanía que combinó una participación parlamentaria activa con un creciente escepticismo respecto de su capacidad real de incidencia. A diferencia de otros procesos de la región, la competencia electoral marroquí no puso en juego la conducción del Estado, por lo que la credibilidad del proceso dependió, de la percepción de transparencia (en cuanto a la fórmula de asignación de escaños, el trazado de circunscripciones y el acceso equitativo a los recursos de campaña) y no de una eventual alternancia en el vértice del poder.
En relación con la implementación del proceso, las autoridades electorales habilitaron entre el 15 de mayo y el 10 de julio de 2026 un período de revisión de las listas electorales generales para la inscripción de nuevos electores y la actualización de sus datos. El Ministerio del Interior informó que 15.801.162 ciudadanos estaban registrados para ejercer su derecho al voto en estas elecciones. Posteriormente, se distribuyeron las notificaciones correspondientes a cada elector sobre su mesa de votación asignada, aunque la presentación de dicho aviso no era obligatoria para sufragar. Para los marroquíes residentes en el extranjero, se mantuvo el mecanismo de voto por procuración, mediante el cual un elector inscrito en Marruecos puede emitir el voto en representación de una persona residente fuera del país. Este mecanismo no implica una modalidad de votación electrónica.
El desarrollo del proceso estuvo marcado por el cronograma establecido para los comicios del 23 de septiembre de 2026. La presentación de candidaturas se abrió el 31 de agosto y se extendió hasta comienzos de septiembre, con plazos diferenciados para la vía electrónica (habilitada por primera vez en la historia electoral del país) y la vía física, que exigió a los apoderados de cada lista entregar en persona los originales en papel para validar la inscripción. La campaña electoral, por su parte, quedó fijada para iniciar el 10 de septiembre, apenas trece días antes de la jornada de votación, un plazo que fue señalado por distintos actores como un margen ajustado para que las nuevas candidaturas, en particular las juveniles impulsadas por las reformas orgánicas de 2025 y 2026, lograran desplegar una campaña competitiva frente a las estructuras ya consolidadas de los partidos mayoritarios.
Candidatos y Plataformas
Desde la reforma constitucional de 2011, el pueblo marroquí ha contado con una amplia y variada oferta electoral en el plano nacional y subnacional. Sin embargo, los grandes protagonistas de los últimos comicios en el país siguieron siendo los ocho partidos que dominaron la vida política en los años previos a la Primavera Árabe.
El debate electoral estuvo marcado por un fuerte rol de las redes sociales. No sólo la sociedad marroquí utilizó esta herramienta para plasmar sus opiniones, sino que los partidos políticos y los candidatos pudieron achicar las distancias con los votantes a través de plataformas como Instagram, Facebook, YouTube o TikTok, además de utilizar recursos tradicionales como apariciones televisivas.
Las plataformas digitales permiten que acusaciones, audios filtrados y controversias políticas se difundan con rapidez. Por ello, durante estas elecciones, las redes sociales desempeñaron un papel relevante en la transmisión de mensajes políticos, la amplificación de controversias y la circulación de contenidos desinformativos. Un ejemplo reciente fue la crisis migratoria registrada en Ceuta a finales de julio, cuando circularon en redes sociales mensajes, videos y rumores que afirmaban que la frontera se encontraba abierta y que contribuyeron a movilizar a miles de personas hacia la ciudad. Investigaciones posteriores documentaron la circulación de este tipo de contenidos en plataformas como Instagram, Facebook y TikTok, aunque no existe una conclusión definitiva sobre el origen y la coordinación de todas las cuentas involucradas.
Las principales agrupaciones políticas en estas elecciones legislativas son las siguientes:
Agrupación Nacional de Independientes (National Rally of Independents)
El RNI es una formación de orientación liberal que integró la coalición de gobierno durante la legislatura 2021-2026. En las elecciones de 2021 obtuvo 102 escaños, convirtiéndose en la primera fuerza parlamentaria, mientras que en los comicios de 2026 alcanzó 66 escaños y se ubicó en segundo lugar, de acuerdo con los resultados preliminares anunciados por el Ministerio del Interior. Bajo el liderazgo de Mohamed Chaouki, el partido centró su campaña en la defensa de la gestión del Gobierno y en la continuidad de algunas de las reformas impulsadas durante la legislatura de Aziz Akhannouch. Entre sus principales propuestas estuvieron el fortalecimiento del sistema de protección social, la ampliación de las ayudas económicas destinadas a las familias, el refuerzo de los sistemas sanitario y educativo y la promoción de la igualdad de oportunidades. El partido enfrentó el desafío de defender los resultados de la gestión gubernamental en un contexto marcado por el costo de vida, el desempleo y las demandas de mejora de los servicios públicos.
Asimismo, el RNI protagonizó una controversia durante la campaña a raíz de la difusión de un audio atribuido a Rachid Talbi Alami, dirigente del partido y presidente de la Cámara de Representantes, en el que supuestamente cuestionaba la posibilidad de que Fouzi Lekjaa, vinculado al PAM, asumiera el Ministerio de Economía y Finanzas en un eventual nuevo Gobierno. La difusión del audio se produjo en un contexto de tensiones entre ambas formaciones, después de que el RNI acusara al PAM de intentar atraer a representantes electos y candidatos vinculados a su organización.
Partido de la Autenticidad y la Modernidad (Authenticity and Modernity Party)
El PAM es una formación de orientación liberal y modernista que integró la coalición de gobierno durante la legislatura 2021-2026. En 2021 obtuvo 87 escaños y se consolidó como la segunda fuerza parlamentaria, mientras que en las elecciones de 2026 alcanzó 97 escaños y se convirtió en la primera fuerza de la nueva Cámara de Representantes. Bajo el liderazgo de Fatima Ezzahra El Mansouri, el partido centró su campaña en promover el desarrollo tanto en las ciudades como en las zonas rurales. Entre sus principales propuestas estuvieron facilitar el acceso a una vivienda digna, impulsar el emprendimiento juvenil, proteger el poder adquisitivo y reforzar las políticas dirigidas a las personas mayores.
Durante la campaña, el PAM buscó diferenciarse dentro de la coalición gubernamental y presentarse como una alternativa para los electores interesados en mantener parte de las políticas desarrolladas durante la legislatura, pero con énfasis propios en materia económica y social. Esta diferenciación también se manifestó en las tensiones entre dirigentes del PAM y del RNI. En este contexto, Fouzi Lekjaa adquirió una mayor visibilidad política tras incorporarse al PAM y convertirse en una de las figuras centrales de la campaña. Lekjaa, ministro delegado encargado del Presupuesto y presidente de la Real Federación Marroquí de Fútbol, había adquirido notoriedad pública también por su trayectoria al frente del fútbol marroquí.
Partido Istiqlal (Istiqlal Party)
Esta organización modernista de derecha también integró la coalición de gobierno y buscó mantener los 81 escaños obtenidos en 2021. El nacionalismo liderado por Nizar Baraka puso el énfasis de su campaña en reforzar la identidad nacional, pero también en impulsar la justicia social y el desarrollo económico. Las principales propuestas del espacio fueron reducir la pobreza, ayudar a los jóvenes a insertarse en el mercado laboral, aumentar el poder adquisitivo y disminuir las disparidades regionales. Su programa electoral buscó un balance entre la protección de los hogares vulnerables y tomar las preocupaciones de la clase media, asegurando que el desarrollo económico y la justicia social son objetivos que se complementan. Fiel a su tradición, el partido buscó atraer electores de distintas clases sociales y de distintas procedencias geográficas para recuperar la jefatura gubernamental que ostentó en el pasado.
Unión Socialista de Fuerzas Populares (Socialist Union of Popular Forces)
Esta agrupación es una fuerza de izquierda que obtuvo 34 escaños en las elecciones de 2021 y formó parte de la oposición durante la legislatura 2021-2026. En los comicios de 2026 obtuvo 26 bancas. El partido, liderado por Driss Lachgar, centró su campaña en la defensa del Estado social y en el fortalecimiento de las políticas públicas frente a las reformas impulsadas durante los últimos años. Entre sus principales propuestas estuvieron el fortalecimiento de la protección social, la supervisión del gasto destinado a políticas sociales y de la calidad de los servicios públicos, la reducción del desempleo y el apoyo a proyectos impulsados por jóvenes. A partir de estas propuestas, el partido buscó atraer a electores preocupados por las condiciones sociales y económicas y reafirmar su papel como una de las principales fuerzas de la izquierda marroquí.
Movimiento Popular (Popular Movement)
La organización regionalista de derecha buscó defender los 28 escaños obtenidos en los comicios de 2021. El mensaje del agrarismo encabezado por Mohamed Ouzzine se focalizó en reducir la brecha que existe entre las comunidades urbanas y las comunidades rurales. Las principales propuestas del espacio incluyeron el apoyo económico a los agricultores, fomentar el desarrollo regional, desarrollar programas de empleo e infraestructura en los pueblos y mejorar las condiciones de vida de las familias necesitadas. Al igual que en las elecciones pasadas, el partido procuró sostener el apoyo electoral que le brindan los trabajadores rurales que no pueden acceder a bienes y servicios esenciales en pleno siglo XXI.
Partido del Progreso y el Socialismo (Party of Progress and Socialism)
Esta agrupación es una fuerza progresista de izquierda que obtuvo 22 bancas en los comicios de 2021. El socialismo liderado por Mohamed Nabil Benabdallah puso como ejes centrales de su campaña a la justicia social y el intervencionismo estatal. Las principales propuestas del espacio fueron elevar los montos de ayuda social, mejorar el sistema sanitario, ampliar la cobertura sanitaria y reducir las trabas económicas que enfrentan los hogares a la hora de acceder a bienes y servicios básicos. Al igual que en los comicios pasados, el partido buscó fidelizar el respaldo electoral que le ofrecen los trabajadores urbanos que utilizan los servicios públicos a partir de las presiones económicas. De esta manera, el espacio dejó en evidencia que el crecimiento económico no necesariamente mejoró la calidad de vida de los ciudadanos.
Unión Constitucional (Constitutional Union)
Organización modernista de derecha que no integró la coalición gubernamental, pero que acompañó varios proyectos del primer ministro a través de sus 18 escaños. El monarquismo encabezado por Mohamed Joudar focalizó su mensaje electoral en la modernización económica y la cuestión social. Las principales propuestas del espacio consistieron en apoyar a las empresas, atraer inversiones y atender las demandas de los jóvenes. Sin ánimos de romper sus puentes con el oficialismo, las cabezas del partido insistieron en sostener las medidas que produjeron cambios positivos en el país y revisar las acciones que no lo hicieron.
Partido de la Justicia y el Desarrollo (Justice and Development Party)
El PJD es una formación de orientación islamista y conservadora que buscó recuperar parte de la representación perdida en las elecciones de 2021, cuando pasó de 125 a 13 escaños y quedó fuera de las negociaciones para la formación del Gobierno. En los comicios de 2026 obtuvo 54 bancas, convirtiéndose en la cuarta fuerza de la Cámara de Representantes. Bajo el liderazgo de Abdelilah Benkirane, el partido centró su campaña en la defensa de la identidad islámica y de las instituciones democráticas como pilares de la vida pública marroquí. Entre sus principales propuestas estuvieron el incremento de las ayudas destinadas a las familias vulnerables, la protección del poder adquisitivo de los trabajadores y la atención de problemas como el desempleo juvenil y las dificultades vinculadas a la migración. A partir de la renovación de su representación parlamentaria, el partido logró recuperar una parte significativa de los escaños perdidos en 2021 y volvió a ocupar un lugar destacado dentro del sistema partidario marroquí.
Resultados Electorales
Finalmente, Marruecos dio un vuelco en su correlación de fuerzas parlamentarias. Según los resultados provisionales anunciados por el ministro del Interior, Abdeluafi Laftit, el Partido Autenticidad y Modernidad (PAM) se impuso como primera fuerza con 97 escaños, desplazando de la conducción del Ejecutivo a la Agrupación Nacional de Independientes (RNI), que hasta ayer lideraba el gobierno saliente de Aziz Akhannouch. El PAM (fundado en el entorno cercano al Palacio Real) logró así el triunfo electoral sobre su ex socio de coalición, en una jornada que los analistas describen sin sobresaltos en su mecánica, pero con un reordenamiento de fondo en el tablero político.
El RNI pasó de 102 escaños en 2021 a 66 en 2026, lo que supone una pérdida de 36 bancas. Por su parte, el Istiqlal pasó de 81 a 65 escaños. Ambos partidos formaron parte de la coalición gubernamental durante la legislatura 2021-2026 y experimentaron una reducción conjunta de 52 escaños en comparación con los comicios anteriores. Estos resultados modificaron la distribución de fuerzas entre los principales partidos que integraron el Ejecutivo saliente.
Uno de los principales cambios de la jornada se produjo en la representación del Partido de la Justicia y el Desarrollo (PJD), que pasó de 13 escaños en 2021 a 54 en 2026, recuperando una parte significativa de la representación parlamentaria que había perdido en los comicios anteriores. Con este resultado, el PJD se ubicó como la cuarta fuerza de la Cámara de Representantes. Por su parte, la Alianza de Izquierda obtuvo 8 escaños. Aunque su representación continúa siendo reducida en términos absolutos, el resultado supone una presencia parlamentaria relevante para un espacio que históricamente ha tenido una representación limitada en la Cámara.
El dato que domina el análisis poselectoral, sin embargo, es la participación electoral: apenas el 38,08% del padrón acudió a votar, dejando una abstención del 61,9%, la más alta en veinte años. Se trata de la confirmación, en las urnas, de la brecha que ya habían anticipado las protestas de la GenZ semanas atrás: una desconexión estructural entre el sistema de partidos y una ciudadanía (particularmente más joven) que no encuentra aún un canal de representación real.
Reacciones
Luego de las elecciones, uno de los aspectos que más atención ha generado es la baja participación electoral, que se situó en el 38,08 %, frente al 50,86 % registrado en 2021. El resultado refleja un nivel elevado de abstención y se produjo en un contexto marcado durante los meses previos por movilizaciones juveniles relacionadas con cuestiones como el desempleo, el costo de vida, la sanidad y la educación. Movimientos como Gen Z 212 canalizaron parte de estas demandas mediante protestas y movilizaciones, aunque no es posible establecer a partir de estos elementos una relación directa entre dichas protestas y el nivel de participación registrado en las elecciones.
El resultado electoral abre ahora un nuevo escenario político. El rey Mohamed VI deberá nombrar al próximo jefe de Gobierno entre las filas del partido ganador, mientras el PAM tendrá que buscar acuerdos con otras fuerzas para poder formar una mayoría parlamentaria.
De este modo, las elecciones dejan planteados dos desafíos centrales: la formación del nuevo Gobierno y la baja participación electoral registrada durante la jornada. El próximo Ejecutivo deberá abordar, además, las demandas sociales y económicas que ocuparon un lugar destacado en el debate previo a los comicios, entre ellas el desempleo, el costo de vida y el acceso a servicios públicos como la sanidad y la educación.

